Capítulo XIII

CAPITULO XIII

 

 

SEGUNDA OCUPACIÓN DE PIURA Y FIN DE LA GUERRA

 

 

 

 

Ø      Nobleza y desprendimiento de Montero

Ø      Genaro Carrasco nombrado prefecto

Ø      Carrasco toma Huancabamba

Ø      La ayuda chilena a Iglesias

Ø      Piura con tres prefectos

Ø      La retirada de Cáceres al norte

Ø      La batalla de Huamachuco

Ø      El crimen de Poclús

Ø      Segunda ocupación de la ciudad de Piura

Ø      Cómo fue la segunda ocupación

Ø      El saqueo de Frías

Ø      Carvallo deja la prefectura a Augusto Seminario

Ø      Carvallo

Ø      La última resistencia de Cáceres

Ø      La opinión de Ricardo Palma sobre Arequipa

Ø      Montero en Arequipa

Ø      El Tratado de Paz de Ancón

Ø      Reacciones por el Tratado de Ancón

Ø      El fusilamiento de Higinio Albán

 

 

 

Nobleza y desprendimiento

ARRIBA

El Congreso de Arequipa organizado por el contralmirante Montero, se instaló el 22 de abril de 1883.  Para esa fecha el general Iglesias ya había avanzado bastante en sus acuerdos con los chilenos y se estaba perfeccionando en Lima las bases para la firma del tratado de paz.

 

            A diferencia de lo ocurrido en la Asamblea de Montán, el Congreso de Arequipa sí fue representativo por cuanto todos los departamentos del sur y del centro eligieron a sus diputados y senadores, lo cual justificó su demora.

 

            Como presidente de la asamblea se eligió a Manuel Costas, como presidente de la Cámara de Senadores a Tomás Gadea y de la Cámara de Diputados a Alejandro Arenas.

 

            El contralmirante Montero consideró conveniente elegir un nuevo gabinete en el que figuraba como ministro de Guerra el  coronel Belisario Suárez.

 

            El paiteño Camilo Carrillo había asumido la representación del departamento de Piura por elección de la asamblea.

 

            El Congreso ratificó a García Calderón como presidente y al contralmirante Lizardo Montero como primer vice-presidente.  También ratificó al general Cáceres en ese grado que le había sido conferido por Piérola y además lo nombró como segundo vice-presidente de la República.

 

            La Asamblea Legislativa acordó designar a los representantes de los departamentos del norte que por estar ocupados por el enemigo no habían podido enviar sus representantes.  A Piura se le consideró en ese caso.

 

            Bolivia envió de inmediato su representante diplomático a Arequipa, pues se trataba de mantener a toda costa la alianza.  Consecuente con eso, el Congreso acordó que toda tregua o tratado de paz debía de hacerse de acuerdo con Bolivia.

 

            Se dispuso que se intensificara la preparación y actividad militar para obligar a Chile a ceder en sus exigencias en cuanto al tratado de paz.

 

            Montero reiteró su oferta hecha en febrero y en marzo de entregarse como rehén de los chilenos en sustitución del presidente García Calderón a fin de que él mismo pudiera recuperar su libertad y establecerse en Arequipa, y con la plena autoridad de ser el presidente y llevar adelante los destinos del Perú.  Esta decisión también la participó Montero a García Calderón en carta del 12 de febrero.  El presidente cautivo agradeció emocionado la propuesta pero los chilenos no la aceptaron.

 

            La  actitud desprendida de este jefe, muestra que los marinos piuranos tenían cualidades que parecían comunes a todos ellos, como lo eran la nobleza y el elevado espíritu de sacrificio que llegaron a su máxima manifestación con Grau y con Noel.

 

            En otras oportunidades Montero había dado ya muestras de nobleza y de desprendimiento, como cuando renunció al alto mando de los ejércitos de la Alianza a favor de Campero para robustecer la Alianza con Bolivia, y el aceptar a Piérola en el mando supremo para evitar pugnas políticas en el momento que el Perú enfrentaba a sus enemigos.

 

            Sin embargo los méritos de este marino y soldado que fue Montero, no han sido reconocidos en la proporción que lo merecen y el Perú  y también Piura les son deudores en ese sentido.

 

            El Congreso de Arequipa clausuró sus sesiones el 20 de julio.  Para esa fecha, la causa peruana estaba ya perdida, pues aparte de haberse producido la derrota nacional en Huamachuco, el general Iglesias desde mayo había firmado el documento llamado Bases del Tratado de Paz, y los chilenos empezaron a cumplirlo, desocupando Pacasmayo primero y luego Eten y Chiclayo el 26 de julio, lo mismo que Trujillo y Salaverry el 28 de julio día de nuestro aniversario patrio.  Los chilenos a partir de junio, sólo se proponían destruir a Cáceres y a Montero para afianzar la autoridad de Iglesias.

 

 

 

Genaro Carrasco nombrado prefecto

ARRIBA

 

            Una de las primeras disposiciones que adoptó el general Iglesias tan pronto inició contactos con los chilenos, fue nombrar a su pariente Vidal García García, como su representante personal ante el coronel Carvallo Orrego, (jefe militar chileno en la región del  norte) y delegado regional.

 

            Vidal García se ubicó en Pacasmayo y desde allí no sólo podía mantener constantemente informado a Iglesias que seguía en Cajamarca, sino también estimular a los grupos pro-paz que se iban formando en La Libertad, Lambayeque y Piura.

 

            Cuando Teodoro Seminario intentó infructuosamente tomar Huancabamba en el mes de enero, al regresar estableció su cuartel general en el Alto Piura, en donde fue engrosando sus fuerzas y también hostilizando a su pariente el prefecto coronel Fernando Seminario y Echandía.

 

            Teodoro Seminario tenía como lugarteniente a Genaro Carrasco, personaje arrojado y ambicioso, que tomó contacto con el general Iglesias logrando  que el presidente regenerador, desde Cajamarca expidiera un decreto supremo, nombrándolo como prefecto del departamento de Piura.

            En la ciudad de Piura funcionaba una Delegación Departamental, que por lo visto recibía y tramitaba órdenes del general Iglesias.  Había por lo tanto una crisis de poder en el departamento y no obstante la energía del prefecto Fernando Seminario, no ejercía a plenitud su poder por cuanto Paita estaba ocupado por los chilenos, el Alto Piura controlado por Genaro Carrasco lo que  aislaba a Huancabamba.  Tumbes lleno de iglesistas y la misma ciudad de Piura, con la mayoría de la propia familia Seminario en su contra.

 

            La   Delegación Departamental recibió el oficio de nombramiento del nuevo prefecto el 29 de abril y lo transcribió a Genaro Carrasco que se encontraba con sus fuerzas en Bigote.

 

            De inmediato Carrasco comunicó a Iglesias que aceptaba el cargo.  Como es de  suponer, el coronel don Fernando Seminario Echandía no se dio por enterado y seguía manteniéndose en Piura firmemente , con todo su poder.

 

           

 

           

 

Carrasco toma Huancabamba

ARRIBA

 

            Premunido Carrasco con el nombramiento de prefecto de Piura, decidió de inmediato tomar la ciudad de Huancabamba que permanecía fiel al prefecto Fernando Seminario y  al Gobierno del general-contralmirante Montero, no obstante la proximidad de esta provincia al departamento de Cajamarca.

 

            Al general Iglesias sin duda tenía que inquietar mucho la posibilidad que Puga uniera sus fuerzas con las que el prefecto Seminario Echandía tenía en este lugar.

 

            El padre Justino Ramírez en “Huancabamba” se ocupa de la toma de Huancabamba por las fuerzas de Genaro Carrasco, que al igual que don Teodoro Seminario se hacían llamar coroneles.  La toma se  efectuó el 6 de mayo de 1883.

 

            Al tener noticias de la llegada de las tropas de Carrasco, los huancabambinos se aprestaron una vez más a la defensa y nuevamente el doctor Félix Manzanares fue uno de los dirigentes de la resistencia.  Este con un grupo armado tomó posesiones al otro lado del río en Cruz Grande para impedir que los iglesistas vadeasen el Huancabamba por ese lugar, mientras que otro grupo seguía con Manuel Sánchez y Nicolás Jiménez continuaron avanzando hasta toparse a las 3 de la tarde  con Genaro Carrasco en Cungallo.  Durante tres horas se combatieron primero en una línea de resistencia y luego en otra, pero el mayor número de atacantes y su mejor armamento arrollaron a los defensores y a las siete de la noche los iglesistas entraban en la ciudad, cuya ocupación mantuvieron hasta el 6 de junio.  El pueblo de Huancabamba se mostró hostil a los ocupantes, por lo cual Carrasco adoptó medidas de rigor imponiendo cupos y tomado de las  tiendas comerciales y de las haciendas lo que querían para el mantenimiento de sus tropas.  Esto obligó a muchas familias a retirarse de la ciudad.

 

            En carta que Mariano Castro Zaldívar enviaba el 24 de mayo al  general Iglesias le decía:  “Por si no te lo comunican Frías y Hernández, te avisaré que Genaro Carrasco en Piura ha tomado el pueblo de Huancabamba con 140 hombres que tenía a su mando y hoy tiene 180 armados, pero no va a Piura porque allí hay 300 que mandan los Seminario; y ya se le ha telegrafiado a Carrasco que vaya a unírsele”.

 

            Como se puede apreciar, tanto Maximiliano Frías como Hernández seguían siendo gente de confianza y correos de Iglesias.

 

 

 

La ayuda chilena a Iglesias

ARRIBA

 

            El 24 de mayo Castro Zaldívar escribía desde Lima a su cuñado el general Iglesias acusándole recibo de la carta enviada por el regenerador con las Bases del Tratado de Paz ya aceptadas por el presidente, en vista de lo cual el delegado chileno había ofrecido la desocupación definitiva de todo el departamento de La Libertad, comprendiendo aduanas, ferrocarriles y hasta las poblaciones de la sierra. Le hace conocer que las fuerzas chilenas que el coronel Gorostiaga tiene en Santiago de Chuco, se aprestaban a marchar sobre Huaraz, para deponer al coronel Recavarren y a Jesús Elías y nombrar en su lugar como prefecto al coronel Anduvire.

 

            Luego le dice:  “Hemos aprobado el nombramiento que has hecho de tu delegado a favor de Vidal García  y García para que venga a hacerse cargo de Trujillo a nombre tuyo”.  El delegado recién nombrado era yerno de Castro Zaldívar y éste a su vez cuñado de Iglesias, lo cual muestra en éste una tendencia tremenda al nepotismo.

 

            Castro Zaldívar  recomienda a su cuñado que Vidal García y García vaya a Trujillo por la vía de Ascope a más tardar entre el 3 o 4 de junio, y que lleve entre 100 o 200 hombres armados para ocupar Trujillo.  A su vez urge a Iglesias para que deje Cajamarca de inmediato y el 13 de junio a más tardar esté en Trujillo.

 

            Le hace conocer que ha recibido un préstamo de 30 000 soles fuertes de Lynch, para devolver poco a poco con las rentas de las aduanas, y  que le está  enviando de ese dinero 20 000 soles con las seguridades del caso,  para que los 10 000 los utilice en lo que el regenerador pueda necesitar, entregando los otros 10 000 a Vidal García para lo que necesite.  Los 10 000 soles que se dejaba en Lima eran para comprar 500  rifles Peabody o Remington y 2 500 cápsulas,  todo lo que enviará a Trujillo.  Le recomienda la mayor discreción sobre este asunto del préstamo, para evitar comentario, pues en Lima y en Trujillo “ya han tenido la villanía de decir que yo y el señor Lavalle nos hemos vendido a los chilenos, recibiendo fuertes sumas, maldito país”.  En una post-data vuelve a insistir sobre el total secreto del préstamo.

 

            Castro recomienda al concesionario del ferrocarril de Salaverry a Trujillo, Larrañaga, para renovarle la concesión.  En carta de la misma fecha que envía a su yerno Vidal García y García le hace conocer que a Trujillo se dirige don Alejandro Voicest que “tiene una botica en esa ciudad y es un entusiasta de la causa”  pues no sólo había pagado su propio pasaje de Lima a Trujillo, sino también los de tres oficiales, por cuyo motivo a los cuatro debía darles colocación.  Le anunciaba que la carta la enviaba con los señores Frías, Hernández y Miota que salían a Cajamarca por la vía de Pacasmayo.

