Capítulo X

 CAPITULO X

 

 

PRIMERA OCUPACIÓN DE PIURA POR LOS CHILENOS

 

 

 

Ø      La Asamblea de Ayacucho de Piérola

Ø      Montero nombra a Puga

Ø      El prefecto Negrón dicta disposiciones

Ø      Las Memorias de Lynch y la ocupación de Piura

Ø      Primera toma de Piura por los chilenos

Ø      Los chilenos en Catacaos

Ø      Relaciones del Perú y EE.UU.

Ø      Chilenos deponen a García Calderón

Ø      Montero nombrado vicepresidente

Ø      García Calderón apresado y deportado

Ø      Montero, presidente del Perú

Ø      Frías, prefecto

Ø      Renuncia de Piérola

Ø      Piérola forma el Partido Nacional

Ø      Maximiliano Frías y Julio S. Hernández

Ø      Campaña contra Cáceres

 

 

 

La Asamblea de Ayacucho de Piérola

ARRIBA

            El 1º de marzo de 1881,  Piérola convocó a una Asamblea Nacional a celebrarse el 6 de junio en la ciudad de Ayacucho que había designado como sede de su nuevo Gobierno.  Pero fue recién el 28  de  julio  de 1881, aniversario patrio,    que se instaló   este organismo con representantes, simplemente designados y no elegidos. Las reuniones se realizaron en la antigua iglesia de San Agustín.  

            Piura estuvo representada por Santiago Adrianzén y Manuel Ayllón.

 

            En la mencionada asamblea, Piérola leyó un mensaje y el día 29 renunció a la jefatura suprema del país, lo que no fue aceptado por los asambleístas que más bien lo nombraron presidente provisorio.  Se daba por lo tanto esta asamblea facultades que no poseía.  Es más, la asamblea dio también un Estatuto Provisorio que regiría en lugar de la Constitución, el mismo que tuvo vida efímera y que los pueblos en su mayoría, como en Piura, ni siquiera llegaron a tener noticia de su existencia.  Cáceres felicitó el  16 de agosto a Piérola por su nombramiento.

 

            Piérola había estado hacía poco en Bolivia y estaba entusiasmado con la idea de una unión con el país del altiplano, y planteó el proyecto, pero la asamblea no se ocupó del asunto. La unión con Bolivia era ilusorio y en Bolivia así lo consideraban, Por otra parte hacía mucho tiempo que los bolivianos  vivían  fuera de los azahares de la guerra, en el altiplano.

 

            La asamblea nombró a Piérola general de división, lo cual satisfizo la vanidad del caudillo, no obstante todo lo que tenía de mascarada y de grotesco.  El general Cáceres fue confirmado en su grado.

 

            El 5 de setiembre la asamblea disponía borrar del escalafón a todos los militares que hubieran contribuido a la formación del Gobierno de García Calderón y además dio una serie de disposiciones de tipo  administrativo destinadas a ser cumplidas en todo el territorio nacional, pero  muchas de esas disposiciones  necesitaban de apreciables recursos para ser cumplidas.  Eso mostraba que los asambleístas eran gente teórica, fuera de la realidad, que en lugar de enfrentar los graves problemas de la guerra en forma pragmática, tomaban acuerdos destinados a archivarse y no ser cumplidos jamás, pues ni siquiera se llegaron a conocer en el resto del país.  Se confirmaba así el decreto supremo de Piérola del 7 de abril.

 

            Piérola tenía en Ayacucho 2 000 hombres y sacó de Arequipa más contingentes, pero no  tomó ninguna iniciativa militar, y mas bien se rodeó de un aparatoso fausto militar, a lo que siempre había sido inclinado.  A Piérola le gustaban los uniformes y como ya era general de división por decreto de la asamblea, se mandó a confeccionar uno de acuerdo a sus deseos.

 

            Por esa época el Perú parecía como aplastado por el peso de la derrota e incapaz de reaccionar ante el enemigo, que era el que tomaba todas las iniciativas importantes.

 

            El 27 de junio, Ricardo Palma, le escribía a Piérola:  ¿Qué pueblo es éste donde 89 coroneles  y 57 tenientes coroneles suscriben el compromiso de no tomar las armas contra el invasor?  ¿El tesoro público habrá mantenido durante años y años a tanta y tanta sanguijuela, para que cuando la Patria necesita de ellos se conviertan en inofensivos gusanillos?  ¡Y qué militares!  ¡Salve Ud. a la Patria con los que tan cobardemente corrieron en San Juan.....”

 

            Luego sigue diciendo: “¿sería posible que Lima, ciudad de 130,000 almas, se encuentre sujeta por una guarnición chilena de 3,000 hombres?  Es necesario que un pueblo haya llegado al colmo del envilecimiento para que, en cada diez individuos que encuentre uno por la calle, haya un espía asalariado por los chilenos o un denunciante oficioso”.

 

            Alejandro Reyes, presidente del Senado de Chile aseguraba que Piérola había gastado la enorme suma de 380 millones de libras durante su corto período, mientras los chilenos en montar todo su ejército expedicionario, sólo habían requerido de 50 millones de pesos en papel.

 

            Por el mes de octubre, la Asamblea de Ayacucho estaba ya muriendo de consunción y en noviembre, Piérola se veía obligado a renunciar.

 

            Cuando Piérola estuvo en Jauja, dio el 7 de abril un decreto  disponiendo el juzgamiento de los colaboracionistas del Gobierno de García Calderón.   Eso recién se dio a publicidad en Piura el 10 de setiembre en el periódico “El Registro Oficial”, pero no se aplicó.

 

 

 

El contralmirante Montero nombra a Puga

ARRIBA

            La llegada del general Miguel Iglesias y de su hermano Lorenzo a Cajamarca de donde eran oriundos, le creó problemas al contralmirante Montero que era Jefe Militar y Político del Norte, nombrado por Piérola.

 

            Cuando Miguel Iglesias fue ministro de Guerra del jefe supremo, no desperdició oportunidad para hostilizar a Montero que estaba al mando del Ejército del Sur.  A pesar de todo, Montero trató de actuar conciliadoramente con los hermanos Iglesias, los cuales no veían bien que el contralmirante se viera rodeado por gente como el doctor Rafael Villanueva y el hacendado doctor José M. Puga, con los cuales estaban enemistados.  Ante esta situación, Puga se retiró a los predios de su mina “Nueva Australia” en donde se dedicó con afán a formar el Batallón “Atahualpa”  como parte de las fuerzas que el contralmirante proyectaba levantar en el norte.

 

            Como Chachapoyas había desconocido al Gobierno de Piérola, el doctor Puga recibió orden de Montero de ir con sus fuerzas a restablecer la normalidad para lo cual lo nombró coronel.  El 10 de julio  ya la situación estaba dominada en esa ciudad, por cuyo motivo Montero nombra al coronel Puga, como prefecto de Amazonas.  A Miguel Iglesias,  se le nombró prefecto de Cajamarca.

 

            La rivalidad de Puga y de Iglesias, iba a crear un capítulo sangriento y de luchas fratricidas en Cajamarca, en una época  en que el enemigo mantenía invadido al Perú.

 

 

 

Prefecto Negrón dicta disposiciones

ARRIBA

 

            El teniente coronel Adolfo Negrón había asumido la prefectura del departamento de Piura el 15 de febrero de 1881 por nombramiento  expedido por el contralmirante Montero en su calidad de Jefe Político y Militar del Norte.

 

            Cumpliendo órdenes del contralmirante, Negrón prestó mucha atención a tres asuntos:

-         Recibir las armas que llegaban desde América Central y enviarlas a Montero o a los lugares que éste disponía.

-         Organizar nuevas fuerzas para formar el Ejército del Norte.

-         Recabar  tributos de guerra, según órdenes de Montero.

 

Las  armas fueron llegando en pequeños barcos a la costa piurana y tumbesina pero en muy pequeño volumen. Eran saldos anteriormente pagados, pues ya no existían fondos para adquirirlas, ni tampoco había un Gobierno unificado y con autoridad en el Perú, para hacer transacciones con el exterior. Desde  Tumbes eran llevadas las armas en mulas al interior.

