Capítulo XI

CAPITULO XI

 

 

LOS CHILENOS EN PAITA Y EN EL

 ALTO PIURA

 

 

 

Ø      Intervención de los Estados Unidos

Ø      Embajador norteamericano visita a Montero

Ø      Motín contra el prefecto Roberto Seminario

Ø      Manifiesto a favor de la paz

Ø      El combate de San Pablo

Ø      Chile pensaba en la desocupación

Ø      El saqueo de las islas de Lobos

Ø      Deposición del prefecto Roberto Seminario

Ø      Pucará, Marcavalle y Concepción.

Ø      El ministro boliviano ante Montero

Ø      Los chilenos en el Alto Piura

Ø      Frías retorna a Piura y Montero va a Arequipa

Ø      El Grito de Montán

Ø      Deportaciones de los chilenos

Ø      Montero llega a Arequipa

Ø      Maximiliano Frías, prefecto

Ø      Se convoca a la Asamblea de Cajamarca

Ø      Los chilenos en el Alto Piura

Ø      Chilenos toman control de la Aduana de Paita

 

 

 

 

Intervención de los Estados Unidos

ARRIBA

            El general Stephen Hurlburt, estuvo representando al Gobierno de Estados Unidos en el Perú, hasta el 22 de diciembre de 1881.  En Santiago de Chile, tenía la nación del norte como su representante a Santiago Kilpatrick, que asumió una posición pro-chilena haciendo declaraciones contrarias a las que formulaba en el Perú el general Hurlburt.  Eso suponía una posición doble por parte de los Estados Unidos; para terminarla  el secretario de Estado Norteamericano, subrogó a los dos y en su reemplazo nombró a William Trescott.

 

            Hurlburt, mostrando su afecto por el Perú, se quedó en Lima y murió el 27 de marzo de 1882.

 

            Venía Trescott al Perú como representante único en los dos países y con instrucciones escritas de su Gobierno.  En la cláusula 6ta. de tales instrucciones se establecía lo siguiente: “El Gobierno de los Estados Unidos no puede convenir o consentir en que Chile exija por la fuerza una cesión territorial que representase un valor que excediera en mucho el avalúo liberal  de una indemnización racional, equitativa y justa”.

 

            Cláusula 7ma.: “En caso de persistir Chile en su política de conquista, los Estados Unidos no aceptarán en el futuro influencia alguna de Chile y quedarían en libertad para apelar a las demás naciones de América a fin de obrar de acuerdo y evitar las consecuencias funestas que podrían seguirse para la paz de América”.

 

            Trescott se entrevistó con Lynch y le hizo conocer que su gobierno desaprobaba la prisión al presidente peruano García Calderón, luego el embajador se embarcó hacia Santiago de Chile.  Mientras tanto en Estados Unidos el nuevo presidente Chester Allan Arthur había  dispuesto el reemplazo Secretario de Estado Blaine, por Frelinghuyssen, lo que varió totalmente la política seguida hasta entonces frente a las naciones en conflicto, tornándose más favorable a Chile.

 

            Fue así como el 2 de febrero, Trescott no titubeó en suscribir un acuerdo con Chile  que se llamó Protocolo de Viña del Mar que decía:  1º Cesión incondicional de Tarapacá.  2º Ocupación de Tacna y Arica por diez años al final de los cuales el Perú entregaría a Chile veinte millones de pesos.  3º Cesión de esas provincias a Chile en caso de negarse el Perú a pagar la cantidad estipulada.  4º Ocupación de las Islas de Lobos mientras tuvieran guano.

 

            En Estados Unidos no se aceptó el Protocolo, y se hizo conocer a Trescott que no se aceptaría la cesión de Tarapacá y la entrega adicional de veinte millones de pesos.

 

            Ante el rechazo norteamericano, Chile sólo varió su oferta de condiciones de paz, en el sentido de que el Perú vendería a Chile Tacna y Arica que se fijaría entre seis a nueve millones de  pesos garantizando la libre importación y  exportación del Perú por el puerto de Arica  que quedaría para Chile.

 

            Trescott comunicó a su Gobierno que Chile no variaba sus condiciones de paz y hacía conocer que con intervenciones meramente amistosas no se lograría ningún avance en las negociaciones.

           

            Trescott envió también una carta al presidente cautivo García Calderón y le decía que no debía abrigar la esperanza de una intervención armada  de Estados Unidos contra Chile y debía hacerse a la idea de que era inevitable  la cesión de Tarapacá y aún la entrega en venta de Tacna y Arica.

 

            La actitud titubeante de Estados Unidos, sin duda causó mucho perjuicio al Perú, porque desde entonces Chile se afirmó en la idea de arrebatarnos Tarapacá y ocupar Tacna y Arica por un plazo largo, hasta decidir su destino después;  lo cual lo logró al final con el Tratado de Ancón.

 

            De lo único que nos libramos, fue de tener a perpetuidad a los chilenos en las  Islas de Lobos frente a nuestro departamento.

 

            Trescott sin haber logrado nada de Chile, sino  envalentonarlo más, salió de Valparaíso a fines de marzo con rumbo al Callao.

 

            El Protocolo de Viña del Mar alarmó a Bolivia, porque sin mencionarla suponía lisa y llanamente  la pérdida total de Antofagasta, motivo por el cual hizo circular en marzo de 1882    una protesta ante el cuerpo diplomático, manifestando que las ventajas militares del enemigo no significaban la aceptación de Bolivia a su desmembración.

 

 

 

Embajador norteamericano visita a Montero

ARRIBA

 

            Trescott hizo conocer su intención de visitar a Montero en Huaraz, y Lynch aceptó.

Bien sabía “El Príncipe Rojo”  que Trescott tras de haber convenido en firmar el Protocolo de Viña del Mar, lo único que haría ante Montero era tratar de convencerlo que aceptase los hechos consumados y la paz que Chile deseaba imponer.

 

            En abril 1882 llegaba Trescott a Huaraz siendo recibido por Montero como jefe de Estado.  El contralmirante manifestó en su discurso de bienvenida, que el Perú luchaba por la vigencia de principios universales, que constituirían un precedente para toda la América, y que aún a costa de todos los sacrificios, prefería el Perú desaparecer como nación soberana antes que claudicar.

 

            Tras de este encuentro público, tuvieron una reunión privada en la que Trescott hizo conocer a Montero el punto de vista que ya había manifestado en carta a García Calderón.  Todo hacía suponer que Montero, admitía ya que se había perdido Tarapacá, pero no aceptaba lo mismo para Tacna y Arica.

 

            Montero expresó también de que era ya  reconocido en todo el país, y que deseaba reunir un Congreso en Arequipa a donde dijo que viajaría próximamente.  Se quejó de Chile que se obstinaba en no reconocerlo como jefe de Estado y solicitó los buenos oficios de Trescott en tal sentido.

 

            De retorno a Lima, Trescott solicitó a Lynch el reconocimiento de Montero, pero no accedió por cuanto el contralmirante no estaba dispuesto a aceptar la paz con Chile en los términos que éste deseaba.

 

            Sin haber adelantado nada, Trescott retornó en mayo a Estados Unidos y allá manifestó que el Gobierno de Washington debía aclarar en forma indubitable su posición a fin de que los contendores supieran a qué atenerse, sin abrigar falsas esperanzas.

 

 

 

 

Motín contra el prefecto Roberto Seminario

ARRIBA

 

            Al iniciarse el año 1882, Piura vivía todavía un momento de indefinición política.  Los acontecimientos nacionales se producían con mucha  rapidez, lo que no permitía que se plasmaran agrupaciones políticas importantes en torno a determinados caudillos, ya que los aspectos ideológicos no contaban.

