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Franco frente a Hitler

Por R. de la Cierva

Franco y su sistema abierto indice El último gran patriota

Franco frente a Hitler

1. HENDAYA



El momento histórico más importante y controvertido de España en la segunda guerra mundial es la entrevista de Hendaya entre Franco y Hitler. Para los historiadores y propagandistas del antifranquismo éste es un caballo de batalla; para ellos Franco quiso entrar en la guerra y fue Hitler quien le despreció. Sinceramente creo que esta tesis no se tiene de pie ni ante los documentos que pudiéramos llamar clásicos ni sobre todo ante los que hemos conocido recientemente.

Hitler, el conquistador y dueño de casi toda Europa, el hombre que había obligado a un premier británico y a otros líderes europeos a visitarle en su propio terreno, había emprendido el viaje más largo de su vida para entrevistarse en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, con el Caudillo de España Francisco Franco. Pero Hitler no viaja sólo para hablar con Franco. La víspera convoca al jefe del gobierno francés, Pierre Laval, a una conversación con él y el ministro von Ribbentrop en la pequeña estación francesa de Montoire-sur-Loire. Allí se concierta una entrevista del Führer para el día 24 con el mariscal Pétain. La conversación de Hitler con Franco está enmarcada en dos contactos del máximo nivel con Francia, a la que Hitler pretende captar como pieza fundamental para su Orden Nuevo y, por tanto, no hará nada que pueda herir a Francia cuando hable con Franco; con lo cual el fracaso de la entrevista con Franco estaba cantado según la perspectiva de Franco. Mientras el tren de Hitler, Erika se va aproximando al sur de Francia, Franco y Serrano Suñer descansan en el palacio de Ayete, cerca de San Sebastián, donde han llegado aquella tarde. A Franco le cuesta conciliar el sueño, pero al fin lo consigue.

Para la reconstrucción de la entrevista de Hendaya voy a transcribir como principal documento, el que nos ha legado el barón de las Torres, don Luis Alvarez de Estrada, introductor de embajadores e intérprete de Franco, que dominaba perfectamente el alemán y fue el único testigo entre los presentes que tomó notas durante el encuentro y tres días después las paso a limpio. Utilizo la versión que se ha publicado recientemente en la revista Razón Española 1. Me apoyo también en la exposición del profesor Luis Suárez, quien recoge el testimonio del intérprete alemán Schmidt, que no actuó como tal, pero pudo observar la escena, recopilar testimonios directos y resulta fidedigno. He aquí fragmentos del testimonio del barón de las Torres:

«En el coche salón y en una mesa rectangular para seis personas, toman asiento Su Excelencia el jefe del Estado, el Führer, el Sr. Serrano Suñer, el Sr. Ribbentrop, un intérprete aleman (Gross, n. de A.) y el barón de las Torres que actúa como intérprete por parte española, prohibiéndose el acceso al salón de ninguna otra persona, ya que los Embajadores de Alemania en Madrid Sr. Von Stohrer y de España en Berlín, General Espinosa de los Monteros, han permanecido con el resto del séquito.

«El Führer está sentado en una cabecera, teniendo a su derecha al Caudillo y a su izquierda al Sr. Serrano Suñer, a la derecha del Caudillo está el Sr. Ribbentrop.

«Empieza el Führer por hacer una relación bastante minuciosa de todos los acontecimientos ocurridos hace trece meses y que han dado origen a la guerra mundial, insistiendo en que él no quería la guerra, pero que se ha visto obligado a aceptarla con todas sus consecuencias. Pinta la situación de Europa como completamente favorable a las armas alemanas, diciendo textualmente: Soy el dueño de Europa y como tengo doscientas divisiones a mi disposición, no hay más que obedecer. Comienza el Führer ponderando la eficacia y dominio de las fuerzas alemanas, asegurando que será cuestión de muy poco tiempo el aniquilamiento de Inglaterra cuya invasión está preparando con gran eficacia, y que le interesa tener prevenidos y sujetos todos los puntos neurálgicos que puedan ser de interés para sus enemigos y por ello es por lo que le ha interesado tener esta conversación con el Caudillo, pues hay varios puntos en los que España está llamada a desempeñar un papel muy importante, y que no duda que velando por sus intereses políticos lo llevará a cabo, ya que si deja pasar esta oportunidad no se podría presentar nunca.

"En este respecto dice que le interesan y preocupan tres puntos que son, Gibraltar, Marruecos e islas Canarias.

"Continúa diciendo el Führer al pasar a tratar de Gibraltar, que ésta es una cuestión de honor para el pueblo español el volver a reintegrar a la patria ese pedazo de suelo que está todavía en manos extranjeras, y que por su posición privilegiada en el Estrecho sea el punto de apoyo más importante que para la navegación en el Mediterráneo tienen los aliados, y que parece por tanto que hay que ir tomando en consideración la necesidad de que se cierre el Estrecho, ya que entre Ceuta y Gibraltar, en manos españolas, sería imposible la navegación.

"Por lo que se refiere a las islas Canarias, dice que, aunque está convencido de que los Estados Unidos no han de entrar en la guerra, pues no tienen intereses de gran envergadura en ella, no así los ingleses, que aunque sufren una situación precaria actualmente, en cualquier golpe de mano podrán hacerse con ellas y sería desde luego un golpe muy fuerte contra la campaña submarina que con toda eficacia se está llevando a cabo.

"Su Excelencia el Jefe del Estado contesta a los puntos que acaba de mencionar el Führer diciendo que aunque es exacto que Gibraltar es un pedazo de tierra española que hace muchos años está en manos ajenas, y que sería gran satisfacción para el pueblo español que volviera a formar parte de la Patria, hay que comprender que lo que al Führer le parece muy fácil, que es tomar la ofensiva para Gibraltar, supone para un pueblo que acaba de pasar por una de las más terribles guerras civiles, un sacrificio excesivo ya que no tiene aún cerradas las heridas de todo orden que ha sufrido y que sería muy pequeña compensación para los estragos y dificultades que la entrada en guerra con Inglaterra supondrá.

"Por otro lado, continúa el Caudillo, por lo que se refiere a Marruecos, debe tenerse muy en cuenta el esfuerzo que para una España aún no rehecha de la guerra civil, supone el mantenimiento de los efectivos militares que tiene en su Zona y que obliga a las tropas francesas a mantener ellas mismas unos efectivos importantes inactivos que no pueden acudir a otros sectores. Continua el Caudillo diciendo que agradece mucho los ofrecimientos que para después de la guerra y en el caso que entre España en ella, se le hacen de la zona francesa y del Oranesado, que no se le ha ocurrido pedir, pero que estima que para ofrecer las cosas es necesario tenerlas en mano y que hasta ahora el Eje no dispone de ellas. Añade el Caudillo que este problema de Marruecos lo ha considerado él vital para España y comprende que no se le ha hecho justicia a nuestro país y que no se le ha reconocido la situación que por derecho e historia le corresponde, pero que habiendo sido, como prueba la Conferencia de Algeciras, problema que siempre suscitó la intervención de todos los países, aun de aquellos que más alejados se encontraban de él, estima que no debe procederse a la ligera, sino por el contrario, sin hacer dejación ninguna de los dere- chos que le asisten, examinar el problema con toda frialdad.