 

            La organización de la nueva fuerza chocó con muchas dificultades.  Si bien es cierto que muchos integrantes del antiguo Batallón Piura se reintegraron a filas porque habían retornado de Lima, sin embargo había resistencias al enrolamiento por cuyo motivo se dictaron drásticas disposiciones contra los omisos, así como también contra los que ocultaban a desertores.

 

            Tampoco los piuranos se mostraron muy predispuestos a pagar los nuevos impuestos que estimaban eran excesivos, y se originaron muchas protestas.  Es que hasta ese momento en Piura no se había sufrido a los chilenos, como en cambio ya había ocurrido en Paita.  La guerra sólo la conocían por lo que de ella se contaba.  Por desgracia para la ciudad, pronto iban a tener a los invasores adentro.

 

            La contribución sobre la renta se había establecido en el 6%.  Además un determinado número de personas debía de pagar el 2% de contribución ordinaria.

 

            En cuanto a la leva, comprendía a todos los hombres entre los 15 y los 60  años que no formando parte del Ejército regular, debían de integrar el Ejército de Reserva.

 

            Jorge Moscol Urbina, asegura que de acuerdo a un informe aparecido en el “Registro Oficial” del miércoles 14 de setiembre de 1881, lo recaudado en la provincia de Piura, incluyendo sus haciendas llegaban a 18 315.67 pesos de acuerdo a una relación dada por el prefecto Negrón y su secretario T. Alfredo Regalado.

 

            Muchos piuranos se resistían a pagar la contribución, y calificaban de arbitraria la medida de Negrón, y hasta se asegura que el  cónsul alemán don Carlos Schaefer, asumió de su propio peculio el pago de toda la contribución, según lo expresado por don José Vicente Rázuri en “Recuerdos Piuranos”.

 

 

 

Las memorias de Lynch y la primera ocupación de Piura

ARRIBA

 

            En agosto de 1881, el coronel chileno Manuel Novoa Gormaz tenía a su mando y control el norte del país, habiendo establecido por sede  la ciudad de Trujillo con una guarnición departamental de 2.600 hombres. En San Pedro. De Lloc era jefe provincial el sargento mayor Ezequiel Villarreal. El 27 de octubre de  de 1881, fueron fusilados en la población de Guadalupe  los hermanos Fernando y Justo Albújar y Manuel Guarnido, por orden de Novoa y contra el parecer de Villarreal que suponía inocentes a los fusilados.

 

            Novoa tenía conocimiento de que Negrón en Piura estaba armando una fuerza y que trabajaba en coordinación con el contralmirante Montero.  También había sido informado que un importante desembarco de armas procedentes de Panamá se iba a introducir  en Piura.

 

            Planeó por lo tanto por su propia iniciativa y sin consultar con el contralmirante Patricio Lynch que era el jefe de operaciones en el Perú; hacer una incursión en Piura.

 

            Con tal fin dispuso en forma anticipada que el mayor Eulogio Villarreal, con 150 hombres del Batallón Lautaro, partiera de Chiclayo hacia Olmos, para cortar todo intento de retirada de Negrón y de su unión con Montero.  Al mismo tiempo el mayor Villarreal debía de cobrar los cupos chilenos que diversas poblaciones se negaban a pagar a la Junta Proveedora de Lambayeque, organizada por los chilenos para recepcionar el dinero de las imposiciones forzadas.

 

            Negrón en todo momento estuvo informado del movimiento de los chilenos en el vecino departamento y tomó las medidas adecuadas para evitar quedar atrapado, en ese movimiento de pinzas que se preparaba..

 

            El 27 de setiembre de 1881, las fuerzas del coronel Novoa, llegaban a Paita a bordo del “Amazonas” y luego avanzaban sobre Piura.

 

            El contralmirante Lynch en sus memorias se refiere a ese episodio del siguiente modo:

            “El último día de setiembre, tuve conocimiento de que el 27 del mismo mes el   coronel Novoa había expedicionado por tierra de Paita a Piura con una fuerza de 500 hombres más o menos, con el objeto de dispersas las fuerzas de Negrón y sorprender un armamento que no había podido tomar en Tumbes, que se reducían a 500 carabinas que habían marchado a su destino”.                                                         

 

            “No mereció mi aprobación el viaje del coronel Novoa, porque sin mi autorización, ni urgente necesidad había impuesto un sacrificio inútil a sus fuerzas, haciéndolas marchar por arenales y malos caminos y procedido hacer uso del transporte “Chile”, cuyo itinerario y regreso estaban marcados”.

 

            “De antemano era natural calcular que la gente de Negrón escaparía a la primera noticia de la aproximación de los nuestros”.

 

            “Contestando mi nota de seis de octubre, el señor Novoa me decía el 10 desde Piura, que al proceder así había tenido los mejores propósitos, creyéndose además autorizado por instrucciones verbales.  Dióme también cuenta de haber tomado 80 monturas militares pertenecientes al ejército peruano y la imposición de una multa particular de 500 soles de plata”.

 

            “Este fue el único producto pecuniario de la expedición sobre Piura.  El coronel Novoa se preparaba a imponer una contribución de guerra, pero obedeció inmediatamente a mis órdenes de regresar. Creí conveniente que se apresurara a reforzar los diversos puntos del departamento de la Libertad que a mi juicio no habían quedado bien guarnecidos”.

 

            Esta es la versión de Lynch sobre la ocupación de Piura.

 

            Don Ricardo Palma escribía a don Nicolás de Piérola, el 1º de octubre lo siguiente:  El 27 desembarcaron en Paita conducidos  por el “Amazonas” 900 hombres de infantería, 100 de caballería y cuatro piezas de artillería, con el propósito de avanzar sobre Piura.  No espero que Negrón, a pesar de contar con 600 hombres bien armados, les opongan resistencia”.  También informaba Ricardo Palma que había recibido de Panamá una comunicación del cónsul peruano en ese lugar que le decía: “Por el vapor antepasado he enviado a Negrón una remesita de armas  y municiones”.  Posiblemente se trataba del cargamento de 500 carabinas a que se refería Lynch.

 

 

 

Primera toma de Piura por los chilenos

ARRIBA

 

            Cuando los chilenos llegaron a Paita en el “Amazonas” y en el transporte “Chile”, era jefe político y militar de Piura el teniente coronel Adolfo Negrón que tenía como jefe de Estado Mayor al joven teniente coronel Maximiliano Frías García.  Alcalde era don Manuel Arca.

 

            Según Lynch, el desembarco en Paita  fue el 27 de setiembre de 1881 y al día siguiente se pusieron en marcha hacia Piura.  Las autoridades peruanas de Paita despacharon avisos a las de Piura, cuyas autoridades de inmediato y en forma acelerada empezaron a tomar disposiciones

 

            Hay versiones que aseguran que parte de las fuerzas chilenas se embarcaron por tren, usando las pocas unidades disponibles, pues Negrón había dispuesto que las locomotoras, sin las piezas claves quedaran en Sullana.  Según versión de Jorge Moscol Urbina publicada en el diario “Correo” de Piura el 21 de abril de 1979, el tren en que viajaban los chilenos fue saboteado a la altura de La Huaca y varios  invasores perdieron la vida, en el lugar en donde se encontraba la capilla de las Ánimas; pero Lynch en sus memorias no menciona a ninguna baja chilena en la operación de ocupación de la ciudad.

 

            Los chilenos cruzaron el desierto de Congorá y al medio día del 29 de setiembre arribaban al punto llamado la Torrecilla de Paita donde acamparon.  En ese sitio se construyó en el pasado siglo la Gran Unidad Escolar  San Miguel. Es por lo tanto un lugar histórico. Una gran cantidad de gente se reunió en el morro cercano para ver ingresar a los invasores, los que se incomodaron por la presencia de tanta gente.  Enviado el sargento Fajardo para investigar. En nombre del grupo respondieron los vecinos  José Esmeraldo Arica y Carlos López que  le contestaron que estaban allí por curiosidad, desarmados y que la ciudad estaba también desguarnecida pues las fuerzas peruanas la habían evacuado y que muchas familias adineradas había huido.. La mayoría de esas gentes vivía en la cercana calle Las Lagartijas, hoy A. Loreto, llamado entonces Morro de Genaro Paz, por que vivía en la cercanías (hoy calle Callao)

 

            El teniente coronel Negrón sólo hacía 90 días había formado la fuerza  que guarnecía Piura, la misma que estaban sin armas, pues las llegadas de Panamá aún no se habían repartido.

