Capítulo XII
 CAPITULO XII

 

LA INVASIÓN DE PIURA POR LOS CHALACOS

 

           

 

 

Ø      La gestión del ministro norteamericano Logan

Ø      Entra en escena el coronel Fernando Seminario Echandía

Ø      Seminario Echandía en la prefectura

Ø      Montero convoca a una Asamblea Nacional en Arequipa

Ø      Se reúne la Asamblea de Cajamarca

Ø      La   invasión de los chalacos

Ø      La lucha entre Iglesias y Puga

Ø      Nueva intervención de Estados Unidos y las grandes potencias

Ø      Iglesias trata de controlar el norte

Ø      Iglesias se entiende con los chilenos

 

 

Gestión del ministro norteamericano Logan

ARRIBA

            En setiembre de 1882 llegaba al Perú el ministro plenipotenciario que Estados Unidos acreditaba ante nuestra patria.  Se trataba de Charles Logan.  A Chile llegaba con cargo similar ante el Gobierno de Santa María, James Patridge.  Los diplomáticos tenían recomendaciones completamente diferentes, en forma tal que cada uno parecía favorable al Gobierno e intereses ante el que estaba acreditado, es decir una política llena de duplicidad.

 

            Logan consideró que lo más indicado era tratar con el presidente cautivo, porque era a pesar de su condición el legítimo mandatario peruano.  Pero Logan se convenció que Chile sólo aceptaría la paz que como vencedor quería imponer y entonces el ministro norteamericano redujo su gestión a convencer al Gobierno Peruano de aceptar esas duras condiciones para poner fin a la guerra.

 

            Logan se entrevistó con García Calderón en Santiago, y le planteó ajustar la paz con Chile cediendo en forma definitiva Tarapacá, vender Tacna y Arica en 10 millones de pesos pagaderos en tres armadas y compartir los beneficios de la explotación del guano en la isla de Lobos.  García Calderón manifestó que no podía tomar decisión alguna  a espaldas de Montero y menos aún estando cautivo, necesitando quedar libre para consultar al pueblo peruano y que por otra parte primero se debería suscribir una tregua antes que entran de lleno a suscribir un tratado de paz.

 

            El Gobierno chileno se negó rotundamente a dejar libre a García Calderón, ni siquiera temporalmente, pero autorizó a que Logan y el presidente se trasladase a Angol, en donde se encontraban el resto de prisioneros peruanos para consultas.

 

            El día 14 de setiembre por tren arribaron  a Angol, Logan y García Calderón.  Encontró a los prisioneros en las peores condiciones que era dable imaginar para personas de esa categoría.  Algunos estaban enfermos, llovía intensamente y casi no había casas en la población  que estaba sujeta a régimen militar debido a la guerra contra los indios araucanos.

 

            El general La Cotera que era uno de los prisioneros, se negó a concurrir a la reunión, porque manifestó que estando prisionero no podía emitir un juicio libremente; por otra parte desconfiaba del enviado norteamericano.

 

            Logan planteó en forma directa y brusca los términos de la paz con Chile, causando entre los prisioneros un sentimiento de estupor, indignación y pesar, todo al mismo tiempo.  Por su parte García Calderón expresó que en su criterio Tarapacá ya estaba perdida, pero que no aceptaba ninguna forma de entrega sobre Tacna y Arica, planteando también el seguir manteniendo la alianza con Bolivia.

 

            Los prisioneros tuvieron que reconocer que la situación era muy difícil y uniformaron su criterio con el de García Calderón.  Logan fracasó al intentar convencer a los prisioneros y más bien le fue entregado un memorando en el que se planteaban las siguientes condiciones de paz:  1.-Ceder Tarapacá a Chile.   2.- Que Chile asumiera toda la deuda referente al guano y al salitre.  3.- Firmar un protocolo sobre el resto de condiciones chilenas para someterlo al Congreso.  4.- Tregua de seis meses.  5.- En caso de que el Congreso peruano rechazara el protocolo, las hostilidades se reanudarían treinta días más tarde.  Este memorándum le fue entregado a Logan por García Calderón el 17 de setiembre después que el ministro norteamericano se había precipitado adelantando a su Gobierno y al de Chile que los peruanos aceptaban las condiciones impuestas por Chile.  Entonces inició Logan toda clase de presiones innobles contra García Calderón sin lograr doblegarlo.

 

            Logan presentó una serie de alternativas sobre la suerte de Tacna y Arica que unas veces fueron rechazadas por los peruanos, otras por los chilenos y algunas por ambos.

 

            El 10 de octubre Chile envía a García Calderón un ultimátum para que acepte un protocolo en el término no mayor de 48 horas, pues en caso contrario destruirían  Lima.  La conducta chilena sólo se podía calificar de infame al dejar sobre las espaldas de García Calderón tanta responsabilidad.  El cautivo firmó el 11 de octubre, pero agregó una serie de condiciones, en forma tal que ese documento se convirtió en un papel más.

 

 

 

Entra en escena el coronel Fernando Seminario Echandía

ARRIBA

 

            El prefecto Juan Seminario Váscones restableció la autoridad del Gobierno Provisorio que obedecía a Montero.

 

            Sin embargo, las actividades que había desplegado con anterioridad Genaro García y Maximiliano Frías ya estaban dando sus frutos, y se había formado un grupo pro paz, que no era muy visible pero que no dejaba de ser efectivo.

 

            En la familia Seminario, la más influyente de Piura y de mucho poder económico por ser propietarios de numerosas haciendas, se estaba produciendo igualmente un deslinde político-ideológico, y en breve cada uno iba a marchar por sendas diferentes, creando un grave daño a la colectividad piurana.

 

            Uno de estos personajes era el coronel Fernando Seminario Echandía, nacido en Tambogrande en 1845 en donde la familia tenía grandes heredades.  Sus padres fueron don Juan Seminario del Castillo y doña María Ignacia Echandía Ramos, lo cual hacía al coronel Fernando, primo de hermano de Grau.

 

            Fernando Seminario optó por la carrera de las armas  siendo muy joven,  llegando a capitán durante el Gobierno de Echenique, habiendo actuado antes a las órdenes de Vivanco.  Cuando Castilla gobernaba el Perú en 1860, Seminario se retiró del ejército y se dedicó a la agricultura.  No fue eso por mucho tiempo.  Cuando en 1865 su tío el coronel Leonidas Echandía se subleva en Piura contra el general Pezet que conducía mal la guerra contra España, el capitán Seminario se reincorpora al ejército sumándose a las fuerzas con las que el coronel Echandía viajó a Lima.

