CApítulo II - Nuevos Proyectos ferroviarios de Paita al Marañón

CAPÍTULO II

 

NUEVOS PROYECTOS FERROVIARIOS DE PAITA AL MARAÑÓN

 

 

 

Ø      Concesión para irrigar;  Jemes Reid

Ø      Huarmaca asciende a Villa

Ø      Elecciones municipales y renovación del tercio

Ø      Ramón Espinoza y el Congreso Obrero

Ø      Los crímenes del comandante Martínez

Ø      El Patrón de Oro como moneda

Ø      Se crea la Provincia Litoral de Tumbes

Ø      El proyecto del Ferrocarril de Paita al Marañón de Von Hassel

 

               

Se otorga concesión para irrigar a James Reid

INICIO

            El 8 de abril de 1892 el Gobierno había otorgado concesión a Alfredo Sears para llevar adelante proyectos de irrigación en el Medio y Bajo Piura.  El plan fue duramente atacado por varios agricultores piuranos y también por comunidades campesinas.  Mortificado el concesionario transfirió sus derechos a otro connacional James Reid, el que no pudo superar los obstáculos que había encontrado su antecesor.

 

            Parece que para el Gobierno y para el mismo Reid, más fácil era rescindir la anterior concesión en donde aparecía  aún el nombre de Sears, y empezar de nuevo.

 

            Así se hizo, y el 9 de enero de 1897 se declaró rescindido el contrato.  Se suponía que para Reid las cosas se presentaban más fáciles porque desde el 9 de octubre estaba vigente la nueva Ley General de Irrigaciones.

 

            El 16 de noviembre de 1900, el Gobierno otorgó mediante Resolución Suprema una concesión para irrigación a James G. Reid, bajo diferentes términos a los que había concedido a Alfredo Sears.

 

            En la parte resolutiva el dispositivo legal decía lo siguiente:

 

            Artículo 1º.-  El concesionario contrae las siguientes obligaciones:

 

            A.- Ejecutar de su cuenta y riesgo los trabajos que den por resultado el aprovechamiento de las aguas del río Piura, por medio de canal directo que partirá de la orilla izquierda de dicho río, en la región nombrada “Punta Arenas” y conduzca agua cuando menos hasta las pampas de Castilla.

 

            B.- Presentar al Gobierno para su examen y aprobación, los estudios técnicos definitivos de la obra, a los seis meses de firmada la escritura.  Dichos estudios se harán de acuerdo con las prescripciones reglamentarias de Obras Públicas;  y sirviendo de base a ellos, el trazo de la acequia inferior del proyecto Sears, con las modificaciones que resultaren convenientes y con señalamiento de los terrenos que han de irrigarse.

 

            C.- Dar principio a los trabajos de irrigación, tan luego como se hayan aprobado los estudios y terminar aquellos, en el término de dos años.

 

            D.- Efectuar un depósito de veinte mil soles en bonos de la deuda interna en la Caja Fiscal, que será devuelto a la conclusión de las obras.

 

            E.- Pagar multas mensuales de 500 soles, si no concluyen los trabajos en el plazo estipulado.

 

            Artículo 2º .- Se otorga al concesionario los siguientes derechos:

 

            A.- El uso de los terrenos de libre disposición fiscal o Municipal, que fuesen necesarios para las obras; así como la ayuda del Gobierno para la expropiación de los particulares, conforme a las leyes y por cuenta del concesionario.

 

            B.- Cobrar un canon desde la fecha en que se encuentre expedita para proveer agua de riego, a todos los dueños de terrenos que pueden regar, aún cuando ellos rehúsen hacerlo.  El canon se pagará por semestres vencidos a razón de diez soles al año en moneda nacional metálica por cada litro de agua por segundo y por hectárea de riego transitorio o de estación que comprende el periodo que ordinariamente corre el agua por el río.  El derecho de cobrar el canon, cesará a los noventa años, después de cuyo plazo las tierras quedarán exentas de tal obligación; y los canales y demás obras destinadas al regadío, pasarán libre de todo gravamen a los dueños de las tierras.

 

            C.- Suspender la dotación de agua a las tierras que las usen, por falta de pago del canon en dos semestres consecutivos.

 

            D.- Exención de derechos de importación sobre maquinaria, herramientas y demás materiales que se introduzcan para la construcción de las obras hidráulicas, debiendo justificarse su objeto y cantidad.

 

            Artículo 3º.- Si el comienzo de las obras retardase más de cuatro meses del plazo señalado para tal cosa, la concesión quedará caducada; y perdido para el concesionario el depósito.

 

            Artículo 4º.- Las concesiones se hacen si perjuicio del derecho que otorgan a los propietarios de la Hacienda Pabur, las Resoluciones de 29 de agosto de 1863 y 28 de mayo de 1864 y en general de cualquier otro que pudiese resultar, no asumiendo por lo tanto el Gobierno, obligación ni responsabilidad al respecto.

 

            Artículo 5º.- El contrato podrá ser transferido, pero en todo caso, las cuestiones que se susciten sobre él, que no fuesen de carácter administrativo, serán sometidas a los tribunales de la República, para que las resuelvan de acuerdo con las leyes; quedando bien establecido, que por ningún motivo se intentará la vía diplomática, sea oficial u oficiosa, condición que se considera en vigor por el hecho de la aceptación de este contrato.

 

            Artículo 6º.- Una vez que el concesionario haya manifestado su aceptación a todas las condiciones precisadas por esta resolución, celébrese la respectiva escritura de contrato  que será firmada por el Director de Obras Públicas, en representación del Gobierno.

 

            Firmaba la Resolución, el ministro de Fomento Agustín Tovar.

