Pinochet y los
judíos
1. PREAMBULO
El juez Baltasar Garzón acusa, en una de las partes más
importantes de su querella, de genocidio a Augusto
Pinochet Ugarte. Según ésta, su gobierno habría
perseguido a los judíos como parte de una campaña para
eliminar las diferencias en las concepciones de vida,
religión y tradición nacional que se aplicaba el
Régimen Militar. Como dice la revista «Tiempo» de
Madrid, se supone que este elemento -la persecución
étnica- habría sido determinante. Así por ejemplo se
dice:
«Entre las víctimas de Calama figura el periodista y
abogado Carlos Berger Guralnik. Berger era un ciudadano
chileno de ascendencia judía. Los judíos fueron objeto
de una especial crueldad en las torturas por el hecho de
serlo, según reconoce el juez Baltasar Garzón en el
auto en el que pide la extradición del general
Pinochet»1.
Para creer en esta persecución, habría que probar que
los judíos eran considerados culpables de la Unidad
Popular y que por ello eran victimados. O
subsidariamente, que los judíos representaban un
elemento contrario a la intervención militar. Dos
aseveraciones que parecen negadas por a la evidencia
histórica, pues en ningún momento se individualiza
dentro de los marxistas-leninistas a los judíos como
responsables de la Unidad. En el naufragio de la
democracia en Chile, los judíos no tenían ningún papel
especial2.
Esta insistencia se explica por la vaciedad argumentativa
del juez Garzón para justificar la «jurisdicción
universal» desde la legislación española. Pues incluir
el genocidio es una maniobra forzada cuando se recuerda
que este es la persecución sistemática por razones
étnicas y de identidad de un grupo distinto del
persecutor. Es decir, debería darse una relación del
mismo tipo que entre la Alemania de Hitler y los judíos.
Como dijo en un seminario en El Escorial en 1999 el
propio Baltasar Garzón, para seguir con el juicio era
necesario usar un concepto «ampliado» de genocidio que
cubriera la represión política (el autogenocidio) y
permitiera al organismo español respectiva darle
jurisdicción.
Ahora bien, es necesario detenerse en este concepto para
el caso chileno, toda vez que la acusación de genocidio
parece sacada del sombrero del prestidigitador para
fundar un juicio que, a todas luces, se ha convertido en
una causa general, en una operación de enjuiciamiento
político jurídico «salga como salga».
El sentido de este artículo no es otro que restablecer
la verdad histórica, pues parte de las argumentaciones
de Garzón emanan de una lectura unilateral del proceso
histórico previo y posterior a Salvador Allende. Pero,
además, podemos sugerir una tesis contraria, cual es una
marcada simpatía con el judaísmo (quizás más
relativamente con el Estado de Israel) por parte del
Gobiemo de Pinochet.
La segunda finalidad, es recalcar que el concepto de
genocidio no puede entrar dentro de las acusaciones que
contra el senador se han efectuado, y menos por causa de
un hipotético antisemitismo. De hecho, la única tesis
desechada expresamente por el Ministro Straw fue lo
referido al genocidio en sus intervenciones
extrajudiciales sobre la pertinencia del proceso en
Londres. Por genocidio sólo cabe caracterizar la
política consciente de persecución y eliminación de un
grupo distinto a otro, debido a motivos raciales,
étnicos o religiosos.
2. La Unidad Popular
A
comienzos de 1970 se censaban 16.359 judíos residentes
en Chile según el Instituto Nacional de Estadísticas.
Este dato se contrasta con otro de 30.000, si se incluyen
los judíos-chilenos incorporados por Mario S. Sznajder.
Dado que el dato de la religión judía no se ha
consignado estadísticamente (introduciendo otros como
condición étnica indígena o religión protestante)
estos datos no pueden ser comparados aunque se cree hubo
entre 25.000 y 42,000 judíos en Chile entre 1981 y 1982.
Una argumentación necesaria para probar un
«genocidio», sería justamente una disminución radical
del número de judíos, lo que no se dio.