 

            Fernando Seminario estuvo en el combate del Dos de mayo y actuó bajo las órdenes directas del ministro de Guerra José Gálvez. Por eso al producirse la explosión del torreón de La Merced, salvó de milagro, pero salió herido a pesar de lo cual se negó terminantemente a dejar la lucha.  Eso le valió ascensos y ser declarado Benemérito a la Patria, pero terminada la guerra retornó a la agricultura.

 

            Al estallar la guerra del 79  se reincorpora al Ejército con el grado de coronel y en 1882 reaparece en el escenario político departamental, constituyéndose desde entonces en uno de los principales protagonistas de la Historia de Piura por muchos decenios.

 

            Fernando Seminario hizo dos matrimonios primero con su prima Mercedes Echandía del Castillo y posteriormente con doña Carmen Jesús Palacios Portocarrero, dejando una muy numerosa descendencia.  De ellos descienden los García Seminario, los Hilbick Seminario, los Seoane Seminario, los Cuglievan Seminario, los Seminario Cuglievan, los Seminario Wright, los Hilbick Navarrete, los Balarezo  Hilbick y muchas ramas en el extranjero.

 

            Fernando Seminario había visto mal la actitud de Maximiliano Frías de secundar las intenciones pro paz de Iglesias pero no pensó en dar ningún golpe para deponerlo sino que buscó el camino normal, que en este caso era el nombramiento proveniente del mismo contralmirante Montero, para asumir la prefectura de Piura y el comando militar.  En esos proyectos encontró apoyo  en una persona muy importante de Piura como lo era don Joaquín Helguero, amigo del contralmirante Montero.

 

            Seminario viajó a entrevistar a Montero en Arequipa portando cartas de Helguero y enterado el contralmirante de los sucesos de Piura, no titubeó en setiembre de 1882 en extenderle el nombramiento de jefe político y militar de Piura.

 

            Mientras tanto los acontecimientos se habían precipitado en nuestro departamento y Juan Seminario Váscones había depuesto a Maximiliano Frías.

 

            Los primeros días de noviembre, pasaba el coronel Seminario por Pacasmayo que estaba en posesión de los chilenos.  En el mismo lugar estaban ya actuando representantes del general Iglesias, que desde Cajamarca había convocado a una Asamblea Nacional, lo que implicaba un desconocimiento del Gobierno de Montero.

 

            De todo eso tomó nota el coronel Seminario y acondicionó su conducta a la situación del momento, lo que indudablemente no era muy ético.

 

            Al coronel Seminario lo apodaban “El Gato”.  Parece que tanto por la penetración de su mirada, como también por su astucia y actitud felina, que sirvió para hacerse respetar, hasta por los opositores más arrojados.

 

           

 

Seminario Echandía en la prefectura

ARRIBA

 

            El arribo a Piura con el nombramiento que Montero hacía a favor de don Fernando Seminario Echandía  causó tremendo desagrado en Juan Seminario  Váscones, pero como éste se consideraba un seguidor de Montero, no le quedaba más remedio que acatar lo dispuesto por orden superior.

 

            Pero el prefecto saliente Juan Seminario fue enterado que Seminario Echandía se había demorado en Pacasmayo para lograr el nombramiento también de prefecto, pero otorgado por el grupo adicto a Iglesias.  Así premunido de dos documentos habría llegado a Piura, con la seguridad de que, obtendría la prefectura cualquiera que fuera la situación.

 

            Juan Seminario Váscones exigió por lo tanto que el coronel prefecto, se juramentase ante la Corte Superior de Piura, lo que implicaba prometer fidelidad al Gobierno Provisional de Montero.

 

            La Corte Superior de Piura había tenido problemas con Maximiliano Frías, motivo por el cual no se le suponía adicta a Iglesias.

 

            El 17 de noviembre de 1882, la Corte Superior de Piura que acababa de reanudar sus funciones tomó solemne juramento al nuevo prefecto.  Más tarde el coronel Seminario se vio precisado a efectuar un deslinde de su posición política denunciando al general Iglesias por la actitud que se consideraba de traición a la Patria y entreguista al enemigo.

 

            Sin embargo, en Tumbes, el subprefecto Saldarriaga hizo conocer su adhesión a Iglesias lo cual significaba una rebelión contra Montero y contra Seminario Echandía.   Esto sucedía casi simultáneamente con la toma de posesión de la prefectura, lo cual unido a otras situaciones de urgencia, pospusieron la intervención sobre Tumbes, en donde la normalidad, recién fue restablecida en enero de 1883.

 

            Los campesinos de la sierra estaban agitados.  Acusaban a los terratenientes de Ayabaca y de Piura de usurpación y despojo de las  tierras de sus comunidades.

 

            Mientras en el sur, los campesinos enfrentaban a los chilenos formando guerrillas que los hostilizaban y tenían que sufrir las tremendas represalias de los enemigos que incendiaban sus pueblos,  destruían sus campos de cultivo, arrasaban con los ganados, violaban a sus mujeres y masacraban sin discriminación a ancianos y niños;  acá en Piura los hombres del campo que no habían sentido los rigores de la guerra reclamaban contra los abusos, nada justificables por cierto de los hacendados.

 

            Las comunidades de Chalaco, Frías y Cumbicus eran las que se mostraban más agitadas y también los hacendados presentaron quejas al prefecto contra el proceder de los campesinos que ya tenían sus líderes.

 

            Los comuneros nombraron como su representante a Juan Seminario León, que era hijo del prefecto saliente Juan Seminario Váscones.  Cabe suponer que en esto tuvo algo que ver el resentimiento de los primos por el cargo prefectural.

 

            Juan Seminario León concurría constantemente a la prefectura a presionar a su tío para lograr una decisión favorable para sus representados; pero el coronel Seminario no quería precipitarse porque en el otro bando había gente de mucha influencia y también otros Seminario, como don José María Seminario y Váscones, hacendado de Monte de los Padres y que tenía una situación tirante con su hermano Juan por propiedad de tierras y uso de aguas.

 

            Los hacendados  acusaban a los campesinos de comunistas.

 

            El año 1870, el Segundo Imperio Francés que era liderado por Napoleón III perdía la guerra que le había declarado Alemania y que en la historia se conoce como guerra franco-prusiana.

