Capítulo IX

IX  CAPITULO

 

SAN JUAN Y MIRAFLORES

 

 

 

Ø      La defensa de Lima

Ø      Composición del Ejército Chileno

Ø      El Ejército Peruano

Ø      La batalla de San Juan

Ø      Los piuranos en San Juan

Ø      El Monitor Manco Cápac

Ø      El heroísmo de los Hermanos Seminario

Ø      El armisticio violado

Ø      Los reductos

Ø      La batalla de Miraflores

Ø      Relato de un soldado piurano

Ø      Los piuranos en Miraflores

Ø      El regreso de La Cotera

Ø      El hundimiento de la corbeta “Unión"

Ø      El saqueo de Lima y Ricardo Arana

Ø      Montero jefe político y militar del norte

Ø      Ricardo Palma y los soldados indios

Ø      La Cotera busca el retorno constitucional

Ø      García Calderón elegido presidente

Ø      El Perú con dos gobernantes

Ø      Peruanos  venden armas a Chile

Ø      Ecuador proyecta apoderarse de Tumbes y Piura

Ø      Peruanos contra peruanos

Ø      Los chilenos asumen el control de Paita

 

Cuadro de texto: Como un homenaje a los miles de peruanos que murieron en San Juan y Miraflores, ponemos REQUIEM de gran Mozart
 

 

 

 

 

 


La defensa de Lima

ARRIBA

Tras de la batalla de Tacna, todo el Ejército y escuadra chilenos se movilizaron y embarcaron  rumbo al norte para atacar y capturar el corazón de la república: la ciudad de Lima.

 

            El traslado se hizo  en dos escalones.  En noviembre de 1880, parte de las tropas enemigas desembarcaron en Pisco y ocuparon todo el departamento de Ica.

Lo mismo que San Martín, los chilenos eligieron Pisco para desembarcar  el 19 de noviembre de 1880. Por tierra pasaron por Chincha, Cañete, Mal y Chilca. En este lugar se unieron con las fuerzas que habían llegado por mar.. En diciembre ya estaban en Lurín.

El dictador Piérola que sin conocimiento de las técnicas militares había asumido el mando supremo del Ejército, y se había  mandado a confeccionar un elegante uniforme de mariscal prusiano, dispuso de por sí, la formación de dos líneas de defensa para proteger a Lima.  Ya prácticamente el Ejército Peruano había dejado de existir, de tal manera  que los defensores de Lima eran reclutas sin preparación militar llegados de todas las provincias y voluntarios de Lima que veían ya el peligro a sus puertas y se sentían por lo tanto  directamente afectados.  Eran en buena cuenta milicias urbanas que disponían de un armamento que era muy  variado lo  que creaba problemas al momento de ser abastecido con las municiones, ya que en muchas oportunidades estas no correspondían a los rifles de los soldados.  Por otra parte, si bien es cierto se contaba con una oficialidad en cierta forma veterana que había participado en las  acciones bélicas del sur,  resultaba en cambio que la dirección de la guerra que obcecadamente Piérola había tomado en forma omnímoda, era sencillamente pésima.

 

            Sin temor a equivocarnos podríamos decir, que gran parte de las derrotas de la guerra con Chile, se deben  a dos hombres, que fueron los que mandaron los destinos del Perú en ese tiempo: el general Mariano Ignacio Prado en cuanto a la primera etapa y Nicolás de Piérola en cuanto a la segunda parte.  El agravante en cuanto a este último era, que sin ser militar no era permeable como Prado, a las opiniones de los generales y coroneles.

 

 

 

Composición del Ejército Chileno

ARRIBA

            Oficialmente, el Ejército enemigo se componía de 22 350 hombres.  En realidad eran 27 000.

 

            Se formaron tres divisiones, cada una de las cuales tenía dos brigadas y sus correspondientes reservas.

 

            La Primera División  al mando de Patricio Lynch Zaldívar, a quien los mismos chilenos llamaban el Príncipe Rojo, se componía de 8 910 hombres.  Había llegado por tierra desde Pisco, y contaba además con 1 500 chinos que había sacado de las haciendas de ese lugar, en donde eran tratados mal.  Por eso su adhesión a los enemigos.

 

            Delante de la desembocadura del río Lurín estaba la 1ra. División chilena de Lynch que era la que debía iniciar el ataque al amanecer del 13 de enero de 1881.

 

            La División Lynch se componía de las Brigadas de los Coroneles Arístides Martínez y José Domingo Amugátegui con las siguientes unidades:  2º de Línea, Atacama, Molipilla, Talca, Colchagua, Artillería de Marina, 4º de Línea, Chacabuco y Coquimbo.

                                                                                         

            La Segunda División con 7 788 hombres al mando del general Emilio Sotomayor Baeza, debía atacar el Centro peruano.  Se integraba por las Brigadas de los coroneles Orosimbo Barbosa y José Francisco Gana, con las siguientes unidades:  Lautaro, Curicó, Victoria, el 1º de Línea o Buin, el Esmeraldas  y Chillán.

 

            La Tercera División al mando del general Pedro Lagos, tenía 8 388 soldados, con las   siguientes unidades:  Navales, Santiago,  Artillería de Campaña, Bulnes, Valdivia, Caupolicán y Carabineros de Yungay.

 

            La Reserva se componía con las unidades: 3º de Línea, Valparaíso, Zapadores y Cazadores a Caballo.

 

            La  artillería al mando del coronel Velásquez contaba con 67 modernísimos cañones Krupp y 10 Armstrong.  La caballería tenía 1 252 jinetes.

 

 

 

 

 

           

El Ejército Peruano

ARRIBA

 

                                                                       

            El director supremo de Guerra era el dictador Nicolás de Piérola.  jefe de Estado Mayor el general Pedro Silva.  Todas las fuerzas defensivas se dividieron en dos ejércitos.  El llamado Ejército del Norte al mando del piurano general Ramón Vargas Machuca, héroe de la Independencia que tenía ya más de 80 años y el Ejército del Centro, bajo el mando del coronel Juan Nepuceno Vargas.

 

            El Ejército Peruano había quedado prácticamente destruido en la campaña del sur y la mayoría de los soldados, llevados de las provincias a la capital habían sido levados a la fuerza y no tenían el menor adiestramiento militar.

 

            La   composición de estos dos ejércitos era la siguiente:

 

            EJÉRCITO DEL NORTE:

1er. Cuerpo, al mando del coronel Miguel Iglesias.

Integrado por las Divisiones 1ra., 2da. y 3ra. del Norte.

            2do. Cuerpo, al mando del coronel Belisario Suárez.

Integrado por las Divisiones 4ta. y 5ta. del Norte.

 

EJÉRCITO DEL CENTRO:

3er. Cuerpo, al mando del coronel Justo Pastor Dávila.

Integrado por las Divisiones 3ra. y 4ta. del Centro.

 

            4to. Cuerpo, al mando del coronel Andrés A. Cáceres

Integrado  por las Divisiones 1ra, 2da y 4ta. del Centro.

 

            La Reserva al mando del capitán de navío Manuel Villavicencio se encontraba primero en el cerro San Cristóbal y luego en Miraflores.

 

            Las mejores tropas  eran las que fueron entregadas al coronel Iglesias, ministro de Guerra.  Se trataba de soldados que habían estado bajo el mando del coronel Cáceres en la Campaña d el Sur y a las que este conocía muy bien.  A cambio se le entregaron reclutas.                 

            La mitad de los soldados tenían fusiles Chassepot reformados, unos siete mil eran Peabody, unos pocos Comblain                                                                              y para la reserva se dispusieron los anticuados Remington.

 

 

 

La  artillería peruana era aparentemente buena,  pero resultaba que sólo en el número pues algunos se cargaban por la boca.  Los Grieve y los White que eran los más numerosos eran de fabricación nacional.  En total lo disponible era lo siguiente: 38 cañones Grieve, 10 cañones Vavaseur, 4 Walhely, 1 Armstrong, 2 Selay de acero, 36 White y sólo 1 Krupp.

 

            Los peruanos establecieron una primera línea de defensa de 15 kms de largo que protegía San Juan, Barranco y Miraflores.  Principiaba en el mar en los  cerros de Marcavilca al sur del morro Solar y terminaba en los confines de los cerros de Pamplona.

 

            Las unidades militares se distribuyeron así:

 

            El Ala Derecha con 5 200 hombres, con los integrantes del Primer Cuerpo formado por tres Divisiones a las órdenes del ministro de Guerra coronel Miguel Iglesias.  Eran las mejores tropas y estaba constituida por la Guardia Peruana, el Cajamarca Nº 3; el Nueve de Diciembre Nº 5; el Tarma Nº 7; el Callao Nº 9; Libres de Trujillo Nº 11; Junín Nº 13; Ica Nº 15 y Libres de Cajamarca Nº 21.

 

            Esta Ala Derecha se había parapetado en los cerros de Marcavilca, en el morro Solar, en la hacienda Villa y en los cerros de Santa Teresa.

 

            El Centro con 4 500 hombres, era el 4to. Cuerpo de Ejército compuesto de tres Divisiones, todas al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres.  Lo integraban las siguientes unidades:  Lima 61; Canta 63; 28  de julio 65; Pichincha 73; Pisco 75; La Mar 77; Arica 79; Manco Cápac 81 y Ayacucho 83.

 

            Estas tropas se encontraban parapetados en los cerros de San Juan y de Zig-Zag.

 

            El Ala  Izquierda, con 4 300 hombres, estaba formado por el 3er. Cuerpo del Ejército todos mandados por el coronel Justo Pastor Dávila.  El Ala Izquierda tenía dos Divisiones, una al mando del coronel César Canevaro constituida por el Batallón Piura 67, el 23 de diciembre 69, el Libertad 71 y la otra División al mando del coronel José Díaz tenía al Cazadores de Cajamarca,   Unión 87, Cazadores Junín 89 así como a última hora por efectivos de la Policía y por el Batallón 40.

 

            El  Ala Izquierda se apoyaba en los cerros de Pamplona.

 

            Había también una fuerza  de reserva constituida por el 2do. Cuerpo de Ejército, de 2 800 hombres al mando del coronel Belisario Suárez, que contaba con dos divisiones y se conformaba con las siguientes unidades:  Huánuco 17, Paucarpata 19, Jauja 23, Ancash 25, Concepción 27 y Zepita 29.

            El Batallón Piura Nº 67 formado por 700 piuranos y tumbesinos a las órdenes del  coronel Augusto Seminario y Váscones, se ubicó    al comienzo de la línea que tocaba  defender al Ala   Izquierda.  Tenían próximo al Cerro “Viva el Perú” que se interponía con el extremo de la Línea del Centro mandada por Cáceres en donde estaba el Batallón Nº 83.  El coronel Cáceres notó que entre el Ayacucho 83 y el Piura 67 había un peligroso vacío y solicitó  tropas a Piérola para cubrir ese hueco, pero el dictador se negó alegando que al iniciarse la batalla con el movimiento de los soldados se cubriría ese lugar

 

 

 

Estructura del Ejército Peruano en la batalla de San Juan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La indicación (m) es muerto, y (h) es herido.- Se tienen también en cuenta los resultados de la batalla de Miraflores.

 

 

 

CONFORMACIÓN DE EJERCITO AL EMPEZAR 1881.

ARRIBA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La batalla de San Juan

ARRIBA

            Al amanecer del 13 de enero de 1881 fue  Lynch con su Primera División el que se puso en movimiento, avanzando por la Playa de Conchán.  Su intención era atacar al Ala   Derecha peruana mandada por Iglesias, romperla y tomar  Chorrillos y Miraflores.    A las 430 a.m.  se produjo el encuentro entre los defensores de la casa-hacienda La Villa y los parapetados en los cerros de Santa Teresa.  Los batallones peruanos Junín Nº 13 y Libres de Cajamarca Nº 21 reciben el primer embate enemigo.  El Piérola 75 hace frente al Atacama y a otros dos batallones enemigos.  Contrariado Lynch por la resistencia que se prolonga y en vista de que la Segunda División chilena de Sotomayor no entraba en batalla, dispone que intervenga la reserva al mando del coronel  Arístides Martínez.  Los defensores de la casa hacienda La Villa fueron desalojados y el frente se rompió en los cerros de   Santa Teresa.  Los cañones potentes de la escuadra chilena y la artillería Krupp del coronel Velásquez habían ablandado la línea defensiva peruana.

            A las 7:30 de la mañana, el frente se desmoronaba en el Ala Derecha.  Las tropas peruanas se replegaron unas hacia el morro Solar y otras a Chorrillos.  Toda la Primera División de Patricio Lynch se lanzaba  por la brecha, flanqueando a apreciables efectivos peruanos  que quedaron embolsados en lo alto del morro Solar al mando de Miguel Iglesias.

 

            Mientras tanto la Segunda División chilena al mando de Sotomayor tras de deambular por tres cuartos de hora perdida en la niebla, tomó al fin contacto con el Centro de Cáceres.  Precisamente por lo errado de su movimiento, Sotomayor no golpeó el Centro de la línea de Cáceres, sino su extremo izquierdo en donde estaba el Batallón Ayacucho 83 y el Batallón Piura 67 de la División de Canevaro.

                                                           

            La División de Sotomayor estaba haciendo el efecto de una cuña en la brecha que estaba abierta desde antes de la batalla y que  Cáceres había notado y Piérola se negó cerrar.

