Revista Remolinos

Ana Isabel Espinosa
opinionanaespinosa@hotmail.com

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DIANA

 

 

A veces  , me gustaría cazar almas  , como Van Helsing cazaba vampiros. Las atesoraría bajo llave, para solo sacarlas, cuando la cautividad las enturbiase .

Coleccionaría espíritus puros, sin materia, que poder doblar y meter en cualquier parte, quedando ,  cada rincón de mi pequeño cuarto  , atestado y pleno con su presencia.     Iría , cuidadosamente , a la menor ocasión , desdoblándolas , ordenándolas por materias ,  con cada nueva incorporación, con cada nueva captura .

Tal vez así mi vida tomara un sentido, un rumbo, en el que no naufragar de puro hastío.

Porque hay veces ,  que de tan envuelta como estoy en la melancolía y el fracaso, siento rodeando mi cuerpo una telaraña que solo es visible para mi, una bolsa fetal ,blanca y rasposa  , que me envuelve ,  sin dejarme respirar ni moverme

-Se ha vuelto horriblemente dura y asfixiante, me digo para mi misma, pensando en esa bolsa placentaria que una vez me dio la vida  , resguardándome en el seno materno y que atrófica y sin sentido ,  tras mi nacimiento , no me deja libertad para ser yo , para comportarme de otro modo ,que no me deja ser, como sería ,  si no estuviera conmigo  , matándome poco a poco  , para conseguir finalmente alimentándose de mi, matarme en la oscuridad que precede a la soledad.

Me gustaría cazar almas, con una enorme cazamariposas ,en el que se entrelazarían los flecos de los recuerdos ,quedando atrapadas sin dolor , como en una sueño maravilloso, del que nunca quisiéramos despertar.

Después , una a una, como el tesoro que son,  las tomaría entre mis manos, dulcemente, como se acuna a un bebé y las llevaría rápida a mi casa, a ese cajón que guardo  , para cuando algún día tenga alguien que me quiera y me regale una rosa y la deje secar allí ,entre mis bragas blancas ,inmaculadas de caricias.

Me vestiría cada mañana con un alma nueva, recién planchada de caricias y palabras de afecto  , lisa y tersa como mis ganas de vivir. Con ella ataviada, me sentiría nueva, también yo ,recién nacida a una vida ,que me daría esperanzas.

Tal vez así, sería capaz de mirarle a los ojos, quizás incluso de hablarle ,unas pocas palabras más que el rutinario,”una barra de cuarto, por favor”,de todos los días. Unas simples palabras  , es lo más que pido  , que se escapasen ,  no de mis labios ,  sino de la propia esencia del alma, aventureras y frágiles ,como ellas, para decirle lo guapo que me parece y los bien que huele siempre a pan recién hecho , sin tener que avergonzarme inmediatamente o esperar la inconfundible carcajada, que estallara en mi cara ,enrojeciéndomela de fuego.

Me vestiría para las fiestas del pueblo, con un alma ,de las más etéreas ,  y me elevaría por los aires, llevada por su embrujo , para verlo solo a él ,sin que nadie más me viera.

Haría tantas y tantas cosas con mi colección de almas, que solo con pensarlo ya tiemblo y me convierto en una de ellas ,ya suspiro sin que mis amigas encuentren la explicación, y acompaño a los niños  , que cuido , al colegio  , equivocándome de calles  , por las que he perdido mi juventud , de tanto pasarlas.

-“Tata” , que no es por ahí, me dice el más chico ,que aún me quiere, tomándome por su manita gordezuela y llevándome por el camino correcto

-Si, hijo ,si ,  le digo ,revolviéndole el pelo rubio ceniza, “la tata” se está haciendo vieja

Y se me clava una daga de hielo, cuando veo sonreír al mayor, a aquel que yo crié casi con la leche de mis pechos, burlándose de mi ,llamándome entre gestos y risotadas, bruja ,vieja y loca.

En otro día, habría perdido los tacones y desmochado los zapatos nuevos , persiguiéndolo callejuela abajo, con amenazas de “se lo diré a tu madre y como te cojas no hay quien te libre”,pero hoy voy vestida con alma de niña y solo tengo ganas de volver del colegio y perderme en el calor del horno, que me da anhelo de abrazos , solo sueño ,una y otra vez, con el blancor de la harina perdiéndose entre sus manos, grandes y entregadas ,como mi corazón.

-¿Lo mismo de siempre, Rosita? ,me dirá la dueña, levantándose trabajosamente, de la silla de nea, que hay tras la caja

Asentiré, intentando disimular que los ojos se me pierden al fondo de la panadería, donde se atisba el horno ,y en él, aunque estén otros más, solo veo a Juan, descamisado y sudoroso, metiendo masa de pan, en la boca insaciablemente ardiente de piedra.

-¡Juan¡,sentiré que le llama su madre,!que está aquí tu tata¡

Me azoraré con mi alma de niña  , regañándola, casi sin voz:

-Pero mujer, para qué llamas al chiquillo con el trabajo que tenéis a estas horas

Pero ella levantará ese brazo blanco, inmaculado  , como la harina con que hacen los panes  , para sonreírme, quitándole importancia a las horas y al trabajo, y volverlo a llamar

Llegará él, limpiándose el sudor de la frente con el delantal, oliendo como las almas mas nuevas ,y me cubrirá la cara de besos, como hacía cuando era un niño y yo lo llevaba todos los días al colegio

Se platearan mis mejillas, mientras me abraza ,sabiendo que su calor ya no es ,ni será, nunca mío y que aun con alma de niña, nunca podré tenerlo para mi por siempre

Saldré de allí con los pies a rastras y el alma vencida, porque lo he visto y me ha besado, porque hoy estaba su madre en la caja y no la chica que despacha la panadería, que arregla papeles en la ermita para casarse con Juan

-Es mas maja ,me dirá la madre, y estoy mas contenta, porque ya ves  , yo  , por fin , a mi casita  , después de trabajar tantos años , y ellos  , aquí , a buscarse la vida y a traerme nietos que me acompañen en la vejez

Me gustaría cazar almas, como Van Helsing cazaba vampiros y vestirme cada día una y borrar para siempre mis recuerdos, llamar a la vida cada mañana, renacer como despunta la aurora , nueva y limpia, sin antecedentes, sin que te duelan los rechazos ,los olvidos o las desgracias.

Hoy he visto a Juan  , después de mucho tiempo, paseando a la salida de la misa de domingo.

-”Mire tata”,me ha llamado ,  para que me acercase y me ha enseñado el hatillo rosado y blanco, que dormía en el cochecito de bebé

-Es guapo y será tan buen mozo como tú ,  le he dicho con sinceridad

Y él me ha besado como antes, perdiéndome en sus besos y en el calor de su manos, pero esta vez no se me ha roto el alma al verlo marcharse con su vida a otra parte, porque sé que un día no muy lejano, su hijo me necesitará para ir al colegio y otra vez la tata se vestirá de niña, se disfrazará con el alma enamorada y la cubrirán de besos verdaderos, que guardará en el cajón donde guardaría las almas si las cazara ,  al lado de sus bragas blancas , huérfanas de caricias.

 

 

© Ana Isabel Espinosa

 

 

 

 

Ana Isabel Espinosa. Ha obtenido innumerables premios y reconocimientos a nivel literario, en lo concerniente al género narrativo.

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