Quizás, habría bastado al juez Garzón leer la versión
oficial publicada por Folio Editores, Barcelona, en 1989,
traducida del Atlas of the Jewish World, Oxford, según
la cual,
«En la década de los treinta hubo importante afluencia
de refugiados alemanes y húngaros. El antisemitismo
halló un terreno fértil en Chile, dividido por
conflictos intemos, y atrajo emigrantes nazis y árabes.
En el caos social y económico prevaleciente bajo el
gobierno marxista de Salvador Allende (1970-1973), muchos
judíos abandonaron el país, y algunos volvieron al
establecerse el régimen más estable del general
Pinochet, cuya censura acalló de paso, a los periódicos
antisemitas3, hasta entonces legales. La asimilación ha
sido fuerte; el matrimonio mixto alcanza el 30%. A pesar
de todo, hay un gran número de organizaciones judías,
sobre todo en la capital, donde reside el 90 % de los
judíos chilenos»4.
El estudio El judaísmo chileno y el Gobierno de la
Unidad Popular (1970-1973) del profesor Mario S.
Sznajder5, patrocinado por la Unión Mundial de Estudios
Judaicos e impreso por la Editorial Universitaria Magnes
de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dice: «La
comunidad judía de Chile, siendo parte integral de esa
sociedad, sufre las conmociones que afectan al país,
pero de un modo particular, que refleja su composición
socio-económica, su memoria colectiva y su estructura
organizativa»6.
Sin duda, la polarización política afectó también a
los judíos en Chile, dividiéndose estos según su
posición en la sociedad, sobre todo frente a la
expropiación generalizada de las grandes industrias y
distribuidoras de productos que empresarios de esa
procedencia poseían,y también en razón de sus
preferencias políticas, existiendo un grupo de
activistas fuertemente comprometidos con el Gobiemo de
Allende que constituyeron en vísperas de la campaña
presidencial, el FIS (Frente de Izquierda Sionista).
Aunque el Comité Representativo de Entidades Judías,
que aglutinó a otras organizaciones, se declaraba
apolítico desde los años 40, lo cierto es que desde el
inicio de Allende hubo zozobras. Si bien Allende era
amistoso con la colonia7, la sola mención del comunismo
aterrorizó a los judíos provenientes del Este, que
desde el 4 de septiembre de 1970 abandonaron el país,
recordando los horrores y desdichas a que estuvieron
expuestos. Se calculan en 8.000 judíos los que salieron
de Chile por desconfianza política. Primero unos 5.000 y
luego 3.000, tras la flamígera visita de Fidel Castro a
Chile, en noviembre de 1971, cuando incitó a tomar las
armas.
Los que se quedaron fueron víctimas de las
confiscaciones de industrias, servicios y comercios, el
más destacado fue la expropiación del Banco Israelita,
que inclinaron a los empresarios judíos a favorecer la
oposición al gobierno de Allende y a apoyar el
establecimiento del nuevo régimen militar tras el 11 de
septiembre de 1973.
En síntesis, se puede concordar con Sznajder cuando
afirma: «El conflicto en Chile no era étnico sino
político-social. Los ju-díos no pudieron substraerse a
él y fueron absorbidos, en el marco de un modelo que fue
adquiriendo, mes a mes, características más
centrifugales, sobre la base de su extracción social y
no étnica»8.
3. EL REGIMEN MILITAR
La
intervención militar no podía ser indiferente a los
judíos y fue aludida en un saludo del Gran Rabino a las
nuevas autoridades para «cumplir con sus nobles
propósitos de encauzar al país por una senda de paz,
progreso y justicia social»9.
Pocos días después, la Colectividad Israelita se dirige
a la Junta de Gobiemo para donar 7,5 millones de escudos
para la campaña de Reconstrucción Nacional. Mientras el
rabino Kreiman gestionaba salvoconductos para algunos
judíos de izquierda, dirigentes judíos visitaban al
Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, general Gustavo
Leigh, al cual le manifiestan su apoyo a la labor de
reconstrucción,a la vez que éste les prometía que no
habría antisemitismo10.