            Como la 1ra. División de Lynch había eliminado al Ala Derecha peruana, se constituyó en un peligro para el flanco derecho del Centro de Cáceres que corría el riesgo de quedar envuelto en un movimiento de pinzas entre Lynch y Sotomayor.

 

            Lo mismo sucedía con el Ala Izquierda peruana que mandaba Pastor Dávila que podía quedar envuelto entre las fuerzas de Sotomayor y la 3ra. División chilena de Lagos que recién entraba en batalla con  todos sus efectivos  intactos.

 

            El peso de toda la Segunda División de Sotomayor, la tuvo a manera de tapón el Ayacucho 83  y el Piura 67, que perdieron en pocos minutos una gran parte de sus efectivos.  Para evitar su colapso, las fuerzas de reserva del coronel Suárez enviaron  sucesivamente  al Huánuco 17 y al Paucarpata 19, pero nada pudieron hacer.  En esos momentos entra en acción la brigada de Barbosa contra las fuerzas de Pastor Dávila  y éste temiendo un movimiento envolvente, dispone que toda  el Ala Izquierda se repliegue.  Mientras tanto los chilenos habían penetrado por la brecha del cerro Viva el Perú flanqueando tanto a Cáceres como a la División de Canevaro. 

El coronel Justo Pastor Dávila viendo  que Canevaro seguía en la lucha, reiteró la orden de la retirada pero el  coronel Canevaro  respondió, que el jefe supremo (Piérola) le había ordenado no ceder terreno al enemigo y que  allí permanecería mientras el mismo presidente no revocara la orden.

  La 3ra  División del Ala Izquierda, de Canevaro formada por el Batallón Piura, el 23 de Diciembre, Cazadores de Cajamarca y  Libertad 71 que tenía apenas unos mil quinientos soldados  bisoños hacen frente en esos momentos a 14 000 soldados veteranos del ejército chileno.  El Ayacucho 83 de Cáceres había sido diezmado.  Casi la tercera parte del Piura, del Libertad y del 23 de Diciembre estaban ya fuera de combate. Cuando eran pasadas las 9 de la mañana, el coronel Canevaro con los restos de su División, decide retroceder hacia Chorrillos.                                                                       

Los chilenos  hicieron una masiva carga a la bayoneta originándose una feroz lucha. La  división de Cáceres después de sufrir grandes pérdidas se retiró

ordenadamente hacia Chorrillos..En las trincheras yacían  el Coronel Reynaldo Vivanco,  el capitán Felipe Valle Riestra, el capitán Castilla, hijo del Presidente.

 

  También en el Centro parecía que todo había cesado y sólo en el morro Solar, Iglesias  mantenía  una lucha desesperada.

 

            En lo alto del morro estaba instalada una batería de artillería, y cuando el  Ala Derecha se replegó ante el ataque de Lynch, fueron a refugiarse allí los batallones Guardia Peruana, Callao Nº 9, Libres de Cajamarca Nº 21, Libres de Trujillo Nº 11, el Tarma.  Los chilenos lanzaron al asalto al 4º  de Línea y al Chacabuco, pero fueron rechazados con grandes pérdidas.  A los chilenos les costó 2 000 bajas el poder tomar el morro, y poder capturar a  Iglesias y a sus defensores.

 

            En una decisión que se ha considerado absurda, el coronel Isaac Recavarren ordenó al jefe de la Reserva Peruana coronel Belisario Suárez, que con los batallones que le quedaban fuera a defender Chorrillos a donde se habían refugiado parte de los soldados que se habían replegado.  Allá fueron enviados al sacrificio el Jauja Nº 23, el Ancash Nº 25 y el Zepita Nº 29.  En la lucha ya se habían perdido el Paucarpata, Huánuco y Concepción 27.  Todo el ejército chileno  había convergido hacia Chorrillos en donde se luchó   calle por calle.

Como consecuencia de toda  esa lucha en el morro y en las  calles de Chorrillos, se perdieron innecesariamente varios miles de hombres, que pudieron haber contribuido a reforzar la segunda línea de defensa.

 

            En el morro se perdieron casi 4 000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros y muy bien esa gente pudo haber sido salvada por Iglesias si se hubiera retirado ordenadamente cuando tuvo que ceder posiciones a

 

Destrucción de Chorrillos

ARRIBA

 

 

 

Por otra parte, la lucha en las calles de Chorrillos fue prácticamente suicida y arrastró a la población. Las tropas de la reserva que intervinieron en Chorrillos fueron diezmadas y la población incendiada, saqueada y sus habitantes, maltratados, asesinados, robados y las mujeres violadas.

 

            Terminada la resistencia en Chorrillos, los mineros del 3º de Línea y el Santiago que eran los que habían embriagado y participaban en mayor grado en el saqueo de la ciudad, se rebelaron contra sus propios jefes chilenos que les dieron orden de cesar el desorden.  Fue necesario enviar al Batallón Bulnes formado por ex –policías de Santiago y de Valparaíso y a los Carabineros de Yungay, los que se trabaron por varias horas en una feroz lucha contra los amotinados.

 

            Lo que sucedía en Chorrillos  llegó a conocimiento de los peruanos y Cáceres con Canevaro solicitaron autorización para atacar con cuatro mil hombres en forma sorpresiva, pero Piérola negó la autorización, manifestando que eran unos pocos los batallones chilenos comprometidos en el

 

Los piuranos en San Juan

ARRIBA

            En torno al cerro “Viva el Perú” y en los cerros de Pamplona que se levantan al sur-este de San Juan, rindieron su vida decenas de piuranos y de tumbesinos.

 

            Fue difícil rescatar sus cadáveres o recoger a los heridos aún después de terminada la batalla, porque el campo estaba sembrado de minas peruanas.  Ese paraje frío y neblinoso, fue la tumba definitiva de tanto joven, que se alistaron unos voluntariamente y otros  enrolados en virtud de las disposiciones sobre movilización, y que jamás retornaron a sus hogares.

 

            Entre ellos estaban los jóvenes Toribio y Alberto Seminario  Cortés.  El primero era abanderado del Manco Cápac, y dicen que murió con la bandera en la mano.  El otro pertenecía al Regimiento de Artillería de Campaña.

 

            Con relación a lo que pueda haber acontecido con Toribio, relatamos, lo que dice el historiador chileno Jorge Inostrosa, en su “Adiós al Séptimo de Línea: Los Infantes de Bronce”.                                                                                                               

 

            Relata este historiador la resistencia que hicieron  algunos soldados del Manco Cápac, al refugiarse en una capilla de San Juan, siendo rodeados por fuerzas chilenas que derribaron la puerta y penetraron al interior de la nave, a los que diezmaron.  Luego continúa:  “Los que estaban encaramados en lo alto no alcanzaron a durar dos minutos.  Varios de ellos cayeron dando volteretas en el aire.  Otros quedaron tumbados en lo alto de la cornisa.  Uno de los últimos sobrevivientes era un muchacho muy joven.   Asomó arriba portando un estandarte azul y blanco.  Despreciando las balas saltó la baranda y se precipitó sobre las cabezas de los atacantes.  Lo recibieron cuatro o cinco  bayonetas apuntadas sobre el techo.  El soldado José Santos Astudillo  recogió el estandarte.  Tenía bordado un título con letras doradas:  Batallón Manco Cápac Nº 81”.

 

            El estandarte del Manco Cápac, se convirtió en el más preciado trofeo del Batallón Esmeralda que a su vez formaba parte de la 2da. División chilena que comandaba el general Emilio Sotomayor.  Cuando este general quiso que el estandarte fuera trofeo de toda la División, los esmeraldinos desafiando la orden del superior se negaron a ello.

 

            El Manco Cápac 83, formaba parte del Cuarto Cuerpo del  Ejército con Cáceres, defendía la parte central de la línea de resistencia.  Fue uno de los batallones que con el Ayacucho 83 y el Piura 67, resistieron todo el impacto de la 2da. División chilena.

 

El Monitor Manco Cápac

ARRIBA

            El 25 de febrero de 1880  el monitor peruano  “Manco Cápac” se encontraba fondeado en la rada del puerto de Arica.  Su potente cañón de 500 así como las baterías del morro y de los fuertes contiguos le daban suficiente protección de tal manera que ni el poderoso crucero chileno “Cochrane” se atrevía a atacarlo, limitándose con otros barcos de la escuadra enemiga a bloquear al puerto y a inmovilizar  al monitor peruano.

 

            Cuando Bolognesi, sus oficiales y soldados cun con la promesa de quemar el último cartucho y el morro quedó en poder del enemigo, el comandante del “Manco Cápac”  el capitán de navío José Sánchez  Lagomarsino, dispuso el hundimiento del barco.      Ninguno de los tripulantes del barco hundido murió pues fueron recogidos por el barco chileno “Itata” y conducidos prisioneros al campamento chileno de San Bernardo.  Posteriormente en un canje de prisioneros retornaron  al país, y la mayor parte de su tripulación se volvió a enrolar en el ejército, integrando una buena parte del Batallón Manco Cápac que intervino en las batallas de San Juan y de Miraflores.

            El “Manco Cápac” era un barco sumamente lento, pero poderosamente artillado.  Casi era un fortín flotante.  El 28 de febrero de 1880, estando en Arica, fue atacado por los barcos “Magallanes”  y "Huáscar", nuestro monitor que los chilenos capturaron en Angamos y pusieron en servicio.  Al mando del "Huáscar" estaba el capitán de fragata Manuel Thompson Porto Mariño y del “Magallanes”,  el capitán de fragata Carlos Condell de la Haza, primo hermano de marinos

 peruanos nacidos en Paita.                                  

 

Juan More, el comandante de la “Independencia” estaba confinado en Arica, y pidió permiso para dirigir momentáneamente al “Manco Capac” y atacar a los barco  chilenos.

 

            Los fuegos del “Manco Cápac” hicieron estragos  en el "Huáscar", dañándole el blindaje y matando e hiriendo a un gran número de sus tripulantes.  Entre los muertos se contó a su comandante Thompson, motivo por el cual la superioridad naval de Chile dispuso que Condell tomara su lugar en el "Huáscar".

 

More murió después heroicamente en el morro de Arica.

 

El heroísmo de los Hermanos Seminario

ARRIBA

            En la batalla de San Juan, el Batallón Manco Cápac 81, defendía el centro de la línea de batalla con el Cuarto Cuerpo del  Ejército Peruano a órdenes del  coronel Andrés Avelino Cáceres.  Dentro de este 4º Cuerpo, formaba parte de la 4ta. División del Centro al mando del coronel Lorenzo Iglesias y en cuanto al propio Batallón Manco Cápac lo comandaba un piurano, el coronel Maximiliano Frías.

           

            Como el centro de la línea de batalla resistió todo el impacto de la lucha, el Manco Cápac sufrió desde los primeros momentos cuantiosas pérdidas.   Se vio por lo tanto en la necesidad de replegarse sobre la población de San Juan y parte, se refugió en la capilla.  Con ese puñado de soldados estaba el abanderado José Toribio. Seminario Cortés.

 

            En cuanto a Alberto Seminario Cortés, sirvió en la Artillería de Campaña, rodante que tenía como comandante a Ezequiel Piérola, hermano del dictador.

 

            La madre de los niños, doña María Dolores Cortés Romero había fallecido cuando ellos  tenían 4 y 5 años respectivamente.  Cuando su padre don José Toribio Seminario Váscones falleció, tenían menos de 17 años.  Eran los únicos varones de 6 hermanos.

 

            Tenían un hermano varón de parte de padre, Genaro.  Este se enroló en el Ejército haciendo la campaña del sur, estando en la victoria de Tarapacá y en la sangrienta  batalla de Tacna en donde resultó herido.  En Lima se repuso de las heridas, pero al llegar a la capital el Batallón Piura con su tío Augusto Seminario y Jaime, también se enroló y  tomó parte en la batalla de San Juan volviendo a salir herido; no obstante lo cual buscó en el campo de batalla los restos de sus hermanos y los encontró.  Les hizo dar sepultura y con la espada rescatada de José Toribio Pablo, viajó a Piura, entregando ese trofeo glorioso, como valioso presente a su hermana mayor Micaela María.  Genaro murió poco tiempo después a consecuencia de las heridas que sufrió.  Sus restos reposan en el Cuartel de San Teodoro Y, Nº 29 y en la lápida hay el siguiente epitafio:  “Aquí yace una esperanza  de la Patria.   Combatió heroicamente por ella en Tarapacá, Tacna y San Juan.  Murió el 15 de Agosto de 1881”.

 

            Piura no ha honrado en debida forma a estos tres heroicos hermanos.  Genaro, debe merecer ser tomado como ejemplo de virtudes cívicas y patrióticas, porque si se debe admirar su empecinamiento en defender a su Patria, también hay que admirar su gran amor filial.

 

            Don Toribio Seminario y Váscones fue primo hermano de Luisa Seminario del Castillo, madre de Grau.  Por otra parte, doña María Dolores Cortés Romero, estaba emparentada con los Cortés del Castillo y por consiguiente con el Héroe de Junín En 2007 vivía en Piura una dama emparentada a los valientes jóvenes. Se trata de doña Matilde Cortés de Beer..

 

            En la base de la estatua de la Libertad que se levanta en el centro de la plaza de armas de Piura, hay una placa de mármol en donde figuran varios de los piuranos muertos en las acciones de San Juan y Miraflores.  Entre ellos tenemos:

 

-         El teniente coronel José María Vera Tudela, 2do. jefe del Batallón Piura.