 

Cáceres que en octubre de 1881 había bajado audazmente hasta Chosica con 5.000 hombres en su mayoría montoneros, vio que el tifus diezmaba a sus tropas las que en su mayoría se retiraron a sus casas. Elías Mujica se une a Cáceres y éste con sus huestes muy mermadas se retira a la sierra.

 

            Por el momento, Piérola había salido del escenario político al renunciar el mando supremo y salir voluntariamente al extranjero.  Sin embargo en la ciudad  de Piura, el coronel Augusto Seminario y Váscones al retornar de Lima a donde fuera como jefe del Batallón Piura, quedó fuertemente impresionado por la personalidad del caudillo  y desde entonces fue pierolista;  pero su militancia política sólo se manifestaría con total entrega doce años más tarde.

 

            En abril de 1882 que es época  en que posiblemente se ubican los acontecimientos que vamos a relatar, aún no había aparecido el “cacerismo” como facción política, aún cuando ya los hechos del Héroe de la Breña se estaban llegando a conocer y suscitar la admiración de los peruanos.  Por ese mes y los pocos que luego siguieron el personaje indiscutible era el ayabaquino contralmirante Montero, al que todo el Perú reconocía como presidente.  Aún el general Iglesias no había hecho pública su idea de pactar la paz con Chile al precio  que el invasor imponía, pero ya estaba ganando adeptos para que lo  apoyasen en tales ideas, y entre sus más importantes seguidores se contaban Maximiliano Frías y Julio Santiago Hernández.

 

            Se suponía que por lo tanto, las autoridades políticas eran adictas por entonces a Montero, y entre ellos el prefecto de Piura Roberto Seminario y Váscones.

 

            Jorge Moscol Urbina tiene un sabroso relato titulado “Los  Mangaches de Antes” en donde cuenta un motín que se produjo contra el prefecto Roberto Seminario.

 

            Resumiendo y dejando la parte histórica, diremos que un vecino de los barrios del norte, o mangachería don Atabaliba Arellano, con 25 hombres armados procedentes de la hacienda  La Capilla de Sullana, dio en la madrugada un golpe contra la prefectura y redujeron a prisión a Seminario. Según el relato se produjo una reacción popular en la mangachería y en el mismo día lograron dominar a los golpistas y rescatar al prefecto.

 

            Los hechos ocurrieron del siguiente modo:

            Había fiesta en el barrio de la gallinacería, celebrando el cumpleaños del comandante de guardias don Eduardo Reusche.  Estaban presentes el prefecto Roberto Seminario, su ayudante el teniente Emiliano Meneses y otros  connotados vecinos.  En la prefectura sólo quedaba el teniente Sánchez con 4  soldados.

 

            Aprovechando la ausencia del prefecto, don  Atabaliba Arellano, con 25 hombres de su hacienda La Capilla con el apoyo de los tenientes Rosales y Medina tomaron la prefectura en horas de la noche.

 

            La fiesta en la gallinacería fue larga, y como la captura del local prefectural  se había hecho con mucho sigilo, el prefecto no conoció los hechos y fue así como completamente embriagado retornó a la prefectura canturreando a las 3 de la madrugada. No fue difícil capturar, amarrar y esposar al  sorprendido prefecto, al que dejaron encerrado en una habitación.  Meneses que llegó más tarde, corrió la misma suerte.

 

            Atabaliba se auto-nombró prefecto y nombró como su ayudante al teniente Medina y un vago que había actuado como informante  fue nombrado jefe de investigaciones.  Luego Atabaliba le telegrafió su adhesión  a Montero.

            Atabaliba era mangache, pero las gentes de este barrio querían mucho al prefecto, de tal manera que no  vieron bien  la  captura de Roberto  Seminario.  Fue así como mujeres mangaches emborracharon con engaños a los montoneros  que custodiaban  la prefectura, entre ellos su jefe Pablo Vilela.  Una  turba de mangaches ingresó a la prefectura, tomó a la guardia embriagada, a los tenientes Medina y Rosales,  así como  a Atabaliva  y fueron enviados al Cuartel del Cabildo comandado  por el coronel Genaro Carrasco.

 

            No se llegaron a determinar si fueron móviles políticos los que  impulsaron este motín, pero  asegura Jorge Moscol que Arellano  se proclamó prefecto de Piura.

 

            Atabaliva era hijo del prócer José Miguel Arellano y de María Josefa Gallo y Carrasco.  Don José Miguel tomó parte en la Proclamación de la Independencia de Piura, y luego participó en la batalla de Pichincha y en el 2do. sitio del Callao.

 

            La hacienda La Capilla, había pertenecido a doña Luisa Farfán de los Godos esposa de don José Lama.  Al morir doña Luisa dejó su heredad a sus hijos sobrevivientes Diego y Josefa, pues doña  Juana que en el censo de 1840 se registró con 21 años había muerto.

 

            Doña Josefa permaneció soltera y no tuvo hijos, pero don Diego fue un verdadero don Juan, llegando a tener 13 hijos reconocidos.  Su hija doña Josefa Lama Varillas se casó con Atabaliba Arellano Gallo y fueron por lo tanto sus cuñados los Lama, los que le proporcionaron la gente armada, posiblemente Belisario que era el más metido en política.

 

            Cuando se produjo el motín, era jefe de la gendarmería Genaro García León, hermano del ministro de Guerra del contralmirante Montero.  O la sorpresa le impidió actuar o prefirió mantenerse a la expectativa, pero lo concreto fue que semanas más tarde, el propio Genaro se encargó de deponer al prefecto.

 

 

Manifiesto a favor de la paz

ARRIBA

 

            En Cajamarca, el general Miguel Iglesias, ya con el título de Jefe Político y Militar del Norte que le había conferido Montero, considera que ya era llegado el momento de tomar una actitud independiente.

 

            Nombra como prefecto de Cajamarca al coronel Manuel Callirgos y como su secretario general a Julio Santiago Hernández, que vuelve a editar en esa ciudad el periódico “La Reacción” que el contralmirante Montero había clausurado en Huaraz.  Ante la actitud hostil de las autoridades de  Huaraz, Hernández se vio precisado a trasladarse a Cajamarca en donde Iglesias le dio una buena bienvenida.  Maximiliano Frías, se fue primero a Lima a tomar diversos contactos y luego regresó a Cajamarca por la vía de Piura.

 

            El 1º de abril de 1882 estaba aún Iglesias luchando contra Puga, pero  creyó era ya oportuno lanzar un manifiesto a favor de la paz con Chile.  El llamado no tuvo el menor éxito y hasta los mismos chilenos vieron con mucha desconfianza la actitud, de quien había sido ministro de Guerra de Piérola.  Por lo tanto, el coronel Ramòn  Carvallo Orrego que era jefe militar de ocupación de la zona norte, con sede en Trujillo, proyectó más bien atacar a Iglesias

 

El combate de San Pablo

ARRIBA

 

En julio de 1882, el coronel chileno Demetrio Carvallo que tenía a su cargo la jefatura de las fuerzas de ocupación en el norte,  con sede en Trujillo. dispuso que una columna de 600  soldados al mando del capitán Dall  Orto, batiera a las fuerzas peruanas  que se estaban formando.

 

Dall  Orto ingresó por Cajabamba y de allí se dirigió hacia el norte, donde había dos columnas peruanas.  La primera de 417 hombres al mando del coronel Lorenzo  Iglesias fue la que atacó al enemigo en tempranas horas del 13 de julio, cerca al cerro “El Montón” siendo la lucha inicialmente favorable a los invasores hasta el momento en que apareció el general Miguel Iglesias con el Coronel Callirgos Quiroga así como  200 hombres y dos cañones, dando con eso la victoria a los peruanos.