 

            El coronel Pedro Miota, había estado en Piura el año 1881, y fue integrante de las fuerzas peruanas que con el coronel Negrón y el coronel Maximiliano Frías, se retiraron a Frías ante la ocupación de la ciudad capital departamental por las  fuerzas enemigas del coronel  Manuel Novoa.

Como se puede apreciar, los tratos de los iglesistas con Lynch habían llegado al nivel de alta traición, pues hasta tenían dinero chileno.

 

 

Piura con tres Prefectos

ARRIBA

            Por disposición del delegado regional Vidal García, se vio precisado Genaro Carrasco a desocupar Huancabamba que dada la forma acelerada como se habían producido los acontecimientos, esa ciudad  había perdido importancia estratégica.

 

            Carrasco acató la orden y el 6 de junio tras de un mes de ocupación dejó la ciudad de Huancabamba e informó al delegado regional Vidal García, de los sucesos.

 

            Pero en Piura, los Seminario no adictos al prefecto, no se resignaban a hacer el papel de segundos.  Entonces  haciendo creer al delegado García y García que controlaban todo el departamento, solicitaron la prefectura para don Augusto Seminario Váscones, que tenía el mérito de haber comandado el Batallón Piura en la defensa de Lima y que ofrecía su adhesión al nuevo Gobierno Regenerador.

Pero en abril, Iglesias  desde Cajamarca, había nombrado prefecto de Piura al Coronel Genaro Seminario que se encontraba en Bigote, el Alto Piura.-Carrasco contestó el 3 de mayo aceptando el cargo, pero su mando solo lo ejercía en forma local, pues quien mandaba en todo el departamento era el Coronel Fernando Seminario Echandía, seguidor de Cáceres y de Montero.

 

            Mientras tanto don Fernando Seminario y Echandía, se multiplicaba para combatir no sólo a una gran cantidad de bandoleros que infestaban los campos, sino también a las montoneras iglesistas  que ya estaban apareciendo por diversos lugares.

 

            Genaro Carrasco era mantenido a raya en el Alto Piura, por lo cual informó en son de quéjale 20 de Junio,  a García y García, que el coronel don Fernando seguía haciéndose llamar prefecto.

 

            El mismo   20 de junio de 1883, el delegado García y García, da orden a Carrasco que se encontraba en la hacienda Bigote, Vidal que por la vía de Guadalupe se constituya a Trujillo, debiendo dejar transitoriamente el cargo político militar al teniente coronel José Santos Flores, pero sobre todo porque a los pocos días recibió otra comunicación esta vez del D.L. Raybaud, en la que le comunicaba su cese, y su reemplazo por  Augusto Seminario Váscones.  Resolvió no acatar esta orden y se dirigió a Trujillo.

El 31 de julio, desde Chiclayo, Genaro Carrasco escribía a Trujillo al delegado Vidal García,  embretándose como Prefecto y Comandante General de Piura y Jefe de las Fuerzas Regeneradoras en Comisión sobre el Departamento de Lambayeque.

Mientras tanto Augusto Seminario Váscones se encontraba en Piura, sin ejercer ninguna función prefectural, pero haciendo llenar en diversas localidades actas de adhesión a él y a Iglesias.

 

 

La retirada de Cáceres al norte

ARRIBA

 

            El 20 de mayo, el general Cáceres se encontraba en Tarma y en ese lugar reunió un Consejo de Guerra para determinar, si se trababa combate con el enemigo, se emprendía la retirada a la sierra sur o se iba hacia el norte.

 

            En realidad, lo mejor hubiera sido intentar una conjunción de las Fuerzas del Centro con las que Montero tenía en Arequipa, pero se optó por dirigirse al Norte para unirse con las fuerzas de Recavarren en Ancash y con las de Puga en Cajamarca.  Indudablemente que Cáceres se equivocó en esta oportunidad sobre estimando esas fuerzas.

 

            Lynch lanzó en su persecución a los coroneles León García y del Canto, los mismos que iban acompañados por los coroneles peruanos Vento( el coronel traidor) y Duarte, éste último nombrado por Iglesias Jefe Político y Militar del Centro. Otros oficiales peruanos de menor graduación iban también con los invasores.

 

            Cáceres dejó Tarma el 21 por la mañana y envió comunicaciones a Montero  y a Recavarren.  Las  avanzadas enemigas penetraron a la ciudad de Tarma el mismo día por la tarde, y creyeron que Cáceres huía ante ellos.  También eso fue creído por  Lynch que lo comunicó a su gobierno en Santiago, pero Castro Zaldívar  interpretó bien la razón de los movimientos del general Cáceres y le escribió a Iglesias que el Héroe de la Breña se dirigía hacia el norte con la finalidad de atacar al Regenerador y unirse con Recavarren y Puga.

 

            En las fuerzas de Cáceres iba el coronel Manuel Tafur como sub-jefe de Estado Mayor.  Años atrás este jefe había sido un prefecto muy querido en Piura. En la escolta se encontraba el sargento mayor  Agustín Daniel Zapatel que con el correr del tiempo sería un enérgico  prefecto piurano.

 

            El 25 de mayo Cáceres llegaba a Cerro de Pasco, mientras los chilenos al mando de su nuevo jefe el coronel Arriaga continuaban la persecución y fusilaban a todo rezagado por no considerar a los soldados peruanos pertenecientes a un ejército regular.  Sin embargo ante la población los chilenos ya no quisieron pasar como invasores, sino como amigos del gobierno peruano de  Iglesias, por tal motivo pagaban todo lo que consumían y el mismo coronel Duarte para congraciarse con los habitantes de la región, les suprimía numerosos impuestos como Jefe Regional del Centro. Los chilenos tuvieron muchas bajas por causa de las enfermedades, del frío y de las deserciones.

 

            Tres días estuvo Cáceres en Cerro de Pasco y cuando proyectaba dirigirse a Huaraz por la vía de Cajatambo para unirse con Recavarren, recibió la noticia de que éste se encontraba en Huánuco y hacia allá se dirigió, llegando a esa ciudad el 1º de junio.  La información sobre el desplazamiento de Recavarren había sido errónea y al final resultó trágica por el tiempo perdido.

 

            Cuatro días estuvo Cáceres en Huánuco dando descanso a su tropa y luego emprendió la penosísima ascensión de la cordillera oriental de los Andes y el 15 de junio llegaron a Huaraz en donde fueron triunfalmente recibidos.

 

            En Trujillo, los chilenos fueron noticiados del avance de Cáceres sobre Huaraz y se dispuso que saliera el coronel Alejandro Gorostiaga con mil hombres para cortarle el paso hacia Cajamarca a donde se suponía se dirigía.  Al sur del Callejón de Huaylas estaba Arriaga con 3 000 soldados chilenos bien armados.  Se trataba de coparlo entre dos fuegos.

 

            Cáceres logró hacer creer a Arriola que se desplazaba  nuevamente hacia el Sur y el jefe chileno se dirigió hacia Huari, quedando descartado.  En ese momento sólo tenía enfrente a Gorostiaga ubicado al otro lado del río Santa y entonces Cáceres resolvió llegar a Pomobamba para cortarle la retirada, pero de Trujillo había salido el coronel chileno Herminio Gonzáles con 600 hombres para juntarse con Gorostiaga en Huamachuco.

 

            Gonzáles tenía que pasar por un sitio llamado las Tres Cruces y en ese lugar decidió atacarlo Cáceres disponiendo que Recavarren y el coronel Secada avanzaran a marchas forzadas hacia ese lugar.  El primero llegó a tiempo, pero no tenía suficientes fuerzas para atacar y Cáceres y Recavarren vieron desde las alturas con  desesperación como los chilenos pasaban desconfiadamente por la pampa.  Dos horas después llegaba Secada, pero ya era tarde, la oportunidad de destruir la  columna  chilena se había perdido.

 

 

La batalla de Huamachuco

ARRIBA

 

            El día 8 de julio, Cáceres había avanzado sobre Huamachuco en donde los chilenos descansaban desprevenidamente.  Avisados los enemigos abandonaron precipitadamente la ciudad y tomaron posiciones defensivas en torno al cerro Sazón.  Cáceres tras de celebrar Consejo de Guerra decidió dar la batalla el 11 por cuanto el coronel Recavarren estaba enfermo.

 

 

            El 10 hizo bajar Gorostiaga a dos compañías al  llano para tantear las defensas peruanas y obligarlos a bajar de la altura Cuyurga en donde estaban atrincheradas.

 

            Cáceres envió tropas a detener a la avanzada y se trabó un combate con ellas y el enemigo salió derrotado replegándose precipitadamente seguidas por los peruanos que en forma imprudente empezaron a trepar el cerro Sazón tras los fugitivos.  La acción había durado casi cinco  horas, pero los peruanos no tenían suficientes municiones, ni tampoco disponían de bayonetas, ni Cáceres contaba con caballería.  Al darse cuenta Gorostiaga de la situación, ordenó un contra ataque a la bayoneta, apoyado por su caballería.  Los infantes peruanos envueltos por todas partes sólo pudieron defenderse con la culata de sus rifles.  La lucha se generalizó con todos los efectivos peruanos y chilenos y éstos con su caballería inutilizaron a la artillería peruana cuando se encontraba buscando mejor emplazamiento.

 

            La derrota se había producido tras de cinco hora y media de lucha.  Los grupos peruanos que se retiraban del campo de batalla eran alcanzados por la caballería y matados.            Los heridos fueron ultimados en el repase.  Los Cazadores a Caballo chilenos se dedicaron a peinar el área y sus alrededores y a todo el que encontraban lo mataban.

  Uno de ellos fue el coronel Leoncio Prado, hijo del presidente Mariano Ignacio, que estando herido y refugiado en casa del párroco de Huamachuco, fue extraído y fusilado.  Por tal motivo los peruanos tuvieron 700 bajas, su mayoría muertos porque esa era la consigna de Lynch.  Los chilenos resultaron con 500 hombres entre muertos y heridos, lo cual muestra lo tenaz de la lucha.  Las simpatías del pueblo de Huamachuco estuvieron divididas y muchas personas por órdenes de Iglesias habían suministrado víveres y  ayuda a los enemigos mientras que los soldados de Cáceres no tenían ni para el desayuno.

 

            En la acción murió el general Silva y el ex –prefecto de Piura coronel Manuel Tafur al igual que su hijo Máximo.  En total murieron 22 oficiales y jefes peruanos.

 

 

Consecuencias de Huamachuco

ARRIBA

 

            El prefecto Elías de Huaraz, había enviado órdenes a José Mercedes Puga que estaba en Chota con 500 hombres, se uniera de inmediato a Cáceres en Huamachuco.  El enviado llegaba al campamento de Cáceres el día 8 de julio y éste le reiteró la disposición, pero el guía fue capturado por los chilenos, recuperando la libertad un día más tarde y al fin cumplió con su cometido a marchas forzadas.  De inmediato Puga se movilizó al sur y a Cajabamba llegaba el 11, pero sólo para tener noticias de la derrota  de Cáceres.  Si la acción de Huamachuco no se hubiera producido el 10, sino dos días más tarde se hubiera  realizado la unión de Puga y Cáceres.  Ante la situación, el pugnaz cajamarquino retrocedió al interior del departamento.

 

 

            La derrota de Cáceres fue celebrada por Iglesias y sus partidarios como un triunfo personal.  Prácticamente el norte y el centro del país quedaban a merced del Gobierno de la Regeneración.

 

            En Piura, los resultados de Huamachuco, envalentonaron a los iglesistas y el prefecto coronel Fernando Seminario por contar con fuerza propia, no dejó el mando político-militar del departamento y sus  enemigos no podían derribarlo por sus propios medios.

 

            La pugna se inició entonces entre las facciones iglesistas.

 

            Raybaud en oficio enviado a Genaro Carrasco, le hacía conocer que por convenir a los intereses políticos del Presidente Regenerador general Iglesias, se había aceptado la adhesión del coronel Augusto Seminario y Váscones, y con él la del departamento de Piura.  Esto muestra a las claras que el propio Augusto Seminario se había ofrecido, y los iglesistas de Trujillo en donde ya funcionaba la Delegación del Norte, sin el menor escrúpulo hacían a un lado a Genaro Carrasco.

 

            Genaro Carrasco no se amilanó y contestó que su nombramiento emanaba de un decreto supremo expedido por el propio presidente Iglesias y que sólo el general podía revocarlo.  Por lo tanto siguió actuando como prefecto.  Esto sucedía cuando ya las fuerzas de Cáceres y de Gorostiaga estaban frente a frente.