-         El mayor Ignacio Seminario Guzmán, 3er. jefe del Batallón Piura, había luchado en el Dos de mayo.

-         Subteniente Nemesio Medina, 2do. jefe de la 6ta. Compañía del Batallón Piura.

-         Subteniente  Pedro Varillas, abanderado del Batallón Piura,  que se enroló a última hora en Piura, para reemplazar a Leonidas Echandía Otoya que no pudo partir.

-         Subteniente Enrique Vásquez, de Tumbes, de la 4ta. Compañía del Batallón Piura.

-         Teniente Daniel Merino, ayudante mayor en el Batallón Piura.

 

Resultaron heridos Antonio Quevedo Gonza de Ayabaca, tenía sólo 17 años y pertenecía al Batallón Piura, el ingeniero Enrique Zegarra, Eduardo Moscol Valdivieso de 17 años.

Ignacio Seminario Guzmán, 3er Jefe del Batallón Piura 69, donde era sargento mayor. Piérola lo elevó a Coronel. Era tío de Grau. Luchó en San Juan en el cerro Viva el Perú, y luego en la batalla de Miraflores, defendiendo un reducto, donde murió. Su cadáver como  miles más de peruano y chilenos quedó abandonado  en esas arenas para siempre.

José Noblecilla jefe del contingente de Tumbes, también resultó herido.

 

 

El armisticio violado

ARRIBA

 

En la mañana del día 14 se acercó a las líneas peruanas un grupo procedente de las trincheras enemigas.  Con él llegaba como portador de una propuesta de paz   el ex –ministro de Guerra coronel Iglesias capturado por los chilenos el día anterior en el morro Solar.   La propuesta significaba la rendición con honores de todos los restos del ejército peruano que formaban la segunda línea de defensa delantera de Miraflores, la entrega de los Castillos del Callao y de la escuadra surta en el Callao, la rendición de los fuertes artillados de San Cristóbal y de San Bartolomé, la entrega pacífica de Lima y la cesión definitiva de Tarapacá, Tacna y Arica.

 

Junto con Iglesias llegaba un enviado chileno al que Piérola no lo consideró con poderes suficientes como para tratar.

 

Los chilenos deseaban sin embargo una tregua, para poner en orden su ejército y reacomodar sus fuerzas.

 

En la Junta de Guerra,  que celebró Piérola con los jefes de sus unidades fueron muchos los que opinaron que no se resistiría más de media hora y hasta el mismo  coronel Cáceres, ya perdida la oportunidad que se había presentado la noche anterior de atacar a la soldadesca enemiga cuando se encontraba embriagada y desorganizada; consideraba que lo más conveniente era aprovechar el ferrocarril central para retirar todo el parque, los restos de artillería y los cinco mil soldados de línea que aún quedaban, a la sierra, en donde se presentaban mejores condiciones para resistir en lugar de hacerlo en una prolongada línea de defensa.

 

Los jefes de las escuadras extranjeras surtas en el Callao se reunieron con sus representantes diplomáticos en Lima y con los demás miembros del cuerpo diplomático y propusieron a Piérola y a los chilenos como primer paso una tregua de 24 horas para luego tratar de ir hacia conversaciones de paz.

 

El día 15 se encontraba Piérola almorzando en la sede de su cuartel general en la Quinta Shell de Miraflores, con varios jefes de su Ejército y los comandantes de las escuadras extranjeras, cuando se hicieron anunciar los miembros del Cuerpo Diplomático, que llegaba a continuar las conversaciones para dar mayor formalidad al armisticio y pasar a la  etapa de las conversaciones de paz.  Se estaban recién intercambiando saludos, cuando se oyó el estruendo de disparos de artillería de las  líneas enemigas, cuyos proyectiles cayeron muy próximos al sitio de la reunión.  Era la División Lagos, chilena, que trataba de romper el frente de defensa, por el sitio defendida por el reducto Nº 2 y la División Peruana mandada por Cáceres.  Se había así iniciado la batalla de Miraflores.

 

Don Jorge Basadre estima los muertos chilenos entre cuatro mil y cinco mil en San Juan y Chorrillos.  En las filas peruanas, se habrían producido seis mil muertos, cuatro mil heridos y dos mil prisioneros, en total doce mil bajas.

 

Estas bajas son, sin duda, exageradamente altas.  El mismo Basadre da una información tomada de Teodoro Mason de la obra “La Guerra de la Costa del Pacífico en América del Sur, entre Chile y las Repúblicas aliadas de Perú y Bolivia”, publicada en 1885 en Washington que da los siguientes datos más creíbles:  1 500 muertos peruanos, 2 500 heridos y 4 000 prisioneros.  En total 8 000 bajas, que también es elevadísimo en un ejército de 20 000 hombres.  La mayor parte de esas bajas se produjeron en el morro Solar en un sacrificio heroico, sin duda, pero estéril y también imprevisor de Miguel Iglesias que no aseguró una vía de evacuación para sus fuerzas.

 

Muchos heridos murieron a causa unos del “repaso” que hacían los chilenos, es decir, asesinar a los caídos en el campo de batalla bajo la consigna de “ningún cholo vivo” y por la falta de auxilios, ya que Piérola había desarticulado a la Cruz Roja Peruana y por otra parte el campo minado ofrecía peligro para los socorristas en forma tal que muchos heridos  murieron por abandono.

 

Nada menos que unos 6 000 reclutas, desmoralizados abandonaron el campo de San Juan y unos se refugiaron en Lima y otros en los pequeños pueblos de los alrededores con la sola intención de regresar a su suelo natal, de donde habían sido  arrancados por las levas ordenadas por Piérola. No poseían ningún adiestramiento militar y habían constituido una verdadera carne de cañón.  Muchos habían quedado para siempre en las trincheras de San Juan.  Esos indios a los que Palma trata más tarde tan dura y despreciativamente no habían sido motivados.  Ni siquiera sabían por quien iban a combatir y por lo tanto no se les puede tildar de cobardes.

                                                    CAYERON EN SAN JUAN

ARRIBA

 

 

 

                                          Después de la batalla

ARRIBA

 

 

 

 

                             

 

 

 

 

 

 

 

 

Creación del Distrito San Juan de Miraflores

ARRIBA

 

Ley 15382

 

EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

POR CUANTO

El Congreso ha dado la Ley siguiente:

Artículo 1º.-  Créase el distrito de San Juan de Miraflores, en la provincia y departamento e Lima, cuya capital será el centro poblado Ciudad de Dios.

Artículo 2º.-  El distrito de San Juan de Miraflores se integra con la Ciudad de Dios  y los siguientes centros poblados: Pamplona Baja, Pamplona Alta y San Juan.

Artículo 3º.-  Los límites del distrito serán los siguientes: Iniciando  en el norte en el kilómetro 12 de la Carretera Panamericana sur, siguiendo hacia el Este hasta la Cota  259,3 a la Cota 257, a la Cota 415, a la Cota 475, a la Cota 626,6 del cerro de San Francisco de donde baja una línea recta por las  altas cumbres de los cerros de Puquio  del Puquial, hasta el cerro Mina 5, pasando por el cerro Mina 4, a Cerro Mina 3, a Cerro Mina 2, a Cerro Mina 1, hasta la Cota 210, siguiendo en línea recta hasta encontrar la línea del ferrocarril a Lurín, prosiguiendo por éste hasta  la altura del kilómetro 17 de la carretera Lima –Atocongo, llegando a esta carretera en línea recta imaginaria. De este punto sigue una línea recta imaginaria por Cerros Papa hasta la Cota 131 en Cerro Bala en donde prosigue una línea imaginaria hasta la dirección del kilómetro 22 de la Carretera Panamericana Sur, que es el encuentro con la antigua Carretera  Panamericana. De este punto sigue hacia el norte  hasta la Cota 152, y de allí a la Cota 162 en el cerro Zigzag pasando por la Cota  136.1, a la Cota 99,15 del Cerro Viva el Perú, siguiendo hasta llegar en línea recta al kilómetro 12 de la Carretera Panamericana, punto en donde comienza esta delimitación.

Comuníquese al Poder ejecutivo para su promulgación.

Casa  del Congreso de Lima, a los once días del mes de enero de mil novecientos sesenta y cinco. Ramiro Prialé, Presidente del Senado,  Víctor Freundt Rosell Presidente de la Cámara de Diputados, Teodoro Balarezo Lizarzaburu, Senador Secretario,  Washington Zúñiga Trelles,  Diputado Secretario.

Al Señor  Presidente Constitucional de la República.

POR TANTO

Mando se publique y cumpla.

Dado en la Casa de Gobierno en Lima, a los doce días del mes de enero de mil novecientos sesenta y cinco. FERNANDO BELAUNDE TERRY Presidente, MIGUEL ROTALDE DE ROMAÑA, Secretario

 

Como se puede apreciar,  se mencionan lugares  que fueron escenario de la Batalla de San Juan y en la linderación, igualmente se citan  nombres que son ya históricos.

El Patronato del Museo de la Cultura de Sullana, ha aprobado erigir en el Cerro Viva  El Perú, un obelisco recordatorio por los cientos de piuranos que allí dieron la vida por la Patria.

 

 

.

Los Reductos

ARRIBA

 

Toda la estrategia de Piérola era defensiva.  Eso ya era de por sí una gran desventaja, pues para defender un dilatado frente en una zona poco accidentada como la de Lima, se requiere de un ejército muy numeroso y muy bien pertrechado, pues al pasar la                              iniciativa al enemigo, este puede concentrar todo su poder de fuego en uno o dos puntos para romper las líneas defensivas y desmoronar todo el sistema.    Eso hicieron los chilenos.

 

La línea de defensa de Miraflores, tenía una novedad con relación a la línea del frente de San Juan y eso estaba dado por los Reductos.

 

Los Reductos eran pequeños fortines, que se intercalaban en la línea del frente a unos 1 000 metros u 800 metros unos de otros.

 

Entre reducto y reducto se cavaron líneas de trincheras que fueron ocupadas por los soldados reagrupados después de San Juan que iban a tener así una segunda prueba de fuego.

 

Los reductos fueron ocupados por voluntarios limeños.  Se trataba de comerciantes, estudiantes, empleados, magistrados, maestros, periodistas o simples vecinos.   Todos tenían en común un gran fervor y una decisión inquebrantable de luchar hasta morir para defender sus hogares y familias residentes en Lima amenazadas por el invasor.  Si bien tampoco tenían adiestramiento militar, eso lo suplían por la decisión que tenían de luchar, pues no eran levados sino voluntarios.                          

 

La línea de defensa empezaba con el fortín Alfonso Ugarte en la playa, a un costado de la Quebrada del Armendáriz, cortaba luego la línea del  ferrocarril de Lima a Chorrillos, luego seguía por el fundo La Palma, proseguía a Calera de la Merced, a Chacarilla, Mendoza y Monterrico.  El frente tenía una longitud de 12 kilómetros y normalmente para defenderlo hubieran sido necesarios ochenta mil hombres de un Ejército de línea convenientemente armado.

 

Las disposiciones de la línea de defensa eran las siguientes:

 

Cerca al acantilado, estaba el Fuerte  Alfonso Ugarte.

 

Luego venía el Batallón Jauja 23, al mando del coronel Juan Arias Aranjuez, hermano del héroe de Arica.  Esta fuerza tenía 320  soldados, y en San  Juan no había hecho un desempeño meritorio, pero en esta nueva batalla de Miraflores, iban a luchar heroicamente.

 

 

Luego venía el Reducto Nº 1 de 250 hombres, al mando del comerciante Manuel Lecca que había logrado un alto grado de disciplina en sus componentes.  Conformaban el Batallón de Reserva Nº 2, y lo integraban comerciantes conocidos de Lima.

 

Después estaba emplazada la División de la Derecha al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres. Estaba integrada por los restos de tropas de línea que habían luchado en San Juan y componían los mermados de Guardia Peruana Nº 1, Callao Nº 9 y Libres de Trujillo Nº 11 a los que se habían agregado restos del Batallón Piura.  También el Batallón Guarnición de la Marina al mando del capitán de navío Juan Fanning García y los voluntarios de la Guardia Chalaca,  al mando del capitán de fragata Carlos Arrieta.

.

El Reducto Nº 2 se levantaba junto a los rieles del ferrocarril que iba de Lima a Chorrillos, lo defendían 300  hombres del Batallón de Reserva Nº 4, formado por magistrados, periodistas, profesores, abogados y profesionales, al mando del abogado Ramón Ribeyro.

 

En las trincheras seguía la División del Centro al mando del coronel Belisario Suárez.  Estaba formada esta unidad por los Batallones Concepción 27, Libertad 71 y Paucarpata 19.

 

El Reducto Nº 3 con 280 hombres se construyó cerca de la hacienda La Palma y su defensa fue encargada al Batallón de Reserva Nº 6 al mando del abogado y diplomático Narciso de la Colina.

 

Seguían luego soldados que habían luchado en San Juan.  Ahora bajo el mando directo del coronel César Canevaro, pero integrantes también de la División del Centro comandada por Belisario Suárez.

 

El Reducto Nº 4 se levantaba en el sitio denominado Los Potreros de la  Palma, y lo integraba el Batallón de Reserva Nº 8 al mando del funcionario de Hacienda Juan de Dios Rivero.  En su mayoría lo conformaban empleados públicos y vecinos.