 

            Como se puede apreciar por el texto de Resolución, en esta concesión no se incluía la derivación de las aguas del Chira al Piura como lo estipulaba la otorgada a Sears. Por lo tanto las únicas aguas excedentes aprovechables serían las que se pudieran tomar en épocas de grandes avenidas que se producían muy espaciadamente.

 

            En el año 1900 la agricultura del Alto Piura no se había desarrollado en la forma que ocurría ochenta años más tarde, pero aún así eran muy frecuentes las riñas entre los hacendados por la disputa del agua de los cinco afluentes del río Piura.  Lo cierto es que en algunos años, las aguas no pasaban por el puente de la ciudad, y en otras oportunidades su caudal era tan escaso que apenas cubría las necesidades domésticas de las numerosas poblaciones del Bajo Piura.  Por lo tanto, si el caudal de aguas se desviaba en el Medio Piura a partir de Punta Arenas, iban a ser muchos los años en que el agua del río no pasaría por la ciudad.

 

            Por otra parte, en el texto de la concesión se deja a salvo los derechos de los propietarios de la Hacienda Pabur que en 1900 estaba siendo conducida por el coronel Ricardo Seminario Arámburu, recién llegado del destierro.  Desde 1863 don Manuel Seminario y Váscones y su hermano el coronel don Augusto, habían logrado una concesión para una toma en el río, para irrigar las pampas de Pabur.  En realidad, la concesión ya había caducado por la ley misma de Aguas de Regadío, pero el poder político de la familia Seminario, se puso una vez más de manifiesto, conservando un privilegio.

 

            El escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, en “Catac-ccaos” se ocupa en forma pormenorizada de este asunto de la concesión Reid y de la campaña periodística que en torno al asunto se hizo a favor y en contra. 

 

            “La Unión” era un periódico civilista que había sido fundado por don Eduardo Reusche, y salía como semanario.  Escribían en él Celso Garrido Lecca, Julio Hernández y Julio Rodríguez.  Este sería posteriormente prefecto de Piura y de Ica y en este lugar moriría trágicamente.

 

            Julio Rodríguez, bajo la firma de “los propietarios” publicó un bien documentado artículo el 6 de abril de 1901 en “La Unión”, haciendo primero historia de los proyectos de irrigación en el Valle de Piura y luego un historial del derecho que tenían las comunidades de  Castilla, Catacaos y Sechura a las tierras de sus mayores, que ahora se suponía que estaban en peligro de pasar a manos de extranjeros.  El 10 de junio, el mismo Julio Rodríguez, hizo circular con profusión en Piura, Castilla, Catacaos y Sechura, un volante en el que no sólo se reafirmaba en lo anteriormente dicho, sino  que daba la voz de alarma ante la seguridad de un despojo de tierras.

 

            En Lima, se ocupó también del asunto “La Opinión Nacional”, periódico de mucha circulación en donde uno de sus principales redactores era el cataquense doctor Manuel Yarlequé.

 

            En ninguno de esos periódicos se dijo  que la  expropiación se haría sobre tierras que en 1900  eran improductivas, y que nunca antes había sido usadas para fines agrícolas por falta de agua.

 

            El 20 de junio de 1901, tras de una sesión de la Comunidad de Castilla, todas las autoridades de ese distrito formularon una petición al Gobierno de López de la Romaña para que se dejara sin efecto la concesión.

 

            En la ciudad de Piura circulaba como semanario “La Nueva Era”, que originalmente fue diario y pertenecían al diputado Edmundo Seminario Arámburu.  Demás está decir que apoyó en forma decidida el contrato de concesión.

 

            La mencionada publicación había dado a conocer el texto de la Resolución de Concesión y el 15 de junio de 1901 en su número 946, un poco imprudentemente daba la noticia, que desde el mes de abril se encontraba en Piura el ingeniero Félix Coronel Zegarra, haciendo los estudios técnicos de nivelación del  canal.

 

            En 1901 el ingeniero Coronel Zegarra no ocupaba cargo ministerial, pero seguía siendo senador.  Por otra parte, todo hacía suponer que había sido durante su gestión como Primer Ministro en  que se  tramitó y decidió la adjudicación, para luego y casi de inmediato ponerse al servicio de la empresa  como profesional.

 

            El 8 de setiembre de 1901, don José Seminario Rivas, propietario de la Hacienda “La  Obrilla”  en el Medio Piura, reclamaba porque el trazo del canal iba a pasar por terrenos suyos en actual producción.  Denunciaba que el proyecto sólo favorecía a los hacendados de San Vicente, El Papayo, Miraflores y Chapairá, debiendo en esta hacienda  irrigar la totalidad de tierras eriazas.

 

            En octubre, la Comunidad de Sechura eleva su protesta a la Presidencia de la República.

 

            El 5 de enero de 1902, la Comunidad de Catacaos presenta una extensa exposición ante el presidente López de la Romaña y denuncia en ella al ingeniero Coronel Zegarra.  Tal denuncia era bastante grave, pues en los estatutos de la empresa figuraban cláusulas en las que se autorizaba a conceder al ingeniero Félix Coronel Zegarra un determinado número de Acciones Industriales de la Empresa y un contrato de trabajo-profesional remunerado en Libras Esterlinas.  En el mismo documento se expresa que Coronel Zegarra se aprovechó de ser representante del departamento, ex -ministros de Estado y tener mucha influencia en los altos círculos del  Gobierno.

 

            De acuerdo a los denunciantes, la compensación por servicios profesionales pagaderos en Libras Esterlinas;  se establece por escrito, en razón “que corresponden a la remuneración debida al señor ingeniero Enrique Coronel Zegarra por obtener la concesión.”  Luego más adelante, al referirse a las acciones por otorgar se expresa: “quedará sin valor, si no  dirige los trabajos hasta su término y si estos no corresponden...”