Los lazos exteriores del Régimen Militar fueron de
cercanía con respecto a Israel. Así, por ejemplo, se
trajo un experto israelí, el profesor Dror para
configurar un programa de desarrollo territorial
denominado la Regionalización, por la cual se dividió
al país en 12 Regiones y la Región Metropolitana,
según cuenta el ex Vicecomandante en Jefe del Ejército,
Teniente General Julio Canessa Robert11, ex director en
1975 de la Comisión Nacional para la Reforma
Administrativa (CONARA), órgano entonces de carácter
ministerial.
Pero las relaciones más importantes del Estado chileno
con el de Israel se dieron en el terreno militar. Estas
se acrecentaron tras 1978 con el embargo de armas de
Estados Unidos, que obligó a adquirir aprovisionamientos
bélicos en países distintos a los habituales. Así
Israel se convirtió en una de las naciones más
favorecidas por la renovación del material blindado,
compras de armas automáticas y semiautomáticas,
elementos de protección, equipos policiales, etc.
Además, se introdujo la táctica israelí de blindados,
que pasó a ser parte de la doctrina del Ejército
chileno. Numerosos oficiales chilenos fueron entrenados
en sus presupuestos tácticos y estratégicos. Aún más,
se llegó a sostener que Chile compartía con Israel una
similar situación geoestratégica de cerco militar.
Conforme a esta tesis -se vivían momentos difíciles con
Argentina- se enviaron oficiales para entrenarse en
técnicas de blindados, comandos y contrasubversión.
Más tarde los programas se extendieron a la
modernización de aviones y compra de misileras.
Los Judíos y Pinochet
La
relación de Pinochet con los judíos se estructuró en
torno a la religión en un marco ecuménico. Además, se
advierte la presencia de numerosos judíos observantes,
incluso en puestos deslacos. Hubo embajadores, generales,
y ministros, como Sergio Melnick, Ministro de
Planificación Nacional. También hubo una activa
relación con la colonia judía, no obstante, algunas
diferencias con Israel en materias internacionales12.
Esta cercanía de la comunidad judía con Pinochet no es
nueva. Su hija, Lucía Pinochet Hiriart, en su libro
Augusto Pinochet. Pionero del mañana, editado en 1996,
ilustra la misma con la fotografía del afectuoso saludo
del Jefe de Estado a los líderes de la comunidad
judía13.
¿Cuándo empiezan estos contactos? Son inmediatos al 11
de septiembre, cuando varios jefes religiosos, entre los
que se encuentran el Presidente Internacional de las
Iglesias Bautistas, la Asociación Evangélica, los
Obispos de la Iglesia Ortodoxa, la Masonería
(considerada como religión) e incluso epistolarmente el
Arzobispo de Canterbury, toman contacto con el gobierno
militar. El 30 de octubre de 1974, Pinochet recibe la
visita del Gran Rabino, Dr. Angel Kreiman Brill, «con
quien -dice el historiador Gonzalo Rojas- el Presidente
tiene una relación muy amistosa» que incluye
«entrevistas semanales desde octubre de 1973 hasta
finales de 1974»14. El mismo Rojas, que ha revisado el
Archivo Pinochet, menciona además el curioso incidente,
por el cual Pinochet intenta prohibir «El violinista en
el tejado» (que finalmente se exhibió) porque
«alguien» le ha dicho que es perjudicial para la imagen
de los judíos15.
Esta relación no se interrumpe nunca. Aunque también
esconde una desavenencia especialmente importante: la
participación del Gran Rabino en la carta multieclesial
del 29 de agosto de 1974 que critica la política de
Derechos Humanos. La misiva, gestionada por el Cardenal
Raúl Silva Henríquez convoca también al Obispo
católico Carlos Camus, al Obispo luterano Helmuth Frenz,
al pastor pentecostal Vásquez. Aunque «privada», su
contenido se difunde y Pinochet da explicaciones de su
respuesta, en reuniones sucesivas, una de las más
importantes la dedica a Kreimanl6. Igualmente, la colonia
tuvo miembros del Gobieno Militar, como el escritor Ariel
Dorfmann, una de las fuentes consideradas por Garzón, o
el ex diputado Jorge Schaulsohn17.
