|
MUERTO EL PERRO SE ACABÓ LA RABIA
Añón - Carlos Anido Angel - Castor
Sargento - Luis Tuñas Yonqui - Iván
Eastwood - Carlos Bermejo Policía I - Oscar
Mc. Giver - Alberto Policía II - Rafa
Gordo - Gabriel Cao
Me desperté con esa sensación asquerosa en la boca, me rasqué los huevos y me vestí. Desayuné y me di cuenta de que no me apetecía hacer nada. Nunca me apetece hacer nada. Salí al portal y me encendí un pitillo, no hay nada que se compare a esa primera calada; escupí al árbol no le di.
Llegué al bar, para decidir que hacer... La cerveza se acababa y aún no había llegado nadie. Siempre llego el primero, eso jode. A ver si ese imbécil gordo acaba con el periódico. Lo hace cuando llaga el sargento, nadie sabe porque se llama así, nadie se lo preguntó. Me saluda y se va al baño a liar. ¡Tremendo! Ahí viene:
Sargento: Vaya mierda de servicio, ¿ qué tal?
Añon: Aburrido, estoy mortalmente aburrido.
Sargento: Entiendo... es normal... ¡ mierda de ciudad!
Añon: ¡Qué les den! Esta cerveza está en su puto punto justo y hay que aprovecharlo. Esto
de las cervezas tiene su arte, ¿sabes?
Sargento: no me empieces a tocar los cojones tan temprano con tus historias de las cervezas,
Añon... ¡Toma!
Me lo paso, aspiré una bocanada y esa sensación dulce me recorrió todo el cuerpo hasta las puntas de las orejas. Eché el humo, y vi que quería decirme algo, no se decidía a hacerlo; lo haría hablar:
Añon: ¡Venga, desembucha, cabrón!
Sargento: Es que... no sé.
En ese momento entro Eastwood, que alto es, joder:
Eastwood: Vaya cara de monos tenéis ya, todo el día dándole ¿eh?
Sargento: No nos vengas con tus rollos seudoreligiosos, Eastwood... eres un coñazo.
Eastwood y sargento se miraron, los dos lo sabían, hijos de puta:
Eastwood: ¿Se lo has dicho ya?
Sargento: No, todavía no... iba a hacerlo cuando llegaste.
Añon: A ver, mamalones, soltadlo ya, o tengo que arrancaroslo.
Eastwood: Tú lo has querido... Ángel está en la ciudad, llegó hace un par de días, le vi a lo
lejos, pero era él.
Una sensación amarga me recorrió el cuerpo, sentí asco y rabia.
Sargento: Olvida el pasado Añon, es lo mejor.
Le miré a los ojos, los bajo. Hay cosas que no hace falta decirlas
Eastwood: ¡Mierda! ,A mí también me debe, y más que a ti. Pero ahora esta casado, tiene
un hijo. El muy anormal lleva una jodida vida normal.
Añon: Ya lo sabéis, nos falló y debe pagar por ello. Además ni siquiera fue por una mujer,
fue por el puto dinero .¡Mierda! , él se lo buscó. Cuando alguien pierde sus principios, ese alguien me tira de un huevo, pero si los pierde, y eso afecta a los míos, tiro de los de él y se los arranco.
Sargento: ¡Que cojones! Este mamón tiene toda la puta razón.
La primera adhesión a la causa, miré a Eastwood, me miró a los ojos y lo entendí, la segunda. Pagamos al camarero, dijimos adiós amistosamente, pero no dejamos propina, el mundo sin bares no giraría igual... Vaya mierda de pensamiento.
Paramos en la plaza Pontevedra a esperar a McGiver, un primo o algo así del Sargento.
McGiver: ¿Qué hay? ¿Adónde vais ahora? Yo tengo que ir arriba.
