LIBROS: La
nation
AA.VV.,
La nation, ed. Association des Amis de Guy Augé, París,
1997, 116 págs
Guy Augé (1938-1994), profesor de la Universidad de
París II (Pan-théon-Assas), fue un notable jurista e
historiador del derecho y de la política. Discípulo de
Michel Villey, fue autor de renombrados trabajos entre
los que el último es Les Blancs d'Espagne (1994),
estudio de la división del realismo francés tras la
muerte del conde de Chambord en 1883 y defensa de las
reivindicaciones de los llamados «blancos de España»,
en alusión clara a la opción dinástica por ellos
tomada y que les llevó a rechazar el orleanismo y a
considerar la sucesión legítima en la rama de Anjou, es
decir, la de los Borbones españoles, de manera que,
hasta 1936, se produce lo que el propio Augé ha
denominado -en su contribución póstuma a un volumen in
memoriam del profesor Elías de Tejada dedicado por la
Universidad Complutense de Madrid- ese «entremêlement»
de la sucesión carlista y la legitimista francesa, para
terminar ésta en el duque de Cádiz y sus descendientes.
Pero Guy Augé, además de historiador, filósofo y
jurista, ejerció un auténtico apostolado profesional
mediante la promoción y dirección de toda suerte de
vocaciones intelectuales. Por eso, a su muerte, un grupo
de profesores y escritores, dierón vida a una
asociación que agrupara a sus amigos, y de ahí han
brotado una serie de «Colloques Universitaires» que se
editan como «Cahiers» de la Asociación. El primero se
dedicó a la edición también póstuma y ya referida de
Les blancs d'Espagne. Y ahora aparece el segundo,
dedicado a La nación, que reúne -además de un inédito
de Augé- las contribuciones al primero de esos coloquios
universitarios de los profesores Jean-Pierre Brancourt,
Thierry Bouron, Alain Néry, Claude Polin y Claude
Rousseau.
El texto de Brancourt, de corte histórico, ofrece una
reflexión muy rica sobre la génesis del Estado moderno
en la Francia de los siglos XVI y XVII, que abre una
brecha en el orden medieval y anuncia el fin del «Ancien
Régime». Augé, en una conferencia de 1993 ahora
recuperada, distingue -en el interior del nacionalismo
originado por la Revolució francesa-, tres concepciones
distintas, más o menos revolucionarias: la jacobina, la
alemana a lo Fichte, y la que cristaliza en Maurras.
Todas son finalmente caracterizadas y en todas encuentra
algún germen revolucionario, aunque sólo la tercera le
parece en alguna medida salvable. Bouron, ante el
conocido dilema de las aproximaciones francesa y alemana
a la nación, en un recorrido por todo el siglo XIX, lo
encuentra exagerado. Como Néry, más allá de los
ángulos filosófico y político, examina el reflejo del
problema en sede literaria. Claude Polin, ante el
interrogante de qué sea una nación, en un horizonte muy
rico, pone delante de nuestros ojos su realidad, que
-aunque integra factores naturales- no es sólo un hecho
natural, pero que tampoco es un artificio humano. Entidad
sui generis, propiamente unida en la diversidad, termina
presentando un balance en el que, sin duda, el activo
supera el pasivo, pero en el que no se nos hurta éste.
Finalmente, Claude Rousseau, con el clásico «vae
victis», aborda más el suicidio que la muerte de las
naciones. Por dos caminos: el contractualista de
Mastrique y el disolvente de la inmigración masiva.
No es frecuente encontrar en la literatura hodierna un
lenguaje tan descarnado en la descripción de la
realidad. Como lo es aún menos que tal claridad
lingüística sea consecutiva de otra conceptual. Si se
me permite, incluso, tampoco ha sido habitual del
pensamiento conservador francés un tono como el que
preside esta colectánea o como el magnífico libro de
Jean de Viguerie, con el que encuentro alguna
coincidencia anticipatoria, Les deux patries (1998). Por
todo ello, límpido, piadoso, sereno y militante, el
libro es digno de ser leído y meditado.
Miguel Ayuso
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