SEGUNDA
OCUPACIÓN DE PIURA Y FIN DE
Ø
Nobleza y
desprendimiento de Montero
Ø
Genaro Carrasco
nombrado prefecto
Ø
La retirada de Cáceres al norte
Ø
Segunda ocupación de la ciudad de
Piura
Ø
Cómo fue la segunda ocupación
Ø
Carvallo deja la prefectura a Augusto
Seminario
Ø
Carvallo
Ø
La última resistencia de Cáceres
Ø
La opinión de Ricardo Palma sobre
Arequipa
Ø
Reacciones por el Tratado de Ancón
Ø
El fusilamiento de Higinio Albán
El Congreso de Arequipa organizado por el contralmirante Montero, se instaló el 22 de abril de 1883. Para esa fecha el general Iglesias ya había avanzado bastante en sus acuerdos con los chilenos y se estaba perfeccionando en Lima las bases para la firma del tratado de paz.
A diferencia de lo ocurrido en la
Asamblea de Montán, el Congreso de Arequipa sí fue
representativo por cuanto todos los departamentos del sur y del centro eligieron
a sus diputados y senadores, lo cual justificó su demora.
Como presidente de la asamblea se
eligió a Manuel Costas, como presidente de la Cámara de Senadores a Tomás Gadea
y de la Cámara de Diputados a Alejandro Arenas.
El contralmirante Montero consideró
conveniente elegir un nuevo gabinete en el que figuraba como ministro de Guerra
el coronel Belisario Suárez.
El paiteño
Camilo Carrillo había asumido la representación del departamento de Piura por
elección de la asamblea.
El
Congreso ratificó a García Calderón como presidente y al contralmirante Lizardo Montero como primer vice-presidente. También ratificó al general Cáceres en ese
grado que le había sido conferido por Piérola y
además lo nombró como segundo vice-presidente de
La Asamblea Legislativa acordó
designar a los representantes de los departamentos del norte que por estar
ocupados por el enemigo no habían podido enviar sus representantes. A Piura se le consideró en ese caso.
Bolivia envió de inmediato su
representante diplomático a Arequipa, pues se trataba de mantener a toda costa
la alianza. Consecuente con eso, el
Congreso acordó que toda tregua o tratado de paz debía de hacerse de acuerdo
con Bolivia.
Se dispuso que se intensificara la
preparación y actividad militar para obligar a Chile a ceder en sus exigencias
en cuanto al tratado de paz.
Montero reiteró su oferta hecha en
febrero y en marzo de entregarse como rehén de los chilenos en sustitución del
presidente García Calderón a fin de que él mismo pudiera recuperar su libertad
y establecerse en Arequipa, y con la plena autoridad de ser el presidente y
llevar adelante los destinos del Perú.
Esta decisión también la participó Montero a García Calderón en carta
del 12 de febrero. El presidente cautivo
agradeció emocionado la propuesta pero los chilenos no la aceptaron.
La actitud desprendida de este jefe, muestra que
los marinos piuranos tenían cualidades que parecían comunes a todos ellos, como
lo eran la nobleza y el elevado espíritu de sacrificio que llegaron a su máxima
manifestación con Grau y con Noel.
En otras oportunidades Montero había
dado ya muestras de nobleza y de desprendimiento,
como cuando renunció al alto mando de los ejércitos de la Alianza a favor de
Campero para robustecer la Alianza con
Bolivia, y el aceptar a Piérola en el mando supremo
para evitar pugnas políticas en el momento que el Perú enfrentaba a sus
enemigos.
Sin embargo los méritos de este
marino y soldado que fue Montero, no han sido reconocidos en la proporción que
lo merecen y el Perú y también Piura les
son deudores en ese sentido.
El Congreso de Arequipa clausuró sus sesiones el 20 de julio. Para esa fecha, la causa peruana estaba ya perdida, pues aparte de haberse producido la derrota nacional en Huamachuco, el general Iglesias desde mayo había firmado el documento llamado Bases del Tratado de Paz, y los chilenos empezaron a cumplirlo, desocupando Pacasmayo primero y luego Eten y Chiclayo el 26 de julio, lo mismo que Trujillo y Salaverry el 28 de julio día de nuestro aniversario patrio. Los chilenos a partir de junio, sólo se proponían destruir a Cáceres y a Montero para afianzar la autoridad de Iglesias.
Una de las primeras disposiciones
que adoptó el general Iglesias tan pronto inició contactos con los chilenos,
fue nombrar a su pariente Vidal García García, como
su representante personal ante el coronel Carvallo Orrego, (jefe militar
chileno en la región del norte) y
delegado regional.
Vidal García se ubicó en Pacasmayo y
desde allí no sólo podía mantener constantemente informado a Iglesias que
seguía en Cajamarca, sino también estimular a los grupos pro-paz
que se iban formando en La Libertad, Lambayeque y Piura.
Cuando Teodoro Seminario intentó
infructuosamente tomar Huancabamba en el mes de enero, al regresar estableció
su cuartel general en el Alto Piura, en donde fue engrosando sus fuerzas y
también hostilizando a su pariente el prefecto coronel Fernando Seminario y Echandía.
Teodoro Seminario tenía como
lugarteniente a Genaro Carrasco, personaje arrojado y ambicioso, que tomó
contacto con el general Iglesias logrando
que el presidente regenerador, desde Cajamarca expidiera un decreto
supremo, nombrándolo como prefecto del departamento de Piura.

En la ciudad de Piura funcionaba una
Delegación Departamental, que por lo visto recibía y tramitaba órdenes del
general Iglesias. Había por lo tanto una
crisis de poder en el departamento y no obstante la energía del prefecto
Fernando Seminario, no ejercía a plenitud su poder por cuanto Paita estaba
ocupado por los chilenos, el Alto Piura controlado por Genaro Carrasco lo
que aislaba a Huancabamba. Tumbes lleno de iglesistas
y la misma ciudad de Piura, con la mayoría de la propia familia Seminario en su
contra.
La Delegación
Departamental recibió el oficio de nombramiento del nuevo prefecto el 29 de
abril y lo transcribió a Genaro Carrasco que se encontraba con sus fuerzas en
Bigote.
De inmediato Carrasco comunicó a Iglesias que aceptaba el cargo. Como es de suponer, el coronel don Fernando Seminario Echandía no se dio por enterado y seguía manteniéndose en Piura firmemente , con todo su poder.
Premunido Carrasco con el
nombramiento de prefecto de Piura, decidió de inmediato tomar la ciudad de
Huancabamba que permanecía fiel al prefecto Fernando Seminario y al Gobierno del general-contralmirante
Montero, no obstante la proximidad de esta provincia al departamento de
Cajamarca.
Al general Iglesias sin duda tenía
que inquietar mucho la posibilidad que Puga uniera sus fuerzas con las que el
prefecto Seminario Echandía tenía en este lugar.
El
padre Justino Ramírez en “Huancabamba” se ocupa de la toma de Huancabamba por
las fuerzas de Genaro Carrasco, que al igual que don Teodoro Seminario se
hacían llamar coroneles. La toma se efectuó el 6 de mayo de 1883.
Al tener noticias de la llegada de
las tropas de Carrasco, los huancabambinos se
aprestaron una vez más a la defensa y nuevamente el doctor Félix Manzanares fue
uno de los dirigentes de la resistencia.
Este con un grupo armado tomó posesiones al otro lado del río en Cruz
Grande para impedir que los iglesistas vadeasen el
Huancabamba por ese lugar, mientras que otro grupo seguía con Manuel Sánchez y
Nicolás Jiménez continuaron avanzando hasta toparse a las 3 de la tarde con Genaro Carrasco en Cungallo. Durante tres horas se combatieron primero en
una línea de resistencia y luego en otra, pero el mayor número de atacantes y
su mejor armamento arrollaron a los defensores y a las siete de la noche los iglesistas entraban en la ciudad, cuya ocupación
mantuvieron hasta el 6 de junio. El
pueblo de Huancabamba se mostró hostil a los ocupantes, por lo cual Carrasco
adoptó medidas de rigor imponiendo cupos y tomado de las tiendas comerciales y de las haciendas lo que
querían para el mantenimiento de sus tropas.
Esto obligó a muchas familias a retirarse de la ciudad.
En carta que Mariano Castro Zaldívar
enviaba el 24 de mayo al general
Iglesias le decía: “Por si no te lo
comunican Frías y Hernández, te avisaré que Genaro Carrasco en Piura ha tomado
el pueblo de Huancabamba con 140 hombres que tenía a su mando y hoy tiene 180
armados, pero no va a Piura porque allí hay 300 que mandan los Seminario; y ya
se le ha telegrafiado a Carrasco que vaya a unírsele”.
Como se puede apreciar, tanto Maximiliano
Frías como Hernández seguían siendo gente de confianza y correos de Iglesias.
El 24 de mayo Castro Zaldívar escribía desde Lima a su cuñado el general Iglesias acusándole recibo de la carta enviada por el regenerador con las Bases del Tratado de Paz ya aceptadas por el presidente, en vista de lo cual el delegado chileno había ofrecido la desocupación definitiva de todo el departamento de La Libertad, comprendiendo aduanas, ferrocarriles y hasta las poblaciones de la sierra. Le hace conocer que las fuerzas chilenas que el coronel Gorostiaga tiene en Santiago de Chuco, se aprestaban a marchar sobre Huaraz, para deponer al coronel Recavarren y a Jesús Elías y nombrar en su lugar como prefecto al coronel Anduvire.
Luego le dice: “Hemos aprobado el nombramiento que has
hecho de tu delegado a favor de Vidal García
y García para que venga a hacerse cargo de Trujillo a nombre tuyo”. El delegado recién nombrado era yerno de Castro
Zaldívar y éste a su vez cuñado de Iglesias, lo cual muestra en éste una
tendencia tremenda al nepotismo.
Castro Zaldívar recomienda a su cuñado que Vidal García y
García vaya a Trujillo por la vía de Ascope a más tardar entre el 3 o 4 de
junio, y que lleve entre 100 o 200 hombres armados para ocupar Trujillo. A su vez urge a Iglesias para que deje
Cajamarca de inmediato y el 13 de junio a más tardar esté en Trujillo.
Le hace conocer que ha recibido un
préstamo de 30 000 soles fuertes de Lynch, para devolver poco a poco con las
rentas de las aduanas, y que le
está enviando de ese dinero 20 000 soles
con las seguridades del caso, para que
los 10 000 los utilice en lo que el regenerador pueda necesitar, entregando los
otros
Castro recomienda al concesionario
del ferrocarril de Salaverry a Trujillo, Larrañaga,
para renovarle la concesión. En carta de
la misma fecha que envía a su yerno Vidal García y García le hace conocer que a
Trujillo se dirige don Alejandro Voicest que “tiene
una botica en esa ciudad y es un entusiasta de la causa” pues no sólo había pagado su propio pasaje de
Lima a Trujillo, sino también los de tres oficiales, por cuyo motivo a los
cuatro debía darles colocación. Le
anunciaba que la carta la enviaba con los señores Frías, Hernández y Miota que salían a Cajamarca por la vía de Pacasmayo.
El coronel Pedro Miota,
había estado en Piura el año 1881, y fue integrante de las fuerzas peruanas que
con el coronel Negrón y el coronel Maximiliano Frías, se retiraron a Frías ante
la ocupación de la ciudad capital departamental por las fuerzas enemigas del coronel Manuel Novoa.
Como
se puede apreciar, los tratos de los iglesistas con
Lynch habían llegado al nivel de alta traición, pues hasta tenían dinero
chileno.
Por disposición del delegado
regional Vidal García, se vio precisado Genaro Carrasco a desocupar Huancabamba
que dada la forma acelerada como se habían producido los acontecimientos, esa
ciudad había perdido importancia
estratégica.
Carrasco acató la orden y el 6 de
junio tras de un mes de ocupación dejó la ciudad de Huancabamba e informó al
delegado regional Vidal García, de los sucesos.
