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Revisión de la economía española en los años 40

Por G. Fernández de la Mora y Varela

Rafael Alberti indice Sobre la felicidad

Revisión de la economía española en los años 40

I. INTRODUCCION

El panorama de España entre los años 1940 y 1950 que presentan casi todos los historiadores de la economía es desolador. Paris Eguilaz (1), el economista que más ha estudiado este período, define la década como «una recuperación lenta y difícil», Pedro Schwartz (2) escribe: «de 1940 a l950 los españoles trabajaron más, produjeron la misma cantidad física global menos eficazmente, vivieron mucho peor, sufrieron fluctuaciones de precios, y comerciaron mucho menos con el extranjero, que durante la República». Carreras (3) «sitúa el principal elemento del atraso industrial de España, bien sea ... en el primer tercio del siglo XIX, bien sea en un pasado mucho más reciente de lo que se suele reconocer: del estallido de la guerra civil al final de la autarquía. He aquí la noche de la industrialización española». Para Julio Alcaide (4) «fueron los duros años de la posguerra, de la reconstrucción de las zonas devastadas, del aislamiento internacional y de la política de autarquía económica». Prados de la Escosura (5) escoge una frase similar a la de París Eguilaz: «lenta recuperación económica bajo la autarquía», en tanto que Juan Velarde (6) resume el período como: «la larga crisis de la economía de guerra, del aislamiento internacional y del intervencionismo».

Sin embargo, hay numerosos indicios de que dichas valoraciones sobre el desarrollo de la economía española durante la década de los cuarenta pudieran ser pesimistas. El dato más claro procede de las cifras de bienestar físico: entre 1940 y 1950 la mortalidad infantil (7) se redujo en un 41% y la esperanza de vida pasó de 50 años a 62, mejoras que transforman España, como se ve en la Tabla I-1 . Pero existen otros indicadores, como la producción de electricidad (+91%), el número de estudiantes universitarios (+37%) o de bachillerato (+41%), o los teléfonos instalados (+99%), que sin ser tan espectaculares como los anteriores son incompatibles con una economía estancada.

A la vista de la discrepancia entre estos indicadores y las opiniones citadas, presento una nueva estimación del desarrollo del Producto Interior Bruto de España entre los años 1929 y l962.

Tabla I-1. Esperanza de vida al nacer y mortalidad infantil en España (8)

Esperanza de vida al nacer Mortalidad infantil
Años Valor al inicio de la década (años) Variación en la década (años)
1900 34,8 6,9
1910 41,7 -0,5
1920 41,2 8,8
1930 50,0 0,1
1940 50,1 12
1950 62,1 7,8
1960 69,9 2,5
1970 72,4  
Valor al inicio de la década (tanto por mil) Variación en la década (%)
185,9 -20%
149,3 +11%
165,0 -29%
117,1 -7%
108,7 -41%
64,2 -45%
35,3 -41%
20,8  

Entre los años 1929 y 1958 dicha estimación se basa en el trabajo citado de Prados, que responde a un esfuerzo monumental del autor, pero cuyas cifras para la década de los 40 son mejorables. Prados necesita utilizar indicadores que abarquen desde 1958 hasta mediados del siglo XIX, y que en algunos casos son inadecuados para épocas acerca de las cuales existe más información. A partir de 1958, Prados ya no realiza una estimación detallada sector a sector, sino que se remite a los datos de la Contabilidad Nacional con correcciones. Por ello, entre 1958 y 1960 me basaré en los resultados de Schwartz, para realizar entre 1960 y 1962 un engarce con la serie de Prados.

En primer lugar, analizaremos las estimaciones disponibles sobre la década de los 40; a continuación, presentaremos las nuevas series para los sectores agrario, secundario y de servicios; que agregaremos en tercer lugar para presentar la nueva estimación integrada de la serie de 1929 a 1962; finalmente daremos una perspectiva del desarrollo de España respecto a Europa en el siglo XX, para dar paso a la conclusión.



II. Estimaciones actuales

Las estimaciones más relevantes sobre el volumen de la renta española en los años cuarenta se resumen en la Tabla Il-l, ordenadas cronológicamente.

Tabla II-1. Estimaciones de la renta española entre 1935 y 1960

Años CEN(9) MPtas de 1953 Schwartz MPtas de 1958 Carreras(10) 1913=1.000 Naredo(11) Mptas de 1958 Prado 1958=100 Alcaide(12) MPtas de 1986)
1935 208.580   125,32 2.563.700 66,22 6.377.691
1940 149.176 291.970 93,34 2.307.300 57,63 5.309.102
1950 180.822 335.810 110,87 3.340.500 64,29 6.480.037
1960 321.905 579.780     98,93 10.479.253

En la tabla II-2 se presenta la variación en la renta española propuesta por los autores citados, y que se deduce de la Tabla II-l. La fila número 2 representa el tanto por ciento de renta perdido en la guerra, en tanto que las dos últimas filas definen la tasa anual acumulativa de crecimiento dada por dichos autores para las décadas de los años 40 y 50, respectivamente.

Las disparidades que presenta la tabla II-2 son muy importantes; la caída entre 1935 y 1940 varía desde el 28% que propone el CEN hasta el 10% de Naredo; el crecimiento anual de la década de los años 40 varía entre el mínimo del 1.1% obtenido por Prados y el máximo del 3.8% propuesto por Naredo, en tanto que el acuerdo sobre la década de los 50 es mucho mayor, siendo Prados quien presenta nuevamente la estimación inferior, un 4.4% anual, y el CEN quien define la tasa más alta: el 5.9%.

Tabla II-2. Variación de la renta española entre 1935 y 1960

Años CEN Schwartz Carreras Naredo Prado Alcaide
1935-40 -28%   -26% -10% -13% -17%
1940-50 (Tasa anual) 1,9 1,4 1,7 3,8 1,1 2,0
1950-60 (Tasa anual) 5,9     5,6 4,4 4,9

Pueden detectarse dos tendencias en las estimaciones: las pérdidas debidas a la guerra han decrecido claramente con el paso del tiempo, pasando de cifras en el entomo del 27% en las primeras estimaciones hasta cifras que rondan el 13% en las tres últimas, y lo mismo ha sucedido con las tasas de crecimiento de la década de los 50, que han decrecido suavemente, desde un 5.7% en las dos primeras estimaciones hasta el entorno del 4.7% en las dos últimas. Para la década de los 40 no se aprecia una tendencia definida en las estimaciones, que son erráticas» con un valor medio de todas ellas del 2.0%, y del 2.3% para las tres últimas.



III. Sector agrario

La estimación más detallada del crecimiento del sector agrario en los años 40 es la realizada por Prados. Es muy similar a las estimaciones precedentes (la del Servicio de Estadística del Ministerio de Agricultura en particular), ya que todas ellas se apoyan en la misma información de base: las series de producción bruta publicadas por el Ministerio de Agricultura y recogidas en los Anuarios Estadísticos del INE. No es nuestro objetivo depurar la metodología (13) utilizada por Prados en la citada estimación, que es de alta calidad, sino revisar las series de producción física sobre las que se apoya. Dichas series presentan dos problemas básicos: por una parte, la dificultad de su enlace con las series de preguerra y, por otro, la ocultación de producción que tuvo lugar durante los años del racionamiento.