"Por lo que se refiere a las islas Canarias, no cree el Caudillo que puedan ser objeto de un ataque, pero desde luego reconoce que, aun cuando existen en las islas los efectivos necesarios, los medios de defensa de que disponen las islas no están a la altura de las circunstancias, pues el armamento no es eficiente.

"A esto contestó el Führer diciendo que se enviarían por Alemania las baterías de costa de gran calibre que fueran necesarias, así como los técnicos encargados de montarlas y enseñar su manejo.

"Señala el Caudillo, con referencia al cierre del Estrecho de Gibraltar, que considera de mucha más urgencia e importancia el cierre del canal de Suez, pues el corte de éste traería aparejada la inutilidad del Estrecho de Gibraltar y pasaría a ser un mar muerto el Mediterráneo.

"El Führer se mantiene en su postura de que considera más importante cerrar por Gibraltar que por Suez.

"Insiste el Führer en señalar los grandes beneficios que reportaría a España una intervención al lado del Eje, manifestando que cree llegado el momento en que España tome una determinación, pues no puede permanecer indiferente a la realidad de los hechos y de que las tropas alemanas se encuentran en los Pirineos. Y añade que como mañana o pasado tiene concertada una entrevista con el mariscal Pétain y el Sr. Laval en Montoire, quiere saber a qué atenerse respecto a la actitud de España para obrar en consecuencia con respecto a Francia.

"Contesta a esto el Caudillo que no cree que tenga nada que ver la actitud de España en las conversaciones de una Potencia que acaba de ser derrotada por Alemania, y a costa de la cual se le acaban de hacer ofrecimientos pues una de dos, o estos ofrecimientos no son más que el cebo para una posible entrada de España en la guerra o no se piensa llevar a cabo, si la actitud de Alemania con el gobierno de Francia no es excesivamente dura.

"Esta contestación del Caudillo no parece agradar mucho al Führer (seguramente porque es verdad) y recalca de una manera un poco vehemente y sin recoger lo dicho por el Generalísimo que él no puede ir a Montoire a entrevistarse con Pétain sin conocer una actitud definitiva por parte de España.

"El Caudillo vuelve a insistir en lo antes manifestado, y además reitera que España, que acaba de sufrir una gravísima guerra civil, que ha tenido cerca de un millón de muertos por todos conceptos, que está falta de víveres y de armamento, no puede ser llevada sin más a una guerra cuyo alcance no se puede medir y en la cual no iba a sacar nada".

"En la segunda parte de la conferencia se nota desde el principio el afán del Führer de hacer ver al Caudillo la conveniencia de entrar al lado de Alemania en la guerra, por estar ésta, como quien dice, virtualmente ganada y asegurando que tendría España cuanta ayuda pudiera necesitar, tanto en provisiones como en armamentos.

"Vuelve el Caudillo a insistir en lo que tantas veces ha repetido durante el curso de la conversación, que España no está preparada para entrar en ninguna guerra, y que no se le pueden pedir sacrificios inútiles para no obtener nada por ellos y que considera que ya es buena ayuda la neutralidad española que le permite no tener efectivos en los Pirineos y la distracción de fuertes contingentes franceses por nuestras fuerzas militares en la Zona de Marruecos, aparte de lo que representa el haberse adueñado España de Tánger, evitando que lo hicieran otros.

"El Führer a esta contestación, y visiblemente contrariado, manifestó que aunque eso sea verdad, no es lo suficiente ni lo que necesita Alemania.

"El Caudillo le vuelve a contestar que él no puede llevar al pueblo español a una guerra que, desde luego, sería impopular, ya que en ella no se podría alegar que iba envuelto el prestigio ni la conveniencia de España.

"Después de un forcejeo insistiendo ambos jefes de Estado en sus puntos de vista y teniendo en cuenta que quiere llegarse a una solución por parte de Alemania, propone el Führer, de acuerdo con su ministro de Asuntos Exteriores Ribbentrop, que se firme por parte de España un compromiso en el que se comprometa a entrar en la guerra al lado de Alemania cuando ésta estime necesario que lo haga más adelante.

"El Caudillo vuelve a insistir en los repetidos puntos de vista respecto a la imposibilidad de España de entrar en una guerra que no le habría de reportar ningún beneficio y que, por tanto, aunque fuera un compromiso aplazado, él no lo puede aceptar.

"Se siguen manteniendo durante más de tres cuartos de hora los respectivos puntos de vista y, pasadas las doce y media, el Führer, que ha ido cada vez más perdiendo su control, se dirige en alemán a Ribbentrop y le dice: Ya tengo bastante. Como no hay nada que hacer, nos entenderemos en Montoire.

"El Führer, dando muestras de su soberbia o de su mala educación, se levanta de la mesa y de forma completamente militar y agria se despide de los presentes, acompañado de su ministro de Asuntos Exteriores.

"La actitud del Caudillo no ha podido ser más viril, ni más patriota, ni más realista, pues se ha mantenido firme ante las presiones, justificadas o no, del Führer y ha pasado por alto con la mayor dignidad los malos modos al no ver satisfechos sus deseos, del Führer-Canciller.



Luis Alvarez de Estrada

Barón de las Torres."

Este testimonio cabal, comunicado por el único asistente que comprendió directamente todo lo tratado (el intérprete alemán no entendía bien el español, y el otro intérprete, Schmidt, no estuvo sentado en la mesa) es, dada además la personalidad y profesionalidad del barón de las Torres, el único que hace fe de lo tratado en Hendaya. ¿Qué harán ahora Paul Preston, y otros obcecados comentaristas de lo que nunca fue? Cierto que existen otros testimonios, forzosamente secundarios, aunque puedan ser más o menos fidedignos, sobre posibles conversaciones marginales, observaciones durante la cena etc., que conservan su interés en un segundo plano. Existe por ejemplo un "acta" incompleta en los documentos alemanes, transcrita por Detwiler, que se refiere sólo a la intervención de Hitler, con más detalles (ninguno esencial) y sin registrar las respuestas de Franco. Las demás fuentes y estudios (Detwiler, Proctor, Schmidt) confirman de plano la versión directa del barón de las Torres. Ante el autor de este libro, el almirante Carrero insistió mucho en 1972 en que Franco había expuesto ante Hitler que la estrategia a emplear en el desierto africano contra Inglaterra, así como la defensa de Inglaterra, se asemejarían más a una guerra naval que a la terrestre, y Schmidt confirma esa concepción. Otra réplica importante de Franco es que Inglaterra no estaba vencida, como pretendía el Führer; Alemania no había ganado la batalla del espacio aéreo como Hitler pretendía y, además, aun perdidas las islas, Inglaterra continuaría la guerra en el Imperio con el apoyo de los Estados Unidos, que Hitler negaba cerradamente; a fines de 1941, algo más de un año después, los hechos darían la razón a Franco en este punto vital.