 

            Conociendo Negrón que la ruta hacia Cajamarca estaba cortada por el enemigo, resolvió retirarse a la sierra piurana, y el mismo día 28 inició la evacuación de sus fuerzas dejando a Maximiliano Frías para que escondiera las armas y retirase toda la documentación que pudiera ser útil a los chilenos.  El control de la ciudad fue entregado al alcalde Arca.

 

            Maximiliano Frías estuvo en Piura con una pequeña fuerza hasta las 8 y 30 de la mañana del mismo día 29 y hora y media más tarde daba alcance a las tropas que recién estaban en Chapairá.  Allí fueron aprovisionados con 200 carabinas Remington del cargamento llegado recientemente de Panamá, que había desembarcado en Tumbes y llevado a Piura en piaras de Belisario Lama.

 

            Los chilenos mandados por el coronel Novoa, ingresaron a las 3 de la tarde,  indisciplinadamente a Piura, ante la temerosa curiosidad de los vecinos.  Los jefes enemigos se dirigieron al Municipio donde los esperaba el alcalde Arca que les entregó el control de la ciudad.  Primero ingresó la caballería por tres callejones, luego la infantería por el callejón Clark y se dirigieron al cauce seco del río donde tomaron posesión del pozo más grande, frente a la casa de Oscar Ortega, El uniforme de los soldados era color azul.

La caballería precedida por una banda de clarines ingresó por tres callejones. Por el norte por el callejón  de Tintorera, por el centro por el callejón Clark y por el sur por el callejón de las Gervasias, Siguió la infantería  por el callejón Clark con dirección a la plaza de armas.

 El Cabildo y el Colegio San Miguel en la plazuela El Carmen, fueron ocupados por oficiales y por el Estado Mayor.  Otros grupos  vivaquearon en la plaza de armas donde también colocaron la artillería.  La iglesia de Castilla,  la casa de Juan Seminario Váscones y el cuartel cabildo,  sirvieron para acomodar tropas de infantería.  La casa de don Gregorio  León en la calle  Real, hoy Libertad,  se convirtió en la Comandancia General.  El alcalde se negó a dar a conocer el paradero de Negrón, pero en la noche supieron los chilenos que los soldados peruanos habían partido rumbo a la sierra y era tarde para darles alcance.

Mediante un bando que fue leído en diversos lugares se dispuso que los comerciantes y hacendados, pusieran en forma inmediata a  disposición de los invasores, los comestibles necesarios para la tropa. La ayuda que no quisieron dar a Negrón, los comerciantes y hacendados, Sólo una hora fue suficiente para que los chilenos lograsen los víveres que necesitaban.

Otros bandos imponían cupos a familias adineradas, generalmente de 4.000 pesos. Se trató de iluminar la ciudad y  cada vecino debía poner un farol frente a su casa. La limpieza de las calles corrió por cuenta de los vecinos y si se encontraba un papel en ellas, se imponía una multa. .

 

            El día 30 los miembros de la Corte Superior se reunieron de urgencia y acordaron su receso.  Jorge Moscol Urbina hace conocer el acuerdo tomado en el siguiente sentido:

 

            “En Piura, a los treinta días del mes de setiembre de mil ochocientos  ochenta y uno, reunidos en sala plena y en acuerdo, los señores vocales doctores  Ricardo W. Espinoza, Presidente; don Manuel María Morales, don Francisco  Asís de Cubillas y el señor Fiscal don Germán Leguía; el Señor Presidente hizo presente que habiendo sido ocupada esta ciudad el día de ayer por tropas enemigas, creía llegado el caso de que se suspendiese  el despacho Judicial.

 

            En esta virtud y en atención a lo dispuesto en la circular dirigida por la Excelentísima Corte Suprema a las Cortes Superiores, transcribiendo una Resolución Suprema que ordena que se clausuren los Tribunales de los lugares que sean invadidos por el enemigo;  Se Resolvió; declarar que desde el día de ayer, está cerrado el despacho judicial, debiendo ponerse en seguridad el  archivo y demás papeles de la Secretaría, con lo que concluyó el acto, sentándose la presente que firmaron dichos señores de que certifico.- Espinoza, Morales, Cubillas, Leguía.-Miguel S. Cerro.-(Secretario)”.

 

            La Revista Semanal, Política y Literaria “La Nueva Era” que dirigía don Miguel Moscol Valdivieso, insólitamente  aseguraba que los chilenos se comportaron en Piura, con respeto para con la población.  Esto significa que no se llegaron a cometer crímenes como asesinatos, violaciones e incendios; pero sí efectuaron saqueos y abusos..

 

            Don Ricardo Vegas  García, en “Palabras Iniciales”  del “Libro del Cabildo de la Ciudad de San Miguel de Piura”, manifiesta lo siguiente:  “Del archivo del antiguo Cabildo no se conserva –según nuestros informes- absolutamente nada, habiendo desaparecido todos los libros y documentos en el saqueo que el ejército de ocupación chileno perpetró en la ciudad en 1882.  Posiblemente algunos libros fueron salvados por la diligencia y buen sentido de vecinos piuranos, avisados y conscientes del tesoro que se destruía.  Este ha sido el origen del que ahora se da a luz y que su poseedor obsequiara al Museo Nacional de Lima, donde el suscrito lo encontró y leyó”.

           

            Don Ricardo Vegas García por error consigna el año 1882, cuando en realidad fue en 1881.

 

            El periodista e historiador don Carlos Robles Rázuri, el 7 de octubre de 1971, expresaba en el diario “El Tiempo” que había el comentario “que la soldadesca los rompió o los quemó”.  Se refiere a libros y documentos.  Luego, continúa:  Igual ocurrió con algunos libros antiguos que poseía la Iglesia Matriz, que corría a cargo del Presbítero Juan Alvarez Campos”.

 

            “Sostiene la tradición que Alvarez Campos utilizó la cripta que tenía la Iglesia, para guardar allí algunas reliquias y documentos y la hizo tapiar y que allí deben encontrarse”.

 Lo que hicieron con el sacerdote Álvarez Campos, fue un acto de venganza, pues desde el púlpito de la iglesia matriz había criticado el incendio de un barrio  ordenado por los chilenos. Tuvo que pagar además  una multa de 4000  pesos.

            Las tropas hicieron muchos destrozos en el mobiliario del Colegio San Miguel y destruyeron su moderno laboratorio.

 

            Sostiene Robles Rázuri, que los invasores impusieron a la clase pudiente varios cupos y que el primer pagado fue de 10 000 pesos que hicieron efectivo los comerciantes y hacendados.  Por su parte, Jorge Moscol Urbina, afirma que los chilenos antes de irse impusieron a la Tesorería de Piura un cupo de 1 388 soles.  Todo esto está en desacuerdo con la versión de Lynch que asegura que el único provecho económico logrado fue la multa de 500 soles de plata que se cobró a un particular. Sin embargo hay que dudar de la versión de Lynch.

 

            En realidad el jefe chileno, impuso en Piura una gran cantidad de multas, desde 50 pesos a los vecinos comunes y corrientes, hasta 4 000 pesos a los que se consideraban pudientes.  Uno de ellos al que aplicaron un cupo de 4 000  pesos fue el comerciante Miguel Águila, que de inmediato y elegantemente vestido se presentó ante el comandante Pinto, encargado de la recaudación.  Al ver el oficial chileno los signos exteriores de riqueza de Águila, le impuso una multa  adicional por  igual cantidad, la que en esta oportunidad, de muy mala gana se vio precisado a cancelar.

 

            Los hacendados fueron obligados a entregar víveres y cuatro reses diarias para la alimentación de la tropa.  Los vacunos eran sacrificados en el cauce del río y como no utilizaban ni las cabezas, ni hígados, ni intestinos, los obsequiaban a la parvada de chiquillos que curioseaban por el lugar.

 

            Los vecinos debían asumir la limpieza de su sector y los que no obedecían eran multados con 50 pesos.

