Capítulo V - Sigue la peste bubónica

CAPÍTULO V

 

SIGUE LA PESTE BUBÓNICA

 

 

 

Ø       Veinte años después

Ø       Ley de ferrocarriles

Ø       El Colegio Salesiano

Ø       Fallece el contralmirante Montero

Ø       Intentan instalar agua potable en Piura

Ø       Hilbck y la concesión de irrigación

Ø       Expulsan del Ecuador a los Redentoristas

Ø       Aparece “El Sol”

Ø       Enladrillado de calles

Ø       Pozo de agua en Catacaos

Ø       Sigue la peste

Ø       Capítulo de bandoleros

Ø       Pacipampa, capital distrital

Ø       Fiesta de Virgen de las Mercedes

Ø       Ratoncito en la Iglesia

Ø       Descubren partida de bautizo de Salaverry

 

 

Veinte años después

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                El Dr. José Albán Ramos, en su obra “Recuento Histórico Cultural del Departamento de Piura” narra un hecho que parece del mas puro estilo del escritor francés Alejandro Dumas y sus Tres Mosqueteros, en “Veinte años después”.

                La diferencia estriba en que los hechos narrados por el Dr. Ramos ocurrieron efectivamente en Piura en los primeros años de este siglo, y nada tienen de ficción, pues el narrador es un descendiente de uno de los principales protagonistas.

 

                En honor a la verdad, el Dr. Ramos toma la versión de es gran narrador de la historia de Piura que fue don José Vicente Rázuri, y la avala, dándole a los hechos total credibilidad.

 

                El año 1883 fue muy conmovido en el departamento. Facciones caceristas e iglesistas se enfrentan en el campo y las ciudades. Piura por esa época tenía tres prefectos: el coronel Augusto Seminario y Váscones nombrado por Iglesias y que no disponía de ningún poder, el coronel Genaro Carrasco posesionado del Alto Piura y el coronel Frenando Seminario que mandaba indiscutiblemente en Piura y en el resto del departamento. Pero luego vino la derrota de Cáceres en Huamachuco cuando venía a unirse a las fuerzas del norte. El crimen de Poclús fue otro hecho importante que decidió al joven Eloy Castro a tomar las armas y unirse a los partidarios de Cáceres para satisfacer una venganza que cumplió a lo largo de veinte años y por último se suscribió el tratado de Ancón.

 

                Los chilenos enviaron entonces una fuerza militar a Piura para pacificarla, y estos impusieron en la prefectura a don Augusto Seminario teniendo que expatriarse al Ecuador su primo el coronel Fernando Seminario y Echandía.

 

                Piura no sólo estaba dividida por bandos políticos sino también por los odios familiares de los que eran principales protagonistas los Seminario. Estos personajes eran ricos e influyentes, abusivos y completamente atrabiliarios pues ellos imponían su propia ley.

 

                El barrio norteño de la mangachería, tenía un vecindario bullanguero formado en una gran mayoría por mulatos. Era gente que ponía mucha pasión en sus simpatías políticas, y seguía a sus líderes con lealtad y sacrificio. La mangachería fue el fortín de don Fernando Seminario y Echandía, y fue por eso que el nuevo prefecto, don Augusto la puso en la línea de mira. Pensaba que por todas partes se conspiraba en su contra, pues había sido impuesto por el enemigo y la posibilidad de un retorno de su primo, el coronel Fernando se le volvió obsesión.

 

                Eran líderes fernandistas en la mangachería don Higinio Albán y su hermana Manuela, más conocida como “La Chava”. Ellos eran los que armaban los mítines y las algaradas.

 

                En las pesquisas y redadas que hiciera las fuerzas de gendarmería a las órdenes del nuevo prefecto, cayó don Higinio y dada la importancia de este personaje, fue el propio coronel prefecto don A gusto el que lo interrogó. Utilizó todos los recursos: primero dádivas y promesas, luego amenazas, pero la autoridad no logró ninguna información. De acuerdo a los hechos posteriores, en realidad don Higinio no tenía cosa de importancia que declarar, pero el prefecto no lo creía así y dispuso un castigo de 25 azotes a nalga limpia. La sanción aparte de ser muy dura, era infamante, pero como el reo aún así se negó a decir esta boca es mía, le repitieron la dosis y lo dejaron en estado calamitoso y sangrante, en forma tal que los esbirros que seguían al prefecto temieron que don Higinio se muriese en el cuartel.

 

                Doña Joaquina Silva, esposa de don Higinio acudió a la prefectura para que le devolvieran a su marido, pero del despacho superior partió la orden de que el reo fuera conducido a los despoblados de Huan y allí se le fusilara.

 

                Indudablemente que en esos tiempos la vida de la gente no valía nada y menos la de los humildes.

 

                A las 7 de la noche un grupo armado salía de Piura conduciendo sobre una mula, y de cualquier modo, a don Higinio, el cual sin embargo tuvo fuerzas para gritar que lo llevaban a fusilar.

 Doña Joaquina seguía a distancia a su marido y presenció el fusilamiento, de tal manera que de inmediato se fue en busca de ayuda al caserío vecino y allí don Manuel Siancas le proporcionó un burro, sobre el cual colocaron el cadáver y a las 6 de la mañana la trágica caravana hacía su ingreso a la ciudad de Piura que recién se desperezaba en un nuevo amanecer.

 

                Todo el barrio concurrió al velorio de don Higinio y luego por la noche en una nutrida procesión fúnebre y a la luz de gran cantidad de farolas, se enterraron los restos de don Higinio.

 

                Estos sucesos ocurrieron incuestionablemente el año de 1883 y no en 1884 como lo consigna don José Vicente Rázuri. El 24 de febrero de 1884 es nombrado prefecto de Piura don Alejandro Cortez, es decir que por muy pocos meses estuvo el coronel Augusto Seminario Váscones en éste cargo, pues se trataba de un personaje que don Vicente Rázuri no lo llega a mencionar.

 

                Don Augusto pasa a residir por un período a Lima pues fue elegido diputado por Abancay.

 

                Dice don José Vicente Rázuri que habiendo capitulado el presidente Iglesias el 3 de diciembre de 1885, don Augusto se trasladó a Chile en donde prosperó en los negocios y que sólo retornó a Piura en 1904 cuando se asoció con don Vicente Eguiguren para explotar la hacienda Talandracas.