Me parecen de suma importancia los recuerdos del propio Franco en sus conversaciones intimas, años después. El 20 de diciembre de 1955 afirmaba: "Hice todo lo posible para convencerle de que la guerra no estaba ganada ni mucho menos, pues al continuarla Inglaterra como lo estaba haciendo, ello hacía suponer que esta nación tenía la seguridad de que los Estados Unidos entrarían en la contienda. "¿Usted cree que la guerra va a ser larga?" me preguntó Hitler. "Ello sería una gran complicación para nosotros". "No le quepa la menor duda. Y por ello, aunque crea en el triunfo de Alemania, España no está en condiciones de entrar en la contienda sin resolver antes muchos problemas, el principal de ellos el abastecimiento del pueblo". El Führer, como si fuera un iluminado, afirmaba constantemente que la guerra estaba ganada y que el triunfo sería rápido".

El 5 de julio de 1965 y ante un artículo de Georges Roux, volvió sobre el tema de Hendaya. Dijo Franco que entonces no le pidió Hitler la entrada de España en la guerra porque le repetía que la guerra estaba ganada; en esto le falló a Franco la memoria porque como acabamos de ver consta documentalmente que sí se lo pidió y con suma insistencia. El resto del testimonio es importante: "Deseaba Hitler para mantener la paz una estrecha alianza con España antes que lo hiciera Francia. Me ponderó el brillante papel que la Historia había reservado a nuestra Patria en el nuevo orden que se iba a organizar en Europa. Me negué diplomáticamente a ello diciéndole que lo que España necesitaba era su reconstrucción, pues había queda- do muy quebrantada después de nuestra guerra. Le manifesté además mi absoluta convicción de que Inglaterra no estaba vencida y de que seguiría la lucha en Francia, en la metrópoli o en un sitio cualquiera de su gran imperio. Que no creyera que el pueblo francés estaba a su lado, pues ahora siente más que nunca antipatía por las potencias del Eje. En aquellos difíciles momentos, como en todo el tiempo que duró el conflicto mundial, no tuve otro afán que salvar la neutralidad de España. Estaba decidido a ello costase lo que costase y me hubiera defendido contra cualquier agresor, fuese Alemania o los aliados. Hubiésemos repetido la gesta de España contra Napoleón. Creo que Hitler se dio cuenta de mi manera de pensar y por ello nos respetó, lo mismo que Inglaterra o Norteamérica".

Al terminar la primera sesión de la conferencia, von Ribbentrop entregó a Serrano Suñer un protocolo con las exigencias alemanas que Hitler había concretado en la entrevista. Era el compromiso de que España entrase en la guerra cuando Alemania lo considerase oportuno. Vuelvo ahora al testimonio de Serrano Suñer, porque para este punto está dictado por la serenidad sin asomos de resentimientos posteriores. "Franco -dice- se mostró con toda razón indignado ante aquel documento que los alemanes traían preparado con la pretensión de empujarnos a la guerra sin darnos ninguna compensación. Es intolerable esta gente -me decía- quieren que entremos en la guerra a cambio de nada, no nos podemos fiar de ellos si no contraen, en lo que firmemos, el compromiso formal terminante de defendernos desde ahora los territorios que como les he explicado son nuestro derecho, de otra manera ahora no entraremos en la guerra. Este nuevo sacrificio nuestro -decía Franco- sólo tendría la justificación con la contrapartida de lo que ha de ser la base de nuestro imperio. Después de la victoria, contra lo que dicen, si ahora no se comprometen formalmente no nos darían nada". Pero Serrano Suñer no dice que Franco, al comenzar la entrevista, sabía ya por sus contactos secretos con Francia que Hitler no pensaba acceder a las pretensiones territoriales de España para no malquistarse con Francia, lo que quedaba claro en el acta del barón de las Torres. Por tanto en Hendaya lo único que Franco hizo fue defender eficazmente la neutralidad española, sin ceder un ápice en este objetivo primordial.

Entre las dos sesiones de la conferencia Serrano Suñer habló con Ribbentrop -hacia las siete de la tarde- y le expuso las razones por las que España no podía firmar el protocolo. Al término de la segunda sesión los dos ministros vuelven a reunirse para tratar de revisar el primer protocolo. El ministro español, que acababa de recibir nuevas instrucciones expresas de Franco, se muestra inflexible en la necesidad de concretar las reivindicaciones españolas. Ribbentrop le pidió que le enviase una contrapropuesta de España antes de las ocho de la manana siguiente. Serrano Suñer, al cabo de los años, revela que cuando Franco saludaba militarmente desde la plataforma del tren español ya en marcha, trastabilló y estuvo a punto de caerse, aunque le sostuvo el general Moscardó. Los comentarios, en el tren de Franco y en el de Hitler, echaban humo. "Son unos perturbados y unos mal educados" decía, en el mayor exabrupto de su vida, el muy diplomático barón de las Torres. Lo que dijo Hitler puede deducirse de los testimonios posteriores. Cuando explicó lo sucedido al conde Ciano, éste anotó en su diario: "Las demandas de España para entrar en la guerra son demasiado altas. Nueve horas duraron las conversaciones y Hitler, antes de sufrir la experiencia otra vez, preferiría que le sacasen tres o cuatro muelas". Testigos del séquito alemán contaron luego a Juan Antonio Ansaldo que Hitler, acreditado histrión, imitaba furibundo los gestos de Franco muchos meses después del encuentro. En una conversación florentina con el Duce pocas semanas después, Hitler insultaba de nuevo a Franco: pero reconocía que "es un hombre de temple". Se indignaba allí de que los españoles "tan engreidos y vanidosos, se inclinaban a realizar cosas de que eran incapaces, pedían sin cesar exorbitantes concesiones a Alemania, pero no se comprometían jamás a nada, se habían reservado enteramente la importante cuestión de decidir la fecha de su entrada en guerra".

