Razón Española, nº 108; Paradojas del colaboracionismo

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Paradojas del colaboracionismo

Por Arnaud Imatz

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Paradojas del colaboracionismo

Los libros que intentan justificar el compromiso de los colaboracionistas durante la ocupación alemana proceden en general del autismo, y los que se publican para denigrarlos suelen caer en el anacronismo. Cuando se habla de la ocupación, cuando se examinan las razones de los unos y de los otros para comprometerese en campos opuestos, se olvida, con demasiada frecuencia, que aquellos actores ignoraban lo que hoy sabemos y, para empezar, que ignoraban lo que decidiría la Historia. El gran mérito de la Histoire de la Collaboration, recientemente publicada por Dominique Venner, se centra en su voluntad de presentar los hechos en los términos en que se se planteaban en la época, lo que le lleva a subrayar la gran complejidad del fenómeno y la imposibilidad de reducirlo a unas cuantas ecuaciones político-morales simplistas. Jean Claude Valla ha expresado el interés de este gran libro. Quisiera añadir algunas reflexiones sobre las grandes paradojas del colaboracionismo.

La primera paradoja reside en el hecho de que ninguno de los colaboracionistas se sustrajo a su deber militar en 1939. Muchos de ellos combatieron valientemente contra los alemanes. Ninguno alegó simpatía ideológica para abandonar sus obligaciones. El único desertor célebre fue el secretario general del partido comunista, Maurice Thorez: se negó a luchar contra un país que era entonces aliado de Stalin, desertó a principios de octubre de 1939 por orden del Komintern, y viajó a la Unión Soviética vía Bélgica. Fue amnistiado después de la liberación.

Jacques Doriot, movilizado como sargento de ametralladoras en 1939, combatió cerca de Sully-sur-Loire hasta el 20 de junio de 1940, más allá de la fecha de petición del armisticio, con una energía que le valió ser condecorado con la Cruz de guerra. Joseph Darnand, militante católico y monárquico, heroico excombatiente de la Primera Guerra mundial, se cubrió de honra a la cabeza de un cuerpo-franco. Hecho prisionero en junio de 1940, se evadió dos meses más tarde, y le fue confiada la dirección regional de la Legión francesa de las fuerzas que se convirtieron, en 1941, en el Servicio de orden legionario ( SOL), y en 1943 en la Milicia. Jean Bassompierre, que luchó a su lado como oficial de cuerpo-franco, fue inspector general de la Milicia. Se le condenó a muerte y fue fusilado el 24 de abril de 1948, a pesar de los esfuerzos para obtener su amnistía por parte de antiguos resistentes como Henri d'Astier de La Vignerie.

«Es asombroso -escribe Venner- encontrar tantos "traidores" entre hombres para quienes la patria lo era todo, y que habían sido heroicos combatientes en las anteriores guerras contra los alemanes». Pierre Antoine Cousteau, uno de los principales redactores de Je suis partout, dirá en noviembre de 1946, durante su proceso: «Si no se era colaboracionista por patriotismo, se era un miserable o un criado del enemigo».

De hecho, entre los futuros colaboracionistas, o presuntamente tales, no solamente los hay que han sido patriotas, sino también, durante toda su vida, convencidos antialemanes. El caso de Charles Maurras es, evidentemente, el más emblemático: «Luchar contra el germanismo había sido una de las finalidades de su vida. Y esta vida se terminaba con una condena que era la negación de su mismo principio». Pero el de Maurras no es un caso aislado. Otros muchos militaron antes de 1914 en movimientos cuyo único objetivo era recuperar Alsacia-Lorena de Alemania, y luego profesaron una constante hostilidad hacia el «enemigo hereditario» de allende el Rin. ¡Incluso ciertos antisemitas, a partir del escándalo Dreyfus, consideraron que «judíos» y «alemanes» eran categorías intercambiables!