 

                En realidad don Augusto, fue en junio de 1894 el iniciador en Sullana de la rebelión pierolista que se extendió por todo el Perú y derrocó a Cáceres en 1895 y desde ese año hasta 1905 fue senador por Piura. Incluso en 1895 fue por breve tiempo otra vez prefecto de Piura.

 

                Los nuevos sucesos que se van a relatar los ubica Rázuri el 27 de marzo de 1904, pero considero que fueron en 1905. Ese día había ido el coronel Seminario, al correo que estaba en la calle Tacna, en la segunda cuadra, y se dirigía a su residencia en la calle Libertad, cuando en la esquina Huánuco-Tacna fue interceptado por un mocetón que le preguntó si era el prefecto de 1883 a lo que el interpelado dijo que sí. La respuesta fue: “soy el hijo de don Higinio Albán y vengo a vengar su muerte porque Ud. fue su asesino”. Hecho eso, desenfundó su revólver y disparó a quemarropa dos veces. El coronel Seminario cayó en medio de un charco de sangre y Albán creyendo haberlo matado, fue a entregarse a la gendarmería.

 

                Se armó un gran revuelo en Piura y menudo problema fue para el prefecto Germán Leguía y Martínez y para el subprefecto Francisco Bazo. Rápidamente armaron un expediente y lo enviaron al juez Adriano Velásquez. Felizmente, el coronel Seminario sólo estaba herido. Dice Rázuri que el abogado Enrique López Albújar hizo en “El amigo del pueblo” el 29 de marzo un esclarecedor editorial. Hay que aclarar que el mencionado semanario apareció el 10 de agosto de 1904, de tal modo que el editorial posiblemente fue en marzo de 1905.

 

                La atención de Piura fue embargada por el suceso y la mayor parte de las personas encontraban una justificación en el tardío acto de venganza.

 

                El proceso se llevó con rapidez y el asunto pasó a la Corte Superior presidida por el Dr. Luis León León que tenía como fiscal al Dr. Germán Tejada. Parece incluso que los mismos familiares del coronel Augusto Seminario no quisieron ahondar en el problema y no pusieron mucho empeño en que se sancionase al culpable. Se tenía por otra parte la amarga experiencia con la famosa vendetta desatada por Eloy Castro contra los asesinos de su padre, que ensangrentaron por 20 años la sierra piurana.

 

                Por lo tanto Manuel Albán, a quien llamaban el “Pumpo” salió pronto en libertad, el coronel Augusto Seminario sanó de sus heridas y vivió cinco años más.

 

Ley de ferrocarriles

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                Balta le había dado un tremendo impulso a los ferrocarriles, en una época en que se había convertido en el principal instrumento de progreso de los pueblos. Lo criticable fue el no haberlos financiado en debida forma y haber endeudado al Perú al extremo de la bancarrota lo que repercutió más tarde en el conflicto con Chile y fue una de las causas de nuestra derrota, cuyos efectos se sienten hasta la fecha.

 

                Durante los gobiernos de Candamo y de Serapio Calderón el asunto de los ferrocarriles se volvió a poner sobre el tapete, y se buscaba afanosamente hacer una vía que alcanzase un punto de la selva en donde algún río fuese navegable.

 

                Por mucho tiempo sólo había estado en discusión la posibilidad de realizar dicha vía a partir del puerto de Paita, y en eso pusieron mucho empeño los parlamentarios piuranos. El asunto se complicó cuando en 1902 el explorador lambayecano Manuel Mesones Muro dio a conocer la existencia del abra de Porculla en el departamento de Piura, provincia de Huancabamba de sólo 2,080 metros sobre el nivel del mar y la posibilidad de construir una línea férrea de Eten al Marañón.

 

                La ley del 30 de marzo de 1904, puso su atención en el ferrocarril del centro. Se dispuso a partir de la Oroya, la construcción de una línea hacia el norte para llegar a Cerro de Pasco y otra al su para pasar por Jauja y Huancayo. También se disponía prolongar la línea que llegaba a Sicuani, hasta alcanzar la ciudad del Cuzco.

 

                Se pretendía, de Cerro de Pasco llegar hasta un punto navegable del Ucayali. Muchos años más tarde se acometió el proyecto llamado Tambo del Sol, pero fue abandonado.

 

                El ferrocarril de Sicuani al Cuzco se hizo y la intención era llegar a Madre de Dios. Se avanzó con una línea de trocha angosta hasta Santa Ana en las selvas de la Convención.

                El senador Enrique Coronel Zegarra dio una dura batalla para lograr la inclusión del ferrocarril de Paita al Marañón, pero no tuvo éxito. Al final con el apoyo del resto de la representación piurana, pretendieron que se aprobase una adicional a la ley, mediante la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo, para contratar a una empresa a ejecutar el ferrocarril entre Paita y el Pongo de Manseriche, pasando por Porculla. No se aceptó, y más bien el 4 de noviembre de 1904, se dio por caduca una Resolución Suprema que autorizaba al ingeniero Alfredo Mac Clune a realizar estudios de la línea férrea de Paita al Marañón.

 

                En 1906 se produjo en Morococha una refriega entre empleados norteamericanos de la empresa Cerro de Pasco Cooper Corporation y una turba, y como consecuencia de eso salieron dos peruanos muertos. Se culpó de las muertes al hijo de Mac Clune, el cual fue enviado a Lima y se le internó en el hospital de San Bartolomé. El asunto dio origen a agitados debates en el Congreso, pero al final Mac Clune salió libre.

 

                En 1906, el Gobierno Peruano firmó con Mac Clune padre, un contrato para la construcción de un ferrocarril de Cerro de Pasco al río Ucayali. El senador piurano se opuso ardorosamente a eso, pero no logró éxito, sin embargo el proyecto en ningún momento pasó a la fase de las realizaciones.

 

Inauguran Colegio Salesiano y otros planteles

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                Don José Pardo que diera tanto impulso a la educación, había dispuesto que cuando menos en cada capital de departamento debía existir una Escuela de Artes y Oficios.

 

                La congregación religiosa salesiana, que siempre había puesto interés en esa modalidad de educación, autorizó una visita a la ciudad de Piura en abril de 1905 para tomar inspección en el propio medio.

 

                Arribó por lo tanto a la ciudad, el padre Alfredo Sacchetti, el cual fue recibido por un grupo de vecinos presididos por el caballero Juan Hiliarón Helguero.