Analizaremos en primer lugar el volumen de ocultación de las series. Este problema es conocido y existe un amplio consenso, cualitativo, sobre la existencia del mismo, aunque no sobre su amplitud. Dice Carlos Barciela (14): «Ciertamente, esto es sobradamente conocido, los datos estadísticos de los años 40 relativos a producciones, superficies, rendimientos y precios de una amplia gama de productos agrarios aparecieron en los anuarios correspondientes fuertemente infravalorados». Dicha infravaloración era la consecuencia natural de un mercado regulado en el que los agricultores declaraban únicamente una parte de su producción, y se reservaban el resto para venderlo en el mercado libre, lo que en aquellos años se llamaba «estraperlo».

A pesar de estar convencidos de que dicha infravaloración existe, a la hora de realizar las estimaciones del producto agrario en dichos años, ningún autor corrige los datos de dichos anuarios. Con el fin de estimar la infravaloración, nos centraremos en la figura III-l, que presenta las cifras de Prados del Valor Añadido Bruto (VAB en adelante) Agrario entre 1940 y 1958. El año de 1951 representa un salto cualitativo respecto a 1950: un 26% de incremento, muy similar al que ofrece la serie del INE que es de un 27%. Este incremento es el resultado directo de la eliminación del racionamiento, que se inició el 1° de abril de 1950 y se amplió en los meses sucesivos. Según Naredo: «cuando la política económica dio un paso importante en la liberalización del mercado interno aboliendo el racionamiento, la estimación del Consejo Nacional registra un incremento insólito en la Historia de los países, que dudamos haya tenido realidad, siendo posiblemente el efecto de un cierto ajuste ente las producciones reales y las recogidas en las estadísticas».

Figura III-1. VAB Agrario en 1940-58

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Por ocultación, el VAB Agrario de 1950 estaba claramente infravalorado. ¿Pero cuánto, y desde cuándo? Barciela estima que el volumen de trigo consumido llegó a ser el doble de lo que reflejan las estadísticas. Aunque esta cifra no puede extenderse a todo el sector agrario, sugiere que el volumen podría ser claramente significativo. Si analizamos las cifras de incremento del VAB Agrario de Prados, vemos que tras la ligera flexión de 1941, la producción agraria crece de modo continuado hasta la cosecha de 1944; decrece de modo marcado con la cosecha catastrófica de 1945; y tras una ligera recuperación en 1946-47, permanece esencialmente estancada en los niveles de l940-41 hasta 1950. Si comparamos esta pauta con el comportamiento de la mortalidad infantil en estos años, que en los niveles de consumo de los años 40 en España depende básicamente de la alimentación, podemos ver en la Tabla III-l que entre 1940 y 1944 dicha mortalidad baja un 14%, mientras que entre 1944 y 1950 baja un 33%, es decir, a un ritmo anual doble. Podemos concluir que el comportamiento del VAB Agrario de 1940 a 1944 es razonable, en tanto que la disminución del mismo entre 1944 y 1950 es incompatible con el acusado descenso de la mortalidad infantil. En consecuencia, distribuiremos el «salto» del VAB Agrario de 1950-51 entre los años 1945 al 1950 de modo proporcional. El resultado se muestra en la figura III- 1, que elimina la discontinuidad de los años 1950-51 y presenta un perfil plausible.

Tabla III-l. Mortalidad infantil y VAB agrario, 1940-58

Años Años Incremento del VAB Agrario (Prados) Variación de la Mortalidad Infantil
1940-44 +1 1% -14%
1944-50 -13% -33%

El segundo problema de las series es su engarce con las series de preguerra. En este punto no existe un claro consenso, dado que hay autores que consideran que las series de preguerra están sobrevaloradas, como Naredo, en tanto que otros las consideran ajustadas a la realidad. Para nuestro análisis nos basaremos en el VAB Agrario per capita propuesto por Prados, que se representa en la figura III-2.



Figura III-2. VAB Agrario de Prados per capita, 1900-75

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En mi opinión, el índice de VAB Agrario per capita propuesto por Prados no es incompatible con la información de contexto disponible:

a) De acuerdo con el índice agrario de Prados, la producción agrícola per capita posterior a la guerra no habría alcanzado el nivel de los mejores años de preguerra (1909, 1927, 1929, 1932) hasta las cosechas excepcionales de 1962-63, tras lo que volvería a caer por debajo del nivel de preguerra, que no superaría de modo continuo hasta 1971, es decir, 60 años después de 1909 y casi 40 años después de 1932. Sin embargo, el nivel de desarrollo agrícola de l962 y no digamos de 1971 es incomparable con el de cualquier año de preguerra. Por ejemplo, el volumen de utilización de abonos nitrogenados de 1962 multiplica el de 1935 por 3, y el de 1971 lo multiplica por 6. Cualquier otro índice de contexto que se utilizara, como el de mecanización agraria o el volumen de regadíos arrojaría resultados similares (15).

b) La balanza comercial agraria en los años 60 fue positiva, es decir, exportábamos más de lo que importábamos. En consecuencia, la producción superaba el consumo, y si el consumo en 1970 fuera superior al de los años 30, sería una señal clara de que la producción era asimismo superior. Los datos de consumo alimenticio de los años 60 y 70 no admiten comparación con los de los años 30, por no hablar de la diferencia que los separa de la alimentación en 1909. Podemos citar como ejemplo el descenso en el consumo de pan, que entre 1952 (primer año en que la encuesta de consumo está disponible) y 1970 (año en que de acuerdo con el índice de Prados la producción agraria por persona era inferior a la de 1932) desciende de 122 kg por año y por habitante a 76.2 kg, es decir, una caída de 46 kg en 18 años. Por el contrario, el consumo de pan en 1935 fue de 140 kg por capita y año, es decir, casi el doble que en 1970, como se refleja en la figura III-3, y la velocidad de descenso de su consumo fue de tan solo 8 kg en los mismos 18 años (de 1917 a 1935). Dado que el pan es un bien «inferior», una disminución en su consumo significa que fue substituido por otros alimentos de mayor calidad, como verdura, carne, etc. Hay que concluir que el consumo alimenticio per capita en 1960 y 1970 fue muy superior, en valor económico, al de los años 30 y en consecuencia, la producción por habitante tuvo que ser asimismo superior.



Figura III-3. Consumo de harina por habitante en España, 1900-1970 (16)

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c) Prados presenta datos que ponen de relieve una mejora cualitativa en la producción agrícola en el periodo posterior a la guerra, dado que la proporción de la producción animal respecto a la vegetal aumenta de modo claro: la parte de producción animal respecto al total de la producción agraria pasa del 28,8% en 1929/33 al 31,6% en 1950 y al 37.7% en 1960/64 (mejora del 31%). Este aumento de la proporción de la producción animal implica que la dieta promedio de la población mejoró, lo que no es posible sin una mejora de la producción per capita (al ser la balanza agraria positiva).

Por ello, tanto desde la vertiente del consumo como desde la vertiente de los datos de contexto de la producción, podemos concluir que la producción agrícola per capita en los años 1960 y 1970 fue claramente superior a la de los años 30, contrariamente a lo que señalan el índice de Prados y las series de producción fisica. ¿Pero desde cuándo y en qué volumen? Para contestar a esta pregunta, tenemos los datos siguientes: 1) Sabemos por Prados que ya en 1950 la proporción de producción animal superaba el valor de 1929/33, 2) Sabemos igualmente, por la figura III-2, que el consumo de pan en 1952 era no solo inferior al de 1935, sino que la velocidad de descenso de dicho consumo era muy superior a la de los años de preguerra 3) El año de 1952 fue el primero del siglo XX en que la exportación de trigo superó a la importación, señal clara de que el descenso en el consumo de pan no se debía a dificultades de suministro sino a falta de demanda por saturación. Podemos deducir que la producción agraria por persona en 1952 era como mínimo igual a la de preguerra, y muy probablemente dicha equiparación tuvo lugar bastante antes, dada la velocidad de descenso en el consumo de pan que se registra ya en 1952.

