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LIBROS: Homo Videns: La sociedad teledirigida. nº 93

Comentarios de Luis Sánchez de Movellan al libro de Giovanni Sartori .

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LIBROS: Homo Videns: La sociedad teledirigida



Sartori, Giovanni: Homo videns: La sociedad teledirigida, ed. Santillana-Taurus, Madrid 1998, 160 pp.



El autor, en la primera parte de la obra, se ocupa de la actual preponderancia de lo visible sobre lo inteligible. Contempla como la revolución multimedia, está transformando al «homo sapiens», producto de la cultura escrita, en un «homo videns», para el cual la palabra ha sido anulada por la imagen. En todo ello, el papel determinante lo tiene la televisión, que precisamente, prima a la imagen, lo cual lleva a ver sin entender que ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas. La televisión está produciendo una metamorfosis. No es sólo un instrumento de comunicación, es, a la vez, un instrumento que genera un nuevo tipo de ser humano. El video-niño se convierte en un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura.

La imagen por sí misma no da casi ninguna inteligibilidad. La imagen ha de ser explicada, y la televisión da explicaciones insuficientes y distorsionadas. Si la televisión explicara mejor, se podría producir una integración positiva entre «homo sapiens» y «homo videns». De momento, no hay integración, sino sustracción y, por tanto, el acto de ver está atrofiando la capacidad de entender. La televisión, en la actualidad, está en cierto modo obsoleta, ya que las nuevas fronteras son Internet y el ciberespacio; más la televisión al fragmentarse -por cable o vía satélite- de hecho entra en competencia con la red de redes.

En la segunda parte, el autor, investiga «la opinión teledirigida», y al referirse a la «vídeo-política», estima que el pueblo opina sobre todo, en función de cómo la televisión le induce. La vídeocracia está fabricando una opinión hetero-dirigida que aparentemente refuerza, pero que en sustancia vacía la democracia como gobierno de opinión. La televisión no refleja los cambios de la sociedad y su cultura, sino que refleja los cambios que ella misma promueve e inspira a largo plazo.

Las distorsiones informativas más importantes son: las falsas estadísticas y las entrevistas «casuales». De igual forma, la desinformación se alimenta de dos típicas distorsiones informativas: premiar la excentricidad y alentar el ataque y la agresividad.

La visión en la pantalla del televisor es siempre un poco falsa, porque «descontextualiza», ya que se basa en primeros planos fuera de contexto. Y esta segunda parte finaliza alegándose que el vídeo-dependiente tiene poco sentido crítico.

La última parte del volumen, se abre con una interrogación: ¿Y la democracia?, en la cual se examinan la incidencia electoral y la incidencia en el modo de gobernar de la vídeo-política, y de la torticera formación de la opinión pública. Una primera consecuencia es que la vídeo-política reduce el peso de los partidos, mientras que otra, es la emotivización de la política.

La democracia se está conviertiendo en un sistema de gobierno en el que son los más incompetentes los que deciden, en un sistema suicida. El «demos» debilitado no entiende y no tiene opinión autónoma. Para Postman, la «tecnópoli digital será utilizada por una raza directora de pequeñísimas élites, de tecnocerebros altamente dotados, que desembocará en una tecnocracia convertida en totalitaria, que plasma todo y a todos a su imagen y semejanza.

La tesis de fondo es que si un hombre pierde la capacidad de abstracción es «eo ipso» incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y alimentar el mundo construído por el «homo sapiens».



Luis Sánchez de Movellán.




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