 

            Mientras pasaban todas estas cosas, los piuranos supieron que un nuevo prefecto había sido nombrado para el departamento.  Se trataba de don José Antonio Mujica el cual sin embargo no llegó a hacerse cargo.

 

            A fines de julio  la situación era la siguiente en el departamento.  En el Alto Piura seguía mandando Genaro Carrasco como prefecto y dominaba toda la sierra de Huancabamba, desplazándose hasta el mismo departamento de Lambayeque.

 

            En Piura había dos prefectos nombrados pero que no podían ejercer el cargo.  Eran Mujica que no se había hecho presente y Augusto Seminario Váscones que no lograba convencer a su pariente Fernando Seminario Echandía que le hiciera entrega del cargo.  El prefecto efectivo seguía siendo el famoso “Gato” que luchaba contra los iglesistas y contra los bandoleros.

 

            Para eliminar el bandolerismo, el prefecto dispuso como castigo, que al que caía prisionero le dieran una azotaína pública en las posaderas.  Para los bandoleros éste era un castigo  infamante pues ni siquiera les permitía montar en mula o a caballo por un buen tiempo, y de acuerdo a lo expresado  por muchos de ellos preferían ser fusilados.  Por eso el bandolerismo se eclipsó durante el mando de  Seminario Echandía. 

 

            En Paita, en donde los chilenos se encontraban desde 1881 controlando los ingresos de la  aduana y vigilando la explotación del guano de las islas de Lobos, los invasores enfrentaban el problema de las continuas deserciones.  Ellas llegaron  a ser tantas, que el jefe chileno de ocupación del puerto, impuso  cien mil pesos de multa a los piuranos acusándolos que habían incorporado a los  fugitivos en la Gendarmería.  En 1883 era Genaro Carrasco el que aceptaba a los chilenos en sus filas.  Como ya lo hemos manifestado, fue la gestión de don Carlos Schaefer lo que impidió se llegase a cobrar el cupo.

 

            Mortificado Iglesias por lo que sucedía en Piura y por los problemas político-familiares existentes, cursó una carta el 15 de agosto a los Seminario, haciéndoles conocer que si no dejaban de lado sus diferencias y se ponían de acuerdo, las fuerzas chilenas llegarían en cuatro semanas a poner orden en Piura.

 

            Por lo visto el presidente regenerador, estaba ya tan vinculado con el enemigo, que podía disponer de sus fuerzas militares como propias, para resguardar y dar apoyo a sus intereses políticos.

 

            La amenaza se cumplió, exactamente en la forma como había sido anunciada por el general Iglesias. 

 

            En la sierra, se mezclaban las pugnas políticas, los enconos familiares y la agitación social, pues tras de la matanza de chalacos en Piura, habían quedado muchos deseos de revancha.  La tragedia iba a aparecer en breve.

 

 

El crimen de Poclús

ARRIBA

 

            En agosto de 1883 la agitación había recrudecido entre los comuneros de Frías, Chalaco, Santo Domingo y Pacaipampa.  Los políticos para ganarse la adhesión de los campesinos les aseguraban que el Gobierno de Iglesias no sólo les iba a traer paz, sino también iba a restituirles las  tierras que en el pasado les habían pertenecido.

 

            Con la derrota de Cáceres que cimentó el dominio de Iglesias en el norte, los campesinos creyeron que había llegado el momento de lograr sus reivindicaciones y no se resignaron a esperar que les fueran entregadas las tierras, sino que trataron de lograrlas por sus propios medios.

 

            En la convulsionada región, tenían haciendas don Tomás Carnero y don Manuel María Castro.

 

            El escritor Enrique López Albújar, en “Caballeros del Delito” relata los luctuosos sucesos que  se produjeron en la noche del 15 de agosto y que tanto gravitaron en el destino de Piura por muchas décadas.  El gran escritor, conoció los sucesos por don Juan R. Palacios que tenía relaciones de parentesco con la familia  Castro, habiendo hecho un relato escrito que López Albújar transcribió en forma textual.

 

            El señor Palacios asegura que la agitación de las comunidades fue un movimiento destinado a distraer fuerzas que pudieran estar destinadas a dar apoyo al general Cáceres  “haciéndoles creer que debían de levantarse en armas y acabar con todos los hacendados, repartiéndose los fundos”.  Dice el señor Palacios que 800 indios comuneros estaban en actitud rebelde en la sierra.

 

            En los primeros días de agosto, 50 comuneros asaltan en Santo Domingo a don Tomás Carnero a media noche, el cual sólo estaba en compañía de su esposa Emilia Flores y de un sobrino de ambos.  Se produjo un intenso tiroteo que duró toda la noche sin que los asaltantes hubieran podido penetrar a la casa hacienda y al amanecer no les quedó más recurso que retirarse.  Los valerosos defensores habían sido tan efectivos, que causaron a los atacantes dos muertos y tres heridos.

 

            Don Tomás temió  que el ataque se volviera a repetir por cuyo motivo solicitó auxilio al vecino  hacendado y amigo don Manuel María Castro, que desde Poclús le envió gente armada.  Eso impidió que el ataque se repitiera.

 

            Laureano Ramírez  que era el jefe de los comuneros irritado contra Castro, decidió hacerlo blanco de su venganza.  Buscó comprometer a gente del mismo hacendado y con la promesa de dinero y de entregarle tierras consiguió la traidora adhesión del mayoral de la hacienda Poclús Genaro Chumacero y de Manuel Berrú que era colono considerado como hombre de confianza de don Manuel María Castro.   La ingratitud, la deslealtad y la traición se dieron mano con esas gentes indignas que olvidando los múltiples favores que habían recibido del hacendado se prestaron a cooperar en su perdición.

 

            Chumacero se comprometió actuar como espía y facilitar los medios para que los asaltantes pudieran ingresar a la casa-hacienda.  A Berrú y a Carmen Domador, les tocó la misión de dar muerte al hacendado.

 

            El 15 de agosto de 1883, ingresaron a la hacienda 80 hombres al mando de Domador y Berrú pues Laureano Ramírez se había quedado en Santo Domingo.  Como les salió al encuentro el mayordomo Alejandro  López, lo mataron.

 

            Chumacero les abre las puertas y como había varios perros guardianes, les entrega carne que los animales aceptan pues conocían al mayoral.  Nadie detectó que gente extraña había ingresado, hasta el dormitorio mismo del hacendado.  Era medianoche cuando don Manuel María acudió a abrir la puerta de su alcoba ante los llamados que se estaban  haciendo.  A boca de jarro Domador y Berrú vaciaron sus armas y otros  más que llegaron después hicieron lo mismo.  Hubo ensañamiento en el asesinato de Castro pues resultó con 8 balazos y 17 puñaladas.  Tras el crimen los comuneros saquearon toda la casa-hacienda y  festejaron embriagándose.  Sólo posteriormente empezaron a buscar a la familia, pues en sus ansias de pillaje lo habían olvidado.  En la casa-hacienda se encontraba el súbdito alemán don Fernando Reusche, que estaba casado con Amalia Castro,  hermana del hacendado.  La presencia de ánimo de Reusche permitió salvarse, salvar a su esposa y a la familia de don Manuel María.  Además envió aviso a su sobrino el joven Eloy Castro, hijo del hacendado, que estaba divirtiéndose en Frías, haciéndole conocer todo lo sucedido y que un numeroso grupo de comuneros iba en su  búsqueda.

 

            Poclús está a seis leguas de Frías, pero el enviado de Reusche llegó en 15 minutos logrando advertir al joven Castro que se encontraba en una fiesta en la casa de la familia Ordóñez con un grupo también de amigos como él.  La triste noticia impacto profundamente tanto a Eloy Castro como a toda la concurrencia.  Reaccionando del sentimiento de congoja que lo había anonadado, el joven se arrodilló y juró por la memoria de su padre tan cruelmente asesinado, que dedicaría su vida a vengarlo y que no se daría descanso hasta lograrlo.  Impresionados los jóvenes amigos que lo acompañaban, se unieron al juramento, el que también hizo el hijo del mayordomo asesinado, el joven Luis López.

 

            En esos momentos hacía irrupción el grupo armado, por cuyo motivo Ordóñez hizo pasar a Castro y a López a una pieza posterior, por donde podía escapar.  Los conjurados sabían que allí había estado Eloy y se lo hicieron conocer, por cual Ordóñez creyó conveniente no negar tal hecho, pero agregó que hacía más de diez minutos habían salido a caballo. En la búsqueda que hicieron los comuneros en la casa no encontraron a nadie porque los dos jóvenes ayudados por muchos habían logrado escapar a los cerros, a donde se le juntaron luego los amigos juramentados que formaron un pequeño grupo armado, situación en la que vivieron por algún  tiempo hasta que logró formar una pequeña tropilla y retornar a  Poclús  en donde se mantuvo vigilante.

 

            Cáceres había ya sido derrotado en Huamachuco pero infatigable y siempre con su resolución inquebrantable de continuar luchando por su Patria, llegó a Ayacucho en los primeros días de agosto donde inició la formación de un nuevo ejército.

            Eloy Castro se comunicó con los elementos adictos a Cáceres en Piura y en Cajamarca y prometió seguirlo en la lucha si le proporcionaban armas y municiones.  De inmediato se le aceptó la oferta y se le remitieron 25 rifles con su dotación de cartuchos.  Esto era en setiembre.

 

            Genaro Chumacero que no se delató como integrante del grupo asesino, siguió al servicio de la familia Castro porque ignoraban su participación y continuó en su labor de espía.  Fue así como hizo saber a Laureano Ramírez la llegada de los rifles y sometió a su consideración un plan para asesinar a Eloy Castro.

 

            Con las armas que acababan de llegar y otras  que ya tenía, formó Castro un grupo armado de 40 personas, las que se distribuyeron en torno a Poclús, con la consigna que debían reunirse en un punto ya convenido al toque de campana de la casa-hacienda.

 

            Los comuneros lograron reunir a 400 hombres con los que se dirigieron de Santo Domingo a Poclús.  Advertido Eloy Castro, colocó a su gente en un punto estratégico por donde debían de pasar los comuneros.  Domador, Berrú y un Romero mandaban la columna atacante, la que quedó sorpresivamente entrampada en un paso angosto.

 

            Casi fue un fusilamiento y no obstante estar los defensores en total inferioridad numérica, inflingieron  a los comuneros 37 bajas de las que 15 eran muertos.

 

            Esto hizo conocer a los comuneros que tenían en Castro a un peligroso rival.  El triunfo y el motivo de su lucha, fueron factores que permitieron al joven vengador engrosar rápidamente sus fuerzas.  Entre setiembre y diciembre tuvo seis encuentros más con los comuneros  y en todos venció causándoles cuantiosas bajas.

 

            Castro llegó a tener una larga lista de los cómplices en el asesinato de su padre y poco a poco les fue dando muerte.  Uno de ellos fue el mayoral traidor Chumacero cuya infame conducta se descubrió.

 

            A partir de entonces, Eloy Castro fue un fiel seguidor de Cáceres, y durante los veinticinco años que duró su vendetta, luchó con las armas en la mano primero contra los iglesistas y más tarde contra los pierolistas.

 

            Los Castro  y los Seminario, mantuvieron  conmovido el departamento de Piura por mucho tiempo y como lo veremos después la lucha montonera fue tenaz y sumamente sangrienta.

 

 

 

Segunda ocupación de la ciudad de Piura

ARRIBA

 

            Los chilenos a solicitud de Iglesias y de acuerdo con el pacto firmado entre Castro Zaldívar y Jovino Novoa habían desocupado Trujillo y el departamento de Lambayeque lo que fue de inmediato aprovechado por los patriotas de ese departamento para levantarse contra el régimen de Presidente Regenerador.

 

            Sobre esto y la situación que imperaba en el departamento de Piura se ocupa Lynch en sus Memorias, expresando lo siguiente:

 

         “En los primeros días de setiembre se reocupó el Departamento de Lambayeque con el objeto de dispersar las montoneras capitaneadas por Becerra y Barrenechea, que dificultaban el establecimiento de las nuevas autoridades de Iglesias”.

 

           

 

“A pesar de que el departamento de Piura está anarquizado desde tiempos atrás y han existido montoneras,  no se ha juzgado necesario , ocupar sino el puerto de Paita, para la recaudación de los derechos aduaneros. Sólo últimamente por motivos especiales se expedicionó sobre su capital”.