En consecuencia, deducimos que las series de producción física agrarias previas y posteriores a la Guerra no están correctamente engarzadas, bien siendo los valores oficiales anteriores a 1935 superiores a los reales, bien los de los años 1950 inferiores. Dado que la encuesta de consumo en los años 50 coincide muy sustancialmente con los datos de consumo calculados a partir de las series de producción, concluimos que las series anteriores a 1935 deben modificarse a la baja, de modo que la media del VAB Agrario per capita de los años 1950-60 coincida con el VAB Agrario per capita del año más alto de la República, que es 1932. Esta corrección es la más ligera posible compatible con la coherencia de los datos de contexto, y equivale a disminuir el VAB Agrario de 1935 en un 6,8%. Según esta hipótesis, la produccion agraria promedio de los años 1940-45 fue un 4% inferior a la de los años 1934-35, en tanto que la de los años 1945-50 fue un 6% superior. ¿Son razonables estas cifras? Para obtener una respuesta, vamos a analizar tres argumentos que se presentan con frecuencia como pruebas del bajo nivel de producción agraria de la España de los 40: el consumo de abonos químicos, las importaciones de trigo de la Argentina en los años 1947-48, y el mantenimiento del racionamiento hasta 1951.

La utilización de abonos químicos, que es un buen indicio del nivel de desarrollo de la agricultura, se presenta en la tabla III-2. El nivel de utilización de abonos del año 1935 se aIcanza entre los años 1945 y 1950, sin que las estadísticas ofrezcan datos para los años intermedios, y siendo el nivel de 1950 un 38% superior al de 1935. Una interpolación lineal sugiere que el nivel de abonado químico de 1935 se alcanzó en 1947-48. Teniendo en cuenta que en los años 40 el volumen de mano de obra agrícola fue superior al de la década de los 30, lo que podría compensar un menor aporte de abonos hasta el entorno de 1947-48, podemos concluir que es verosímil que la producción agraria en los años 1945-50 fuera un 6% superior a la de la República, como resulta del nuevo índice.

Tabla III-2. Utilización de abonos, años 1935-55 (17)

Años Abonos nitrogenados (Tm) Nitrógeno equivalente (Tm) Abonos fosfóricos (Tm) Fósforo (P2O5) equivalente (Tm) Potasio (K2O) equivalente (Tm) l Abono total (Tm)
1935 632.246 101.1591 607.924 109.426   210.585
1945   11.373 81.203 30.719 123 295  
1950   86.931   151.558 52.268 290.757
1955   178.826   224.073 54.607 457.506

La importación de trigo argentino en los años 1947-48 fue percibida en su momento como una salvación de la escasez que se avecinaba, y parece por lo tanto incompatible con una producción agraria por habitante similar (un 1% inferior de acuerdo con el nuevo índice) al quinquenio republicano. Sin embargo, los datos oficiales reflejan que la importación de trigo en los dos años referidos fue de tan sólo un 10% de la producción (18), proporción que podemos reducir a un valor real del 7% (ocultación de un 40% de la produccion). Este volumen de importación es similar a la desviación típica en el consumo de harina durante el quinquenio de la República (6%), y equivale a las oscilaciones naturales de las cosechas de la época, con efectos prácticos reducidos. El Protocolo Franco-Perón tuvo relevancia desde un punto de vista psicológico, pero apenas desde la perspectiva del abastecimiento alimenticio.

En cuanto al racionamiento, ¿por qué se creó éste y se mantuvo hasta 1951 si la producción agraria por persona fue similar a la de la República desde mediados de los años 40? La respuesta es que la producción promedio por habitante del primer quinquenio de los 40 fue un 9% inferior a la de 1931-35, lo que explica la relativa escasez de aquellos años y la necesidad de acudir a medidas excepcionales como el racionamiento para proteger a la población económicamente menos favorecida. Que los poderes públicos fueran reacios a levantar el racionamiento no puede sorprender cuando las estadísticas oficiales señalaban en 1950 una producción agrícola por habitante un 39% inferior a la de 1932 (19), ya que si dichas cifras hubieran sido correctas la desaparicion de la cartilla hubiera significado una verdadera catástrofe. Precisamente la mejor prueba de que las series de producción física agraria previas a 1951 no son fiables es que la supresión del racionamiento no provocó el desabastecimiento que hubiera sido inevitable si dichas cifras hubieran sido fidedignas.

El nuevo índice de producción agraria propuesto indica que el VAB agrario aumentó un 21% entre 1940 y 1950, en tanto que Prados propone un aumento nulo en dicha década. Si lo comparamos con el crecimiento de la población activa en el sector, que fue del 12%, obtenemos un aumento de la productividad del 0.8% anual, dato muy modesto al partirse de productividades muy bajas en 1940, pero que entra dentro de lo posible.

En resumen, el nuevo índice proporciona un nivel de verosimilitud mayor que las series preexistentes y, pese a la dificultad de conseguir datos fiables en el sector agrario, proporciona una imagen cualitativamente fiel del desarrollo del mismo entre los años 1929 y 1958.



IV. Sector industrial y construcción

Prados elabora un índice agregado del sector industrial y de la construcción, en el que nos basaremos introduciendo algunos cambios. El índice del sector industrial de Prados es notablemente más completo que las estimaciones precedentes, entre las que destaca la de Carreras, en su obra citada. A pesar de esta superior elaboración, el índice de Prados muestra un incremento del VAB Industrial de tan solo un 24% entre 1940 y 1950, y permanece en este último año todavía un 12% por debajo del máximo de preguerra. Estas cifras no son compatibles con otros datos disponibles, como el aumento de la población activa industrial o el propio crecimiento de las series más contrastadas de producción física.

La población activa industrial crece un 35% (20) entre 1940 y 1950, y por lo tanto, si ambos datos fueran correctos, tendríamos que aceptar una disminución de la productividad de la mano de obra industrial del 9% en la década, dato dudoso si tenemos en cuenta que la productividad en 1940 fue a su vez muy baja, un 20% inferior a la del año 1930, y es dificil pensar que pudiera seguir descendiendo una vez restablecida la paz. ¿A qué se debe que los datos de Prados para el desarrollo industrial de la década de los 40 sean los más bajos publicados, al mismo nivel que los de Schwartz, realizados con una metodología mucho más sencilla? Los motivos principales son los siguientes: l) El peso del subsector eléctrico respecto a la totalidad del sector industrial es el más bajo considerado hasta la fecha, del orden de la mitad que el utilizado por Carreras (10.71%), lo cual es muy relevante porque la industria eléctrica tuvo un enorme desarrollo en aquellos años; 2) Prados utiliza los pesos del VAB Industrial de 1958 para ponderar los subsectores industriales durante la década de los 40, lo que tiende a subestimar el crecimiento.