 

                Se discutió la posibilidad, de que la congregación se estableciera en la ciudad de Piura y fundase un centro educativo. Las reuniones se realizaron dentro de un marco de la mayor comprensión primero en el amplio local del Cabildo y más tarde en la Junta Departamental, redactándose un anteproyecto de contrato, que fue llevado a Lima y revisado por los superiores de la congregación introduciéndole ligeras modificaciones.

 

                En Lima actuó como enlace don Víctor Eguiguren, y trabajó tan activamente que logró que en febrero de 1906 arribasen a Piura el primer grupo de educadores salesianos.

 

                Fueron ellos el padre Santinelli y los acólitos Octavio Ortiz y Maximiliano Meyer.

 

                Los recién llegados se alojaron en un caserón ubicado en la calle Libertad de propiedad de don Juan Helguero y era parte del solar que más tarde les obsequiaría este filántropo caballero piurano y en donde bien pronto empezaron a construir el local escolar.

 

                En el primer año, funcionó el plantel con 120 alumnos y no se pudieron admitir más por insuficiencia del local.

 

                En abril de 1912, el colegio inauguró su taller de tipografía gracias a la colaboración que les prestara don Enrique del Carmen Ramos y bien pronto apareció el semanario religioso “La Campanilla” que se distribuía los domingos, trataba de temas religiosos y tuvo como medio siglo de existencia.

 

                Cuneado en ese año el terremoto sacudió Piura el 24 de julio, una buena parte del antiguo caserón se vino abajo, pero los trabajos de construcción del nuevo edificio no se afectaron mayormente y antes bien, fue motivo para acelerar la edificación.

 

                El 11 de octubre de 1914 se construyó la parte del edificio que da a la calle Libertad y en 1920 se avanzó en el frente que da a la calle Lima, construyendo la mitad de ese lado, hasta que en 1926 se completó.

 

                En el año 1932 se inicia el funcionamiento del la sección media y el mismo año, se inicia la construcción del hermoso templo de María Auxiliadora, primero en la nave destinada al alumnado, hasta que en mayo de 1939 se terminó totalmente la construcción. Era director el padre Fortunato Chirichigno.

 

                Los colegios Salesiano y San Migue fueron vecinos y sólo la calle Libertad estaba de por medio. Por muchos años fueron los únicos planteles que brindaban los estudios secundarios a los alumnos de la región.

 

                El Colegio Nacional San Miguel, tenía en 1905 un nuevo Director, se trataba de Gustavo Meyer que estuvo dos años la frente del plantel.

 

                El Gobierno de Pardo también se planteó la reactivación de la Escuela Náutica de Paita.

 

El fallecimiento del contralmirante Montero

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                El 5 de febrero de 1905 falleció en Lima a los 73 años el contralmirante Lizardo Montero.

 

                Montero había nacido en Ayabaca y al igual que Grau había ganado sus ascensos en las duras tareas del mar y tomando parte en una infinidad de acciones navales. Tuvo una participación heroica en el combate de Dos de Mayo, y fue uno de los pocos amigos íntimos que tuvo el Gran Almirante don Miguel Grau.

 

                Cuando el presidente general Pardo que dirigía la campaña del sur, vio perdida Tarapacá durante la Guerra con Chile, dejó a Montero como Jefe del Ejército del Sur y se dirigió a Lima. Pardo dejó a las fuerzas peruanas prácticamente sin ningún auxilio y librados a su propia suerte. Igual hizo Piérola cuando asaltó el Gobierno, por simples conveniencia políticas. El contralmirante Montero, al mando de las fuerzas del sur, bien pudo desconocer al Dictador, pero quiso ahorrarle a la Patria más motivos de sufrimiento, evitando luchas entre peruanos.

 

                En la batalla del Alto de la Alianza, cede el mando del ejército unido peruano-boliviano al general Campero, Presidente de Bolivia, para evitar problemas frente al enemigo.

 

                En las acciones de San Juan y Miraflores, el dictador Piérola se complació en no reconocerle sus niveles jerárquicos, pero eso no impidió a Montero luchar casi como un simple soldado.

 

                Cuando más tarde es elegido Presidente Constitucional del Perú en plena guerra, establece su cuartel general primero en Cajamarca, más tarde en Huaraz y por fin en Arequipa. Montero había reemplazado al presidente García Calderón que había sido remitido preso a Chile por los invasores. En determinado momento y con el fin de favorecer discusiones de paz, Montero se ofrece a reemplazar a García Calderón como prisionero en el destierro.

 

                Cuando ya el coronel Iglesias había suscrito el Tratado de Ancón, el general Montero se mantenía fuerte en Arequipa y hacia ese lugar fueron enviadas fuertes columnas chilenas. Los arequipeños no quisieron que la ciudad se convirtiese en campo de batalla y se rebelaron contra Montero, el cual casi pierde la vida. Se vio obligado a retirarse a Puno y de allí pasó a Bolivia y luego a la Argentina.

 

                La vida violenta y agitada de Montero se caracterizó siempre por un desinterés a toda prueba, y por una disposición al sacrificio personal cuando creía que eso convenía al interés de la Patria.

 

                Fue varias veces senador y también alcalde de Lima. A su sepelio concurrieron no sólo marinos, sino también soldados de toda graduación, pues Montero sirvió tanto en el mar como en tierra con los más altos cargos y grados.

 

                Ante sus restos mortales, depositados en un sencillo nicho del Cuartel San Antero, el general César Canevaro, uno de los que con gran valor lucharon en gran número de acciones de la Guerra con Chile, dijo: “Su poderoso espíritu ha conquistado páginas imperecederas en la Historia Nacional”.

 

                El comandante de marina Toribio Raygada, hijo del general José María Raygada y participante en una gran cantidad de acciones navales durante la guerra, dijo: “Como Jefe, sabía ordenar a sus subordinados la severa disciplina del cariño, dulcificando las imposiciones del deber. Compañero, cuántos tuvimos ese honor, éramos como la familia de su predilección; amigo, nadie como él rindió culto a la amistad. La marina peruana pierde pues a uno de sus más esclarecidos representantes y guardando en la memoria los hechos, no olvidará jamás que sobre la cubierta de sus buques, se alzó uno de los más valerosos oficiales que glorificaron su bandera”.