 

El ejército peruano  conformado por alumnos del Colegio "San Ramón", por el "Escuadrón Vengadores de Cajamarca", y  el "Batallón Trujillo 1", En la acción  destacó el niño héroe Néstor Batanero. Los chilenos huyeron a Pacasmayo, y por falta de caballería peruana no fueron perseguidos. Los derrotados chilenos huyeron a Pacasmayo.

Ante esta situación,  el Jefe Político y Militar de Trujillo Ramón  Carvallo, con 1,200 solados penetró en Cajamarca para destruir a los peruanos. Entonces Miguel Iglesias licenció a sus solados y con un pequeño grupo se retiró a Chota. Carvallo impuso cupos en Cajamarca y quemó dos iglesias.

 

            Iglesias, después decía:  “Se ha seguido fomentando la idea de una guerra insensata y las fuerzas nacionales se debilitan día a día, alejándose cada vez más el ambicionado período de convalecencia.  Es urgente ajustar la paz con Chile.  Es el mejor modo posible y la necesidad de que la República se levante.  A ambos fines quiero contribuir con todas mis fuerzas”.

 Los enemigos tuvieron 87 muertos y 28 entre heridos y prisioneros, mientras  que entre los peruanos los muertos fueron 51 y los heridos 57.

Carvallo arrasó las localidades de Chota, San  Luis, San Pablo,  Cajamarca y otras poblaciones, además del cupo  de 50 mil pesos que impusieron.

 

        

Chile pensaba en la desocupación

ARRIBA

 

            En Chile el nuevo presidente Santa María y su Gabinete, consideraban la posibilidad de evacuar Lima y el resto del Perú, hasta la línea del río Sama.  Su criterio era que Chile tenía ya bajo su control todo el extenso territorio de Tarapacá y que aún sin un tratado podían imponer una situación de hecho.  Prolongar la ocupación, le significaba una cuota alta de vidas humanas, mas aún cuando en 1882 todo el país parecía ya unificado bajo el mando del contralmirante Montero y podían reorganizarse fuerzas de resistencia peruanas, que sin llegar a destruir al ejército chileno le podían ocasionar apreciables bajas.

 

            Hasta ese momento, García Calderón que era el presidente cautivo, Montero el presidente en ejercicio y Cáceres jefe militar peruano, no estaban dispuestos a firmar una paz con cesión territorial.  Era posible también que estos personajes hubieran preferido, que Chile diera ese paso, y no tener que autorizarlo ellos con un tratado.

 

            Fue en esos momentos en que aparece Iglesias y ofrece a los chilenos aceptar la paz en los términos que como vencedores la estaban planteando.  La idea de evacuar Lima y el resto del Perú quedó archivada, porque ya tenían con quien entenderse.

 

            La actitud rebelde de Iglesias contra Montero, y contra el resto del Perú de firmar con Chile una paz a cualquier precio, favorecía grandemente los intereses del enemigo.  Para los peruanos, como dijimos antes, hubiera sido preferible que Chile se retirase hasta los límites de la provincia de Tarapacá, creando una  situación de hecho, sin pasar por el oprobio de aceptar eso con un tratado vergonzoso.  También hubiera ahorrado dos años más de lucha y el seguir desangrándose con enormes pérdidas materiales y sobre todo pérdida de vidas humanas.

Bolivia después de la Batalla del Alto de la Alianza, ya no intervino en el conflicto y su territorio se libró de los horrores de la guerra y es que si bien es cierto Chile ambicionaba territorio boliviano, en cambio al Perú no solo deseaba arrebatarle Tarapacá, sino también destruirlo.

 

 

 

El saqueo de las islas de Lobos

ARRIBA

 

            En marzo de 1880, el “Loa”  y la corbeta “Chacabuco” al mando de Oscar Viel, el concuñado de Grau, estuvieron en las islas Lobos de Afuera y Lobos de Tierra situadas frente a las costas de Piura y Lambayeque.

 

            Los chilenos, siguiendo la norma que se habían impuesto en la guerra, destruyeron las instalaciones, pero llevaron a sus superiores un informe de la gran cantidad de guano de muy buena calidad existente en dichas islas.

 

            No tardaron mucho los chilenos en retornar, pero ya con otras intenciones: explotar el guano que tenía por entonces muy buen precio en  Europa.

 

            Cuando había la posibilidad de discutir condiciones de paz, los chilenos cuidaron de poner siempre como una de las condiciones, que Chile seguiría explotando las islas hasta la extinción del guano y que partirían con el Perú la utilidad, mitad por mitad.

 

            Eso hubiera significado que íbamos a tener a los chilenos por muchos años frente a nuestras costas, y dada la insidia y mala fe de los enemigos, había que suponer, que nos ocultarían las reales cantidades que extrajeran del fertilizante.

 

            Desde 1880 hasta la terminación de la guerra, los chilenos estuvieron saqueando el guano de las islas de Lobos, y de vez en cuando llegaban a Paita, a Eten o a San José, para aprovisionarse de víveres y en busca de diversión, no obstante, el repudio que ostensiblemente le mostraban los moradores.

 

 

 

Deposición del prefecto Roberto Seminario

ARRIBA

 

            El 28 de junio de 1882, don Ricardo Palma, usando el seudónimo de “Irma”, le escribía a Federico Larrañaga, que era director del diario pierolista “Canal” en Panamá en donde era encargado de negocios, lo siguiente:

 

            “En Piura, el prefecto Seminario ha sido destituido por Genaro García León, jefe de la guarnición, hermano del Ministro de Guerra de Montero y cuñado de Maximiliano Frías.  Este picarón ha estado algunos días en Lima y acaba de desaparecer.  Dicen que se ha ido a Piura y que él será el Prefecto”.

 

            Palma en realidad estaba muy bien enterado.  La deposición del prefecto Roberto Seminario se produjo el 12 de junio y el mismo Genaro García asumió la prefectura, y en lugar del secretario anterior Jiménez Pimentel nombró a Guillermo Ruidias. 

Genaro García daba como pretexto para deponer al prefecto, la forma incorrecta a su parecer, como había manejado los asuntos derivados de los sucesos producidos en Tumbes.

 

            Maximiliano Frías, que había sido prácticamente expulsado de Huaraz por Montero, viajó a Lima en donde tuvo diversas entrevistas y luego vino a Piura.  Parece que llegó cuando ya se había producido el golpe contra el prefecto, sea lo que fuere, tuvo con su cuñado Genaro García una entrevista muy cordial y luego se dirigió a Cajamarca para entrevistarse con Iglesias.  Allá lo esperaba Julio Santiago Hernández.

 

            Maximiliano Frías era casado con doña Manuela García León, hermana del coronel Francisco, del capitán Genaro y de Ignacio.

 

            A raíz de su rompimiento con Montero, Frías buscó unirse a Iglesias con el que concordaba en eso de buscar la paz dentro de las condiciones que ofrecía Chile y que la mayor parte de los peruanos repudiaba a pesar de los tremendos sacrificios de lo que parecía una lucha sin esperanzas.

 

            Los chilenos, sin embargo, desconfiaban de Iglesias y por lo tanto de Frías y por tal motivo, tuvieron con los invasores serios enfrentamientos hasta que el enemigo, se dio cuenta que podía servirse para sus fines de Iglesias y de sus seguidores y se produjo entonces un acuerdo entre ambos, tras acelerados contactos y decidieron hacer un frente común contra Montero, Cáceres, el coronel Fernando Seminario y en fin contra todos los que no querían aceptar la mutilación del territorio nacional.