A continuación se propone cómo resolver estos sesgos. En primer lugar, Prados estima el peso del sector eléctrico en base a las tablas input-output de 1958, lo cual es razonable para 1958, pero no para 1929 y los años intermedios. En este aspecto las estimaciones de Carreras son más verosímiles, ya que da un peso a dicho subsector del 10.26% en 1929, mucho más ajustado a la realidad, lo que aconseja utilizar las series de Carreras entre 1929 y 1958 en lugar de las de Prados. Para los años 1936-39 utilizaré los datos de Prados, dado que Carreras no los incorpora. En segundo lugar, no parece óptimo ponderar la industria de 1940 con los pesos de 1958, cuando tanto el volumen como la estructura industrial de la España de 1940 estaban mucho más próximos a los de 1929 que a los de 1958. A pesar de esta mayor cercanía entre 1940 y 1929, utilizaré un índice neutral, en este caso la media geométrica de los índices con base 1929 y 1958 de Carreras (denominados IPIES29 e IPIES58) para el período 1929-1958.

Los resultados se presentan en la tabla IV-l, y arrojan un incremento del VAB Industrial del 34% entre 1940 y 1950, lo que corresponde a una mejora nula de la productividad del factor trabajo en la década, muy baja pero no inverosímil. El nivel de 1950 equivale a un incremento del 3% respecto al año más alto de preguerra, que es 1930, lo cual parece escaso a la vista de la evolución de los principales índices, pero entra dentro de !o posible.

Tabla IV-1. Crecimiento del VAB Industrial en España, 1900-1958

Años Prados Nuevo Indice
1920-30 54% 57%
1930-35 -11% -10%
1935-40 -22% -14%
1940-50 27% 34%
1950-58 84% 94%

El índice del sector de la construcción que propone Prados se basa en la agregación de tres subíndices, el más relevante de los cuales, que corresponde a la construcción residcncial, sc elabora teniendo en cuenta la variación en el número de viviendas entrc años censales. Los datos entre años censales se obtienen por interpolación entre los años extremos a crecimiento constante. Este índice no parece apropiado para un periodo inmediatamente anterior o posterior a una guerra, ya que tanto la destrucción como la restauración de viviendas no aparecen recogidas en el mismo. Por consiguiente se propone la elaboración de un nuevo índice entre 1929 y 1950 del subsector de construcción residencial, basado en el consumo de cemento: Para ello ajustamos el consumo de cemento con el índice de Prados entre 1950 y 1958, cuando las reconstrucciones debidas a la guerra se estiman finalizadas, y dicho ajuste se extrapola hacia atrás hasta 1929 (21). A partir de 1950 utilizo el índice de construcción residencial de Prados. El resultado obtenido se integra con los Indices de los restantes subsectores de acuerdo con los datos de Prados, y los crecimientos del nuevo índice de la construcción se presentan en la tabla IV-2. El nuevo índice muestra una caída de la actividad más ligera tanto en los años de la República como durante la guerra, así como una recuperación más suave durante los años 40. Asimismo, el crecimiento del nuevo índice entre 1940 y 1950 es tan solo del 16%, lo que parece bajo para un periodo de reconstrucción.

Tabla IV-2. Crecimiento del sector de la construcción, 1920-58

Años Prados Nuevo Indice
1920-30 137% 156%
1930-35 -32% -11%
1935-40 -26% 0%
1940-50 39% 16%
1950-58 91% 91%

Lo más destacable del nuevo índice es que la actividad del sector de la construcción en 1940 era ya igual a la del año 1935, o lo que es lo mismo, la recuperación del nivel de preguerra es inmediata. Este cálculo es, en mi opinión, más bien pesimista, ya que el consumo de cemento en 1940 fue un 17% superior al de 1935 y, por lo tanto, es probable que la actividad en 1940 fuera claramente superior a la de 1935.



V. Sector servicios

La nueva estimación del sector servicios se basa, como los índices anteriores, en la obra citada de Prados, quien divide el sector servicios en 8 subsectores, que son: educación y sanidad, Administración Pública, comercio, alquiler de viviendas, banca y seguros, transporte y comunicaciones, profesiones liberales y servicio doméstico. Considero correctas, y por lo tanto utilizo sin modificación, las series de alquiler de viviendas y banca y seguros, así como la ponderación calculada por Prados para cada uno de los subsectores. Los cambios introducidos son los siguientes:

1. Para la generación de las series entre los años base de 1929 y 1958, se utilizarán las medias geométricas de los índices basados en las ponderaciones de los años extremos, es decir, la media geométrica de los índices con pesos de 1958 y 1929 para los años 1929-58.

2. Prados calcula la serie de educación y sanidad tomando como base los gastos de educación primaria de la Administración publicados por Comín (22) deflactados por un indice de precios al por mayor, al que da peso 1, el número de estudiantes de bachillerato, al que da peso 2, y el número de estudiantes universitarios, al que da peso 3. Lo más adecuado sería substituir el estimador de enseñanza primaria por el número de alumnos de primaria, pero Prados prefiere no hacerlo debido a la inconsistencia de dicha serie, lo que es correcto. Sin embargo, es preferible seleccionar otro indicador de la enseñanza primaria que no requiera la utilización de deflactores, dado que, como señala Naredo es bien conocido que los sueldos de los funcionarios, que componen la mayor parte de la rúbrica de los gastos de enseñanza, crecieron mucho menos que la inflación durante la década de los 40. En consecuencia, he construido una nueva serie, utilizando como indicador del número de alumnos de primaria el número de maestros (23), que es un dato fiable. A dicho estimador de alumnos en ensenanza primaria sumamos los alumnos de Bachillerato con peso 2, y los alumnos universitarios con peso 4. El nuevo índice muestra un crecimiento del 17% entre 1940 y 1950 y del 34% entre 1950 y 1958, más verosímil que el de Prados, que presenta un crecimiento del 4% entre 1940 y 1950 (recordemos que el número de estudiantes de bachillerato aumentó en un 41%, y el de universitarios en un 37%), y de un 135% entre 1950 y 1958, que probablemente no fue tan elevado.

3. Para la serie de Administración Pública, Prados utiliza los datos de gastos de personal de las Administraciones Públicas dados por Comín, deflactados por un índice de precios al consumo. Este cálculo adolece de la misma carencia señalada en el caso de la serie de enseñanza, a saber, que los sueldos de los funcionarios no tienen por qué crecer de modo armónico con la inflación y, de hecho, es muy probable que crecieran mucho menos en la década de los 40 que los precios. En consecuencia, procede elaborar un índice que no dependa, en la medida de lo posible, de los datos de gastos corrientes. Para el periodo 1920-1940, dado que existen datos censales del número de funcionarios, asumo la hipótesis de que los gastos corrientes de las Administraciones son función lineal del número de funcionarios, interpolando a crecimiento constante entre los años censales. El fuerte crecimiento en el número de militares entre el Censo de 1930 y el de 1940 se distribuye linealmente entre 1936 y 1939, aproximación que no toma en consideración la Ley Azaña. Para la década de los 40, es necesario utilizar los datos de gastos corrientes, al no existir otro indicador, y por lo tanto debemos seleccionar un índice de inflación. Naredo propone utilizar un deflactor de 2.0 entre los años 40 y 50 para los sueldos de los funcionarios, en tanto que Prados utiliza un valor de 2.83. Los datos disponibles no permiten hacer un cálculo preciso de este deflactor, pero las dos estimaciones que he realizado indican que el valor real es muy similar a la cifra de Naredo: si dividimos los gastos en enseñanza primaria dados por Comín entre 1940 y 1950 por el número de maestros (24), el deflactor obtenido es de 2.28; y si dividimos los gastos de la Guardia Civil y de la Policía, asimismo de Comín, entre el número de dichos funcionarios (obtenido en los Censos), el deflactor es de 1.83. Dado que el valor del deflactor obtenido a través del sueldo de los maestros está disponible para todos los años ente 1940 y 1950, en tanto que el deflactor de las fuerzas de seguridad sólo existe para los años censales, he preferido utilizar el primero para los años 1940-50, pero corrigiéndolo de forma que el deflactor total de la década sea la semisuma de ambos, es decir, 2.05. Para los años 1950-58 he utilizado la serie de Prados, ya que a partir de 1952 los salarios de los funcionarios siguen aproximadamente el índice de inflación, de acuerdo con Naredo. Los crecimientos que señala el nuevo índice aparecen en la Tabla V-l adjunta, y puede observarse que la mayor discrepancia con Prados aparece en los años 1930-40; Prados estima que casi todo el crecimiento del gasto tuvo lugar durante la República, en tanto que el nuevo índice refleja que el aumento del gasto público tuvo lugar fundamentalmente durante la guerra, como consecuencia del crecimiento de los efectivos militares. También existe una discrepancia durante la década de los 40, en que el nuevo índice muestra un comportamiento estable (aumento del 3%), en tanto que Prados propone una disminución del 24%.