 

            Durante la estadía de los chilenos, un soldado amaneció muerto en la calle de Los Ángeles (Junín), y sin tener una seguridad de la causal de la muerte se dijo que había sido asesinado.  En represalia se ordenó prender fuego al sector.  Ya estaban los soldados con las latas de combustible disponibles, cuando se revocó la orden.  Intercedieron los empresarios norteamericanos de la casa Duncan Fox y el súbdito español Eugenio Moya, que pagaron en cambio una fuerte multa. Don Eugenio Moya fue  el tronco de la familia Moya   y bisabuelo del que esto escribe.  Don Eugenio fue también alcalde y benefactor de Chiclayo por cuyo motivo una calle principal lleva su nombre.

 

                        El comandante Pinto reunió a los panaderos para distribuir entre todos la provisión diaria de pan a la tropa.  El panadero Agustín Ordinola dijo que él sólo podía hacerlo y así fue en efecto, con lo que creyó haber hecho un buen negocio, pero los chilenos no le pagaron nada.

 

            Estando el coronel Novoa en Piura, recibió una llamada de atención del contralmirante Patricio Lynch, por haber actuado sin autorización ni consulta, y lo conminaba a regresar de inmediato a resguardar la zona de La Libertad.

 

            Los chilenos habían permanecido casi en la inacción en Piura, y no habían intentado realizar expedición alguna a otro lugar, aún cuando pensaban sacar más dinero a la población, lo que se frustró por haberse visto obligados a retirarse por órdenes de Lynch.

 

            El 5  de octubre, el jefe de Estado Mayor Maximiliano Frías, elevaba en Chalaco un informe al jefe político militar, teniente coronel Negrón, que el escritor Robles Rázuri transcribe fraccionariamente y dice:  Ahogando pues todo impulso violento.  Obedeciendo ante todo a nuestro deber estricto de militares;  la División por orden de Ud. emprendió su marcha a las inexpugnables posiciones de Chalaco, desde que en Morropón amenazados por dos caminos accesibles a retaguardia y por el de Olmos y sin la fuerza suficiente para cubrir estos tres puntos y la retirada, no era posible presentar batalla, ni continuar siquiera en campamento, puesto que nuestros mismos compatriotas, no perdonaban medio para lograr la dispersión de nuestros sufridos y fieles soldados”.

 

            Su salida de Piura, la relata Maximiliano Frías del siguiente modo: “Hasta las 8 y 30 de la mañana del 29 me mantuve en Piura y a las 10 del día alcancé a la División en Chapairá.  Antes de abandonar la capital, dicté todas las medidas complementarias de las muy prudentes y acertadas de Ud. para que no quedara a merced del enemigo, ni un hombre, ni un arma, ni un papel, ni facilidades ni recursos que pudieran acusarnos de impremeditación o ligereza en aquellos críticos momentos”.

 

            Es decir, que con mucha temeridad y exponiéndose a ser capturado por los chilenos que estaban a las puertas de Piura, se dedicó Maximiliano Frías a dejar fuera del alcance de los invasores hasta los documentos que podrían serles útiles.  Luego a marchas forzadas y al galope de su cabalgadura, dio alcance a las fuerzas de retaguardia que estaban a sus órdenes y que ya habían avanzado hasta Chapairá.

 

            El día 6 de octubre, también desde Chalaco, el comandante político y militar de Piura, Adolfo Negrón, enviaba un informe de los sucesos al contralmirante Montero.

 

            Decía Negrón:  He cumplido estrictamente mis deberes militares, salvando íntegra la División que sin omitir sacrificio organicé en 90 días por orden de Ud. y seguiré cumpliéndolos con sujeción a las  instrucciones que Ud. me imparta”.

 

            Entre las instrucciones dadas con anterioridad por Montero, estaba la de evitar el comprometerse en batalla contra el invasor en caso de no tener una evidente superioridad.

 

 

Las fuerzas piuranas no podían equipararse a las chilenas, ni en número, ni en armamento, ni tampoco en calidad, pues mientras que las de enemigo eran veteranas de muchas acciones de guerra, las nuestras en su mayoría eran reclutas que ni siquiera tenían prácticas de tiro.  Tampoco se disponía de artillería y la caballería chilena era superior.  Eso no obstante, no faltaron muchos que criticaron a Negrón de no haber defendido la ciudad de Piura con las armas y de haberla dejado en abandono.  Lo cierto es que se ahorró a la ciudad los momentos trágicos que vivieron otras muchas poblaciones peruanas con la saña

 enemiga,

.

           Muy temprano del día 12 de octubre, los chilenos estaban abandonando la ciudad de  Piura, a la que hicieron pasar mal momento en el día de su Santo Patrono y   al día siguiente estaban embarcándose en Paita para retornar al departamento de La Libertad.

 

            El mismo día 12, los miembros de la corte volvieron a reunirse para reiniciar las labores, suscribiéndose la siguiente acta:  “En Piura a los doce días del mes de Octubre de mil ochocientos  ochenta y uno, reunidos en sala plena y en acuerdo los señores Vocales, Doctores don Ricardo W. Espinosa, Presidente; Don Manuel María Morales, Don Francisco Asís de Cubillas  y el Señor Fiscal don Germán Leguía, se acordó declarar abierto desde esta fecha, el despacho judicial, por haber desocupado la plaza las fuerzas chilenas que se  encontraban en ellas, comunicándose a la autoridad política, con lo que concluyó el acto sentándose la presente, que firmaron dichos señores, de que certifico.- Espinosa, Morales, Cubillas, Leguía.- Miguel S. Cerro”.

 

            La invasión chilena a Piura, dejó un profundo resentimiento para ciertos sectores ciudadanos cuyo patriotismo dejó mucho que desear al ser puesto a prueba.  Cuando Negrón trató de buscar la cooperación de los pudientes para la defensa nacional, sólo encontró tacañería y mucho regateo; pero más tarde los chilenos llegaron, impusieron los cupos, tomaron reses para alimentar a sus tropas se apropiaron de caballos y de los recursos que necesitaban, y nadie pudo protestar.  No se trataba de facciones políticas en pugna, porque aún  no se habían suscitado las desavenencias entre Montero y Piérola que fueron posteriores, ni las de Cáceres y Piérola que fueron aún más tarde.  En Piura, las autoridades con Negrón a la cabeza se encontraban por entonces obedeciendo a Montero y a Piérola, y no había facciones importantes seguidoras de García Calderón, como para oponerse a algo que no era asunto partidario sino obligación de todos los peruanos, como el de organizar la resistencia contra los chilenos.

 

            Por eso el teniente coronel Maximiliano Frías en su informe del día 5 decía lo siguiente:  Cuando teníamos el derecho a contar con la cooperación de todos los peruanos y especialmente de los señores hacendados del valle, todos han revelado su miseria y su pequeñez, su corrupción y su alevosía, negándonos recursos”.

 

            Lapidarias pero justas palabras para quienes preferían los soles a los sagrados intereses de la Patria.

 

            Las tropas al mando de Negrón y de Maximiliano Frías demoraron en retornar a Piura, pues recién el miércoles 19 de octubre se hizo tal ingreso.

 

            Don Carlos Robles Rázuri, tomando información de los archivos de Piura relata ese ingreso.  La revista “La Nueva Era” dirigida por don Miguel Moscol Valdivieso informa como fue la llegada de los soldados piuranos.

 

            A las 12 del día miércoles 19 de octubre hizo su entrada la División Piura por el lado norte de la ciudad, mientras que los piuranos repuestos de las preocupaciones, se concentraban en las calles y plazas para aclamar a los soldados, que también mostraban su alegría.

 

            Cuando los chilenos llegaron, los soldados que evacuaron la ciudad fueron los que integraban el ejército activo.  Los componentes del Batallón de Reserva formado por no acuartelados, quedaron en la ciudad como simples civiles.  Tan pronto como los chilenos se fueron, se volvieron a organizar y contribuyeron a mantener el orden, por lo tanto fueron de los más entusiastas en el recibimiento de sus camaradas.

 

            Las tropas se dirigieron a la plaza de  armas en donde formaron, y las hurras y vivas al Perú, al prefecto y a Piura, de soldados y espectadores, llenaban el espacio.

 

            Carlos Robles da los fragmentos de la proclama de Negrón.

 

¡Soldados!

 

Después de quince días de activa campaña, regresáis a la capital del departamento, que por breves instantes ocupó el enemigo, favorecido por la superioridad de sus fuerzas y por la traición sin nombre de algunos miserables que para eterno y doloroso recuerdo de la Patria, nacieron bajo su cielo.