 

            Genaro García León, fue hijo del coronel Francisco García Carrasco y de doña Mercedes  León y Bustamante.  Hermano del coronel Francisco, de Ignacio  y de Manuela, ésta ya casada con el coronel Maximiliano Frías.  Genaro siguió la carrera de las armas, y cuando era teniente, fue separado de la carrera en 1875 por el Consejo de Oficiales Generales.  El 12 de enero de 1880, el coronel Miguel Iglesias, secretario de Guerra del dictador Piérola, logra de éste una resolución suprema, anulando la anterior sentencia y restituyéndolo al servicio con el grado de capitán.  Como a partir de entonces tomó parte activa en los hechos político-militares de Piura, bien pronto  ascendió a coronel.

 

 

Pucará, Marcavalle y Concepción.

ARRIBA

 

            Cáceres tras de verse en la necesidad de tener que recurrir a las armas para reducir al coronel Panizo, se dedicó en Ayacucho durante tres meses a reorganizar su maltrecho ejército que por entonces contaba con menos de mil hombres.

 

            Panizo era un valiente jefe, pero había tomado una actitud equivocada de excesiva fidelidad hacia  Piérola, que lo llevó a un lamentable enfrentamiento entre peruanos, a pesar de que el enemigo se encontraba cerca.

 

            Cáceres pudo formar un ejército de 1500 soldados, pero además de esos contingentes, todas las guerrillas que se habían formado en Junín lo tenían como su comandante general y mantenían en jaque a los chilenos acosándolos constantemente.  Se podría decir que todo el centro estaba sublevado contra los invasores.

 

            Cáceres se dirigió al norte de Ayacucho hacia Huanta, y de allí penetró en Huancavelica para situarse en Izcuchaca.  El grueso del Ejército enemigo estaba en Huancayo, pero tenía destacamentos en Marcavalle y Pucará, y también en Concepción, localidad ésta ubicada más al norte de Huancayo.

 

            Cáceres dividió a sus fuerzas en tres grupos.  Uno al mando del coronel Gastó  debía avanzar eludiendo a los chilenos de Huancayo y caer de sorpresa sobre Concepción, otra al mando del coronel Tafur iría también al norte de Huancayo para ocupar la Oroya y cortar toda posibilidad de retirada a las fuerzas enemigas y él con el resto, atacaría a los chilenos de Marcavalle y Pucará.

 El 9 de julio de 1882 a las 5 de la madrugada, Cáceres sorprendió a los chilenos de la guarnición de Marcavalle, iniciando  el ataque con fuego de la artillería, pues tenía cuatro cañones.  El general Cáceres había previsto un repliegue de los chilenos hacia Pucará, para evitar lo cual dispuso que los guerrilleros cortasen el camino así mismo  el que conducía a Huancayo.  El ataque a Marcavalle lo iniciaron los peruanos por tres lados, lo cual hizo temer a los chilenos que enfrentaban fuerzas muy superiores, y a los 15 minutos retrocedieron hacia Pucará pero se encontraron con los guerrilleros.  Los chilenos se replegaron entonces hacia Zapallanga para ganar Huancayo abandonando 200 rifles, municiones, banderas y abastecimientos.  Los peruanos tuvieron sólo un muerto y tres heridos.

 

En la localidad de Concepción había una compañía del Batallón Chacabuco compuesta por 76 hombres al mando del capitán Ignacio Carrera Pinto, sobrino del ex-presidente Aníbal Pinto de Chile.

El mismo día 9 de julio 300 soldados de las fuerzas peruanas del coronel Gastó, ayudadas por 1000 guerrilleros  indios armados de hondas y rejones, atacaron Concepción por diversos puntos.  Eran las dos de la tarde y los chilenos se atrincheraron en  su cuartel

 

ESCENAS DE LA BATALLA DE CONCEPCIÓN

                                 

 

.   Los guerrilleros sin importarles el nutrido fuego de fusilería de los chilenos se acercaban temerariamente exponiéndose a la fusilería enemiga.

El Coronel Gastó pidió la rendición  pero el capitán Carrera no aceptó. Al morir éste lo reemplazó el teniente Montt, que tampoco aceptó rendirse y como también murió en la acción, su sucesor siguió combatiendo.                                       

 

Los sitiadores prendieron fuego al cuartel, pero los chilenos se replegaron al patio a la media noche.  A las 10 de la mañana sólo quedaban 9 chilenos que se rindieron cuando ya  no disponían de municiones.

El coronel Gastó había ofrecido respetar la vida de los vencidos. Ero los enardecidos indios e los arrebataron y los fusilaron. Muy lamentable este procedimiento, pero en realidad ero lo que habían impuesto los chilenos en la guerra.                                           

Se tiene que reconocer que la guarnición chilena de Concepción luchó heroicamente aun cuando ya no tuvo esperanzas de un socorro del coronel Del Canto. que estaba en Huancayo.

El coronel Gastó considerando innecesaria su permanencia en Concepción, la desocupó y fue en ayuda de Cáceres.

Conocedor el coronel  chileno Canto que estaba en Huancayo de lo sucedido en Marcavalle, Pucará y Concepción, consideró que su posición era muy expuesta y evacuó la ciudad el 10 de julio, que Cáceres ocupó al día siguiente.

Canto en su retroceso  hacia Jauja pasó por Concepción, y en represalia,  la  arrasó y fusiló a una gran cantidad de vecinos.

Luego procedió a enterrar a los chilenos muertos y el corazón de los cuatro valientes oficiales muertos, se los llevó a Lima.

  Quiso Canto  quiso establecer su cuartel general en  Jauja, pero estando cercada por los guerrilleros se trasladó a Tarma.  Cáceres reunió entonces todas las fuerzas a sus órdenes y decidió atacar a Canto en Tarma donde  éste pensaba atrincherarse, pero el 17  supo que un destacamento peruano al mando del coronel  Tafur se dirigía a marchas forzadas a La Oroya para cortar el puente  y dejar a los chilenos aislados en la sierra central.  Ante eso, Canto  salió de Jauja en la misma noche y rápidamente logró llegar al puente de La Oroya antes que Tafur.

 

            Tan pronto Canto pasó el puente lo hizo volar dejando a sus perseguidores al otro lado.  Tafur que había sido prefecto de Piura, no había actuado con la celeridad necesaria y por otra parte Cáceres por falta de vigías, no conoció la salida de Canto, sino  horas después  que dejó Tarma, cuando pudo haberlo atacado.  Con todo, Cáceres encontró en Tarma gran cantidad de armas  que sirvieron para reforzar su pequeño ejército, y convirtió a esa ciudad en su cuartel general.

Estando Cáceres en Tarma recibió en agosto de 1882,  la visita del Presidente almirante Montero, que viajaba de Huaraz a Arequipa. En Tarma Montero pasó revista al remozado ejército de 1.000 soldados que allí tenia  Cáceres

           

En las acciones de Marcavalle, Pucará y Concepción, estuvieron presentes el sullanero Eugenio Merino  Vinces y el paiteño Elías Mujica Transmonte.

 

       

 

 

 

 

 El ministro boliviano ante Montero

ARRIBA

 

            En junio de 1882 llegó a Lima el enviado especial de Bolivia, Juan Carrillo, el cual de inmediato visitó a Lynch manifestándole que trataría de convencer a los representantes del Gobierno de Montero, que estaban en Lima, de la conveniencia de aceptar la paz.