Tabla V-l. Crecimiento del gasto corriente de las Administraciones Públicas

Años Prados Nuevo Indice
1930-35 46% 2%
1935-40 14% 48%
1940-50 -24% 3%
1950-58 90% 86%


4. El índice de comercio utilizado por Prados es una suma ponderada y filtrada de los valores del producto bruto industrial, agrario y de la importación de bienes. He mantenido dicho índice, utilizando los nuevos valores obtenidos para la producción agraria e industrial. Los valores de importaciones proceden de Tena (25).

5. Para el índice de transporte y comunicaciones utilizo la serie completa de Prados, con la excepción del índice de transporte terrestre entre 1940 y 1950. Entre 1911 v 1950 Prados crea un índice que es la media geométrica del stock de vehículos y de la longitud de carreteras. En mi opinión este índice es poco adecuado para los años 40, ya que en dichos años el transporte se vio muy limitado por la disponibilidad de combustible, que fue un factor mucho más significativo que la longitud de carreteras. En consecuencia, entre 1940 y 1950 he sustituido el índice de transporte terrestre de Prados por un índice que refleja el consumo de combustible por carretera (26). En la tabla IV-l se muestra el comportamiento de este índice v se compara con el de Prados.

Tabla V-l. Índice de transporte por carretera 1940-1950

Años Indice Prado Nuevo Indice
1940 50,85 22,94
1941 46,22 16,81
1942 43,47 6,40
1943 42,58 12,75
1944 41,57 9,92
1945 39,41 13,84
1946 36,53 21,75
1947 33,69 33,05
1948 32,69 25,13
1949 34,63 34,61
1950 35 82 35,82

El nuevo índice muestra una caída entre los años 1941 y 45, en consonancia con los problemas de abastecimiento generados por la Guerra Mundial, y un incremento del 56% ente 1940 y 1950, valor elevado pero posible al desaparecer las restricciones de abastecimiento, en tanto que el índice de Prados señala una caída del 30% entre ambos años, dato incompatible con un incremento del 49% en el consumo de combustible. El índice completo de transporte y comunicaciones se reconstruye en base a los datos de Prados, incluyendo en los mismos el nuevo índice de transporte terrestre.

6. Tanto para el índice de las profesiones liberales como para el del servicio doméstico, Prados se apoya en las series censales disponibles del número de personas en dichos sectores, e interpola entre años censales a crecimiento constante. Mi nuevo índice es conceptualmente idéntico al de Prados, pero los resultados obtenidos son distintos, ya que Prados realiza algunas extrapolaciones en la década de los años 30 que no he seguido.

El nuevo índice desarrollado para el sector servicios completo se muestra en la figura V-2, junto al índice de Prados. Las diferencias principales son las siguientes: 1) El nuevo índice muestra un incremento nulo ente los años 1929 y 1935, en tanto que Prados, tras un ligero estancamiento entre 1929 y 1931 muestra entre l931 y l935 un crecimiento similar al de los años l921-1929. 2) La caída debida a la guerra es mucho más suave en el nuevo índice, en gran parte porque considera el aumento de gasto corriente del Estado, que Prados no incorpora. 3) El comportamiento entre 1938 y l945 es similar. 4) Entre 1945 y 1955 los índices difieren considerablemente, con el nuevo índice mostrando una pauta de crecimiento regular, en tanto que Prados propone un ligero descenso entre 1945 y 1950, y un fuerte crecimiento entre 1950 y 1955 .

El nuevo índice muestra que el nivel absoluto máximo de preguerra se alcanza ya en 1942 como, por otra parte, señalan casi todos los indicadores, desde el número de estudiantes a la actividad bancaria pasando por el número de profesionales liberales o de funcionarios, en tanto que Prados retrasa dicha equiparación hasta el año 1945, en que la actividad bancaria era ya un 76% superior a la de 1935. Como verificación adicional, la población del sector servicios aumentó un 29% entre 1935 y 1950 (Naredo), a comparar con el aumento del 27% del nuevo índice, lo que implica un crecimiento de la productividad del sector prácticamente nula, y es verosímil.



VI. Producto Interior Bruto

El Producto Interior Bruto entre 1929 y 1958 se obtiene a partir de la agregación de los índices anteriores, que representan la evolución de los diversos sectores económicos Para realizar la agregación, Prados pondera los tres sectores analizados (agrario y pesquero, industrial y construcción, y servicios) con los pesos que tienen en la Contabilidad Nacional de 1958. Como en ocasiones anteriores, para el nuevo índice hubiera sido deseable utilizar la media geométrica de las series ponderadas con los pesos de cada sector en 1958 y 1929, pero en este caso no dispongo de estimación para el año 1929, y por lo tanto seguiré a Prados utilizando los pesos de 1958.

Para los años 1958-62, no he podido realizar un estudio desglosado sector a sector como entre 1929 y 1958, ya que Prados únicamente extiende su análisis hasta 1958, como ya he señalado. Sin embargo, según las cifras de crecimiento oficial del PIB en 101 años, para 1959 y 1960 están claramente subestimadas, en palabras de Schwartz: «Mi estimación ... no muestra una caída absoluta del PIB en 1959-1960. ... No sé cómo llegaron los estadísticos del Consejo Nacional de Economía y del Instituto Nacional de Estadística a descubrir una caída absoluta del producto, pero tal caída no aparece en las cifras de base». En efecto, la estimación oficial del crecimiento del PIB (27) entre 1958 y 1959 muestra un descenso de 11.836 Mptas de 1958 (-2.1%), que casi en su totalidad proceden del subsector comercio, que baja 11.140 Mptas, un 18%. Este brutal descenso del comercio es dificil de entender, dado que tanto el sector primario como el industrial y las importaciones aumentaron en dicho año y, como es lógico, tuvieron que comercializarse, salvo que queramos admitir un aumento considerable de stocks que nada parece sugerir. La subestimación oficial del crecimiento en los años 1959-60 se confirma por la cifra de crecimiento del PIB en el bienio 1960-62, que fue del 22%, la más alta de la Historia de España, y que en mi opinión incorpora parte del crecimiento subestimado en los años 1959-60. Por lo tanto, tomaremos como crecimiento de los años 1959 y 1960 la estimación de Schwartz (3.9% en 1959 y 3.2% en 1960), que se apoya en la evolución de las series de producción física, y restaremos de los crecimientos del bienio 1961-62 una cifra equivalente, de modo que el PIB de 1962 coincida con la serie dc Prados.

