pag. principal Razón Española

LIBROS: Pedro Segura (El Cardenal de fronteras). nº 116

Comentarios de Javier Nagore Yarnoz al libro de F. Gil Delgado.

LIBROS: Who's Who of the conquistadors indice LIBROS: Les Libéraux

LIBROS: Pedro Segura (El Cardenal de fronteras)

Gil Delgado, F.: Pedro Segura (El Cardenal de fronteras), BAC, 2001, 786 págs.



Subraya acertadamente, en el prólogo a esta extensísima biografía, el director de la BAC, Joaquín L. Ortega, que hasta hoy «han llegado hasta nosotros sólo retazos aislados de la personalidad del Cardenal Segura; para unos prototipo de la intransigencia moral y de la intolerancia política; para otros, ejemplo admirable de independencia ideológica y de coherencia espiritual». Efectivamente, sólo por divulgadas y populares anécdotas la generación de españoles que vivimos la guerra de 1936-1939 y las generaciones inmediatamente posteriores, conocimos algo de la vida y obras de este Príncipe de la Iglesia. Algunas, escasas monografías -El Cardenal Segura y el Nacional Catolicismo, de Garrigues; El cardenal Segura, de Requejo- y referencias en Memorias, como las del nuncio y luego Cardenal Antoniutti, además de numerosas menciones o miscelá-neas en obras de Historia; así hasta la biografía aquí recensionada, cuyas más de 700 páginas acumulan un sin fin de datos, personales y documentales, sobre «aquella figura compleja y muy discutida -con palabra del mencionado Nuncio- de temple de diamante que no llegó a comprender la gestación de los tiempos (...); de un carácter cuya tendencia al rigorismo fue creciendo (...); esto explica la amargura de sus últimos años caracterizados por un estilo polémico y por una intransigencia inamovible en sus puntos de vista, a veces equivocados».

Esta semblanza de quien, como Antoniutti, se enfrentó en bastantes ocasiones al Cardenal Segura -pudiera calificarse de duelo dialéctico; un duelo de un florentino con un castellano viejo-, y puede reafirmarse, a mi juicio, con la lectura del libro de Gil Delgado, escrito, también a mi parecer, combinando una curiosidad minuciosísima por el biografiado con una crítica, a veces dura y poco generosa, con su pensamiento y sus obras.

La primera parte del libro está dedicada a seguir la fulgurante «carrera» eclesiástica de don Pedro Segura Sáenz, desde la «casa de los maestros» -pues lo eran sus padres- en Carazo (pueblecito de 90 vecinos, en Burgos), donde nació un 4 de diciembre de 1880, pasando por el colegio de padres Escolapios en San Pedro de Cardeña; el Seminario de Burgos (1894); la Universidad Pontificia de Comillas (1898-1908)), los doctorados; su ordenación sacerdotal (1906) y ejercicio de Párroco en Salas de Bureba (1908); de profesor en el seminario burgalés (1909), doctoral en la catedral de Valladolid (1912) y obispo auxiliar de esta ciudad (1916). Como dice el autor, su biografiado: «recorrió todo el escalafón de la carrera eclesiástica, menos el cargo de coadjutor en diez años escasos». Lo cual, pienso yo, no se explica solamente por haber pasado en «solitud» (sic) casi un tercio de su vida, ni por una «agria hostilidad hacia la secularidad mundana», ni por una tendencia «a cultivar la relación hacia las cúspides», como a lo largo de esta parte del libro presume su autor, cuyos juicios parecen a veces más propios de una lucha entre partidos políticos -«los seguristas» y los «antiseguristas»- que no de divergencias, lícitas en la Iglesia, entre los fieles.

A los treinta y nueve años, don Pedro Segura es designado para regir la diócesis de Coria, donde permanece siete años (1920-1927). Enfermo de una dolencia hepática que le acompaña por toda su vida, «sus padecimientos» no le arredraron para ir a Las Hurdes, ni para sacar a flote tres grandes proyectos: La Acción Católica, la obra de Acción Social y la
creaci
n del diario Extremadura. La visita a Las Hurdes -acompañando al rey Alfonso XIII- fue fundamental en el comienzo del desarrollo de la zona más deprimida de España. «Consiguió que vinieran carreteras, fuentes, médicos (el doctor Marañón entre otros), medicinas, levantó iglesias (...), era (el obispo Segura) autoritario, pero hacía cosas». El resultado final fue, aparte de la amistad con el rey, la creación de un Patronato que continuó la promoción y elevación de Las Hurdes, completada 50 años más tarde por Franco y su régimen.

