Revista Remolinos

Gonzalo Del Rosario
gonzalodelrosario@hotmail.com

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TAXI

 

 

Pamela estaba llegando a la Universidad en micro cuando se dio cuenta que había olvidado su informe en la pensión. Bajó en la esquina más cercana y como el trayecto que el micro había cubierto era demasiado como para esperar otro, y no podía entrar a clase sin el debido informe final, tomó el primer taxi que encontró. Era un tico, de los amarillos, con un señor que parecía buena gente –¿a dónde la llevo señorita?-, -rápido a La Noria, por el reservorio-

 

Pero yo de cojuda carajo, por qué chucha . . . yo sabía, yo sabía, YO SABÍA que algo me tenía que olvidar, y esta vez me tocó el informe de mierda, puta y encima si llego tarde ese viejo conchasumare me va a cagar –¿bonito el día señorita?-, -¿ah?-, -que digo que si no le parece bonito el día-, -ah sí, muy bonito- puta mare, qué acaso no me está viendo la cara de poto que he puesto, o ese viejo de mierda vive en la nubes o qué chucha, con este informe final me juego el año y el viejo me pregunta que cómo me parece el día –qué bueno que el sol haya salido, hacía como tres días que andaba todo nublado y triste- señor le pago por conducir no para hablar, si quiere hablar pague su quina en el chat y no joda –en mis tiempos solíamos irnos a la playa todos los días, pero ahora todo está contaminado, recuerdo que nos íbamos a Buenos Aires-, -Ah sí que bien- me llega a la punta de la teta lo que haya hecho -acá voltee a la derecha-

 

En realidad el día sí que estaba muy bonito, pero Pamela no podía pensar en nada más que en presentar su informe. No se ganaba del radiante sol de primavera que brillaba en el cielo, del tipo que no jode, sino que da ganas de salir a caminar y conversar con los amigos, o en general de las flores amarillas que caen de los árboles anunciando la navidad, o de las demás flores de colores, por algo esta ciudad era la llamada "de la eterna primavera" y estos días se tienen que aprovechar al máximo, porque debido a la contaminación y al calentamiento global, ya todo estaba cambiando. Sin embargo a ella le llegaba si el día era claro u oscuro –bueno en estos momentos mi mente está muy ocupada con la universidad y le pediría algo de silencio porque aparte estoy muy, pero muy estresada, osea, no tengo ganas de hablar ¿manya? y tampoco quiero ver como está el día ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni nunca ¿entendido?-, -como guste señorita- cuando el semáforo estuvo en rojo, ella pudo apreciar un árbol que nunca había visto, y que sabría nunca volvería a ver porque su memoria estaba tan frágil por esos días, tanto que quizás si es que llegaba a vieja, lo evocaría como algo extraordinariamente bello, sin conocer el por qué.

 

El taxi se detuvo en la puerta de su pensión –señor horita un momento, salgo y para que sean dos carreras, osea me regresa a la universidad ¿ya?-, -señorita me gustaría que pague por adelantado-, -¿las dos carreras?-, -no sólo una- cuando Pamela cacheó sus bolsillos, se dio con la sorpresa –¡¡¡HIJOS DE PUTA!!! ME HAN ROBADO- en efecto, en el micro le habían sacado la billetera de la mochila, la misma que no contenía el informe –pero por la PUTA MARE, qué cojuda que soy, mierda ¿y ahora? ahí taban mis documentos . . . MI PLATA ¡¡¡CARAJO!!!-, -tranquila señorita-, -no es que no puede ser, ya no se puede confiar en nadie, pero yo también soy una tremenda cojuda, y ya sólo quedan 10 minutos, ya fui ya-, –no quiero ser descortés, pero quisiera que me pagase, así como usted ha aprendido a no confiar en nadie, yo tampoco puedo hacerlo-, -está bien señor, pero ahora no podré pagarle, quizás si me busca luego de la universidad . . . -, -¿perdón?-, -usted sabe-, -no, no señorita, yo no-, -no te hagas el sano viejo huevón-, -no, usted está tergiversando mis intensiones-, -entonces ¡¿qué chucha quieres?!-, -quiero tus dos ojos-, -¿qué?-, -que deseo que usted me pague con sus dos ojos-, -bueno, pero si era eso lo que quería, hubiera dicho desde un inicio- Pamela sacó su navaja, la cual nunca antes había usado, y no esperaba que le sirviese para lo que iba a hacer –pero señorita, tenga mucho cuidado, no quiero que sus lindos ojos se dañen-, -¿lindos ojos? ponga el espejo hacia acá que no veo- Pamela levantó sus párpados y los fue cortando cuidadosamente uno por uno, con el propósito que facilite sacarlas de sus cuencas -¿y si le ayudo?-, -puedo sola gracias- una vez cortados sus párpados, procedió a extraerse los globos oculares con las uñas de sus dedos –con cuidado señorita- y mientras intentaba quitarse el ojo derecho, chorreando sangre por sus mejillas, sintiendo un placentero dolor, pudo ver su reflejo en el espejo retrovisor del taxi, sus ojos en verdad eran bellos, un par de ojos café los cuales brillaban gracias a la luz solar y a la sangrienta navaja. Pamela recién se había percatado de ello.