Será paradójico ver a estos mismos hombres, patriotas o nacionalistas convencidos, juzgados tras la liberación por «inteligencia con el enemigo» y «traición», es decir, finalmente, por falta de patriotismo y por crimen contra la patria. Pero será aún más paradójico verlos frecuentemente juzgados y condenados como tales por hombres que, por el contrario, en el pasado, habían profesado el internacionalismo y afirmaban que los lazos ideológicos contaban más que los lazos de nacionalidad.

A este respecto es extraordinaria la historia del partido comunista durante este periodo. Habiendo firmado la URSS y Alemania un pacto de no agresión, y considerado el PCF, no sin razón, como una filial del Komintern, el gobierno Daladier dictó el 26 de septiembre de 1939 la prohibición de este último. El 16 de enero de 1940 el Parlamento decide casi unánimamente el cese de los diputados comunistas. En el mes de abril, 35 de ellos son llevados ante la justicia militar por no denunciar el pacto germano-soviético, y son condenados a penas de dos a quince años de prisión. La mayoría, entre ellos Etienne Fajon, Virgile Barel, Francois Billoux y Waldeck-Rochet, serán internados en el sur de Argelia, de donde los libertarían en noviembre de 1942 tras el desembarco aliado en Africa del norte. Y luego fueron llamados a la Asamblea consultativa en 1943. ¡De regreso en la Francia liberada, estos hombres, condenados en 1940 por «derrotismo» y «traición» ante el enemigo nazi, participarían en la depuración de los colaboracionistas!

En junio de 1940 L'Humanité invita a los franceses a recibir con simpatía a las tropas de la Wehrmacht. El 13 de julio se puede leer en ese periódico: «Las conversaciones amistosas entre trabajadores parisinos y soldados alemanes se multiplican. Nos congratula mucho. ¡Aprendamos a conocernos!» Los comunistas no entraron masivamente en la Resistencia hasta después de la ruptura germano-soviética en 1941. Cuatro años más tarde los que al principio de la ocupación daban la bienvenida a las tropas de la Wehrmacht poblarán con sus militantes los jurados de los tribunales de depuración.

Y otra paradoja es que quienes sostuvieron durante la ocupación el régimen nacional-socialista, empezando por los principales representantes del «fascismo francés» (Brasillach, Drieu, Rebatet, etc.) lo ignoraban más o menos todo sobre aquél. Esto no es un anacronismo. No se trata, evidentemente, de suponer que los actores del período hubieran podido saber lo que la historiografía sólo pudo establecer varias décadas más tarde. Los colaboracionistas ignoraban naturalmente que el «Estado del Führer» era de hecho una policracia donde los altos dignatarios no cesaban de tramar luchas de influencias de tipo neofeudal unos contra otros. Nada sabían de las divergencias ideológicas existentes en el seno de un régimen en que, paradógicamente, era en el interior de la SD o incluso de las SS donde se encontraban los máximos elementos de oposición. Tampoco sabían nada sobre una «ideología nazi», que nunca se unificó verdaderamente y cuya historia está aún por escribir sesenta años después. Tampoco podían distinguir claramente los tres componentes esenciales del régimen: su componente «arcaico», «romántico» y «volkisch» por un lado, nacionalista y pangermanista por el otro lado, su componente más clásicamente «fascista», marcado sobre todo antes de 1933, y su componente propiamente totalitario. Sin embargo, ya en aquella época hubieran podido obtener sobre el régimen nazi un mínimo de información que evidentemente no poseían.

Llama la atención la ausencia casi total de estudios serios sobre la Alemania nazi en Francia antes de 1939, mientras que durante el III Reich se publicaron numerosas obras, ciertamente con frecuencia tendenciosas, pero extremadamente bien informadas, sobre Francia, su historia, su situación política, etc.

No olvidemos, finalmente, que la mayoría de los colaboracionistas no hablaban ni palabra de alemán (exceptuando a Déat y a Benoist-Méchin), detalle este no sin importancia cuando sabemos que las autoridades del III Reich no favorecieron la traducción al francés de sus obras de referencia.

Desde Otto Abetz, embajador de Alemania en Francia, hasta karl Epting, director del Instituto alemán en París, las personalidades elegidas habían sido reclutadas generalmente entre elementos francófilos.



Arnaud Imatz



 

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