 

            Es decir, que por menos, en los momentos actuales, cualquiera hubiera ido derecho a la cárcel;  pero eran otros tiempos y Coronel Zegarra siguió siendo hombre políticamente importante y representando a Piura como senador.

 

            Lo que asombra,  es que mientras el ingeniero Coronel Zegarra aceleraba el trámite para la Concesión Reid como Primer Ministro;  se ensañaba contra un hombre inocente como era Mariano Belaúnde.

 

            En la comunidad se produjo un clima de tensión y los campesinos salieron a las calles en bulliciosas manifestaciones de protesta.

 

            El diario “La Razón”   de Trujillo se unió al coro de denuncias periodísticas y aseguró que James Reid ya había traspasado la concesión de una empresa formada por la Casa Duncan Fox, por la Peruvian Corporation, Juan Thorndike, Ismael Aspíllaga, Julio Normand, Ernesto Mazzi, Sigismundo Jacobi, Enrique Coronel Zegarra, éste último como socio industrial con nada menos que el 10% de las utilidades y Eleodoro Romero, yerno del Presidente de la República.

 

            Es decir el capitalismo inglés, con el capitalismo nativo radicado en Lima y con la única participación vergonzante por cierto de un piurano.  Por lo demás los intereses económicos  rondaban por las altas esferas del Gobierno.

 

            Por los órganos periodísticos de Piura, Sechura, Trujillo y Lima, se principió entonces a atacar directamente al presidente López de la Romaña.

 

            Durante todo el año 1902 los ataques continuaron por parte de las Comunidades, lo que no permitió iniciar las obras.  Al final, todo quedó en una nueva aventura que fracasaba en sus etapas iniciales.

 

Huarmaca asciende a Villa

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                El pueblo de Huarmaca, fue hecho famoso por la tesis del sabio Raimondi que aseguraba que la Iglesia de ese lugar era el divortium acquarium de las aguas de las nacientes del río Piura que iba a dar al Océano Pacífico; y de un tributario del Huancabamba cuyas aguas con el Amazonas iban al Atlántico.

            Esto se producía porque la Iglesia tenía un techo de tejas a dos aguas, que iban a dos acequias, las que se engrosaban con las aguas de otras para formar una quebrada.

 

            En noviembre de 1900, se dio la correspondiente Ley que decía:

 

            El Presidente de la República.

 

            Por cuanto el Congreso ha dado la Ley siguiente:

 

            El Congreso de la República Peruana,

 

            Ha dado la Ley siguiente:

 

            Artículo Único.- Elévese a la categoría de Villa al pueblo de Huarmaca de la Provincia de Huancabamba, del Departamento de Piura.

 

            Comuníquese al Poder Ejecutivo, para que disponga  lo necesario para su cumplimiento.

 

            Dada en la Sala de Sesiones del Congreso de Lima a los 25 días del mes de octubre de 1900.

 

            J. Normand Presidente del Senado.- C. De Piérola, Presidente de la Cámara de Diputados; Ricardo Morzán Senador Pro-Secretario, Miguel Rojas, Diputado Secretario.

 

            Excelentísimo Señor Presidente de la República.

 

            Por tanto mando se imprima, publique y circule y se le dé el debido cumplimiento.

 

            Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a 19 de Noviembre de 1900.

 

            Eduardo L. de Romaña.- E. Zapata.

 

            Como cabría suponer, la elevación de Huarmaca de pueblo a Villa no significaba ninguna modificación.  Solo satisfacía el amor propio del vecindario.

 

Elecciones municipales y renovación del tercio

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            La Junta Electoral Nacional que fue recesada por el Ejecutivo en abril de 1899, volvió a entrar en funciones por ley del 10 de octubre del mismo año.  La presidió don Carlos de Piérola, hermano de don Nicolás.

 

            Entre la Junta y el presidente López de la Romaña y sus Ministros, se produjeron serias discrepancias, que motivaron varias veces la renuncia de los delegados del Ejecutivo ante la Junta en 1900 y en 1901.

 

            En diciembre de 1900 se celebraron las elecciones municipales.  En Lima se presentó para la Alcaldía, el “Caudillo” don Nicolás de Piérola acompañado de una lista de connotados demócratas.  En la oposición se presentó un grupo llamado Liga Independiente.

 

            Ante la sorpresa de todos y no obstante contar con los resortes legales, perdió Piérola lo que demostraba el enorme desgaste que había sufrido en el ejercicio reciente del poder.  Triunfante el otro grupo, eligió entre ellos a Federico Elguera como alcalde de Lima, siendo en ese cargo  uno de los mejores que tuvo.

 

            En Piura resultó elegido don Ramón Ruidías.

 

            Las elecciones para el tercio parlamentario se realizaron en enero, de 1901.

 

            Estas fueron completamente amañadas.  La Junta se enfrentó al Ejecutivo y lo acusó que por intermedio de su ministro de Gobierno coronel Ernesto Zapata, había hecho cambio de autoridades y usado los fondos fiscales para apoyar a determinados candidatos.  Pidió el enjuiciamiento de tales autoridades, pero el Ejecutivo no le hizo caso.

 

            La Junta Electoral Nacional en forma concreta señaló las siguientes  provincias en donde ya se habían realizado elecciones fraudulentas: Piura, Paita, Tumbes, Pallasca, Yauyos, Chincha, Islay,  Tacna, Tarata, Huánuco, Huamalíes, Dos de Mayo, Arequipa, Junín y otros más.  Es decir que en cuanto al Departamento de Piura sólo dos provincias no se mencionaban Ayabaca y  Huancabamba.