 

A ella sólo le importaba llegar a la universidad y presentar su trabajo a cualquier precio -yastá ¿tiene un poco de hielo?-, -sí señorita, siempre traigo una bolsa para cuando los clientes no tengan dinero-, -muy ingenioso, aquí está el segundo- mientras iba cortando las venas que la unían a su ojo, sólo podía pensar en el tiempo que estaba perdiendo por esta carnicera paga –ya señor, espere ¿ya?-, -aquí voy a estar señorita-

 

Pamela corrió rumbo a su pensión, subió las escaleras y al rato bajó con el informe en sus manos, sus cuencas oculares vacías y llenas de sangre coagulándose –a la universidad y ¡¡¡rápido!!!-

 

El señor sintonizó algo de música en su radio. Era una emisora chicha –pucha señor, cambie esa huevada no se malee pe-, -está bien señorita- el señor cambió de emisora y puso algo romántico –no pe ¿qué acaso quiere que me ponga a llorar? ni ojos tengo- entonces el señor siguió buscando en el dial hasta dar con algo interesante –pucha odio el rock peruano, no hay nada nuevo, todo lo que ellos hacen es pura copia de los gringos y se creen lo máximo, deberían innovar, fusionar- el señor prosiguió con la búsqueda, sólo por intentar complacer a su cliente –aaagggghhh, reggaeton ¡puta qué asco! esa música de cholos y chuscos, encima de esos boricuas atorrantes que se la tiran de raperos gansta, quien quiera creerse negro o centroamericano debe de estar recontra mal del cheko, si son una sarta de machistas ignorantes y haraganes- sin más remedio, el señor puso noticias –uff no, en esa porquería sólo aparece como todo se está yendo a la mierda, cómo el Perú se hunde cada día más en su miseria, que la pobreza, la desnutrición, la delincuencia, la drogadicción, la prostitución, la trata de . . . ¡y-a-mí-qué-CHU-CHA! con tal de estar bien YO, para qué me voy a preocupar del resto- tomó un respiro y continuó -como esos huevones de la universidad que se creen socialistas, comunistas, marxistas, sarta de poco floros y poseros imbéciles, esa huevada ya fue, tú crees que yo estoy estudiando como huevona para que venga uno de esos drogadictos que suben a los micros y vayan a ganar lo mismo que YO, no jodas, señor mejor apague su radio- ¿ups he dicho todo eso en voz alta?

 

Al bajar del carro Pamela tampoco tenía para pagar porque sus ahorros los había dejado en la pensión –entonces señorita-, -a ver, ahora ¿qué desea de mi cuerpo?-, -sus oídos-, -bueno ya lléveselos, pero rápido que estoy sobre la hora-, -hágalo usted-, -aiccchhh . . . YA, está bien- con su navaja, de la cual curiosamente nunca se olvidaba, uno nunca sabe cuando se va a quedar sin pasaje, fue cortando los cartílagos de sus orejas, parecía una empresa más fácil, pero como estaban algo tiesas –como que están duras, y quién me manda a olvidarme todo- ahh mierda ya entró la navaja, seguiré cortando, todo por la universidad . . . por forjarme un futuro -aquí está la derecha, ahora la otra- introdujo su navaja y como si fuese carne de res o algo similar, fue fileteando despacito todo su cartílago sonoro.