 

Nunca produjo más la astucia, ni se preparó mejor la celada que durante la noche del 28  y 29 de setiembre... la inesperada voz de alarma os encontró expeditos y animosos.  De pocos instantes pudimos disponer.  Para la batalla todas  las posibilidades de triunfo nos eran contrarias... bajo mi dirección, favoreciéndome con ejemplar obediencia y amplia confianza de que siempre me sentiré orgulloso, emprendimos la más prudente y difícil retirada ante el enemigo hasta ganar posiciones  que compensaran nuestra debilidad relativa de elementos de combate... El enemigo se ha retirado a su vez precipitadamente.  Vuestra conducta ha sido buena.  A nombre de la Patria os felicito.

 

¡Soldados!

 

Vuestros Oficiales, vuestros dignísimos jefes; merecen vuestra gratitud y absoluta confianza.  Los habéis visto compartir con vosotros todas las penurias y todos los trabajos de nuestra corta campaña.  Yo, en vuestro nombre y en el nombre sagrado de la Patria,  quiero manifestarles aquí, todo el reconocimiento y todo el aplauso a que se han hecho acreedores.

 

Como se puede apreciar por el informe de Maximiliano Frías y la proclama de Negrón, muchos piuranos estuvieron muy lejos del patriótico comportamiento que correspondía a los hijos de esta tierra, que había dado su alta cuota de sangre y heroísmo con Grau, los hermanos   Meléndez, los adolescentes Seminario Cortes y decenas de muertos o heridos recientemente en las acciones de San Juan y Miraflores.

 

Cuando los chilenos entraron, había en Piura una gran cantidad de extranjeros, muchos de los cuales ocupaban altas posiciones en el comercio, la industria y la agricultura, hay que reconocer que contribuyeron a hacer menos rigurosa la acción de sus enemigos y en sus legaciones se cobijaron muchos piuranos que temieron que acá se repitieran los oprobiosos sucesos producidos en otras ciudades.  Las banderas extranjeras flamearon en Piura durante los días de la ocupación, dando a la ciudad un aspecto muy especial.  Era cónsul del Imperio alemán, don Carlos Schaefer, a cuya actitud hace referencia el escritor invidente don José Vicente Rázuri en “Recuerdos Piuranos”, aún cuando es injusto con Negrón, del que dice cometía muchas arbitrariedades, imponiendo cupos con el pretexto de mantener la tropa, por cuyo  motivo Schaefer  -dice Rázuri- se sustituyó con el pago.  También asegura, que Negrón dejó abandonadas en Piura, armas que el cónsul guardó hasta el final de la guerra en que entregó al entonces presidente Miguel Iglesias.

 

La información de don  José Vicente Rázuri está en contradicción con el informe del coronel Maximiliano Frías, que asegura no dejó en Piura ningún arma ni munición..

En cuanto al cupo que los chilenos impusieron a Piura y la intervención de don Carlos Schaefer fue en 1882.

 

 

Los chilenos en Catacaos

ARRIBA

 

Dos días más tarde que los chilenos arribasen a Piura, se envió un piquete de 30 hombres de caballería al mando de un teniente, al vecino pueblo de Catacaos distante sólo 10 kilómetros.

 

Los chilenos salieron de Piura  por el sitio llamado de la Legua, utilizando un antiguo camino, pasaron por atrás de la  hacienda Puyuntalá y arribaron a la  población por un terreno baldío ubicado frente al cementerio, sobre el cual se levantaría más tarde la estación del ferrocarril y posteriormente un campo deportivo.

 

Allí levantaron su campamento  y hasta ese lugar llegaron las autoridades encabezadas por el gobernador Benjamín Zapata de Ventimilla, del párroco Julián Morales Cavero y el alcalde.  Las autoridades dijeron al teniente chileno que Catacaos era una población pacífica y se pidió no hicieran daño.  El jefe enemigo se había asombrado al ver que en muchas  casas ondeaba una bandera blanca y tomó eso como el deseo pacífico de sus habitantes, pues muy lejos estaba  de imaginar que sólo anunciaban la venta de chicha.

El teniente dijo que la población debía de pagar un cupo de guerra, lo que fue satisfecho en muy pequeña parte, por ser la población muy pobre.  La tropilla penetró a la ciudad por una estrecha calle llamada del Hospital que ahora es la avenida Cayetano Heredia y se dirigieron a la plaza principal que también era mercado.  Tras de algunas deliberaciones ocuparon las oficinas del Cabildo, pero según el historiador cataquense Jacobo Cruz Villegas, también la iglesia, pues los enemigos eran muy irreverentes.

 

Muchas familias al saber que los chilenos avanzaban al centro de la población, se refugiaron en las amplias instalaciones industriales del alemán señor Hilbick.

 

Para el extinto periodista cataquense Carlos Edmundo Zapata, los chilenos regresaron a Piura por la tarde sin causar daño a la  ciudad; pero Jacobo Cruz asegura que sólo  partieron al día siguiente y aprovecharon la noche para desmontar de la iglesia una bella campana fundida en Toledo (España).  Esta operación de hurto fue vista por el indígena Juan Poicón Albines, perteneciente a la cofradía del Santísimo, siguió a los ladrones y pudo comprobar como robaban dos mulos de la piara de los Valencia.  Luego siguieron la ruta a Paita, donde estaban los barcos enemigos.

 

El párroco, el procurador de la Cofradía del Santísimo y el indígena Poicón viajaron a  Piura para presentar la queja al jefe expedicionario, el que ofreció investigar. Pocos días más tarde, llegaba a Catacaos una campana más chica que tenía la inscripción “San Francisco, año 1767”, lo que prueba que había sido robada en Paita y entregada a cambio de la campana toledana sustraída de Catacaos.

 

Pero como la soga se rompe por el lado más débil, el indígena Poicón fue citado a Piura para prestar testimonio y allí salvajemente torturado en forma tal que quedó inválido de por vida.

 

 

Relaciones de Perú y Estados Unidos

ARRIBA

 

Pocos fueron los gobiernos que reconocieron a García Calderón.  Entre ellos se contaban Estados Unidos, Costa Rica, Uruguay, Suiza y Dinamarca.  Había en realidad desconcierto en el mundo ante la división política entre los peruanos y era por tal motivo que los diplomáticos se encontraban a la expectativa, pues tampoco reconocían al Gobierno de Piérola.

En marzo de 1881 había ascendido a la Presidencia de los Estados Unidos, Jacobo  Abraham Garfield, el que junto con su secretario de Estado James Blaine se oponían terminantemente a que la paz entre Perú y Chile se ajustase con cesión de territorio, debido si pagar nuestro país una indemnización de guerra.

 

Era embajador de Estados Unidos en Lima Mr. Christiancy, el que consideraba que García Calderón no tenía ninguna representatividad, ni apoyo popular.  Fue por tal motivo que opinó se declarase al Perú ya sea protectorado norteamericano o lo anexara.  El Gobierno de Estados Unidos rechazó la propuesta y mas bien, poco después reemplazaba a su embajador en Lima por el general Stephen Hurlbut que llegó a formular terminantes  declaraciones en Lima de que su país deseaba el término de la guerra, que no aceptaba que se hiciera una entrega de territorio, que Perú debía pagar una indemnización de guerra en dinero a Chile, Planteaba así mismo que era necesario que los peruanos se unificaran en torno a un solo gobierno y que Estados Unidos condenaba todo espíritu militar y agresivo.  Como el representante de Piérola, reclamase a Hurlbut  por haber reconocido a García Calderón, el diplomático norteamericano envió una enérgica respuesta, acusando a Piérola de haber tomado el gobierno en forma violenta y despojando del poder al Gobierno Constitucional, que implantó una dictadura que llevó a la derrota y al desastre al Perú y que luego había huido abandonando al pueblo.  Eso en cierta forma robustecía al gobierno de García Calderón.

                                                                                  

Pero los representantes diplomáticos de Gran Bretaña y Francia no permanecían inactivos, y presionaban a García Calderón para ajustar la paz con entrega de Tarapacá.  Los ingleses eran abiertamente partidarios de Chile por las vinculaciones económico financieras, aunque el presidente francés llamó en determinada ocasión de extravagantes las pretensiones de Chile.