 

Las trincheras contiguas estaban siendo ocupadas por los contingentes de la División de la Izquierda al mando del coronel Justo Pastor Dávila.

 

El Reducto Nº 5 estaba en el lugar llamado La Calera de la Merced y lo defendía el Batallón Nº 10 bajo comando del civil José León.

El Reducto Nº 6 estaba en el estanque La Calera.  Allí luchó el capitán de fragata piurano Amaro Gonzáles Tizón Seminario.

 

El Reducto Nº 7 en Potrero de Chacarilla. 

 

La División de Reserva estaba acantonada desde la hacienda La Calera hasta la hacienda Vásquez, y la conformaban doce batallones con 4 000 hombres.  Su comandante general era el coronel Juan M. Echenique pariente y protegido de Piérola que en San Juan jugó un deplorable papel, que en mayor grado iba a reproducir en Miraflores.  Como jefes inmediatos inferiores al coronel Pedro Correa y Santiago y el civil Dionisio Derteano, que había sido uno de los hombres más ricos del Perú y al que la expedición de merodeo de Lynch le destruyó sus prósperas haciendas costeras.

 

 

 

La batalla de Miraflores

ARRIBA

 

De los 20 000 combatientes de San Juan, sólo 6 000 volvieron a formar en la Segunda  Línea de Defensa, en Miraflores.

 

           La 3ra. División chilena integrada por 8 000 soldados del general Lagos y del coronel Martínez, se lanzaron masivamente sobre las posiciones peruanas de la 1ra. División  que  mandaba el coronel Cáceres, y sobre el primer Reducto.

Al mismo tiempo, la 1ra. División al mando de Patricio  Lynch con 7 000 soldados se precipita sobre el Reducto Nº 2 y la División de Suárez.  En el otro extremo de la línea que defiende Pastor Dávila, los dos batallones chilenos que habían avanzado en Melipilla y Artillería de Marina de la 2da. División chilena, se extravían en el camino.  Entonces la Brigada de Barbosa se desprende de la 1ra. División chilena y avanza en forma oblicua hacia Valverde para cubrir el flanco de sus fuerzas y prevenir por ese lado un ataque peruano.

1A las 4 de la tarde, Cáceres no sólo había rechazado a la División de Lagos sino que había contraatacado, obligando a los chilenos a retroceder.  En una segunda contraofensiva, Cáceres contó con el apoyo de los soldados de Suárez que habían rechazado a Lynch.  La situación del Ejército Chileno en esos momentos era totalmente peligrosa.  Si el Perú hubiera tenido un buen comandante, hubiera dispuesto que los 4 000 soldados de la Reserva de Echenique y los que estuvieran libres de la División Dávila avanzaran por el flanco y atacaran a los desordenados chilenos para ponerlos en completa  derrota.  Allí hubiera perdido Chile la guerra.

 

Eso lo reconocen hasta los mismos jefes militares chilenos.  Pero por desgracia para los peruanos y para felicidad del enemigo, al frente de nuestros destinos se encontraba un dictador megalómano como Piérola, que no dio una sola orden y tampoco permitía que nadie lo hiciera.  A veces en el destino de los pueblos aparecen hombres que se creen iluminados por la genialidad, lo cual los lleva a suponerse dotados de grandes conocimientos militares, como para imponerse a coroneles y generales y llevar de ese modo al desastre a sus pueblos.

 

Cáceres y Suárez, no podían mantener su avance entre un mar humano de enemigos por cuyo motivo, tras de esperar inútilmente refuerzos, tuvieron que volver a su atrincheramiento.

 

Reforzados los chilenos, volvieron a la carga, con mayores contingentes.  La escuadra enemiga cañoneó con mayor intensidad las posiciones peruanas despedazándolas.

 

Todo el peso de las fuerzas chilenas se lanzó contra las fuerzas de Cáceres ubicadas entre los Reductos Nº 1 y Nº 2, logrando allí romper el frente.  De esa forma el Reducto Nº 1 quedó aislado y tras de heroica resistencia fue tomado por asalto.  Fue el primer reducto en caer.  Ya habían desaparecido el Jauja 23, la Guardia Peruana, el Callao Nº 9, Los Libres de Trujillo Nº 11 con los piuranos que lo integraban.  También había sido diezmado el Batallón Guarnición de la Marina y su jefe el capitán Fanning muerto.   El Guardia Chalaca se mantenía en la lucha, pero su jefe Carlos Arrieta había muerto.

 

Los chilenos rompieron el frente en otro punto, que era el defendido por la División de Suárez, de esa forma flanquearon a todos los reductos, quedando los Nº 2 con el  Batallón de Reserva Nº 4 combatiendo hasta el final, lo mismo que el Reducto Nº 3 con su Batallón Nº 6 de Reserva.  En éste había caído muerto su jefe el doctor Narciso Colina.  En el Reducto Nº 2 cayó  el doctor Manuel Irrabarren, juez de Tumbes.

Los chilenos que habían penetrado profundamente en las líneas peruanas tomaron por asalto los Reductos Nº 4 y Nº 5.

 

Los Reductos Nº 2 y Nº 3 lucharon hasta las 6 de la tarde lo mismo que otros grupos dispersos que formaban bolsones de resistencia que se negaban  a rendirse.  Ya oscurecía y todo estaba perdido.  El Jefe del Reducto Nº 2 Ramón Ribeyro, pudo conducir una ordenada retirada de los pocos que quedaban de su glorioso Batallón Nº 4.

 

Los peruanos tuvieron 3 000 bajas y los chilenos 2 112 según

propia confesión.  La reserva peruana    de 4 000 hombres se retiró sin disparar un tiro.

 

Los chilenos repitieron en Miraflores la destrucción, barbarie y horror que cometieron en Chorrillos y Barranco. Asesinaron, violaron mujeres y como impulsados por la envidia quemaron palacetes y lindas casas,  a las que saquearon  antes.  La ciudad de Lima, quedaba al alcance de sus manos.

 

Se asegura que el Batallón Ayacucho, que tenía en  Miraflores como jefe 2º a Pedro Pablo Cruz, se dispersó antes de combatir. Cruz más tarde se dio por desparecido, habría sido chileno.

 

 

 

Relato de un soldado piurano.

ARRIBA

 

 

Formaba parte del  Batallón Piura, el soldado Juan del Carmen Vilela Martínez, natural de Piura, nacido en 1860.  Cuando se enroló y luego se embarcó a  Lima eran jefes del batallón don Augusto Seminario y Váscones, José M. Vera y Adolfo León.

 

Pronto  ascendió a Cabo 1º destinándosele a la 2da. Compañía que mandaba  el capitán Lutgardo Morales y luego pasó a órdenes del capitán Daniel Merino.

 

Después de la toma de Lima por los chilenos, Vilela Martínez envió a sus parientes de Piura, una interesante carta, en la cual narra el itinerario del batallón, desde el momento en que salió de Paita.

 

Dice que salieron de Paita, rumbo a Chimbote y de allí a Chancay, y más luego a Huaral en donde estuvieron unos días, para pasar a un sitio denominado Piedras Gordas., cerca de Ancón,   Desde este lugar, el comandante del batallón, es decir el coronel Augusto Seminario fue a Lima a buscar uniformes los que consiguió.

 

Ya convenientemente uniformados  como soldados, se dirigieron a la capital de la República, en donde los recibió el dictador Nicolás de Piérola, con el Ejército ante el cual pasaron revista en la plaza de Acho,  que les sirvió de alojamiento provisional, hasta que se arregló su campamento en el cerro de San Cristóbal, lugar donde también se instalaron las defensas de artillería que estaban destinadas a la protección de Lima.  Posteriormente pasaron a Miraflores, para integrarse a la División que comandaba el general Canevaro, que los recibió, lo mismo que el jefe supremo Piérola.  Posteriormente  pasaron a Chorrillos y más tarde a San Juan, en la línea de defensa de la capital, en donde combatieron contra los chilenos y resultó herido a causa de un bayonetazo en la espalda, que en cierta forma fue desviado por un compañero suyo que murió en el acto.  Con dos  heridas, otra de las cuales estaba en el hombro izquierdo, que se lo habían atravesado, avanzó gateando, hasta que con gran esfuerzo pudo pararse y llegar a Surco donde estaba el Estado Mayor, pasando luego a Barranco, pero como estaba mal herido, lo enviaron a Lima por tren y lo alojaron en el Palacio de la Exposición.  Allí estuvieron hasta que los chilenos entraron a Lima y los encontró junto con otros heridos al general Baquedano, que dijo:  “¿Por qué los chinos están con los peruanos?  Esos deben ser fusilados”.  La Cruz Roja dijo que no había distinción para nadie y que ellos servían humanitariamente a todos.  Entonces Baquedano pidió que desocuparan los hospitales y se alistaran 500  camas y ración para sus heridos. “ Habiendo mejorado, me vine entonces al Departamento de Carabineros, como sargento 1º, bajo las órdenes del comandante Cabrera, pero ya había terminado la guerra por los arreglos que había hecho el general Miguel Iglesias y estaba en revolución con el general Cáceres.  Serví hasta obtener mi baja.”

 

Hasta allí su relato.  Vilela se trasladó a vivir a Sullana y el 18 de marzo solicitó se le declarase sobreviviente de la guerra con Chile con los goces correspondientes.  En su trámite fue ayudado por don Eduardo Reusche.

 

El diario “La   Actualidad” en su edición del 20 de enero de 1881, al publicar una relación de los heridos, aparece el nombre de Vilela como herido en San Juan.

 

El 7 de julio de 1939, el prefecto de Piura, coronel Enrique Duthurburu dio apoyo al pedido de Vilela, que estaba atravesando por una  difícil situación económica.

 

Vilela había en realidad nacido en Huancabamba, pero cuando se decía piurano se refería al departamento.  La fecha de su nacimiento fue el 15 de setiembre de 1860, y murió en agosto de 1940 en la calle Enrique Palacios Nº 37 de Sullana.  Fueron sus padres Manuel Vilela y Mariana Martínez.

 

El 8 de agosto del año de su muerte había sido declarado combatiente de la Batalla de San Juan.  El 16 de octubre del mismo año el juez de Sullana Luis Alfredo Arbulú, había certificado la buena conducta de Vilela, lo mismo  que el  subprefecto  Manuel A. Cortés, el alcalde  José Arens y el párroco Lucas Zarandona.  Pero ya era tarde, había muerto en agosto de 1940 a los 80 años de edad.  El 26 de junio de 1941 se le acordó una pensión de 40 soles mensuales cuando ya estaba muerto.

 

Los piuranos en Miraflores.

ARRIBA

 

También resultaron muertos en Miraflores, el capitán tumbesino ( o paiteño)  Manuel Arellano Barbosa que había luchado en Angamos.

 

El teniente tumbesino Enrique Vásquez, así como el juez de Tumbes, José Manuel Iribarren, que murió en uno de los reductos.  Francisco Javier Fernández, radicado en Lima, donde era funcionario de la Cámara de Diputados. También rindió su vida el Capitán  Carlos Puell. Resultaron heridos los tumbesinos, Maximiliano Benites Naranjo y Benigno Reyes, los que  militaron en la Tercera División del coronel Justo Pastor Dávila.

 

El teniente de Marina, paiteño, Aurelio Hurtado de la Haza, resultó muerto por una ráfaga de ametralladora que le destrozó la cabeza en momentos en que era llevado a la estación del ferrocarril por el sargento Máximo Rentería, también paiteño, ex –tripulante del "Huáscar", que a los gritos de  “Venganza a Grau”, había luchado ardorosamente con otros marinos del monitor.  Los marinos Honorato y Amaro Gonzáles Tizón Seminario lucharon en los reductos.

Resultaron heridos, el coronel Augusto Seminario Váscones, con un balazo en el vientre.  Ya no actuaba como jefe del Batallón Piura, porque esa unidad había virtualmente dejado de existir en San Juan.  En  Miraflores actuaba bajo las órdenes directas del coronel César Canevaro.  Su sobrino Genaro Seminario León resultó herido y meses después murió.

 

Resultó gravemente herido, el general Ramón Vargas Machuca, de 80 años de edad, hermano materno del famoso montonero sullanero Rudesindo Vásquez.  Veintitrés meses más tarde falleció el general a consecuencia de las  heridas.

 

Otro herido  grave   fue el   teniente 1º de Marina, Alberto de la Haza, paiteño, primo  de Aurelio, ex –tripulantes de la “Independencia” que habían participado en el combate de Iquique.

Vargas Machuca Ramón

 

 

El coronel Francisco García León que había luchado en San Juan y que en Miraflores tenía el mando de un batallón donde también luchó su hijo Arturo.

 

El paiteño Elías Mujica, ex –combatiente del Dos de Mayo, luchó en los reductos y salió herido.  Después se unió a Cáceres haciendo toda la campaña de la Breña.

 

Andrés Araujo Morán, tumbesino que había luchado en Angamos, donde fue hecho prisionero y liberado el 23 de noviembre de 1879.  Retornó a su pueblo y se enroló en el Batallón Piura, luchando en San Juan y Miraflores resultando herido.

 

El capitán de navío, paiteño, Camilo Carrillo Martínez que tenía a su cargo una batería de artillería.  Luego se unió a Cáceres y a Montero para seguir luchando  contra los invasores.

 

Celso Garrido Lecca Montoya, luchó en el Batallón Guardia Nacional que comandaba el tío del coronel Manuel Lecca.  También fue herido en esa batalla su hermano Teodoro, que   aunque nacido en Lima se consideraba piurano.