A las dos de la mañana Franco y Serrano Suñér llegan al palacio de Ayete y durante una hora redactan una versión atenuada del protocolo -la llamaremos segunda versión- "que recogiera nuestras condiciones dilatorias y nuestras reivindicaciones concretas", según el ministro. Enrique Giménez Arnau2, director general de prensa, actuó de mecanógrafo y muchos años después, en 1998, nos ha ofrecido un importante testimonio sobre el asunto. Había conocido a Franco en Zaragoza, desde 1925; registrador y notario, fue capitán del Cuerpo jurídico en la guerra civil, destinado en la secretaría de Serrano Suñer en Burgos y director general de Prensa en 1940. Estuvo en el séquito de Franco en Hendaya. Recuerda que el conductor del tren de Franco fue el teniente coronel Martínez Maza, antiguo profesor de la Academia General Militar. Recuerda el sol radiante de Hendaya el día de la entrevista. Asistió a la cena en el vagón de Hitler. Muchos años después le llamó Serrano Suñer y al recordar Hendaya, el ex ministro se empeñaba en que Franco salió de la conferencia apesadumbrado y preocupado, pero Giménez Arnau insiste en que parecía muy tranquilo y distendido. En Ayete, Franco entregó al director general el segundo protocolo para que lo pusiera en limpio y así lo hizo. Se lo devolvió a Franco y se despidió; eran las cuatro de la madrugada. "En el documento, fechado pero sin firma ni antefirma se consignaban las peticiones de España, con mínimas condiciones previas muy generales, para una eventual intervención en el conflicto: suministros de material bélico (era el único punto relativamente detallado) ayuda económica y garantía de abastecimientos de artículos básicos, entre ellos combustibles. Además se reivindicaba Gibraltar y se formulaban reclamaciones territoriales en el norte de Africa. No era un proyecto de tratado ni tampoco incluia compromisos. Parecía un resumen de lo expuesto por Franco a los alemanes. El memorando apenas tenía puntos de contacto con un borrador alemán del Convenio de Hendaya, supuesta adhesión de España al pacto tripartito de 27 de septiembre de 1940, publicado sin firma alguna por los norteamericanos en 1960 e inexistente en el registro de tratados del Ministerio de Asuntos Exteriores. Supe después que el documento fue muy mal acogido por los alemanes y que se trabajó en otro". Giménez Arnau coincide con el barón de las Torres en que Franco fue a Hendaya con el decidido propósito de que España no entrase en la guerra y cree que el memorando transcrito por él constituye una clara prueba de ello.

De madrugada se presentó en Ayete el embajador de España en Berlín, general Eugenio Espinosa de los Monteros, con la petición, por parte alemana, de que se firme el protocolo entregado por Ribbentrop la noche anterior. "De otra manera -transmitía el embajador- puede ocurrir cualquier cosa". Franco ordenó que se cntregase al embajador el segundo protocolo. "Nuestras enmiendas -dice Serrano Suñer- desvirtuaban el grave texto propuesto por los alemanes en Hendaya". Sobre todo porque dejaba la decisión y la fecha para la entrada en la guerra "cuando la situación general lo exigiese, la de España lo permitiera y se diera cumplimiento a las exigencias puestas por nosotros para dar aquel paso". Serrano Suñer afirma que este protocolo (al que hemos llamado segundo) lo entregó a Ribbentrop a primeras horas de la mañana el embajador de España en Berlín. No dice más. Pero hay más.

Ribbentrop rechazó el segundo protocolo, el redactado en Ayete entre Franco y Serrano Suñer. El acta secreta de Hendaya -el tercer protocolo- publicada por los norteamericanos en 1960 coincide con el texto español publicado por Serrano Suñer en sus memorias y mantiene las reservas expresas que se suprimían en la propuesta enviada por Ribbentrop antes de partir. Consta, por los documentos alemanes, que Serrano Suñer firmó con fecha 11 de noviembre el último protocolo -que sería el cuarto- diferente de los dos anteriores al menos en un punto; la nueva redacción del artículo quinto que rebaja, sin concretar, las reivindicaciones españolas en Africa. Franco se lo había adelantado ya a Hitler en una carta que le escribió el 30 de octubre y que Serrano reproduce. "En ella Franco dice que ante la insistencia de Hitler en llegar a un acuerdo con Pétain, "me pareció admisible vuestra propuesta de que en nuestro pacto no figurase concretamente lo que es nuestra aspiración territorial". Sin embargo Franco, por esa carta, concreta de nuevo sus reivindicaciones al Oranesado "y a la parte de Marruecos que está en manos de Francia y que enlaza nuestra zona del norte con las posesiones españolas Ifni y Sahara". Sin embargo esta redacción final del protocolo no contradice las posiciones fundamentales de Franco y Serrano Suñer sobre la decision de entrar en la guerra, que en todo caso quedaba reservada a España.

Ribbentrop se había marchado de Hendaya camino de Montoire "bufando de rabia... y se pasó todo el trayecto echando pestes del jesuita Serrano Suñer y el cobarde desagradecido de Franco, que nos lo debe todo y ahora no quiere cooperar". El segundo de Stohrer, Eberlein, declaró a Detwiler en carta del 10 de enero de 1960: "Quizá hayan existido en España algunas personas que hubieran visto con gusto la participación activa de España en la guerra. Pero según mi opinión personal, ni el jefe del Estado Franco ni sus colaboradores inmediatos ni especialmente Serrano Suñer tuvieron nunca la intención de meter a España en guerra al lado de los países del Eje. Tenían motivos muy fundados para esta posición que usted cita...no eran en absoluto pretextos, sino hechos reales. También creo que Franco, muy bien informado sobre la situación general y militar de Alemania nunca consideró con mucho optimismo las perspectivas de una victoria final de Alemania". Detwiler acumula en el mismo sentido otros testimonios alemanes directos, como el del propio Schmidt, según el cual la actuación de Franco en Hendaya fue la de un cunctator profesional". Con el rechazo por Alemania de un acta adicional enviada por España sobre la liquidación de la deuda de la guerra civil y el aprovechamiento futuro de materias primas en Marruecos, terminaron las negociaciones de Hendaya con el fracaso completo del principal objetivo que había hecho emprender a Hitler el viaje más largo y más frustrante de su vida 3.





2. Operación Felix



No es difícil imaginar los comentarios de Hitler en la tarde del 24 de octubre y en otra estación, la de Montoire, cuando Ribbentrop, antes de la entrevista con el mariscal Pétain, le informa sobre el asunto de los protocolos de Hendaya empantanados. Montoire fue, en frase de Schmidtt, otro "monólogo en un tren" y el Führer tampoco logró resultados concretos, pero aunque el veterano mariscal jugó a dos barajas y tranquilizó simultáneamente a los ingleses, tuvo que conceder algo vital en el terreno de los símbolos; en la declaración oficial francesa del día 26 suena por primera vez la palabra que los años y los hechos harían fatídica, "El principio de la colaboración". El día 28, con preaviso de sólo tres días a Hitler, Mussolini ordena a su ejército de Albania que ataque a Grecia. Es un disparate estratégico que a la larga favorece a Franco, ya que va a forzar la intervención alemana en los Balcanes; pero de momento Hitler apremia con mayor energía a los españoles para el cierre del Mediterráneo. El testimonio del general Guderian es importante: "El primer resultado del arbitrario gesto de Mussolini -según Hitler me dijo- fue que Franco decidiese evitar la colaboración con las potencias del Eje ya que no deseaba comprometerse con personas que actuaban tan imprevisiblemente". En mayo de 1943 Hitler confiaba a Doenitz: "El ataque italiano a Grecia disgustó a España". El ataque, además de inoportuno, acabó en ridículo. Grecia no sólo resistió, sino que avanzó sobre Albania. El chiste de más éxito en España durante ese invierno fue el cartel ateniense: "Si quieres visitar Italia, alístate en el ejército griego". El 28 de octubre, en Florencia, Hitler se había desahogado con Mussolini al referirle sus frustraciones en la entrevista de Hendaya.