 

                Sus paisanos de Ayabaca hicieron erogación pública para erigirle un busto en la plaza de armas. Después, Piura y Lima poco o nada han hecho por recordar la memoria de este peruano que tanto sirvió a su Patria.

 

Otro intento para dotar de agua potable a Piura

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                Desde tiempo inmemorial, el servicio de agua, se daba en Piura y otras ciudades del departamento por el sistema de aguadores. El borriquito era el personaje central, que sin prisa y sin pausa, con la paciencia y mansedumbre que caracteriza al animal, conducía el líquido de los ríos a los domicilios. La conducción de agua en barrilitos de madera por borricos o piajenos como los llamaban en el Bajo Piura; subsistió en la ciudad de Piura hasta el año 1935.

 Como es lógico imaginar, el agua llegaba con una gran cantidad de barro, lo que no permitía su uso en forma inmediata. Eran necesarias entonces utilizar grandes piedras porosas para filtrar el agua, la que era recibida en una tinaja que la conservaba fresca. El agua en estas condiciones se presentaba clara pero llena de micro organismos de toda clase. Los piuranos a las piedras de filtrar las llamaban “piedras de estilar”, seguramente por “piedras de destilar” que tampoco sería una denominación correcta.

 

                En 1901 se había instalado un servicio de agua por cañerías a cargo del empresario don Nicolás Taiman.

 

                Entre 1903 y 1906, es decir con los gobiernos de Candamo, Calderón y Pardo, se dieron gran cantidad de leyes, ordenando la instalación de servicio de agua por cañerías a varias localidades del Perú y hasta noviembre de 1907 se dio una ley liberando de lo derechos de importación a tales cañerías, y todo lo que se relacionase con el servicio de agua a las poblaciones.

 

                El 24 de abril de 1905 el Gobierno de don José Pardo otorgó la concesión del servicio de agua de Piura a la empresa de Agua de Piura y para evitar lo que se podría hoy llamar una competencia desleal, se prohibió el acarreo de agua por borricos y barrilitos.

 

                Pero la empresa no pudo cubrir todas las necesidades de la población y por tal motivo, y por incumplimientos de otras cláusulas del contrato, se dejó sin efecto la concesión, por Resolución Suprema del 1ro. de abril de 1910.

 

                Demás está decir que los aguadores volvieron a Piura y se mantuvieron dado servicio hasta nada menos que 1935 cuando con fondos de la Junta de Obras Públicas se contrataron los servicios de la firma Picasso Peralta para la ejecución de las obras de agua potables y desagüe.

 

Se otorga a Hilbck y Cía. concesión de irrigación

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                Se encontraba aún el Bajo Piura agitado por las protestas que había originado la concesión para irrigar tierras hechas a Reid, cuando un nuevo motivo de inquietud se sumó a lo anterior.

 

                Fueron las gestiones que inició la empresa F. Hilbck y Cía. asociada a F. E. Helguero, para una concesión de irrigación en el Bajo Piura.

 

                El 24 de marzo de 1902 se dirigían ambos empresarios al ministro de Fomento (Dirección de Obras Públicas e Irrigación) reiterando el pedido de concesión para irrigar unos terrenos situados en la margen derecha del río Piura, por medio de un canal cuya bocatoma estaría ubicada un poco más debajo de la ciudad de Piura.

 

                La solicitud había sido formulada el 20 de marzo, pero desde el 14 de agosto de 1901 habían efectuado los primeros trámites, si bien ellos no habían trascendido.

 

                En la comunicación del 24 de marzo se precisaba que las tierras afectadas serían las siguientes:

 

                - Fundo “Coscoma” de propiedad de Hilbck y Cía.

                de 150 Ha. de las que se podían irrigar ……………………..        75 Ha.

                - Un pedazo de ejidos de Concejo Provincial Piura ………...      20 Ha.

                - Varios pedazos pequeños pertenecientes a m/m

                30 indígenas, del sitio denominado “La Legua” …………… 120 Ha.

                - El fundo de Hnos. Baltasar Arrunátegui ………………….. 150 Ha.

                - Varios propietarios indígenas ……………………………..        30 Ha.

                - De Juan Ruidías y Francisco Helguero, en arriendo

                a varios indígenas …………………………………………...         80 Ha.

                - Fundo de don Luis Guzmán ……………………………….100 Ha.

                - Fundo de Hermanos Mendoza ……………………………. 100 Ha.

                - Tierras de varios propietarios ……………………………..        50 Ha.

                - TOTAL …………………………………………………… 800 Ha.

 

                Como era de suponer, lo propietarios afectados se movilizaron enviando memoriales de oposición al Ministerio de Fomento, buscaron influencias políticas y hasta realizaron mítines de protesta.

 

                El periódico “La voz de Sechura” y “La Unión” de Piura que se habían opuesto a la Concesión Reid, también se opusieron a la Concesión de Hilbck y de Francisco Helguero. Estos por su parte contaban con muy poderosas influencias y con el apoyo de “La Revista Norte” del coronel Maximiliano Frías, que salía con toda regularidad.

 

                El 20 de mayo de 1905 el Gobierno otorgó a la empresa solicitante concesión para irrigar hasta 3,000 hectáreas.

 

                En la cláusula 2da., para dejar a salvo el derecho preferencial de los regantes de los demás fundos, se había consignado lo siguiente:

 

                “Los concesionarios tendrán derecho perpetuo al caudal de aguas necesario para regar los terrenos de su propiedad hasta la extensión máxima señalada, siendo entendido que el agua que se cede, es sólo el sobrante, deduciéndose las dotaciones que corresponden a los regantes superiores o inferiores, que tengan título justo, de tal modo que en el estiaje y en los años de sequía sólo tendrán opción a parte o al total del agua que necesiten, después que se hayan satisfecho los derechos de los regantes actuales, conforme al Artículo 196 del C. de A.”.

 

                La oposición de los antiguos propietarios continuó, porque se alegaba que se iban a sacrificar 40,000 hectáreas de tierras de cultivo del Bajo Piura, para aparar los intereses de una empresa y que en el futuro, se iban a producir muchos incidentes por disputa de las aguas.

 

                Lo concreto es que hasta abril de 1907 no se habían empezado las obras pues el 21 de ese mes, varias comunidades de regantes de Sechura se dirigían en Memorial al Ministerio de Fomento, para pedirle 7 asuntos de los que el No. 1 decía: “Que no se dé comienzo a la obra de apertura del canal materia de dicha concesión, mientras no se haya determinado y medido el volumen de agua del río Piura, en la época del riego”.

