ANÉCDOTAS

ANÉCDOTAS

POR: ATLANTIS

¡SENTÍA QUE CAÍA A UN POZO OSCURO Y SIN FONDO!   
¡ME VI EN UN CHARCO DE SANGRE!
                          

     "Dice un dicho que no se puede mencionar la cuerda en casa del ahorcado y yo creo que tienen razón; eso es lo mismo que mencionar la muerte en esta profesión en la cual todos estamos en el filo de la navaja y en cualquier momento nos puede tocar, ya que nadie está a salvo de nada.

     Sin embargo, yo creo que no hay nada más dramático que encarar la muerte y salir con vida, eso podría ser una lucha sensacional, los toreros son como nosotros los luchadores, que cada vez que salen al ruedo se están jugando la vida, y no se diga de los boxeadores; claro que estos tienen la desventaja que si por alguna causa se encaran con la muerte, el médico los puede retirar del medio.

     Pero a nosotros y a los toreros nos retirará el miedo, ya que siempre queda esa sensación y esa angustia de saber que nuevamente se puede presentar la confrontación y quedar uno de cara con la muerte.

     A mí me sucedió a finales del mes de junio de 1983, lo recuerdo claramente y pienso que jamás se me va a olvidar, ya que fue uno de los momentos más importantes de mi vida y a la vez me sirvió para definir mi amor por este bello deporte que tanto me ha dado.

     Tenía dos semanas de haber debutado en la Pista Arena Revolución, cuando en ese mismo escenario me aplican un castigo y luego me lanzan para afuera del ring, fui a caer entre unas butacas, me fui de puras "pompis", dándome un golpe brutal en la base de la columna vertebral. Se percataron que estaba como muerto y de inmediato fui llevado al médico para que me curara y me diera la atención debida; tal vez fue eso lo que me salvó, no lo sé, a lo mejor no me tocaba, tampoco lo sé; lo cierto es que todos se ocuparon porque yo volviera en mí.

     Debo decir que yo no me daba cuenta de nada de esto, sino que lo supe por mis amigos después, cuando recibí el golpe de pronto vi todo negro y me vi a mi mismo cayendo en un profundo pozo obscuro, en el que no se podía ver nada y yo no podía detener mi caída.

     De pronto sentí mucha angustia y recuerdo que manoteaba tratando de detenerme, no quería llegar hasta el fondo de aquel sitio, incluso llegué a creer que gritaba que alguien me ayudara, pero todo era inútil, yo seguía cayendo más a una velocidad vertiginosa.

     Cerré los ojos resignado a lo que viniera y cuando volví a abrirlos me ví a mi mismo tirado sobre un charco de sangre.

     Cerré los ojos por segunda vez, pero ahora con mayor fuerza, tratando de que así se alejara de mí esa imagen que me infundía temor, dejé pasar unos minutos, al menos eso fue lo que pareció a mí, que habían pasado sólo unos minutos; poco a poco fui abriendo mis ojos temiendo encontrarme con aquella imagen que me mostraba mi cuerpo sangrante.

     Cuando abrí los ojos por completo estaba en una cama, todo era luminoso y agradable, estaba en una cama de un hospital y no tenía la máscara, lo podía sentir en mi rostro, veía mi cuerpo y traté de levantarme pues ya me sentía bien; nuevamente el miedo inquietante me recorrió, no podía mover mis piernas ni mis brazos, no podía moverme de aquel lugar.

     Era como si estuviera clavado a la cama, como si mi cuerpo pesara toneladas, lo intenté una y otra vez, incluso traté de gritar pero no podía abrir la boca, era desesperante y no sé que hubiera pasado, pero en ese momento se me acercó el médico y me dijo que me calmara.

     El doctor me explicó lo que había sucedido y me dijo que poco a poco todo volvería a ser igual, la verdad es que no le creí; yo pensaba que estaba muerto, pero no podía hacer nada, así que tuve que aguantarme.

     Primero pude hablar y eso ya me tranquilizó, después de tres días pude volver a moverme y todo se arregló, fue cuando estuve DE CARA CON LA MUERTE".

Fuente: Acción en el Ring.

CADA SEMANA UNA ANÉCDOTA NUEVA.    

 

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