 

            En 1901 en Piura se había producido un cambio de prefecto que casi no tenía precedentes.  En efecto, pasaron por la casa prefectural don Fernando Elías, el coronel Guillermo Yánez, el coronel Pedro Muñiz y el doctor Justo García Irigoyen.

 

            Todo el asunto y tirantez entre la Junta y el Ejecutivo se originó a causa  de que don Carlos de Piérola denunció que en Junín el Prefecto había intervenido descaradamente en las elecciones.  Allí eran los demócratas los que se peleaban la curul vacante.

 

            El Ejecutivo por intermedio del ministro de Gobierno, coronel Zapata –el exprefecto de Piura- contra-atacó enviando el 6 de julio de 1901 una comunicación al presidente de la Junta don Carlos de Piérola, en la que decía que el Ejecutivo había agotado la prudencia y las medidas de seguridad, pero que la Junta Electoral Nacional hacía gala de una censurable conducta y había proclamado como representantes   a Congreso por la provincias de Tacna, Piura, Paita, Huánuco, Antabamba y Cajamarca, a candidatos;  sin haberse efectuado elecciones de tales lugares.

 

            La denuncia era sin duda grave, pero la Junta Electoral en lugar de ir al fondo de la cuestión se fue por las ramas y su respuesta fue sumamente hiriente para el poder Ejecutivo, por cuyo motivo don Carlos de Piérola, fue denunciado penalmente y como era diputado, quedó a disposición de su Cámara.  Todo quedó ahí.

 

            Al instalarse el Congreso ya renovado el 31 de julio de 1901, don Carlos de Piérola, con la adhesión de 30 representantes, presentó una moción de censura contra del Gabinete de Almenara.  Todos los firmantes eran del Partido Demócrata de Piérola y entre ellos estaban los diputados cuyas curules estaban en tela de juicio como los de Paita y Piura.

 

            El Gabinete se presentó el 8de agosto de 1901 concurriendo a cuatro sesiones más en donde se produjeron ardorosos debates.  En resumen, los diputados y senadores demócratas se consideraban agraviados y hostilizados por un gabinete del Partido Civil y por el presidente de la República, al que consideraban del mismo Partido.

 

            Al final la censura se aprobó por 45 votos contra 44 en la Cámara de Diputados, pero resultó que el senado hizo conocer su discrepancia.

 

            Almenara había renunciado desde el 14 de agosto, pero el presidente de la República mantuvo a su Gabinete hasta el 11 de setiembre en que fue nombrado como presidente del Consejo de Ministros el doctor Cesáreo Chacaltana.

 

            En Piura, el enorme poder político de los Seminario Váscones y Seminario Arámburu, fue la causal de que prácticamente no hubiera renovación del tercio entre los parlamentarios titulares y siguieron igual que en 1900, es decir: los hermanos Felipe, Oswaldo y Edmundo Seminario Arámburu, César Cortés Sarrio y Enrique  Espinosa.

            En cuanto a los suplentes siguieron Simón Carrión, Rodolfo Burneo, Federico Adrianzén y Ramón León.  Solamente fue cambiado Pedro Galup por Eleazar Sánchez, paiteños.

 

            En el senado seguían el coronel Augusto Seminario y Váscones, el ingeniero Enrique Coronel Zegarra y Gustavo Escudero.  Como suplentes, el coronel Maximiliano Frías, Enrique Forero y Marco Antonio Herrera.  Este  equipo se mantendría hasta el año 1906, no así el de diputados que se renovaría en 1903.

 

            Ahora veamos quienes eran los prefectos de Piura.  El coronel Guillermo Yánez fue uno de los más preclaros defensores del honor nacional en la Guerra con Chile.  En la batalla de San Juan fue herido y luego se plegó a Cáceres en la campaña de la Breña habiendo concurrido a las acciones de Pucará y Huamachuco.

 

            El coronel Pedro Muñiz Sevilla, fue posteriormente prefecto de Piura varias veces.  Tenía solamente 17 años cuando se enroló como voluntario en el ejército del sur, durante la Guerra con Chile.  Estuvo en la batalla de Miraflores en el famoso batallón “Guarnición de Marina” y se plegó a Cáceres tomando parte en todas las acciones de la campaña de la Breña.  En 1895   había sido prefecto de Lima.  Se exiló a la Argentina cuando Piérola subió al poder y regresó en 1900.  De Piura pasó a La Libertad, también como prefecto y en 1904 es ministro de Guerra y también en 1907.  En 1914 fue ascendido a general de división y en 1915 era senador por el departamento de Piura; lanzó su candidatura a la presidencia de la República, pero perdió ante don José Pardo.

 

            El 16 de noviembre de 1915 falleció en Lima, cuando ocupaba una curul senatorial por nuestro departamento.

 

            El doctor Justo David García Irigoyen, político y jurisconsulto limeño, integrante del Partido Civil.  Más tarde fue diputado por Huari, alcalde de Lima y presidente de la Cámara de Diputados.  Fue deportado en 1919.

 

Ramón Espinoza y el Congreso Obrero

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                En marzo de 1901 tuvo lugar en Lima el 1er. Congreso Obrero a nivel nacional.  Era el primer intento serio de unir a todos los obreros y sindicatos ya existentes para constituir una fuerza capaz de hacerse  oír.

 

            Este congreso fue dirigido y convocado por un profesor primario, natural de Piura pero radicado en Lima.  Era don Ramón Espinoza Michelena.