Pero en Piura, los Seminario no
adictos al prefecto, no se resignaban a hacer el papel de segundos. Entonces
haciendo creer al delegado García y García que controlaban todo el
departamento, solicitaron la prefectura para don Augusto Seminario Váscones, que tenía el mérito de haber comandado el
Batallón Piura en la defensa de Lima y que ofrecía su adhesión al nuevo
Gobierno Regenerador.
Pero
en abril, Iglesias desde Cajamarca,
había nombrado prefecto de Piura al Coronel Genaro Seminario que se encontraba
en Bigote, el Alto Piura.-Carrasco contestó el 3 de mayo aceptando el cargo,
pero su mando solo lo ejercía en forma local, pues quien mandaba en todo el
departamento era el Coronel Fernando Seminario Echandía,
seguidor de Cáceres y de Montero.
Mientras tanto don Fernando
Seminario y Echandía, se multiplicaba para combatir
no sólo a una gran cantidad de bandoleros que infestaban los campos, sino
también a las montoneras iglesistas que ya estaban apareciendo por diversos
lugares.
Genaro Carrasco era mantenido a raya
en el Alto Piura, por lo cual informó en son de quéjale 20 de Junio, a García y García, que el coronel don
Fernando seguía haciéndose llamar prefecto.
El mismo 20 de junio de 1883, el delegado García y
García, da orden a Carrasco que se encontraba en la hacienda Bigote, Vidal que
por la vía de Guadalupe se constituya a Trujillo, debiendo dejar
transitoriamente el cargo político militar al teniente coronel José Santos
Flores, pero sobre todo porque a los pocos días recibió otra comunicación esta
vez del D.L. Raybaud, en la
que le comunicaba su cese, y su reemplazo por
Augusto Seminario Váscones. Resolvió no acatar esta orden y se dirigió a
Trujillo.
El
31 de julio, desde Chiclayo, Genaro Carrasco escribía a Trujillo al delegado
Vidal García, embretándose como Prefecto
y Comandante General de Piura y Jefe de las Fuerzas Regeneradoras en Comisión
sobre el Departamento de Lambayeque.
Mientras
tanto Augusto Seminario Váscones se encontraba en
Piura, sin ejercer ninguna función prefectural, pero haciendo llenar en
diversas localidades actas de adhesión a él y a Iglesias.
El 20 de mayo, el general Cáceres se
encontraba en Tarma y en ese lugar reunió un Consejo de Guerra para determinar,
si se trababa combate con el enemigo, se emprendía la retirada a la sierra sur
o se iba hacia el norte.
En realidad,
lo mejor hubiera sido intentar una conjunción de las Fuerzas del Centro
con las que Montero tenía en Arequipa, pero se optó por dirigirse al Norte para
unirse con las fuerzas de Recavarren en Ancash y con
las de Puga en Cajamarca. Indudablemente
que Cáceres se equivocó en esta oportunidad sobre estimando esas fuerzas.
Lynch lanzó en su persecución a los
coroneles León García y del Canto, los mismos que iban acompañados por los
coroneles peruanos Vento( el coronel traidor) y
Duarte, éste último nombrado por Iglesias Jefe
Político y Militar del Centro. Otros
oficiales peruanos de menor graduación iban también con los invasores.
Cáceres dejó Tarma el 21 por la
mañana y envió comunicaciones a Montero
y a Recavarren. Las
avanzadas enemigas penetraron a la ciudad de Tarma el mismo día por la
tarde, y creyeron que Cáceres huía ante ellos.
También eso fue creído por Lynch
que lo comunicó a su gobierno en Santiago, pero Castro Zaldívar interpretó bien la razón de los movimientos
del general Cáceres y le escribió a Iglesias que el Héroe de la Breña se
dirigía hacia el norte con la finalidad de atacar al Regenerador y unirse con Recavarren y Puga.
En las fuerzas de Cáceres iba el coronel Manuel Tafur como sub-jefe de Estado Mayor. Años atrás este jefe había sido un prefecto muy querido en Piura. En la escolta se encontraba el sargento mayor Agustín Daniel Zapatel que con el correr del tiempo sería un enérgico prefecto piurano.
El 25 de mayo Cáceres llegaba a
Cerro de Pasco, mientras los chilenos al mando de su nuevo jefe el coronel
Arriaga continuaban la persecución y fusilaban a todo rezagado por no
considerar a los soldados peruanos pertenecientes a un ejército regular. Sin embargo ante la población los chilenos ya
no quisieron pasar como invasores, sino como amigos del gobierno peruano
de Iglesias, por tal motivo pagaban todo
lo que consumían y el mismo coronel Duarte para congraciarse con los habitantes
de la región, les suprimía numerosos impuestos como
Jefe Regional del Centro. Los chilenos tuvieron muchas bajas por causa
de las enfermedades, del frío y de las deserciones.
Tres días estuvo Cáceres en Cerro de Pasco y cuando proyectaba dirigirse a Huaraz por la vía de Cajatambo para unirse con Recavarren, recibió la noticia de que éste se encontraba en Huánuco y hacia allá se dirigió, llegando a esa ciudad el 1º de junio. La información sobre el desplazamiento de Recavarren había sido errónea y al final resultó trágica por el tiempo perdido.
Cuatro días estuvo Cáceres en
Huánuco dando descanso a su tropa y luego emprendió la penosísima ascensión de la cordillera oriental de los Andes y el 15 de junio
llegaron a Huaraz en donde fueron triunfalmente recibidos.
En Trujillo, los chilenos fueron
noticiados del avance de Cáceres sobre Huaraz y se dispuso que saliera el
coronel Alejandro Gorostiaga con mil hombres para cortarle el paso hacia
Cajamarca a donde se suponía se dirigía.
Al sur del Callejón de Huaylas estaba Arriaga con 3 000 soldados
chilenos bien armados. Se trataba de
coparlo entre dos fuegos.
Cáceres logró hacer creer a Arriola
que se desplazaba nuevamente hacia el
Sur y el jefe chileno se dirigió hacia Huari, quedando descartado. En ese momento sólo tenía enfrente a Gorostiaga
ubicado al otro lado del río Santa y entonces Cáceres resolvió llegar a Pomobamba para cortarle la retirada, pero de Trujillo había
salido el coronel chileno Herminio Gonzáles con 600 hombres para juntarse con
Gorostiaga en Huamachuco.
Gonzáles tenía que pasar por un
sitio llamado las Tres Cruces y en ese lugar decidió atacarlo Cáceres
disponiendo que Recavarren y el coronel Secada
avanzaran a marchas forzadas hacia ese lugar.
El primero llegó a tiempo, pero no tenía suficientes fuerzas para atacar
y Cáceres y Recavarren vieron desde las alturas
con desesperación como los chilenos
pasaban desconfiadamente por la pampa.
Dos horas después llegaba Secada, pero ya era tarde, la oportunidad de
destruir la columna chilena se había perdido.
El
día 8 de julio, Cáceres había avanzado sobre Huamachuco en donde los chilenos
descansaban desprevenidamente. Avisados
los enemigos abandonaron precipitadamente la ciudad y tomaron posiciones
defensivas en torno al cerro Sazón.
Cáceres tras de celebrar Consejo de Guerra decidió dar la batalla el 11
por cuanto el coronel Recavarren estaba enfermo.
El 10 hizo bajar Gorostiaga a dos
compañías al llano para tantear las
defensas peruanas y obligarlos a bajar de la altura Cuyurga
en donde estaban atrincheradas.
Cáceres envió tropas a detener a la
avanzada y se trabó un combate con ellas y el enemigo salió derrotado
replegándose precipitadamente seguidas por los peruanos que en forma imprudente
empezaron a trepar el cerro Sazón tras los fugitivos. La acción había durado casi cinco horas, pero los peruanos no tenían
suficientes municiones, ni tampoco disponían de bayonetas, ni Cáceres contaba
con caballería. Al darse cuenta
Gorostiaga de la situación, ordenó un contra ataque a la bayoneta, apoyado por
su caballería. Los infantes peruanos
envueltos por todas partes sólo pudieron defenderse con la culata de sus
rifles. La lucha se generalizó con todos
los efectivos peruanos y chilenos y éstos con su caballería inutilizaron a la
artillería peruana cuando se encontraba buscando mejor emplazamiento.
La
derrota se había producido tras de cinco hora y media de lucha. Los grupos peruanos que se retiraban del
campo de batalla eran alcanzados por la caballería y matados. Los heridos fueron ultimados en el
repase. Los Cazadores a Caballo chilenos
se dedicaron a peinar el área y sus alrededores y a todo el que encontraban lo
mataban.
Uno de ellos fue el coronel Leoncio Prado, hijo
del presidente Mariano Ignacio, que estando herido y refugiado en casa del
párroco de Huamachuco, fue extraído y fusilado.
Por tal motivo los peruanos tuvieron 700 bajas, su mayoría muertos
porque esa era la consigna de Lynch. Los
chilenos resultaron con 500 hombres entre muertos y heridos, lo cual muestra lo
tenaz de la lucha. Las simpatías del
pueblo de Huamachuco estuvieron divididas y muchas personas por órdenes de
Iglesias habían suministrado víveres y
ayuda a los enemigos mientras que los soldados de Cáceres no tenían ni
para el desayuno.
En la acción murió el general Silva
y el ex –prefecto de Piura coronel Manuel Tafur al igual que su hijo
Máximo. En total murieron 22 oficiales y
jefes peruanos.
El
prefecto Elías de Huaraz, había enviado órdenes a José Mercedes Puga que estaba
en Chota con 500 hombres, se uniera de inmediato a Cáceres en Huamachuco. El enviado llegaba al campamento de Cáceres
el día 8 de julio y éste le reiteró la disposición, pero el guía fue capturado
por los chilenos, recuperando la libertad un día más tarde y al fin cumplió con
su cometido a marchas forzadas. De
inmediato Puga se movilizó al sur y a Cajabamba llegaba el 11, pero sólo para
tener noticias de la derrota de
Cáceres. Si la acción de Huamachuco no
se hubiera producido el 10, sino dos días más tarde se hubiera realizado la unión de Puga y Cáceres. Ante la situación, el pugnaz cajamarquino
retrocedió al interior del departamento.
La derrota de Cáceres fue celebrada
por Iglesias y sus partidarios como un triunfo personal. Prácticamente el norte y el centro del país
quedaban a merced del Gobierno de
En Piura, los resultados de Huamachuco,
envalentonaron a los iglesistas y el prefecto coronel
Fernando Seminario por contar con fuerza propia, no dejó el mando
político-militar del departamento y sus
enemigos no podían derribarlo por sus propios medios.
La pugna se inició entonces entre
las facciones iglesistas.
Raybaud en
oficio enviado a Genaro Carrasco, le hacía conocer que por convenir a los
intereses políticos del Presidente Regenerador general Iglesias, se había
aceptado la adhesión del coronel Augusto Seminario y Váscones,
y con él la del departamento de Piura.
Esto muestra a las claras que el propio Augusto Seminario se había
ofrecido, y los iglesistas de Trujillo en donde ya
funcionaba la Delegación del Norte, sin el menor escrúpulo hacían a un lado a
Genaro Carrasco.
Genaro Carrasco no se amilanó y
contestó que su nombramiento emanaba de un decreto supremo expedido por el
propio presidente Iglesias y que sólo el general podía revocarlo. Por lo tanto siguió actuando como prefecto. Esto sucedía cuando ya las fuerzas de Cáceres
y de Gorostiaga estaban frente a frente.
Mientras pasaban todas estas cosas,
los piuranos supieron que un nuevo prefecto había sido nombrado para el
departamento. Se trataba de don José
Antonio Mujica el cual sin embargo no llegó a hacerse cargo.
A fines de julio la situación era la siguiente en el
departamento. En el Alto Piura seguía
mandando Genaro Carrasco como prefecto y dominaba toda la sierra de
Huancabamba, desplazándose hasta el mismo departamento de Lambayeque.
En Piura había dos prefectos
nombrados pero que no podían ejercer el cargo.
Eran Mujica que no se había hecho presente y Augusto Seminario Váscones que no lograba convencer a su pariente Fernando Seminario Echandía que
le hiciera entrega del cargo. El
prefecto efectivo seguía siendo el famoso “Gato” que luchaba contra los iglesistas y contra los bandoleros.