Noviembre y diciembre de 1940: los meses de máximo peligro para España en la fase alemana de la guerra. Hitler va a endurecer su decisión, convirtiéndola en seca instrucción operativa para sus divisiones. España debe acentuar, ante ello, sus concesiones verbales y marginales. Serrano Suñer, al dejar Gobernación, perdió el control directo de la prensa, pero mantenía sus contactos personales y los órganos oficiosos se inclinaban cada vez más parcialmente hacia la intervención. El 1 de noviembre llega a Inglaterra la misión dirigida por el teniente coronel Juan Antonio Ansaldo, con los capitanes Larios y Avial, que pueden comprobar la tremenda voluntad británica de resistencia.

El Estado Mayor alemán, reunido con Hitler, decide respaldar a Italia tras su mal paso contra Grecia, pero también acelerar la operación Félix contra Gibraltar. Cincuenta expertos alemanes estudian en Madrid los detalles de la operación y de la posible invasión alemana a Portugal a través de España, para lo que necesitan el acuerdo de España que nunca obtuvieron.

Intenta Franco mantener en forma a su ejército con unas intensas maniobras militares en las vaguadas de Colmenar Viejo. Los aviones torpederos de la escuadra británica, que despegan del portaaviones Invencible hunden material y moralmente a la escuadra italiana en su base de Tarento el 11 de noviembre. Esa fecha es la que llevaba la versión formal (que hemos llamado "cuarta") del protocolo de Hendaya, firmada por Serrano Suñer, en la que España se reservaba la decisión sobre la entrada en la guerra y la fecha de esa entrada.

El 12 de noviembre Hitler firma su XVIII Instrucción general para la ejecución de la Operación Félix sobre la toma de Gibraltar. Pero Gibraltar no es el único objetivo por que el fin general de la operación es "englobar toda la Península en el teatro de operaciones de los países del Eje y expulsar a la flota inglesa del Mediterráneo occidental". El primer paso era la toma de Gibraltar; el segundo, invadir Portugal a través de España si Inglaterra viola la neutralidad portuguesa; tercero, trasladar al norte de Africa dos divisiones (una de ellas acorazada) para asegurar esa zona. El mando nominal de la operación se reconocerá al jefe del Estado español. Si los españoles aceptan, podrán participar en el asalto a la Roca, pero su misión será asegurar el Campo de Gibraltar hasta la llegada de las tropas alemanas. La fecha para la entrada terrestre y aérea en España se fija en el 10 de enero de 1941 . La entrada en España se hará por Irún. El asalto masivo al Peñón comenzará unos 25 días tras el cruce de la frontera española. Se debe considerar a España como país aliado y aparentar que son los españoles quienes defienden las dos orillas del Estrecho una vez realizada la operación. Se entregará a España artillería para la defensa de Canarias. Los generales en jefe de tierra, mar y aire enviarán al Cuartel General del Führer sus informes sobre preparación de estas operaciones el 16 de diciembre de 1940.

Es evidente su menosprecio por la cooperación española que parece dar por supuesta; no prevé que España pueda oponerse. Según Canaris el Führer confirmó ese menosprecio con esta expresión: "Con Franco o sin Franco tomaré Gibraltar".

Unos días antes de esta Instrucción von Ribbentrop invita a Serrano Suñer a un encuentro con Hitler en su nido de águilas de Berchtesgaden. El ministro inicia su segundo viaje a Alemania el 14 de diciembre. Antes de partir asiste a una importante reunión en el Pardo con los tres ministros militares, Varela, del Ejército, Vigón, del Aire y el almirante Salvador Moreno, de Marina. El almirante presentó un informe de gran importancia.

Debo dar la razón a don Ignacio Espinosa de los Monteros, que nos ofrece su descubrimiento del informe de la Marina. El ministro se limitó a transcribir casi exactamente el informe que le había entregado el 8 de noviembre el jefe de operaciones del Estado Mayor de la Armada, capitán de fragata Luis Carrero Blanco, del que nos ofrece un facsímil en su libro El silencio es Historia. Luis Suárez ha visto el mismo informe en un coleccionable posterior de ABC sobre la segunda guerra mundial. Naturalmente que acepto la autenticidad del informe Carrero y su identidad con el de don Salvador Moreno. En el informe Carrero se apunta que las fuerzas alemanas se disponen a cerrar la tenaza sobre Suez, que Alemania ha desistido o al menos aplazado la operación de desembarco en Inglaterra y que tiene decidido el cierre del Mediterráneo por Gibraltar y por Suez. La ocupación de Gibraltar requiere cooperación de España, que, al producirse, provocaría el corte de las comunicaciones atlánticas de España con pérdida de las aportaciones de combustibles y cereales que son imprescindibles para la vida de la nación. Mientras los ingleses estén en Alejandría la única vía para el aprovisionarniento de España será la pinenaica, totalmente insuficiente "Parece claro que por una razón de imposibilidad material España no intervenga en la guerra en tanto que el canal (de Suez) esté en poder de los ingleses". En cambio, si el canal de Suez cae en poder del Eje, sería preciso inutilizar la base de Gibraltar", lo que exigiría la entrada de España en la guerra". Entonces, dice Carrero, "España tendrá que intervenir". Este es el punto en que el informe del ministro suaviza al de Carrero; hay algunas otras modificaciones menores. Luego Carrero se extiende en consideraciones sobre la situación después de la caída de Suez; que interesan menos ahora porque la operación del Eje sobre Suez estaba ya muy comprometida cuando Serrano Suñer viajaba a Alemania, por el desastre naval italiano de Tarento y por las cada vez peores perspectivas que ofrecía la actuación militar de Italia en Grecia y en el norte de Africa. La condición sine qua non que habia incluido Carrero en su informe de 8 de noviembre (y Moreno en el del 11) para que España interviniese en la guerra -es decir el dominio previo por el Eje del canal de Suez- se perdía en el mundo de los futuribles. Lo importante del informe Carrero-Moreno fue la tajante negativa a que España interviniese en el conflicto antes de que se cumpliera esa condición. A Serrano Suñer le impresionó el informe de la Marina, aceptado por Franco.