 

            Fue así como “El Príncipe Rojo”, permitió reuniones de Carrillo con los señores Carlos Elías, Manuel Candamo y Ramón Ribeyro, representantes en Lima del contralmirante Montero.  En las reuniones que se efectuaron entre el 27 y el 29 de junio, Carrillo hizo conocer francamente que Bolivia no estaba en condiciones de llevar adelante una reacción militar contra Chile; ni Perú tampoco y que no se debía abrigar ninguna esperanza de apoyo de los  Estados Unidos.

 

            Planteó como conveniente, una tregua con el retiro de las fuerzas chilenas al sur del río Sama, y que más tarde se ajustaría a la paz.  Los peruanos manifestaron que eso constituiría aceptar de hecho una amputación del territorio nacional que no se quería aceptar con un tratado.

 

            Mientras tanto en  Huaraz, el Consejo de Ministros de Montero, tomaba el 3 de julio la decisión de no aceptar ninguna propuesta de tregua, si previamente no se reconocía al Gobierno Provisorio, y se ponía en libertad a García Calderón.  Esto, muestra que Montero no deseaba el poder político,  y menos en tan  duras circunstancias.

 

            El delegado boliviano Carrillo llegó a Huaraz el 15 de julio y se reunió con el canciller de Montero, el doctor Mariano Alvarez.  Allí se le hizo conocer al diplomático del Altiplano el acuerdo del día 3, a lo  que repuso Carrillo que si Chile iniciaba con Montero  la discusión de la tregua, prácticamente lo estaba reconociendo y que la libertad de García Calderón podría ser motivo de negociación al momento de discutir la tregua.  Los peruanos planteaban también que en caso de ir a una tregua estuviera ella garantizada por una tercera potencia como  Estados Unidos, a lo que manifestó el boliviano que eso no lo aceptaba Chile, que deseaba un arreglo directo entre las partes.

 

            Aceptar en esos momentos la línea de Sama hubiera significado perder no sólo Tarapacá con todas sus riquezas, sino también las localidades de Arica, Tacna y Tarata.

 

            Los bolivianos se  sentían alentados con la esperanza de que Chile a cambio de Antofagasta, les diera el puerto de Arica y una angosta faja de territorio al norte de Tacna a manera de corredor.

 

 

Los chilenos en el Alto Piura

ARRIBA

 

            Al quedar desguarnecido Chiclayo se produjo una rebelión contra los chilenos que la controlaban y lo mismo sucedió con la caleta de San José en donde estaba de guarnición un piquete del “Talca”.  Carvallo envió a estas localidades al Batallón “Coquimbo” que en San José incendiaron al pueblo y  fusilaron a  varios  y en Chiclayo  impusieron un  cupo de

30 000   soles de plata.  Con el capitán Francisco Antonio Machuca, los chilenos con 180  soldados se dirigieron a  Jayanca, Motupe y   Olmos para imponer cupos, pero hubo resistencias y los chilenos se desplazaron a Piura.  Era octubre de 1882.

 

 

 

Frías retorna a Piura y Montero va a Arequipa

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            Maximiliano Frías que en junio había estado en Piura y tenido acuerdos con su cuñado Genaro García, nuevo prefecto; viajó posteriormente y estuvo presente en la batalla de San Pablo, al igual que su amigo Julio Santiago Hernández.

 

            Tras de esta actuación militar, Frías fue informado por Iglesias de su propósito de actuar por su cuenta, desconociendo la autoridad de Montero.  Para lograr tal finalidad, lanzaría una nueva proclama y posteriormente convocaría a una asamblea con  el fin de dar apariencia de legalidad y de representatividad al gobierno que intentaba encabezar.

 

            Frías y Hernández debería representar a  Piura en la mencionada asamblea pero para eso deben de contar con adhesiones.

 

            Volvió entonces Frías a Piura, y empezó con gran actividad a levantar actas de adhesión, recorriendo con  tal fin varios lugares.

 

La foto de Maximiliano Frías que se da es cortesía del Señor Luis Campos Zapata.

 

            Al llegar a Paita despertó la sospecha de los chilenos  que tenían guarnición en el puerto y fue confinado en la corbeta “Chacabuco” que estaba surta en la bahía.

 

            Muy poco tiempo estuvo preso Frías y al recobrar su  libertad, lanzó proclamas conjuntamente con el prefecto Genaro García.  Por primera vez los piuranos oían  hablar de la paz.

 

            Mientras tanto en Huaraz, el contralmirante Montero tras la visita del representante  boliviano Carrillo, resuelve poner en práctica su proyecto de dirigirse al sur y establecer el Gobierno  en la  ciudad de Arequipa en donde existía  un Ejército Peruano de casi tres mil hombres.

 

            En agosto, llega Montero a Tarma en donde estaba Cáceres organizando sus nuevas fuerzas, y pasa revista a ese Ejército, quedando gratamente satisfecho por el grado de disciplina y marcialidad  que en tan poco tiempo había  logrado el infatigable Héroe de la Breña, comprometiéndose a enviarle armas y municiones tan pronto como llegase a Arequipa.  No obstante las buenas intenciones del contralmirante, al llegar a la  ciudad del Misti, problemas  diversos le impidieron cumplir con lo ofrecido, de inmediato y recién en enero de 1883 le envió 200 carabinas con el coronel Isaac Recavarren.

 

 

 

El Grito de Montán

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            Cuando los ejércitos chilenos invadieron Cajamarca tras la acción de San Pablo, el general Miguel Iglesias se refugió en la hacienda de Montán ubicada en la provincia de Chota que pertenecía por   aquella época al doctor Villanueva. En ese lugar preparó  su plan     político.

 

            El 31 de agosto de 1882 en los mismos momentos en que Montero ingresaba a Arequipa que lo recibía alborozadamente, en el otro extremo del Perú, el general Miguel Iglesias, lanzaba un manifiesto a todo el país, pronunciándose por la aceptación de la paz que  ofrecía Chile, con mutilación del territorio patrio, porque aseguraba que el Perú no estaba ya en condiciones de hacer la guerra.

Lo cierto es que Chile se aprestaba a desocupar Lima y el resto del territorio peruano, excepto Tarapacá, Tacna y Arica. Es decir se trataba de imponer una situación de hecho aun sin tratado de paz, tal como había pasado con Bolivia que firmó el tratado de paz mucos  años mas tarde.

 

            Este manifiesto se conoce con el nombre de Grito de Montán.

 

            El pronunciamiento de Iglesias, fue recibido con indignación por Cáceres y por Montero, y en general todo el centro y el sur del Perú se pronunciaron en contra del planteamiento de aceptar la humillante paz que imponía Chile.

 

            En Piura, tanto Genaro García como Maximiliano Frías apoyaron el Grito de Montán y para un mejor éxito de los proyectos que se habían formulado, García entregó la prefectura a su cuñado Frías.

 

            Entre los piuranos, el Grito de Montán no fue bien recibido, pues Montero por ser paisano y Cáceres por su valerosa actitud  ante los chilenos tenían muchos partidarios.

 

            El doctor Carlos Burga Larrea, cajamarquino que en 1900 fue director del Colegio San Miguel de Piura, tiene un Diccionario Histórico Biográfico de Cajamarca y en el mismo consigna que la redacción del Grito de Montán se hizo de acuerdo con el coronel chileno Ramón Carvallo Orrego, que acreditó ante Iglesias como emisario ad-hoc al chileno Toro Astabarraya.