La evolución del Producto Interior Bruto estimado entre 1929 y 1962 se muestra en la tabla VI-l, donde aparecen los índices sectoriales del sector primario (agricultura y pesca), del sector secundario (industria y construcción), y sector servicios, junto con el PIB al coste de los factores, todos ellos con índice 100 en 1958. En la figura VI-l se representan conjuntamente las estimaciones de Prados y del Nuevo Indice sobre la evolución del PIB entre 1929 y 1962, para permitir una comparación detallada. En la tabla VI-2 aparece la nueva estimación en perspectiva con las precedentes, ya analizadas en nuestro apartado II. En la segunda línea se presenta la caída de producción debida a la guerra, y en las dos líneas últimas aparece el crecimiento anual en cada una de las décadas de los años 40 y 50.

Tabla VI-1. Nuevo índice entre 1929 y 1962, base 100=1958

Año   AGR IND SERV PIB
1929   80,59 48,27 52,04 57,34
1930   70,78 50,00 51,61 55,50
1931   76,17 44,90 50,70 54,55
1932   83,52 43,67 50,60 55,78
1933   75,76 43,10 52,51 54,54
1934   83,71 43,74 53,50 57,02
1935   82,66 44,95 52,04 56,62
1936   62,99 34,46 50,72 47,73
1937   66,19 29,43 47,90 45,51
1938   62,40 32,34 49,18 46,20
1939   70,38 35,43 51,56 50,14
1940   79,00 39,47 53,19 54,26
1941   76,32 34,18 53,24 53,18
1942   78,85 40,62 55,88 55,74
1943   82,53 41,21 58,09 57,71
1944   88,77 43,81 57,32 59,78
1945   74,77 41,99 60,16 57,02
   
Año   AGR IND SERV PIB
1946   88,04 46,31 61,73 62,31
1947   90,95 46,72 65,39 64,62
1948   88,66 48,45 64,29 64,26
1949   92,21 46,89 66,95 65,61
1950   95,68 51,69 67,60 68,42
1951   99,49 54,47 70,46 71,47
1952   99,03 64,69 74,85 76,83
1953   93,66 65,50 78,31 77,28
1954   98,46 70,55 81,20 81,39
1955   95,87 77,13 83,77 84,20
1956   94,14 84,06 91,27 89,34
1957   101,40 91,20 96,09 95,57
1958   100,00 100,00 100,00 100,00
1959         103,39
1960         107,22
1961         115,38
1962         123,62


Los resultados más destacables del nuevo índice son los siguientes:

* Entre 1929 y 1935 el nuevo índice muestra una ligera caída del 1%, en tanto que Prados obtiene un nivel plano. Probablemente ambas estimaciones entren dentro del nivel de error que los datos actuales permiten.

Fig.VI-1. Producto Interior Bruto 1929-1958
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* La caída debida a la guerra en el nuevo índice es muy inferior a las estimaciones precedentes, y quizás este resultado sea el más significativo del presente estudio. La caída máxima propuesta es del 20% en 1937, en tanto que Prados obtiene un 26% en 1938. Este efecto procede en buena parte de la toma en consideración del aumento en los efectivos militares, que Prados no contempla. De modo similar, en 1940 el nuevo índice señala una caída de tan solo un 4% respecto a 1935, a comparar con el 10% de la estimación más optimista hasta la fecha, que era la de Naredo. En términos internacionales, la nueva estimación es muy similar a la de Italia, que muestra un descenso del 5.2% entre 1941 y 1948 como consecuencia de la II Guerra Mundial, como señala Naredo, y es coherente con el hecho de que ya en 1940 se mejoraron tanto el nivel de producción de electricidad como la mortalidad infantil previas a la guerra.

Tabla VI-2. Estimaciones de la variación de la renta en España, 1935-60

Años CEN Schwartz Carreras Naredo Prado Alcaide Nuevo Indice
1935-40 (Tasa anual) -28%   -26% -10% -13% -17% -4%
1940-50 (Tasa anual) 1,9 1,4 1,7 3,8 1,1 2,0 2,3
1950-60 (Tasa anual) 5,9 5,6   4,7 4,4 4,9 4,6

* La recuperación postbélica que muestra el nuevo índice es muy similar a la de Naredo, ya que para ambos el nivel de 1929 se recupera en 1943 (4 años tras el final de nuestra guerra), pero difiere bastante de los restantes autores. Este ritmo de recuperación es muy similar al obtenido en otros países europeos: Italia recuperó su nivel de preguerra en 1950 (28), es decir, 5 años tras el final de la guerra, Francia en 1949 (4 años), en tanto que Alemania, que resultó virtualmente destruida, lo consiguió en 1953, es decir, a los 8 años de concluir el conflicto.

* El crecimiento del PIB en la década de los 40 obtenido es del 2.3% anual, que coincide con la media de las tres últimas estimaciones (Naredo, Prados y Alcaide). Es de destacar que este crecimiento es similar al conseguido en la década de los años veinte (2.7%), la más floreciente del siglo hasta los años cincuenta.

* El resultado para los años 50 (crecimiento del 4.6% anual) coincide asimismo con la media de las 2 últimas estimaciones (Prados y Alcaide).

* Entre 1958 y 1962, el nuevo índice muestra una desaceleración del crecimiento en 1959-60 (3.5% anual a comparar con el 4.9% de los años 1950-58), y cifras algo superiores al 7% anual en 1961-62, en tanto que Prados, siguiendo los datos oficiales, propone un descenso en 1959, estabilidad en 1960 y cifras superiores al 11% anual en el bienio 1961-62.

Figura VI-2. Estimaciones de la renta de España, 1960=100
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Con el fin de ofrecer una perspectiva más gráfica de las distintas estimaciones, se presentan las mismas en la figura VI-2, donde aparecen únicamente los años clave: 1935, 1940, 1950 y 1960 por mayor claridad. Los diversos índices se han homogeneizado dando un valor 100 al año 1960, que es el mejor conocido. Dado que la estimación de Carreras concluye en 1958, he completado su índice hasta 1960 con la estimacion de Prados. En la figura VI-2, puede verse que el nuevo índice ocupa una posición intermedia respecto a las estimaciones previas, tanto en 1950 como en 1940, en tanto que para 1935 la estimación es «pesimista», a medio camino entre las de Naredo y Alcaide. Las cifras de los diversos autores para la España de 1935 difieren notablemente, ordenándose las estimaciones de la siguiente manera, en función de su visión «optimista» del año 1935: Carreras (78% del nivel de 1960), Prados, CEN, Alcaide, Nuevo Indice y Naredo (49% del nivel de 1960). La diferencia entre las estimaciones límite para 1935 es del 61%, lo que es una muestra del velo de incertidumbres que todavía cubre nuestro pasado más reciente.



VII. Situación de España en Europa

El indicador más utilizado para medir la posición de España respecto la Europa más desarrollada es la renta per capita relativa entre nuestra patria y el conjunto de la UE. Este índice se utiliza incluso para evaluar la relativa eficacia con la cual nuestros sucesivos gobernantes han cumplido uno de sus fines básicos, a saber, impulsar y conseguir el progreso económico. En mi opinión, sin embargo, dicho indicador no mide adecuadamente el éxito de la política económica, y ello por un motivo evidente: imaginemos que unos gobernantes, como los de la España de los años 40 y 50, consiguieran reducir eficazmente la mortalidad general, y como consecuencia de ello aumentara el número de personas mayores de 65 años. Desde el punto de vista de la evolución de la renta per capita, el índice presentaría lo que es una mejora evidente como un empeoramiento, al crecer el número de habitantes sin que los mismos, al estar jubilados, aportaran renta alguna. Lo mismo puede decirse de la natalidad: si en un periodo histórico ésta disminuyera de modo brutal, como en España en la actualidad, la renta per capita aumentaría, al haber menos población infantil, sin que ello representara éxito alguno, antes bien al contrario. Por ello propongo utilizar como índice de nuestra posición en Europa, y del mayor o menor éxito de la política económica de los sucesivos gobernantes y de las diferentes generaciones de españoles, no la renta per capita, sino el volumen global de la producción española, el PIB, medido respecto al PIB global de la UE. Este indicador refleja de modo preciso la eficacia de la actuación económica año a año, y no se ve sesgado por otros efectos, como los ya citados de la natalidad o la esperanza de vida.