La segunda parte de nuestra hipótesis tiene relación
con el elemento judío en el Gobiemo Militar. Es evidente
que Pinochet tuvo tendencia a rodearse -entre otros- de
judíos en todos los cargos y puestos de gobierno. Aunque
no he estudiado en profundidad la política en relación
al Medio Oriente (ver nota 12), las relaciones militares
y económicas superaron la frialdad político-ideológica
con los gobiemos israelitas.
Además, hubo una búsqueda de apoyo en la colonia judía
y un consiguiente respaldo de ésta al General Pinochet.
En los inicios del Régimen Militar, numerosas
autoridades fueron de religión y ascendencia judaica.
Pero sorprende que además hubiera asesores israelíes.
Cierto sector habló de estos como la «cara judía» del
Régimen, según los voceros del nacional-socialismo
criollo.
Hay que valorar el testimonio del ex Ministro Sergio
Melnick, quien en carta dirigida a El Mercurio recordaba:
«En 1987, cinco Presidentes del mundo, entre los que se
encontraban el de Estados Unidos y nada menos que el
general Pinochet, suscribieron un documento mundial
patrocinado por un movimiento ortodoxo judío (Jabad),
sobre los siete mandamientos universales de Noé para los
hombres y la sociedad. Si sólo lo hicieron cinco
Presidentes en el mundo, difícilmente se podría decir
que alguno de ellos sería un antisemita''l8.
Finalmente, es significativo que en el entorno de la
defensa jurídica de Pinochet haya numerosos judíos. De
partida, de sus dos ex Ministros de Relaciones Exteriores
que le acompañan en Londres, Miguel Alex Schweitzer y
Hernán Felipe Errázuriz, el primero es judío e hijo de
otro Ministro, Miguel
Schweitzer Spesky, que sirvió la cartera de Justicia de
Pinochet. Michael Caplan, jefe de la oficina jurídica
británica defensora, también es judío observante y en
tal condición se presentó ante la colonia judía en el
Estadio Israelí por expresa petición de Pinochet. Un
mensaje personal de Pinochet fue enviado a Chile
manifestando el dolor que le causaba que en España le
hubieran imputado persecución a los judíos.
La actitud favorable de Pinochet a los judíos se
aproxima a la de Franco19, esa que permitió salvar miles
de vidas. Dejemos a un judío sefardí chileno, nacido en
Turquía, decirlo: «Yo no sufrí los horrores de la
ocupación alemana de Francia ... En cambio, mi hermana
tuvo que refugiarse varios meses en un convento. En ese
tiempo, el gobierno de España, a pesar de que era
fascista, recibió en su embajada en Francia a miles de
judíos [sic]. La gente se subía por los techos para
meterse en la embajada, y salían con un pasaporte
español que impedía que los apresaran»20.
La acusación de Garzón fue alimentada por su visión
del proceso argentino, en el cual se asevera que se
reprimió un número significativo de judíos relación a
la población del país. Garzón empezó a investigar el
tema para probar originariamente que el Régimen Militar
argentino era antisemita. Para ello recibió un informe
de 200 páginas de activistas en Derechos Humanos que
sostenían la tesis de una «represión antisemita
planificada». En el informe «Nunca Más» se consigna,
además, que los judíos argentinos fueron víctimas de
un «especial ensañamiento político». Según Edward
Kaufman, director Ejecutivo del Instituto para el
Progreso de la Paz de la Universidad Hebrea de
Jerusalén, las 1.900 víctimas judías durante la
represión constituirían la mayor matanza de ju-díos
desde la Segunda Guerra Mundial. Según el informe «La
violación de los derechos humanos de argentinos judíos
bajo el régimen militar», el 12,5% de los desaparecidos
eran ju-días y el 15,6% de los ejecutados, lo que
contrasta con el 0,98% que representaba la colonia judía
en la Argentina. El abogado Raúl Castro declaró a El
Clarín de Buenos Aires que «Existen numerosas pruebas
de que muchas personas fueron secuestradas, torturadas y
desaparecidas exclusivamente por su condición de
judíos»21. Argumento que además se presentó en la
vista ante la House of Lords de Londres. Precisamente por
eso, el senador Pinochet solicitó a su abogado
judío-británico Michael Caplan que visitará Chile y se
formara su propia opinión asistiendo a una reunión con
la colonia judía en el Estado Israelita, donde aquel
quedó sorprendido de la defensa que se hizo de la figura
del general. El Mercurio de Santiago consignó el
momento:
«-¿Por qué se reunió con la comunidad judía?