 

            Ya hemos manifestado que Frías, Hernández y otros seguidores del jefe cajamarquino, habían aceptado la idea de pactar la paz  con cesión territorial, tal como la deseaban imponer los invasores.

 

            Lo que no sabemos, es si también Frías, Hernández y el prefecto de Piura Genaro García, conocían también que el Grito de Montán  no era el fruto de una decisión desesperada, pero libre y patriótica del general Iglesias, sino una hechura del propio enemigo.

 

            El Grito de Montán, que tenía como lema “Paz y bandera a toda  costa”, arrastró a una buena cantidad de peruanos, que agobiados por las derrotas habían ya perdido la fe y se encontraban totalmente desmoralizados;  pero de eso a aceptar tratos con el enemigo en una acción que lindaba con la traición, hay mucha distancia.

 

            Por eso, los que conocían las intimidades de los entretelones del Grito de Montán y como se había generado;  se cuidaron mucho de hacer conocer a la población los tratos con los chilenos, porque seguramente no los hubieran seguido.

 

            El Grito de Montán dividió de inmediato a los peruanos en dos grupos.   Uno que deseaba la paz a cualquier precio aceptando las condiciones que habían impuesto los chilenos y el otro grupo, ampliamente mayoritario que también quería la paz, pero sin ceder territorio.  Los pueblos del sur, no obstante haber sufrido tremendamente con la guerra por haber sido campo de batalla, y sobre  todo el departamento de Tarapacá y las provincias de Tacna y Arica, no podían desear la paz iglesista.

 

            Los acontecimientos se iban a precipitar, y en breve íbamos a ver el espectáculo horrendo de peruanos apoyando a los chilenos contra otros peruanos, hechos que por desgracia también se produjeron en Piura.

 

            Los chilenos empezaron a dar toda clase de apoyo a Iglesias, al mismo tiempo que centraban su lucha contra Cáceres y contra Montero, a los cuales no reconocían ni como integrantes de un ejército regular, ni tampoco como Gobierno.

 

            Fue por eso que el feroz Lynch, dio orden a sus coroneles de llevar adelante una guerra a muerte contra Cáceres cuya persecución iniciaron con la  siguiente consigna de parte del jefe chileno:  “Siendo aquellas tropas  irregulares, compuestas por montoneros y ladrones, deberá tratar a los jefes y oficiales que caigan prisioneros, con todas las severidades prescritas para estos casos, y como algunos de ellos han sido prisioneros nuestros en otras ocasiones, Ud. no tendrá el menor inconveniente en fusilarlos”.

 

            Fue en base a tales órdenes que Leoncio Prado y otros patriotas fueron pasados por las armas.

 

            Como si Cáceres fuera un delincuente común, se puso precio a su cabeza con la siguiente orden:  “Queda Ud. autorizado para ofrecer una suma prudencial a la persona o personas, que entreguen al General Andrés Avelino Cáceres”.

 

            Lo triste y vergonzoso, fue que Iglesias no ignoraba eso y se prestó para tamaña infamia.

 

            Tras de dar el Grito de Montán, Iglesias convocó desde el mismo lugar a una Asamblea Constituyente de los pueblos del Norte.

 

           

 

Deportaciones de los chilenos

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            Los chilenos sabían que desde Lima se daba asistencia y armamento a los soldados de Cáceres, por cuyo motivo los invasores radicalizaron sus medidas de control y de opresión.

 

            Constantemente se hacía comparecer a las personas importantes ante Lynch o demás autoridades chilenas y en otras oportunidades les imponían multas por cualquier motivo.

 

            Pero desde los primeros días de agosto de 1882 empezaron a practicarse  una serie de detenciones.  Los soldados enemigos ingresaban a los domicilios y en medio de la consternación de los familiares se llevaban a los detenidos cuya suerte final no  conocían.

 

            El 8 de agosto se iniciaron las deportaciones por grupos, que continuaron en el mes siguiente.  De ese modo pensaban los chilenos quebrar toda posibilidad de resistencia o rebeldía, sacando de la escena a los elementos más representativos.  De esa forma fueron enviados a Chile los ex –ministros de Prado, José María Quimper y el general ayabaquino Manuel Gonzáles La Cotera, así como el coronel Juan Elguera.  Igualmente fueron desterrados los integrantes de la directiva de la Junta Patriótica que en Lima representaban a Montero y que eran Ramón Ribeyro, Pedro Correa, Carlos Elías y Manuel Candamo.  Marcharon igualmente al destierro los piuranos coronel Francisco García León que fuera nombrado ministro de Guerra de Montero y su hermano Ignacio que en Lima estaba cumpliendo una misión confidencial del contralmirante.  El doctor Zoilo Flores   y José Antonio de Lavalle, diplomáticos;  Isidro Elías y Dionisio Derteano acaudalados políticos, Santiago Candamo, Ismael Muro, Andrés Avelino Aramburú.

 

            Todos ellos fueron a reunirse con el presidente  cautivo Francisco García Calderón y su secretario Antonio García y García que estaban confinados en Angol, frígida región ubicada entre Concepción y Valdivia al sur

 

Montero llega a Arequipa

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            El 31 de agosto de 1882 Montero llega a la ciudad de  Arequipa en medio del entusiasmo de la población y de acatamiento del numeroso Ejército allí existente.  En ese mismo día, se rebelaba contra su autoridad en Cajamarca, el general Miguel Iglesias, iniciando un movimiento pacificador, con el Grito de Montán.

 

            Montero en discurso para agradecer el recibimiento que se le tributaba, recalcó que era un encargado de la presidencia y que el presidente del Perú era el doctor García Calderón.  Este hecho debe resaltarse, para mostrar la honradez y desinterés de este marino.

 

            Hasta ese momento, lo había acompañado el doctor Juan Manuel Arbaiza, ex –vocal de la Corte Superior de Cajamarca y su primer ministro, que para dejarlo en libertad de acción en la nueva sede de gobierno, renunció el cargo.

 

            Montero nombró como primer  ministro, a su paisano y también marino, el capitán de navío paiteño Camilo Carrillo que asumió el Ministerio de Gobierno.  En Relaciones Exteriores fue nombrado el doctor Manuel María del Valle;  en Justicia e Instrucción Epifanio Serpa;  Juan Francisco Oviedo en Hacienda y el coronel Manuel Velarde en el Ministerio de Guerra y Marina.

 

            En Arequipa había un Ejército de línea que puso bajo el mando del coronel Belisario Suárez y como jefe de la Guardia Nacional el general César Canevaro.

 

            El 15 de setiembre se enviaron comunicaciones al cuerpo diplomático acreditado en Lima.   Arequipa se había convertido por necesidades de la guerra en la capital del Perú, pero esa condición fue perdida en circunstancias muy lamentables, en octubre del año siguiente.

 

            En octubre de 1882, el Gabinete de Montero sufrió modificaciones, saliendo el doctor del Valle e ingresando en su lugar don Mariano Nicolás Valcárcel, y en lugar de Epifanio Serpa ingresó el doctor José Miguel Vélez.

 

 

 

Maximiliano Frías, prefecto

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            En setiembre de 1882, Maximiliano Frías como prefecto de Piura, desplegó gran actividad política en apoyo del general Iglesias.

 

            Al igual que el año anterior, la Corte Superior de Piura, que por entonces presidía Ricardo Wenceslao Espinosa, fue nuevamente clausurada por el prefecto, poniendo como justificación razones de economía.  De nada valieron las protestas de los miembros de ese organismo de justicia.