 

            “Teatro de escándalos y anarquía, era  desde tiempo atrás el departamento de Piura y a fines del mes de enero de 1883 su capital presenció escenas repugnantes de saqueo, incendios,  vejaciones y crueldades. Los montoneros entraron  a sangre y fuego y depusieron a las autoridades. El Subprefecto, temeroso de ser ultimado, llegó en su fuga hasta el Callao.” (Lynch se refiere a la invasión de los chalacos).

 

        Dividido Piura por antiguos odios de familia y partidos personales,  continuó mas o menos agitado, entre ataques y amenazas de facciosos, hasta que llegó la ocasión  de implantar a viva fuerza un nuevo régimen de orden  y tranquilidad.”

 

      “Persiguiendo ese fin, fue necesario para la consolidación d l gobierno de la paz en todo el norte, enviar una expedición  a aquel departamento y el 10 de septiembre, di al comandante del AMAZONAS, orden de zarpar del Callao en cuanto recibiese a su bordo 50 hombres del VICTORIA y dos piezas de artillería con rumbo a Chimbote, donde embarcaría la tropa que le indicase el jefe respectivo. Debía conducir además alguna fuerza de caballería traída de Pisco”.

 

     “Envié instrucciones precisas a los comandantes  Carvallo y González y di al transporte otro pliego para que lo abriese en altamar y conociera su contenido y el itinerario que debía de seguir. Guardose la mayor reserva  respecto al punto a donde se dirigían las fuerzas y otro tato encargué al comandante Gonzáles (Herminio),  fin de que ocupando la provincia de Olmos, tomara desprevenidos a los montoneros, impelidos de Piura.”

 

      “ El 14 de setiembre, zarpaba de Chimbote una división compuesta de 400 hombres de zapadores, 150 jinetes y una sección de artillería al mando  del comandante Carvallo. El 16 arribaba a Paita y el 17  se ponía en marcha a Piura, haciendo uso del ferrocarril de Sullana”.

 

      “El 19 llegó a Piura y una comisión de notables salió a recibirlos, La primera diligencia del comandante en jefe, fue reunir a los cabecillas de los diferentes bandos políticos e invitarles a concitarse, amistosamente  y olvidar sus agravios. Obtenida esa anhelada fusión, el caudillo Seminario (se refiere Lynch al Coronel Fernando Seminario Echandía), depuso las armas, disolvió  sus fuerzas y salió del departamento.”

 

            “Se sabía de un modo positivo que varios comerciantes extranjeros olvidando completamente sus deberes de neutrales, habían importado armas para los peruanos y se procedió a exigir la entrega.  Cuatrocientos  rifles fueron recogidos”.

 

            “No obstante sus promesas de sumisión, algunos cabecillas reorganizaron montoneras en los pueblos de Chalaco y de Frías, bajo el pretexto de servir y proclamar al Presidente Iglesias.  Se hizo indispensable batirlos y el Comandante Carvallo envió una expedición al mando del Mayor Carvallo, quien logró sorprenderlos y derrotarlos en las cercanías del pueblo de Frías, donde habían formado trincheras.  Gracias a un feliz movimiento de falsa retirada, salieron de sus reductos, se les tomó entre dos fuegos y se les escarmentó de un modo ejemplar.  Cerca de 200 quedaron muertos en el campo.  Por nuestra parte (de los chilenos) no hubo ninguna desgracia que lamentar”.

 

            “Con este hecho de armas se pacificó el Departamento y el comandante Carvallo que ya había hecho levantar en varios pueblos actas de reconocimiento del Presidente Iglesias, después de instalado el nuevo Prefecto, de entregarle las armas recolectadas y dejarlo seguro en el puesto, regresó al Callao”.

 

            Esto es lo que dice Lynch en sus Memorias.

 

            Cuando se refiere a las actas levantadas a favor de Iglesias, trata de la adhesiones que grupos iglesistas hacía tiempo estaban recolectando, labor en la que también cooperó Chumacero, uno  de los asesinos del hacendado José María Castro.

 

            El prefecto, al que Carvallo dejó en Piura instalado, fue el coronel Augusto Seminario Váscones, ex –jefe del Batallón Piura, que había intervenido en la batalla de San Juan y Miraflores.

 

            El caudillo Seminario, del que dice depuso las armas y salió del departamento, fue el prefecto Fernando Seminario que se expatrió al Ecuador.

 

            Por último, Lynch escribe sobre una exitosa incursión de Carvallo sobre Frías, lo que está en contradicción con fuentes provenientes de los propios frianos, según lo cual los chilenos fueron rechazados y tuvieron fuertes pérdidas cuando atacaron ese pueblo.

 

            Las fuerzas de resistencia de los frianos fueron comandadas por el jefe guerrillero Nicanor Castro.  La acción se realizó el 5 de octubre, e indudablemente murió gran cantidad de frianos, que casi no tenían armas para oponerse a los invasores, los cuales también sufrieron bajas. 

 

            El prefecto Augusto Seminario, contribuyó a la requisa de armas que hicieron los chilenos, los cuales al retirarse le dejaron la mayor parte de ellas para que pudiera defender la causa   de  Iglesias.    De todos modos,  Augusto  Seminario  tuvo que  pagar  a  Carvallo,

15 650 soles para compensar los gastos de la expedición.

 

            Nada hay que justifique la actitud de Seminario Váscones de colaborar con los chilenos y  con su criticable proceder borró su meritoria participación en las batallas de San Juan y Miraflores.

 

 

 

Cómo fue realmente  la segunda ocupación de Piura

ARRIBA

 

            El sábado 16 de setiembre de 1883, llegan los barcos chilenos “Amazonas” y otros menores con las tropas comandadas por el coronel Ramón  Carvallo Orrego,   que llegaban con el fin de pacificar Piura e imponer autoridades adictas al general Iglesias, con el cual ya se habían sentado las bases, de un tratado definitivo de paz.

 

            En Paita existía una guarnición chilena desde 1881 que controlaba la Isla de Lobos, la Aduana del puerto y el ferrocarril que conducía a Sullana.

 

            Era subprefecto de la provincia de Paita, don Eugenio Raygada y el que fuera tolerado por la guarnición chilena, hace suponer que pertenecía al grupo político del general Iglesias.  La llegada de los chilenos a Paita fue un suceso repentino, pues el mismo capitán del barco “Amazonas” y Carvallo, conocieron sus instrucciones y el rumbo que debían de seguir cuando la expedición se encontraba en alta mar. Las directivas eran dadas por Patricio Lynch que actuaba como jefe político y militar para todo el Perú.

 

El “Amazonas” estaba a disposición de Carvallo -desde hacia bastante tiempo- que era jefe político y militar de la zona norte con base en Trujillo.

 

            Como era de suponer, el desembarco se efectuó en Paita sin contratiempos, aunque sí con la natural sorpresa de todos los paiteños.

 

            El día 17, Carvallo acomodó  a sus tropas en el ferrocarril y se dirigió a la ciudad de Sullana, terminal de la línea.  El jefe chileno hizo comparecer ante él, al alcalde Lucas Barreto y le exigió que le suministrase 600 raciones y que para el día siguiente le tuviera listas la cantidad de acémilas suficientes para poder trasladar sus equipos a Piura.

 

            Los soldados fueron alojados en el templo y los oficiales en la casa parroquial y al amanecer continuaron su viaje hacia Piura cruzando el arenal.  En la ciudad de Sullana quedaba un capitán con 100 soldados de infantería como nexo entre los barcos y los soldados que ocuparían la capital departamental.

 

            Hacía dos meses que Augusto Seminario Váscones había sido nombrado prefecto por el delegado regional del norte,  Vidal García y García, que en nombre de Iglesias controlaba la región norte con sede en Trujillo, pero ni Genaro Carrasco del propio grupo iglesista, ni el coronel Fernando Seminario Echandía seguidor de Cáceres y Montero; lo habían tomado en cuenta.

 

            Augusto Seminario exigió por escrito a su pariente Fernando Seminario la entrega de la prefectura y éste le contestó en forma despectiva  y con altivez.

 

            Cuando se supo el desembarco de los chilenos en Paita y su avance sobre Sullana, el temor cundió en Piura.  Se reunieron personas notables y formularon una invocación ante el prefecto Fernando Seminario para que renunciara el cargo.  Éste viendo que no podía enfrentar a los chilenos por carecer de fuerzas y además porque el temor había inclinado la balanza a favor de su pariente Augusto Seminario, procedió a disolver sus fuerzas y se expatrió al Ecuador.  Todos estos sucesos ocurrieron el día 18 de setiembre.  Augusto Seminario asumió entonces la prefectura. Es decir que no hubo reunión de Fernando Seminario con Carvallo.

 

            El día 19 cuando los chilenos se estaban aproximando a la ciudad de Piura, salió una delegación de vecinos a recibirlos, comunicando a Carvallo los acuerdos del día anterior y que el departamento quedaba desde entonces bajo la obediencia del general Iglesias.

 

            Quedaba por resolver el problema de Genaro Carrasco.  Carvallo ocupó pacíficamente la ciudad y asumió su comando político y militar, dictando disposiciones para mantener el orden.  Sus primeras medidas fueron: sectorizar la capital del departamento, alojar a los soldados en el antiguo Convento de la Merced y en el cuartel del Cabildo y disponer que se suscribieran actas de adhesión a favor de Iglesias tanto en Piura como en los diversos pueblos del departamento.

 

            Para controlar la situación en el Alto Piura en donde mandaban los adictos a Genaro Carrasco, envió una compañía de infantería y un pelotón de caballería y promovió en la ciudad de Piura reuniones, a fin de conciliar las discrepancias aún existentes.

 

            Los chilenos no habían llegado a Piura en esta segunda oportunidad como enemigos sino como aliados del bando de Iglesias, y por esta misma circunstancia, eran mal mirados por los grupos adictos al general Cáceres y al contralmirante Montero.  Entre éstos se encontraban los mangaches, que desde ese entonces fueron acérrimos seguidores del Héroe de la Breña.

 

            No era por lo tanto de extrañar que se produjeran incidentes.

 

            El escritor piurano Rómulo León Zaldívar, relata un episodio violento que se produjo en aquella oportunidad.  El  barrio norte o de la mangachería había quedado bajo el control del sargento chileno Belisario Bulnes, el cual se había prendado de una jovencita del barrio llamada Rosa Flores, la que vivía en una casa en donde el año 2000 se levantaba el Teatro Municipal.  Un buen día el sargento trató de raptar a Rosita pero ésta fue rescatada por familiares y vecinos, resultando el abusivo sargento con algunas heridas como consecuencia de los forcejeos.  Indignado el chileno y al ver frustrados sus deseos de inmediato planeó cobarde venganza y retornó con un piquete de soldados chilenos procediendo a prender fuego a la vivienda de la joven.  Los moradores que intentaron salir no pudieron hacerlo  porque lo impedían los soldados chilenos que presenciaban el espectáculo en medio de risotadas.  Es decir, igual como siempre habían actuado en el sur del Perú.

 

            La familia Flores se refugió en la sala, pero al desprenderse una viga, mató a Rosita.  Sólo entonces recién los chilenos abandonaron el lugar lo cual fue aprovechado por los vecinos para rescatar al resto de la familia Flores y apagar el incendio que empezaba a propagarse a otras viviendas.  Todo hace pensar que el crimen quedó impune y que Carvallo nada hizo para sancionar al culpable.

 

            El escritor Carlos Robles Rázuri, en un artículo titulado “Guerra con Chile en Piura” narra que en la calle Junín antes llamada de los Ángeles, apareció en su segunda cuadra, frente al depósito que era de Duncan Fox, un chileno muerto.  Indudablemente eso era fruto o de una reyerta o de alguna venganza debida a que los chilenos eran muy abusivos.  Carvallo al ver que las  averiguaciones no daban ninguna luz, dispuso que varias viviendas de la localidad fueran incendiadas.  Se había podido además dar cuenta que ese barrio era el que más oposición le hacía.

 

            El párroco Juan Alvarez Campos y el alcalde intercedieron ante el comandante chileno para que dejara sin efecto la orden a lo cual accedió, pero impuso a la ciudad un cupo.

Para algunos narradores  (Abraham Cruz Zapata), estos últimos  hechos ocurrieron en la incursión del Coronel Novoa.