«-Me junté con ellos porque el senador Pinochet estaba
muy molesto con la acusación, que está en el
requerimiento español, que durante el gobierno militar
hubo antisemitismo en Chile. Y el senador me pidió
recoger por mí mismo su impresión y ellos me aseguraron
que no sólo no fueron perseguidos, sino que recibieron
su ayuda, dándome ejemplos.»22
Recapitulación
El
examen de los hechos arroja la certidumbre de que el
régimen de Pinochet no persiguió a los judíos como
tales. En los casos que se menciona de represión
política no había motivación étnica, ni racial, ni
religiosa. Su inclusión entre las víctimas de la
represión no sigue un patrón, del mismo modo que entre
sus partidarios o en los partidos de centro derecha23
El juez español parte de la ficción de denunciar una
«ideología» que no existe y que no tenía viabilidad
si el líder era más bien projudío. Por esto, para el
Comité Representativo de Entidades Judías de Chile
(CREJ) los hechos son tan claros que el 19 de noviembre
de 1998 remitió el siguiente comunicado en nombre de los
judíos chilenos, dirigido a Garzón:
«De mi consideración: «En la prensa chilena,
recientemente se han publicado afirmaciones suyas que
aseveran que en Chile, durante el régimen militar,
existió antisemitismo». «El Comité Representativo de
las Entidades Judías de Chile (CREJ), organismo que
reúne a las comunidades e instituciones judías del
país, expresa enfáticamente a usted que en el período
en referencia el judaísmo chileno no se vio afectado por
manifestaciones antisemitas, pudiendo desarrollar su
quehacer religioso, cultural y educacional sin
contratiempo». «Elimat Y. Jason, Presidente CREJ»24.
¿Qué explica el uso del argumento del genocidio en
Garzón? Primero, fabricar de la nada una imputación.
Pero, más allá de eso, proceder con una mitificación,
pues como se ha demonizado tanto a las dictaduras
militares del Cono Sur, que parece creíble -desde la
distancia- que Pinochet pueda ser Hitler, y su política
interna derivada de aquél. Todo válido para juzgar a
Pinochet y leerle sus «derechos constitucionales»
españoles. Es decir, para que un ex Jefe de Estado y
nacional de otro país acate una Constitución española
que no ha jurado, lo que constituye parte de las
contradicciones de la pretendida jurisdicción universal
de legislaciones nacionales.
Apéndice: Carta de Benjamín Zeev (El
Mercurio, 21-XII-1998).
Señor
Director: Nací en Polonia. En la guerra, los nazis
alemanes nos sacaron de las casas y departamentos y nos
trasladaron al peor barrio de la ciudad, que se
convirtió en ghetto. Medio año después, en una noche
los soldados SS pasaban casa a casa y como cazadores de
animales actuaban en forma brutal, domándonos y
empujándonos en trenes de carga.
El tren llegó al campo de Auschwitz. Allá en una
selección, el famoso asesino y sádico Dr. Menguele me
sacó junto con aproximadamente cien hombres y mujeres, y
corriendo nos llevaron a unas cabañas cercanas. Todo el
resto fue transferido a una construcción baja, donde en
una gran sala con duchas, que fue de hecho una cámara de
gas, murieron ahogados. Después los cuerpos fueron
quemados en cuatro crematorios y sus cenizas se botaban
en el río una vez por semana.
Mi madre de 40 años, mi padre de 43, mi hermano de 12 y
toda mi familia han terminado sus vidas de esta misma
forma.