 

Estados  Unidos, fiel a la política de América para los americanos, demandó de García Calderón que no aceptase la mediación de las naciones extranjeras y al mismo tiempo hizo conocer a Francia que no se inmiscuyera en los asuntos del Pacífico.

 

            El 20 de setiembre representantes de García Calderón y el general Stephen  Hurlbut, embajador de Estados Unidos en Lima, suscribieron un protocolo, mediante el cual se concedía a Estados Unidos por tiempo indefinido, la facultad de tener en Chimbote un depósito de carbón para la escuadra norteamericana y también la de estacionarse.  El territorio dado  en  concesión quedaba sujeto a las leyes peruanas.

 

            Tampoco este protocolo fue aceptado por Estados Unidos.  Posiblemente la presentación de una poderosa flota norteamericana en Chimbote hubiera morigerado los ímpetus y las exigencias de Chile.

 

            Para colmo de males, en setiembre, el presidente Garfield que tan propicio se había mostrado para con el Perú, era asesinad

 

 

Chilenos deponen a García Calderón

ARRIBA

            Como García Calderón se resistía a celebrar acuerdo alguno con Chile que tuviera como base la entrega territorial,   Lynch consideró que no era conveniente seguir apoyando al Gobierno de la Magdalena.  Se inició un proceso de abierta hostilidad.  El 5 de setiembre fuerzas chilenas desarmaron a los 1 200 hombres que constituían el Ejército Peruano de García Calderón.  Los chilenos aseguraban   que muchas de las  armas entregadas habían ido a parar a las montoneras que merodeaban en torno a Lima,   y por otra parte las tropas peruanas no  ofrecían garantía de seguridad a las autoridades de ocupación en caso de un ataque a la capital.

 

            El 21 de setiembre, don Ricardo Palma escribía a Piérola y le aconsejaba, diera un golpe de teatro, atacando Lima, para de esa forma neutralizar las ventajas que estaba logrando García Calderón con la mediación de los Estados Unidos.  Es decir, que aún en personas de la calidad de Palma, más se veían los intereses políticos, que los de la nación entera.

 

            Lynch tomó entonces una decisión drástica, en los mismos momentos en que los chilenos invadían Piura.  El 28 de setiembre envía una comunicación a García Calderón haciéndole  conocer, que quedaba suspendido el ejercicio de toda autoridad, que no estuviera establecida por el Cuartel General de Ocupación. Un bando hizo conocer a la estupefacta población, la decisión del enemigo.

 

            La comunicación de Lynch era la siguiente:

            Lima, setiembre 28 de 1881.  Sr. Dr. D. Francisco García Calderón.- Presente.- Señor: Con fecha de hoy he expedido un decreto en que mando a suspender el ejercicio de toda  autoridad que no sea establecida por el cuartel general, excepto las municipalidades actualmente existentes, y que podrán continuar en el cobro de los impuestos locales.

 

            Me permito adjuntar a Ud. copia de ese decreto, cuyas disposiciones vienen a poner término al gobierno que hasta aquí ha estado funcionando con nuestra tolerancia, presidido por Ud.; y  como los documentos, archivos y demás efectos que tengan en su poder, esos funcionarios que han servido bajo las órdenes de Ud. no les pertenece a ellos, sino que son de propiedad fiscal, confío  en que Usted se servirá dictar  las medidas que crea del caso, para evitar que en manera alguna se disponga de ellos y que se dignará pasar, tan pronto  como le sea posible a mi oficina relación de todos ellos.

 

            Con sentimiento de distinguida consideración y  aprecio, me suscribo de Ud. atento y seguro servidor. P.Lynch.

 

            García Calderón no entregó los archivos y envió una larga carta de protesta a Lynch, lo que mereció una réplica de éste y una contra-réplica de García.

 

            El contralmirante chileno había enviado al embajador norteamericano Hurlbut copia de la anterior comunicación dirigida a García Calderón, la que mereció como respuesta una enérgica protesta y la advertencia de que Estados Unidos continuaría reconociendo al Gobierno Peruano, porque estaba elegido por el Congreso, y las fuerzas de ocupación no tenían autoridad para deponerlo.

 

 

 

Montero nombrado Vice-presidente

ARRIBA

 

            García Calderón había sido informado pocos días antes de las intenciones de Lynch, por cuyo motivo convocó al Congreso en su propio domicilio a una reunión de urgencia, la cual se efectuó el 29 de setiembre de 1881.  En la dramática sesión, el presidente expuso con palabras serenas la situación y la posibilidad de ser reducido a prisión de un momento a otro.  Para cubrir cualquier eventualidad, propuso el nombramiento de un vice-presidente de la República y recomendó para ese alto cargo al contralmirante Lizardo Montero, tanto porque en esos momentos controlaba la mayor parte del territorio, como porque era el jefe militar de más alto rango.  Elías Mujica había viajado a Cajamarca en nombre de García Calderón para convencer a Montero.

            También se dispuso la formación de una Junta  Patriótica, que iniciaría sus funciones tan pronto como el presidente García Calderón se viera privado de su libertad.  La integraban don Carlos Elías, Manuel Candamo y Elías Mujica, y funcionó hasta el 6 de diciembre de 1881 cuando estando ya Montero de Presidente en Cajamarca y García Calderón prisionero en Chile, cambió el nombre de Junta Patriótica por Junta de Delegación de Gobierno.

 

            El 1º de octubre, don Ricardo Palma comunicaba a Piérola estos hechos de la siguiente manera:  Toman  consistencia las sospechas sobre la conducta doble por parte de Montero.  Ayer se definieron en casa de García Calderón, cuarenta o cincuenta de sus congresales nombraron a Montero Vicepresidente.  Ramón Ribeyro ha salido para Cajamarca, y se dice que él será el Ministro General de don Lizardo”.

 

            En otra comunicación  de Palma de fecha 11 de octubre, le insiste a Piérola que ataque Lima y le da cuenta del matrimonio celebrado el día 9 entre García Calderón y la bella joven Carmen Rey y Basadre, hija del ex-cónsul chileno en Arica.

 

            El 7 de octubre, las fuerzas de Arequipa depusieron al jefe político y militar  Del Solar y nombraron en su lugar al coronel José La Torre.  También desconocieron a Piérola y se plegaron al Gobierno Constitucional lo que significaba plegarse a García Calderón y a Montero.

 

            Elías Mujica que era paiteño, actuó como tesorero de la Junta Patriótica.  Actuó con mucha diligencia, dadas sus amplias relaciones comerciales en el Callao.  Tenía como antecedente haber luchado en el combate del Dos de Mayo y más tarde cuando los chilenos se presentaron ante Lima, peleó bravamente en el reducto.  Luego fue uno de los fundadores de la Compañía Nacional de Cerveza y del Banco Internacional.  De él descendieron los Mujica Alvarez Calderón y los Bentín Mujica.

 

García Calderón  apresado y deportado

ARRIBA

 

            Largas comunicaciones intercambiaron los primeros días de octubre de 1881 Lynch y García Calderón.  El jefe militar chileno manifestaba que la única razón que podía justificar la existencia del gobierno provisional, dentro de territorio controlado por un ejército enemigo era la de pactar la paz, y si no daba muestras de querer hacerlo, no tenía razón de ser.  Expresaba que sería diferente si el gobierno provisional estuviera fuera del territorio controlado por sus fuerzas y en aptitud de hacer la guerra, caso que no era el del Gobierno de García Calderón, que ni siquiera dominaba los departamentos de la costa.

 

            Pero ya en los primeros días de octubre, tras de la adhesión de Arequipa al Gobierno Provisorio de la Magdalena, se produjo también la de Moquegua, Cuzco y Puno.

 

            Como también Montero aceptó la vicepresidencia, se incorporó a la obediencia  y reconocimiento de García Calderón, arrastrando a Piura, Cajamarca y otros departamentos del norte.  Todo esto ocurría a fines de octubre y por tal motivo don Ricardo Palma escribía el 3 de noviembre de 1881 a Piérola lo siguiente:

            “Montero no se moverá de Cajamarca, y es casi seguro que Huaraz, Piura, Amazonas y Loreto, seguirán el camino de la deslealtad”.