 

-Yastá-, -pero esto es sólo cartílago, yo te dije que quería tus oídos-, -¿qué?, ¿cómo?-, -tus oídos-, -estoy sangrando un poco, pero a ver- o a escuchar –meto la punta por aquí, y listo ¿es esto el tímpano?-, -sí-, -y te lo doy con todas las herramientas, yunque, martillo, serrucho, zambo, wanka, weso, pellejo-, -señorita creo que está perdiendo la noción de las cosas-, -al carajo ¡yo sé lo que hago! ahora me retiro porque tengo clase-, -puedo esperarla si quiere-, -usted vea, gracias y adiós-

 

Pamela pudo entregar el trabajo a tiempo, si bien, carecía de ojos y orejas, y en sus nuevos orificios, se iba formando una horrible costra, al profesor poco le importó. Con sólo haber puesto el informe y sus respectivos datos sobre el pupitre, ya estaría aprobada, tanta huevada para que el profesor ni lo revise, tremendo haragán, cómo lo odio. Aún así, ella lo había logrado y se sentía un poco más feliz que de costumbre.

 

Se había matado durante un mes, solamente por presentar su trabajo, investigando, copiando-pegando, analizando, copiando-pegando, induciendo, copiando-pegando, pero por sobre todas las cosas leyendo. No había salido a ningún sitio, había choteado a su enamorado, y a éste poco o nada le importó, empezó a salir con otra, y Pamela seguía con su informe; fue el cumple de su mejor amiga, y sólo la llamó, gastando con el dolor de su alma: 50 céntimos porque el resto lo tenía que ahorrar para sus pasajes y terminar el trabajo, de la comida no se hacía problemas tenía beca completa en el comedor universitario. Todo ello, sólo por presentar sus informes puntuales. Recién se había dado cuenta que por todo el stress causado, había olvidado demasiadas cosas, hasta la misma razón de ser de aquel mes.

 

En un comienzo lo odiaba, al mes claro, porque le había quitado libertad, pero ahora no podía vivir sin él, necesitaba estar trabajando en algo. El mes la había mantenido ocupada, hasta llegar a convertirse en una especie de droga. Quizás el olvido del informe fuese algo premeditado por su subconsciente que le pedía no entregar lo que con tanto esfuerzo había logrado, y lo peor de todo era que no tenía para fotocopiarlo, a duras penas pudo imprimirlo.

 

A la salida, el señor taxista, quién permaneciera esperándola, guió a Pamela hacia él –hola muchacha- ella no lo vio, ni lo escuchó, ni siquiera le habló durante el trayecto. El taxista sabía que de nada serviría intentar conversar algo con ella, era como si estuviese muerta en vida. Bueno ya lo estaba antes de despojarla de aquellos sentidos.

 

Pamela sabía que no podría pagar este nuevo taxi, pero por lo menos, viajaría más cómoda que en un micro; por otro lado el señor le infundía confianza, lo malo era que no tenía nada para decirle, excepto algo que sólo pudo escuchar en su pensamiento y lo enunció casi gritando, como queriendo escucharse, faltando poco para llegar a la pensión –¡señor, le doy mi lengua, ya que no tengo pa' pagarle!-, -me parece bien, eso mismo te iba a pedir- Pamela procedió a sacar lo más que pudo su lengua y empezó a seccionarla con su navaja, como si estuviese cortando la carne de un lomito a lo pobre. Ya no le dolía nada, y nunca le había dolido algo al final de cuentas, y la lengua tampoco le servía de mucho, siempre que la utilizaba hacía sentir mal a la gente. Al señor no le importaba que la sangre siguiese manchando los forros de los asientos. Cuando faltaba un poco de carne por cortar, procedió a arrancarse la lengua y se la entregó, lanzando un leve gemido –gracias muchacha ¡que pases un lindo fin de semana!-

 

Pamela regresó a su cuarto, se echó en la cama y empezó a reír con el recuerdo de un árbol que nunca supo si existió en realidad, pero que a partir de aquel día sólo lograría ver en sueños o en la memoria.

 

 

© Gonzalo Del Rosario

 

 

 

 

Gonzalo Del Rosario. Nací en Trujillo-Perú. Estudio educación secundaria con mención en lengua y literatura en la Universidad Nacional de Trujillo. Algunos de mis relatos y artículos han sido publicados en revistas alternas de corte literario-cultural como: "NO-YO" o "REVISTA PUEBLO". Próximamente algunos de mis cuentos serán publicados en la revista: "Investigando", de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. Publico de manera continua en mi blog http://web-ad-ass.blogspot.com el cual es visitado por lectores de diferentes partes del mundo.

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