Sargento: Pues vamos contigo ¿eh? Y de paso podemos ir a arreglar ese asunto ¡je, je! Vive
cerca
Eastwood: ¡ Tremendo! Así dejará de corroerte las tripas ¿eh, Añón?
No dije nada y comencé a andar. Subía en silencio, mientras los demás hablaban y ponían al corriente a McGiver, cuando acabaron le miré:
McGiver: ¡Tienes razón! Ese perro ¿cómo se le ocurre volver después de dos años? ¿O hace
tres ya?
Sargento: No sé, tres me parece.
Añón: Dos años, siete meses y quince días. ¡Joder! Y el trabajo era una mierda, no ganaba y,
sin embargo, lo perdía todo .¿Qué coño pasaría? Ni siquiera fue por una mujer, ¡ que cabrón!
Eastwood: Otra ciudad, otra vida.
Le miré fijamente y calló. Nadie le mandaba mandar una puta postal, pero no se puede dejar a medias un trabajo y huir, ¡Joder! Si no confías en los tuyos poco se puede hacer con tu mierda de vida. Esperamos a que McGiver arreglara lo suyo, volvió pronto, en un par de pitillos.
McGiver: ¡Hoy está tremendo! Pensé que se había equivocado.
Eastwood: Otro día te lo rateará, seguro, todos son iguales. Asquerosos
McGiver: ¿Por dónde es?
Sargento: No tengo ni idea de por donde coño se va.
Eastwood: Hay que subir un poco más, es aquí al lado, en el Ventorrillo.
Encontramos al Gordo cerca de su local, era una tontería llamarle gordo, ahora.
Gordo: Hola, ¿vosotros por aquí? Tan lejos de vuestra zona
McGiver: Yo tenía que subir, y estos me acompañaron... además, hay que arreglar un asunto
por aquí cerca.
Eastwood: ¿No habrás visto al Angel por aquí? ¿Verdad?
Gordo: ¿A quién?...¿Qué dices?, ¿qué esta aquí?(El Gordo comenzó a reír, siempre acaba
riéndose de nuestros problemas) Ja, ja. ¿Cuánto os había tangado?
Añón: Bueno, corta ya, ¿Lo has visto o no? Será mejor que hables.
Gordo: (Riéndose)No, no lo he visto.
Lo dejamos allí, escojonándose de nosotros. Además era un par de manzanas más adelante. Había una pequeña plaza con bancos y mierdas de perro, nos sentamos a esperar. Nada más llegar nos pusimos a liar, pasó una patrulla. ¡Mierda!, estabamos en la entrada del centro de tráfico de heroína de la ciudad. Pasaban muchos yonquis contando y recontando lo que habían reunido, una y otra vez, no se fían ni de sí mismos... Vino uno muy gracioso a exigirnos que le devolviéramos los cuatro gramos de jaco que le habíamos robado ayer a la noche. La imaginación de estos chicos tiene su gracia hasta que se ponen pesados:
Yonqui: ¡A ver dármelos ya u os meto cuatro puñalones a cada uno! Eastwood: ¿Y cómo sabes, mono, que fuimos nosotros?
Yonqui: Reconocería esa capucha en cualquier parte. ¡Dármelos ya!
Giré el cuello para comprobar que era yo el de la capucha:
Añón: Tú no reconocerías ni el coño del que saliste, ni al último mamón al que le llevaste
veinte pavos. Te vas a chimpar ya si eres listo. Hala vete a chutarte la mierda que te de
la gitana.
Se marchó entonces. Los de la patrulla pararon y bajaron, viniendo, ¿cómo no?, hacia nosotros:
Poli 1: Buenas tardes, a ver, ¿qué pasa aquí?
Sargento: Una historia muy graciosa, ese yonqui quería que le devolviéramos los cuatro gramos de jaco que le robamos ayer. Ya sabe, esos cerebros destruidos.
Poli 2: ¿Qué historia es esa? A ver, documentación
Hicimos el numerito de remangarnos y enseñar los brazos inmaculados todos a la vez.