Llega Serrano Suñer a la estación de Berchtesgaden el 18 de noviembre. No lleva más mandato que el que se le ha confiado en la reunión militar del Pardo: "España no podía ni debía tomar parte en la guerra". Almuerza al día siguiente con Ciano y Ribbentrop; por la tarde le recibe Hitler, junto al ministro de Exteriores alemán en el Berghof. Hitler no quiere que se repitan las frustraciones de Hendaya. Durante cuatro horas opresivas trata de imponerse sin apelación. En su primer alegato, de una hora ininterrumpida, comenta el error de Italia en Grecia. Estima esencial el cierre del Mediterráneo por uno y otro extremo. Amenaza sin ambages: de sus 230 divisiones pueden actuar inmediatamente: 186 sobre los Pirineos. Exagera ese número pero Serrano no puede saberlo. Concreta bruscamente: "He decidido tomar Gibraltar".

Serrano Suñer se defiende con la espalda contra la pared. Dice que llega sin mandato alguno, con carácter estrictamente personal. Ha observado una elevación de moral entre los partidarios de Inglaterra por el retraso alemán en el ataque a las islas. Considera como esencial y previo el cierre del canal de Suez. La caída de Gibraltar cerraría el camino para el trigo de América, cuya necesidad cifra España en tonelajes mucho más elevados que en la conferencia de Hendaya; responde a la velada amenaza de Hitler con la evocación napoleónica: "El pueblo español se opondría a cualquier invasión". Invoca a la opinión pública española, hostil a la entrada en guerra. Exige garantías escritas sobre las reivindicaciones de España y se extiende al expresar su amargura por la redacción final del protocolo de Hendaya.

Hitler, que ha intervenido varias veces, no puede más y estalla. "Los caballeros españoles tendrán que creer en mi palabra y no insistir en una declaración escrita precisa". Continúa abruptamente la entrevista con la magnánima concesión de "algún mes más" para la entrada en guerra de España. Después Hitler recibe a Ciano y le advierte su firme decisión de avanzar por España, tomar Gibraltar y ocupar el norte de Africa. Ribbentrop vuelve a reunirse con Serrano Suñer y sin esperar su aquiescencia le advierte que España debe entrar en la guerra, a favor o en contra de Alemania, hacia Navidad.
Serrano Suñer, sin ceder en lo esencial, replica que comunicará la exigencia a Franco y concreta algo más que de costumbre las buenas palabras sobre la reanudación de los suministros a los submarinos alemanes desde las costas españolas. A esta conversación asistió el embajador español en Berlín, general Eugenio Espinosa de los Monteros, informado por los alemanes sin que Serrano le hubiera invitado. Espinosa envió luego un informe a Franco en que se reflejan las malas relaciones que mantenía con el ministro, pero también la firmeza de Serrano en su conversación con Ribbentrop. El día 20 emprende Serrano el camino de regreso, con la muerte en el alma, pero en el más difícil de los terrenos, y por encima de todos sus errores y desenfoques políticos, se había ganado un puesto de honor en la historia de España.

Es evidente que Serrano Suñer logró regresar de su segundo viaje a Alemania sin agravar lo que Franco había defendido en la entrevista de Hendaya y sin comprometer a España para su entrada en la guerra. Esta es también la opinión del máximo especialista en las relaciones entre España y Alemania en este período, D.S. Detwiler. Pero Serrano Suñer, que volvía sin haber firmado compromiso alguno, era también portador de un ultimátum de Hitler a Franco. Está en Madrid el 22 de noviembre; inmediatamente acude a una reunión en el palacio del Pardo con Franco y los ministros militares. Seguramente había advertido, antes de volver, lo fundamental de su entrevista alemana, porque esa misma mañana del 22 el general Dávila, jefe del Alto Estado Mayor, había convocado una reunión previa con los jefes de operaciones en el Estado Mayor del Ejército (Cuesta), Marina (Carrero) y Aire (Lacalle).

Poco antes de su muerte el almirante Carrero me llamó a su despacho en la Presidencia del gobierno situado en Castellana 3, el mismo edificio donde estaba el Alto Estado Mayor cuando se celebró esa reunión. Le pedí permiso para tomar notas y me comunicó casi exactamente lo siguiente:

"Carrero me insiste en que recuerde bien la fecha, (noviembre 1940). Da los nombres de los jefes de operaciones y cita también como asistentes a los jefes de sección del Alto Estado Mayor. Serrano Suñer -me decía- regresaba de Berlín (sic) con el virtual compromiso de entrar en guerra pro-Eje hacia Navidad. Dávila preguntó por la preparación de España. Cuesta le dice que ante todo habría que invadir Portugal. Lacalle dice que aviones y bombas son insuficientes, lo que queda de nuestra guerra. Carrero pregunta al jefe de Intendencia del Alto Estado Mayor cuánto tiempo resistiría España sin la línea del trigo (Plata) y la línea del petróleo (USA-Caribe). Es decir, no plantea el problema en plan táctico o logístico, sino de corte estratégico total. Por otra parte Moreno (el ministro) había entregado a Franco un informe de Carrero en este sentido". Mi amigo Ignacio Espinosa se enfada mucho de que Carrero me dijera eso pero, con enfados o no, esto es lo que me dijo.Y además creo que decía la verdad y que en el informe previo de Carrero fechado el 8 de noviembre y entregado por el ministro a Franco el día 11 se aconseja lo mismo en lo esencial: no entrar en la guerra hasta que se cerrase el canal de Suez. Ahora, al regresar Serrano Suñer, el panorama había empeorado mucho por las dificultades italianas en Tarento, en Grecia y en el norte de Africa. También se enfadó conmigo don Ramón Serrano Suñer en 1974 cuando me refería a esta conversación en uno de mis libros, que me hizo don Ramón el honor de presentar; pero debió enfadarse con Carrero, no conmigo, porque en ese libro yo no aceptaba la expresión de Carrero sobre el compromiso que traía Serrano de Alemania; no era un compromiso (aunque Carrero le llamó así) sino un ultimátum, con lo que mi conclusión era favorable, como ahora, a Serrano Suñer. Carrero me sugirió también que lo esencial de su informe estaba reproducido en su libro posterior España y el mar, y también tenía razón, decía la verdad. En mi Franco de 1982 admití expresamente que en el informe Carrero hubieron de influir, necesariamente, las informaciones y opiniones de don Alvaro Espinosa de los Monteros, agregado naval en Roma, padre de don Ignacio Espinosa, aunque no se hayan encontrado aún los documentos que puedan probarlo. Pero no cabe negar el informe Carrero, ni su acierto fundamental para evitar la entrada de España en la guerra en 1940, sin que la cuestión de Suez tuviera en la práctica la menor importancia porque Inglaterra permaneció en el canal de Suez durante la guerra, después de haber frenado en Egipto a los italianos en 1940 y, luego, al Afrika Korps el general Erwin Rommel.