 

            Desde el 10 de abril del año anterior de 1881 la prefectura que estaba por entonces a cargo del coronel Negrón, había dispuesto que en cumplimiento del Decreto Supremo del 18 de mayo de 1881, los municipios de la república debían ser asumidos por el personal que tenían en 1879.

 

            Cuando asumió la prefectura y el mando militar del departamento Maximiliano Frías, así estaban las cosas y hasta los chilenos cuando despojaron del poder a García Calderón, a los únicos órganos de Gobierno que respetaron fueron los municipios.

 

            No sucedió igual con Maximiliano Frías que ordenó fueran entregados los municipios a los gobernadores, con lo cual quedaban directamente bajo su control como si fueran dependencias políticas.

 

            Eso como era lógico suponer creó profundo malestar en la ciudadanía y se produjeron no pocas resistencias.

 

            Los gobernadores se encargaban de recaudar las rentas y de enviarlas a la prefectura, para atender los gastos de guerra.  Los vecinos se resistían a pagar sus contribuciones originándose conflictos.

 

            Mientras  tanto en el Alto Piura, destacamentos chilenos habían penetrado desde  Lambayeque en el mes de setiembre, cometiendo mil de arbitrariedades.

 

            Algunos de estos soldados y de los que en Paita habían llegado a bordo de la corbeta “Chacabuco”  habían desertado y Frías no tuvo ningún reparo en incorporarlos a la Guardia Nacional.

 

            En Piura se conoció la convocatoria que había hecho Iglesias desde Cajamarca para reunir una Asamblea Nacional, y el prefecto Frías  trató de asegurar que el departamento estuviera representado en esa convención.

 

            Toda esta situación había creado un clima tenso en la ciudad y entre las fuerzas  de la guarnición.

 

            Es entonces cuando aparece en escena otro miembro de la familia Seminario.  Se trataba en esta oportunidad de don Juan Seminario y Váscones, hijo del prócer Miguel Jerónimo Seminario y Jaime y hermano del coronel Augusto que comandó la División Piura en la defensa de Lima.  Era don Juan Seminario un rico hacendado de Talandracas y San Martín, y también personaje muy popular en Piura.  No le fue difícil por lo tanto reunir gente para una asonada popular, a la cual se plegó en forma pronta la guarnición, viéndose en las calles fraternizar a los soldados con el pueblo.

 

            A Maximiliano Frías no le quedó más recurso que entregar la prefectura, pero teniendo en su poder actas de adhesión, se dirigió a Cajamarca con don Domingo Vegas Elera.  Los dos iban acreditados como representantes de Piura ante la Asamblea Constituyente de Cajamarca y además llevaban también las credenciales para Julio Santiago Hernández que los esperaba en la ciudad del Cumbe.

 

            Como  representante suplente fue nominado don Antonio Espinosa.

 

            Don Domingo Vegas, había sido concejal del Municipio de Piura en 1876 y en tal condición viajó a Lima para arreglar todo lo referente al legado que el pintor Merino había hecho a Piura, cumpliendo exitosa misión.  Posteriormente, fue a trabajar a Paita en el ferrocarril, en donde fue alcalde, naciendo allí su hijo Ricardo, notable periodista y escritor.

 

 

Se convoca a la Asamblea de Cajamarca

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            El 16 de setiembre de 1882, el general Miguel Iglesias en su condición de Jefe Militar y Político del Norte, convoca a una asamblea en la que debían de estar representados los departamentos de Piura, Cajamarca, Lambayeque, Libertad, Ancash, Amazonas y Loreto.

 

            No funcionaría como elección indirecta con colegios electorales, sino por voto directo ante las municipalidades distritales.  Ese había sido el motivo por el cual se había dispuesto que los municipios fueran asumidos por los gobernadores, lo que indudablemente facilitó grandemente el plan que se habían propuesto.

 

            Las “elecciones” se proyectaron para el 20 de octubre y la asamblea debía de instalarse el 25 de noviembre.

 

            Iglesias y Carvallo entraron en contacto, y no obstante las desconfianzas del jefe chileno, dispuso que sus fuerzas de ocupación evacuaran el departamento de Cajamarca, con lo cual se facilitaba la tarea de Iglesias.  El 31 de octubre llegó ante Iglesias un enviado chileno acreditado por Carvallo, se trataba de Toro Astabarraya, que deseaba conocer el pensamiento íntimo de Iglesias.

 

            La Asamblea de Cajamarca debía estar conformada por 28 representantes y los primeros en llegar, además de los piuranos fueron:  José Silva Santisteban por Huaraz, Lorenzo Iglesias por Huari, Nicolás Corpancho por Huaylas, José Asensio Urteaga por Santa, Manuel Francisco Burga por Celendín, Mariano Castro Zaldívar por Cajamarca, Mariano Burga por Chachapoyas, Roberto Osores por Chota, Jerónimo Zevallos por Jaén, Francisco Plascencia por Contumazá, Cruz Novoa por Hualgayoc, Miguel Fernando Pastor por Cajamarca, Salomón Rodríguez por Trujillo, Santiago Vásquez por Chiclayo, Pedro Urruñaga por San Martín, Leopoldo Santolaya por Tumbes,  Monseñor Francisco Solano Risco y Vidal García y García.

Como es fácil suponer, ninguno   provenía de elección popular

 

           

Los chilenos en el Alto Piura

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            En octubre de 1882, había chilenos en Paita y en el Alto Piura.

 

            Los que habían llegado al Alto Piura, eran parte de la guarnición que Carvallo tenía en Chiclayo.  Se trataba –según el historiador Basadre- de 180 hombres del Batallón Coquimbo al mando del capitán Francisco Antonio  Machuca, los que habían puesto cupos a los habitantes de Jayanca, Motupe y Olmos, pero los pobladores se habían organizado  en guerrillas y ofrecido resistencia ocasionando bajas al invasor.  En cambio los pobladores de Piura no ofrecieron ninguna resistencia, ni tampoco en la capital del departamento, se pudo organizar ninguna fuerza para atacar al invasor que llegaba  en tan pequeño número.  Es que ya empezaban las luchas intestinas, que por muchos años iban a dividir al pueblo piurano, que se banderizó no sólo de acuerdo a diversas tendencias políticas sino más que todo por las profundas rivalidades de la familia Seminario.

 

            El capitán Machuca estableció su cuartel general en Bigote, imponiendo cupos en dinero y en ganado, y lo que los hacendados no quisieron dar al coronel Negrón y a Montero, lo tuvieron que dar a los chilenos que se llevaron 153 reses por el mismo camino por donde habían llegado.  Tanto a Morropón como a Buenos Aires, impusieron 2 500 soles de plata a cada una que los cancelaron los hacendados de esos lugares.

 

            Mientras tanto, los chilenos que ocupaban Paita, dispusieron que Piura pagase un cupo de 100.000 pesos de plata como multa por proteger a desertores chilenos.  Maximiliano Frías y Genaro García en efecto habían enrolado desertores chilenos.

 

            El escritor Vicente Rázuri, en “Evocaciones Norteñas” asegura que el súbdito alemán don Carlos Shaefer, se constituyó a la hacienda Bigote para entrevistarse con los jefes chilenos para evitar mayores males a Piura, y que luego viajó a Paita para hablar con el jefe de desembarco, que no aceptó los pedidos de Shaefer de dejar sin efecto la multa, por cuyo motivo se vio precisado a trasladarse a Lima,  a tratar el asunto  directamente con el contralmirante Patricio  Lynch, jefe de ocupación, el cual dejó sin efecto el cupo.

            Esta intervención del señor Schaefer ante los chilenos está perfectamente probada con una  carta que la señorita Isabel Ramos, secretaria de la Casa Museo Grau, publicó en la revista “Tallán” Nº 5  del Instituto Nacional de Cultura de Piura.