 

Del Ecuador expulsan a los Redentoristas

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                Desde 1901 gobernaba en el Ecuador el general Leonidas Plaza Rivera de tendencia liberal. Por eso apenas estuvo en el poder implantó una gran cantidad de reformas liberales con claro tinte anti-clerical. Fue así como se dieron las leyes del matrimonio civil, del divorcio y de la libertad de cultos.

 

                Esta última significó un verdadero despojo de los bienes de las comunidades religiosas, que en algunos casos quedaron reducidas a una total pobreza.

 

                La Iglesia Católica no sólo fue despojada de los bienes raíces, sino hasta de objetos de culto cuando eran de metal precioso. Fue una requisa parecida a la que Bolívar hizo en la época de la lucha por la independencia del Perú.

 

                En la localidad de Riobamba, la congregación redentorista tenía un convento y su superior el padre Piedra logró a tiempo salvar muchos bienes de la institución religiosa, hecho que contrarió al presidente.

 

                Plaza debía entregar el poder a su sucesor el 10 de agosto de 1905 y hasta los primeros días de julio nada había pasado. En la madrugada del 3 de julio, fuerzas armadas penetraron al convento, sorprendieron a los religiosos durmiendo y sin mayores preámbulos y sólo con unas cuantas pertenencias los pusieron a lomo de mula rumbo a Guayaquil. Luego pudieron tomar el tren y así vivieron en medio de gran zozobra hasta el 14 de julio en que pudieron tomar el vapor “Limari” rumbo al Callao.

 

                Los religiosos creyeron que también en el Perú, por influencia del gobierno ecuatoriano tendrían un mal recibimiento, pero no fue así. En el muelle los esperaba el padre Bartolomé Bedón, superior de su congregación. Desde Colombia viajó a Lima el Vice-presidente de la Orden, padre Cornaert, el cual entró en contacto con el obispo de Trujillo, para ver la ubicación definitiva de los religiosos expulsados. Fue entonces cuando les ofrecieron la parroquia de Catacaos. Para tal fin llegaron los primeros redentoristas en 1907, pero se quedaron en Paita algún tiempo atendiendo a los enfermos de bubónica.

 

Germán Leguía, prefecto de Piura

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                Con el advenimiento de don José Pardo al poder y de don Augusto B. Leguía como Primer Ministro y ministro de Hacienda, hubo un cambio general de autoridades.

 

                Como prefecto de Piura fue nombrado don Germán Leguía y Martínez, más conocido en el ambiente político y literario como “El Tigre”, lo que da la medida exacta de su férreo carácter.

 

                El nuevo prefecto era primo del primer ministro, pero no un improvisado. Era profesor, abogado, periodista, escritor y poeta, había logrado numerosos lauros literarios. Estuvo sirviendo en la Cancillería y en 1985 representó a Lambayeque, su pueblo, en al Cámara de Diputados.

 

                Posteriormente a su estadía en Piura, escribió su monumental obra “Historia del Protectorado” editada en 1971. También tuvo tiempo como para escribir otras obras de literatura, historia y jurisprudencia. Así como un interesante “Diccionario Geográfico, Histórico y Estadístico del departamento de Piura”, cuya primera parte se editó en el año 1914, pero no se terminó.

 

Después de servir a la prefectura, su vida política fue muy agitada e intensa.

 

                Germán Leguía y Martínez había sido profesor de López Albújar y al llegar a Piura, encuentra a éste último dirigiendo el semanario “El amigo del pueblo”.

 

                El alumno dio al maestro la siguiente bienvenida desde el periódico:

 

                “Leguía y Martínez es una personalidad múltiple, un espíritu amplio, en cuya gama intelectual vibra al lado de la nota exquisita del poeta, la nota del luchador, cantor del hogar, orador en la tribuna, apóstol en la escuela y batallador en la política. Sabría seguramente guiar la administración local. Tenemos la convicción que frente a los encontrados intereses políticos del departamento, que entrarán muy pronto en acción, el señor Leguía sabrá mantenerse en el justo medio, sin flaquezas ni claudicaciones. Sabrá ser un funcionario honrado. Ya lo verán los incrédulos”.

 

                “El amigo del pueblo” continuó haciendo denuncias contra diversos funcionarios, de los que en muchos casos pedía su destitución y como consideraba que el prefecto no tomaba en cuenta sus demandas, los ataques se hicieron en forma más directa a la acción prefectural.

 

Aparece el periódico “El Sol”

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                Leguía y Martínez como periodista no iba a la zaga de López Albújar, e igualmente usaba un estilo mordaz y duro. Por lo tanto para contestar a su contrincante, auspició la aparición de un nuevo semanario “El Sol”. Este semanario tenía como propietarios a los hermanos Benjamín y Antenor Rosas y la imprenta funcionaba en la esquina Lima-Callao, es decir cerca de la prefectura. El director era don Edgardo Varela y en la redacción estaban Pedro César Castro (era maestro primario), Miguel Clark camino y Manuel Leguía. Una sección especial era escrita por Leguía Martínez.

 

                Los dos primeros números de “El Sol” estuvieron destinados a López Albújar y a su periódico. Se entabló entonces una polémica muy personal que concitó el interés de todos los piuranos, que se disputaban ambos periódicos.

 

                Pero López Albújar, no persistió mucho y un buen día apareció en “El amigo del pueblo” la siguiente nota: “A mis lectores. Con la sinceridad que es peculiar, hago la declaración franca y espontánea, de que arrastrado por pasiones propias de mi temperamento, desvié por un instante el rumbo de esta hoja hasta el punto de hacerla navegar por las aguas turbulentas del personalismo. Hoy abandono ese rumbo para tomar nuevamente el que me tracé desde la fundación de este periódico y que no es otro que servir con abnegación y firmeza los intereses del departamento y en especial los del pueblo. Señores dispensadme como si nada hubiera pasado”.

 

Tranvías y enladrillado de calles

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En lo que podríamos llamar un adelanto en el transporte interno, en 1906 existían tranvías en dos localidades del departamento de Piura.

 

                Uno en Paita que recorría todo el pequeño puerto desde La Punta a la estación del ferrocarril y otro en Piura. Este último también partía de la estación del ferrocarril Paita a Piura, recorría la avenida Grau, pasaba por la plaza de armas y el puente y terminaba en la estación del ferrocarril Piura a Catacaos.