 

            Como consecuencia de la debacle francesa, se produjo en el pueblo de París una reacción, que llevó al dominio de la situación de las comunas, bajo la misma ocupación del enemigo.  Siguió entonces una sangrienta guerra civil, al final de cual los “comunistas” como se hacían llamar los comuneros, fueron vencidos y ferozmente reprimidos.

 

            En Alemania el judío Carlos Marx, se mostraba partidario de la victoria alemana con la esperanza que su doctrina autoritaria se impusiera al comunismo anti-estatista y anti-autoritario que era preconizado por los comunistas franceses de la Internacional, la que quedó disuelta en el V Congreso reunido en La Haya.  Los piuranos temían por lo tanto que en el departamento se repitieran los sucesos de Francia.

 

 

 

Montero  convoca a Asamblea Nacional

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            Habiendo reorganizado su gabinete el contralmirante Montero, convocó el 14 de octubre de 1882 a elecciones para la formación de una Asamblea Nacional en Arequipa.

 

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Las elecciones debían de celebrarse el 9 de diciembre y con eso satisfacía un pedido que también le había formulado el general Cáceres, cuando el contralmirante pasó por Tarma.  Montero lanzó un manifiesto a la nación en el que expresaba que su condición de Presidente Provisorio no le daba  facultades para iniciar ni aceptar ningún acuerdo de paz con el enemigo, pues consideraba que eso sólo era facultad del Congreso.

 

            Montero, queriendo actuar siempre con lealtad hacia el aliado boliviano, viajó en noviembre a Bolivia en donde se entrevistó con Campero, a cuyas órdenes había actuado en la batalla del Alto de la Alianza.  El mandatario boliviano prometió continuar con su alianza con el Perú.  También trató Montero con Campero  sobre la posibilidad de suscribir un armisticio con Chile.

 

            Al retornar el contralmirante a Arequipa, se encontró con que Mr. Logan le había enviado una carta fecha el 13 de noviembre.  Trataba de convencerlo de la conveniencia de aceptar las ofertas chilenas y buscaba presionarlo haciéndole conocer que Piérola estaba por llegar del extranjero y que Chile podría perfectamente firmar con el caudillo la paz o también con Iglesias.  También decía Logan que Bolivia por intermedio de su Congreso estaba dispuesta a aceptar una tregua y que Chile podría radicalizar su actitud e imponer condiciones más duras al Perú.  En opinión de Logan no era necesario esperar la convocatoria de un Congreso para tomar una actitud a favor de la paz.

 

            Esta carta causó pésima impresión en Montero, pero en vista de tratarse de un importante documento decidió consultar con su gabinete, tras lo cual recién el 21  de diciembre, el  almirante le da respuesta.  En ella decía Montero, que cualquier base de paz debía ser discutida con el presidente García Calderón para lo cual debía ser previamente liberado.  No compartía el criterio de Logan según el cual el funcionamiento de una Asamblea Nacional significaría la cesación de la autoridad de García Calderón.

 

            Logan cometió la indelicadeza de publicar la carta del 13 de noviembre en el “Star and Herald” de Panamá casi simultáneamente con la recepción de ella por Montero, y fue así como García Calderón se enteró de este asunto.

 

            La carta de Logan por otra parte hacía conocer claramente que Iglesias en Cajamarca podía ser aceptable para los chilenos, lo cual muestra que ya era de conocimiento público las intenciones de este general de tratar con los invasores.

 

           

 

La Asamblea de Cajamarca se reúne

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            El 8 de diciembre se instalaba en Juntas Preparatorias  la asamblea convocada por Iglesias.  El 25 del mismo mes inició sus sesiones presididas por Vidal García García y no perdieron tiempo en principiar  a dar leyes a pesar de no tener ninguna representatividad.

 

            Fue así como el 30 de diciembre expidió una ley de acuerdo a la cual el Poder Ejecutivo estaría a cargo de un presidente regenerador de la República y lo secundaría un ministerio  responsable.  La Asamblea de Montán, porque en esa hacienda se reunían los representantes, autorizó la concertación de la paz con Chile; daba al presidente amplias facultades para suscribirla, que un Congreso Constituyente   a convocarse debía de ratificarlo, debiendo formar parte del mismo los integrantes de la Asamblea de Montán.  Es decir que no olvidaron de asegurar su situación futura.  El mismo día 30 el general Miguel Iglesias es elegido presidente regenerador, pero cumpliendo lo que se estila en estos casos no aceptó el cargo pero a tanto ruego, se decidió al fin por asumir la presidencia que se le otorgaba y cuatro días más tarde nombraba a su hermano el coronel Lorenzo  Iglesias como  ministro  Único.  Todo quedaba en casa.

 

            Demás está decir que en Piura desde los primeros días de diciembre el prefecto Seminario Echandía denunció a la Asamblea de Montán como espuria. Se llegó a conocer que muchas firmas que aparecían en las actas de adhesión habían sido fraguadas como las de Romualdo Rodríguez y de Víctor Eguiguren, y este llegó a escribir a Montero que tan burda había sido la maniobra que aparecía como firmante en días que se encontraba en los Estados Unidos.

 

            En Piura se supo la proclamación de Iglesias, sólo días más  tarde, precisamente cuando la capital del departamento vivía sangrientos y dramáticos momentos.

 

            En los primeros meses de su gestión prefectural, Seminario Echandía siguió una política dubitativa en forma tal que el general Romualdo Rodríguez lo acusó de contemporizar con los iglesistas y permitirles la recolección de firmas.

 

 

 

La invasión de los chalacos

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            En enero de 1883 la situación política se había tornado muy confusa.  Los grupos iglesistas adictos a Maximiliano Frías, Genaro García y otros, se mostraban muy activos haciendo firmar actas de adhesión en diversos pueblos del departamento.

 

            Aprovechando del estado de ánimo de los campesinos de las comunidades serranas, les aseguraban que el general Iglesias atendería sus justos reclamos reivindicativos de tierras.

 

            En Chalaco y en Frías se notaba la presencia de agitadores extranjeros entre los que se contaba  un francés, Bauman de Metz, mentor de Juan Seminario.

 

            Los reclamos de tierras de los comuneros serranos, fueron utilizados como instrumento para desfogar los odios familiares y para respaldar intereses políticos.