En el consejo celebrado por Franco en El Pardo cuando regresó Serrano Suñer, en el que se tuvieron presentes las conclusiones del Alto Estado Mayor, se decidió mantener a todo trance la neutralidad, no provocar a Alemania con ostensibles preparativos de defensa y confiar en la Providencia; como insiste Luis Suárez, Franco era creyente de toda la vida y cuando recomendaba "ponerse a rezar" lo hacía de veras, como volvería a suceder ante el peligro de invasión aliada en noviembre de 1942. El 28 y 29 de noviembe de 1940 el embajador von Stohrer telegrafiaba a Berlín: "El ministro de Exteriores acaba de decirme que el Generalísimo está de acuerdo en comenzar los preparativos propuestos, pero no podía determinar la fecha exacta de la declaración de guerra". Franco, con perfecta información del desastre italiano, se mantiene en la exigencia de dominar el canal de Suez y trata de ganar tiempo solicitando el envío de nuevas comisiones técnicas alemanas.

Entonces Hitler decide pasar a la acción, aun sin contar con España. El 5 de diciembre fija el arranque definitivo de la operación Félix para el 10 de enero de 1941 En relación con el envío de expertos solicitado por Franco, el almirante Canaris llega el 7 de diciembre por la tarde a Madrid y a las diecinueve treinta Franco le recibe en El Pardo en presencia de Juan Vigón. D.S. Detwiler reproduce el acta de la reunión Canaris-Franco, que he transcrito en mi Franco de 1982. Canaris comunica la fecha señalada por Hitler para la entrada de las divisiones alemanas en España; el 10 de enero siguiente. Franco le contesta que es imposible la entrada de España en la guerra en esa fecha, porque España perdería inmediatamente Guinea y poco después las Canarias, amén de la ocupación inmediata por los aliados (en los que ya incluye a los Estados Unidos) de las islas portuguesas del Atlántico. Los preparativos de España han progresado pero no de forma suficiente. Hay un déficit de un millón de toneladas de cereales. El transporte es deficiente. La situación de muchas provincias se haría insostenible. España no puede comprometerse a fijar fecha alguna del futuro para su intervención. Por los comentarios del propio Franco y de los marinos que gozaban de la confianza de Franco, me consta que Canaris transmitió el ultimátum de Hitler, pero comprendió perfectamente la posición de Franco; el acta de Vigón no transmite los gestos ni los tonos. Cinco años después, poco antes de su ejecución, el mariscal Keitel, que estuvo en contacto telegráfico con Canaris durante esta misión del almirante, escribió: "Ahora dudo de que fuera Canaris la persona adecuada para esta misión, pero parece haber disimulado muy bien durante años; supongo que no se esforzó en serio para convencer a España, sino que previno en contra nuestra a sus amigos de ese país".

El informe de Canaris sobre la actitud negativa de Franco se transmitió inmediatamente a Hitler. La situación, como venimos diciendo, había cambiado dramáticamente en el Mediterráneo oriental. El 7 de diciembre, día de la entrevista de Canaris y Franco, se había comunicado la noticia sobre la catástrofe de las tropas italianas en su posición avanzada de Egipto, Marsa Matruk, ante las divisiones británicas del general Wavell; el ejército italiano de Egipto y Cirenaica se había hundido tras dejar treinta y ocho mil prisioneros en manos inglesas. Estos hechos desviaron inmediatamente la atención de Hitler hacia el Mediterráneo oriental y le forzaron a cancelar, un mes antes de su ejecución, la operación Félix. El diario del mando supremo del Ejército (OKW) de 10 de diciembre confirmaba: "Habido el telegrama del almirante Canaris (10 de diciembre) el Fuhrer decide que no se realice la operación Félix pues ya no existen los requisitos políticos necesarios". Es decir que Hitler, a quien Serrano Suñer acababa de recordar la resistencia española contra Napoleón, no quiso acometer su empresa de Gibraltar contra la oposición de España. El mariscal Keitel confirmaría en Nüremberg: "Hitler anunció que abandonaba la idea; no le gustaba verse obligado a transportar sus tropas a la fuerza, contra la cólera de Franco" La nueva instrucción de Hitler no se dirige contra Gibraltar sino a los Balcanes. Aun así Hitler se resistía a abandonar su proyecto de Gibraltar. Luis Suárez ha descrito el intento de Ribbentrop el 26 de diciembre de 1940 para que el embajador en Berlín, general Espinosa de los Monteros, preguntase a Franco cuándo pensaba entrar en la guerra; Serrano Suñer se negó a recibir oficialmente la petición alemana, cerró el paso al embajador, que hubo de dimitir ante Franco a fines de enero de 1941. Hitler se concentró en otros proyectos, sin abandonar del todo a Félix. Al acabar el año 1940 las divisiones alemanas seguían en los Pirineos, pero España se había librado de la guerra mundial y de la operación Félix4. Aunque faltaba el coletazo final de Hitler.



3. EL ULTIMATUM ALEMAN



El nuevo año 1941, con media España sumida en el hambre y la penuria, nace bajo un temporal de nieve y frío que entonces solía llamarse "siberiano"

El 21 de diciembre, Hitler había celebrado una reunión con sus altos consejeros militares Keitel, Jodl y Raeder. El enemigo --les dice- avanza por doquier: Grecia, Albania, Libia, Africa oriental. El almirante Raeder, que es el militar alemán con mayor visión estratégica, insiste en que la solución para los problemas del sur es el cierre del Mediterráneo en Gibraltar. Hitler decide presionar de nuevo a Franco en ese sentido y en carta de 31 de diciembre de 1940 se lo comunica así a Mussolini. El 9 de enero dice el Führer a sus generales: "La actitud de España se ha vuelto vacilante, pero aunque parezca muy difícil conseguirlo, intentaremos otra vez que entre en la guerra". En la carta a Mussolini censura duramente a Franco a quien llama "vendido al enemigo por la promesa de alimentos".

¿Cómo historiadores profesionales como Preston se obstinan en atribuir a Franco en 1940 y 1941 propósitos belicistas a favor de Alemania después de conocer los documentos y testimonios que estamos aduciendo? ¿Cómo pueden existir españoles que acepten las tesis de estos señalados autores antifranquistas a la hora de valorar momentos capitales de la historia española?