 

Emilio Espinoza López, estudiante de medicina, actuó en la Sanidad Militar.  Posteriormente, sería director del Colegio San Miguel.

 

Manuel Yarlequé Espinoza, de Catacaos, integró el Batallón Nº 5 de periodistas que defendió el Reducto Nº 4.

 

Los hermanos maternos de Grau, el coronel Roberto Díaz  Seminario y Emilio;  éste  natural de Sullana y capitán de navío, ex –combatiente del Dos de Mayo, que en Miraflores tuvo a su cargo la batería de La Merced. Hecho prisionero, fue liberado bajo palabra de que no  saldría de Lima.

 

El joven piurano Teodoro Carrasco Moreno, de 20 años, integrante del Batallón Piura, luchó en San Juan y en Miraflores.  En enero de 1883  siendo ayudante del prefecto, coronel Fernando Seminario Echandía, fue de los que hizo frente a la invasión de la ciudad de Piura, por los comuneros serranos de Chalaco.  En un contra-ataque se trabó en lucha con Juan Seminario León, que no obstante su elevada posición social y ser sobrino del prefecto, actuaba como personero de los chalacos.  Como resultado de ese duelo personal, ambos resultaron muertos.

 

También se distinguió en Miraflores, el sechurano Félix Ruiz, a quien años más tarde, el general Cáceres le otorgó un pergamino, cuando era Presidente.

 

            Don Francisco Seminario Ramos, en un artículo titulado “Mangachería” asegura que en Miraflores fueron heridos Francisco Albán y José Ramos Varillas vecinos de la mangachería.

 

            En la estatua de la Libertad, figuran como muertos en las  acciones de San Juan y Miraflores, Carlos Moor, Nicolás Palacios, Enrique Rivas, Vicente Sáenz.

 

            Manuel Ramos Varillas, fue otro combatiente de San Juan y de Miraflores.   Era un Mangache piurano hijo de José Mercedes Ramos Ojeda y de doña Eduarda Varillas Vilela.   Al igual que otros familiares se enroló en el Batallón Piura.  Tras pelear en San Juan también combatió en Miraflores a las órdenes del coronel Andrés Avelino Cáceres.  Luego se unió a éste cuando inició la Campaña de la Breña, hasta la batalla de Huamachuco el 10 de julio de 1983, con el grado de subteniente de la 2da. compañía del Batallón San Gerónimo que estaba al mando del coronel Melchor González.  Con el alcalde de Huamachuco don Manuel  Cisneros, se ocupó Ramos Varillas del abastecimiento de víveres antes de la batalla y después organizó un hospital de sangre .Los piuranos lucharon unos  en la 1ra. División de Cáceres y otros en la 3ra División De pastor Dávila.

José Ramos Varillas, fue hermano del anterior.  Fue el menor de 8 hermanos y combatió igualmente en San Juan y Miraflores.  Tras de esas batallas, retornó a Piura como sargento.  Fue abuelo del doctor José Albán Ramos.

                              

CROQUIS DE LA BATALLA DE MIRAFLORES

ARRIBA

 

 

 

 

Toribio y Epitación Varillas, fueron sobrinos de los anteriores.  Tras de combatir en San Juan y Miraflores, se unieron a Cáceres para hacer la Campaña de la Breña y murieron en Huarimpa (Junín) y Vilcapampa (Pasco) respectivamente.

 

            En San Juan, combatió el tambograndino Mercedes Nima Guerrero, de 21 años, que también se había enrolado en el Batallón Piura.  Nima era sargento segundo y en San Juan salió con grave herida en la pierna izquierda.  Después de la batalla de Miraflores, retornó a Lima.

 

 

 

 

 

DESPUES DE LA BATALLA

ARRIBA

 

                  

            

 

 

El regreso de La Cotera

ARRIBA

 

            El general ayabaquino Gonzáles La Cotera, había pasado casi todo el año 1880, exilado en el Ecuador, pero amagando constantemente la frontera piurana  por cuyo motivo el prefecto recibió orden del gobierno pierolista de que lo capturasen.  Pero el inquieto militar pudo llegar a Lima a fines de año, en donde fue puesto en arresto domiciliario por el canciller Pedro José Calderón  que por entonces tenía el control de la capital y era el eventual sucesor de Piérola, en caso de resultar éste muerto o prisionero por los chilenos.

 

            Después de la batalla de San Juan, en Lima todo era confusión y nadie sabía de la suerte que había corrido el dictador.  A la ciudad estaban llegando algunos grupos de soldados que habían luchado contra los invasores.  Entre los que habían ingresado a la capital bastante desmoralizados estaban los soldados que obedecían al coronel Pablo Arguedas, el mismo que había encabezado la rebelión contra La Puerta y contra La Cotera, y había muerto heroicamente en San Juan.

            Eran las 5 de la tarde, y La Cotera se vistió con su uniforme de general y en momentos en que soldados de Arguedas pasaban frente a su casa, los interceptó, tras de burlar la vigilancia de sus propios custodios y los arengó ofreciéndoles que los iba a conducir nuevamente al combate y a la victoria.

 

            Muchos lo siguieron y con ellos, el general La Cotera recorrió varias calles de Lima  gritando ¡Abajo Piérola!  y   ¡Viva la Constitución!

 

            Esto mostraba a La Cotera como un fanático constitucionalista, aún en los momentos más difíciles  del país, y sin duda pensó que  habiendo desaparecido el dictador Piérola  era el momento de restaurar a la autoridad constitucional.

 

            Pero parece que esto no agradó a muchos de los soldados  que se  habían decidido a seguirlo, y se fueron   alejando.  Por otra parte, Piérola en todo momento continuó gozando de la adhesión popular.

 

            El  ministro Calderón reaccionó  y lanzó a sus investigadores en persecución de La Cotera bajo la acusación de rebelión.  A las 11 de la noche fueron a buscarlo a su casa, pero se había refugiado en la Legación inglesa.  También Riva Agüero era buscado, bajo la acusación de traición y complicidad con el enemigo, no obstante, que los chilenos habían  arrasado  sus propiedades de la hacienda Melgarejo.  Había orden de fusilarlo, por cuyo motivo se refugió en la Legación de  Francia.  Los policías pretendieron  sacar a los refugiados por la fuerza,  pero los diplomáticos amenazaron con hacer intervenir a sus   poderosos  barcos de  guerra que estaban en la rada del Callao.

 

            De esa forma, el general La Cotera pudo pasar al día  siguiente a bordo del acorazado inglés  “Triump”.  Mientras tanto las turbas adictas a Piérola casi se habían apoderado de las calles de la Capital que  recorrían gritando ¡Viva Piérola, abajo la argolla! Se referían a los civilistas, pero también había hostilidad contra los extranjeros, pues gritaban ¡Mueran los gringos!

 

            Los chinos por su demostrada colaboración con los chilenos, fueron hostilizados, sus negocios quemados y muchos de ellos linchados.  Las puertas de todas las casas permanecían cerradas, por el temor a “las   comunas” que era como se llamaban a los grupos vociferantes.  Hay que hacer hincapié en que Piérola había roto con los marinos extranjeros y los había obligado a retirar sus barcos a 5 millas del Callao.  Sin embargo, los barcos extranjeros dieron refugio a centenares de personas que huían de Lima y posteriormente a la derrota de los peruanos, fueron los que intervinieron enérgicamente frente a los chilenos, evitando que Lima fuera incendiada y saqueada.

 

            Una vez más La Cotera fue al destierro y en Guayaquil, entró en contacto con el diplomático chileno  Godoy que antes había estado en Lima.  Por entonces ya se había producido la ocupación de Lima y los chilenos deseaban que en el Perú se estableciera un gobierno con el cual tratar, pero no deseaban hacerlo con Piérola, que se había  ido a las serranías de Canta.

 

            En las reuniones con Godoy, éste estaba de acuerdo en que se instaurase nuevamente un gobierno constitucional en el Perú.  Que todos los prisioneros de guerra confinados en la isla San Lorenzo que eran varios miles, fueran libertados con sus armas y que los chilenos desocupasen Lima para iniciar las inmediatas conversaciones de paz.  Vistas así las cosas, no podían ser mejores dada la situación.  Por lo tanto, con un salvoconducto de Godoy, retornó  La Cotera a Lima a donde llegó el 10 de febrero.  Se entrevistó en la capital con el ministro chileno Vergara, y estuvo de acuerdo con lo convenido con Godoy.  Fatalmente, los acontecimientos posteriores, hicieron perder esta buena oportunidad y nuevos años de sangre y dolor esperaban al Perú.

 

 

 

Hundimiento de la corbeta "Unión"

ARRIBA

 

            Después del combate de Angamos,  "La Unión" era el único barco de guerra que le había quedado al Perú.  Fue el mismo  almirante Grau, el que ordenó a su comandante tratase de salvar ese barco, lo cual logró gracias a la rapidez del mismo. 

 

            Se trataba en realidad de una antigua embarcación de madera de 1 600 toneladas que podía navegar a vela, se desplazaba  normalmente a doce nudos por hora y disponía de 13 pequeños cañones de 70.  Un solo cañonazo de los Armstrong de 250 de los blindados chilenos hubiera bastado para destruir la corbeta.

 

            "La Unión" había sido puesta bajo el comando del capitán de navío Manuel Villavicencio, el cual, logró en marzo de 1880 romper el bloqueo de Arica impuesto por la escuadra chilena compuesta por el Cochrane, Amazonas, Huáscar (ya puesto al servicio de Chile), Loa y Matías Causiño.

 

            Como segundo comandante tenía al marino piurano Arístides Aljovín Lama.

 

            Cuando Piérola organizó la defensa de Lima, artillo el cerro de San Cristóbal y puso como jefe de esa batería a don Manuel Villavicencio.  Quedó entonces Aljovín a cargo de la corbeta "Unión" que se encontraba surta en la bahía del Callao y sin poder salir de ella porque toda la escuadra chilena cerraba todas las  salidas hacia alta mar.  También estaba en la rada el “Rímac”   y el “Chalaco” y algunos transportes, todos los cuales habían recibido orden de ser destruidos y fondeados para que no cayeran en poder del enemigo.

 

            Aljovín, luego de la captura de Lima por los chilenos, procedió al hundimiento de su barco, tras de inutilizar su maquinaria y hacer estallar el casco.  Los demás barcos sólo fueron hundidos en aguas  poco profundas de tal modo que los chilenos lograron reflotarlos meses más tarde, lo que no se pudo hacer con “La Unión”.

 

            Entre los tripulantes de la corbeta, estaba el cabo piurano  Francisco Montero Oballe que había nacido el año 1857,  fueron sus padres Aniceto Montero y Cruz Oballe.  Cuando participó en el Combate de Angamos, tenía 22  años.  Sirvió en la corbeta "La Unión" hasta que ésta fue hundida por su propio comandante después de las batallas de San Juan y Miraflores, para que no cayera en poder del enemigo.  Al terminar la guerra retornó a Piura y laboró 30   años como tipógrafo hasta su muerte el 19 de setiembre de 1919 a las 6:30 a.m. en la calle Apurímac 42.  Sus restos reposan en el cementerio San Teodoro, cuartel La Merced, nicho 8 y en la lápida dice: Francisco Félix Montero, ex –cabo de la corbeta Unión 19.9.1919.

            Cuando terminó la guerra, se recuperó el mástil del barco, que en la actualidad se encuentra en el patio de honor de la Escuela Naval.

 

 

Arístides Aljovín había nacido en Piura el año 1839 siendo sus padres Miguel Aljovín y Manuela Lama.  A los 15 años ingresó a la Escuela Naval.  Murió el 19 de junio de 1894 cuando era Capitán de Navío en circunstancias trágicas.  Se dice que en forma ocasional intervino en una reyerta en defensa de una mujer que era atacada por dos hombres, uno de ellos un policía, que irritado atacó al marino a culatazos, fracturándole brazos y costillas, causándole igualmente graves heridas internas.  Todo eso el centro de Lima a media noche.

 

 

El saqueo de Lima y Ricardo Arana

ARRIBA

 

Después de la batalla de Miraflores, Piérola se retiró a la sierra central con un grupo de oficiales y soldados que le eran fieles  para seguir gobernando fuera de Lima.

Dejó al frente  de la capital al coronel Rufino Torrico, que era el Alcalde de Lima. En la batalla de Miraflores hubo momentos en que se pudo haber triunfado, pero la reserva de 4.000 soldados al mando del Coronel Juan Martín Echenique se negó a intervenir diciendo que solo recibía órdenes de Piérola. Igual sucedió con el entonces capitán Manuel Gonzáles Prada (mas tarde notable escritor) que tenía a su cargo una batería de 4 cañones. Igualmente resultó inútil la famosa ciudadela del cerro de San Cristóbal poderosamente artillada.

 Tras la derrota de Miraflores, muchos soldados peruanos se replegaron ordenadamente  hacia Lima y se concentraron  frente al Palacio de la Exposición. Allí se entrevistaron con Cáceres, dispuestos a seguir luchando, pero se encontraba mal herido. Otros solados huyeron desordenadamente a la capital, y desmoralizados y hambrientos se entregaron al saqueo,  juntándose con e populacho y gentes de los bajos fondos. En especial las bodegas de los chinos fueron saqueadas, pues se les acusaba ( y con mucha razón) de .haber colaborado con los enemigos.