Para eliminar el bandolerismo, el prefecto dispuso como castigo, que al que caía prisionero le dieran una azotaína pública en las posaderas. Para los bandoleros éste era un castigo infamante pues ni siquiera les permitía montar en mula o a caballo por un buen tiempo, y de acuerdo a lo expresado por muchos de ellos preferían ser fusilados. Por eso el bandolerismo se eclipsó durante el mando de Seminario Echandía.
En Paita, en donde los chilenos se
encontraban desde 1881 controlando los ingresos de la aduana y vigilando la explotación del guano
de las islas de Lobos, los invasores enfrentaban el problema de las continuas
deserciones. Ellas llegaron a ser tantas, que el jefe chileno de
ocupación del puerto, impuso cien mil
pesos de multa a los piuranos acusándolos que habían incorporado a los fugitivos en la Gendarmería. En 1883 era Genaro Carrasco el que aceptaba a
los chilenos en sus filas. Como ya lo
hemos manifestado, fue la gestión de don Carlos Schaefer
lo que impidió se llegase a cobrar el cupo.
Mortificado Iglesias por lo que
sucedía en Piura y por los problemas político-familiares existentes, cursó una
carta el 15 de agosto a los Seminario, haciéndoles conocer que si no dejaban de
lado sus diferencias y se ponían de acuerdo, las fuerzas chilenas llegarían en
cuatro semanas a poner orden en Piura.
Por lo visto el presidente
regenerador, estaba ya tan vinculado con el enemigo, que podía disponer de sus
fuerzas militares como propias, para resguardar y dar apoyo a sus intereses
políticos.
La amenaza se cumplió, exactamente
en la forma como había sido anunciada por el general Iglesias.
En la sierra, se mezclaban las
pugnas políticas, los enconos familiares y la agitación social, pues tras de la
matanza de chalacos en Piura, habían quedado muchos deseos de revancha. La tragedia iba a aparecer en breve.
En agosto de 1883 la agitación había
recrudecido entre los comuneros de Frías, Chalaco, Santo Domingo y Pacaipampa. Los
políticos para ganarse la adhesión de los campesinos les aseguraban que el
Gobierno de Iglesias no sólo les iba a traer paz, sino también iba a
restituirles las tierras que en el
pasado les habían pertenecido.
Con la derrota de Cáceres que
cimentó el dominio de Iglesias en el norte, los campesinos creyeron que había
llegado el momento de lograr sus reivindicaciones y no se resignaron a esperar
que les fueran entregadas las tierras, sino que trataron de lograrlas por sus
propios medios.
En la convulsionada región, tenían
haciendas don Tomás Carnero y don Manuel María Castro.
El escritor Enrique López Albújar, en “Caballeros del Delito” relata los luctuosos sucesos que se produjeron en la noche del 15 de agosto y que tanto gravitaron en el destino de Piura por muchas décadas. El gran escritor, conoció los sucesos por don Juan R. Palacios que tenía relaciones de parentesco con la familia Castro, habiendo hecho un relato escrito que López Albújar transcribió en forma textual.
El señor Palacios asegura que la
agitación de las comunidades fue un movimiento destinado a distraer fuerzas que
pudieran estar destinadas a dar apoyo al general Cáceres “haciéndoles creer que debían de
levantarse en armas y acabar con todos los hacendados, repartiéndose los
fundos”. Dice el señor Palacios que
800 indios comuneros estaban en actitud rebelde en la sierra.
En los primeros días de agosto, 50
comuneros asaltan en Santo Domingo a don Tomás Carnero a media noche, el cual
sólo estaba en compañía de su esposa Emilia Flores y de un sobrino de
ambos. Se produjo un intenso tiroteo que
duró toda la noche sin que los asaltantes hubieran podido penetrar a la casa
hacienda y al amanecer no les quedó más recurso que retirarse. Los valerosos defensores habían sido tan
efectivos, que causaron a los atacantes dos muertos y tres heridos.
Don Tomás temió que el ataque se volviera a repetir por cuyo
motivo solicitó auxilio al vecino
hacendado y amigo don Manuel María Castro, que desde Poclús
le envió gente armada. Eso impidió que
el ataque se repitiera.
Laureano Ramírez que era el jefe de los comuneros irritado
contra Castro, decidió hacerlo blanco de su venganza. Buscó comprometer a gente del mismo hacendado
y con la promesa de dinero y de entregarle tierras consiguió la traidora
adhesión del mayoral de la hacienda Poclús Genaro Chumacero y de Manuel Berrú que era colono considerado como
hombre de confianza de don Manuel María Castro. La ingratitud, la deslealtad y la traición
se dieron mano con esas gentes indignas que olvidando los múltiples favores que
habían recibido del hacendado se prestaron a cooperar en su perdición.
Chumacero
se comprometió actuar como espía y facilitar los medios para que los asaltantes
pudieran ingresar a la casa-hacienda. A
Berrú y a Carmen Domador, les tocó la misión de dar muerte al hacendado.
El 15 de agosto de 1883, ingresaron
a la hacienda 80 hombres al mando de Domador y Berrú pues Laureano Ramírez se
había quedado en Santo Domingo. Como les
salió al encuentro el mayordomo Alejandro
López, lo mataron.
Chumacero
les abre las puertas y como había varios perros guardianes, les entrega carne
que los animales aceptan pues conocían al mayoral. Nadie detectó que gente extraña había
ingresado, hasta el dormitorio mismo del hacendado. Era medianoche cuando don Manuel María acudió
a abrir la puerta de su alcoba ante los llamados que se estaban haciendo.
A boca de jarro Domador y Berrú vaciaron sus armas y otros más que llegaron después hicieron lo
mismo. Hubo ensañamiento en el asesinato
de Castro pues resultó con 8 balazos y 17 puñaladas. Tras el crimen los comuneros saquearon toda
la casa-hacienda y festejaron embriagándose. Sólo posteriormente empezaron a buscar a la
familia, pues en sus ansias de pillaje lo habían olvidado. En la casa-hacienda se encontraba el súbdito
alemán don Fernando Reusche, que estaba casado con
Amalia Castro, hermana del
hacendado. La presencia de ánimo de Reusche permitió salvarse, salvar a su esposa y a la
familia de don Manuel María. Además
envió aviso a su sobrino el joven Eloy Castro, hijo del hacendado, que estaba
divirtiéndose en Frías, haciéndole conocer todo lo sucedido y que un numeroso
grupo de comuneros iba en su búsqueda.
Poclús
está a seis leguas de Frías, pero el enviado de Reusche
llegó en 15 minutos logrando advertir al joven Castro que se encontraba en una
fiesta en la casa de la familia Ordóñez con un grupo también de amigos como
él. La triste noticia impacto
profundamente tanto a Eloy Castro como a toda la concurrencia. Reaccionando del sentimiento de congoja que
lo había anonadado, el joven se arrodilló y juró por la memoria de su padre tan
cruelmente asesinado, que dedicaría su vida a vengarlo y que no se daría
descanso hasta lograrlo. Impresionados
los jóvenes amigos que lo acompañaban, se unieron al juramento, el que también
hizo el hijo del mayordomo asesinado, el joven Luis López.
En esos momentos hacía irrupción el
grupo armado, por cuyo motivo Ordóñez hizo pasar a Castro y a López a una pieza
posterior, por donde podía escapar. Los
conjurados sabían que allí había estado Eloy y se lo hicieron conocer, por cual
Ordóñez creyó conveniente no negar tal hecho, pero agregó que hacía más de diez
minutos habían salido a caballo. En la búsqueda que hicieron los comuneros en
la casa no encontraron a nadie porque los dos jóvenes ayudados por muchos
habían logrado escapar a los cerros, a donde se le juntaron luego los amigos
juramentados que formaron un pequeño grupo armado, situación en la que vivieron
por algún tiempo hasta que logró formar
una pequeña tropilla y retornar a Poclús en donde se
mantuvo vigilante.
Cáceres había ya sido derrotado en Huamachuco
pero infatigable y siempre con su resolución inquebrantable de continuar
luchando por su Patria, llegó a Ayacucho en los primeros días de agosto donde
inició la formación de un nuevo ejército.

Eloy Castro se comunicó con los
elementos adictos a Cáceres en Piura y en Cajamarca y prometió seguirlo en la
lucha si le proporcionaban armas y municiones.
De inmediato se le aceptó la oferta y se le remitieron 25 rifles con su
dotación de cartuchos. Esto era en
setiembre.
Genaro Chumacero
que no se delató como integrante del grupo
asesino, siguió al servicio de la familia Castro porque ignoraban su
participación y continuó en su labor de espía.
Fue así como hizo saber a Laureano Ramírez la llegada de los rifles y
sometió a su consideración un plan para asesinar a Eloy Castro.
Con las armas que acababan de llegar y otras que ya tenía, formó Castro un grupo armado de 40 personas, las que se distribuyeron en torno a Poclús, con la consigna que debían reunirse en un punto ya convenido al toque de campana de la casa-hacienda.
Los comuneros lograron reunir a 400
hombres con los que se dirigieron de Santo Domingo a Poclús. Advertido Eloy Castro, colocó a su gente en
un punto estratégico por donde debían de pasar los comuneros. Domador, Berrú y un Romero mandaban la
columna atacante, la que quedó sorpresivamente entrampada en un paso angosto.
Casi fue un fusilamiento y no
obstante estar los defensores en total inferioridad numérica, inflingieron a los comuneros 37 bajas de las que 15 eran
muertos.
Esto hizo conocer a los comuneros
que tenían en Castro a un peligroso rival.
El triunfo y el motivo de su lucha, fueron factores que permitieron al
joven vengador engrosar rápidamente sus fuerzas. Entre setiembre y diciembre tuvo seis
encuentros más con los comuneros y en
todos venció causándoles cuantiosas bajas.
Castro llegó a tener una larga lista
de los cómplices en el asesinato de su padre y poco a poco les fue dando
muerte. Uno de ellos fue el mayoral
traidor Chumacero cuya infame conducta se descubrió.
A partir de entonces, Eloy Castro
fue un fiel seguidor de Cáceres, y durante los veinticinco años que duró su
vendetta, luchó con las armas en la mano primero contra los iglesistas
y más tarde contra los pierolistas.
Los Castro y los Seminario, mantuvieron conmovido el departamento de Piura por mucho
tiempo y como lo veremos después la lucha montonera fue tenaz y sumamente
sangrienta.
Los chilenos a solicitud de Iglesias
y de acuerdo con el pacto firmado entre Castro Zaldívar y Jovino Novoa habían
desocupado Trujillo y el departamento de Lambayeque lo que fue de inmediato
aprovechado por los patriotas de ese departamento para levantarse contra el
régimen de Presidente Regenerador.
Sobre esto y la situación que
imperaba en el departamento de Piura se ocupa Lynch en sus Memorias, expresando
lo siguiente:
“En los primeros días de setiembre se
reocupó el Departamento de Lambayeque con el objeto de dispersar las montoneras
capitaneadas por Becerra y Barrenechea, que dificultaban el establecimiento de
las nuevas autoridades de Iglesias”.
“A
pesar de que el departamento de Piura está anarquizado desde tiempos atrás y han
existido montoneras, no se ha juzgado
necesario , ocupar sino el puerto de Paita, para la recaudación de los derechos
aduaneros. Sólo últimamente por motivos especiales se expedicionó
sobre su capital”.
“Teatro de escándalos y anarquía,
era desde tiempo atrás el departamento
de Piura y a fines del mes de enero de 1883 su capital presenció escenas
repugnantes de saqueo, incendios,
vejaciones y crueldades. Los montoneros entraron a sangre y fuego y depusieron a las
autoridades. El Subprefecto, temeroso de ser ultimado, llegó en su fuga hasta
el Callao.” (Lynch
se refiere a la invasión de los chalacos).
Dividido Piura por antiguos odios de
familia y partidos personales, continuó
mas o menos agitado, entre ataques y amenazas de facciosos, hasta que llegó la
ocasión de implantar a viva fuerza un
nuevo régimen de orden y tranquilidad.”