 

            Don Augusto Seminario Váscones, envió dos informes al general Lorenzo Iglesias, presidente del Consejo de Ministros.  En el primer informe de fecha 25 de setiembre, daba cuenta que los chilenos habían llegado a Piura el 19 de setiembre pero que desde el día anterior la ciudadanía en asamblea había resuelto reconocer al general Iglesias como Presidente Regenerador y que de igual modo estaba ya al frente de la prefectura.  El 25 de octubre en otro informe, daba cuenta que los chilenos se habían retirado de la ciudad el 16 de octubre a las 5 de la tarde no sin antes haber impuesto un cupo de 60 000 soles fuertes; pero que sólo se abonó 16 000  tras muchos esfuerzos, por cuanto se venía sufriendo una sequía de tres años.

 

            El escritor Robles Rázuri, manifiesta que el cupo fue cancelado en su mayor parte por el Municipio que pagó 10 000 pesos, la Parroquia 4 000 y  el resto los comerciantes, todo lo cual coincide con el informe de Augusto Seminario.

 

 

 

El saqueo de Frías

ARRIBA

 

            Carvallo dispuso que el mayor Enrique  Carvallo Guerrero incursionara sobre la región de Frías.  No se conoce si había alguna relación de parentesco entre el jefe y el oficial.  Tampoco se conoce la verdadera causal, para hacer la incursión.

Parece que la gente de Frías se negaba a firmar las adhesiones a Augusto Seminario y a pagar cupos.

 

            El escritor y periodista Jorge Moscol Urbina en varios artículos titulados “Bala Sorda”, “Cerro Letrero”, “Quebrada de la Guerra”, “En busca de un entierro”, “El sargento Incendiario” y “A sangre y fuego” asegura que los chilenos buscaban en la sierra el monto de la colecta que se había reunido para la defensa nacional y había sido enterrado.  Otros manifiestan que el friano Vicente Chumacero, tenía resistencias entre sus paisanos, l en cuanto al pago de contribuciones, y en la firma de adhesiones para  Iglesias.

 

            Por su parte Lynch expresaba que había grupos montoneros que se estaban  organizado bajo el pretexto de apoyar a Iglesias.

            Indudablemente toda la región de la sierra piurana  próxima a Ayabaca se encontraba conmovida por la lucha de guerrillas entre las facciones de Eloy Castro que respaldaban a Cáceres y los comuneros que decían apoyar a Iglesias, pero que en realidad solamente buscaban sus propios intereses.  Por lo tanto, la intención de Carvallo tenía que ser la de poner orden en tan conmovida región.

 

            Tanto Lynch como los escritores piuranos Robles Rázuri y Moscol Urbina coinciden con otros en que se realizaron acciones en Frías y en Chalaco.

 

            Así también, tanto Lynch, como los escritores e historiadores piuranos,  están de acuerdo que los chilenos se dividieron en dos columnas para atacar Chalaco y Frías.  Se estima que los efectivos de los invasores llegaban a 200 soldados.

 

            Los chilenos siguieron por el río Chalaco y a poca distancia del pueblo se produjo una refriega, en el sitio que después se denominó Quebrada de la Guerra.  Parece que esta acción fue de carácter secundario, pues los invasores continuaron después hacia Frías para unirse a la otra columna que sí había encontrado porfiada resistencia.  Las versiones de los chalacos aseguran que los enemigos fueron totalmente derrotados y que sólo se salvó el sargento.  Si tal cosa hubiera pasado, los muertos chilenos hubieran sido cien o un poco más, es decir se habría tratado de un triunfo más importante que los logrados por Cáceres en Concepción, Marcavalle y Pucará, pero no hay pruebas de que así fuese.

 

            La otra columna enemiga, alcanzó el río Yapatera y lo remontó hasta el punto llamado Tucaque.  Allí pudieron observar que los frianos ocupaban buenas y estratégicas  posiciones en los altos cerros frente a Yapilla, llave de entrada del pueblo de Frías en ese tiempo.

 

            Los invasores no pudieron desalojar a los defensores de sus reductos, que utilizaron galgas para impedir el escalamiento.  Ante esa situación los chilenos se replegaron.

 

            Los frianos aseguran que los 100 chilenos atacantes fueron derrotados con grandes pérdidas y retornaron a Piura muy maltrechos.  En cambio Lynch  en sus Memorias, asegura que simularon una retirada para sacar a los frianos de sus formidables posiciones defensivas, lo cual lograron.

 

            Nuevamente con la versión de los piuranos,  el coronel Carvallo  organizó una segunda expedición con mayores efectivos, que en esta oportunidad lograron vencer a los defensores de Frías.

 

            Los chilenos afirman que una vez que los peruanos salieron de sus reductos, los atacaron entre dos fuegos es decir con la ayuda de la columna enemiga que había incursionado sobre Chalaco.

 

            Se produjo entonces una sangrienta acción como resultado de la cual los defensores fueron vencidos.  La versión chilena asegura que en la incursión a la sierra piurana ellos no tuvieron  una sola baja, mientras que los defensores dejaron 200 muertos.  Esta versión tampoco es creíble por exagerada..

 

            Como consecuencia de este combate, los chilenos entraron a Frías el 30 de setiembre, saquearon a la población, quemaron numerosas casas y cometieron múltiples abusos tras de lo cual retornaron a Piura.

 

            Los frianos para recordar la acción pusieron sobre el cerro un letrero  que decía: “Aquí los frianos derrotaron a los chilenos”.  Desde entonces se le llamó Cerro del Letrero.

 

            En la ciudad de Piura, los iglesistas celebraron  el triunfo chileno, a pesar que los vencidos no eran “caceristas”.

 

            Los quince días restantes los ocupó Carvallo en afianzar a las autoridades fieles a Iglesias y promover actas de adhesión que se firmaban más que todo por temor al enemigo.

 

 

 

                                                                                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

           

Carvallo deja la Prefectura a Augusto Seminario

ARRIBA

 

            Desde comienzos de setiembre los chilenos habían reocupado el departamento de Lambayeque al frente del coronel Herminio Gonzáles el mismo que con Gorostiaga vencieron a Cáceres en Huamachuco.  Este jefe chileno envió fuerzas a Motupe y a Olmos, para evitar que por allí pudieran retirarse fuerzas piuranas contrarias a Iglesias, para unirse con las que  Puga tenía en Cajamarca.

 

            No fue necesaria ninguna acción, porque el Alto Piura lo ocupaban fuerzas iglesistas al mando de Germán Carrasco; y las tropas del coronel Fernando Seminario Echandía habían dejado de constituir un peligro al ser disueltas ante el avance enemigo sobre Piura.

 

            Los invasores durante su permanencia en la capital departamental, hicieron requisa de armas y Lynch asegura que se recogieron 400 rifles que súbditos extranjeros habían importado violando la neutralidad que debían de observar.  Sobre este asunto don José  Vicente Rázuri da otra versión de acuerdo a la cual, el súbdito alemán Carlos Schaefer recogió las armas que Negrón dejó abandonadas en la ciudad, cuando en setiembre de 1881 tuvo que retirarse precipitadamente a Frías, y la ciudad fue ocupada por primera vez por los enemigos.

 

            Según la misma versión, estas armas fueron entregadas posteriormente a Iglesias cuando con posterioridad al Tratado de Ancón, y ese general fue elegido presidente del Perú.

 

            Hay que advertir sin embargo, que el coronel Maximiliano Frías que fue el que cubrió la retirada en 1881, fue muy preciso en informar que no dejó en Piura nada que pudiera ser útil a los invasores.  Ni armas, ni papeles y que más bien en Chapairá distribuyó entre sus soldados 200 rifles que acababan de recibir.

 

            Por otra parte, don Carlos Schaefer era cuñado del coronel Fernando Seminario Echandía, porque se casó con una hermana del mismo y al enviudar contrajo enlace con otra hermana.  Por consiguiente, de haber dispuesto de tales armas, se las hubiera entregado al hermano político que tanto las necesitaba y no a don Augusto Seminario y menos a Carvallo.

 

            No se descarta más bien, que al desmovilizar el famoso “Gato Seminario” a sus fuerzas, las armas las pudo entregar a su cuñado para que las escondiera en alguna de sus haciendas y de allí las sacaron los chilenos para entregárselas a don Augusto Seminario Váscones.

 

 

            Carvallo antes de salir de Piura reunió una asamblea de notables y les confirmó lo que era un divulgado rumor: es decir, que dejaba la prefectura en poder de Seminario Váscones, debiendo los piuranos hacerse cargo de todas las deudas que los ocupantes habían contraído para sostenerse.  Del cupo de sesenta mil pesos sólo habían logrado un poco más de dieciocho mil.

 

            Los chilenos se dirigieron desde muy temprano del día 16 de octubre, rumbo a Sullana en donde se unieron a los que habían dejado como guarnición y tomaron el ferrocarril que nuevamente los condujo a Paita, en donde el 17 se embarcaron al sur.

 

            En Sullana, los chilenos se posesionaron de la iglesia para alojamiento de la tropa y la población vivió durante casi un mes bajo constantes amenazas.  Un poco antes de la evacuación, el jefe del destacamento hizo conocer al alcalde que tenía 24 horas para pagar un cupo de 6 000 pesos, pues de lo contrario  se prendería fuego a la población.

 

            Los sullaneros por más esfuerzos que realizaron sólo lograron reunir la cantidad de 2 500  pesos.  Además de eso, los invasores recaudaron las rentas municipales de los meses de setiembre y octubre, y dejaron una deuda de 530,30 pesos para que las pagara el Municipio.

 

            También Paita tuvo que pagar todos los gastos que los chilenos hicieron en las operaciones de desembarco primero y luego de embarque.

 

 

Carvallo

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            En mayo de 1881, el contralmirante Patricio Lynch que había comandado a la 1ra. División chilena en la batalla de Miraflores, reemplaza al general Bulnes, como jefe de las fuerzas de ocupación con sede en Lima.

 

            Lynch, dispuso que la localidad de Pacasmayo, fuera inicialmente el centro militar y político de la Zona Norte, sede que luego pasó a Trujillo.

 

            Como primer jefe fue designado el coronel Manuel Novoa Gormaz, con sede en Trujillo.

            Novoa dispuso sobre Piura, una incursión militar en setiembre de 1881 llevando consigo al por entonces teniente coronel, Carvallo, que era segundo jefe. A Lynch molestó mucho que Novoa hubiera actuado sin haberlo consultado, por cuyo motivo dispuso su cambio y reemplazo por Carvallo que fue ascendido..

 

            Carvallo por orden de Lynch, incursionaría sobre Piura en setiembre de 1883 cuando la guerra ya había prácticamente terminado.

 

            Historiadores y escritores no están de acuerdo sobre el nombre de Carvallo.  Así Jacobo Cruz en “Catac-ccaos”, se refiere al coronel Darío Carvallo.  El doctor Carlos Burga Larrea habla del comandante Ramón Carvallo Orrego.   El propio  Lynch en sus “Memorias”  lo  menciona sólo como comandante Carvallo, el historiador Jorge Basadre se refiere al comandante Ramón Carvallo Orrego.  El periodista e historiador Carlos Robles Rázuri, lo llamaba Darío Carvallo, mientras que el escritor y periodista Jorge Moscol Urbina y el escritor José Andrés Rázuri, lo llamaban Demetrio.

Lo cierto es que se llamaba Ramón Carvallo Orrego.

 

 

Calixto Romero y el auge de la industria del sombrero

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            En medio de los agitados tiempo de la guerra con Chile, hubo sin embargo súbditos extranjeros que mantuvieron su optimismo y su espíritu emprendedor como para fundar empresas que con el correr de los años se tornaron de mucha prosperidad.  La explotación de la industria del sombrero de paja  toquilla fue una de ellas y la extracción del petróleo en la costa de Piura, fue otra.

 

            Don Calixto Santos Romero Hernández, se encontraba por los años 1883 firmemente establecido en la ciudad de Catacaos y en marzo de ese año había fundado la empresa C. Romero y Cía.

 

            Romero era español, pero de su patria había salido muy niño.  En efecto, sólo contaba 14 años cuando en compañía de un familiar viajó a Cuba y luego a Puerto Rico.  Bien pronto en el adolescente se despertó el interés no sólo por viajar, sino también por el comercio.  Fue así como recorrió Chile, Bolivia, y al fin, llegó al departamento de Piura para echar raíces en Catacaos.

 

            Fueron tres las actividades básicas de don Calixto Romero:  la compra-venta de algodón; el establecimiento de casas de préstamo en donde se hacían préstamos de dinero a las “chinas” de Catacaos con la garantía de sus “dormilonas”, y otras prendas de oro y la compra de sombreros de paja toquilla que era una antigua industria  artesanal de Catacaos.

