Prólogo

 

Prólogo

 

 

            La guerra con Chile, constituyó, la más aciaga etapa de la vida nacional, cuyos resultado se sienten hasta ahora, después de transcurrido más de un siglo de tan luctuoso suceso.

 

            No hubo un solo trozo del Perú donde no se sintieran sus efectos, pero fue el sur,  Lima y el Ande donde se produjeron los hechos más sangrientos.

 

            Si bien es cierto que esos escenarios estaban muy lejos de Piura, no se puede decir, que lo que allá ocurría no nos afectase en mayor o menor grado.

 

            La Patria es una sola, como si fuese un  cuerpo único, y cuando una parte se ve afectada, eso repercute en el organismo entero.  Por eso, se puede asegurar que todo lo malo o extraño que pueda ocurrir a una parte es algo que afecta al todo en general.

 

            La guerra produjo en el pueblo piurano, los más variados y encontrados sentimientos.  El entusiasmo, el pesimismo, el abatimiento, el furor y el temor; se fueron sucediendo, de acuerdo a la marcha de los acontecimientos  que se producían en el resto del Perú.

 

            No se puede por lo tanto, estudiar la situación del departamento de Piura durante la guerra con Chile, como un hecho aislado.  Para ser coherente hay que referirse a sucesos ocurridos más allá de nuestros límites departamentales, pero que de una u otra forma nos afectaron  Menos podríamos pasar por alto sucesos en que intervinieron piuranos y en donde muchos ofrendaron sus vidas.

 

            La historia de Piura en la época de la guerra con Chile, es por lo tanto la parte indesligable de un todo.  Referirnos  al marco global de los acontecimientos permite comprender mejor los hechos que sucedieron en Piura.  Por otra parte, es completamente necesario que una vez más se tome el tema para llevarnos a meditar, sobre todo en aquellas muchas oportunidades en que los acontecimientos pudieron haber tenido otros rumbos y hacer variar los  resultados.  Lo que pudo ser y no fue, se debe en muchos casos, no a hechos fortuitos o imprevisibles, sino a errores humanos por acción o por omisión.

 

            Es necesario que se conozcan muchos actos y comportamientos de gran valor y heroísmo; así como también, negligencias, incompetencias y hasta traiciones, que la generalidad de los libros no lo dicen.

 

          La guerra llegó a Piura con la sanguinaria  expedición depredadora de Patricio Lynch, el llamado por los mismos chilenos “El Príncipe Rojo”, que arrasó Paita y La Huaca.

 

            Muchos piuranos, alejados de su tierra natal, dieron su cuota de sacrificio en muchas acciones de guerra y en eso tiene un muy destacado lugar Miguel Grau, que durante cuatro meses, hizo él sólo, la guerra contra Chile, causando entre los peruanos, muchas esperanzadas ilusiones de triunfo.  Su serenidad, valor y por último su sacrificio heroico, calaron hondo en el alma popular que vibró de fervoroso patriotismo con sus hazañas y se anonadó con su sublime muerte.

 

            Los piuranos pusieron su contingente de sangre.  Más de 600 hombres, jóvenes y maduros, acudieron al llamado de la Patria, dejando el trabajo, el amor de la familia y sus intereses, para decir  ¡Presente! cuando la Patria pidió el sacrificio de sus hijos. Fue así como se formó el Batallón Piura  En la batalla de San Juan, el Batallón, defendió un paso, próximo al cerro llamado ¡Viva Perú!  Allí resistieron el empuje de dos divisiones enemigas, y así como en la Grecia Antigua, los espartanos defendieron el paso de las Termópilas, así también los campos denominados de Pamplona, fueron cubiertos de cadáveres de los piuranos que dieron su vida y su sangre generosa por el Perú.  Nosotros también podíamos repetir lo que dice el mármol que perennizó el sacrificio de Leonidas y del puñado de espartanos y escribir  sobre un imaginario granito levantado en Pamplona y que ojalá pudiera ser un día  una realidad:  Caminante, anda y di a Piura, que aquí  cayeron sus hijos en defensa de la Patria”.

 

            Ese fue el mensaje, que después de San Juan, los sobrevivientes trajeron a Piura, y vistió de luto a muchas madres, esposas, novias e hijos.

 

          ¡Honor a ellos¡

 

         Después tuvimos que sufrir la presencia de la soldadesca chilena en varias oportunidades, cuando sus fuerzas militares llegaron por mar y por la vía de Olmos.

 

       Tremenda y amarga, experiencia nos dejó esa guerra. Muy lejos estamos de pretender revanchas, pero la herida aun está sangrante y se  debe de tratar que eso, que no se vuelva a repetir. Necesitamos ser fuertes, no para agredir, sino para se nos respete.

 

Reynaldo Moya Espinoza

 

 

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