“Persiguiendo ese fin, fue necesario para
la consolidación d l gobierno de la paz en todo el norte, enviar una
expedición a aquel departamento y el 10
de septiembre, di al comandante del AMAZONAS, orden de zarpar del Callao en
cuanto recibiese a su bordo 50 hombres del VICTORIA y dos piezas de artillería
con rumbo a Chimbote, donde embarcaría la tropa que le indicase el jefe
respectivo. Debía conducir además alguna fuerza de caballería traída de Pisco”.
“Envié instrucciones precisas a los
comandantes Carvallo y González y di al
transporte otro pliego para que lo abriese en altamar y conociera su contenido
y el itinerario que debía de seguir. Guardose la mayor reserva respecto al punto a donde se dirigían las
fuerzas y otro tato encargué al comandante Gonzáles (Herminio), fin de que ocupando la provincia de Olmos,
tomara desprevenidos a los montoneros, impelidos de Piura.”
“ El 14 de setiembre, zarpaba de Chimbote
una división compuesta de 400 hombres de zapadores, 150 jinetes y una sección
de artillería al mando del comandante
Carvallo. El 16 arribaba a Paita y el 17
se ponía en marcha a Piura, haciendo uso del ferrocarril de Sullana”.
“El 19 llegó a Piura y una comisión de notables salió
a recibirlos, La primera diligencia del comandante en jefe, fue reunir a los
cabecillas de los diferentes bandos políticos e invitarles a concitarse,
amistosamente y olvidar sus agravios. Obtenida
esa anhelada fusión, el caudillo Seminario (se refiere Lynch al Coronel Fernando
Seminario Echandía), depuso las armas,
disolvió sus fuerzas y salió del
departamento.”
“Se sabía de un modo positivo que
varios comerciantes extranjeros olvidando completamente sus deberes de
neutrales, habían importado armas para los peruanos y se procedió a exigir la
entrega. Cuatrocientos rifles fueron recogidos”.
“No obstante sus promesas de
sumisión, algunos cabecillas reorganizaron montoneras en los pueblos de Chalaco
y de Frías, bajo el pretexto de servir y proclamar al Presidente Iglesias. Se hizo indispensable batirlos y el
Comandante Carvallo envió una expedición al mando del Mayor
Carvallo, quien logró sorprenderlos y derrotarlos en las cercanías del pueblo
de Frías, donde habían formado trincheras.
Gracias a un feliz movimiento de falsa retirada, salieron de sus
reductos, se les tomó entre dos fuegos y se les escarmentó de un modo ejemplar. Cerca de 200 quedaron muertos en el
campo. Por nuestra parte (de los
chilenos) no hubo ninguna desgracia que lamentar”.
“Con este hecho de armas se
pacificó el Departamento y el comandante Carvallo que ya había hecho levantar
en varios pueblos actas de reconocimiento del Presidente Iglesias, después de instalado
el nuevo Prefecto, de entregarle las armas recolectadas y dejarlo seguro en el
puesto, regresó al Callao”.
Esto es lo que dice Lynch en sus
Memorias.
Cuando se refiere a las actas
levantadas a favor de Iglesias, trata de la adhesiones que grupos iglesistas hacía tiempo estaban recolectando, labor en la
que también cooperó Chumacero, uno de los asesinos del hacendado José María
Castro.
El prefecto, al que Carvallo dejó en
Piura instalado, fue el coronel Augusto Seminario Váscones,
ex –jefe del Batallón Piura, que había intervenido en la batalla de San Juan y
Miraflores.
El caudillo Seminario, del que dice depuso las armas y salió del departamento,
fue el prefecto Fernando Seminario que se expatrió al Ecuador.
Por último, Lynch escribe sobre una
exitosa incursión de Carvallo sobre Frías, lo que está en contradicción con
fuentes provenientes de los propios frianos, según lo
cual los chilenos fueron rechazados y tuvieron fuertes pérdidas cuando atacaron
ese pueblo.
Las fuerzas de resistencia de los frianos fueron comandadas por el jefe guerrillero Nicanor Castro. La acción se realizó el 5 de octubre, e indudablemente murió gran cantidad de frianos, que casi no tenían armas para oponerse a los invasores, los cuales también sufrieron bajas.
El prefecto Augusto Seminario,
contribuyó a la requisa de armas que hicieron los chilenos, los cuales al
retirarse le dejaron la mayor parte de ellas para que pudiera defender la
causa de Iglesias.
De todos modos, Augusto Seminario
tuvo que pagar a
Carvallo,
15
650 soles para compensar los gastos de la expedición.
Nada hay que justifique la actitud
de Seminario Váscones de colaborar con los chilenos
y con su criticable proceder borró su
meritoria participación en las batallas de San Juan y Miraflores.
El sábado 16 de setiembre de 1883,
llegan los barcos chilenos “Amazonas” y otros menores con las tropas comandadas
por el coronel Ramón Carvallo
Orrego, que llegaban con el fin de
pacificar Piura e imponer autoridades adictas al general Iglesias, con el cual
ya se habían sentado las bases, de un tratado definitivo de paz.
En Paita existía una guarnición
chilena desde 1881 que controlaba la Isla de Lobos, la Aduana del puerto y el
ferrocarril que conducía a Sullana.
Era subprefecto de la provincia de
Paita, don Eugenio Raygada y el que fuera tolerado
por la guarnición chilena, hace suponer que pertenecía al grupo político del
general Iglesias. La llegada de los
chilenos a Paita fue un suceso repentino, pues el mismo capitán del barco
“Amazonas” y Carvallo, conocieron sus instrucciones y el rumbo que debían de
seguir cuando la expedición se encontraba en alta mar. Las directivas eran
dadas por Patricio Lynch que actuaba como jefe político y militar para todo el
Perú.
El
“Amazonas” estaba a disposición de Carvallo -desde hacia bastante tiempo- que
era jefe político y militar de la zona norte con base en Trujillo.
Como era de suponer, el desembarco
se efectuó en Paita sin contratiempos, aunque sí con la natural sorpresa de
todos los paiteños.
El día 17, Carvallo acomodó a sus tropas en el ferrocarril y se dirigió a
la ciudad de Sullana, terminal de la línea.
El jefe chileno hizo comparecer ante él, al alcalde Lucas Barreto y le
exigió que le suministrase 600 raciones y que para el día siguiente le tuviera
listas la cantidad de acémilas suficientes para poder trasladar sus equipos a
Piura.
Los soldados fueron alojados en el
templo y los oficiales en la casa parroquial y al amanecer continuaron su viaje
hacia Piura cruzando el arenal. En la
ciudad de Sullana quedaba un capitán con 100 soldados de infantería como nexo
entre los barcos y los soldados que ocuparían la capital departamental.
Hacía dos meses que Augusto
Seminario Váscones había sido nombrado prefecto por
el delegado regional del norte, Vidal
García y García, que en nombre de Iglesias controlaba la región norte con sede
en Trujillo, pero ni Genaro Carrasco del propio grupo iglesista,
ni el coronel Fernando Seminario Echandía seguidor de
Cáceres y Montero; lo habían tomado en cuenta.
Augusto Seminario exigió por escrito
a su pariente Fernando Seminario la entrega de la prefectura y éste le contestó
en forma despectiva y con altivez.
Cuando se supo el desembarco de los
chilenos en Paita y su avance sobre Sullana, el temor cundió en Piura. Se reunieron personas notables y formularon
una invocación ante el prefecto Fernando Seminario para que renunciara el
cargo. Éste viendo que no podía
enfrentar a los chilenos por carecer de fuerzas y además porque el temor había
inclinado la balanza a favor de su pariente Augusto Seminario, procedió a
disolver sus fuerzas y se expatrió al Ecuador.
Todos estos sucesos ocurrieron el día 18 de setiembre. Augusto Seminario asumió entonces la
prefectura. Es decir que no hubo reunión de Fernando Seminario con Carvallo.
El día 19 cuando los chilenos se
estaban aproximando a la ciudad de Piura, salió una delegación de vecinos a
recibirlos, comunicando a Carvallo los acuerdos del día anterior y que el
departamento quedaba desde entonces bajo la obediencia del general Iglesias.
Quedaba por resolver el problema de
Genaro Carrasco. Carvallo ocupó
pacíficamente la ciudad y asumió su comando político y militar, dictando
disposiciones para mantener el orden.
Sus primeras medidas fueron: sectorizar la capital del departamento,
alojar a los soldados en el antiguo Convento de la Merced y en el cuartel del
Cabildo y disponer que se suscribieran actas de adhesión a favor de Iglesias
tanto en Piura como en los diversos pueblos del departamento.
Para controlar la situación en el
Alto Piura en donde mandaban los adictos a Genaro Carrasco, envió una compañía
de infantería y un pelotón de caballería y promovió en la ciudad de Piura
reuniones, a fin de conciliar las discrepancias aún existentes.
Los chilenos no habían llegado a
Piura en esta segunda oportunidad como enemigos sino como aliados del bando de
Iglesias, y por esta misma circunstancia, eran mal mirados por los grupos
adictos al general Cáceres y al contralmirante Montero. Entre éstos se encontraban los mangaches, que desde ese entonces fueron acérrimos
seguidores del Héroe de
No era por lo tanto de extrañar que
se produjeran incidentes.
El escritor piurano Rómulo León
Zaldívar, relata un episodio violento que se produjo en aquella
oportunidad. El barrio norte o de la mangachería
había quedado bajo el control del sargento chileno Belisario Bulnes, el cual se
había prendado de una jovencita del barrio llamada Rosa Flores, la que vivía en
una casa en donde el año 2000 se levantaba el Teatro Municipal. Un buen día el sargento trató de raptar a
Rosita pero ésta fue rescatada por familiares y vecinos, resultando el abusivo
sargento con algunas heridas como consecuencia de los forcejeos. Indignado el chileno y al ver frustrados sus
deseos de inmediato planeó cobarde venganza y retornó con un piquete de
soldados chilenos procediendo a prender fuego a la vivienda de la joven. Los moradores que intentaron salir no
pudieron hacerlo porque lo impedían los
soldados chilenos que presenciaban el espectáculo en medio de risotadas. Es decir, igual como siempre habían actuado
en el sur del Perú.
La familia Flores se refugió en la
sala, pero al desprenderse una viga, mató a Rosita. Sólo entonces recién los chilenos abandonaron
el lugar lo cual fue aprovechado por los vecinos para rescatar al resto de la familia
Flores y apagar el incendio que empezaba a propagarse a otras viviendas. Todo hace pensar que el crimen quedó impune y
que Carvallo nada hizo para sancionar al culpable.
El escritor Carlos Robles Rázuri, en un artículo titulado “Guerra con Chile en Piura”
narra que en la calle Junín antes llamada de los Ángeles, apareció en su
segunda cuadra, frente al depósito que era de Duncan Fox, un chileno
muerto. Indudablemente eso era fruto o
de una reyerta o de alguna venganza debida a que los chilenos eran muy
abusivos. Carvallo al ver que las averiguaciones no daban ninguna luz, dispuso
que varias viviendas de la localidad fueran incendiadas. Se había podido además dar cuenta que ese
barrio era el que más oposición le hacía.
El párroco Juan Alvarez
Campos y el alcalde intercedieron ante el comandante chileno para que dejara
sin efecto la orden a lo cual accedió, pero impuso a la ciudad un cupo.
Para
algunos narradores (Abraham Cruz
Zapata), estos últimos hechos ocurrieron
en la incursión del Coronel Novoa.
Don Augusto Seminario Váscones, envió dos informes al general Lorenzo Iglesias,
presidente del Consejo de Ministros. En
el primer informe de fecha 25 de setiembre, daba cuenta que los chilenos habían
llegado a Piura el 19 de setiembre pero que desde el día anterior la ciudadanía
en asamblea había resuelto reconocer al general Iglesias como Presidente
Regenerador y que de igual modo estaba ya al frente de la prefectura. El 25 de octubre en otro informe, daba cuenta
que los chilenos se habían retirado de la ciudad el 16 de octubre a las 5 de la
tarde no sin antes haber impuesto un cupo de 60 000 soles fuertes; pero que
sólo se abonó 16 000 tras muchos
esfuerzos, por cuanto se venía sufriendo una sequía de tres años.