 

            El Congreso Obrero, planteó la determinación de las horas diarias de trabajo y la vigencia de una remuneración justa. El establecimiento de hospicios para trabajadores obreros ancianos y retirados, el ahorro obrero y el derecho a la recreación y esparcimiento con la construcción de campos deportivos.  Hubo quejas contra la carestía de los artículos de primera necesidad y se pidió que la municipalidad suspendiera los arbitrios que incidían sobre los precios.  Pedía sanciones fuertes para los especuladores y se planteó la organización de una institución mutualista que se denominaría Asamblea de Sociedades Unidas.

 

            Educador al fin, Espinoza hizo aprobar por la asamblea, el pedido de la creación de una Escuela de Artes y Oficios en Lima, la formación de una biblioteca y que se editara un periódico que se llamaría “La Voz Obrera”.

 

            Ramón Espinoza nació el 31 de agosto de 1861 siendo su padre don Enrique Espinoza López y su madre doña Ramona Michelena.  Desde que era niño la familia se trasladó a Lima, pero mantuvieron la vinculación con la tierra natal Huancabamba y en 1901, don Enrique era diputado por esa provincia.

 

            Al estallar la Guerra con Chile se alistó en el batallón Manco Cápac y combatió en San Juan  y Miraflores.  El Manco Cápac era la unidad a la que pertenecieron los jóvenes héroes piuranos Alberto y Toribio Seminario Cortés.

 

            Luego Espinoza  estudió Derecho en  San Marcos.  Asumió la dirección de la Escuela Municipal de Lima Nº 3 y más tarde la del Centro Escolar Nº 448, que ahora se llama “Ramón Espinoza”.

 

            Fundó la Sociedad de Preceptores, creó con su propio peculio una escuela en el Agustino, para niños retardados mentales.  Otra para adultos en los Barrios Altos y una Academia de Perfeccionamiento Magisterial para los maestros.  Luego una escuela nocturna para obreros.

 

            Llegó a ser diputado por las provincias de Piura, Lima y Huallaga.  Miembro del Concejo Provincial de Lima.  Fundó el periódico “La  Infancia” y fue redactor principal de la “Voz  Obrera”.  Murió en Lima el 11 de marzo de 1914.

 

Los crímenes del comandante Martínez

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                En octubre de 1901, estaba al frente del Consejo de Ministros el doctor Cesáreo Chacaltana, como ministro de Guerra el capitán de navío Melitón Carvajal sobreviviente de Angamos y como ministro de Gobierno Leonidas Cárdenas.   Era este miembro del Partido Civil que en las pasadas elecciones había lanzado su candidatura  a una senaduría por Junín según un pacto con sus aliados del Partido Demócrata.  Parece sin embargo que a última hora, y faltando a lo acordado, los demócratas lanzaron la candidatura  de Joaquín Capelo.   Al final, éste logró la curul, pero el hecho demuestra como los aliados demócratas y civilistas ya se habían distanciado profundamente.

 

            En el mencionado mes de octubre, era prefecto de Piura el doctor García Irigoyen y de Tumbes el coronel Heráclio Fernández.  En Piura estaba acantonado el escuadrón “Regeneración” al mando del teniente coronel Rufino Martínez, personaje atrabiliario al que la comunidad piurana rechazaba.

 

            Los luctuosos hechos que este militar protagonizó en Piura, son narrados por el doctor Basadre en “Historia de la República del Perú”.

 

            Según el relato, en octubre de 1901, tres hombres fueron detenidos en el cuartel de policía de Piura, y tras de ser torturados como se había vuelto costumbres, fueron sacados a media noche con fuerte escolta armada,

Llevados en dirección a Sullana y asesinados en el despoblado.  Días más tarde, los tres cadáveres aparecieron casi devorados por los buitres en el  sitio llamado Pazul.  Este es un desolado paraje ubicado entre el antiguo camino de Sullana a Tumbes. Los diputados Seminario Arámburu, plantearon una interpelación al ministro de Gobierno Leonidas Cárdenas, el que acudió a la Cámara de Diputados el 4 de diciembre.

 

            La acusación que se formuló en la Cámara fue contra Martínez y contra las autoridades políticas de Piura.  Se aseguraba que en el departamento imperaba un verdadero régimen de terror para los que formaban la oposición al Gobierno y en este grupo se alineaba a los demócratas que tenían como sus más conspicuos representantes en la región a los Seminario Váscones y a los Seminario Arámburu, que hasta hacía poco había regido a  su entera voluntad los destinos de Piura y Tumbes.

 

            Muchas cosas salieron a ventilarse en el recinto parlamentario.  Se denunció que los tres presos asesinados en Pazul debían ser llevados a Lambayeque y que no había razón para  que sus cuerpos  mutilados aparecieran en un punto cardinal opuesto.  Se aseguró que Martínez, sin juicio de por medio, había dispuesto el fusilamiento de dos oficiales de apellido Sumárraga y Vílchez en Piura, pero que los jueces tenían tan gran temor a Martínez que no se dispuso la exhumación de los cadáveres de los dos fusilados, ni tampoco se consiguió  médico que hiciera la necropsia.  Por último se hizo conocer en las Cámaras, que Martínez había tenido un sangriento duelo con el hermano del diputado Oswaldo Seminario Arámburu, el que posiblemente fue el coronel Ricardo Seminario Arámburu, llegado recientemente del destierro.

 

            El ministro Leonidas Cárdenas, aseguró en las cámaras que los tres cuerpos destrozados aparecidos en Pazul, correspondían a ladrones de 9 caballos de una hacienda del valle del Chira, los mismos que fueron detenidos y que cuando eran trasladados en canoa al otro lado del río, se arrojaron a las aguas y que no se supo de ellos, es decir si perecieron o se salvaron.

