Comunidad humana y tradición política. Liber Amicorum de Rafael Gambra

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LIBROS: Comunidad humana y tradición política. Liber Amicorum de Rafael Gambra . nº 94

Comentarios de J. Ulibarri al libro de VV.AA.

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LIBROS: Comunidad humana y tradición política. Liber Amicorum de Rafael Gambra


VV.AA.: Comunidad humana y tradición política. Liber Amicorum de Rafael Gambra, ed. Actas, Madrid 1998, 4.º, 335 págs.



En el memorable homenaje que se tributó a Rafael Gambra en los salones de la Gran Peña, de Madrid, la noche del 27 de noviembre de 1998, se le ofreció el libro cuya ficha encabeza estas líneas, por su mecenas Ignacio Hernando de Larramendi.

Se subtitula, «Liber Amicorum» y por ello ayudarán a su comprensión algunas líneas sobre el género al que pertenece. Son más conocidos los «Libros de Homenaje», que suelen ser un conjunto heterogéneo de aportaciones que hacen personalidades relevantes que desempolvan para la ocasión algún inédito. En 1995 se produjo un giro. Apareció un grueso volumen titulado, Razonalismo. Homenaje a Fernández de la Mora, que circuló mucho. Era una especie que se alejaba, sin declararlo, del clásico libro homenaje, porque predominaban en él trabajos ceñidos al homenajeado, escritos por amigos suyos, verdaderos; era un «liber amicorum», prácticamente el primero de esta época, porque uno algo anterior dedicado a Florentino Pérez Embid no fue popular, sino endogámico. Ayuso captó el paso del frío libro homenaje al cálido «liber amicorum», y ha relanzado el estilo aprovechando el homenaje a Gambra.

Los psiquiatras no siempre saben mucha psiquiatría, pero son ingeniosos y explican que el hombre vive en tres casas, no solo en una, la de su domicilio, su casa por antonomasia; vive también en su lugar de trabajo, segunda casa; y tiene una tercera, menos identificable topográficamente, amueblada con sus aficiones, sus ideales, sus amigos y sus aventuras; sus reformas ayudan a muchas terapéuticas. Un «liber amicorum» es un paseo por esta difícil tercera casa. En este sobre Gambra, aumenta el porcentaje de alusiones a su persona; van, sin embargo, tan entroncadas con el contexto político, -todos dejan caer ideas-, que contribuyen, además de al cabal conocimiento del homenajeado, al del costumbrismo y la historia menuda de la época; es deleite para los que le conocen, y utilísimo para investigadores de pormenores. Prefigura una especie de «Liber Amicorum» de la España nacional. (¡Espléndida, la aportación de Consuelo Martínez Sicluna sobre «Rafael Gambra y el Alzamiento Nacional»!).

Un buen «Liber Amicorum», -y este lo es en grado elevado-, entronca con el «ordo amoris» de la tradición cristiana recogido por Scheler como instrumento para el conocimiento de un hombre: dadme su «ordo amoris», -vino a decir-, y os diré quien es. Dadme su «liber amicorum» y le conoceremos mejor, podríamos parafrasear.

Ignacio Hernando de Larramendi, amigo, mecenas, y más erudito del carlismo de lo que algunos suponían, ha puesto un prólogo simpático que transmite bienestar al que empieza a leer. Le siguen trabajos de veinticinco autores, de los cuales, siete no son peninsulares. Demuestran con sus aportaciones que el tradicionalismo no es solamente un fenómeno religioso, guerrero y navarro, como quieren hacer ver sus detractores, sino infinitamente más: un «depósito» que custodiar, un proyecto político para la paz, y de extensión mundial, como ya lo fue para la Cristiandad y para aquella «Republique de tout le Monde» a la que tanto gustaba aludir el Conde de Chambord. Además, individualmente, los amigos convocados tocan temas particulares como la unidad católica (Luis M.ª Sandoval), el carlismo (Santa Cruz), la europeización (Alvaro d’Ors) la crisis existencialista, (Eudaldo Forment) y otros que sitúan a este volumen en la frontera de los libros de consulta.

No sería justo terminar descuidando un especialísimo elogio para D. Luis Valiente, que con la dirección de este libro y de otros ya numerosos, -como el reciente de Carlos Etayo y sus carabelas-, se ha acreditado como un excelente editor.

Fomentemos estos libros. Que la serie se alargue, porque puede. Ya tiene un mecenas, Ignacio Larramendi. Ahora lo que hace falta es que nuestros amigos escriban más, (no digo que mejor) y que no se hagan rogar tanto para ello; si para obtener cada colaboración se necesitan demasiados requerimientos los «libri amicorum» no florecerán.



J. Ulibarri




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