Después de meses de terribles sufrimientos, logré
saltar del tren cuando nos trasladaban a otro campo.
Gracias a Dios pude llegar a Israel donde formé una
familia feliz con hijos y nietos.
A principios de los 80, fuí nominado como miembro de la
delegación diplomática de Israel en Chile por más de
tres años. Desde entonces, mi familia y yo tenemos muy
fuertes sentimientos para este hermoso Chile y su cálida
gente. Hasta hoy, estamos en contacto frecuente con
nuestros amigos.
Todo esto lo estoy contando para que se entienda que soy
muy sensible al antisemitismo y todas las ideas o hechos
similares a los de los nazis.
Ahora pienso que es mi deber decir en forma clara y con
mi conciencia limpia, que en mis contactos con el general
Pinochet, me he encontrado con un hombre no solamente
lejos de ideas antisemitas, sino lo contrario, un
simpatizante del pueblo judío, por sus sufrimientos
históricos. Especialmente fue chocado profundamente con
el holocausto, donde nuestro pueblo ha perdido seis
millones de inocentes.
¿Dónde ha habido un Presidente en el mundo que ha
asistido a una Sinagoga en el día Sagrado de Yon Kipur
para expresar sus sentimientos hacia la comunidad judía?
¿Qué Presidente en el mundo mandó judíos conocidos y
activos en la comunidad como embajadores a Israel
(Gleiser, Berdichevsky, Benadava)?
En consecuencia, las acusaciones del juez Garzón al
general Pinochet de que actuaba como hitlerista son sin
ningún fundamento. Estoy convencido de que los pocos
judíos que sufrieron en la primera fase del gobiemo de
las FF.AA, en ningún caso el factor fue su religión o
por ser judíos.
Benjamín Zeev L.
Cristian Garay Vera
l Revista Tiempo, Madrid, N. 863, 16-XI-1998, pp. 44 y
46. Es de destacar que la "prueba" en este caso
es la presunción.
2 Una leyenda posterior ha querido atribuir a Salvador
Allende Gossens algo así como una identidad judía,
aduciéndose la supuesta ascendencia de su segundo
apellido. Sin embargo, Allende no era judío, sino
agnóstico, y ni antes ni después ha sido reconocido
como tal ni siquiera desde el punto de vista racial.
3 Al parecer, se refiere al diario derechista Tribuna,
que, apoyado por la colonia árabe, difundía un
antisemitismo sin mayor repercusión según el informe
del profesor Mario S. Sznajder.
4 De Lange, N.: El pueblo judío. Odisea a través de los
siglos, folio, Barcelona, 1989, Colección «Atlas
Culturales del Mundo», p. 163. Edición original: Atlas
of the Jewish World, Oxford.
5 Jerusalem, 1993,
http://www.geocities.com/gezai/centro/seleccionados/judaísmo
up.html. También por revista electrónica Revista
Judía. Der Ruf-El llamado Centro de Documentación.
6 Sznajder, M. S.: El judaísmo chileno y el Gobierno de
la Unidad Popular (1970-1973), sitio www.geocities.com,
p1.
7 En 1940, Allende había sugerido como secretario
general del Partido Socialista, recibir a los inmigrantes
judíos sin visa ante el presidente radical Pedro Aguirre
Cerda. Aunque no fue el único, su gesto fue bien
recordado.
8 Sznajder, M.: El judaísmo chileno y la Unidad Popular,
p.8
9 Declaración del Rabinato de Chile, 14-IX-1973,
publicada en La Palabra Israelita del 28-IX-1973, p.29.