El escritor Robles Rázuri, manifiesta que el cupo fue cancelado en su mayor
parte por el Municipio que pagó 10 000 pesos, la Parroquia 4 000 y el resto los comerciantes, todo lo cual
coincide con el informe de Augusto Seminario.
Carvallo dispuso que el mayor
Enrique Carvallo Guerrero incursionara
sobre la región de Frías. No se conoce
si había alguna relación de parentesco entre el jefe y el oficial. Tampoco se conoce la verdadera causal, para
hacer la incursión.
Parece
que la gente de Frías se negaba a firmar las adhesiones a Augusto Seminario y a
pagar cupos.
El escritor y periodista Jorge Moscol Urbina en varios artículos titulados “Bala Sorda”,
“Cerro Letrero”, “Quebrada de la Guerra”, “En busca de un entierro”, “El
sargento Incendiario” y “A sangre y fuego” asegura que los chilenos buscaban en
la sierra el monto de la colecta que se había reunido para la defensa nacional
y había sido enterrado. Otros
manifiestan que el friano Vicente Chumacero,
tenía resistencias entre sus paisanos, l en cuanto al pago de contribuciones, y
en la firma de adhesiones para Iglesias.
Por su parte Lynch expresaba que
había grupos montoneros que se estaban
organizado bajo el pretexto de apoyar a Iglesias.
Indudablemente toda la región de la
sierra piurana próxima a Ayabaca se
encontraba conmovida por la lucha de guerrillas entre las facciones de Eloy
Castro que respaldaban a Cáceres y los comuneros que decían apoyar a Iglesias,
pero que en realidad solamente buscaban sus propios intereses. Por lo tanto, la intención de Carvallo tenía
que ser la de poner orden en tan conmovida región.
Tanto
Lynch como los escritores piuranos Robles Rázuri
y Moscol Urbina coinciden con otros en que se
realizaron acciones en Frías y en Chalaco.
Así también, tanto Lynch, como los escritores e historiadores piuranos, están de
acuerdo que los chilenos se dividieron en dos columnas para atacar Chalaco y
Frías. Se estima que los efectivos de
los invasores llegaban a 200 soldados.
Los chilenos
siguieron por el río Chalaco y a poca distancia del pueblo se produjo una
refriega, en el sitio que después se denominó Quebrada de la Guerra. Parece que esta acción fue de carácter
secundario, pues los invasores continuaron después hacia Frías para unirse a la
otra columna que sí había encontrado porfiada resistencia. Las versiones de los chalacos aseguran que
los enemigos fueron totalmente derrotados y que sólo se salvó el sargento. Si tal cosa hubiera pasado, los muertos
chilenos hubieran sido cien o un poco más, es decir se habría tratado de un
triunfo más importante que los logrados por Cáceres en Concepción, Marcavalle y Pucará, pero no hay pruebas de que así fuese.
La otra columna enemiga, alcanzó el río Yapatera y lo remontó hasta el punto llamado Tucaque. Allí pudieron observar que los frianos ocupaban buenas y estratégicas posiciones en los altos cerros frente a Yapilla, llave de entrada del pueblo de Frías en ese tiempo.
Los
invasores no pudieron desalojar a los defensores de sus reductos, que
utilizaron galgas para impedir el escalamiento.
Ante esa situación los chilenos se replegaron.
Los frianos
aseguran que los 100 chilenos atacantes fueron derrotados con grandes pérdidas
y retornaron a Piura muy maltrechos. En
cambio Lynch en sus Memorias, asegura
que simularon una retirada para sacar a los frianos
de sus formidables posiciones defensivas, lo cual lograron.
Nuevamente con la versión de los
piuranos, el coronel Carvallo organizó una segunda expedición con mayores
efectivos, que en esta oportunidad lograron vencer a los defensores de Frías.
Los chilenos afirman que una vez que
los peruanos salieron de sus reductos, los atacaron entre dos fuegos es decir
con la ayuda de la columna enemiga que había incursionado sobre Chalaco.
Se produjo entonces una sangrienta
acción como resultado de la cual los defensores fueron vencidos. La versión chilena asegura que en la
incursión a la sierra piurana ellos no tuvieron
una sola baja, mientras que los defensores dejaron 200 muertos. Esta versión tampoco es creíble por
exagerada..
Como consecuencia de este combate, los chilenos entraron a Frías el 30 de setiembre, saquearon a la población, quemaron numerosas casas y cometieron múltiples abusos tras de lo cual retornaron a Piura.
Los frianos
para recordar la acción pusieron sobre el cerro un letrero que decía: “Aquí los frianos
derrotaron a los chilenos”. Desde
entonces se le llamó Cerro del Letrero.
En la ciudad de Piura, los iglesistas celebraron
el triunfo chileno, a pesar que los vencidos no eran “caceristas”.
Los quince días restantes los ocupó
Carvallo en afianzar a las autoridades fieles a Iglesias y promover actas de
adhesión que se firmaban más que todo por temor al enemigo.

Desde comienzos de setiembre los chilenos
habían reocupado el departamento de Lambayeque al frente del coronel Herminio
Gonzáles el mismo que con Gorostiaga vencieron a Cáceres en Huamachuco. Este jefe chileno envió fuerzas a Motupe y a Olmos, para evitar que por allí pudieran
retirarse fuerzas piuranas contrarias a Iglesias, para unirse con las que Puga tenía en Cajamarca.
No fue necesaria ninguna acción,
porque el Alto Piura lo ocupaban fuerzas iglesistas
al mando de Germán Carrasco; y las tropas del coronel Fernando Seminario Echandía habían dejado de constituir un peligro al ser
disueltas ante el avance enemigo sobre Piura.
Los invasores durante su permanencia
en la capital departamental, hicieron requisa de armas y Lynch asegura que se
recogieron 400 rifles que súbditos extranjeros habían importado violando la
neutralidad que debían de observar.
Sobre este asunto don José
Vicente Rázuri da otra versión de acuerdo a la
cual, el súbdito alemán Carlos Schaefer recogió las
armas que Negrón dejó abandonadas en la ciudad, cuando en setiembre de 1881
tuvo que retirarse precipitadamente a Frías, y la ciudad fue ocupada por
primera vez por los enemigos.
Según la misma versión, estas armas
fueron entregadas posteriormente a Iglesias cuando con posterioridad al Tratado
de Ancón, y ese general fue elegido presidente del Perú.
Hay que advertir sin embargo, que el
coronel Maximiliano Frías que fue el que cubrió la retirada en 1881, fue muy
preciso en informar que no dejó en Piura nada que pudiera ser útil a los
invasores. Ni armas, ni papeles y que
más bien en Chapairá distribuyó entre sus soldados
200 rifles que acababan de recibir.
Por otra parte, don Carlos Schaefer era cuñado del coronel Fernando Seminario Echandía, porque se casó con una hermana del mismo y al
enviudar contrajo enlace con otra hermana.
Por consiguiente, de haber dispuesto de tales armas, se las hubiera
entregado al hermano político que tanto las necesitaba y no a don Augusto
Seminario y menos a Carvallo.
No se descarta más bien, que al
desmovilizar el famoso “Gato Seminario” a sus fuerzas, las armas las pudo
entregar a su cuñado para que las escondiera en alguna de sus haciendas y de
allí las sacaron los chilenos para entregárselas a don Augusto Seminario Váscones.
Carvallo antes de salir de Piura reunió
una asamblea de notables y les confirmó lo que era un divulgado rumor: es
decir, que dejaba la prefectura en poder de Seminario Váscones,
debiendo los piuranos hacerse cargo de todas las deudas que los ocupantes
habían contraído para sostenerse. Del
cupo de sesenta mil pesos sólo habían logrado un poco más de dieciocho mil.
Los chilenos se dirigieron desde muy
temprano del día 16 de octubre, rumbo a Sullana en donde se unieron a los que
habían dejado como guarnición y tomaron el ferrocarril que nuevamente los
condujo a Paita, en donde el 17 se embarcaron al sur.
En Sullana, los chilenos se
posesionaron de la iglesia para alojamiento de la tropa y la población vivió
durante casi un mes bajo constantes amenazas.
Un poco antes de la evacuación, el jefe del destacamento hizo conocer al
alcalde que tenía 24 horas para pagar un cupo de 6 000 pesos, pues de lo
contrario se prendería fuego a la
población.
Los sullaneros
por más esfuerzos que realizaron sólo lograron reunir la cantidad de 2 500 pesos.
Además de eso, los invasores recaudaron las rentas municipales de los
meses de setiembre y octubre, y dejaron una deuda de 530,30 pesos para que las
pagara el Municipio.
También Paita tuvo que pagar todos
los gastos que los chilenos hicieron en las operaciones de desembarco primero y
luego de embarque.
En mayo de 1881, el contralmirante
Patricio Lynch que había comandado a la 1ra. División chilena en la batalla de
Miraflores, reemplaza al general Bulnes, como jefe de las fuerzas de ocupación
con sede en Lima.
Lynch, dispuso que la localidad de
Pacasmayo, fuera inicialmente el centro militar y político de la Zona Norte,
sede que luego pasó a Trujillo.
Como
primer jefe fue designado el coronel Manuel Novoa Gormaz, con sede en Trujillo.
Novoa dispuso sobre Piura, una
incursión militar en setiembre de 1881 llevando consigo al por entonces
teniente coronel, Carvallo, que era segundo jefe. A Lynch molestó mucho que
Novoa hubiera actuado sin haberlo consultado, por cuyo motivo dispuso su cambio
y reemplazo por Carvallo que fue ascendido..
Carvallo por orden de Lynch,
incursionaría sobre Piura en setiembre de 1883 cuando la guerra ya había
prácticamente terminado.
Historiadores y escritores no están
de acuerdo sobre el nombre de Carvallo.
Así Jacobo Cruz en “Catac-ccaos”,
se refiere al coronel Darío Carvallo. El
doctor Carlos Burga Larrea habla del comandante Ramón Carvallo Orrego. El propio
Lynch en sus “Memorias” lo menciona sólo como comandante Carvallo, el
historiador Jorge Basadre se refiere al comandante Ramón Carvallo Orrego. El periodista e historiador Carlos Robles Rázuri, lo llamaba Darío Carvallo, mientras que el escritor
y periodista Jorge Moscol Urbina y el escritor José
Andrés Rázuri, lo llamaban Demetrio.
Lo
cierto es que se llamaba Ramón Carvallo Orrego.
En medio de los agitados tiempo de la
guerra con Chile, hubo sin embargo súbditos extranjeros que mantuvieron su
optimismo y su espíritu emprendedor como para fundar empresas que con el correr
de los años se tornaron de mucha prosperidad.
La explotación de la industria del sombrero de paja toquilla fue una de ellas y la extracción del
petróleo en la costa de Piura, fue otra.
Don Calixto Santos Romero Hernández,
se encontraba por los años 1883 firmemente establecido en la ciudad de Catacaos y en marzo de ese año había fundado la empresa C.
Romero y Cía.
Romero era español, pero de su
patria había salido muy niño. En efecto,
sólo contaba 14 años cuando en compañía de un familiar viajó a Cuba y luego a
Puerto Rico. Bien pronto en el
adolescente se despertó el interés no sólo por viajar, sino también por el
comercio. Fue así como recorrió Chile,
Bolivia, y al fin, llegó al departamento de Piura para echar raíces en Catacaos.
Fueron tres las actividades básicas
de don Calixto Romero: la compra-venta
de algodón; el establecimiento de casas de préstamo en donde se hacían
préstamos de dinero a las “chinas” de Catacaos con la
garantía de sus “dormilonas”, y otras prendas de oro y la compra de sombreros
de paja toquilla que era una antigua industria
artesanal de Catacaos.

La
población predominantemente indígena del Bajo Piura, a la agricultura, la
elaboración de la chicha y la fabricación de sombreros de paja.
La agricultura era sin duda la
principal actividad económica pero su
problema era su eventualidad por las constantes sequías. Los campesinos y las comunidades cultivaban
algodón, ya sea en pequeñas chacras o en las haciendas de los terratenientes
piuranos. Cuando había sequía el trabajo
escaseaba, el indígena tenía que emigrar a otros valles en busca de trabajo;
sus mujeres entonces asumían la responsabilidad de mantener el hogar elaborando
chicha, fabricando sombreros y empeñando sus joyas de oro que pocas veces
rescataban.