 

             Al iniciarse el mes de noviembre de 1882 era prefecto de Piura don Juan Seminario Váscones que en forma reciente había sucedido a Maximiliano Frías.

 

            Las relaciones entre el prefecto piurano y el jefe del acantonamiento chileno en Paita eran bastante tirantes, a causa de las frecuentes deserciones que se producían entre los soldados enemigos, que se decían eran encubiertas o cuando menos toleradas por las autoridades piuranas.

 

            Los chilenos en Paita estaban allí desde hacía bastante tiempo, y su única preocupación era controlar la Aduana y evitar que por la costa piurana ingresaran armas destinadas a la resistencia.   Los enemigos no se preocupaban de incursionar al interior, no obstante que habían puesto en condiciones de funcionar al ferrocarril de Paita a Sullana.

 

            Para castigar a las autoridades y pueblo de Piura, los chilenos de Paita en atención a órdenes recibidas del comando general de ocupación en Lima, dispusieron el pago de un cuantioso cupo, cuya suma no estaban los piuranos en situación de cancelar.

 

            Fue entonces que en una reunión de vecinos y de autoridades, se dio a don Carlos Schaefer Shon, la difícil misión de conferenciar con el jefe chileno en Paita, para hacerlo desistir de cobrar la multa.

 

            En Paita no se logró nada concreto posiblemente por carecer el jefe chileno de la plaza de las facultades necesarias.

 

            En 1882 estaba casado Schaefer en segundas nupcias con su cuñada doña Mariana Seminario Echandía, hermana del coronel Fernando Seminario Echandía, conocido como el “Gato Seminario”.

 

            Desde Paita, don Carlos Schaefer enviaba a su esposa la siguiente carta.

 

            Payta, Noviembre 28 de 1882.

 

            Mi querida Mariana:

            Son las 3 de la tarde y acabamos de regresar del Cabildo en donde hemos tenido una conferencia de más de una hora con el comandante chileno, dándole todos los datos que podían ser provechosos y favorables a Piura, desvaneciendo con ellos los informes falsos (de Núñez del Arco) que habían proporcionado sobre los desertores.

 

            El extracto, o mejor el resultado de nuestra entrevista, es que el comandante nos ha declarado que considera una mera intromisión la orden de Lynch, sin embargo todo opuesto de dicho general en jefe.  Por esta razón he resuelto ir a Lima para ver si arreglo con Lynch, todo por el bien de Piura, pagando así los intereses de la dicha que me ha hecho Piura y sus buenos habitantes y mis hijos.

 

            ¡Que Dios me asista en mis propósitos!

 

            Parece que todos los Jefes tienen antipatía al Civilismo que en mi concepto es muy natural, pues es el partido que más quiere a su  Patria y desea que menos pierda por la culpa  y los pecados de Piérola, etc, etc.

 

            Adiós ¡mi querida Mariana, después de cumplir con mis sagrado deberes, es más dulce abrazarte a ti y a mis queridos hijos piuranos.

 

            Tu muy affmo. y ss.  Carlos Schaefer.

 

            Si dentro de las 2 de la tarde llega el  arriero portador de esta carta, páguele 50 centavos, si no 2 reales.

 

 

Chilenos toman control de la Aduana de Paita

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            El 20 de junio de 1882, el presidente chileno Santa María, pidió a Lynch un informe sobre la distribución de las fuerzas chilenas  en el Perú.

 

            Lynch hace conocer que en la costa norte del Perú se había producido una epidemia de fiebre amarilla, y que para evitar contagio a sus efectivos dispuso que se cortaran la comunicación con los puertos de esta zona.  En ellos estuvo incluido Paita.

 

            Manifestaba el jefe chileno, que en la bahía de Paita se encontraba surta la corbeta “Chacabuco” con efectivos del Batallón “Victoria”.  Como comandante de la ”Chacabuco” estaba Oscar Viel el marino chileno concuñado de Grau.

 

            Los chilenos habían retornado a Paita el 13 de junio, porque habían asumido el control de todas las  aduanas.  Los chilenos tenían en Sechura un vigilante que controlaba la salida de la sal que se explotaba en el desierto.  En Paita,  en la  aduana tenían a un teniente, que hacía el papel de administrador, un vista de aduana y un guardián.

 

Hacía conocer Lynch,  que por el puerto de Paita se exportaba en cascarilla, sombreros de pita, aceite, cueros, reses, algodón “y otros muchos productos que producen gruesas sumas a los propietarios agrícolas e industriales.  El valor de los sombreros exportados en el último año ascendió a cerca de medio millón de pesos.  Este  importante comercio se activó posteriormente con el restablecimiento del tráfico del ferrocarril a Sullana”.

 

            Muchas cosas se desprenden de este informe de Lynch.  En primer término, la cascarilla seguía siendo un importante artículo de exportación, tanto como lo había sido en tiempos de la colonia.  La producción de sombreros de paja, y no de pita como dice Lynch, era una actividad muy floreciente y para poder apreciar el volumen de la exportación, basta considerar que una paca de algodón valía 25 pesos, que el mismo Lynch cuando hizo la expedición de merodeo en Payta y alzó con todo lo que pudo, valorizó en 100 000 pesos el botín y que al multimillonario Derteano le impusieron un cupo de 100 mil pesos por sus valiosas instalaciones industriales y agrícolas en Chimbote y como no los pagó arrasaron con todo.

También es de notar que Lynch informa haber puesto en circulación el Ferrocarril de Paita a Sullana, que el prefecto Negrón había hecho paralizar.  De tal manera que los chilenos tenían también el control de esta vía.

 

            Dice Lynch: La Caja Fiscal ha mantenido activa correspondencia con los mandatarios superiores de Ica, Guacho, Chimbote, Trujillo, Pacasmayo, Chiclayo, Lobos de Afuera y Paita.  En casi todas esas localidades se cobran las contribuciones de patente, y predios y también se expenden especies valoradas”.

 

            El contralmirante Lynch, pasa luego a dar un informe sobre la situación del Ejército Chileno en el norte del país, manifestando: “La salubridad del ejército ha sido inmejorable durante el presente año en los departamentos del norte, donde el verano anterior había reinado una terrible epidemia de fiebre”.

 

            Aseguraba Lynch que en mayo de 1882 sólo había en los hospitales del norte 64  soldados chilenos enfermos, lo que constituía solamente el 3% del total de la fuerza de ocupación.  Eso significaría que había 2 130 soldados chilenos ocupando el norte.

            De Piura, relata Lynch lo siguiente en cuanto al 1882:  “A pesar de que el Departamento de Piura, anarquizado  desde tiempos atrás, han existido montoneras, no se ha juzgado necesario ocupar  sino el puerto de Paita, para la recaudación de los derechos aduaneros.  Sólo últimamente por motivos especiales se expedicionó sobre la capital”.

 

            Parece que en la ciudad de Piura se vivía en un mundo aparte.  La producción agrícola e industrial seguía normal y los chilenos no creaban problemas para la importación ni para la exportación.  Se contentaban con cobrar los derechos aduaneros que eran cuantiosos.  Mientras Paita era ocupada por el enemigo que también controlaba el ferrocarril a Sullana, en Piura jamás se intentó organizar una fuerza para hostilizar al invasor y este sólo se limitaba a ser espectador de las luchas intestinas y de familia que se producían en la capital del departamento.  Sólo en un momento el coronel Novoa incursionó en forma inconsulta sobre Piura, mereciendo la censura de Lynch.

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