En lo que podríamos llamar un adelanto en el transporte interno, en 1906 existían tranvías en dos localidades del departamento de Piura.

En Piura, la vía férrea que recorrían los tranvías también eran ocupadas por vagonetas de carga tiradas por mulas, que llevaban el algodón y otros productos a la estación del F.C, Piura a Paita.

Un  tranvía en Paita recorría todo el pequeño puerto desde La Punta a la estación del ferrocarril y otro en Piura. Este último también partía de la estación del ferrocarril Paita a Piura, recorría la avenida Grau, pasaba por la plaza de armas y el puente y terminaba en la estación del ferrocarril Piura a Catacaos.

La estación del F.C.Paita a Piura estaba unida a la estación del F.C. Piura a Catacaos, por rieles que pasaban por la Avenida Grau, por la plaza de armas y entraban al puente. Por allí                                                     corrían vagonetas de carga.

 En 1906 mediante financiación del Banco del Perú y Londres y Duncan Fox, se hizo un desvío hasta el cementerio, para recoger en el trayecto el algodón de algunas desmontadoras.

 

                Ambos tranvías eran jalados por mulas y carecían de tabiques laterales lo que permitía el inmediato acceso y evacuación de los pasajeros, y en lugares calurosos como el departamento de Piura resultaban muy prácticos.

 

                El enladrillado de las calles de Piura se inició en 1904 y continuó intensamente en 1905 con el inspector de obras Manuel Helguero y luego prosiguió en 1906 siendo alcalde don Hugo Sonnerkan. Se llegó a completar el enladrillado desde las calles Lima hasta la Arequipa. De las calles Cuzco y Junín, sólo las cuadras próximas a la avenida Grau.

 

                Desde 1879 los jardines centrales de la plaza de armas en cuyo centro estaba “La Pola”, se encontraba circundada por una artística verja de fierro financiada con el legado que dejó Ignacio Merino. Algunos escritores y periodistas piuranos creyeron ver en el conjunto un simbolismo, en el que la Libertad se encontraba aprisionada por una reja y pedían su retiro. El alcalde accedió a ello y trasladó la reja a la parte delantera del antiguo local del  Club Grau en donde estuvo varias decenas de años. La decisión del alcalde, como suele ocurrir en situaciones semejantes en cualquier lugar del mundo, fue muy criticada por otro numeroso grupo de vecinos. La estatua de la Libertad seguía siendo llamada por piuranos “La Pola”.

 

Pozo de agua en Catacaos

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                Para la construcción de la línea férrea de Piura a Catacaos se formó una empresa la cual contrató la cesión de una serie de terrenos pertenecientes al pueblo de Catacaos. En las negociaciones intervinieron de parte de la empresa don  Federico Moreno y de parte de la Sociedad de Agricultores don Juan Bautista Vílchez.

 

                Entre los diversos acuerdos a los que se llegaron, la empresa se obligaba a abrir un pozo de agua potable en la plaza de armas y los que sean convenientes en cualquier otro lugar que designe el pueblo por medio de sus representantes o de la municipalidad.

 

                Por diversas causas, recién en 1904 se pudo abrir un pozo en el lugar denominado Cruz de Caña.

 

                En mayo de 1906 se iniciaron los trabajos para abrir un pozo artesano en la plaza de armas de Catacaos. El taladro tuvo que penetrar 88 metros para encontrar agua clara con un rendimiento de 225 litros por minuto.

 

                Desde entonces, la población de Catacaos, por medio de aguadores se surtió del agua de este pozo.

 

Sigue la peste bubónica en el departamento

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                Anteriormente hemos hecho conocer, que con fecha 15 de agosto de 1905 el recientemente nombrado médico titular de Paita, Dr. Manuel Francisco Zúñiga, había emitido un informe sobre la situación sanitaria del puerto, ante el presidente de la Junta de Salubridad, que era don Julio Ginnochio el que se desempeñaba magníficamente. En ese año fue reemplazado por el súbdito italiano don Gabino Artado, afincado definitivamente en Paita, y propulsor de su progreso pues era propietario del Hotel Pacífico, del tranvía, de la empresa de agua con don Nicolás Taiman y de una empresa naviera.

                El prefecto Germán Leguía hizo una visita a Paita y pudo constar que en ese año a 18 personas se había indemnizado por habérseles quemado sus viviendas y de acuerdo a lo tasado, se había pagado desde S/. 17.20 por cada una, hasta S/. 326.72 representando un desembolso total de S/. 1,853.67 todo manejado por una “Junta Tasadora, Pagadora e Incineradora”.

 

                El prefecto revisó los libros y aprobó las cuentas pasando luego a visitar el lazareto en las afueras de la ciudad.

 

                También en Sechura había cundido en forma alarmante la peste y como se trataba de una población más pequeña, se consideró conveniente erradicar totalmente el mal, quemando a toda la población. Desde su semanario titulado el “Bien Público”, don José del Carmen Dedios Antón se opuso terminantemente a tan drástica medida, y planteó que se hiciera lo mismo que en Paita, es decir evacuar a los enfermos a un lugar del desierto en donde se construiría un lazareto, mientras que sus viviendas y enseres se le ponía fuego. Se ha asegurado que el prefecto llegó a impartir al gobernador la orden de hacer evacuar los habitantes y poner fuego a la población, pero al no cumplirla fue arrestado.

 

                En 1906 la peste también había hecho ya varias víctimas en Catacaos y como inicialmente no se había tomado providencias, los enfermos eran tratados en sus casas y al morir, se prendía fuego a las viviendas.

 

                Se procedió entonces a habilitar una sala del Hospital San Vicente Paúl cuyo local era pequeño. Ante esa situación, los demás enfermos fueron evacuados. En el mencionado hospital eran atendidos los enfermos por el Dr. Antonio Ramírez, natural de Ecuador, que actuó en forma sacrificada y gestionó la pronta construcción de un lazareto en las afueras de la ciudad. Fue un verdadero hospital pues llegó a contar hasta con tres pabellones, lo que por otra parte es un indicador de que la peste arreció en Catacaos. El lazareto fue dotado de un médico director, el Dr. Canuto que era un especialista y personal de enfermeros, pero la incidencia de defunciones era mayor que en Paita.