 

            El ministro insinuaba que se habían ahogado, y eso sólo podía decirse a los diputados de Lima que no conocían la geografía departamental.  En primer lugar, en octubre el Chira está en periodo de estiaje y en segundo término, entre el río y Pazul, hay una distancia de 55  kilómetros en línea recta a vuelo de pájaro.

 

            Se dispuso una investigación en el fuero militar y como resultado de la misma quedó establecido, que no había pruebas, que comprometieran al teniente coronel Martínez ni al prefecto de Piura en delitos y crímenes, y consecuentemente no había motivo para abrir ningún juicio.

 

            Martínez hubiera quedado como inocente ante la opinión pública, a no ser por la declaración pública que en un diario hizo uno de sus ex –subordinados, el mayor Ramiro de Osma, asqueado por tanto crimen y la cómplice complacencia, que se podía comprobar en algunas esferas del Gobierno y de la justicia militar.

 

            Las declaraciones de Osma fueron tan precisas, que el Estado Mayor sintiéndose en una situación incómoda, eligió el peor camino: disponer la detención del mayor Osma  por desacato y otros cargos.  De inmediato el hermano del mayor, don Pedro de Osma que era parlamentario, periodista e importante hombre público, asumió la defensa de su hermano desde el diario limeño “El Tiempo”, abriendo campaña el 15 de enero de 1902.  Bajo su ardorosa pluma, nadie se libró; de tal manera que tanto el Primer Ministro como el capitán de navío Melitón Carvajal que era ministro de Guerra, recibieron duras críticas.

 

            Ante esa situación, el ministro de Guerra, Carvajal presentó su renuncia, siendo reemplazado por el prefecto de Tumbes, coronel Heraclio Fernández.

 

            Con el nuevo ministro, se abrió proceso en el fuero militar a Martínez, pero éste huyó y no fue a parar sino hasta Chile.  Juzgado en ausencia, se le condenó a la pena de muerte dada la magnitud de sus delitos, pero luego se le conmutó la pena por doce años de penitenciaría.

 

            Quince años más tarde cuando ya había prescrito el tiempo de la condena, retornó al Perú portando certificados de trabajo y de buena conducta.

 

            Los peruanos se caracterizan por ser muy olvidadizos y fue así como el 9 de enero de 1920 un grupo de senadores entre los que estaba Carlos de Piérola, uno de los principales acusadores de Martínez en 1902, proponía un proyecto de ley para reinscribir en el escalafón militar al teniente coronel Manuel Rufino Martínez.   Hasta entonces, sólo habían sido rehabilitados los militares que por razones políticas habían sido borrados del escalafón militar.  Era el de Martínez un caso singular, que un criminal que en verdad debió ser juzgado por la justicia común reingresaba a las fuerzas armadas.  Por si fuera poco, al finalizar el mismo año y seguramente en base a los “méritos” que ostentaba, fue promovido por ese mismo Congreso al grado de  Coronel.  Eran los tiempos de la llamada “Patria Nueva” del presidente Leguía, el cual dio a Martínez  ¡el mando de la policía de Lima¡.

 

El Patrón de Oro como moneda

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            La guerra con Chile trastornó todo el sistema económico y monetario del país.

 

            Desapareció la moneda de oro y retornaron los billetes de papel, que nadie quería.  Se trató de dar unidad a la emisión monetaria, pero el cambio de gobierno frustró la llegada de la nueva moneda de 40 millones de Incas que se había ordenado fabricar en los Estados Unidos.

 

            Cuando Piérola asumió el poder en 1895 fue poco a poco introduciendo el sistema bimetalista con el fin de implantar luego en forma definitiva el patrón de oro único, lo cual significó una restricción progresiva de la acuñación de la moneda de plata hasta su total prohibición.

 

            En setiembre de 1900 se presenta en el senado un proyecto para dar carácter legal a la libra peruana de oro que desde había bastante tiempo estaba circulando.  En el mismo proyecto de ley se le consideraba un valor equivalente a diez soles de plata y a la libra esterlina inglesa.  El 13 de octubre se promulgó  la mencionada ley.

 

            Un año más tarde, se notó una gran escasez de la moneda de oro, y el ministro de Hacienda Ward en su informe al Congreso dijo que una de las causas era el aprecio que se tenía por la moneda peruana en el extranjero y también a causa de que los indígenas sentían singular atracción  por tales monedas y las guardaban, hecho que también se podía apreciar entre los indígenas de Catacaos.

 

            En el mundo, las monedas más fuertes en esa época eran la Libra Peruana y la Libra Esterlina y se daban siete dólares norteamericanos por cada Libra Peruana.

 

            Es decir, que nuestra moneda al igual que en 2007 el dólar, se usaba como divisa internacional.  En el año 1989, el Perú tenía una de las peores monedas del mundo.

 

            El 12 de octubre de 1901 los senadores  José Carlos Bernales y Enrique Coronel Zegarra, presentaron dos proyectos que se complementaban.  Se disponía mediante uno de dichos proyectos, recoger un millón de soles peruanos de plata y reemplazarlos por 100 000 Libras Peruanas de Oro, y como el Perú era productor de ese metal, no había mayor problema.   El otro proyecto, establecía en forma definitiva el Patrón de oro.