Estas obras y otras muchas, detalladamente descritas y valoradas en la biografía de don Pedro Segura, así como la admiración que le tuvo Alfonso XIII -correspondida por aquél- le llevaron a la sede arzobispal de Burgos, donde estuvo menos de un año (11-2-1927 a 30-1-1928), aunque en ella fue nombrado Cardenal (Gil Delgado dedica bastantes páginas al relato de episodios de «pequeña política eclesiástica» en los capítulos «Visita pastoral con ampollas», «Verbena popular con espoleta retardada», de escasa entidad e interés) el 20 de diciembre de 1927 por Pío XII y trasladado a la archidiócesis primada de Toledo. Tenía el nuevo Cardenal 47 años y sucedía en la archidiócesis al cardenal Reig Casanova. Cinco días después, Alfonso XIII, ante toda la corte, le impuso en el Palacio de Oriente la birreta cardenalicia.

Los episodios más famosos de la vida del Cardenal Segura ocurrieron en sólo tres años; los de 1928-1931. En ellos pasa de ser la cabeza de la Iglesia española a ser expulsado de España por la II República. No fue ajena a la expulsión la lealtad del Cardenal a la persona del rey Alfonso XIII; lealtad que continuó toda la vida y que también le ocasionó -paradójicamente- contradicciones con Franco. Paradójicamente digo, porque Franco, también durante toda su vida, fue leal a la persona de Alfonso XIII. Por eso no comprendía la conducta del Cardenal. «Siempre me ha extrañado -decía- que el Cardenal manifieste que yo le persigo; es cosa absurda en extremo, pero jamás me ha pasado eso por la imaginación; la conducta del Cardenal Segura para conmigo es una cruz que llevo con toda resignación»*

Muchas páginas dedica el autor a los conflictos del Cardenal, tanto con los gobiernos de la II República, como con los de la época de Franco; y no cabe olvidarlo, con la misma SantaSede; unos y otros desde las archidiócesis de Toledo y de Sevilla (1937-1957).

Páginas de desigual interés, aunque todas con abundante documentación, y asimismo, de desigual calidad. Episodios verdaderamente importantes como la expulsión de España, las entrevistas con los Pontífices Pío XI y Pío XII, o la resistencia del Cardenal a renunciar a las sedes arzobispales, se mezclan sin mayor crítica valorativa, con menudos sucesos de índole de «política» eclesiástica, municipal o de cofradías religiosas sevillanas.

Puede decirse, con testimonios personales de la familia del Cardenal, no recogidos en su biografía, que aquél sirvió fidelísimamente las orientaciones de la Santa Sede, sobre todo en los primeros meses de la guerra de España en 1936-39, respecto a la supuesta orientación hacia doctrinas totalitarias del Estado.

Lo que se desprende de la lectura del libro es, sin duda, que el carácter de don Pedro Segura Sáenz apenas se dulcificó durante su vida. Un carácter recio, austero, escasamente dúctil, de lealtades incondicionadas, aunque, en ocasiones, quebradas por motivos poco razonados e, incluso, incomprensibles. Así lo juzga también su biográfo sin interiorizar conductas, a través de metáforas y alusiones que desentonan en una obra histórica y también con frecuentes interpelaciones coloquiales al personaje biografiado. Sin ellas el libro reduciría su extensión y ganaría un mayor interés.

En cualquier caso, la figura de este Príncipe de la Iglesia fue -y esto lo dijo también Franco, que ordenó se rindiesen al cadáver del Cardenal los máximos honores militares y estatales- «un grandísimo español y mucho cardenal».



Javier Nagore Yárnoz



 

LIBROS: Who's Who of the conquistadors indice LIBROS: Les Libéraux


Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.