 

                Una gran cantidad de vecinos de Paita, huyeron del puerto hacia Colán pero las ratas se dieron maña para llegar también a esa población, y se produjeron algunos casos de peste.

 

Capítulo de bandoleros

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                Los despoblados de Piura y Lambayeque, eran indiscutiblemente territorios controlados por los bandoleros. El mal era crónico, y si bien lagunas veces parecía que el problema se había resuelto por la acción enérgica de algunas autoridades como ocurrió las veces que el coronel Fernando Seminario ocupaba la prefectura, siempre volvían a reaparecer.

                Don José Vicente Rázuri, narra un hecho ocurrido el 9 de setiembre de 1906, cuando era prefecto don Germán Leguía y Martínez, y gobernador de Morropón don Arturo Carrión, hacendado del Alto Piura.

 

                Los primeros días de setiembre, Carrión fue informado que dos temibles bandoleros de Olmos habían llegado al pueblo y estaban hospedados en una casa de la calle del Panteón. No se consideraba con fuerzas suficientes para enfrentarlos y pasó aviso al prefecto, el cual envió a 10 guardias al mando del alférez Valeriano Rubio. El día 11 a las 2 de la tarde el grupo armado se puso a la orden del gobernador, el cual despachaba en un local ubicado en la plaza de armas.    

Dio la casualidad que en el mismo lugar, se hallaba Teófilo Seminario, hijo natural del coronel Augusto Seminario y Váscones. Se encontraba Teófilo un tanto embriagado y al oír el plan de Valeriano Rubio de cercar de noche a los bandidos, increpó a la autoridad de hacer mucho aparato para capturar sólo a dos malandrines y dijo que esos instantes iba el sólo a capturarlos. Seminario ingresó violentamente, revolver en mano, al refugio de los bandidos y los tomó por sorpresa, llevándolos rumbo a la gobernación, pero no habían avanzado cien metros cuando en un descuido del captor, uno de los bandidos sacó un revolver que tenía oculto y disparó causándole una herida superficial a Seminario en el pecho. Este reaccionó violentamente, y le dio tal golpe contra el empedrado que el bandido murió. Entonces, con una mano tomó de un pie el cadáver y lo llevó a rastras, mientras que con la otra mano sujetaba al bandido muerto de miedo.

               

                La herida sufrida no era grave, pero fue mal tratada y con el tiempo se produjeron complicaciones requiriendo ser operado. Tres años más tarde Seminario moría de una complicación bronco-pulmonar.

 

Designan a Pacaipampa, capital distrital

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                La Ley del 2 de enero de 1857 reconocía la existencia del distrito de Cumbicus, con capital en el pueblo del mismo nombre.

 

                El Censo de 1876 había dado para el pueblo de Cumbicus, capital del distrito del mismo nombre, 372 habitantes y para el caserío de Pacaipampa 360 habitantes. Como zona urbana no había otras poblaciones.

 

                Desde mucho tiempo atrás había una gran rivalidad entre las dos poblaciones. En el último proceso electoral, la gente de Pacaipampa había brindado su apoyo decidido a Eloy Castro, el otrora hacendado-montonero que al fin pudo llegar a ser diputado.

 

                Por aquel entonces al distrito se le conocía con el nombre de Pacaipampa con Capital Cumbicus.

 

                La Ley 362 del 23 de noviembre de 1906 dice en si único artículo:

 

                “Artículo Único.- Trasládase al pueblo de Pacaipampa, la capital del distrito de su nombre, en la provincia de Ayabaca, del departamento de Piura.

                Dado en la Sala de Sesiones del Congreso de Lima, a los 22 días del mes de Noviembre de 1906.

                M. C. Barrios, Presidente del Senado.

                Por lo tanto mando se imprima, publique, circule y se de el debido cumplimiento.

                Dado en la casa de Gobierno, en Lima a 23 días del mes de noviembre de 1906.

                José Pardo, Presidente de la República”.

 

                De esa forma Eloy Castro cumplió con lo ofrecido a sus partidarios.

 

La Fiesta de Mercedes de Paita

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                Pudiera creerse que estando Paita azotada por la bubónica, el espíritu no se encontraba predispuesto para hacer celebraciones y sobre todo, como la de la Virgen de las Mercedes que congregaba a gran cantidad de fieles. Por otra parte las condiciones sanitarias del puerto no estaban como para recibir a más gente, porque la situación podía empeorar.

 

                Sin embargo, los preparativos se hicieron como si nada pasara y la Junta de Salubridad no se atrevió a pedir, por ese año la no celebración.

 

                Los organizadores trataban de convencer a todo el mundo que no había peligro y desde el periódico “El Progreso” y el diario “La Igualdad” anunciaban la contratación de dos bandas, las de los maestros Lucas-Chavesta y José del Carmen de Dios, así como de varios pirotécnicos.

 

                Pero aún cuando la fiesta se celebró, lo peregrinos sólo llegaron en ínfima cantidad, porque el temor a la peste era muy grande.

 

               

El ratoncito de la Iglesia de San Francisco

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                Cuando en enero de 1907 desembarcaron los primeros Padres Redentoristas en Paita, uno de ellos, el padre León Deletre se quedó en Paita para ayudar en la lucha contra la bubónica. El padre Cornaert se quedó predicando en la iglesia matriz de Piura y el padre Alfonso Baumer pasó a hacerse cargo de la parroquia de Catacaos. Pero en este último lugar los feligreses no le dieron facilidades y se vio precisado a abandonar el lugar por cuyo motivo fue trasladado a Piura como capellán del Hospital de Belén.

 

                No todos en Piura estaban de acuerdo con la llegada de los Redentoristas y eso sucedía hasta en el elemento religioso, pero los padres Salesianos así como la Congregación San José de Tarbes con su superiora la madre Liborio y el influyente caballero Juan Hiliarón Helguero, les prestaron decisiva ayuda.

 

                Ante tanto problema, los Superiores de la Orden dispusieron en julio de 1907 que los religiosos redentoristas abandonasen el Perú y con tal fin llegó procedente de Colombia el vice-provincial. Su nuevo destino era la ciudad de Bogotá, pero lo hicieron vía Lima. Allá en la capital de la República, el padre León Deletre, expresó su opinión de que consideraba una cobardía abandonar Piura a los primeros tropiezos y el vice-trovincial fue de la misma opinión. Se planteó y decidió el retorno a Piura.