 

            Lynch consideró peligroso que la unificación nacional peruana se efectuase en torno a García Calderón que rechazaba todo tratado de paz con cesión territorial y lo acusó de estar ejercitando actos de Gobierno, contrariando el decreto que había dado el 28 de setiembre.

 

            Fue así, como en medio del mayor silencio del cuerpo diplomático, cometió el inaudito atropello de apresar al presidente peruano y a su ministro Manuel María Gálvez, el 6 de noviembre en sus propios domicilios y enviarlos a bordo del blindado “Cochrane”.  Al conocer este  hecho el capitán de corbeta Pedro Garezón que había sido su ayudante, se le unió voluntariamente para correr la misma suerte.  Este marino había sido el último comandante del "Huáscar".

 

            Los tres prisioneros fueron llevados a Pisco y allí trasbordados al vapor transporte “Chile”, que los llevó a Valparaíso.  Este barco era el mismo que a fines de setiembre había conducido las tropas del coronel  Novoa que habían invadido Piura hasta mediados de octubre.

 

 

 

Montero, presidente del Perú

ARRIBA

 

            Antes de partir, pudo García Calderón enviar mensajes a los tres comandantes militares regionales, Montero, Cáceres y La Torre y lanzar también un manifiesto al país.

 

            Eliminado del panorama político García Calderón, le correspondía a Montero en su condición de vice-presidente, asumir el mando supremo.

Elías Mujica  en noviembre de 1881, viajó  entrevistarse con Cáceres para tratar de convencerlo que reconociera Montero como Presidente. Este se encontraba en Cajamarca tratando de organizar un ejército con contingentes de Piura, Lambayeque y Trujillo, así como de la propia Cajamarca.

 

            El 15 de noviembre Montero juraba el cargo ante la Corte Superior de Cajamarca y de inmediato envió comunicaciones al cuerpo diplomático en Lima y a los más importantes personajes del mundo, haciendo conocer no sólo que asumía el poder, sino los deseos del Perú de lograr una paz justa y con el mínimo de sacrificios.  El papa León XIII   contestó a Montero con frases llenas de comprensión.

 

            Difícil tarea para Montero fue la de formar un Gabinete.  Como presidente del Consejo de Ministros y ministro de Relaciones  Exteriores nombró al doctor Juan Manuel Arbaiza que era miembro de la Corte Superior de Cajamarca.  De Hacienda al doctor Manuel María Rivas.  De Guerra al coronel piurano Francisco García León; de Gobierno a Jesús Elías; de Justicia al  doctor Mariano Alvarez y como secretario general del Gabinete al doctor Rafael Villanueva.

 

            García León se encontraba en Lima en enero de 1881 y tomó parte en la batalla por la defensa de la capital, resultando herido.  Luego fue nombrado prefecto de Piura.  Tanto este jefe militar como la mayor parte del Gabinete de Montero no se pudo incorporar, de tal manera que Arbaiza ejerció varias carteras.

 

            Montero comprendió que Cajamarca no era el lugar apropiado, para dirigir los destinos del país, porque se encontraba muy  aislado del centro de operaciones militares y decidió trasladarse a otro lugar.  Fue por tal motivo que en febrero de 1882 partió rumbo a la ciudad de Huaraz para luego proseguir a Arequipa- La ciudad de Huaraz se encontraba en poder de autoridades civiles y militares que reconocían al Gobierno Provisorio. De García Calderón.

Montero dejó en su lugar en Cajamarca, a Miguel Iglesias que no le era muy adicto.

 

 

Frías prefecto de Piura

ARRIBA

 

            Tras del retorno de las fuerzas piuranas a la capital departamental, al mando de Negrón y de Maximiliano Frías, éste asume la prefectura.

 

            Frías entró en discrepancias por el nombramiento del juez de Primera Instancia doctor Carlos Eráusquin, nombrado por Corte Superior, y ésta negó competencia al prefecto para intervenir por cuyo motivo Frías ordenó la clausura del despacho judicial a partir del 18 de noviembre de 1881.  Sin embargo, la normalidad se restableció pocos días más tarde, pues el 26 del mismo mes ya estaba nuevamente funcionando la corte.

 

            Mientras tanto Piérola se había trasladado de Ayacucho a Tarma y allí a fines de octubre seguía dictando medidas de tipo administrativo para todo el país que nadie cumplía.   Una de esas medidas, que Ricardo Palma criticó en su carta del 3 de noviembre es la supresión de la Corte Superior de Piura.

 

 

 

Renuncia de Piérola

ARRIBA

 

            El 29 de setiembre de 1881 el Congreso reunido de urgencia por García Calderón, había designado a Montero como vice-presidente de la República.  El 7 de octubre Arequipa reconocía al Gobierno Provisorio, lo cual motivó que el contralmirante se decidiera aceptar el cargo de vicepresidente, lo cual anunció el 23 de octubre.

 

            El 22 de noviembre Montero envía a Piérola una dura carta acusatoria y dos días más tarde es decir el 24 de noviembre, los jefes y oficiales del Ejército del Centro, convocados por Cáceres en Chosica, resolvieron desconocer al Gobierno que en esos momentos presidía el caudillo Piérola.

 

            En realidad, los soldados y oficiales de Cáceres deseaban que éste asumiera el mando de la república como jefe supremo, pero el héroe  de la Breña se negó y sólo se quedó como  Jefe Supremo, Político y Militar del Centro, es decir lo que le había sido conferido por Piérola.  Pero aún no se reconocía  a Montero.

            En esos momentos sólo  quedaban sujetas a la autoridad de Piérola, el departamento de Ayacucho controlado por el coronel Arnaldo Panizo y el departamento de Ica.  El jefe supremo, había estado en Bolivia en meses anteriores y luego había mantenido correspondencia con Campero y se había acordado una ofensiva contra Chile.  Consistía eso en que las tropas bolivianas bajarían por la cordillera y atacarían a la guarnición enemiga de Tarapacá para recuperar  Antofagasta que había sido de Bolivia.  Mientras tanto las tropas peruanas de Arequipa y del resto del Sur, tratarían de ocupar Tacna donde había también una débil guarnición.  Esto decidiría a retirar tropas de Lima que entonces sería atacada.  El plan no era malo, pero Bolivia no disponía de un ejército en forma, no obstante que desde la batalla de Tacna había quedado al margen del conflicto.

 

            Piérola, al tener conocimiento que ninguno de los tres jefes militares regionales lo reconocía, renunció el 28 de noviembre de 1881 y con salvoconducto chileno se dirigió a Lima  a  donde llegó el 3 de diciembre entrevistándose el 6 con Lynch.  A fines de año, no se había producido aún la unificación política en el Perú.  Al iniciarse el nuevo año (24 de enero de 1882) el embajador norteamericano le envió a Cáceres una carta solicitándole reconociera al Gobierno Provisorio.  El nuevo embajador era William Trescott que buscaba también se concertase un tratado de Paz con Chile.  En ese momento Cáceres hacía frente a una poderosa  ofensiva desatada contra él por Lynch y a la rebelión del coronel Panizo que en Ayacucho seguía adicto a Piérola a pesar de su renuncia al poder.  En el mes de febrero de 1882 Cáceres reconoció a Montero como presidente de la República, desde el cuartel general de Jauja.  Por ese entonces el contralmirante se encontraba ya en Huaraz y también enfrentaba problemas en Cajamarca, que acababa de dejar al mando de Iglesias.

 

 

Piérola funda el Partido Nacional

ARRIBA

 

            El 25 de enero de 1882    Piérola envió a sus partidarios en Lima una extensa carta sincerando su conducta, expresando su opinión de que la intervención de Estados Unidos no iba a permitir lograr la paz propugnando la unión del país por medio de un Partido, del cual dijo no quería ser el jefe.  Sus amigos, entre los que estuvo Palma con más entusiasmo, fundaron el 5 de febrero el Partido Nacional, lanzando un manifiesto y diversas declaraciones en donde se impugnaba al Gobierno Provisorio.  Los miembros del Partido Constitucional con el general Gonzáles La  Cotera y otros importantes personajes, respondieron en forma enérgica, lo cual motivó de Lynch la imposición de una multa, por haber utilizado publicaciones no autorizadas.  En marzo Piérola se embarcó a Europa con pasaporte chileno.