 

            En enero, grupos campesinos habían tomado numerosas  tierras en la región de Morropón, tras de sangrientos enfrentamientos con los hacendados propietarios.

 

            Dos hijos del ex -prefecto Juan Seminario y Váscones se aprestaban a tomar parte de inmediato en los acontecimientos que iban a conmover el departamento.  No se puede entonces hablar de coincidencias sino  de planes bien meditados.

 

            A principios de enero de 1883, Teodoro Seminario León incursionaba con un grupo armado de montoneros por los pueblos del Alto Piura.  Concibió entonces la intención de apoderarse de la ciudad de Huancabamba.  No debía de olvidarse que esta provincia era vecina del departamento de Cajamarca en donde el general Miguel Iglesias acababa de instalar un nuevo Gobierno.

 

            Autoridades distritales, enviaron aviso a Huancabamba de que los montoneros se dirigían hacia la capital provincial.  Las campanas tocaron a rebato y la población alarmada se congregó en la plaza de armas, siendo informados que de un momento a otro podrían aparecer los montoneros.  Enterados que el grupo armado era pequeño, resolvieron defender la ciudad. De inmediato se improvisó una columna que se armó con escopetas, revólveres y armas cortas para la posibilidad de una lucha cuerpo a cuerpo.  Al frente del  doctor Félix Manzanares, salieron al encuentro de Teodoro Seminario que estaba aún al otro lado del río en la zona de Quispampa.  Tras una corta refriega y en vista del elevado número de defensores y sobre todo de la decisión que tenían de no dejarles pasar, no le quedó más recurso a Seminario León, que regresar por donde había venido.

 

            Mientras tanto  Juan Seminario  León se había trasladado a Chalaco y allí informó a los comuneros del fracaso de sus gestiones ante el prefecto el coronel  Fernando  Seminario, por lo cual resolvieron organizar una marcha sobre Piura.

 

            La columna fue toda montada, armados con carabinas y otras armas de fuego, así como también armas blancas.  Sus jefes  eran el propio Juan Seminario  León, el comunero   Vicente García que se asegura había peleado contra los chilenos en la defensa de Lima y los hermanos Lorenzo y Julián Sandoval.  La columna la constituían un poco más de un centenar de jinetes.

 

            El prefecto Fernando Seminario tuvo conocimiento, del avance de los chalacos por cada  pueblo.

 

            Por fin el 27 de enero, los chalacos habían llegado a las haciendas del norte inmediatas a Piura.  Al caer de la tarde, el prefecto coronel Seminario, en lugar de salir con la guardia a dar encuentro  a los comuneros, más bien salió por el lado opuesto.

 

            Esa noche, los piuranos durmieron sin soldados que los protegieran, y las puertas fueron cerradas a tranca y cerrojo.  Parece que los chalacos supieron que el coronel prefecto había evacuado la ciudad y creyeron  que huía.

 

            A las 5 de la mañana, del día 28 cuando los piuranos aún permanecían en sus lechos, los chalacos irrumpieron en medio de gran algaraza por la Cruz del Norte, prorrumpiendo vivas a su comunidad. Los mangaches nada hicieron por oponerse al tropel tumultuoso, que tras de avanzar hacia la prefectura, se dirigieron a la plaza de armas y en ningún lugar y tampoco en las calles encontraron gente.  Se distribuyeron entonces por diversos lugares para desayunar, pero la mayoría penetró a la fuerza en los establecimientos en donde los letreros anunciaban que se vendían licores.  La mayor  parte penetraron  al establecimiento de don Federico Ramos, para lo cual rompieron la puerta.  Bien pronto los chalacos se encontraban completamente embriagados lo cual fue de conocimiento de don Fernando Seminario, por los espías que éste había dejado en la ciudad y que le comunicaban todo lo que hacían los comuneros.

 

            El prefecto se había apostado y pernoctado a poca distancia de Piura esperando el momento propicio  para actuar.

 

            Cuando creyó llegado el momento, ingresaron haciendo disparos, por diferentes lugares.  Los chalacos fueron tomados de sorpresa y sin tener plan alguno para resistir a fuerzas cuyo número desconocían pero que se les echaban encima por todas direcciones.

 

            Se entabló una sangrienta lucha en las calles, en algunas cantinas y los comuneros mostraron en esos momentos una bravura a toda prueba.  Los chalacos lograron irse agrupando y se formaron varios focos de resistencia, pero fue en la plaza de armas en donde se dio la verdadera batalla.

 

            Los chalacos habían llegado a ella y defendían los diversos accesos en forma desesperada.  El sector que miraba a la calle Libertad en la esquina en donde  hasta en la década del treinta del siglo XX estuvo el Mascarón de Belén, los chalacos se habían hecho  fuertes al mando de Juan Seminario León.

            El coronel Fernando Seminario, había dispuesto que ese lugar fuera atacado por     su ayudante el joven Teodoro Carrasco Moreno.  Este tenía sólo 22 años pero ya en San Juan y Miraflores  cuando era un adolescente había demostrado en el Batallón Piura que era todo un valiente.  También Carrasco iba en una buena cabalgadura, y toda la noche la había pasado en el vivac que había improvisado el coronel prefecto a las afueras de Piura.

 

            Cuando Juan Seminario había  ido a la prefectura semanas atrás para pedir a su tío que atendiera a los chalacos, había recibido trato cordial del joven Carrasco y había simpatizado con él, por su espíritu franco y amigable.  Grande fue pues su asombro al darse cuenta que era el jefe del grupo atacante.  Don Juan entonces se le encaró y le dijo ¡Cómo mocoso!  ¿Tú también aquí?

 

            El tratamiento de mocoso no gustó a Carrasco que después de todo era ya un veterano de San Juan y Miraflores.  De tal manera que guardando la compostura del lenguaje que en esos tiempos se acostumbraba para con las gentes mayores, le respondió lleno de amor propio:  Sí don Juan, como Ud., para combatir como hombres”.

 

            Seminario León comprendió que las palabras sobraban y ambos contendores se aprestaron a luchar como hombres, frente a frente.  Aprestaron sus armas y los disparos salieron en forma simultánea y dieron en el blanco.

 

            Carrasco murió en el acto.  Seminario  León, resultó mal herido y cayó del caballo, en forma penosa se arrastró y se apoyó en las paredes del Hospital de Belén.  Fue entonces que se abalanzó sobre él un negro mangache apodado “Chochoca” y con ventaja lo ultimó.  Así a pocos metros  uno de otro quedaron dos valientes.