El 18 de enero y tras un sorprendente telegrama del encargado de negocios en Madrid (von Stohrer iba de viaje a Berlín) el general Halder anota que quizá pueda resucitarse la operación Félix. En ese telegrama se subrayan las supuestas disensiones en el seno del gobierno español, se atribuye a Franco la idea, contradicha por Serrano, de intentar el equilibrio de todas las tendencias políticas viables. Esto era verdad; así había hecho Franco desde su designación el 1 de octubre de 1936 y el supuesto monopolio político de Falange estaba sólo en la mente de los falangistas, que tardarían aún muchos años en renunciar a algo que nunca habían poseído. Es probable que Hitler pretendiera ahora aprovechar las supuestas dificultades políticas en las alturas del régimen, entre las que destacaba una: la oposición permanente de los ministros militares contra Serrano Suñer. Mientras tanto, el diario oficioso emprende una vigorosa campaña contra la injusticia en la distribución de los racionamientos. "No llega a las clases humildes -apunta el 18 de enero Arriba- la cantidad asignada". Ante la desastrosa actuación italiana en Grecia y Libia, Hitler convoca a Mussolini para el 19 de enero. Pero no insulta a Mussolini sino a Franco, a quien llama "incapaz y esclavo de la Iglesia católica" además de atribuirle poca fe en sí mismo; evidentemente no le conocía. Pide a Mussolini una gestión personal para convencer a Franco de que entre en la guerra. Ciano comenta en su diario: "Nos ha correspondido la dura misión de hacer regresar al hijo pródigo español". No le bastaba a Hitler con la intercesión italiana y demuestra su desesperación enviando a Franco un nuevo ultimátum después de los que le había transmitido poco antes por boca de Serrano Suñer y del almirante Canaris. No otra cosa es el memorándum que ha recogido el embajador von Stohrer en Berlín y entrega a Franco en su audiencia, solicitada con suma urgencia, el 20 de enero de 1941. "Para España acaba de sonar la hora histórica. Ha de tomarse una decisión inmediatamente, sin embargo el ministro (Ribbentrop) ha concedido para esto cuarenta y ocho horas". Franco no acepta el ultimátum ni el plazo, responde que necesita tiempo para contestar y así lo transmite el embajador de Alemania a Berlín.

Al recibir el telegrama, Hitler y von Ribbentrop saltan. El ministro dicta un nuevo ultimátum de seis puntos, abiertamente insultante. "Sin ayuda de Hitler y Mussolini hoy no habría ni España nacional ni Caudillo". El quinto punto era éste: "El Führer y el gobierno alemán están profundamente disgustados por la equivoca y vacilante actitud de España". El sexto: "El gobierno alemán actúa de esta manera a fin de evitar que España emprenda a última hora un camino que, según su firme convicción, sólo puede terminar en catástrofe; pues a menos que el Caudillo decida inmediatamente unirse a la guerra de las potencias del Eje, el gobierno alemán no puede sino prever el fin de la España nacional".

Von Stohrer, que conoce el terreno, consigue que Ribbentrop dulcifique algo la redacción del punto sexto antes de entregar a Franco el ultimátum en presencia de Serrano. Aun así Franco estalla fríamente: "Estas afirmaciones son muy graves y no son ciertas", recusa, en la audiencia más breve y seca que recuerda el embajador. A continuación centra el problema en el único terreno apto para un gobernante español: "Independientemente de los favores pasados y de la gratitud por ellos, todo espíritu honrado se permite una sola cosa: seguir el camino que más interesa a la nación". Franco, con la huella de Africa siempre candente en su espíritu, tenía un nuevo dato para fijar ese camino: desde diciembre, el general Wavell arrollaba a los italianos en Egipto y luego en Libia y en la fecha del ultimátum alemán, 21 de enero, los británicos reconquistaban Tobruk.

Berlín no aprende nada. El 24 de enero Ribbentrop exige una nueva audiencia de Stohrer con Franco para entregar un nuevo ultimatum,: "El Reich pide, una vez más, al general Franco una respuesta clara". Pero Franco no recibe al embajador hasta el 27 de enero, junto a Serrano; entona una vez más la lista de exigencias, con una variante: la dureza del invierno español influiría negativamente en la penetración alemana. Ahora, de forma bien preparada, Franco se indigna de nuevo y acaba de forma no muy original, pidiendo una nueva misión de consejeros militares. Von Ribbentrop no se lo cree y pide a su embajador "una declaración precisa de si usted ha leído al general Franco palabra por palabra los mensajes del gobierno alemán". Y exige una vez más a von Stohrer que fuerce a Franco para obtener una sencilla respuesta a la petición de que España entre en la guerra; sí o no, nada menos.

Ante el callejón sin salida, Stohrer decidió muy prudentemente abandonar la gestión, y la operación Félix volvió al archivo. Pero Hitler y sus consejeros intentarán resucitarla más de una vez a lo largo del año 1941 5.



Ricardo de la Cierva




* Vid. R. de la Cierva: Franco, Madridejos 2000, págs. 448 y ss.

1 «Razon Española», núm. 90, julio 1998, págs. 56-60.

2 Giménez Arnau E.: La entrevista de Hendaya en «Razón Española» num. 88, marzo 1998 pags. 133 y ss.

3 El documento fundamental sobre Hendaya es el testimonio del barón de las Torres, que hemos transcrito de Razón Española 90 (julio-agosto 1998) págs. 56y ss. Esencial además la reconstrucción y documentación de Detwiler, Hitler, Franco…, op. cit., capítulo V. p. 51-67. Con las limitaciones indicadas, son fundamentales las Memorias de Serrano Suñer, op. cit., p. 283s Testimonios de Franco en Mis conversaciones… op. cit., 154, 454. Ver mi Franco de 1982, capítulo final del tomo IV y Luis Suárez, Franco, España…, op. cit., p. 249s.

4 Sobre la entrevista en Montoire cfr. Detwiler, Hitler, Franco…, op. cit. p., 82s. y Robert S Paxton La Francia de Vichy, Barcelona, Noguer, 1974 p. 70s. Reacciones españolas y alemanas a la entrevista de Hendaya cfr. Proctor, La agonía…, op. cit., 100s. La carta de Franco a Hitler de 30 de octubre en Serrano Suñer, Memorias op. cit. p. 301, fuente para todo este período con las salvedades indicadas. Misión aérea a Inglaterra en J.A. Ansaldo ¿Para qué? Buenos Aires, Ekin, 1951, p. 256. Para la entrevista en Berchtesgaden, cfr. Detwiler, ibd. y Serrano Suñer, Entre Hendaya…, op. cit., p. 323s. Informes Carrero y almirante Moreno en Ignacio Espinosa, El silencio de la Historia ms. Muy bien ilustrado. Mi entrevista con Carrero en mi Franco de 1982, IV, p. 292. La cita de Carrero en mi entrevista pertenece a su libro España y el mar, Madrid, Inst. de Estudios Políticos 1964 II p. 59s. Para la conversación Franco-Canaris v. el acta de Vigón en el apéndice de mi Franco de 1982, tomo IV. Estoy por lo general de acuedo con la documentación y valoraciones de L. Suárez en Franco, España…, op. cit., p. 257s. Sobre la muerte cristiana de Azaña, cfr. mi libro Misterios de la Historia, segunda serie, Barcelona, Planeta, 1992, p. 311s.

5 Ver Proctor, R.: La agonía… op. cit. p. 112s; D.S. Detwiler, Hitler, Franco… op. cit. y C. Burdick, Germany’s…, op. cit., p. 113s. Los datos sobre la reconstrucción en F. Vizcaíno Casas, La España de la posguerra, Barcelona, Planeta, 1975, que no es sólo un ameno anecdotario sino un riguroso repertorio de datos comprobados. El discurso de Serrano Suñer en Entre Hendaya…, op. cit., p. 330, recuadro.



 

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