La población predominantemente indígena del Bajo Piura, a la agricultura, la elaboración de la chicha y la fabricación de sombreros de paja.

 

            La agricultura era sin duda la principal actividad  económica pero su problema era su eventualidad por las constantes sequías.   Los campesinos y las comunidades cultivaban algodón, ya sea en pequeñas chacras o en las haciendas de los terratenientes piuranos.  Cuando había sequía el trabajo escaseaba, el indígena tenía que emigrar a otros valles en busca de trabajo; sus mujeres entonces asumían la responsabilidad de mantener el hogar elaborando chicha, fabricando sombreros y empeñando sus joyas de oro que pocas veces rescataban.

 

            La industria del sombrero se había iniciado durante la colonia y la materia prima que es la paja toquilla, la adquirían de Ecuador o de las selvas de Moyobamba.

 

            Había esencialmente dos clases de sombreros.   Los llamados de junco, que eran de tipo corriente, para los cuales se preparaba la paja azufrándola  para darle consistencia y los sombreros finos.

 

            Los primeros estaban destinados para atender la demanda del propio campesinado de los alrededores.   Eran y son  todavía indispensables  en una región de sol tan ardiente, como el nuestro.  Como son muy “alones”, brindan suficiente sombra y también dan protección en caso de lluvia.

 

            Los sombreros llamados finos se hicieron famosos en el mundo entero por su alta calidad. Fueron los españoles Romero y Cabredo los primeros en exportarlos en alta escala, y luego siguieron los Mendoza,  Hilbick, Martínez, Requena, Del Campo y otros.  Los sombreros eran enviados a Panamá donde se etiquetaban, se colocaban en  vistosas cajas y luego se distribuían a  Estados  Unidos y  a Europa. Se les conocía en el mundo entero como ”Panamá Hat”, es decir sombrero de Panamá.

            Fabricar un buen sombrero no  era cuestión  fácil.  Los expertos tenían una serie de “secretos” que transmitían de generación en generación muy celosamente.  El trabajo se hacía de noche, sobre todo  con la luz de la luna.  Requería de una labor muy cuidadosa, paciente y larga que suponía varios meses.  La paja tenía que ser de insuperable calidad y con un adecuado tratamiento.  Un sombrero fino  podía doblarse y guardarse en un bolsillo, sin  quebrarse ni dañarse.

 

            Los sombreros finos estaban destinados a los  caballeros elegantes que pagaban bien por ellos.  Ahora, que la costumbre del sombrero ha desaparecido, la industria también ha decaído.

 

            En cuanto al sombrero corriente, los artesanos indígenas lo fabricaban en  grandes cantidades.  En las antiguas  ferias dominicales que se efectuaban en la calle El Comercio de Catacaos, era posible ver rumas de sombreros corrientes que ofrecían en venta a los campesinos y también, atados de paja  toquilla de diversas calidades.

 

 

La última resistencia de Cáceres

ARRIBA

 

            Las conversaciones de paz habían avanzado entre chilenos y los representantes del general Iglesias, cuando en Piura se desarrollaban los sucesos que acabamos de narrar.

 

            Los enemigos empezaban a desocupar varios puntos del territorio nacional que entregaban a las autoridades iglesistas, mientras que las tropas de ocupación que se evacuaban se iban concentrando  en Lima, para hacer una última campaña, esta vez contra Arequipa en donde el contralmirante Montero reunía un ejército con las armas que le proporcionaba Bolivia.

 

            Los primeros lugares que los chilenos desocuparon fueron los puertos del departamento de Lambayeque y la ciudad de Chiclayo, Pacasmayo, todo lo cual ocurrió el 26 de julio.  Dos días más tarde era entregado Trujillo y su puerto a los representantes del Gobierno de Iglesias.  La desocupación del departamento de Ica se inició  el 31 de agosto y terminó el 4 de octubre cuando salieron los invasores de Pisco.

            Como en agosto, los patriotas lambayecanos asumieron el control del departamento y desconocieron a Iglesias, los chilenos lo volvieron a ocupar en la primera quincena de setiembre.

 

            Mientras tanto el general Cáceres después de su derrota en Huamachuco, se retiró al sur con un reducidísimo grupo hasta llegar a Tarma en donde estaba el coronel Pastor Dávila con un poco más de 100 soldados, los que sirvieron de base para rehacer sus fuerzas.  El 12 de agosto estaba Cáceres en Ayacucho y daba cuenta a Montero de lo sucedido en Huamachuco, pero le hacía conocer su propósito de continuar luchando,  para lo cual le solicitaba el envío de una división.  Montero estaba en la imposibilidad total de desprenderse de un solo soldado porque los chilenos ya habían hecho conocer su propósito de atacarlo.

 

            El capitán de navío Camilo Carrillo que había sido hasta hacía poco ministro de Montero, había entrado en desacuerdo con su paisano y se había retirado a la sierra central en donde se unió a Cáceres al cual instigaba a dirigirse a Arequipa y asumir el mando de esas fuerzas.  El Héroe de la Breña se negó porque consideraba que no era el momento de sembrar nuevas discordias.

 

            A Cáceres  se le sumaron contingentes indios, los cuales carecían de armas, pero también en las ciudades de la sierra ya estaba ganando el cansancio y muchos secundaban las ideas pacifistas de Iglesias.  Se fue entonces creando una pugna, desconfianza y resentimiento entre los campesinos indios y los “blancos” a los que se acusaban de traidores.  Los hacendados principiaron a calificar a los guerrilleros de comunistas.

 

            Lynch envió en setiembre una división de 1 500 hombres al mando del coronel Martiniano Urriola contra Cáceres.  El 13 de setiembre de 1883 los chilenos se encontraban en Huancayo, luego avanzó con dirección a Ayacucho siendo hostilizado por los guerrilleros.  El 25 llegaron a Huanta y los habitantes resistieron durante dos días y al ser tomada la ciudad por los invasores fue incendiada.  Los habitantes del pequeño  pueblo de Pacaycasa, temerosos de los chilenos e instigados por gente adicta a Iglesias, salieron en medio de aclamaciones a recibir a las tropas de Urriola, gritando ¡Viva el señor Chile!

 

            Pacaycasa es el lugar en donde se han descubierto los más antiguos vestigios de una civilización prehistórica.  Poco después Urriola ocupaba Ayacucho evacuada por Cáceres que se había trasladado a Andahuaylas en donde se le unieron mil morochucos en su mayoría montados.  Urriola siguió en Ayacucho y allí estaba cuando se firmó el tratado de Ancón y también cuando los chilenos ocuparon Arequipa, tras lo cual consideró que no era necesaria su presencia en la sierra y emprendió el viaje de retorno a Lima, pero al pasar por la región de los indomables iquichanos de Huanta  tuvo que luchar fieramente con ellos los días 13 y 15 de noviembre.  Cáceres lo seguía a distancia, pero se quedó en Huancayo en donde estableció  su cuartel general.  Por entonces ya el general Iglesias estaba firmemente posesionado de Palacio de Gobierno en Lima.

 

            Se iba a iniciar la guerra civil entre Cáceres e Iglesias

 

 

Opinión de Ricardo Palma sobre Arequipa

ARRIBA

 

            El 11  de octubre de 1881 don Ricardo Palma escribía a Nicolás de Piérola que se encontraba en la sierra del centro.  Decía así:

 

            “Arequipa nos ha dado un desengaño más. Era lógico esperarlo de ese pueblo veleidoso por excelencia.   La noticia se recibió aquí el 8 por cablegrama de Arica.  Esta circunstancia me da motivo para presumir que la revolución tendría lugar antes del 4 fecha en que el vapor debía llevar a Mollendo el decreto de Lynch del 28 de setiembre destituyendo a García Calderón de la presencia magdalénica”.

 

            “Son contradictorios los pormenores que hasta este momento tenemos de lo sucedido en Arequipa; pero yo me explico, a mi manera lo que me ha pasado.  Don Manuel Pardo acabó de corromper y desmoralizar a ese pueblo, que poco necesitaba para perder el resto de virilidad que le quedaba.  Sembró en terreno fácil para el mal y lo de ahora no es sino la cosecha de semilla.  Convencidos los arequipeños de que se preparaba en Chile un cuerpo de Ejército para atacar Arequipa, han creído conjurar el peligro achilenándose.  Lo ocurrido es efecto de la cobardía, del miedo, del pánico, tanto como de la corrupción moral de ese pueblo”.

 

 

 

Montero en Arequipa

ARRIBA

 

            El general  Montero que inicialmente tuvo la sede de su Gobierno en Cajamarca, consideró que más conveniente era Arequipa por la cercanía a su aliado Bolivia y por la proximidad al teatro de operaciones bélicas.

 

            Se dedicó con gran tenacidad a reorganizar una fuerza militar, compuesta por un cuerpo de Ejército y voluntarios organizados en una Guardia Nacional.

 

            El Ejército de Línea, originalmente se componía de 4 000 hombres pero tuvo que desprenderse de alguna tropa para enviar a Cáceres.  Don Jorge Basadre manifiesta que al enviar 1 000 soldados se quedó con tres mil organizados en 8 batallones y los escuadrones “Escolta”   y “Húsares de Junín”.  Los Guardias Nacionales formaban 7 batallones y dos escuadrones de caballería, que  efectivos eran 2 500 aún cuando  nominalmente   llegaban  a 5 000.  Tenían también 6 cañones Krupp.

 

            Las fuerzas estaban al mando del pundonoroso coronel César Canevaro.

 

            Lynch decidió la destrucción de las fuerzas de Montero y para tal fin ordenó que una división de 2 200 soldados de las tres armas al mando del coronel José Velásquez saliera de Tacna rumbo a Moquegua donde debía esperar.  Montero previendo ese movimiento había enviado una fuerza  al mando del coronel Somocurcio que  al saber el  avance de Velásquez y que otra fuerza chilena llegaría pronto a Ilo con 3 000 hombres, optó por retroceder hasta  Arequipa.  Los 5 000 soldados chilenos se unieron en  Moquegua

y pronto se les sumaron 1 200 más.  De la sierra central convergía también hacia Arequipa el coronel Urriola con 4 000 hombres en un poderoso movimiento de pinzas  con más de diez mil soldados en conjunto.

 

            Los soldados peruanos estaban armados con rifles  Remington proporcionados por el presidente  Campero de Bolivia.  También había enviado municiones, los cañones Krupp, uniformes y calzado.

 

            Canevaro y Montero habían decidido defender la estratégica  cuesta de Huasacachi y colocada en ella al coronel José Godines, pero éste se retiró sin combatir y los chilenos tomaron esa  posición.  Quedaba, sin embargo, el paso de Chacahuayo en las alturas de Puquina, a uno y a otro lado del desfiladero defendido por la derecha y la izquierda por los hermanos Germán y Francisco Llosa, oriundos de Arequipa.  El coronel Canevaro que estaba en Puquina, dejó el frente para ir a entrevistarse con Montero en  relación con órdenes contradictorias dadas por el coronel Belisario Suárez.  En la noche del  23 de octubre de 1883, los coroneles  Llosa, ante unos movimientos de los chilenos, temieron ser flanqueados y dejaron las posiciones estratégicas para replegarse con dirección a  Arequipa.  Con  eso, los chilenos tuvieron el camino libre.

 

            En Arequipa cundió la alarma y ante la presión de vecinos notables  el Municipio se reunió para pedir a Montero que no se produjera una batalla en las calles de la ciudad.  Al Municipio se unió el Cuerpo Consular.  La respuesta de Montero fue: “Señores, si es necesario que la ciudad sucumba, sucumbirá porque ante todo estoy decidido a salvar la dignidad y la honra del país”.  Canevaro de inmediato se dirigió a Chacahuayo para asumir el mando de las fuerzas que había tenido los hermanos  Llosa y hacer un repliegue hacia Arequipa a marchas forzadas.  Montero procedió a reunir un Consejo de Guerra y también al Consejo de Ministros y planteó la resistencia en la ciudad, pero el criterio unánime fue retirarse con el Ejército de Línea hacia Puno.  Mientras tanto, había efervescencia en las calles, y la Guardia  Urbana en su mayor parte había abandonado los cuarteles llevándose el armamento a sus casas., pus eran arequipeños.

 

            Montero pensó en que podía contar con el respaldo del pueblo y contrariar a su propia oficialidad para dar la batalla de Arequipa y para tal fin convocó al pueblo, pero las opiniones estaban divididas y en su mayoría opinaban por la no-resistencia.