 

            Días más tarde, el terrible Teodoro Seminario, buscó a “Chochoca” y lo mató para vengar la muerte de su hermano.  Las autoridades, es decir el mismo don Fernando, nada hicieron para   sancionar a quien se hacía justicia por su propia mano.

 

            Mientras por un lado se producía el duelo de Carrasco con Seminario, por otro extremo de la plaza, el coronel prefecto hacía retroceder a Vicente García y  a sus lugartenientes los hermanos Sandoval.

 

            Los chalacos habían perdido ya mucha gente, mientras que otros en pequeños grupos y luchando contra sus perseguidores lograron salir de la ciudad.  La treintena de comuneros que estaba  al mando de García se replegaron al sur de la plaza y como por ese lado encontraron que la vía estaba libre por la calle Libertad, un buen número de ellos retrocedió  por ese lado y se atrincheraron en una amplia casa que estaba en la esquina con la transversal Apurímac (atrás del actual  edificio de correos, año 2.007)).  Los comuneros se habían desprendido de sus cabalgaduras.

 

            Las huestes del prefecto siguieron  a los chalacos y los sitiaron.   Las descargas de las armas de fuego se prolongaron por un buen rato,  hasta que los atacantes mandados por los hermanos Aguirre Condemarín, por el morropano Catalino Gonzáles y por Francisco Seminario Gallo; decidieron poner fuego a la casa para obligar a sus defensores a salir.  Eso no fue difícil por cuanto los techos eran de paja revestidos de barro.

 

            Bien pronto el fortín de los chalacos se convirtió en una hoguera pero sus defensores  seguían en la brega y así estuvieron  un buen rato.

           

Los Aguirre Condemarín eran los mellizos Ciriaco y Manuel,  comúnmente conocidos como “Los Cuyuscus”.  Eran en Piura personajes muy populares que sabían rasgar muy bien la vihuela (guitarra) y repiquetear el cajón.  Infaltables en las grandes jaranas que organizaban los señores piuranos de la época. Eran negros valientes nacidos en la “gallinacera”, pero que en ese tiempo cuando aún los enconos políticos no habían dividido a las familias piuranas, ellos se mostraron muy adictos  al coronel don Fernando.  Manuel murió en 1935  y Ciriaco en 1942.

 

            De los otros dos, es decir de Francisco Seminario  Gallo y de Catalino Gonzáles, se ocupó el historiador ayabaquino don Manuel Vegas Castillo.

 

            Era Francisco  Seminario hombre muy tranquilo y devoto, que se había criado en el domicilio de las señoritas Salazar a quienes conocían en esa  época por  “Las Limeñas”, personas muy religiosas y que frecuentaban con Francisco los sacramentos.  Nadie podía creer que Francisco estuviera envuelto en esas cruentas luchas callejeras.  Catalino Gonzáles era un morropano, que se había alistado en las huestes del prefecto, al saber que con los chalacos venía Vicente García al que quería cobrar una cuenta de sangre, pues culpaba a García de ser el matador de su cuñado Morey en el curso de una incursión comunera que García había hecho en Morropón.

 

            En la casa de la  esquina de las calles  Libertad-Apurímac, los chalacos tenían ya algunos muertos y varios heridos.  Además las municiones se les agotaban y el humo hacía irrespirable el ambiente, corriendo por otra  parte el riesgo de quedar todos abrasados porque no había como combatir el fuego. Ante tal situación y contra lo que era su costumbre, decidieron rendirse, y fue García el encargado de comunicar tal resolución a los sitiadores.

 

            En medio del asombro de los piuranos, pues unos se habían hecho presente como curiosos y otros como combatientes, apareció en la puerta Vicente García imponente en su derrota que no le quitaba su aire de soberbia y hasta de reto.  Tenía la ropa chamuscada y hecha jirones, la cara hinchada por las quemaduras y cubierta de sangre por las heridas.

 

            Los hermanos Aguirre Condemarín resolvieron  aceptar la rendición de García.  Era un valiente y ellos admiraban a los hombres así.  Lo tomarían prisionero y lo llevarían ante el coronel don Fernando.  Por desgracia, en esos momentos, el jefe chalaco levantó el puño y con potente voz gritó:  ¡Viva la comunidad!”.

 

            Era en realidad un reto.  Los sitiadores repuestos de la sorpresa replicaron “Viva Seminario Echandía”.  Catalino Gonzáles, se adelantó  entonces y plantándose ante Vicente García le  gritó: “¡Viva el Prefecto!” y uniendo la acción a la palabra disparó certero balazo.

 

            A continuación salió un grupo de chalacos, y Seminario Gallo tomó el comando de los atacantes.  Apostó a los chalacos que se habían rendido, contra la pared y ordenó en medio  del general asombro que  fueran fusilados.  Fue obedecido.

 

            En esos momentos salía otro grupo de chalacos de la casa que se había convertido en una tea, y Seminario Gallo trató de repetir el fusilamiento.  En la confusión que eso produjo, algunos chalacos lograron  escapar y  tras de ellos fueron un buen número de sitiadores.  Otros chalacos más cayeron bajo el pelotón de fusilamiento.

 

            Los “cuyuscos” que no aprobaban esta matanza, porque ellos consideraban que la hombría era matar  luchando, enviaron  recado al coronel don Fernando que se encontraba en la plaza de armas tomando diversas disposiciones.  Llegó don Fernando cuando  la macabra labor de Seminario  Gallo quedaba de manifiesto en la veintena de cadáveres de comuneros arrumados contra la pared.  El  prefecto dio garantías  a los pocos chalacos que aún estaban en la “Casa Quemada” con varios heridos y dispuestos ya a morir abrasados, pero no rendidos y fusilados.

 

            Entre los que habían logrado huir estaban los hermanos Sandoval.  Avanzaron por la calle hoy Apurímac, con dirección a la calle del Playón en donde otros chalacos parecían haberse hechos fuertes.  Al frente de los perseguidores  iba el soldado Manuel Taboada que con los hermanos Sandoval intercambiaban disparos de rato en rato, pero a éstos se les terminaron las balas, quedando en inferioridad de condiciones.  Así llegaron hasta la calle Los Ángeles (Junín) y siguieron hacia el sur de la ciudad en plena “gallinacera” y donde ahora es la transversal Tumbes, fue alcanzado Julián y allí quedó muerto.  Su hermano        Lorenzo ya herido y muy fatigado fue alcanzado nuevamente y quedó mal herido, siendo auxiliado en sus últimos momentos por varios vecinos.