 

            La Libra Peruana se convertía por ley del 14 de diciembre de 1901 en la unidad monetaria del Perú.  Era un disco de 22 mm. de diámetro, con 11 partes de oro y dos de plata, siendo su peso de 7 gramos 988mg.  Para facilitar las transacciones habrían también monedas de media libra, siendo su poder cancelatorio ilimitado.  El poder cancelatorio de los soles de plata que quedaban, sólo se limitaba a cien  soles, es decir que nadie estaba obligado a recibir en pago por cada operación, más de 100 soles.  En cuanto a las monedas de cobre de uno y dos centavos, nadie estaba obligado a recibir más de veinte centavos en cancelación de pagos.  Ya no se fabricarían más monedas de plata o de cobre.  La fabricación de monedas de oro sería ilimitada.

 

            En 1914 para preservar las reservas de oro del Perú.  Se vuelve al billete y de igual modo se regresa al cheque bancario con garantía.  En 1922 se crea el Banco de Reserva como el único instituto emisor de moneda.  Luego viene la crisis financiera y económica del año 1930, y tras la deposición del presidente Leguía;  el comandante Sánchez Cerro contrata a la Misión Kemmerer de Estados Unidos que elabora el anteproyecto de Ley Orgánica Monetaria, la que dice:  “La larga y feliz experiencia del Perú con el Patrón de Oro desde 1987 hasta 1914, ha convencido al público peruano de que el establecimiento del Patrón de Oro, corresponde a una necesidad positiva de manera que la recomendación de la misión era que el Perú debía volver sin pérdida de tiempo al Patrón de Oro, lo que no necesita justificarse”.  En 1930 reaparece el sol de oro como unidad monetaria, pero sin acuñar.  En esos momentos un dólar de los Estados Unidos valía S/.2,50.

 

            Los soles de plata nueve décimos primero y de cinco décimos más tarde, llevaban el lírico pero nunca logrado pensamiento de “firme y feliz por la unión”.

 

            Cuando terminó la Segunda Guerra mundial, se creó el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se acordó que fuera el oro metálico la medida internacional del valor económico.

 

            El sol se depreció en tal forma, que el año 1985 durante el segundo Gobierno del arquitecto Belaúnde, desapareció como unidad monetaria siendo reemplazado por el Inti  que equivalía a 1 000 soles. Bien pronto la nueva moneda sufrió una mayor desvalorización durante el Gobierno del presidente Alan García, por efectos de la inflación galopante que asoló al país los años 1988 y 1989.

 

Se crea la Provincia Litoral de Tumbes

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                Tumbes había sido un antiguo distrito de la provincia de Paita y como tal integraba al departamento de Piura.

 

            Por ley del 12 de enero de 1871 fue segregado de la provincia de Paita para conformar otra provincia más del departamento de Piura.

 

            Por ley del 20 de diciembre de 1901, la provincia de Tumbes, se convierte en Provincia Litoral., lo que le daba categoría del departamento y a partir de esa fecha quedaba desligada en forma total del departamento de Piura, temiendo su propio prefecto, y demás autoridades propias de un departamento.

 

            En esa época existían tres provincias litorales en el Perú: Moquegua creada en 1875, el Callao llamada Constitucional en 1857 y la ahora Provincia Litoral de Tumbes.

 

            Sus distritos fueron:

            Tumbes, capital Tumbes.

            San Juan de la Virgen, capital San Juan.

            San Pedro de los Incas, capital Corrales.

            Contralmirante Villar, capital Zorritos.

 

            En la guerra con Chile, destacaron entre otros, los siguientes tumbesinos: Elías Bodero, capitán de artillería;  Andrés Araujo, tripulante del "Huáscar";  Enrique Vásquez y Manuel Arellano.

 

Proyecto Von Hassel de F.C. Paita al Marañón

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                Con la iniciación del nuevo siglo, se despertó una verdadera inquietud por lograr una mejor comunicación con la región amazónica.

 

            Eran muchísimas las razones que despertaban ese inusitado interés.  Se buscaba en primer término integrar esas ricas regiones que aún eran atracción por la llamada fiebre del caucho, y evitar su desperuanización, a causa de la infiltración de los caucheros colombianos y sobre todo de los bandeirantes del Brasil.

 

            La rebelión federalista que hacía pocos años antes había comandado el  coronel piurano Ricardo Seminario Arámburu en Iquitos, era una voz de alerta de lo flojos que estaban esos extensos territorios en cuanto a vínculos con el resto de la Patria.

 

            Por otra parte, se trataba de lograr una salida propia hacia el Atlántico y los mercados de Europa por intermedio del río Amazonas, en momentos en que Estados Unidos había asumido la construcción del Canal de Panamá, y por lo tanto iba a controlar esa vía artificial interoceánica.

 

            En 1901 el Gobierno de López de la Romaña dictó diversas disposiciones legales para estimular las exploraciones selváticas, sobre todo las relacionadas con el aprovechamiento de los ríos navegables para crear vías fluviales entroncándolas con caminos y vías férreas.

 

            Los caminos en esos tiempos, eran usados por acémilas.  En el Perú y también en Piura, a la inversa de lo  que pasaba en Estados  Unidos y desde siglos en Europa, no se usaban vehículos de tiro para el transporte de pasajeros y de carga. No habían diligencias ni carromatos. Todo se hacía a lomo de caballo, o de mula, o de asno, por cuanto no había diligencias ni carretas que hicieran servicios regulares.  Por lo tanto sólo el ferrocarril era la solución para nuestros problemas de comunicaciones en el siglo que empezaba.

 

            Ya hemos visto al tratar de la República en su etapa anterior a la guerra con Chile como Rudecindo Garrido, de Paita, hizo un valioso estudio científico sobre la factibilidad e importancia de construir un ferrocarril entre Paita y el Marañón.

