Colegiala !!!
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Esa vez no tuve mejor idea
que elegir el disfraz de colegiala
para una fiesta de disfraces.
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Me pareció que estaba bueno,
aunque un poco peligroso
si tenés una buena cola...


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Apenas me agachaba un poco y ya se veía la tanguita!
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Yo sabía que la fiesta iba a ser muy loca y que tal ves mi disfraz no fuera el más impresionante.
Lo que no calculé fue el remisero que me vino a buscar.
Y que encima cuando llegó me pidió agua para el auto.
De modo que ahi estaba yo, con disfraz de colegiala y con un señor desconocido en mi casa.
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Cuando el remisero fue a ponerle el agua al auto me miré en un espejo y me di cuenta que parecía de verdad una mujer.
El señor no debía verme la cola!!!

Encima volvió con malas noticias. El auto no andaba.


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O sea que estaba a solas con ropa de nena junto a un señor que no conocía!
Me pareció loco pero no corrí a cambiarme, ni se me ocurrió. Sólo sentí vergüenza y algo de ridiculo. Y una pizca de picardía: porqué no jugar?
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Mientras él llamaba al auxilio yo no sabía que hacer. Trataba de escapar de sus insistentes miradas a mi pollera. El parecía disfrutar de la situación y me daba charla muy amablemente. Demasiado!
¿Ya se habría dado cuenta que también tenía puesta una bombachita?
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"Te queda bárbaro ese disfraz", dijo cuando colgó el teléfono.
"Dejame verte la cola", agregó con total naturalidad.
"Mirá que el auxilio va a tardar como una hora", finalizó.

"Estás loco, cómo te voy a mostrar la cola!", protesté.

Pero le ofrecí cerveza!!
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Su aprobación, que ya era admiración, me hizo olvidar la vergüenza y la ridiculés.
Estar así con esa ropa me daba una especie de poder sobre él, como si mi cuerpo de verdad lo sedujera.
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Me comencé a sentir bien con el juego y hasta a veces me alejaba para que me pudiera ver mejor.
Con la cerveza él se soltó más.
"Dale, mostrame la cola. De qué color tenés la bombachita?", me decía como jugando.
Y me manoteaba cada vez que podía para levantarme la pollera.
Yo me divertía con el juego, convertida ya en una nena traviesa.
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De golpe estar a solas con un señor desconocido en mi casa se había convertido en más apasionante que estar en la fiesta. Esto era más peligroso, y me sedujo la idea de coquetear con el peligro.
Así que me comencé a mostrar más y a estar cada vez más al alcance de su mano...
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Su primera mano en mi colita yo la sentí como una ola de calor irresistible. Fue como un mimo y me encantó.
"Qué linda tanguita azul, dejame tocar un poquito más!"
"Uy no, ya descubriste que es azul!!" protesté infantilmente haciendome la tonta, que ansiaba que llegara ese momento.
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"Bueno, pero un poquito", dije yo seducido por esa mano que le hacía tan bien a mi cola.
Después de todo, qué problema había?
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El me hablaba de no sé qué cosas mientras sus dedos exploraban mi piel suave.
"Uyyy qué linda colegiala me encontré! Y qué bien se porta!!" me susurraba nervioso, hilando cada palabra con cada parte nueva de mi cola que descubría.
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"Te gusta el disfraz?", le pregunté sólo por decir algo, mientras él avanzaba con sus caricias y mi cuerpo se llenaba de sensaciones de placer.

Tenía la idea de estar haciendo algo malo... pero mi mente no sabía bien qué era lo malo. Si a él le gustaba y a mí también, donde estaba lo malo?
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"Es hermoso tu disfraz, mmmm y tu cola...!", me decía el, mientras yo mansamente no me movía y le servía más cerveza.
Qué lindo lo que me hacía! Ojalá esa mano siguiera ahi por siempre !!!
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Ahora recorría mi tanguita, como buscando la puerta de entrada. Eso me derritió, sintiendo de golpe como una femineidad y también que de ese señor grandote y su poderoso sexo me separaba apenas una bombachita.


El señor no me gustaba. Me gustaba su mano grande y caliente en mi cola, me daba mucho placer!
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"Y la tanguita te queda bárbara"!!!
Su mano se acostumbraba a mi cola y enseguida la recorría con total impunidad.

Algo de mi vanidad me vencía, sabiendo que tengo una cola linda que pocas veces muestro. Me hacían tan bien esas caricias de ese señor grandote! Y mi cola se las había ganado!

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Sin pensarlo puse una pierna arriba de las suyas, como para que no le quedaran dudas que me gustaba lo que estábamos haciendo. El me agarró más fuerte la cola.
Pero algo ocurrió entonces!
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El problema fue que sonó el teléfono y tuve que ir a atender. Pero el me siguió como si nada y apretó su cuerpo contra mi cola.
Qué suerte que era tan lanzado!
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¿qué podía hacer?!!
No le iba a decir a mi primo que estaba disfrazado de colegiala con un señor apoyándome por atrás!!!
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Mientras trataba de hablar él aprovechó la situación y me hacía cosas en la cola.
Se había bajado los pantalones y yo senti un calor intenso que exploraba mi cola, mientras el me la manoseaba a su antojo.
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Yo trataba de disimular mis suspiros de placer y buscaba alguna excusa para cortar la charla.
"Me parece que hoy te hago el viaje gratis", me susurró en la nuca, mientras algo caliente empujaba el centro de mi colita.
Y su respiración cada vez más agitada.

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Yo movía mi cola como para evitar su pija hirviente y él se complacía con mis contorneos.
"Uy bebé, me parece que estás muy caliente!!"

No me gustaba el señor, me gustaba que agarrara y me dominara por atrás sin pedirme permiso!
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Finalmente pude cortar el teléfono justo cuando el me dominaba con fuerza, con su miembro todo apoyado en mi cola. Eso me daba un calor como si fueran mil caricias.

Y ahora qué debía hacer?
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El ya era dueño de mi cola.
Yo tenía mitad confusión y mitad deseo de que siguiera...
De pronto vi su pija, grande y totalmente parada. Tanto le gustaba mi cola!!!
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"Arrodillate acá, bebé", dijo él.
Y yo obedecí como si fuera mi amo.
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No pensé mucho lo que hacía.
Me estaba por someter sexualmente un señor desconocido!
Y yo arrodillado delante de él, con una tanguita mínima que separaba su pija de mi colita!
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Me arrodillé sin protestar, rogando que siguiera manoseando mi cola y que me hiciera sentir de vuelta su pija caliente en el centro mismo de mi cola.
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Me levantó despacio la pollerita y yo sentía o presentía que ese calorcito volvía a mi cola.
Había seducido a un hombre?
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Se bajó los calzoncillos y comenzó a correr mi tanguita.
Cada tanto apoyaba su pene en mi cola, lo cual me enloquecía de placer.
Pero sin embargo dije con voz de alarma:
"Qué hacés!"
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El fue muy contundente y efectivo.
Buscó lo que quería y lo consiguió,
sin más explicaciones.
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Me poseyó brutalmente.
Yo sólo atinaba a dejarlo hacer
con reproches que sólo lograban entusiasmarlo más.
Me sentía una colegiala poseida por un señor malo.
Y sin embargo me gustaba.
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Fue muy caballero...
Esperó que yo me arreglara
me llevó a la fiesta
y no me cobró el viaje.

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Incluso cuando me bajé del auto
aprovechó para mirarme la colita.
Insaciable!

Desde entonces es mi remisero de confianza.
(no sólo para viajar)