 

            Mientras tanto Manuel Taboada al retornar a su base se encontró con otro grupo de comuneros que merodeaban por el lugar, y habían presenciado la implacable persecución.  Llenos de deseos de venganza, utilizaron las armas en las que eran más diestros, los puñales, y cosieron y tasajearon horriblemente a Taboada.

            En el sitio donde cayeron los chalacos, las gentes de espíritu cristiano levantaron dos cruces que frecuentemente recibían ofrendas de flores y de cirios.

 

            Cuando se celebraba  la festividad de la llamada Cruz de Chorrillos, se hacía objeto de veneración a estas cruces.  En el sitio donde se levanta en la actualidad el centro educativo de la calle Junín,  sector Sur, estaba una de esas cruces que por muchos años cuidó el director del plantel don Juan Arteaga.  La otra Cruz estaba en la transversal Tumbes.

 

            El resto del día, constituyó una penosa labor para el prefecto.  Había cadáveres por todas partes, pero sobre todo en la plaza de armas y frente a la “Casa Quemada”, que fue como se llamó desde entonces el inmueble de la esquina Libertad-Apurímac.  Frente a esta casa vivía la familia Frías, pero el coronel Maximiliano  en esos momentos estaba en Cajamarca.  Fallecería en esa su casa  en 1910.

 

            Los muertos sumaban decenas, más del bando chalaco.  Los numerosos heridos repletaron el Hospital de Belén.  Los sepelios mostraron  que ya las familias piuranas se encontraban más separadas que nunca.  Había de por medio mucha sangre.

 

            El 28 de enero de 1883, fue sin duda un día triste no sólo para Piura sino para el Perú entero.

 

            Se había derrochado sin duda alguna mucho valor, pero esa bravura y las muertes que costaron debieron ser usadas en mejor causa, sobre todo en momentos en que teníamos al invasor en el territorio nacional y en el sur se luchaba y moría por la Patria.

 

            Piura, que parecía no haber sentido los efectos de la guerra, se entregaba a una absurda guerra civil, cuando los chilenos en esos momentos estaban en Paita.  Se actuaba como si la guerra no fuera con nosotros, como  si en el resto del Perú no pasara nada o no fuéramos integrantes de ese país tan dolido.

 

            Los odios se habían exacerbado y pronto nuevos hechos volverían a teñir de sangre piurana a todo el departamento.  Parecía como si un estado de locura colectiva se hubiera apoderado de los piuranos.

 

            En otras circunstancias, las demandas de los comuneros chalacos, hubieran sido consideradas sin duda muy justas, pero cuando menos no era el momento.

 

            Otra interrogante que muchos debieron hacerse era ¿Cómo fue posible que un hombre tan tranquilo como Francisco Seminario Gallo, que era devoto y católico practicante se  hubiera transformado de un momento a otro en un chacal sediento de sangre?

 

            Posiblemente en lo más profundo del alma humana sobrevive el animal que fuimos y que la cultura de milenios ha sujetado pero no destruido.  Basta entonces cierto estímulo para que afloren esos atavismos que creíamos habían ya desaparecido y la fiera que en realidad somos vuelva a hacerse presente.

 

            Parece que la lucha  entre seres humanos, genera una especie de locura homicida y que la vista de la sangre, en lugar de causar horror, sólo contribuye a excitar más al individuo. Eso lo hemos visto recientemente con Sendero Luminoso .

 

            Seguramente ciertas presiones psicológicas, al actuar como estímulos  más  intensamente en personas emocionalmente inestables o menos equilibradas, las empujan a cometer actos que normalmente no harían.

 

            Así como fisiológicamente el organismo, abre o cierra válvulas de conductos o canales excretores para impedir la salida de determinados líquidos orgánicos cuando otros están  evacuándose;  así también en el mundo anímico del individuo, cuando la mente se obnubila impidiendo toda capacidad de razonamiento, de lógica y de altruismo; deja abierta las vías para que aflore todo lo negativo y ese primitivismo que sólo parece dormido en nosotros.

 

            En la misma forma que determinados estímulos  altruistas  contribuyen a la sublimación de los instintos y nos llevan ejecutar actos heroicos, de mucho sacrificio  o de gran nobleza; así también otras situaciones ejercen presiones psicológicas en sentido contrario.  Por ejemplo, la sensación de peligro o el temor, actúan negativamente sobre el instinto de propia conservación y en su afán de sobrevivir, el hombre no se detiene a examinar los medios, porque la situación le lleva a un dilema muy elemental, que le deja una sola alternativa: o matas o te matan.

 

            Eso podría explicar, aunque nunca justificar, por qué  se actúa con tanta sevicia en las acciones terroristas y anti-terroristas; sobre todo de parte de gente joven, que por el sólo hecho de serlo se les supone generosos y desprendidos; en especial las mujeres que por su propia  naturaleza deben ser delicadas y con mucha mayor sensibilidad.

 

            En la lucha por la vida, nunca un animal y sobre todo una fiera es más peligrosa que cuando se siente amenazada y peor aún si está herida.  En situaciones análogas, el hombre no se diferencia mucho de otros seres de la escala zoológica y en el mundo violento en el cual estamos viviendo, el hombre se ha convertido en auténtico lobo del hombre.

 

 

 

Lucha entre Iglesias y Puga

ARRIBA

 

            Cuando se dio la acción de San Pablo en Cajamarca, Iglesias acababa de derrotar a las fuerzas de don José Mercedes Puga que desconocía su autoridad.  Pero Puga no había sido destruido y nuevamente se rehizo estableciendo su cuartel general en la localidad de San Marcos.

            El 15 de enero de 1883 cuando acababa de ser nombrado presidente regenerador por la Asamblea de Montán, el general Miguel Iglesias envía al prefecto coronel Manuel Callirgos Quiroga a reducir a Puga.  En la expedición iba el mayor Eloy Callirgos hijo del prefecto que murió en la refriega de La Bachota en donde fue derrotado Puga.  El coronel Callirgos lleno de dolor y deseos de venganza, incendió a todos los pueblos que encontró a su paso; pero tampoco en esta oportunidad logró destruir a Puga, que con la gente que le quedaba se internó en un lugar seguro.