Torrico para enfrentar ese caos, organizó una Guardia Urbana, con bomberos, extranjeros y el resto de la policía y acompañado con un grupo de miembros del cuerpo  diplomáticos se dirigió al campamento chileno para tratar con el general Baquedano la entrega pacífica de Lima. Como el jefe chileno se negaba a dar garantía, el almirante francés  Du Petit Thauars hizo conocer en forma enérgica a Baquedano, que si las tropas chilenas ejecutaban len Lima los mismos actos de barbarie de San Juan, Chorrillos y Miraflores, los barcos de las grandes potencias surtos en el Callao cañonearían a los barcos chilenos. Ante eso, Baquedano se tornó más contemporizador y el 17 de enero se firmó la Capitulación de Lima.

Baquedano dispuso que la división del general Cornelio Saavedra. Rodriguez que era la mas disciplinada, fuera la primea en ingresar a Lima. El 17 de enero ingresaron los chilenos en muy buen orden. Las calles estaban desiertas y las puertas cerradas. En gran cantidad de casas ondeaban banderas extranjeras. Parte de los soldados chilenos se dirigieron a Palacio de Gobierno e izaron su bandera. Otros fueron al Cuartel de Santa Catalina donde encontraron gran cantidad de rifles sin usar.

 

Los chilenos durante el primer mes de ocupación respetaron a los establecimientos de cultura y de instrucción, de la labor de saqueo sistemático.

 

            El 26 de febrero de 1881 exigieron a don Manuel Odriozola Director de la Biblioteca Nacional,  la entrega de las llaves de esa biblioteca,  que era una de las más prestigiadas de la América Latina.  En carretas fueron sacados los libros y llevados al Callao para ser reemitidos a Chile.  Muchas obras sin embargo, fueron  robadas por los soldados enemigos y vendidas en la Capital a precios irrisorios.  Se hizo lo mismo con el gabinete anatómico de la Escuela de Medicina, los instrumentos de la Escuela de Artes, las estatuas y cuadros de los museos, Palacio de la Exposición, Jardín Botánico, códigos del Archivo  Nacional, gabinetes, biblioteca y archivo de la Universidad de San Marcos, de la Escuela de Ingenieros, de la Escuela Militar.   Se llevaron también los muebles de Palacio de Gobierno.

 

            Cuando los chilenos ingresaron a Lima, era redactor de los debates de la Cámara de Diputados don Ricardo Arana Vargas Machuca, natural de Piura.  Con un gran sentido de previsión y anticipándose a lo que pudiera suceder, sacó en dos días en forma sigilosa, el  Archivo de la Cámara de Diputados y lo mantuvo oculto en el domicilio de don José Emilio Sánchez, hasta el año 1884 cuando se fueron los chilenos.

 

            Arana había nacido en Piura en 1849.  Estudió Derecho en San Marcos siendo después catedrático de esa universidad.  secretario general y redactor del Diario de Debates de la Cámara de Diputados, inició en 1874 la Compilación de las Leyes.     Pasó al Ministerio de Relaciones Exteriores y luego fue  secretario de la Junta de Gobierno de 1895.  Director de Justicia entre 1896 y 1919, murió en Lima en 1922.

 

 

 

Montero, Jefe Político y  Militar del Norte

ARRIBA

 

            Después de la batalla del Alto de la Alianza, el dictador Piérola, mandó a llamar al almirante Montero y lo designó como  su ayudante con lo cual lo inmovilizó.   Además fue sometido a una constante vigilancia y lo mismo sucedía con su domicilio bajo el pretexto de darle protección. En ningún momento, el jefe supremo pensó en dar a Montero mando de tropa.

 

            Pero después de la toma de Lima, cuando Piérola se vio precisado a huir a la sierra, emitió un documento con fecha 20 de enero acusando a los chilenos de haber roto la tregua pactada con el cuerpo diplomático en Miraflores, de asesinar a los heridos inermes en el campo de batalla, de fusilar en forma cobarde a oficiales y soldados prisioneros, de incendiar y saquear ciudades ocupadas como Barranco, Chorrillos y Miraflores.

 

            Todo lo que decía Piérola era sin duda  rigurosamente cierto, pero los historiadores lo han enjuiciado como políticamente inconveniente.  En efecto, al conocer el documento, los chilenos se negaron a tratar con el jefe supremo y el Perú  para entablar negociaciones con el invasor quedó sin representante legal.

 

            Piérola expidió otro decreto mediante el cual dispuso que la residencia del Gobierno sería el lugar donde él se encontrase.  Como por otra parte no podía ir por aquí y por allá con un numeroso séquito de ministros y funcionarios, nombró como ministro único al capitán de navío Aurelio García y García que le era muy fiel,  que desde entonces actuó también como su secretario general.  Como jefe de Estado Mayor de su Ejército casi inexistente nombró  al general Juan Buendía lo cual significaba que quedaba reivindicado.

 

            Para una mejor administración del Perú, lo dividió en tres zonas político-militares, cuyos jefes tendrían amplias facultades.  La del norte estuvo a cargo del contralmirante Lizardo Montero, hasta entonces su enemigo político; la del centro a cargo del coronel Juan Martín Echenique que era su primo y resultó siempre incapaz y la del sur bajo el mando del coronel Pedro del Solar, ex –prefecto de Arequipa.

 

            Montero se dirigió entonces al norte; fijó la sede de su comando regional en la ciudad de Cajamarca a donde llegó en febrero del mismo año de 1881.

 

            En abril, llegaba al mismo lugar de donde era natural, el general Miguel Iglesias, ya repuesto de las heridas y liberado por los chilenos tras su valiente actuación en el morro Solar.

 

            Piérola dispuso también que la prefectura de Piura fuera asumida, por el promocionado coronel Adolfo Negrón, en reemplazo del general Manuel Frías.

 

            Negrón se había desempeñado en 1880 como mayor de guardias en Piura, pero en diciembre había renunciado al cargo.

 

            En Lima se iniciaba la evacuación de las tropas chilenas. En criterio del alto mando chileno, ya la guerra había terminado y no imaginaban pudiera producirse una reacción entre los peruanos.  El 1º de febrero partieron hacia Chile 5 000 soldados y por disposición del nuevo Ministro de Guerra Jose Francisco Vergara,  también los generales Baquedano y Sotomayor.  En Lima quedaba como jefe y comandante general de los Ejércitos de Ocupación el general Cornelio Saavedra. Rodríguez.  Los embarques de  soldados enemigos continuaron hasta que sólo quedaron 13 000 número que se consideraba suficiente pues todos los ejércitos peruanos habían sido destruidos y sólo quedaban las fuerzas acantonadas en Arequipa, que Piérola había dispuesto desde fines de 1879 que se formasen y que no reforzaron al Ejército del Sur de Montero, siendo posiblemente la causa de la derrota de éste en el Campo de la Alianza.

 

            Los chilenos en febrero de 1881, no tomaban en serio al Ejército de Arequipa y en efecto, en ningún momento entró en acción.

 

            Baquedano que tan mal papel cumplió en la batalla de Miraflores y que incluso se le tachaba de cobardía,  lanzó en Chile su candidatura de la Presidencia de la República y se retiró antes de las elecciones. En esas elecciones  sucedió al presidente  Aníbal Pinto, su mas grande opositor, el belicista Domingo Santa María                       

 

            En Piura, la noticia de las derrotas de San Juan y Miraflores y la posterior ocupación de Lima, tuvieron efectos anonadantes.  Poco a poco fueron llegando los sobrevivientes del Batallón Piura, que contaron los horrores de la guerra y el salvajismo de los chilenos.  Muchos hogares que tenían la esperanza  de ver retornar a sus seres queridos, supieron luego con profundo dolor que habían muerto por la Patria. Centenares de hogares se vistieron de luto y en otros muchos la angustia duró mucho tiempo, pues no se tenía noticias de ellos y nunca más volvieron, lo que mostraba que habían caído en el campo de batalla.

 

            Una gran cantidad de familias de origen piurano que residían en Lima, retornaron al departamento cuando los chilenos ocuparon Lima; trayendo su angustia y desesperanza.

De esa forma, aunque lejana del escenario de la guerra, Piura sufrió en carne propia sus brutales efectos.

 

 

 

Ricardo Palma y los soldados indios

ARRIBA

 

            Don Ricardo Palma fue un acérrimo pierolista.  Cuando el caudillo dictador tuvo que huir de Lima y retirarse a la sierra, el célebre tradicionalista le escribió en forma continua, dándole informe de cómo se desarrollaban los acontecimientos políticos en la capital y emitiendo su opinión con relación a muchos  asuntos.

 

            Estas cartas han sido editadas en una interesante obra denominada “Cartas a Piérola”.   La primera enviada cuando el fugitivo se encontraba en Jauja, tiene fecha 8 de febrero y en ella busca de encontrar los motivos de las derrotas de San Juan y Miraflores, en la forma que sigue:

 

            “En mi concepto, la causa principal del gran desastre del 13, está en que la mayoría en el Perú la forma una raza  abyecta y degradada, que Ud. quiso dignificar y ennoblecer.  El indio no tiene el sentido de la Patria; es enemigo nato del blanco y del hombre de la costa; y señor por señor, tanto le da ser chileno como turco.  Así me explico que batallones enteros hubieran arrojado sus armas en San Juan sin quemar una cápsula.  Educar al indio, inspirarle patriotismo, será obra no de las instituciones sino de los tiempos”.

 

            “Por otra parte, los antecedentes históricos nos dicen con sobrada elocuencia  que el indio es orgánicamente cobarde.  Bastaron 172 aventureros españoles para capturar a Atahualpa que iba  escoltado  por cincuenta mil hombres y realizar la conquista de un imperio, cuyos habitantes se contaban por millones.  Aunque nos duela declararlo hay que convenir en que la raza araucana fue más viril, pues resistió con tenacidad a la conquista”.

 

            Estas duras palabras del escritor tienen gran similitud con las vertidas por el oficial del Estado Mayor de Chile, capitán  Augusto Orrego Cortésque el  10 de julio de 1880 publicaba en “El Eco” de Tacna un artículo, defendiendo el comportamiento del comandante More (de la “Independencia”), del teniente coronel Ladislao Espinar y del ingeniero Elmore el capturado antes de la batalla de Arica.

            Dice Orrego: “Enseguida le toca el turno a Montero.   La derrota de Tacna necesitaba una víctima y los peruanos la eligen en este jefe valeroso, que todo podrá ser menos  cobarde.  No se quiere comprender aquí, que el secreto de nuestros triunfos está en la superioridad física y moral de nuestros soldados, sobre el tímido indio abyecto, y por más que los oficiales peruanos se batan en primera  línea, no podrán compensar jamás la ventaja a que me refiero.  Mientras tanto queda sentado que somos los enemigos los que nos tomamos la tarea de hacer justicia a nuestros propios adversarios, lo que confieso me será siempre grato, cuando se trate de defender, junto con la verdad, el honor de caballeros y de hombres buenos”.

 

            Piérola se había declarado protector de la raza indígena por Decreto del 22 de mayo de 1880, y tal título lo había hecho imprimir en todos los documentos que expedía en forma oficial.

 

            Bien pronto las expresiones de Ricardo Palma iban a quedar desmentidas, cuando el general Cáceres iniciara con soldados indios la  gloriosa Campaña de la Breña.

 

 

 

La Cotera busca el retorno constitucional

ARRIBA

 

            El general chileno Cornelio Saavedra, nuevo jefe político y militar de las tropas de ocupación deseaba la formación de un Gobierno Peruano, para poder iniciar la discusión de un tratado de paz.

 

            Entre los políticos representativos de Lima se intentaron varias fórmulas para la creación de ese nuevo Gobierno, pero todas fracasaron, motivo por el cual los chilenos acusaban a los peruanos de apatía y faltos de interés.

 

            La iniciativa del general La Cotera, que era jefe del Partido Constitucional creó bastantes esperanzas y se vio apoyado por prominentes hombres del Partido Civil y de grupos independientes, formando un núcleo de cincuenta hombres públicos.

 

            El acuerdo a que se llegó, fue de que el general  Luis La Puerta que era vice-presidente en el Gobierno de Prado, reasumiera el poder legítimo, del que había sido despojado por Piérola en el golpe del 21 de diciembre de 1879.    La Junta de Notables así constituida fue a comunicar a La Puerta el acuerdo y ante su rotunda negativa insistió al día siguiente, pero no se logró mejor resultado a pesar de haberle sido presentado una declaración en donde se establecía que La Puerta estaba en la obligación de aceptar, pero de nada valió.  La censurable actitud de este anciano general, contribuyó a prolongar la guerra tres años más.

 

 

 

García Calderón elegido presidente

ARRIBA

 

            En vista de que La Puerta  no quería aceptar, la Junta de Notables pensó  nuevamente en Piérola a lo que se opuso el general La Cotera, el cual terminó  por apartarse del grupo, que planteó a las autoridades su propuesta, de que el supremo dictador, asumiera nuevamente el mando, y fuera reconocido por ellos.

 

            Los chilenos se negaron terminantemente a tratar con Piérola, situación ante la cual la Junta de Notables, se reunió con el grupo que presidía Aurelio  Denegri para unificar criterios y gestiones, llegando de esa forma a quedar integrada la Junta de Notables por 150  personas.