                                                                                         

            Se produjo entonces un motín del pueblo y de la Guardia Nacional.  Las refriegas y los tiroteos menudearon.  Se empezó a preparar la retirada del Ejército de Línea hacia Puno esperándose la llegada de los efectivos del coronel Canevaro.  El teniente alcalde fue muerto en un tiroteo.  Dice  el historiador Jorge Basadre :“Los partidarios de la resistencia acusaban a Montero porque abandonaba la ciudad y los de la capitulación, porque la exponía a vejámenes  del enemigo”.  Es decir que a Montero se le había escapado el control de la ciudad de las manos.  Con el fin de apaciguar los ánimos, Montero recorrió los cuarteles y fue recibido con demostraciones hostiles y en uno de ellos un grupo de guardias en franca rebelión disparó contra el general y por poco lo matan, pues un balazo le atravesó el kepí, mientras que uno de sus ayudantes y soldados de su   escolta fueron muertos.

 

            Mientras tanto, las fuerzas de Canevaro al enterarse de los sucesos de Arequipa en gran parte se desbandaron y los pocos que llegaron a la ciudad también se desmoralizaron.  Los miembros de la Guardia Nacional, se negaron  a entregar las armas, que Montero deseaba llevar  a Puno.

 

            En la noche del 26 todo era un caos dentro de la ciudad, por cuyo motivo Montero cuya vida peligraba dentro de ella, resolvió retirarse con una escolta.  A caballo llegó a  Chiguata y tras de tener también una refriega en este lugar con partidarios de la paz, siguió hasta Santa Lucía donde tomó el tren  que lo condujo  a  Puno.

 

            En carta que posteriormente Canevaro envió a Cáceres relatándole los sucesos de Arequipa, dice que la noticia del  repliegue de Godines y de los Llosa desalentó al vecindario de Arequipa y que se produjo el desbande del cuerpo de cívicos, de  tal modo que de 3 000 sólo quedaron  la mitad acuartelados el día 24.  Narra que el 25 fueron tocadas las campanas de las iglesias a rebato y la multitud se  congregó en la plaza principal, a donde acudió  Montero  para calmar a la multitud, pero fue imposible hacerse oír. Entonces el Batallón de Cívicos  7 inició ese día el motín que conmovió a la ciudad y determinó el abandono de ella por parte del Gobierno.  El 27 la Municipalidad entró en tratos con el jefe chileno Velásquez que estaba acampando a seis leguas de la ciudad esperando tranquilamente el desarrollo de los sucesos.  Se acordó una reunión de jefes chilenos con una Comisión de Notables de Arequipa para tratar sobre los detalles de la entrega.  La reunión fue en Paucarpata y el día 27 el ejército chileno ingresaba a la Ciudad Blanca sin disparar un solo tiro y hasta con algunas muestras de adhesión de gentes en las calles.

 

            Canevaro se vio precisado a dejar también la ciudad y dirigirse igualmente  a Bolivia.

 

            El padre Rubén Vargas Ugarte en su Historia General del Perú, tras de  dar a conocer la carta de Montero a Cáceres, dice:  “Esta nos descubre lo sucedido en Arequipa, que en esta ocasión desmintió la fama que se había conquistado por su celo en defender las instituciones patrias”.  Luego dice:  “De este modo vino a resultar un sarcasmo lo que en una hoja volante distribuida entre el pueblo de la Ciudad Blanca, se había dicho por aquellos días, a  saber que Arequipa estaba llamada a redimir al Perú y a Bolivia”.

 

            Los chilenos ocuparon Arequipa hasta el 21 de diciembre de 1883 en que se retiraron  para que pudieran  elegir sus diputados al Congreso convocado por Iglesias para ratificar el Tratado de Ancón.

 

 

 

El Tratado de Paz de Ancón

ARRIBA

 

            Cuando las  tropas de Carvallo ocupaban Piura, las negociaciones de paz entre los agentes de Miguel Iglesias y los chilenos estaban ya muy avanzadas.

 

            Fue así, como  cuatro días después que los invasores desocupaban la ciudad de Piura, se firmaba el tratado el 20 de octubre de 1883.

 

            Todos los preliminares de las negociaciones de paz se habían efectuado entre Mariano Castro Zaldívar, cuñado de Iglesias y el delegado chileno Jovino Novoa.

 

            Pero Castro no era ducho en esta clase de discusiones y por lo tanto solicitó de los chilenos la repatriación de don José Antonio de Lavalle y de Antonio García y García que estaban prisioneros en Chile.

 

            Inicialmente tanto Lynch como Novoa se negaron a la solicitud en cuanto a Lavalle pero al fin  cedieron.  Cuando Antonio García  y García conoció los preliminares del tratado y la mutilación del territorio nacional así como las duras condiciones económicas, prefirió seguir en las duras condiciones del destierro, para no acceder a lo que prácticamente consideraba un crimen y una traición a la patria..

Lavalle que confiaba un tanto en su capacidad negociadora si aceptó y  además convenció a Andrés Avelino  Aramburú, para que lo acompañase de Chile al Perú.

Antonio de Lavalle pudo darse cuenta al llegar a Lima que Tarapacá estaba definitivamente perdida y por varias semanas discutió con Jovino Novoa la suerte de Tacna y  Arica que los chilenos también querían anexar mediante la forma de compra al Perú.

 

            Las reuniones se efectuaban en el balneario de Ancón, que los diplomáticos y jefes de las escuadras neutrales habían logrado evitar que fuera saqueado y ocupado por los chilenos.  Era una especie de tierra neutral.

 

            El Tratado de Paz de Ancón es el siguiente:

 

            Artículo 1º.- Restablécense las relaciones de paz y  amistad entre las repúblicas de Chile y del Perú.

            Artículo 2º .- La República del Perú cede a la República de Chile, perpetua e incondicionalmente, el territorio de la provincia litoral de Tarapacá cuyos límites son:  por el norte la quebrada y río Camarones, por el sur la quebrada y río Loa; por el oriente la República de Bolivia y por el poniente el mar Pacífico..

 

            Artículo 3º .- El territorio de las provincias de Tacna y Arica, que limita por el norte con el río Sama, desde su nacimiento en las cordilleras, limítrofes con Bolivia hasta su desembocadura en la quebrada y río Camarones, por el oriente con la República de Bolivia y por el poniente con el mar Pacífico, continuará poseído por Chile y sujeto a la legislación y autoridades chilenas durante el término de diez años contados desde  que se ratifique el presente tratado de paz.

 

            Expirado este plazo, un plebiscito decidirá en votación popular, si el territorio de las provincias referidas queda definitivamente del dominio y soberanía de Chile o si continúa siendo parte del territorio peruano.

 

            Aquel de los dos países a cuyo favor queden anexadas las provincias de Tacna y Arica, pagará al otro diez millones de pesos moneda chilena de plata o soles peruanos de igual ley y peso de aquella.

 

            Un protocolo especial que se considerará como parte integrante del presente tratado, establecerá la forma en que el plebiscito debe tener lugar y los términos y plazos en que deban pagarse los diez millones por el país que quede dueño de las provincias de Tacna y Arica.

 

            Artículo 4º .- En conformidad a lo dispuesto en el supremo decreto de 9 de febrero de 1882 por el Gobierno de Chile ordenó la venta de un millón de toneladas de guano, el producto líquido de esta sustancia, deducidos los gastos y demás desembolsos a que se refiere el artículo 13 de dicho decreto, se distribuirá por partes iguales entre el Gobierno de Chile y los acreedores del Perú, cuyos títulos de crédito aparecieron sustentados con la garantía del guano.

 

            Terminada la venta del millón de toneladas a que se refiere el inciso anterior, el Gobierno de Chile continuará entregando a los acreedores peruanos el cincuenta por ciento del producto líquido del guano, tal como  se establece en el mencionado artículo 13 hasta que se extinga la deuda o se agoten las covaderas en actual explotación.

 

            Los productos de las covaderas o yacimientos que se descubran en el futuro en los territorios cedidos, pertenecerán exclusivamente al Gobierno de Chile.

 

            Artículo 5º.- Si se descubrieran en los territorios que quedan del dominio del Perú covaderas o yacimientos de guano, a fin de que los gobiernos de Chile y del Perú no se hagan competencia en la venta de esta sustancia, se determinarán previamente por ambos gobiernos, de común acuerdo, la proporción y condiciones a que cada uno de ellos deba sujetarse en la enajenación de dicho abono.

 

            Lo estipulado en el artículo precedente regirá así mismo con las existencias de guano ya descubiertas que pudieran quedar en las islas de Lobos, cuando llegue el evento de entregar esas islas al Gobierno del Perú, en conformidad con la cláusula novena del presente tratado.

 

            Artículo 6º .- Los acreedores peruanos a quienes se concede el beneficio  a que se refiere el artículo 4º deberán someterse para las calificaciones de sus títulos y demás procedimientos a las reglas fijadas en el supremo decreto de 9 de febrero de 1882.

 

            Artículo 7º .- La obligación que el de Chile acepta, según el artículo 4º de entregar el cincuenta por ciento del producto líquido del guano de las covaderas en actual explotación, subsistirá, sea que esta explotación se hiciera en conformidad al contrato existente sobre la venta de un millón de toneladas, sea que ella se verifique en virtud de otro contrato o por cuenta propia del Gobierno de Chile.

 

            Artículo 8º .- Fuera de las declaraciones consignadas en los artículos precedentes y de las obligaciones que el Gobierno de Chile tiene espontáneamente aceptadas en el supremo decreto de 28 de marzo de 1882 que reglamenta la propiedad salitrera de Tarapacá, el expresado Gobierno de Chile, no reconoce títulos de ninguna clase que afecten a los nuevos territorios que adquiere por el presente tratado, cualquiera que sea su naturaleza o procedencia.

 

            Artículo 9º .- Las islas de Lobos continuarán administradas por el Gobierno de Chile hasta que se de término en las covaderas existentes, a la explotación de un millón de toneladas de guano, en conformidad a lo estipulado en los artículos 4º y 7º.  Llegado este caso se devolverán al Perú.

 

            Artículo 10º .- El Gobierno de Chile declara que cederá al Perú desde el día en que el presente tratado sea ratificado  y canjeado constitucionalmente, el 50% que le corresponde en el producto del guano de las islas de Lobos.

 

            Artículo 11º .- Mientras no se ajuste un tratado especial, las relaciones mercantiles entre ambos países subsistirán en el mismo estado en que se encontraban antes del 5  de abril de 1879.

 

            Artículo 12º.- Las indemnizaciones que se deban pagar por el Perú a los chilenos que hayan sufrido perjuicios con motivo de la guerra, se juzgarán por un tribunal arbitral o comisión mixta internacional, nombrada inmediatamente después de ratificado el presente tratado, en la forma establecida por convenciones recientemente ajustadas entre Chile y los gobiernos de Inglaterra, Francia e Italia.

 

            Artículo 13º .- Los gobiernos contratantes reconocen y aceptan la validez de todos los actos administrativos y judiciales pasados, durante la ocupación del Perú, derivados de la jurisdicción marcial ejercida por el Gobierno de Chile.

 

            Artículo 14º .- El presente tratado será ratificado y las ratificaciones canjeadas en fe de lo cual las respectivas plenipotencias lo han firmado por duplicado y sellado con sus sellos particulares.- Lima 20 de Octubre de 1883.- Jovino Novoa.- J.A de Lavalle.- Mariano Castro Zaldívar.

 

            Con la ayuda de armas y contingentes chilenos, pudo desplazarse el general Iglesias de Cajamarca a Trujillo y de esa ciudad a las proximidades de Lima.

 

            El 23 de octubre, Lynch retiraba de Lima los 4 000 soldados que tenía y los acantonaba en Barranco, Chorrillos, Miraflores, Chosica y Tarma.  También desocupó Palacio de Gobierno y otros edificios públicos.  Nada dejó en ellos.  Cargó, en un  acto de rapiña,  con todos los muebles rumbo al Callao para embarcarlos en la flota chilena.  Durante tres días  trabajó en forma febril la soldadesca chilena en consumar la última etapa del saqueo, cargando 3 000 carretadas.  El jefe de ocupación Lynch hizo conocer que seguiría en Miraflores hasta la ratificación del tratado.  Parte del ejército de ocupación se embarcó rumbo a Chile con los productos del último saqueo.  El Gobierno de Iglesias debía de cubrir los gastos diarios de ocupación.

