LIBROS:
Académicos vistos por académicos
Varios
Autores: Académicos vistos por académicos. Seis
políticos españoles, ed. Academia de Ciencias Morales y
Políticas, Madrid 1996, 260 págs.
En el primer volumen de una colección que se promete
rica y densa en aportaciones históricas (con un notable
esfuerzo editorial de reproducción fotográfica,
documental y artística), la Academia de Ciencias Morales
y Políticas ha encargado a seis académicos actuales
sendos estudios sobre destacados personajes que les
precedieron en la docta institución. La estrecha
relación entre la actividad cultural y científica de la
Academia y la vida pública de sus miembros, casi siempre
decisiva, queda bien dibujada en todos los trabajos, que
amalgaman la exposición de los hitos de la vida
personal, intelectual y política de los biografiados,
con opiniones y juicios de valor que estimulan la
reflexión y la polémica; a ellos nos ceñimos en esta
breve recensión.
Tras una introducción de Enrique Fuentes Quintana, el
prólogo de Juan Velarde encuadra someramente los seis
estudios, añadiendo enriquecedores contrapuntos.
Gonzalo Fernández de la Mora sostiene que sólo Alejando
Mon (1801-1882), ministro de Hacienda bajo la presidencia
de Narváez, puede ser considerado protagonista absoluto
de la reforma tributaria de 1845: tenía capacidad y
experiencia técnicas para hacerla, y sobre todo la
responsabilidad, el respaldo y la voluntad políticas
necesarias para llevar a cabo con enerrgía una
revolución impositiva de tal calado; no así otros
miembros de la Comisión preparatoria, por lo cual
Fernández de la Mora rebate la supuesta paternidad de
Ramón de Santillán. La impronta de Mon ha quedado
también en la dotación presupuestaria para el Clero,
que él introdujo y con la cual palió los efectos de la
desamortización; con breves paréntesis, se ha mantenido
hasta hoy.
Manuel Fraga Iribarne incluye a Juan Bravo Murillo
(1803-1873) en la escuela escolástica, en polémica con
el gran Elías de Tejada, para quien sus ideas de
propiedad y de poder enlazaban más con el liberalismo de
Locke y las fantasías de Rousseau que con la filosofía
de Santo Tomás y de Suárez. El fondo de la disputa es
el concepto de «filosofía perenne», inmovilista o
ecléctico (en la terminología de Fraga); sin embargo, y
precisamente en lo que hace referencia al Derecho y a la
sociedad, la historia del pensamiento parece demostrar
que la evolución natural de dicho eclecticismo desemboca
en la negación hasta los primeros principios de la
metafísica y la política aristotélicas.
José de Posada Herrera (1814-1885) fue uno de los
iniciadores de la ciencia jurídico-administrativa en
España, y otro especialista, Laureano López Rodó,
expone sucintamente sus ideas al respecto, recogidas en
Lecciones de Administración (1845). También recorre su
multiforme y variada trayectoria pública, siendo uno de
los poquísimos prohombres del pe-ríodo isabelino que
sobrevivieron políticamente a la revolución de 1868;
llegó a ser Presidente del Gobierno en la Restauración,
y se le llamaba «el gran elector», sólo comparable a
Romero Robledo en el arte de ganar elecciones.
Miguel Herrero de Miñón toma partido por Eduardo Dato
(1856-1921) frente a Antonio Maura, y por lo
liberal-conservador de aquél frente a lo
conservador-liberal de éste, a quien, junto con la
izquierda cerril, considera responsable del fracaso final
de la Restauración. Recoge también su actuación en la
cuestión social (recuerda que de su mano vinieron la Ley
de Accidentes del Trabajo, la Ley Reguladora del Trabajo
de Mujeres y Niños, y la Ley del Descanso Dominical) y
ante el problema catalán (descubriendo a un Dato
firmemente partidario de la descentralización). Pese a
que algunos juicios de Herrero son muy discutibles, su
estudio posee un gran valor interpretativo.
En opinión de Jesús González Pérez, Niceto
Alcalá-Zamora (1877-1949) ha sido una de las figuras de
nuestra Historia peor tratadas, por ignorancia o malicia,
y dedica sus páginas a combatir esa imagen. Destaca su
arraigado catolicismo, y cómo fueron la unidad de
España y la defensa nacional sus grandes preocupaciones
políticas. Pero no explica suficientemente porqué
entonces amparó la Constitución más antirreligiosa que
ha conocido nuestro país, el Estatuto del
independentista Macià, y la destrucción militar de
Azaña. El retrato humano es, sin embargo, emotivo y
completo. Debe destacarse el convencimiento de
Alcalá-Zamora de que su destitución por Azaña, el 7 de
abril de 1936, constituyó un verdadero golpe de Estado
parlamentario; en consecuencia, él fue el primero y
único presidente constitucional de la II República, que
legalmente desaparece en esa fecha.
Juan Ventosa y Calvell (1879-1959) jugó un
destacadísimo papel como dirigente de la Lliga,
propugnando la autonomía dentro de la unidad de España,
por lo cual se enfrentó repetidas veces con los
separatistas durante la Restauración, la Dictadura y la
República, en la línea de Cambó y Prat de la Riba.
Rafael Termes expone detalladamente su ideario económico
liberal, y reproduce algunos párrafos de su Breviario de
problemas contemporáneos (1950) sobre la democracia y el
igualitarismo modernos: «por medio del sufragio no se
manifiesta de modo inmediato y directo el pueblo, sino la
masa, es decir, la aglomeración inorgánica de
nacionales de un país, no el conjunto organizado,
viviente, de un pueblo, con su historia, su tradición,
sus instituciones, su futuro».
En este primer tomo puede encontrarse un fragmentario
pero sugerente acercamiento al período de la Historia de
España que transcurre entre el reinado de Isabel II y la
II República. Sus protagonistas son hombres de gran
valía intelectual y honradez personal; todos fueron
ministros y/o presidentes del Gobierno, y algunos de
ellos excelentes gestores. Pero el siglo en que vivieron
(1833-1936) fue sencillamente calamitoso para España.
Carmelo LÓpez -Arias Montenegros
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