 

 

Maximiliano Frías y Julio Santiago Hernández

ARRIBA

 

            Al iniciarse el año 1882, encontramos a Maximiliano Frías en Cajamarca a donde fue para entrevistarse con Montero.

 

            En Piura había quedado como prefecto Roberto Seminario y Váscones.  Era éste un rico hacendado de Chapairá, hermano de Augusto el jefe del Batallón Piura que combatió en las  acciones de San Juan y Miraflores.

            En Cajamarca, Maximiliano Frías se conectó con Julio Santiago Hernández y ambos tuvieron largas conversaciones con el  general Miguel Iglesias. Hernández era periodista, pero ostentaba el grado de coronel y había luchado en Miraflores

 

            Iglesias, tras de su heroica resistencia en el morro Solar en la defensa de Lima, había sido capturado y enviado a Chile.  Cuando retornó  había cambiado de criterio en cuanto al futuro de la guerra, y estaba  convencido de que el Perú no podía ganar la guerra y que era necesario concertar la paz.  Ganó a su criterio a Frías y a Hernández.  Estos personajes estaban unidos por una vieja amistad, pues el año 1875 habían editado en Piura un periódico político literario llamado “El Independiente”.

 

            Cuando el contralmirante Montero partió a Huaraz en febrero de 1882 llevó consigo a los dos amigos.

 

            Montero al llegar a Huamachuco cometió el error de nombrar a Miguel Iglesias como Jefe Político y Militar del Norte; no obstante que nunca le había sido adicto, posponiendo al doctor José Mercedes Puga.  El nombramiento de Iglesias no fue bien recibido en las provincias de Chota y Hualgayoc que se sublevaron y llamaron a Puga para ponerlo al frente del movimiento.  De primera intención Puga hizo conocer a Iglesias un plan para  atacar a los chilenos que estaban en Pacasmayo pero el nuevo jefe militar y político marchó con 1 200 hombres contra los rebeldes. En las filas de éste,  hubo un complot como resultado del cual Puga y varios de sus rebeldes fueron reducidos a prisión por sus desleales compañeros.

 

            Mientras tanto en Huaraz, Hernández y Frías editaron un periódico llamado “Reacción” en el cual principiaron a propalar la idea de que debía buscarse la paz  aún con sacrificio, porque vencer a Chile en las condiciones del momento era una utopía, lo mismo que esperar una decisiva ayuda extranjera.  No contentos con eso, plantearon la conveniencia de que se convocara a elecciones provinciales, para resolver el problema de la unidad política y de la legitimidad del poder.

 

            Montero los acusó de derrotistas y de sediciosos, clausurando el periódico, todo lo cual motivó que Hernández y Maximiliano Frías   se trasladasen a Cajamarca en donde brindaron todo su apoyo a Iglesias, el cual nombró a Hernández como su secretario. Iglesias ya había hecho conocer su criterio de que la guerra no debía continuar.

 

            Julio Santiago Hernández, había nacido  en Lima en 1852, y estudió periodismo en San Marcos.   Llegó a Piura en 1873 como secretario del prefecto Mariano  Lorenzo Cornejo.  Fue director primero del “Ferrocarril de Piura” y más tarde de “El Independiente” con Frías, lo cual le sirvió para apoyar su campaña política, logrando ser elegido diputado por Piura en 1875.   Siendo en 1901 senador por Huancavelica y Maximiliano  Frías, senador por Piura, solicitaron la creación de la provincia de Sullana, que se concretó años más tarde.

 

 

Campaña contra Cáceres

ARRIBA

 

            Lynch con 3 000 hombres salió de Lima el 1º de enero rumbo a Canta con el propósito de atacar a Cáceres por la retaguardia y pocos días más tarde  el coronel Francisco Gana con 1 500 soldados enemigos tomaba el tren con dirección a Chicla, para atacar a Cáceres de frente.  Cáceres por esos días  solamente contaba con 2 500 porque las deserciones y las epidemias habían afectado sus fuerzas.    Para evitar ser copado  Cáceres se vio obligado a replegarse apresuradamente, dejando abastecimientos  y enfermos.

A fines de Diciembre de 1881, el Coronel Vento, vencedor de Sangrar, para evitarse mas daños en sus propiedades, decidió abandonar la lucha y licenció a sus hombres. Esto dejó a Cáceres desprotegido por ese lado.

 Mientras tanto  Lynch  había  unido sus fuerzas con las de Gana y mientras él regresaba a Lima con la artillería que no se necesitaba, quedó encargado Gana de perseguir a Cáceres, el cual pudo  llegar a Junín, pero la cosa se le  complicaba pues Panizo que tenía fuerzas en Ayacucho no había acudido en su auxilio a pesar de ser llamado con urgencia poniendo mil pretextos, mientras que en sus propias fuerzas, el Escuadrón Cazadores se insubordinó y  fue necesario fusilar a varios de los amotinados.   Por otra parte, las guerrillas del centro, por órdenes de sus jefes se retiraron del control de los pasos estratégicos dejando pasar a los chilenos, según se pudo comprobar después a causa de haberse vendido a los chilenos el jefe guerrillero Lara.

 

            El Coronel José Francisco Gana (poco después general), dejó el mando de la división chilena de 2.900 hombres  bajo el mando del coronel Canto, y regresó a Lima.

  Cáceres con sus ejércitos mermados se vio obligado  a ir desocupando Oroya, Tarma y Jauja. En la revista que pasó Cáceres en Huancayo el 24 de enero de 1882, tenía solo 1.300 hombres. Decidió seguir su retirada.

 En ese plan de retirada el 5 de febrero, Cáceres se encontró  en Pucará con las fuerzas de Canto .De inmediato Cáceres se organizó en dos líneas de defensa. Los chilenos  rompieron la primera línea con bastante facilidad   pero encontraron resistencia en la segunda línea y prefirieron los chilenos regresar a Huancayo tras de tener en la refriega 40 bajas.

 A la altura de Jucamarca, el ejército harapiento y hambriento de Cáceres tuvo que soportar lluvias intensas y un tremendo frío. Esa sola noche, perdió Cáceres 400 hombres. Al llegar a Jucamarca sólo tenía 400 hombres. Con esa fuerza se dirigió en búsqueda del Coronel Panizo, que inexplicablemente seguía fiel a Piérola con  1.500 hombres. En Acuchimay, cerca de Ayacucho  se encontraron el  22 de febrero. Cáceres arengó a los contarios que en masa se plegaron a sus fuerzas. Así en forma casi repentina Cáceres se vio con 2.000  hombres.,

En Ayacucho Cáceres se dedicó a reorganizar su ejército, dotándolo de fusiles llegados de Bolivia, de uniformes y de varios cañones. Las indiadas de los alrededores organizadas en  guerrillas se le plegaron.

 

 

 

Las rabonas

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La participación de la mujer serrana o de mestizas en la Campaña de la Breña no puede ser omitida Esas mujeres  que ya habían desempeñado importante papel en la lucha de la independencia y en los primeros años de la  república,  destacaron en la Guerra con Chile y sobre todo en la Campaña de la Breña.

Se trataba de esposas, concubinas, hermanas o madres de los soldados, a los que seguían en toda la campaña en forma infatigable, cocinando sus alimentos, lavando su ropa, curando sus heridas, sepultando a los muertos y eventualmente tomando el rifle del compañero que había caído.

Cargando grandes pesos, hicieron largas y penosas jornadas, sin temor a la muerte y metiéndose en medio de las balas para ayuda al compañero.

Ellas reemplazaron a la Cruz Roja y a los servicios de abastecimientos de Cáceres y murieron en gran cantidad, por que los chilenos las eliminaban sin misericordia después de violarlas.

 

Damos dos acuarelas de Pancho Fierro representando a las rabonas.

La gran escritora Flora Tristán, decía de las rabonas:

           

 "Nuestras soldaderas anónimas, las compañeras de nuestros soldados, tendrían que tener, en esa nueva historia, un sitio meritísimo y dignificante. Porque sin estas mujeres habría sido imposible la Guerra de la Independencia, el asentamiento de la República y todo lo que vino después en el siglo XIX, bueno y malo. Sin ellas, no se concebían ejércitos; y sin éstos, ni caudillos ni gobiernos”

 

           

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