Desde allí Puga mandó ante el general Cáceres, una delegación presidida por el capitán Romero Flores, el cual al llegar a Huaraz dio a conocer a las autoridades caceristas de ese lugar, que Puga reconocía al Gobierno  Provisorio de García Calderón, Montero y Cáceres. 

 

            Cáceres indignado con la conducta de Iglesias, procedió a su destitución como Jefe Político y Militar del Norte que era el único  cargo que hasta el año 1883 se le había reconocido  y nombró al coronel Isaac Recavarren como Jefe Militar del Norte con  sede en Huaraz y a don Jesús Elías como jefe  político de la misma zona.  Este procedió a deponer a los prefectos nombrados por Iglesias y en su lugar nombró a Puga tanto como prefecto de Cajamarca, como también como jefe militar del departamento.

 

            Rehechas las fuerzas de Puga, vuelve a ocupar San Marcos.  Mientras tanto  el general Iglesias salía en febrero hacia Trujillo controlado por los chilenos y en lugar de Callirgos dejaba como prefecto de Cajamarca al coronel Agustín  Iturbe.

 

            Este buscó entrar en tratos con Puga y envió una delegación a San Marcos la que fue rechazada  en forma enérgica por no querer “tratos con  traidores a la Patria”.

 

            Temeroso Iglesias de una unión de las fuerzas de Cáceres con Puga, retornó a Cajamarca, mientras que el  Héroe de la Breña seguía hacia el norte para intentar llegar a Cajamarca y establecer enlace con Puga.  El 10 de julio Cáceres  es derrotado por los chilenos en Huamachuco y el general Iglesias libre de esa peligro lanza todas sus fuerzas  contra Puga el que se ve precisado a internarse en el Marañón.

 

            Iglesias consideró que ya podía seguir adelante con sus negociaciones de paz por no existir opositor.  El infatigable Puga, reunió nuevamente a su gente y ocupó casi todo el departamento de Cajamarca, menos a su capital.

 

            Una de las primeras medidas dictadas por Iglesias al ser elegido presidente regenerador, fueron las de dar los pasos necesarios para tomar  contacto con las autoridades de más alto nivel en Lima. Fue por eso que en enero de 1883 nombró  a su cuñado Mariano Castro Zaldívar como su representante.

 

 

 

Nueva intervención de Estados Unidos y las grandes potencias

ARRIBA

 

            En enero de 1883 llegó a Lima un nuevo ministro norteamericano.  Se trataba de James Partridge, el cual planteó a Lynch su deseo de entrevistarse con Montero para reconocerlo formalmente como presidente del Perú, tratar con él el nombramiento de cónsules norteamericanos en diversos lugares del país y convocar a una reunión con representantes de las grandes potencias para inducir a Montero  aceptar la paz con entrega de Tarapacá a Chile y de Tacna y Arica al Perú.  Como se puede apreciar, con  eso salía perdiendo el Perú. Tampoco Chile aceptó.  Entonces el representante norteamericano convocó en Lima a una reunión a los representantes de Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y España.  En opinión del ministro francés, se debía de obligar a Chile aceptar la paz  con sólo la entrega de Tarapacá y dejar el futuro de Tacna y Arica,  para posterior acuerdo, retirándose el ejército chileno, de inmediato al sur de Tacna y Arica.  Era natural que así pensara Francia porque Alemania le acababa de arrebatar Alsacia y Lorena y por eso el delegado alemán se abstuvo de suscribir el acuerdo.  Fatalmente  el Gobierno de EE.UU. desautorizó a Partridge porque la participación de las potencias europeas era contraria a la doctrina de Monroe, pero EE.UU. presionado por las circunstancias hizo conocer a Chile que resolviera el problema lo más pronto posible anexándose Tarapacá, dejando para después el problema de Tacna y Arica, y tratar con cualquier caudillo peruano la paz.  

 

 

 

Iglesistas y la traición del Coronel Vento.

ARRIBA

            En enero de 1883, la situación se presentaba favorable para lograr una paz con Chile menos drástica de la que había estado planteando.

 

            En el frente externo, las grandes potencias cansadas ya de la prepotencia de los chilenos querían intervenir para obligarlo por la fuerza a aceptar la paz con la sóla entrega de Tarapacá.  Estados Unidos que no deseaba que los poderosos países no americanos intervinieran en los asuntos continentales, resolvió reasumir la iniciativa y notificó a Chile para que tratara de suscribir de inmediato la paz con un caudillo peruano bajo la entrega de sólo Tarapacá.

 

            En el frente interno, Cáceres estaba en posesión de la sierra del centro de Ancash con la ayuda de 200 rifles Remington, vestuario y cañones que le había enviado Montero desde Arequipa, pensaba incursionar sobre Lima, para lo cual tenía como fuerza de avanzada en Canta, al coronel Manuel de la Encarnación Vento que se había distinguido en las últimas acciones de la sierra central contra los chilenos.

 

            Vento era un hacendado con grandes propiedades en esa provincia limeña.  Tan pronto como el cuñado del general Iglesias, don Manuel Castro Zaldívar llegó a Lima tomó contacto con el jefe chileno Lynch y envió al coronel Vento a un señor Benavides como comisionado especial.  Luego convenció a la señora Vento que se encontraba en Lima, de la conveniencia de reconocer al general Iglesias y en compañía del coronel José Santos Anduvire viajó a Canta para hablar con su marido, contando con salvoconductos chilenos.

 

            Vento viajó entonces a Lima y allí se entrevistó con Castro Zaldívar y otros personajes que estaban por la paz con Chile.  Se le hizo conocer un plan que consistía en lo

siguiente

1.      Vento con sus fuerzas y con el coronel Anduvire, marcharían sobre Huaraz que tenía un prefecto nombrado por Cáceres, y colocaría en su lugar al coronel Anduvire, con lo cual Cáceres quedaba imposibilitado de incursionar sobre Lima como se lo estaba proponiendo.

 

2.      Estando Cajamarca bajo control de Iglesias y también en posesión de Ancash por el ataque de Vento; los chilenos bajo el pretexto de la fiebre amarilla dejarían en forma escalonada La Libertad y Lambayeque, que ocuparían las fuerzas de Iglesias y de Vento.

 

1.      Sólo quedaría el departamento de Piura aislado, en el cual se haría una activa campaña pro-paz y se trataría de tomar el poder por los propios medios de los iglesistas cuyo número crecía en Piura, lo que se conseguiría pronto por estar aislado.