 

 

Reacciones por el Tratado de Ancón

ARRIBA

 

            Miguel Iglesias se había estacionado en Ancón, y el día 23 de octubre al frente de un ejército de 1 200 hombres hizo su ingreso en Lima siendo las campanas de todas las iglesias lanzadas al vuelo.

 

            Llegó el general Iglesias al vacío Palacio de Gobierno seguido por una entusiasta muchedumbre, procediendo de inmediato a izar la bandera nacional, acto que no se había hecho por más de dos años y medio de ocupación.

 

            En la primera etapa de su Gobierno en Cajamarca, el general Miguel Iglesias había tenido como Ministro Único a su hermano Lorenzo.  Posteriormente, trató de dar más forma a su Gobierno para adelantar las conversaciones de paz y nombró como primer ministro y ministro de Justicia e Instrucción a don Manuel  Barinaga, en Relaciones  Exteriores a José Antonio  de Lavalle, ministro de Gobierno a Martín Dulanto, ministro de Guerra a Javier de Osma y ministro de Hacienda a Elías Malpartida

 

            Lavalle de inmediato pidió a los chilenos la libertad de los prisioneros de guerra lo que fue aceptado, menos en cuanto al ex -presidente García Calderón que siguió cautivo en Chile.

 

            El coronel José Mercedes Puga, se volvió a posesionar de Cajamarca tan pronto como salió de ese departamento el general Iglesias, desconoció a su gobierno y también al Tratado de Ancón. Hizo saber que seguía leal a los patrióticos principios del general Cáceres.

 

            El general Montero con 3 000 hombres bien armados en Arequipa, desconoció el tratado de paz por mutilar el territorio nacional.  Pero poderosas columnas enemigas convergían sobre la Ciudad Blanca, cuya población se desmoralizó cuando supo la firma del Tratado de Ancón, produciéndose una asonada que obligó a Montero a dejar al igual que el general César Canevaro, en forma precipitada la ciudad, la cual se entregó al enemigo.

 

            Los acontecimientos  habían sucedido rápido, y sólo quedaba Cáceres en el Centro con una pequeña fuerza.  Sin embargo, en diciembre de 1883 lanzaba un manifiesto a la nación, negándose aceptar los hechos consumados, porque no se puede retroceder sin mengua cuando se ha pasado por Tarapacá y Huamachuco.  En esos momentos  era Cáceres el legítimo gobernante del Perú, porque estando el presidente García Calderón  preso en Chile, y el primer vicepresidente general Montero fuera del país por los hechos de Arequipa, correspondía a Cáceres en su condición de 2º vicepresidente,   asumir el mando supremo de la Nación; así se lo hizo conocer Montero en una comunicación fechada en Puno antes de dejar el territorio nacional.

            En esos momentos estaban bajo control de Puga, no sólo de Cajamarca, sino también de Huamachuco y Huaraz.

 

            En noviembre de 1883 renunciaron los ministros Lavalle, Dulanto y Malpartida; quedando el Consejo de Ministros recompuesto del siguiente modo: Manuel Barinaga, Javier Osma, Eugenio Larrabure, Mariano Castro Zaldívar y Manuel Galup.  Este equipo duró hasta abril de 1884.

 

            Los tenedores de la deuda externa peruana no quedaron del todo satisfechos con el tratado.  Pensaron lograr la tajada del león, sobre todo los europeos.   Su planteamiento era que se les permitiese asumir la explotación de las salitreras de Tarapacá a lo que siempre se opuso Chile.  Durante la guerra los acreedores del Perú viendo la postración nuestra, prefirieron siempre tratar con el invasor y la Peruvian Guano llevo su inmoralidad al extremo de desconocer las letras de pago que había  aceptado por el guano enviado antes a Europa.  En pocas palabras, nos robaron.  La firma de judíos franceses, Dreyffus,  que habían hecho su plata en el Perú, era de las más exigentes.  Estados Unidos y Alemania se opusieron siempre a las desmesuradas pretensiones de los acreedores franceses, a pesar que durante la guerra, el canciller alemán Bismark, se había mostrado favorable a Chile.

 

            Para los tarapaqueños, el tratado constituyó un tremendo golpe moral.  Se produjo un gran éxodo de familias lo mismo que en Tacna y Arica, firmaron protestas y realizaron manifestaciones patrióticas en Lima y otras ciudades.  Un memorial con miles de firma fue presentado en el  Congreso.

 

            Para los piuranos, el tratado significaba la presencia por un buen número de años de los odiados chilenos en las islas de Lobos y el establecimiento de oficinas en Paita.  Si bien  es cierto que la terminación de la guerra causó satisfacción en el departamento, se estimó que las cláusulas habían sido muy duras y el sacrificio de Grau y de decenas de miles de peruanos había resultado inútil.

 

Varias fueron también las naciones americanas que protestaron por la imposición de un tratado con mutilación territorial.

 

De nada había valido tanto sacrificio, tantos muertos y tanta destrucción. Al decir de Basadre, el Perú al terminar la guerra era un país yacente.

La intención de Chile había sido que el Perú no se pudiera levantar en los siguientes cien años. Casi lo consiguió. Cuando se cumplieron esos 100 años, gobernaba al Perú el general Juan Velasco y nuestro país era prácticamente una de las primeras  potencias militares de América del Sur. Fue  intención de Velasco rescatar Arica por la fuerza. Los hechos se desarrollaron de otra forma.

 

                       

 

El fusilamiento de Higinio Albán

ARRIBA

 

            Cuando el 16 de octubre de 1883 a las 5 de la tarde los chilenos al mando del coronel Carvallo evacuaron la ciudad de Piura, dejaron firmemente en la prefectura al coronel Augusto Seminario Váscones.

 

            El coronel Fernando Seminario Echandía, su pariente y opositor político, se había expatriado al Ecuador, desde donde incitaba a la resistencia contra el Gobierno de Iglesias, al cual se acusaba de entreguista y traidor..

 

            Augusto Seminario  y Váscones estuvo sirviendo en la prefectura de Piura hasta fines de enero de 1884, trasladándose luego a Lima para estar presente en la apertura de la Asamblea Constituyente el 1º de  marzo de dicho año.

 

            Lo reemplazó en el cargo don Alejandro Cortés que sirvió hasta agosto del mismo año en que lo depone don Víctor Eguiguren, para asumir por breve tiempo el cargo prefectural.

 

            El año 1884, durante el breve período que sirvió  don Augusto Seminario Váscones ocurrió un luctuoso hecho, fruto de los odios políticos y familiares que dividieron por décadas a la ciudad de Piura, por culpa de la familia Seminario.

 

            En su libro “Recuento Histórico Cultural del Departamento de Piura”, el doctor José Albán  Ramos, reproduce un relato de don José Vicente Rázuri.  El error del mismo está en ubicarlo en octubre de 1884, lo que no puede ser, por cuanto uno de los principales protagonistas, don Augusto Seminario Váscones, ya no era prefecto de Piura y se encontraba en Lima.

 

            Piura al iniciarse el año 1884 vivía un ambiente tenso.  La inquieta mangachería era decidida partidaria de Cáceres y del coronel Fernando Seminario y Echandía.  Se suponía que algunos de sus principales vecinos tenían conexiones con los montoneros de Eloy Castro y del general La Cotera que mantenían en agitación la sierra y la frontera.

 

            Los pesquisidores del prefecto, veían conspiradores por todas partes, y se hacían numerosos arrestos, cometiéndose abusos y vejámenes con los detenidos.  En una de esas redadas cayó don Higinio Albán, antepasado sin duda del doctor Albán Ramos.

 

            El prefecto supo de la detención y ordenó un severo interrogatorio, para conocer los comprometidos radicados en Piura, las conexiones con los montoneros y ordenó un severo interrogatorio, para conocer los comprometidos radicados en Piura, las conexiones con los montoneros y las informaciones que sobre ellos y sobre todo con relación al coronel Fernando Seminario podía dar el detenido.  Pero sea porque éste en realidad ignorase el paradero del empecinado coronel “cacerista” o porque sabiéndolo no quería revelarlo, el hecho concreto es que de la interrogación no se sacó nada.  Se procedió entonces a la aplicación de los castigos infamantes que se tenía por costumbre aplicar en algunos casos sin miramiento para las personas:  es decir cepo, y luego 25 azotes.  Estos últimos no se aplicaban al dorso de las víctimas, sino a nalga limpia, y con el azotado amarrado a un poste o escalera.

 

            Don Fernando Seminario había aplicado ese castigo a los bandoleros que capturaba y era comentario general  que los facinerosos preferían ser fusilados, antes que someterse al infamante castigo. Fue por eso que cuando don Fernando fue prefecto, los bandoleros en forma prudente entraban en relativa inactividad.

 

            Higinio Albán no era en realidad un cualquiera, y por ese motivo la decisión tomada era sumamente criticable y no tenía ninguna justificación.  La mujer de Albán solicitó que le devolvieran a su marido.  Este se encontraba inconsciente, sangrante y tirado en un patio.  El pedido le fue denegado y a la caída de la noche, el herido fue colocado sobre una mula, y con un piquete de seis gendarmes llevado con dirección a la ciudad de Sullana en donde se iba a realizar una ronda rural.  En el relato se asegura que todo se hizo por orden del prefecto y que al pasar  el grupo por la esquina Cajamarca-Libertad, frente a la casa de doña Manuela Albán, más conocida como la “Chava Albán”, el herido presumiendo lo que le iba a pasar, se puso a gritar pidiendo auxilio.   Los guardias continuaron imperturbables el recorrido nocturno seguidos por la hermana y por la mujer del prisionero doña Joaquina Silva.  La  comitiva se detuvo en las afueras de Huan y en ese lugar sin más trámite procedieron a fusilarlo.  Las desventuradas mujeres recogieron el cadáver y con la ayuda de Manuel Siancas, consiguieron un burro, retornando a Piura al despuntar el alba del día siguiente.

           

            El suceso conmovió Piura y contribuyó a hacer más profundos los enconos.  Estaba visto que por esos tiempos la vida humana no tenía el menor valor.  Quizá el hecho de haber visto morir tanto compatriota en los campos de batalla y asesinados por el invasor había producido un relajamiento en la sensibilidad humana.

 

            Como lo hemos dicho, el coronel Augusto Seminario partió a Lima para incorporarse a la Asamblea Nacional y también a las actividades partidarias con don Nicolás de Piérola  que había retornado a la Patria.

 

            En diciembre de 1885, el presidente Iglesias se vio precisado a renunciar el cargo ante el éxito militar del Héroe de la Breña don Andrés Avelino Cáceres  que mediante un audaz golpe de mano había logrado capturar Lima.  Luego vinieron los años del  Gobierno de Cáceres y de Morales Bermúdez con la oposición de los pierolistas, hasta 1895 en que don Augusto Seminario inicia en Sullana la sangrienta montonera.  Torna otra vez a los primeros planos de la actividad política llegando a ser prefecto y ser senador, pero se  necesitan otros diez años más para que se desarrolle la segunda parte del drama.

 

            Llegó el año 1904.  Para entonces, Manuel Albán hijo de Higinio era un fornido mozo  que se había enterado de la trágica muerte de su padre y había jurado vengarlo.

 

            Don Augusto Seminario había retornado a las labores agrícolas y junto con don Vicente Eguiguren había decidido explotar en alta escala la hacienda Talandracas.

 

            El 27 de marzo de 1904, transitaba don Augusto Seminario por la calle Tacna, cuando fue interceptado por un hombre joven, más conocido como el “Pumpo”, el cual tras de darse a conocer, sacó rápidamente un revólver y disparó dos veces contra Seminario  que se desplomó en medio de un charco de sangre.

 

            Tranquilamente el agresor se entregó en la Comisaría dando su nombre y diciendo que acababa de dar muerte al asesino de su padre.  En realidad, Seminario solamente estaba herido  y fue enviado a su domicilio.

 

            El hecho dividió a la ciudad de Piura.  Muchos a causa del prestigio y del poder de Augusto Seminario estaban a su favor, pero la mayoría respaldó al vengador y uno de ellos fue un joven abogado y periodista, don Enrique López Albújar que ofreció sus servicios profesionales en forma gratuita.  Demás está decir que “El Amigo del Pueblo”, del que era director López Albújar, abrió campaña a favor de Albán considerando una serie de atenuantes no obstante su nacionalidad.  El proceso se vio prontamente en la Corte Superior que presidía el doctor Luis León y León y dio por compurgada la pena  con la carcelería que había  sufrido el “Pumpo” Albán.

 

            El día de su liberación, los mangaches improvisaron un mitin a las puertas de la prisión.

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