La industria del sombrero se había
iniciado durante la colonia y la materia prima que es la paja toquilla, la
adquirían de Ecuador o de las selvas de Moyobamba.
Había esencialmente dos clases de
sombreros. Los llamados de junco, que
eran de tipo corriente, para los cuales se preparaba la paja azufrándola para darle consistencia y los sombreros
finos.
Los primeros estaban destinados para
atender la demanda del propio campesinado de los alrededores. Eran y son
todavía indispensables en una
región de sol tan ardiente, como el nuestro.
Como son muy “alones”, brindan suficiente sombra y también dan protección
en caso de lluvia.
Los sombreros llamados finos se
hicieron famosos en el mundo entero por su alta calidad. Fueron los españoles
Romero y Cabredo los primeros en exportarlos en alta
escala, y luego siguieron los Mendoza, Hilbick, Martínez, Requena, Del Campo y otros. Los sombreros eran enviados a Panamá donde se
etiquetaban, se colocaban en vistosas
cajas y luego se distribuían a Estados Unidos y
a Europa. Se les conocía en el mundo entero como ”Panamá Hat”, es decir sombrero de Panamá.

Fabricar un buen sombrero no era cuestión
fácil. Los expertos tenían una
serie de “secretos” que transmitían de generación
en generación muy celosamente. El trabajo se hacía de noche, sobre todo con la luz de la luna. Requería de una labor muy cuidadosa, paciente
y larga que suponía varios meses. La
paja tenía que ser de insuperable calidad y con un adecuado tratamiento. Un sombrero fino podía doblarse y guardarse en un bolsillo,
sin quebrarse ni dañarse.
Los sombreros finos estaban
destinados a los caballeros elegantes
que pagaban bien por ellos. Ahora, que
la costumbre del sombrero ha desaparecido, la industria también ha decaído.
En cuanto al sombrero corriente, los
artesanos indígenas lo fabricaban en
grandes cantidades. En las
antiguas ferias dominicales que se
efectuaban en la calle El Comercio de Catacaos, era
posible ver rumas de sombreros corrientes que ofrecían en venta a los
campesinos y también, atados de paja
toquilla de diversas calidades.
Las conversaciones de paz habían
avanzado entre chilenos y los representantes del general Iglesias, cuando en
Piura se desarrollaban los sucesos que acabamos de narrar.
Los enemigos empezaban a desocupar
varios puntos del territorio nacional que entregaban a las autoridades iglesistas, mientras que las tropas de ocupación que se
evacuaban se iban concentrando en Lima,
para hacer una última campaña, esta vez contra Arequipa en donde el
contralmirante Montero reunía un ejército con las armas que le proporcionaba
Bolivia.
Los primeros lugares que los
chilenos desocuparon fueron los puertos del departamento de Lambayeque y la
ciudad de Chiclayo, Pacasmayo, todo lo cual ocurrió el 26 de julio. Dos días más tarde era entregado Trujillo y
su puerto a los representantes del Gobierno de Iglesias. La desocupación del departamento de Ica se inició el 31
de agosto y terminó el 4 de octubre cuando salieron los invasores de Pisco.

Como en agosto, los patriotas lambayecanos
asumieron el control del departamento y desconocieron a Iglesias, los chilenos
lo volvieron a ocupar en la primera quincena de setiembre.
Mientras tanto el general Cáceres
después de su derrota en Huamachuco, se retiró al sur con un reducidísimo grupo
hasta llegar a Tarma en donde estaba el coronel Pastor Dávila con un poco más
de 100 soldados, los que sirvieron de base para rehacer sus fuerzas. El 12 de agosto estaba Cáceres en Ayacucho y
daba cuenta a Montero de lo sucedido en Huamachuco, pero le hacía conocer su
propósito de continuar luchando, para lo
cual le solicitaba el envío de una división.
Montero estaba en la imposibilidad total de desprenderse de un solo soldado
porque los chilenos ya habían hecho conocer su propósito de atacarlo.
El capitán de navío Camilo Carrillo
que había sido hasta hacía poco ministro de Montero, había entrado en
desacuerdo con su paisano y se había retirado a la sierra central en donde se
unió a Cáceres al cual instigaba a dirigirse a Arequipa y asumir el mando de
esas fuerzas. El Héroe de la Breña se
negó porque consideraba que no era el momento de sembrar nuevas discordias.
A Cáceres se le sumaron contingentes indios, los cuales
carecían de armas, pero también en las ciudades de la sierra ya estaba ganando
el cansancio y muchos secundaban las ideas pacifistas de Iglesias. Se fue entonces creando una pugna,
desconfianza y resentimiento entre los campesinos indios y los “blancos” a los
que se acusaban de traidores. Los
hacendados principiaron a calificar a los guerrilleros de comunistas.
Lynch
envió en setiembre una división de 1 500 hombres al mando del coronel
Martiniano Urriola contra Cáceres. El 13
de setiembre de 1883 los chilenos se encontraban en Huancayo, luego avanzó con
dirección a Ayacucho siendo hostilizado por los guerrilleros. El 25 llegaron a Huanta y los habitantes
resistieron durante dos días y al ser tomada la ciudad por los invasores fue
incendiada. Los habitantes del
pequeño pueblo de Pacaycasa,
temerosos de los chilenos e instigados por gente adicta a Iglesias, salieron en
medio de aclamaciones a recibir a las tropas de Urriola, gritando ¡Viva el
señor Chile!
Pacaycasa
es el lugar en donde se han descubierto los más antiguos vestigios de una
civilización prehistórica. Poco después
Urriola ocupaba Ayacucho evacuada por Cáceres que se había trasladado a
Andahuaylas en donde se le unieron mil morochucos en
su mayoría montados. Urriola siguió en
Ayacucho y allí estaba cuando se firmó el tratado de Ancón y también cuando los
chilenos ocuparon Arequipa, tras lo cual consideró que no era necesaria su
presencia en la sierra y emprendió el viaje de retorno a Lima, pero al pasar
por la región de los indomables iquichanos de
Huanta tuvo que luchar fieramente con
ellos los días 13 y 15 de noviembre.
Cáceres lo seguía a distancia, pero se quedó en Huancayo en donde
estableció su cuartel general. Por entonces ya el general Iglesias estaba
firmemente posesionado de Palacio de Gobierno en Lima.
Se iba a iniciar la guerra civil
entre Cáceres e Iglesias
El 11 de octubre de 1881 don Ricardo Palma escribía
a Nicolás de Piérola que se encontraba en la sierra
del centro. Decía así:
“Arequipa nos ha dado un
desengaño más. Era lógico esperarlo de ese pueblo veleidoso por
excelencia. La noticia se recibió aquí
el 8 por cablegrama de Arica. Esta
circunstancia me da motivo para presumir que la revolución tendría lugar antes
del 4 fecha en que el vapor debía llevar a Mollendo el decreto de Lynch del 28
de setiembre destituyendo a García Calderón de la presencia magdalénica”.
“Son contradictorios los pormenores
que hasta este momento tenemos de lo sucedido en Arequipa; pero yo me explico,
a mi manera lo que me ha pasado. Don
Manuel Pardo acabó de corromper y desmoralizar a ese pueblo, que poco
necesitaba para perder el resto de virilidad que le quedaba. Sembró en terreno fácil para el mal y lo de
ahora no es sino la cosecha de semilla.
Convencidos los arequipeños de que se preparaba en Chile un cuerpo de
Ejército para atacar Arequipa, han creído conjurar el peligro achilenándose. Lo
ocurrido es efecto de la cobardía, del miedo, del pánico, tanto como de la
corrupción moral de ese pueblo”.
El general Montero que inicialmente tuvo la sede de su
Gobierno en Cajamarca, consideró que más conveniente era Arequipa por la
cercanía a su aliado Bolivia y por la proximidad al teatro de operaciones
bélicas.
Se dedicó con gran tenacidad a
reorganizar una fuerza militar, compuesta por un cuerpo de Ejército y
voluntarios organizados en una Guardia Nacional.
El Ejército de Línea, originalmente
se componía de 4 000 hombres pero tuvo que desprenderse de alguna tropa para
enviar a Cáceres. Don Jorge Basadre
manifiesta que al enviar 1 000 soldados se quedó con tres mil organizados en 8
batallones y los escuadrones “Escolta”
y “Húsares de Junín”. Los
Guardias Nacionales formaban 7 batallones y dos escuadrones de caballería,
que efectivos eran 2 500 aún cuando nominalmente
llegaban a 5 000. Tenían
también 6 cañones Krupp.
Las fuerzas estaban al mando del
pundonoroso coronel César Canevaro.
Lynch decidió la destrucción de las
fuerzas de Montero y para tal fin ordenó que una división de 2 200 soldados de
las tres armas al mando del coronel José Velásquez saliera de Tacna rumbo a
Moquegua donde debía esperar. Montero
previendo ese movimiento había enviado una fuerza al mando del coronel Somocurcio
que al saber el avance de Velásquez y que otra fuerza chilena
llegaría pronto a Ilo con 3 000 hombres, optó por retroceder hasta Arequipa.
Los 5 000 soldados chilenos se unieron en Moquegua
y
pronto se les sumaron 1 200 más. De la
sierra central convergía también hacia Arequipa el coronel Urriola con 4 000
hombres en un poderoso movimiento de pinzas
con más de diez mil soldados en conjunto.
Los soldados peruanos estaban
armados con rifles Remington
proporcionados por el presidente Campero
de Bolivia. También había enviado
municiones, los cañones Krupp, uniformes y calzado.
Canevaro y Montero habían decidido defender la estratégica cuesta de Huasacachi y colocada en ella al coronel José Godines, pero éste se retiró sin combatir y los chilenos tomaron esa posición. Quedaba, sin embargo, el paso de Chacahuayo en las alturas de Puquina, a uno y a otro lado del desfiladero defendido por la derecha y la izquierda por los hermanos Germán y Francisco Llosa, oriundos de Arequipa. El coronel Canevaro que estaba en Puquina, dejó el frente para ir a entrevistarse con Montero en relación con órdenes contradictorias dadas por el coronel Belisario Suárez. En la noche del 23 de octubre de 1883, los coroneles Llosa, ante unos movimientos de los chilenos, temieron ser flanqueados y dejaron las posiciones estratégicas para replegarse con dirección a Arequipa. Con eso, los chilenos tuvieron el camino libre.
En Arequipa cundió la alarma y ante
la presión de vecinos notables el Municipio se reunió para pedir a Montero que no se
produjera una batalla en las calles de la ciudad. Al Municipio se unió el Cuerpo Consular. La respuesta de Montero fue: “Señores,
si es necesario que la ciudad sucumba, sucumbirá porque ante todo estoy
decidido a salvar la dignidad y la honra del país”. Canevaro de
inmediato se dirigió a Chacahuayo para asumir el
mando de las fuerzas que había tenido los hermanos Llosa y hacer un repliegue hacia Arequipa a
marchas forzadas. Montero procedió a
reunir un Consejo de Guerra y también al Consejo de Ministros y planteó la
resistencia en la ciudad, pero el criterio unánime fue retirarse con el
Ejército de Línea hacia Puno. Mientras
tanto, había efervescencia en las calles, y la Guardia Urbana en su mayor parte había abandonado los
cuarteles llevándose el armamento a sus casas., pus eran arequipeños.
Montero pensó en que podía contar con el respaldo del pueblo y contrariar a su propia oficialidad para dar la batalla de Arequipa y para tal fin convocó al pueblo, pero las opiniones estaban divididas y en su mayoría opinaban por la no-resistencia.

Se produjo entonces un motín del
pueblo y de la Guardia Nacional. Las
refriegas y los tiroteos menudearon. Se
empezó a preparar la retirada del Ejército de Línea hacia Puno esperándose la
llegada de los efectivos del coronel Canevaro. El teniente alcalde fue muerto en un
tiroteo. Dice el historiador Jorge Basadre :“Los
partidarios de la resistencia acusaban a Montero porque abandonaba la ciudad y
los de la capitulación, porque la exponía a vejámenes del enemigo”. Es decir que a Montero se le había escapado
el control de la ciudad de las manos.