 

            Esto era en 1843 cuando recién empezaban a circular los primeros ferrocarriles en Estados  Unidos y en Europa.  En base a los estudios anteriores, el ingeniero Alfredo Duval por encargo del Gobierno hizo un nuevo estudio, coincidiendo fundamentalmente con el anterior.  Este informe fue presentado  el 15 de agosto de 1872 y del mismo nos ocupamos en el título “Duval estudia F.C. Paita al Marañón”.  Por esa época ya se había iniciado la construcción del F.C. Paita -  Piura de tal modo que sólo se trataba de prolongarlo.  Vienen luego los estudios complementarios del ingeniero Pedro Quartel también por cuenta del Estado y la ley del 30 de abril de 1873 que autoriza a efectuar estudios definitivos para el ferrocarril de Paita a Puerto Limón sobre el Marañón.

 

            La cosa fatalmente  quedó ahí y la Guerra con Chile paralizó no sólo los estudios sino hasta la construcción misma del F.C. Paita – Piura.

 

            Fue la iniciativa y el esfuerzo particular, que permitió que tanto la construcción como los estudios ferroviarios en nuestro departamento se reiniciaran.

 

            Las riquezas mineras de Tambogrande, fueron un incentivo más como para pensar en un ramal de Sullana hasta esa población con perspectivas de prolongarlo hasta la frontera.

 

            Cuando nos hemos referido a los grandes hechos del año 1890 tratamos de las inquietudes del empresario petrolero Hebert Tweddle que de su propio peculio dispuso que el ingeniero Sam Scold hiciera nuevos estudios, y tal fue su interés que él personalmente en compañía de los hombres públicos piuranos Víctor Eguiguren, Vicente Eguiguren y Enrique Coronel Zegarra hicieron la ruta.  De ahí nació la indesmayable pasión de  éste último por el ferrocarril, que lo acompañaría por el resto de su existencia.

 

            Una información importante en cualquier estudio que se tuviera que hacer, era la certeza de que en Porculla existe un paso o abra en la Cordillera de los Andes a sólo 2 144 metros de altura, o sea el punto de tránsito más bajo en el norte del Perú.

                       

            Porculla está situado al sur del distrito de Huarmaca, provincia de Huancabamba y se encuentra flanqueado por los poblados de La Capilla, Landacay y La Vieja.  Esta región está un poco aislada desde el punto de vista vial del resto del departamento de Piura,  siendo ambicionada por el departamento de Lambayeque para justificar de mejor modo, todo proyecto ferroviario, del Pacífico al Marañón.  La actual carretera de Olmos al  Marañón, pasa por Porculla.

 

            En 1868 cuando Raimondi recorrió el departamento de Piura se refirió a Porculla o paso de Huarmaca, del que dijo era el más bajo de los Andes del Norte.  Por lo tanto, la referencia del  explorador lambayecano Antonio Mesones Muro a dicho paso en 1902 tenía 34 años de atraso.

 

            El diputado sullanero José Carlos Carrasco en su exposición ante la Cámara de Diputados en mayo de 1987 expresaba que en 1898 el asunto del ferrocarril volvió al plano del la actualidad cuando la empresa de Oliver Jones, presentó al Gobierno un proyecto para llevar adelante su construcción.

 

            Por esa época, el ingeniero M. Helguera como Delegado del Perú ante el Congreso Mundial de Minería reunido en Salt  Lake  City, Utah en Estados Unidos dio un discurso  sobre la riqueza minera del Perú y se refirió a Tambogrande, y también a la producción piurana de algodón tratando de alentar a los inversionistas para traer capitales al Perú.

 

            El año 1900 el doctor Manuel Patiño Zamudio publica un croquis con el trazo que debía de tener el ferrocarril a partir de Piura.  Seguía por el río del mismo nombre, penetraba a Huancabamba y llegaba a la altura del Marañón en un punto más al norte del Pongo de Manseriche, desde donde aseguraba ya era navegable el río.

 

            El 8 de noviembre de 1901 gracias al tesón del senador Enrique Coronel Zegarra se promulgó una ley, autorizando al Ejecutivo a llevar a cabo estudios definitivos para la construcción de una línea férrea, de un punto de la costa del Pacífico hasta la ribera del río Marañón en un punto situado más arriba del Pongo de Manseriche y para atender a los gastos se autorizaba una Partida de 2 000  Libras Peruanas.

 

            Por el mismo año, el ingeniero alemán Jorge M. Von Hassel había hecho un minucioso análisis de las diversas rutas que se habían propuesto para unir el Pacífico con la vertiente del Amazonas.  Se pronunció en forma decidida y rotunda por el proyecto de Paita al  Marañón.

 

            El ingeniero Von Hassel hizo público su proyecto dando una conferencia ante la Sociedad Geográfica de Lima, en noviembre de 1901.  El trazo del proyecto era sumamente ambicioso pues se trataba de prolongar la vía hasta Iquitos, siendo su recorrido el siguiente:  Paita-Piura-Morropón, Salitral-Huancabamba-Jaén-Bellavista, El Imasa-el río Nieva-el Pongo de Manseriche (río Marañón)-Iquitos.  La longitud de la vía era en total de 761 kms. de los que 420 kms. correspondían al tramo Paita-Puerto Limón sobre el Marañón.  De acuerdo a Von Hassel, que había recorrido en forma minuciosa la ruta, no se presentaban ningún problema técnico  a pesar de no usar el abra de Porculla.  El costo del ferrocarril se estimaba en 2 805 000 libras peruanas, cifra sin duda fantástica, pero su proyección era equivalente a la de un canal interoceánico y se suponía  que muchas empresas y gobiernos extranjeros  podrían poner interés en su financiación.  Como parte del proyecto ferroviario, debía de tenderse en forma paralela al ferrocarril, una línea telegráfica entre Piura e Iquitos.

 

 

               

               

 

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