10 Ver La Palabra Israelita del 26-IX-1973, p.10. Es de
hacer notar que en ese momento, el general Leigh,
comandante de la Fuerza Aérea, era el más duro y
anticomunista de los miembros de la Junta
ll «Mirando atrás, quizás haya que lamentar cierto
grado de innecesaria burocracia y no haber utilizado
plenamente algunas ideas modernas, como las que proponía
el profesor israelita Yetzekel (sic) Dror, que CONARA
[Comisión Nacional para la Reforma Administrativa],
trajo al país y que también asesoró al Ministerio de
Relaciones Exteriores", ver Julio Canessa Robert y
Francisco Balart Pérez, Pinochet y la restauración del
consQnso nacional, Geniart, Santiago, 1998, p.260. El
profesor Yehezkel Dror trabajó con el general Humberto
Julio. Ocupó puestos de importancia en el Partido
Laborista de su país, en el Ministerio de la Defensa y
después de Chile colaboró con la ~NAM, en México.
Dentro de su vasta obra, traducida al castellano se
encuentra el libro Enfrentando al futuro, Fondo de
Cultura Económica, Ciudad de México, 1990, reimpreso en
1993.
12 Durante la vlsita de la Esmeralda en 1976 o 1977, las
autoridades de ese país intentaron impedir el acceso al
puerto de Haifa. En 1975, Chile presentó una votación
en contra del sionismo amparada, al parecer, en la
promesa árabe de no participar en acusaciones contra
Chile. Sin embargo, tanto la presión estadounidense,
como el cambio de posición por orden de Pinochet que
manifestó que ese voto "no reflejaba su pensamiento
sobre la materia", cerraron el tema. Ver Heraldo
Muñoz y Carlos Portales, Una amistad esquiva. Las
relacione~ de Estados Unidos y Chile, Pehuén, Santiago,
1987, p.1987. En 1980, contra la opinión israelí,
trasladó la sede diplomática de Jerusalem a Tel Aviv
(no lo hicieron solamente Costa Rica, República
Dominicana y El Salvador). Ese año, también, Chile
reconoció a la OLP.
l3 Lucía Pinochet Hiriart, Augusto Pinochet. Pionero del
mañana, Zig-Zag, Santiago, 1996, p.133.
l4 Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la Libertad. La
Presidencia de Augusto Pinochet Ugarte ll.IX.1973 -
ll.III.l990, Zig Zag, Tomo I, Santiago, 1998, p.123.
l5 Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la Libertad,
p.123, nota 296. El incidente se produjo el 17 de octubre
de 1974.
16 Gonzalo Rojas Sánchez, Chile escoge la Libertad, I,
p.117.
l7 Hijo del ex Presidente del Partido Radical Jacobo
Schaulsohn. Se nos informa que tras dos períodos
virulentos como parlamentario, Jorge Schaulsohn, de
orientación socialdemócrata, la colonia judía le
solicitó bajará su perfil para no comprometer la imagen
pública. Además numerosos comerciantes e industriales
de su distrito dejaron de apoyar económicamente su
reelección. Actualmente apoya la candidatura del
socialista Ricardo Lagos.
l8 El Mercurio, 21-XII-1998, p.A2.
l9 Aparte de las referencias del historiador Ben-Ami, ha
salido recientemente el libro de D. Salinas, España, los
sefarditas y el Tercer Reich (1939-1945)., La labor de
los diplomáticos españoles contra el genocidio nazi,
Valladolid, 1997.
20 Testimonio de Jacques Rodrigues, judío sefardí, en
Mario Matus González, Tradición y adaptación. Vigencia
de los sefardíes en Chile, Universidad de
Chile/Comunidad Israelita Sefardí de Chile Editores,
Santiago, 1993, p.152.
2l Ver La Tercera, Santiago, 21-IV-1999, p.20. Más allá
de la versomilitud de estas acusaciones, es evidente que
nada parecido se desprende de los informes oficiales de
Derechos Humanos en Chile.
22 El Mercurio, Santiago, 16-V-1999, pág. D16,
Reportajes, «La defensa de Pinochet en Chile. El
Gobierno puede ayudar en las Cortes».
23 En la derecha por ejemplo la diputada de Renovación
Nacional, Lily Pérez (sefardita). Durante una de las
campañas municipales recientes, partidarios de los
candidatos socialista y democratacristianos difundieron
un panfleto contra Pérez que decía "Queremos un
alcalde cristiano para La Florida".
24 El Mercurio, 22-XI-1998, pág. A2, sección Cartas al
Director.
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