Poli 2: Muy graciosos, ¿no has visto qué graciosos?
Poli 1: Déjalos hombre, son jóvenes.
Poli 2: ¡Hum! Si en media hora seguís aquí os patearé vuestro joven culo.
McGiver: Conforme agente.
A los diez minutos apareció. Después de todo ese tiempo, ¡ahí estaba! ,aunque miraba a los lados y para atrás con ojos con ojos de rata huidiza, no nos veía ya que había oscurecido y aún no se habían encendido las farolas, y aprovechando esa semioscuridad, nos levantamos para cerrarle el paso a su portal. Eastwood y Sargento fueron a dar la vuelta a la manzana por si retrocedía por allí. Me quedé con McGiver, nos pusimos de espaldas a su camino conversando, hasta que lo sentí cerca y me giré. Llevaba un walkman negro en la mano, se quedó paralizado mirándome con ojos asustados, la boca abierta, perfecta cara de bobo.
Añón: Coño Angel, que coincidencia, ¿no? Tú por aquí después de... ¿cuánto hace?
Intentaba hablar pero no lograba reponerse, sus manos jugueteaban para vencer los nervios.
Angel: Pues si... Llegué hace un par de días para que mi madre conociera a mi mujer, os iba
a llamar pero aún no tuve un momento libre... ¿Qué tal vosotros?
Añón: ¿Nosotros? Pues nosotros, como siempre, aunque hoy estamos un poco ansiosos,
¿sabes? ¿Y sabes por qué? Porque nos corroe la duda de qué coño pasó contigo y con
lo nuestro.
Angel: ¿Cómo? ¡Ah sí! Ya sabéis que lo conseguí, y tuve que esconderlo, por seguridad, un
tiempo. Lo hice en la nevera de un barco, y el barco zarpó antes de lo que creía. Ahora
andará por Italia o por ahí. Lo siento chicos.
McGiver:¿ Y no podías explicarlo en su momento? Tuviste que huir y esconderte.
Angel: Bueno, es que temía...
McGiver: ¿Qué coño temías, mamón?
Angel: Que vosotros...
Salió corriendo en ese momento, puto cobarde, fuimos detrás de él, no había nadie pero la policía estaba cerca. Al doblar la esquina lo vimos correr, Sargento y Eastwood aparecieron cortándole el paso más adelante. Los vio y salió de la acera, corría por el medio de la carretera gritando, apareció la policía subiendo la calle. Nos quedamos al margen, observando medio ocultos.
El policía que no conducía sólo vio venir hacia el coche a un tío gritando con algo negro en la mano:
Poli 1: Para el coche, joder, ese tío va armado.
Poli 2:¡Hostia!(Frenó)
Abrieron las puertas del coche y se parapetaron detrás de ellas mientras sacaban las pistolas.
Angel: ¡Aaahh! ¡Me quieren matar!
Poli 1: ¿A quién vas a matar, cabrón? Tírala al suelo y quédate quieto.
Poli 2: No se para, hijo de puta. ¡Quieto, joder o disparo!
Se empezaba a detener mirando extrañado, estaba bajando los brazos, cuando tenía el derecho horizontal el policía disparó. Tres pasos más y se derrumbó pesadamente, partiéndose la mandíbula, no se movía.
El policía corrió hacia él.
Poli 2: ¡Mierda! ¡Mierda! Joder, no era un arma, era un puto walkman.
Poli 1:Pero los dos lo vimos. ¡Dios mío! Estamos bien jodidos.
Poli 2: ¿Por qué coño corría este gilipollas?
Poli 1: ¿Qué más da, ahora?
Nos fuimos sin que nos vieran, nadie dijo nada, estábamos realmente impresionados, pasado un rato, y ya seguros, encendí un pitillo y dije:
Añón: ¡Que asco de justicia divina!
Todos rieron.
|
|