Con el fin de apaciguar los ánimos, Montero recorrió los cuarteles y fue
recibido con demostraciones hostiles y en uno de ellos un grupo de guardias en
franca rebelión disparó contra el general y por poco lo matan, pues un balazo
le atravesó el kepí, mientras que uno de sus ayudantes y soldados de su escolta fueron muertos.
Mientras tanto, las fuerzas de Canevaro al enterarse de los sucesos de Arequipa en gran
parte se desbandaron y los pocos que llegaron a la ciudad también se
desmoralizaron. Los miembros de la
Guardia Nacional, se negaron a entregar las armas, que Montero
deseaba llevar a Puno.
En la noche del 26 todo era un caos
dentro de la ciudad, por cuyo motivo Montero cuya vida peligraba dentro de
ella, resolvió retirarse con una escolta.
A caballo llegó a Chiguata y tras de tener también una refriega en este lugar
con partidarios de la paz, siguió hasta Santa Lucía donde tomó el tren que lo condujo a
Puno.
En carta que posteriormente Canevaro envió a Cáceres relatándole los sucesos de
Arequipa, dice que la noticia del
repliegue de Godines y de los Llosa desalentó
al vecindario de Arequipa y que se produjo el desbande del cuerpo de cívicos,
de tal modo que de 3 000 sólo
quedaron la mitad acuartelados el día
24. Narra que el 25 fueron tocadas las
campanas de las iglesias a rebato y la multitud se congregó en la plaza principal, a donde
acudió Montero para calmar a la multitud, pero fue imposible
hacerse oír. Entonces el Batallón de Cívicos
Nº 7 inició ese día el motín que conmovió a la
ciudad y determinó el abandono de ella por parte del Gobierno. El 27 la
Municipalidad entró en tratos con el jefe chileno Velásquez que estaba
acampando a seis leguas de la ciudad esperando tranquilamente el desarrollo de
los sucesos. Se acordó una reunión de
jefes chilenos con una Comisión de Notables de Arequipa para tratar sobre los
detalles de la entrega. La reunión fue
en Paucarpata y el día 27 el ejército chileno
ingresaba a la Ciudad Blanca sin disparar un solo tiro y hasta con algunas
muestras de adhesión de gentes en las calles.
Canevaro
se vio precisado a dejar también la ciudad y dirigirse igualmente a Bolivia.
El padre Rubén Vargas Ugarte en su
Historia General del Perú, tras de dar a
conocer la carta de Montero a Cáceres, dice:
“Esta nos descubre lo sucedido en Arequipa, que en esta ocasión
desmintió la fama que se había conquistado por su celo en defender las instituciones
patrias”. Luego dice: “De este modo vino a resultar un sarcasmo
lo que en una hoja volante distribuida entre el pueblo de la Ciudad Blanca, se
había dicho por aquellos días, a saber
que Arequipa estaba llamada a redimir al Perú y a Bolivia”.
Los chilenos ocuparon Arequipa hasta
el 21 de diciembre de 1883 en que se retiraron
para que pudieran elegir sus
diputados al Congreso convocado por Iglesias para ratificar el Tratado de
Ancón.
Cuando las tropas de Carvallo ocupaban Piura, las
negociaciones de paz entre los agentes de Miguel Iglesias y los chilenos estaban
ya muy avanzadas.
Fue así, como cuatro días después que los invasores
desocupaban la ciudad de Piura, se firmaba el tratado el 20 de octubre de 1883.
Todos los preliminares de las negociaciones
de paz se habían efectuado entre Mariano Castro Zaldívar, cuñado de Iglesias y
el delegado chileno Jovino Novoa.
Pero Castro no era ducho en esta
clase de discusiones y por lo tanto solicitó de los chilenos la repatriación de
don José Antonio de Lavalle y de Antonio García y García que estaban
prisioneros en Chile.
Inicialmente tanto Lynch como Novoa
se negaron a la solicitud en cuanto a Lavalle pero al fin cedieron.
Cuando Antonio García y García conoció
los preliminares del tratado y la mutilación del territorio nacional así como
las duras condiciones económicas, prefirió seguir en las duras condiciones del
destierro, para no acceder a lo que prácticamente consideraba un crimen y una
traición a la patria..
Lavalle
que confiaba un tanto en su capacidad negociadora si aceptó y además convenció a Andrés Avelino Aramburú, para que
lo acompañase de Chile al Perú.
Antonio de Lavalle pudo darse cuenta al llegar a Lima que Tarapacá estaba definitivamente perdida y por varias semanas discutió con Jovino Novoa la suerte de Tacna y Arica que los chilenos también querían anexar mediante la forma de compra al Perú.
Las reuniones se efectuaban en el
balneario de Ancón, que los diplomáticos y jefes de las escuadras neutrales
habían logrado evitar que fuera saqueado y ocupado por los chilenos. Era una especie de tierra neutral.
El Tratado de Paz de Ancón es el siguiente:
Artículo 1º.-
Restablécense las relaciones de paz y amistad entre las repúblicas de Chile y del
Perú.
Artículo 2º .- La República del Perú
cede a la República de Chile, perpetua e incondicionalmente, el territorio de
la provincia litoral de Tarapacá cuyos límites son: por el norte la quebrada y río Camarones, por
el sur la quebrada y río Loa; por el oriente la República de Bolivia y por el
poniente el mar Pacífico..
Artículo 3º .- El territorio de las
provincias de Tacna y Arica, que limita por el norte con el río Sama, desde su
nacimiento en las cordilleras, limítrofes con Bolivia hasta su desembocadura en
la quebrada y río Camarones, por el oriente con la República de Bolivia y por
el poniente con el mar Pacífico, continuará poseído por Chile y sujeto a la
legislación y autoridades chilenas durante el término de diez años contados
desde que se ratifique el presente
tratado de paz.
Expirado este plazo, un plebiscito
decidirá en votación popular, si el territorio de las provincias referidas
queda definitivamente del dominio y soberanía de Chile o si continúa siendo
parte del territorio peruano.
Aquel de los dos países a cuyo favor
queden anexadas las provincias de Tacna y Arica, pagará al otro diez millones
de pesos moneda chilena de plata o soles peruanos de igual ley y peso de
aquella.
Un protocolo especial que se
considerará como parte integrante del presente tratado, establecerá la forma en
que el plebiscito debe tener lugar y los términos y plazos en que deban pagarse
los diez millones por el país que quede dueño de las provincias de Tacna y
Arica.
Artículo 4º .- En conformidad a lo
dispuesto en el supremo decreto de 9 de febrero de 1882 por el Gobierno de
Chile ordenó la venta de un millón de toneladas de guano, el producto líquido
de esta sustancia, deducidos los gastos y demás desembolsos a que se refiere el
artículo 13 de dicho decreto, se distribuirá por partes iguales entre el
Gobierno de Chile y los acreedores del Perú, cuyos títulos de crédito
aparecieron sustentados con la garantía del guano.
Terminada la venta del millón de
toneladas a que se refiere el inciso anterior, el Gobierno de Chile continuará
entregando a los acreedores peruanos el cincuenta por ciento del producto
líquido del guano, tal como se establece
en el mencionado artículo 13 hasta que se extinga la deuda o se agoten las
covaderas en actual explotación.
Los productos de las covaderas o
yacimientos que se descubran en el futuro en los territorios cedidos,
pertenecerán exclusivamente al Gobierno de Chile.
Artículo 5º.- Si se descubrieran en
los territorios que quedan del dominio del Perú covaderas o yacimientos de
guano, a fin de que los gobiernos de Chile y del Perú no se hagan competencia
en la venta de esta sustancia, se determinarán previamente por ambos gobiernos,
de común acuerdo, la proporción y condiciones a que cada uno de ellos deba
sujetarse en la enajenación de dicho abono.
Lo estipulado en el artículo
precedente regirá así mismo con las existencias de guano ya descubiertas que
pudieran quedar en las islas de Lobos, cuando llegue el evento de entregar esas
islas al Gobierno del Perú, en conformidad con la cláusula novena del presente
tratado.
Artículo 6º .- Los acreedores
peruanos a quienes se concede el beneficio
a que se refiere el artículo 4º deberán someterse para las
calificaciones de sus títulos y demás procedimientos a las reglas fijadas en el
supremo decreto de 9 de febrero de 1882.
Artículo 7º .- La obligación que el
de Chile acepta, según el artículo 4º de entregar el cincuenta por ciento del
producto líquido del guano de las covaderas en actual explotación, subsistirá,
sea que esta explotación se hiciera en conformidad al contrato existente sobre
la venta de un millón de toneladas, sea que ella se verifique en virtud de otro
contrato o por cuenta propia del Gobierno de Chile.
Artículo 8º .- Fuera de las
declaraciones consignadas en los artículos precedentes y de las obligaciones
que el Gobierno de Chile tiene espontáneamente aceptadas en el supremo decreto
de 28 de marzo de 1882 que reglamenta la propiedad salitrera de Tarapacá, el
expresado Gobierno de Chile, no reconoce títulos de ninguna clase que afecten a
los nuevos territorios que adquiere por el presente tratado, cualquiera que sea
su naturaleza o procedencia.
Artículo 9º .- Las islas de Lobos
continuarán administradas por el Gobierno de Chile hasta que se de término en
las covaderas existentes, a la explotación de un millón de toneladas de guano,
en conformidad a lo estipulado en los artículos 4º y 7º. Llegado este caso se devolverán al Perú.
Artículo 10º .- El Gobierno de Chile
declara que cederá al Perú desde el día en que el presente tratado sea ratificado y canjeado constitucionalmente, el 50% que le
corresponde en el producto del guano de las islas de Lobos.
Artículo 11º .- Mientras no se ajuste un tratado especial, las relaciones mercantiles entre ambos países subsistirán en el mismo estado en que se encontraban antes del 5 de abril de 1879.
Artículo 12º.- Las indemnizaciones
que se deban pagar por el Perú a los chilenos que hayan sufrido
perjuicios con motivo de la guerra, se juzgarán por un tribunal arbitral o
comisión mixta internacional, nombrada inmediatamente después de ratificado el
presente tratado, en la forma establecida por convenciones recientemente
ajustadas entre Chile y los gobiernos de Inglaterra, Francia e Italia.
Artículo 13º .- Los gobiernos
contratantes reconocen y aceptan la validez de todos los actos administrativos
y judiciales pasados, durante la ocupación del Perú, derivados de la
jurisdicción marcial ejercida por el Gobierno de Chile.
Artículo 14º .- El presente tratado
será ratificado y las ratificaciones canjeadas en fe de lo cual las respectivas
plenipotencias lo han firmado por duplicado y sellado con sus sellos
particulares.- Lima 20 de Octubre de 1883.- Jovino Novoa.- J.A
de Lavalle.- Mariano Castro Zaldívar.
Con la ayuda de armas y contingentes
chilenos, pudo desplazarse el general Iglesias de Cajamarca a Trujillo y de esa
ciudad a las proximidades de Lima.
El 23 de octubre, Lynch retiraba de
Lima los 4 000 soldados que tenía y los acantonaba en Barranco, Chorrillos,
Miraflores, Chosica y Tarma. También desocupó Palacio de Gobierno y otros
edificios públicos. Nada dejó en
ellos. Cargó, en un acto de rapiña, con todos los muebles rumbo al Callao para
embarcarlos en la flota chilena. Durante
tres días trabajó en forma febril la
soldadesca chilena en consumar la última etapa del saqueo, cargando 3 000
carretadas. El jefe de ocupación Lynch
hizo conocer que seguiría en Miraflores hasta la ratificación del tratado. Parte del ejército de ocupación se embarcó
rumbo a Chile con los productos del último saqueo. El Gobierno de Iglesias debía de cubrir los
gastos diarios de ocupación.
Miguel Iglesias se había estacionado
en Ancón, y el día 23 de octubre al frente de un ejército de 1 200 hombres hizo
su ingreso en Lima siendo las campanas de todas las iglesias lanzadas al vuelo.