Para definir la posición de la década de los años 40 dentro de la historia económica de España, en la figura VII-l se presenta el volumen económico de España comparado con el volumen medio de los once países de la UE (29) para los cuales existen datos desde 1900. Un valor de 100 significaría que el peso económico de España sería igual al promedio de los once países considerados; el nivel absoluto no es significativo, ya que faltan precisamente los países menos desarrollados (Grecia, Irlanda, Portugal) y Luxemburgo, y por lo tanto si los incluyéramos dicho nivel absoluto aumentaría. Por el contrario, las variaciones relativas son muy representativas, y serían casi iguales si la comparación se hiciese únicamente con los cuatro grandes países europeos (Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia).

Figura VII-l Peso económico de España dentro de Europa en el siglo XX


La figura VII-l indica, en términos generales, que el peso relativo de la economía española en relación a Europa se ha mantenido (con la breve excepción de los años comprendidos entre 1936 y 1941 en que dicho valor descendió hasta el 50%) entre el 58% y el 77% de lo que podríamos llamar el país «tipo» europeo, desde principios del siglo XX hasta el llamado milagro económico español de los años sesenta y primera mitad de los setenta, en que dicho peso se elevó hasta muy cerca del 100%, donde ha permanecido desde entonces, con altibajos. Un análisis un poco más detallado revela las siguientes pautas: Ligero descenso entre 1900 y 1905, estabilidad entre 1905 y 1917, rápido ascenso de 10 puntos entre l9l7 y 1920 como consecuencia de la crisis europea, mantenimiento entre 1920 y 1935, muy rápido descenso de 18 puntos entre 1935 y 1937 causado por la guerra española y la excepcional recuperación europea tras la depresión de los años 1929-34, estabilidad entre 1937 y 1939, fuerte ascenso de 26 puntos entre 1939 y 1946 debido a la recuperación postbélica española y las destrucciones de la guerra mundial en el resto de Europa, rápido descenso de 12 puntos entre 1947 y 1950 debido a la recuperación postbélica en el resto de Europa, estabilidad entre 1950 y 1964, crecimiento intenso y continuado de 30 puntos entre 1964 y 1975, y estabilidad desde entonces. En resumen, la posición de España en Europa a lo largo del siglo XX ha pasado desde valores del orden del 65% del país tipo en 1900 hasta valores del orden del 100% en 2000, lo que equivale a un ascenso superior al 50%, relevante en términos históricos, aunque lo más extraordinario haya sido que la totalidad de dicho ascenso tuviera lugar en tan solo 11 años, los que van de 1964 a 1975. A pesar de que los datos disponibles son únicamente indicativos, es muy probable que el peso de España en Europa haya seguido una senda descendente siglo a siglo desde el XVII hasta el XIX, y en dicha perspectiva los resultados del siglo XX cobran todo su valor.


El comportamiento de España entre los años 1950 y l960 requiere un análisis adicional. De acuerdo con los datos de Maddison (que proceden de Prados en el caso de España), nuestro país tuvo un desarrollo muy elevado en la década de los 50, sólo superado dentro de la UE por Alemania, Austria, Italia y Finlandia. ¿Cómo es posible entonces que en la citada figura la posición de España en Europa permanezca estable durante la década de los 50? La explicación es que los tres países derrotados, Austria, Alemania e Italia, tuvieron una recuperación postbélica excepcional, hasta el punto de que todos los países restantes perdieron peso en Europa durante la década citada. Al utilizar mi nuevo índice, la situación no cambia, ya que el crecimiento global de la década de los años 50 es igual en ambas estimaciones (57%), aunque el perfil sea ligeramente diferente. En resumen, aunque el peso de España en Europa no cambió durante la década de los 50, nuestro desarrollo económico fue superior al de la mayoría de los países de la UE.

En lo que se refiere a los años 40, la década comienza en un entorno de pobreza relativa excepcional, consecuencia de la guerra. A lo largo del primer lustro España supo aprovechar con eficacia su privilegiada posición de país en paz, consiguiendo que en 1946 el peso economico de nuestro país en Europa fuera el más alto desde principios de siglo (y probablemente también desde mucho antes) hasta entonces. Esta privilegiada posición no pudo durar al producirse la recuperación europea de posguerra, que nos llevó a una disminución de nuestro peso relativo. En el conjunto de la década España tuvo un ascenso relativo de 7 puntos, equivalente al 12%.

Una pregunta que se formula con frecuencia y que intentaremos responder es: ¿Tuvo nuestra guerra y la posterior recuperación postbélica española un impacto más doloroso que la europea? La asincronía entre la guerra de España y la europea dificulta la realización de una comparación directa de los efectos de ambos conflictos bélicos sobre nuestra posición relativa en Europa. Un indicador potencialmente válido de la misma podría ser el cambio de nuestro peso relativo entre 1935, antes del inicio de ambas guerras, y 1950, cuando ya se había producido la recuperación postbélica europea (con la excepción de Alemania). El resultado de este indicador es que en 1950 habíamos alcanzado tan solo el 90% del nivel que teníamos en 1935, lo que podría sugerir que la recuperación postbélica española fue más lenta que la europea. Este no es el caso, sin embargo, ya que la pérdida de posiciones procede de la expansión excepcional de los países europeos entre 1935 y 1939, que fue del 17%, como consecuencia de la recuperación de la depresión de los años 1929-34. Este excepcional crecimiento invalida dicho indicador como medida del impacto de ambas guerras, ya que corresponde a una expansión europea antes del arranque de la II Guerra Mundial. En mi opinión, la forma de contestar dicha pregunta es comparar el volumen del PIB europeo y español un decenio después de iniciarse los conflictos respectivos, cuando en ambos casos la recuperación de los niveles de preguerra era ya un hecho. De acuerdo con esta medida, en 1945 el PIB español era 1% superior al de 1935, y el de los once países europeos era en 1949 asimismo un 1% superior al de 1939. Si dicha medida la prolongáramos un año más (1946 en España y 1950 en Europa), el resultado seguiría siendo análogo (crecimiento del 10% en España y del 9% en Europa). Podemos concluir que los efectos de las respectivas guerras y sus subsiguientes recuperaciones fueron muy similares.

El hecho de que la posición relativa de España respecto a Europa en 1950 fuera tan solo el 90% del valor que tenía en 1935 ha sido probablemente el factor desencadenante de la percepción catastrofista con que se ha estimado la década de los 40 y que recogíamos al inicio de este trabajo en las opiniones de algunos de nuestros más destacados autores. Es importante señalar que dicha pérdida relativa se debió al crecimiento excepcional en Europa durante los años 1935-1939, al concluir la depresión de los años 1929-34, y no a la década de los 40, como creo haber demostrado.