 

            Los acuerdos que tomó la Junta de Notables fueron los siguientes:

 

            1.- Se formaría un Gobierno unipersonal y provisorio, desechándose todo proyecto de constituir triunviratos.

 

            2.- Se volvería a la Constitución de 1860.

 

            3.- Se convocaría a un Congreso, de parte del Gobierno  Provisorio, 15  días  más tarde de celebrar un armisticio con los chilenos.

 

            4.- El Gobierno Provisorio tendría amplias facultades en materia hacendaria.

 

            Era el 22 de febrero de 1881, y los asambleístas que eran 114 resolvieron ganar tiempo y aprovechar la circunstancia del buen número de concurrentes, por cuyo motivo se planteó la necesidad de elegir de inmediato a un presidente provisorio.

 

            Se propuso al joven abogado y periodista Francisco García Calderón que tuvo una gran aceptación, obteniendo en la votación una amplia mayoría por 104 votos.

 

            Los chilenos fueron tomados de sorpresa y aceptaron a García Calderón.  Lo mismo sucedió con Lima y Callao,  al menos sus clases media y   alta, pues en el pueblo seguía vigente la imagen de Piérola.  No faltaron entonces pequeñas manifestaciones de protesta que eran alentadas por gente adicta al dictador, lo que obligaba a las fuerzas chilenas a actuar. También se firmaron actas a favor del caudillo, todo lo cual dio pretexto a los chilenos para no firmar el armisticio que habían ofrecido tan pronto como hubiera un nuevo Gobierno Provisorio.

 

            En Lima se impuso la ley marcial para prevenir mayores desórdenes.  En realidad, ésta ya existía desde antes, pero principió a emplearse con mayor rigor.  Entonces los pierolistas acusaron al Gobierno de García Calderón de entreguista y de estar apoyando en las bayonetas enemigas.

            García Calderón demandó del general chileno Francisco Vergara, que actuaba como representante diplomático de su país, que cumpliera las ofertas verbales de retirarse de Lima y entregar la Aduana del Callao a la administración nacional; pero los chilenos con mil pretextos evitaron pronunciarse.  Los invasores exigieron más bien, más representatividad al Gobierno de García Calderón y le dieron como territorio, solamente el distrito de Magdalena.  Fue allí donde se instaló el nuevo Gobierno dentro de un marco de la más completa austeridad. Un Congreso reunido en el local de la Escuela de Clases, ratificó el nombramiento e García Calderón

 

            Vergara trató de aprovechar de inmediato la formación del nuevo Gobierno y a partir de marzo, publicó una  lista de 50 ciudadanos de Lima que se suponía pudientes y les impuso la contribución mensual de 20 000 pesos, bajo la pena de destrucción de sus propiedades por un monto tres veces mayor, eso sin perjuicio del apremio personal.  Se prohibió a los ciudadanos de Lima y del Callao salir de esos lugares, sin contar con un pasaporte que expedía el sanguinario coronel Pedro  Lagos.

 

            Desde 1880 se había estado produciendo un éxodo de familias limeñas al norte, y es así como don Mariano Felipe Paz Soldán en “Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia”; dice:  “Según una carta inédita de Derteano, la angustia de las familias de la aristocracia de Lima ante la proximidad del ejército chileno, originó un verdadero éxodo a las  ciudades norteñas, principalmente Trujillo y Piura”.

 

            Los cupos eran sin duda exagerados y exorbitantes, en forma tal que muchos de los obligados a pagarlos, desocupaban sus  casas para que los chilenos procedieran a quemarlas.

 

            García Calderón resolvió entonces  que fuera el Gobierno el que pagase el cupo total del millón de pesos, para lo cual tuvo que recurrir  a un empréstito interno, pagando de marzo a octubre.

El 12 de marzo, García Calderón  comunicó la instalación de su Gobierno al general Cornelio Saavedra, jefe político y militar de ocupación en Lima.  Su gabinete estaría constituido por Aurelio Denegri, el coronel Manuel Velarde, el doctor Miguel Vélez, Manuel Gálvez y el capitán de navío, natural de Paita, Camilo Carrillo.

 

El Congreso de Chorrillos

ARRIBA

 

            García Calderón trató de dar representatividad y carácter constitucional a su gobierno, y  con  tal fin convocó al Congreso, que había dejado de funcionar desde que Piérola asumió el mando como dictador y jefe supremo.

 

            Difícil sin duda resultaba reunir a los representantes, que se encontraban en sus provincias, y que tendrían muy pocas ganas de meterse en la boca del lobo que era  Lima con los invasores dominándola.  Por otra  parte, los jefes militares habían recibido recomendación de Piérola de impedir que los antiguos ex –representantes viajaran a la capital.

 

            En Magdalena no había ningún local que pudiera servir para albergar al Congreso, de tal manera que García Calderón solicitó permiso a Patricio  Lynch para utilizar el Cuartel de Cabos de Chorrillos por entonces  desocupado.  El  contralmirante Patricio Lynch había sucedido a Baquedano como jefe de operaciones y otorgó el permiso.

 

            El 15 de mayo se reunieron en juntas preparatorias pero sólo concurrieron 32 representantes entre diputados y senadores.  Nuevas reuniones se celebraron el 24 de mayo y los días 7 y 14 de junio de 1881.

 

            La instalación del Congreso fue el 11 de julio, asistiendo el cuerpo diplomático, pero no en forma oficial sino privada.  También concurrieron los miembros de las  cortes Suprema y Superior.  Para diputados se logró quórum, pero no para senadores, que siendo los titulares 51, se requerían de 34 para formar los dos tercios, y se llegó a 33 pero dadas las circunstancias eso no fue impedimento.

 

            Por Piura concurrieron  Víctor Eguiguren y  Romualdo Rodríguez.  En 1879 habían sido diputados por Piura además de los dos ya nombrados, el gran almirante Miguel Grau y Ricardo Wenceslao Espinosa, como titulares.   Suplentes en el Congreso fueron Manuel Raygada y los doctores Emilio Espinosa y Manuel Yarlequé.

 

            Senadores eran el contralmirante  Lizardo Montero, que se encontraba en esos momentos en Cajamarca y Pablo Seminario, el que propuso el ascenso de Grau de capitán de navío a contralmirante, que se encontraba en Piura.

 

            El primer acto del Congreso fue confirmar a García Calderón como presidente  constitucional y declarar vigente la Constitución de 1860.

 

            Francisco de Paula Muñoz actuó como presidente del Congreso.  La ley que reconocía a  García Calderón  como presidente de la  República, fue suscrita por el presidente del Congreso y por los secretarios de las dos cámaras, es decir Víctor Eguiguren Escudero y por el senador Isaac Alzamora.

 

            Pero los chilenos seguían sin reconocer a García Calderón.  Cuando el ministro chileno Godoy, planteó al presidente llegar a un acuerdo de bases para el tratado de paz, le contestó García Calderón que primero debía de reconocerlo, lo cual no gustó al representante  chileno.  Como por otra parte la Constitución de 1860 no permitía por ningún motivo cesiones de territorio y el nuevo  presidente decidió acatar la Constitución en ese aspecto,  los chilenos, entonces principiaron a mirar mal al  régimen de la Magdalena. Eso pasaba el 14 de agosto de 1881.

 

        Pero los chilenos no procedieron al reconocimiento  del nuevo  gobernante, y ante esta situación, tampoco el cuerpo diplomático lo hizo.

 

.   Entonces  García Calderón, solicitó la intervención de Estados Unidos y la Argentina para tratar la paz con Chile. Estados Unidos ofreció su apoyo al nuevo, gobierno lo cual estimuló a García Calderón a mantenerse firme frente a los chilenos.

 

El Gobierno de la Magdalena ocupaba el local del Cuartel de Clases que prácticamente era el único edificio que se salvó de la barbarie chilena.  El Gobierno de García Calderón solo ejercía su poder en esa reducida área pues en Lima seguían mandando los chilenos y cometiendo .grandes abusos. Cuando algún vecino exasperado  por los saqueos, violaciones, y maltratos de soldados chilenos los enfrentaban y resultaba un chileno muerto se fusilaba al grupo que había intervenido y si no se sabía quines eran los autores, se rifaban entre los vecinos los que debían ser fusilados.

           

 

El Perú con dos gobernantes

ARRIBA

 

            Tras la ocupación de Lima, los chilenos enviaron fuerzas a Trujillo y Chiclayo, localidades que fueron ocupadas sin mayores contratiempos.

 

            Los jefes políticos regionales del norte, centro y sur, que eran el contralmirante  Montero, Cáceres y del Solar, continuaron reconociendo a Piérola, lo mismo que las   zonas de su mando.  Sólo Chiclayo y Trujillo en el norte por estar ocupadas por fuerzas chilenas se habían plegado a García Calderón.

 

            En Piura, no obstante que el gobierno de la Magdalena tenía muchos partidarios, oficialmente seguían a Piérola, pues el nuevo prefecto coronel Negrón controlaba la situación.     Además había un hecho  importante, los oficiales y los soldados del Batallón Piura estaban ya retornando de Lima y muchos venían reconocidos de las atenciones  que el jefe supremo les  brindó a su llegada a la capital.

           

            Una de las personas que  se dejó subyugar por la avasallante personalidad del caudillo, fue el coronel Augusto Seminario y Váscones que se convirtió en su más fervoroso partidario.

 

            En Puno, Ayacucho y Huaraz se firmaron actas pronunciándose a favor de Piérola, de tal manera que por una u otra razón la mayor parte del territorio nacional lo seguía reconociendo  como  Jefe Supremo.

 

            Alentado Piérola por esas manifestaciones de adhesión, y como una reacción contraria al nuevo presidente, convocó el 1º de marzo a una Asamblea Nacional a celebrarse el 6 de junio en la ciudad de Ayacucho, con lo cual buscaba legitimar su gobierno.

 

            Piérola había ascendido a Cáceres el 1º de febrero a general de brigada y el 26 de abril lo nombró comandante general de la Región del Centro, en lugar del coronel Juan Martínez Echenique,   que era completamente inaparente.

 

            Piérola en marzo se encontraba en Jauja y dispuso que el general Cáceres tomase las disposiciones necesarias para trasladar la sede del Gobierno a la ciudad de Ayacucho.

 

            El 7 de abril, desde Jauja el jefe supremo, Nicolás de Piérola declaró traidores a todos los miembros del Gobierno de la Magdalena y dispuso que fueran enjuiciados todos los ciudadanos que colaborasen  con García Calderón.  Esta disposición no tuvo ningún efecto práctico.

 

            El 28 de abril, Piérola pasó comunicación al cuerpo diplomático, haciéndole conocer que la nueva sede del Gobierno sería la ciudad de Ayacucho y para enviar comunicaciones  a ese lugar se debía de hacer por la vía de Arequipa.  Dos días más tarde el caudillo hacía una visita relámpago a Bolivia para tantear la posibilidad de que nuestro aliado siguiera en la guerra.

 

            El 17 de marzo, el general Cornelio Saavedra deja Lima y se embarca a Chile quedando en su lugar el coronel Pedro Lagos, un verdadero delincuente, ebrio consuetudinario y todo un carnicero.

 Se inició contra  Lima una era de depredación y robo.   Los museos fueron   saqueados y las obras de arte enviadas al sur lo mismo que la Biblioteca Nacional y edificios públicos. Libros de la biblioteca, muebles de Palacio de Gobierno, y de otros edificios, eran llevados en carretas al Callao para ser embarcadas a Chile.  En muchos casos lo que no se podían robar, lo destruían o vendían en Lima, como sucedió con muchos libros, escritos y documentos de la Biblioteca Nacional.

 

            Mientras tanto Camilo Carrillo como ministro de Guerra del Gobierno de García Calderón trató de crear una Guardia Nacional, a lo que accedieron los chilenos, proporcionándoles armas  de las que habían  capturado a los peruanos.

 

            En Lima, los chilenos seguían cometiendo tropelías.  Por faltas nimias, se azotaba públicamente, y cuando alguien reaccionaba ante los ebrios, violadores y depredadores soldados chilenos o uno de ellos salía muerto, la sentencia era el fusilamiento, que se aplicaba por sorteo entre los vecinos en caso de no conocerse el autor.

 

 

 

Peruanos venden armas a Chile

ARRIBA

 

            En carta fechada el 5 de abril de 1881  que Ricardo Palma envía a Piérola que aún estaba en Jauja, el escritor sigue dando una opinión muy dura de los limeños, de los políticos y de todos los personajes que actuaban en el plano de los acontecimientos diarios.

 

            Dice Palma: “En nuestro pobre país se ha perdido no sólo el sentimiento del deber, sino  hasta la vergüenza.  La policía secreta de los chilenos esta servida por hombres y mujeres peruanos”. 

 

            Cornelio  Saavedra escribe:  Parece imposible la degradación de este pueblo.  Frailes, oficiales, jefes y hasta mujeres vestidas iban a denunciarme los depósitos de armas, por el mezquino interés de la gratificación pecuniaria.  De buena gana hubiera fusilado a tanta gente infame.  Al fin, Baquedano y yo, declaramos que no queríamos más rifles y cerramos nuestras puertas a los denunciantes”.

 

            Estas líneas son fragmento de una carta publicada en Chile, que hacen enrojecer el rostro de todo buen peruano, porque desgraciadamente eran verdaderas las afirmaciones.

 

            El 27 de junio de 1881, Palma escribía a Piérola, haciéndole conocer que hubiera querido participar como diputado por Loreto en la Asamblea de Ayacucho, pero que escribió al prefecto de ese lugar y no le contestó.