 

Vento para convencerse  que los chilenos habían aceptado este plan, se entrevistó con Lynch, y debió tener respuesta favorable porque retornó a Canta decidido a traicionar  a Cáceres.

 

            Como se puede apreciar, la firma de actas y de adhesiones a Iglesias en Piura, así como las incursiones de los chalacos y el ataque de Teodoro Seminario a Huancabamba, no eran hechos aislados, sino parte de un plan global, para controlar toda la región norte, y pactar la paz con los chilenos en la forma que los invasores lo querían.

 

            Cáceres tuvo conocimiento de todo lo que tramaba Vento y con 4 cañones y 400 soldados sorprendió el 5 de febrero a Vento que con 300 hombres se encontraba en Canta. Cáceres trató de convencer infructuosamente a Vento que se le uniera, pero al  ser rechazado hizo entrar en acción a la artillería.  De inmediato los soldados de Vento se desbandaron y éste con unos pocos se refugió en el pueblo de Huamantanga.  Los soldados de Vento se unieron a Cáceres con sus armas y éste quedó en posesión de Canta; mientras los chilenos enviaban al coronel León en su auxilio, pero lo único que pudo hacer fue regresar con el tránsfuga a Lima.

 

            Cáceres dispuso entonces que el coronel Recavarren con una pequeña fuerza se dirigiera a Huaraz para apoyar a los adictos que allí estaban.  Con el fin de facilitar  esta operación, Cáceres distrajo la atención de los chilenos, bajando con 600 hombres al puerto de Chancay en donde había una guarnición chilena del Batallón Aconcagua al mando del capitán Juan Vicente Otero.  Eso ocurría el 2 de abril, y los chilenos se refugiaron de inmediato en un barco de su flota.  Entonces Lynch envió a tres buques al coronel Arriaga con 1 400  hombres y cuatro cañones Krupp de montaña, pero los peruanos estaban otra vez rumbo a Canta.         

 

           

 

Iglesias se entiende con los chilenos

ARRIBA

 

            El 25 de enero, Manuel Castro Zaldívar, desde Lima escribía a su cuñado el general Iglesias dándole cuenta de sus  gestiones en la capital de la República a donde había llegado pocos días antes.

 

            Castro Zaldívar actuó con mucha diligencia pues el lunes 22 se había entrevistado con el chileno Jovino Novoa, que el Gobierno de Santiago  había acreditado en Lima para todo lo que fuera necesario, para celebrar negociaciones de paz.

 

            Castro Zaldívar informaba a Iglesias que había hecho  conocer a Novoa los acuerdos de la asamblea y todo lo que el presidente regenerador había hecho hasta ese momento, y que al chileno le había parecido que estaba bien.

 

            Solicitó también Castro Zaldívar, la desocupación de parte de los chilenos de todos los puertos, desde Paita hasta Supe lo cual se le había ofrecido. 

 

Luego había planteado  que Chile diera libertad al doctor José Antonio García  y García y a don José Antonio Lavalle que estaban prisioneros en Angol, pero a  eso Jovino Novoa no había “puesto buena cara”, pero aceptó que Castro Zaldívar enviase a dichos desterrados una carta en un transporte enemigo que estaba por zarpar.  A continuación le cuenta a su cuñado todos los tratos con el coronel Vento.

 

En una nueva carta del 15 de febrero, Castro hace conocer la derrota de Vento ante Cáceres y expresa su esperanza  que los chilenos logren copar al Héroe de la Breña y destruirlo, para así unificar el norte y el centro bajo el Gobierno de Iglesias, y le anticipa que pronto se editará un periódico que apoyará a la Regeneración.  Se trataba de “El Pueblo” que tendría mala acogida en Lima.

 

Los primeros días de abril, Julio Santiago Hernández, viajaba de Cajamarca a Lima llevando carta de Iglesias a su cuñado Castro Zaldívar.  Parece que Hernández como hombre de confianza de Iglesias,   sirvió en muchas oportunidades como correo.  En Cajamarca, en Piura y en Huaraz había dado gran apoyo con Maximiliano Frías a los proyectos de Iglesias.

 

En Lima se reunieron, Lavalle, Hernández y Castro Zaldívar, y acordaron demandar que cuanto antes los chilenos entregasen los puertos a los iglesistas, cuando menos Pacasmayo, pues tenían la sensación que el delegado chileno Jovino Novoa, estaba poniendo en práctica tácticas  ditalorias.  Castro Zaldívar manifestaba que no quería ver perdidos sus infatigables trabajos de ocho meses.

 

Es decir, que desde agosto de 1882 estaba en los empeños de lograr la paz con los chilenos aún aceptando las durísimas condiciones que el enemigo oponía, y bien pudo ser uno de los inspiradores del Grito de Montán.

 

Desde el 27 de marzo se habían estado discutiendo en Chorrillos los puntos que debían de constituir las bases del futuro tratado de paz.  Lavalle que representaba al Gobierno de Iglesias en esas reuniones, observó primordialmente dos puntos del mismo.  Primero era lo referente a la entrega de Tacna y Arica y en segundo término lo referente al pago de la deuda peruana.

 

Proponía Lavalle que Tacna y Arica se quedaran con el Perú y que por ello se pagase a Chile una suma de dinero.  En lo referente a la deuda se pedía que se cancelase con el 50% del guano y salitre extraídos.  Novoa dijo no tener facultades y se consultó al Gobierno Chileno en Santiago.

 

Chile contestó aceptando que el 50% líquido del producto del guano y del salitre sirvieran para amortizar la deuda del Perú.  En cuanto a la suerte de Tacna y Arica, se las ocuparía por diez años al término de los cuales un plebiscito determinaría el país donde se quedarían.

 

Lavalle pidió que en caso de salir Chile favorecido en el referéndum le abonase al Perú diez millones de pesos.  El delegado chileno Novoa planteó en ese aspecto hubiera reciprocidad, es decir que el Perú pagaría los diez millones de pesos a Chile en caso de salir los peruanos favorecidos en el plebiscito.  También se planteaban  en las bases preliminares el reconocimiento del Gobierno de Iglesias y la entrega inmediata de los puertos desde Paita hasta Huacho, con sus aduanas y ferrocarriles.

 

            El 3 de mayo viajaba el general Adolfo Salmón a Cajamarca llevando las bases del tratado para la aprobación de Iglesias.

           

           

           

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