IX. Conclusión

La década de los años 30 concluyó en España en un contexto verdaderamente dificil, con valores de renta per capita propios del siglo XIX, una economía parcialmente destruida, graves dificultades de aprovisionamiento exterior y amenaza de guerra mundial. A pesar de esta situación de partida, la década de los años 40 presenta, contrariamente a lo que solía pensarse, un balance claramente positivo: la mejora del bienestar fisico más importante de nuestra reciente historia, un crecimiento económico similar al de los años 20 y, tras evitar la intervención en el conflicto europeo, recuperar el peso económico de España en Europa y situarlo en un valor equiparable al promedio del tercio de siglo anterior a nuestra guerra.



G. Fernández de la Mora y Varela

NOTAS

1 París Eguilaz, H.: 50 años de economía española, 1930-1980, ed. Sucs. J. Sánchez de Ocaña y Cía, S.A., 1981.

2 Schwartz, P.: El producto interior bruto de España de 1940 a 1960, Instituto de Estudios Fiscales, 1977.

3 Carreras, A.: La producción industrial española, 1842-1981: Construcción de un índice anual, en «Revista de Historia Económica», año II, n.º 1-1984.4 Alcaide Inchausti, Distribución sectorial, personal y factorial de la renta, en «España Economía: Ante el Siglo XXI», ed. España Calpe, 1999.

5 Prados de la Escosura, L.: Spain Gross Domestic Product, 1850-1993: Quantitative Conjectures, «Papeles de Trabajo de la Universidad Carlos III, 95-05,1995.

6 Velarde Fuertes, J.: Dos siglos para converger con Europa, en «Razón Española», núm. 110, noviembre-diciembre 2001.

7 La mortalidad infantil depende poco de la medicina y mucho de tres elementos que actúan uno tras otro en las sucesivas etapas de desarrollo: la potabilización del agua, el volumen de la alimentación y, en una última etapa, la calidad de la dieta. Dado que estos tres elementos están muy relacionados con el nivel de vida, la elasticidad de la mortalidad infantil respecto de la renta es muy alta, para algunos autores superior a –1 (lo que, para la década de los cuarenta sugiere un incremento del nivel de vida cercano al 41%). Para una buena revisióin, ver Frech III, H. E. and Miller, R.D. Jr.: The productivity of Health Care and Pharmaceuticals: An International Comparison Economics Departament, University of California, Santa Bárbara, California, 1997.

8 Fuente: INE y laboración propia.

9 Consejo de Economía Nacional: La renta nacional de España 1940-1964, Madrid, 1965.

10 Carreras, A.: Gasto nacional bruto y formación de capital en España, 1849-1958: primer ensayo de estimación en P. Martín Aceña y L. Prados de la Escosura (eds.), La nueva Historia Económicaen España, Madrid, Tecnos, 1985.

11 Naredo, J.M.: Crítica y revisión de las series históricas de renta nacional de la postguerra, «Información Comercial Española», n.º 698, 1991.

12 Alcaide Inchausti, J.: Distribución sectorial, personal y factorial de la Renta, en «España Economía, ante el siglo XXI», Espasa Calpe, 1999.

13 La metodología de Prados tiene un sesgo para los años 1929-42, ya que utiliza para los mismos los precios de 1930, en lugar de aplicar una media geométrica de los años inicial y final, como hace para los restantes períodos.

14 Barciela, C.: El sector agrario desde 1936, en «Estadísticas Históricas de España», siglos XIX y XX, Fundacióin Banco Exterior, 1989.

15 Para un breve análisis de las mejoras técnicas de la agricultura española en 1960, ver Desarrollo Económico de España. Informe del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, 1962.

16 Los datos de base proceden de la obra Estadísticas Históricas de España, siglos XIX y XX, Fundación Banco Exterior, 1989. Los cereales panificables utilizados han sido el trigo y el centeno. El consumo entre 1900 y 1935 se ha calculado como la suma de producción más importación menos exportación, la cosecha se ha repartido de modo proporcional entre el año de la misma y el siguiente, y el factor de conversión de cereal a harina ha sido de 0,72. Los datos entre 1952 y 1970 son los de la encuesta de consumo de productos alimenticios de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Agricultura, que se inicia en 1952, por lo que no han podido presentarse los años 1936-1951.

17 Los datos de 1935 proceden de París Eguilaz, H.: El desarrollo económico español 1906-1964, Madrid, 1965, y los de los restantes años de la obra citada de Carlos Barciela. El factor de conversión de abono nitrogenado en nitrógeno es de 0,16 y el de abono fosfórico en P2O5 de 0,18.

18 La importación total (incluyendo no sólo el trigo de Argentina) en 1947 fue de 299.968 Tm para una producción oficial de 3.180.000 Tm., y de 333.179 Tm. en 1948, para una producción de 3.275.000 Tm.

19 En el Anuario Estadístico de 1951 se incluye una recopilación de datos que cubre la primera mitad del siglo XX. Al valorar la producción agrícola de 1949 (último año disponible), se le asigna un valor un 28%, inferior al de 1932. En anuarios posteriores se indica que la producción agrícola de 1950 fue un 1% inferior a la de 1949, por lo que resulta una producción agrícola oficial por habitante en 1950 un 39% inferior a la de 1932. Hay que recordar que la decisión de suprimir el racionamiento se tom´ò antes de conocer la cosecha de 1951, que en todo caso aparece en las estadísticas con un valor per cápita un 18% inferior al de 1932.

20 Nicolau, R.: La población, en Estadísticas Históricas de España, siglo XIX-XX, Fundacióin Banco Exterior, 1989.

21 El ajuste obtenido es bueno, con R2=0,992; nuevo índice = 0,7896*Cemento+19,64, siendo Cemento el índice de producción de cemento Portland, con 1958=100.

22 Comín, F.: El sector público, en Estadísticas Históricas de España, siglos XIX y XX, Fundación Banco Exterior, 1989.

23 El número de maestros procede de los Anuarios del INE. El indicador de enseñanza primaria se ha construido transformando el número de maestros en alumnos promediando el número de alumnos por maestro de los años extremos, 1929 y 1958.

24 El número de maestros aparece referido al año escolar, en tanto que el presupuesto se construye sobre el año natural. para ajustar ambos, asigno 4 meses del año escolar al año de inicio del curso, y los ocho meses restantes al año de terminación del mismo.

25 Tena, A.: Comercio Exterior, en «Estadísticas Históricas de España, siglos XIX y XX, Fundación Banco Exterior, 1989.

26 El indicador de consumo de combustible obtenido es la suma del gasoil destinado a «otros usos» y de la gasolina auto destinada asimismo a «otros usos», afectada esta última de un factor de 0,5, procedentes ambos de los Anuarios del INE. El ajuste se ha realizado con los datos de transporte de carretera de Prados entre 1950 y 1958, y el resultado obtenido es: Nuevo índice de transporte terrestre=0,0834*Indicador de combustible-3,563, con R2=0,993.

27 Instituto de Estudios Fiscales: La Contabilidad Nacional de España, años 1954 a 1964, Madrid, 1969.

28 Maddison, A.: Monitoring the World Economy, 1820-1992, OCDE, 1995.

29 Estos países son: Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Holanda, Suecia y Gran Bretaña. Los datos utilizados proceden de la obra citada de Maddison, con la excepción del nuevo índice de Producto Interior Bruto de España entre 1929 y 1962, que procede de este estudio. Para los años anteriores a 1929 y posteriores a 1962 en España se han utilizado asimismo los datos de Maddison, engarzando la nueva serie.



 

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