 

            El escritor pensaba que ya no se podía continuar la guerra, porque había una desmoralización  total en Lima.  Cuenta que 89  coroneles y 57 tenientes coroneles, se habían presentado ante los chilenos, para asumir el compromiso de no tomar las  armas contra ellos.  Palma los llama gusanillos y dice que gente de esa calaña corrió en San Juan, asegurando que por cada 10 militares pundonorosos, había 90 pícaros.  Asegura que Lima con 130 000 habitantes, está en jaque con sólo 3 000 soldados enemigos y  que una gran cantidad  de peruanos se prestan a ser espías de los chilenos.  Expresaba que ue diarios chilenos han puesto en descubierto que el alcalde de Lima Rufino Torrico y el coronel Osma habían propuesto al ministro Vergara de Chile, la anexión del Perú al país del sur. Cuenta que el potentado Juan Aliaga ya había dado dos banquetes a Patricio Lynch.  Dice también que los chilenos acusaban a Piérola de haber gastado 380 millones de libras, mientras que ellos en toda la guerra sólo habían gastado 50 millones de pesos.

 

 

 

Ecuador proyecta  apoderarse de Piura y Tumbes

ARRIBA

 

            En setiembre de 1876, el general Ignacio Veintimilla depuso al presidente de Ecuador Antonio Borrero que había sido recientemente elegido.  El mandatario era de tendencia liberal-radical y contaba con el apoyo del general José María Urbina uno de los políticos más poderosos del vecino país.

            El general Veintimilla se mantuvo en el poder hasta 1883 en que otro movimiento revolucionario lo derrocó.

 

            Ecuador se benefició en su comercio internacional, con la Guerra del Pacífico porque absorbió gran parte del tráfico destinado al Perú, que se encontraba con sus puertos bloqueados por la escuadra chilena.

 

            Chile en todo momento alentaba al Ecuador para intervenir en el norte, pero el general Veintimilla prefirió mantenerse neutral.

 

            Don Ricardo Palma en carta a Piérola de fecha 8 de febrero, le manifestaba:

            “El Perú tiene la desgracia de estar geográficamente enclavado entre enemigos que se holgarían de hacer de él mangas y capirotes, o lo que es lo mismo, un reparto de la capa del rico como  hizo Europa con Polonia.   El Brasil codicia los terrenos amazónicos, el Ecuador las provincias Jaén, Tumbes y Piura y Bolivia aspira a redondearse con la posesión de Tacna y Moquegua.  Chile cuida de azuzar todas estas cobardes ambiciones, reservándose para sí  por supuesto, la parte del león”.

 

            En 1880 era canciller de Piérola, Pedro José Calderón, y secretario de la Legación Peruana en Quito, don Domingo Vivero, al cual el general Veintimilla dispensaba muy buena amistad.

 

            No se conoce por que razones, y traicionando esta amistad, se conectó Vivero con grupos opuestos a Veintimilla y Vivero mantuvo sobre el asunto correspondencia con Calderón.

 

            Cuando los chilenos se apoderaron de Lima, se preocuparon de incautarse del archivo oficial y personal de Piérola y de sus ministros, y fueron dando a publicidad documentos muy comprometedores.  Entre las cartas capturadas se encontraban varias en las   que Vivero ponía a Calderón al  tanto de todo.

 

            Los chilenos enviaron esos documentos a Godoy, representante chileno en el Ecuador,  que se las mostró a Veintimilla.  Hay que suponer la reacción del presidente de Ecuador, que se comprometió a apoderarse de Tumbes y de Piura, tan pronto como los chilenos le indicasen el momento.  Sólo acontecimientos internos en el  Ecuador, evitaron una intervención, pero ya el coronel Negrón  se encontraba también prevenido en Piura.

 

El 17 de junio de 1882 el coronel ecuatoriano Levón cruzó el río Zarumilla y en el sitio denominado bosques de La Condesa, enfrentaron a los soldados del gobernador político y militar de Tumbes, don  Jacinto Seminario Fernández, logrando el retiro de los invasores. Seminario Fernández resultó gravemente herido, que lo dejó inválido el resto de sus días.

 

Peruanos contra peruanos

ARRIBA

 

            El 13 de marzo el presidente García Calderón nombró prefecto de Lima al coronel Isaac  Recavarren.  Era este un valiente jefe que había tenido destacada actuación en las batallas que se llevaron a cabo en Tarapacá y también en la defensa de Lima.

 

            En el norte de la república estaban a favor del régimen de García Calderón, Trujillo, Lambayeque y Huánuco; pero en  Huaraz el prefecto era adicto a Piérola.  Se decidió enviar una expedición al mando de  Recavarren para lograr la obediencia de Huaraz, procurando que sólo en casos extremos se recurriese a la fuerza.  Lynch proporcionó 400  rifles a los soldados  que partieron al norte.

Eran armas que habían capturado a los peruanos. Recavarren logró tomar Huaraz sin lucha, pero casi la mitad de sus soldados se pasaron con armas y bagaje a los grupos guerrilleros y montoneros.  Lynch comentaba esto más tarde y decía que los soldados del régimen constitucional se desbandaron y fueron a engrosar grupos de pandilleros, con lo cual la resistencia aumentó.

 

            Esta decisión de García Calderón le valió muchas críticas  y desde ese momento se inició la lucha de peruanos contra peruanos con el enemigo dentro del territorio, hechos lamentables  que se presentaron  después con mucha frecuencia.

 

            Para someter a las   guerrillas que actuaban en la sierra central.  Lynch envió una fuerza de las tres armas formada por 1 392 soldados bajo las órdenes del teniente coronel Ambrosio Letelier, el cual llegó el 27 de abril a Cerro de Pasco y un destacamento ocupó Huánuco el 30.  A lo largo de todo el recorrido impusieron cupos y cometieron toda clase de tropelías, de tal modo que los extranjeros radicados en las  diversas poblaciones presentaron quejas ante sus representantes diplomáticos y estos reclamaron. El 17 de Mayo Lynch fue nombrado  general en jefe de las fuerzas de ocupación. De inmediato fue informado de las tropelías que Letelier estaba cometiendo por cuyo motivo Lynch muy fastidiado ordenó a Letelier que regresara de inmediato.                                                                   

El 26 de junio la vanguardia de Letelier, integrada por soldados del Buin y del 7 de línea de Esmeraldas, fueron sorprendidos en Sángrar, hacienda de la familia del coronel Norberto Vento por guerrilleros de éste, que obedecía a Cáceres. Los chilenos tuvieron 45 bajas y perdieron 48 rifles comblain y mucha monición. Cuando Letelier llegó a Lima, fue enviado a Santiago por Lynch.

El 28 de setiembre, Patricio Lynch enviaba una nota a García Calderón  intimándole el cese de su gobierno, que hasta ese momento los chilenos habían tolerado, peo no reconocido.

Mientras tanto, el 8 de octubre  de 1881 la guarnición de Arequipa desconoció a Piérola y aceptó la  vice presidencia de Lizardo Montero y un poco más de un mes más tarde, el general Cáceres, jefe del centro, hizo lo mismo.  Por lo tanto Piérola se vio precisado a renunciar el mando el 28 de noviembre en Tarma.

 

El 6 de noviembre Lynch dio la orden de apresar a  García Calderón y ser llevado al blindado “Cochrane”. Lo acompañaban Isaac Recavarren que era su pariente  y Manuel Maria Gálvez su ministro de Relaciones Exteriores. En el Cochrane, pudo García Calderón lanzar una manifiesto al país, y dejar como su sucesor al vice-presidente Lizardo Montero.

 

                                                                                  

            También el presidente García Calderón había enviado fuerzas al mando de los coroneles Santa María, Carrillo y Arízaga, para tomar posesión de las poblaciones del Centro. En ese sector el general Cáceres nombrado recientemente como jefe político y militar del Centro, por Piérola, se mostraba muy activo organizando la fuerza de la resistencia.

 

            Mientras tanto el general La Cotera, se plegó al Gobierno de la Magdalena tan pronto como éste fue reconocido por el Congreso.  Para el constitucionalista general ayabaquino, el doctor García Calderón era el gobernante legítimo del Perú y por tal motivo no titubeó aceptar el mando de una fuerza que debía incursionar contra Cáceres que por entonces, seguía a Piérola, el enemigo de siempre de Gonzáles La Cotera y además un usurpador  en su criterio.

 

            Como segundo de Gonzáles La Cotera iba el coronel Pastor Dávila, un jefe militar que tanto en acciones del sur  como en la defensa de Lima se había destacado por su valor.  Estas tropas debían unirse con las de Santa María, pero el 10 de julio, las fuerzas de Cáceres derrotaron  a las de Santa María en Casapalca y lo tomaron prisionero.  Los soldados vencidos se unieron a las fuerzas de la resistencia.

 

            Las fuerzas de Gonzáles La Cotera al llegar a Chicla empezaron a desertar  en gran número para unirse a Cáceres por cuyo motivo La Cotera tuvo que regresar a  Lima con sólo 80 hombres, es decir la mitad de su número original.

 

            Cáceres contando ya con un mayor número de soldados, pudo organizar sus pequeñas  fuerzas  como una División y le dio un comando.  Como segundo nombró al coronel Manuel Tafur que había sido prefecto de Piura.

 

           

 

Los chilenos asumen control de  Paita

ARRIBA

 

            Fuerzas chilenas habían ocupado desde febrero de 1881 las localidades de Trujillo y Chiclayo para controlar todos los movimientos del  contralmirante   Montero que había sido nombrado Jefe Político y Militar del Norte con sede en Cajamarca.

 

            Decidieron entonces a extender su control sobre Piura y consideraron que la mejor forma era ocupar Paita.

 

            Con tal motivo, enviaron a un barco a cuyo bordo venía Emilio Valverde destinado a ser Jefe Político y Militar de Paita.  Al llegar a la rada, Valverde envió al subprefecto Manzanares el siguiente ultimátum:

 

            Paita, Junio 11 de 1881.

 

            En nombre del Supremo Gobierno de Chile, vengo a tomar posesión pacífica y tranquila de la ciudad, en la cual Ud. desempeña el cargo de sub-prefecto.  Espero la inmediata contestación de Ud. para hacer efectiva su ocupación.  Dios Guarde a Ud. Emilio Valverde.

 

            El lacónico mensaje no deja ninguna alternativa sino la entrega del puerto, porque por otra parte no se contaba con fuerza suficiente como para defenderlo.  Por lo tanto, Manzanares resolvió hacer la entrega, pero antes envió un informe urgente al prefecto Negrón y dispuso la evacuación de la pequeña fuerza hacia Piura.  Con los malos recuerdos que ya tenían los paiteños,  de Lynch, muchos optaron por huir precipitadamente a Piura.  Manzanares se quedó para hacer la entrega del cargo.

 

            Con tal fin envió al invasor la siguiente respuesta:

 

            Paita, Junio 11 de 1881.

 

            Recibido Oficio de Ud. de esta fecha en que comunica que a nombre de su gobierno viene a tomar posesión  pacífica y tranquila de esta ciudad; todo lo que puedo dar en respuesta, es que estando indefensa  como se encuentra esta plaza, puede Ud. desempeñar su cometido como lo encuentre por conveniente.  Dios Guarde a  Ud.  Miguel Manzanares.

 

            Con Valverde desembarcaron soldados chilenos para sostener la autoridad del subprefecto enemigo.  De inmediato empezó a dar disposiciones militares y de tipo político para el control del puerto, asumiendo la administración de la aduana.

 

            El coronel Negrón, nada pudo hacer contra Valverde y se limitó a hostigarlo de lejos.   Fue así como a cada decreto del subprefecto invasor, emitía otro decreto dejándolo sin efecto.

 

            Dispuso también que Paita dejara de ser puerto mayor y esa categoría la asumiera Sechura, pero ésta no tenía ninguna obra portuaria que facilitara las operaciones de ingreso y salida de  mercaderías.

 

            También dispuso Negrón que las locomotoras se inmovilizaran en Sullana y que  se les  retirase piezas claves, para evitar cualquier golpe de sorpresa de los invasores.

 

            La paralización del servicio del tren, trajo como  consecuencia el corte del servicio de agua para el puerto de Paita, originando la protesta del cuerpo consular.

 

            El control del puerto fue como una avanzada  para la incursión sobre la ciudad de Piura que se efectuaría meses más tarde.

 

            El  coronel Negrón, por entonces obedecía las órdenes del contralmirante Montero como jefe militar del norte, y las de Piérola como presidente.  Tales órdenes, no  pocas veces fueron contradictorias.

 

            El 16 de agosto de 1881, Montero dispuso en el territorio a su mando una modificación de la tasa del impuesto sobre  la renta que fijó en el 6%.  El coronel Negrón fue muy estricto en cumplir esta disposición que no gustó a los agricultores y  comerciantes piuranos, originando protestas. Eso siempre sucedía cuando se trataba de recaudar fondos para el Perú, mientras que los chilenos obligaban a onerosos cupos.

 

            Por esa fecha fue nombra subprefecto de Tumbes, don Manuel Ramírez.

 

            Varios soldados chilenos estacionados en Paita, fueron atacados por la fiebre amarilla que se había presentado en todo  el departamento.  La epidemia,  aunque de cuidado, pasó a un segundo plano de la atención e interés públicos, pues los problemas de la   guerra, tenían prioridad.

1