Llegó el general Iglesias al vacío
Palacio de Gobierno seguido por una entusiasta muchedumbre, procediendo de
inmediato a izar la bandera nacional, acto que no se había hecho por más de dos
años y medio de ocupación.
En la primera etapa de su Gobierno
en Cajamarca, el general Miguel Iglesias había tenido como Ministro Único a su
hermano Lorenzo. Posteriormente, trató
de dar más forma a su Gobierno para adelantar las conversaciones de paz y
nombró como primer ministro y ministro de Justicia e Instrucción a don
Manuel Barinaga,
en Relaciones Exteriores a José
Antonio de Lavalle, ministro de Gobierno
a Martín Dulanto, ministro de Guerra a Javier de Osma y ministro de Hacienda a
Elías Malpartida
Lavalle de inmediato pidió a los
chilenos la libertad de los prisioneros de guerra lo que fue aceptado, menos en
cuanto al ex -presidente García Calderón que siguió cautivo en Chile.
El coronel José Mercedes Puga, se
volvió a posesionar de Cajamarca tan pronto como salió de ese departamento el
general Iglesias, desconoció a su gobierno y también al Tratado de Ancón. Hizo
saber que seguía leal a los patrióticos principios del general Cáceres.
El general Montero con 3 000 hombres
bien armados en Arequipa, desconoció el tratado de paz por mutilar el
territorio nacional. Pero poderosas
columnas enemigas convergían sobre la Ciudad Blanca, cuya población se
desmoralizó cuando supo la firma del Tratado de Ancón, produciéndose una
asonada que obligó a Montero a dejar al igual que el general César Canevaro, en forma precipitada la ciudad, la cual se
entregó al enemigo.
Los acontecimientos habían sucedido rápido, y sólo quedaba
Cáceres en el Centro con una pequeña fuerza.
Sin embargo, en diciembre de 1883 lanzaba un manifiesto a la nación,
negándose aceptar los hechos consumados, porque no se puede retroceder sin
mengua cuando se ha pasado por Tarapacá y Huamachuco. En esos momentos era Cáceres el legítimo gobernante del Perú,
porque estando el presidente García Calderón
preso en Chile, y el primer vicepresidente general Montero fuera del
país por los hechos de Arequipa, correspondía a Cáceres en su condición de 2º
vicepresidente, asumir el mando supremo
de la Nación; así se lo hizo conocer Montero en una comunicación fechada en
Puno antes de dejar el territorio nacional.

En esos momentos estaban bajo
control de Puga, no sólo de Cajamarca, sino también de Huamachuco y Huaraz.
En noviembre de 1883 renunciaron los
ministros Lavalle, Dulanto y Malpartida; quedando el Consejo de Ministros
recompuesto del siguiente modo: Manuel Barinaga,
Javier Osma, Eugenio Larrabure, Mariano Castro
Zaldívar y Manuel Galup. Este equipo duró hasta abril de 1884.
Los tenedores de la deuda externa
peruana no quedaron del todo satisfechos con el tratado. Pensaron lograr la tajada del león, sobre
todo los europeos. Su planteamiento era
que se les permitiese asumir la explotación de las salitreras de Tarapacá a lo
que siempre se opuso Chile. Durante la
guerra los acreedores del Perú viendo la postración nuestra, prefirieron
siempre tratar con el invasor y la Peruvian Guano
llevo su inmoralidad al extremo de desconocer las letras de pago que había aceptado por el guano enviado antes a
Europa. En pocas palabras, nos
robaron. La firma de judíos franceses, Dreyffus, que habían
hecho su plata en el Perú, era de las más exigentes. Estados Unidos y Alemania se opusieron siempre
a las desmesuradas pretensiones de los acreedores franceses, a pesar que
durante la guerra, el canciller alemán Bismark, se había mostrado favorable a
Chile.
Para los tarapaqueños, el tratado
constituyó un tremendo golpe moral. Se
produjo un gran éxodo de familias lo mismo que en Tacna y Arica, firmaron
protestas y realizaron manifestaciones patrióticas en Lima y otras
ciudades. Un memorial con miles de firma
fue presentado en el Congreso.
Para los piuranos, el tratado
significaba la presencia por un buen número de años de los odiados chilenos en
las islas de Lobos y el establecimiento de oficinas en Paita. Si bien
es cierto que la terminación de la guerra causó satisfacción en el
departamento, se estimó que las cláusulas habían sido muy duras y el sacrificio
de Grau y de decenas de miles de peruanos había resultado inútil.
Varias
fueron también las naciones americanas que protestaron por la imposición de un
tratado con mutilación territorial.
De
nada había valido tanto sacrificio, tantos muertos y tanta destrucción. Al
decir de Basadre, el Perú al terminar la guerra era un país yacente.
La
intención de Chile había sido que el Perú no se pudiera levantar en los
siguientes cien años. Casi lo consiguió. Cuando se cumplieron esos 100 años,
gobernaba al Perú el general Juan Velasco y nuestro país era prácticamente una
de las primeras potencias militares de
América del Sur. Fue intención de
Velasco rescatar Arica por la fuerza. Los hechos se desarrollaron de otra
forma.
Cuando el 16 de octubre de
El coronel Fernando Seminario Echandía, su pariente y opositor político, se había
expatriado al Ecuador, desde donde incitaba a la resistencia contra el Gobierno
de Iglesias, al cual se acusaba de entreguista y traidor..
Augusto Seminario y Váscones estuvo
sirviendo en la prefectura de Piura hasta fines de enero de 1884, trasladándose
luego a Lima para estar presente en la apertura de la Asamblea Constituyente el
1º de marzo de dicho año.
Lo reemplazó en el cargo don
Alejandro Cortés que sirvió hasta agosto del mismo año en que lo depone don
Víctor Eguiguren, para asumir por breve tiempo el cargo prefectural.
El año 1884, durante el breve
período que sirvió don Augusto Seminario
Váscones ocurrió un luctuoso hecho, fruto de los
odios políticos y familiares que dividieron por décadas a la ciudad de Piura,
por culpa de la familia Seminario.
En su libro “Recuento Histórico
Cultural del Departamento de Piura”, el doctor José Albán Ramos, reproduce un relato de don José
Vicente Rázuri.
El error del mismo está en ubicarlo en octubre de 1884, lo que no puede
ser, por cuanto uno de los principales protagonistas, don Augusto Seminario Váscones, ya no era prefecto de Piura y se encontraba en
Lima.
Piura al iniciarse el año 1884 vivía
un ambiente tenso. La inquieta mangachería era decidida partidaria de Cáceres y del
coronel Fernando Seminario y Echandía. Se suponía que algunos de sus principales
vecinos tenían conexiones con los montoneros de Eloy Castro y del general La
Cotera que mantenían en agitación la sierra y la frontera.
Los pesquisidores del prefecto,
veían conspiradores por todas partes, y se hacían numerosos arrestos,
cometiéndose abusos y vejámenes con los detenidos. En una de esas redadas cayó don Higinio
Albán, antepasado sin duda del doctor Albán Ramos.
El
prefecto supo de la detención y ordenó un severo interrogatorio, para conocer
los comprometidos radicados en Piura, las conexiones con los montoneros y
ordenó un severo interrogatorio, para conocer los comprometidos radicados en
Piura, las conexiones con los montoneros y las informaciones que sobre ellos y
sobre todo con relación al coronel Fernando Seminario podía dar el
detenido. Pero sea porque éste en
realidad ignorase el paradero del empecinado coronel “cacerista”
o porque sabiéndolo no quería revelarlo, el hecho concreto es que de la
interrogación no se sacó nada. Se
procedió entonces a la aplicación de los castigos infamantes que se tenía por
costumbre aplicar en algunos casos sin miramiento para las personas: es decir cepo, y luego 25 azotes. Estos últimos no se aplicaban al dorso de las
víctimas, sino a nalga limpia, y con el azotado amarrado a un poste o escalera.
Don Fernando Seminario había
aplicado ese castigo a los bandoleros que capturaba y era comentario
general que los facinerosos preferían
ser fusilados, antes que someterse al infamante castigo. Fue por eso que cuando
don Fernando fue prefecto, los bandoleros en forma prudente entraban en
relativa inactividad.
Higinio Albán no era en realidad un
cualquiera, y por ese motivo la decisión tomada era sumamente criticable y no
tenía ninguna justificación. La mujer de
Albán solicitó que le devolvieran a su marido.
Este se encontraba inconsciente, sangrante y tirado en un patio. El pedido le fue denegado y a la caída de la
noche, el herido fue colocado sobre una mula, y con un piquete de seis
gendarmes llevado con dirección a la ciudad de Sullana en donde se iba a
realizar una ronda rural. En el relato
se asegura que todo se hizo por orden del prefecto y que al pasar el grupo por la esquina Cajamarca-Libertad,
frente a la casa de doña Manuela Albán, más conocida como la “Chava Albán”, el herido presumiendo lo que le iba a pasar,
se puso a gritar pidiendo auxilio. Los
guardias continuaron imperturbables el recorrido nocturno seguidos por la
hermana y por la mujer del prisionero doña Joaquina Silva. La
comitiva se detuvo en las afueras de Huan
y en ese lugar sin más trámite procedieron a fusilarlo. Las desventuradas mujeres recogieron el
cadáver y con la ayuda de Manuel Siancas,
consiguieron un burro, retornando a Piura al despuntar el alba del día
siguiente.
El suceso conmovió Piura y
contribuyó a hacer más profundos los enconos.
Estaba visto que por esos tiempos la vida humana no tenía el menor
valor. Quizá el hecho de haber visto
morir tanto compatriota en los campos de batalla y asesinados por el invasor
había producido un relajamiento en la sensibilidad humana.
Como lo hemos dicho, el coronel
Augusto Seminario partió a Lima para incorporarse a la Asamblea Nacional y
también a las actividades partidarias con don Nicolás de Piérola que había retornado a
En diciembre de 1885, el presidente
Iglesias se vio precisado a renunciar el cargo ante el éxito militar del Héroe
de la Breña don Andrés Avelino Cáceres
que mediante un audaz golpe de mano había logrado capturar Lima. Luego vinieron los años del Gobierno de Cáceres y de Morales Bermúdez con
la oposición de los pierolistas, hasta 1895 en que
don Augusto Seminario inicia en Sullana la sangrienta montonera. Torna otra vez a los primeros planos de la
actividad política llegando a ser prefecto y ser senador, pero se necesitan otros diez años más para que se
desarrolle la segunda parte del drama.
Llegó el año 1904. Para entonces, Manuel Albán hijo de Higinio
era un fornido mozo que se había
enterado de la trágica muerte de su padre y había jurado vengarlo.
Don Augusto Seminario había
retornado a las labores agrícolas y junto con don Vicente Eguiguren había
decidido explotar en alta escala la hacienda Talandracas.
El 27 de marzo de 1904, transitaba
don Augusto Seminario por la calle Tacna, cuando fue interceptado por un hombre
joven, más conocido como el “Pumpo”, el cual tras de
darse a conocer, sacó rápidamente un revólver y disparó dos veces contra
Seminario que se desplomó en medio de un
charco de sangre.
Tranquilamente el agresor se entregó
en la Comisaría dando su nombre y diciendo que acababa de dar muerte al asesino
de su padre. En realidad, Seminario
solamente estaba herido y fue enviado a
su domicilio.
El hecho dividió a la ciudad de
Piura. Muchos a causa del prestigio y
del poder de Augusto Seminario estaban a su favor, pero la mayoría respaldó al
vengador y uno de ellos fue un joven abogado y periodista, don Enrique López Albújar que ofreció sus servicios profesionales en forma
gratuita. Demás está decir que “El Amigo
del Pueblo”, del que era director López Albújar,
abrió campaña a favor de Albán considerando una serie de atenuantes no obstante
su nacionalidad. El proceso se vio
prontamente en la Corte Superior que presidía el doctor Luis León y León y dio
por compurgada la pena con la carcelería
que había sufrido el “Pumpo” Albán.
El día de su liberación, los mangaches improvisaron un mitin a las puertas de la
prisión.