 

                Había el problema del alojamiento, pues ya se había decidido que operarían desde el templo de San Francisco. El padre Baumer consideró que se podría habilitar un corralón próximo y con el tiempo hasta podrían construir en ese lugar un convento. En realidad eso había sido antes el Convento de San Francisco.

 

                El 12 de octubre de 1907, recibieron los redentoristas las llaves del templo de San Francisco que estaba desmantelado, sin embargo el 1 de noviembre de 1907 a las 6 y media de la mañana celebraron la primera misa.

 

                Para el día siguiente, o sea de los difuntos, debían celebrar tres misas.

 

                Resulta que al día siguiente al ser abierto el templo, se encontró y fue visto por todos, un ratón muerto. En Piura había una verdadera psicosis contra la peste bubónica y el pánico cundió entre los fieles que huyeron alarmados.

 

                El asunto llegó ante el prefecto Germán Leguía y Martínez, que consideró se había cometido una imprudencia temeraria y que el asunto caía dentro de las prohibiciones sancionables con pena de arresto y multa.

 

                Si bien es cierto que los religiosos no llegaron a ser arrestados, no se libraron de la multa y lo que es peor, fue declarado el templo de San Francisco contaminado y clausurado y por poco es quemado.

                Más tarde circuló en Piura el rumor insistente de que el ratón no había muerto de bubónica ni de otra enfermedad, sino lo habían casado, matado y colocado en ese lugar por personas que no querían a los redentoristas.

 

                No se desanimaron con tal contratiempo, y continuaron predicando y haciendo labor apostólica en Piura. Pero los enemigos no se habían resignado a tenerlos en Piura y los seguían mortificando. Fue así como en las habitaciones que les servían de viviendas encontraron el 9 de diciembre del mismo año un cartel que decía “Aquí es Sodoma”. Otro día en horas de la madrugada les arrojaron un petardo de pólvora.

 

                Pero los redentoristas siguieron contando con el apoyo de los salesianos y de las monjitas de San José de Tarbes. Por otra parte el señor Hilarión Helguero se multiplicaba y fue el que pagó la multa, hizo pedidos al presidente Pardo y viajó a Lima en varias oportunidades para arreglar asuntos de la congregación.

 

                Posteriormente veremos como los Redentoristas llegaron a hacerse cargo de la Iglesia de San Sebastián, pero mientras tanto se dedicaron a difundir la devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro, que pronto logró gran cantidad de devotos.

 

                En Piura por entonces sólo había una parroquia, que era la de la iglesia matriz, y los padres que estaban a cargo de ella no deseaban otra más en la ciudad. Por eso seguramente el descuido y abandono en que estaban muchas iglesias, a diferencia de otras ciudades de origen colonial.

 

Descubren partida de bautizo de Salaverry

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                En 1907 era prefecto de Piura el escritor e historiador lambayecano Germán Leguía y Martínez el cual se interesó por encontrar la partida de bautizo del poeta Carlos Augusto Salaverry. Para lograr ese objetivo envió oficios a todas las parroquias de Piura y Sullana.

 

El 15 de agosto, el párroco de la iglesia matriz de Piura, Manuel Jesús Zúñiga Hoyos Córdova, oficia al prefecto haciéndole conocer que el encargado de la administración de la parroquia, el vicario Dr. Arístides Pita, había encontrado en el Libro Tercero a fojas 127 vueltas la partida de bautizo del poeta cuyo tenor literal era el siguiente:

 

                “Año del Sr. de mil ochocientos treinta en diez y ocho de Dizre. Yo Miguel de la Cruz de Lica Parrochi, Baptisé, puse óleo y Crisma a Carlos Avelino, párvulo de quince días de nacido, hijo natl de Felipe Santiago Salaverry y de doña Visenta Ramírez, fueron sus PP don Pablo Seminario y doña Paula Godos a quienes advertpi su oblign. y espiritl. parentco. y pa. qe. Conste lo firmo. Migl. De León y Cruz”.

 

                Tal como aparece en el original, hay abundancia de abreviaturas. Por otra parte, recién se sabía que en realidad el poeta no se llamaba Carlos Augusto tal como él mismo se hacía llamar, sino Carlos Avelino.

 

                Salaverry se casó con Mercedes Felices que le fue infiel. En 1854 conoció a Ismena Torres por la que concibió una gran pasión y le dedicó muchos poemas, pero como a los padres de ella, no les agradaban esos amores, la enviaron a Europa. En 1880 se enamoró de una señorita Rey de Castro y en 1883 se fueron los amantes a Europa en donde se casaron. Tenía 53 años y asumió el cargo de adjunto de la Legación del Perú en Francia. En 1884 fue atacado de parálisis y el 9 de abril de 1891 murió. Sus restos reposan en el Cementerio de Sullana.

 

                En 1964 el escritor piurano Rómulo León Zaldívar relataba que por los años 1830, la Ppazuela Merino se llamaba de El Carmen y entre esa plazuela y lo que ahora es la avenida Sánchez Cerro y la calle Libertad, había una pequeña manzana de casa, una de las cuales era bastante modesta y era habitada por una corta familia llegada hacía bastante tiempo de Sullana. En lo que ahora es la Iglesia María Auxiliadora estaba la Escuela de Lancaster. Dice don Rómulo León que a las 5 de la tarde del día 17 de diciembre, se produjo un amago de incendio en esa manzanita, cundiendo el pánico. Una joven mujer con un recién nacido en brazos salió apresuradamente, resbaló y cayó arrodillada en la vereda, siendo socorrida por un caballero que por allí pasaba. La joven era Vicenta Ramírez y el niño Carlos Augusto Salaverry. El caballero era don Pablo Seminario Echandía un adinerado de Piura, él que dijo haber sido muy amigo del entonces coronel Felipe Santiago Salaverry, padre del niño. Vicenta le hizo conocer que era nueva en ese lugar y por eso no había logrado encontrar padrinos para su hijo. Don Pablo se ofreció a ser el padrino y la madrina fue la matrona Paula Farfán de los Godos de Díaz, realizándose el bautizo al día siguiente.

 

                Lo cierto es que los Ramírez no eran gente pobre y los padres de Vicenta tenían tierras en el Chira. Es posible que hubiera dado a luz en Sullana y para escapar de los comentarios viajó a Piura donde bautizó al niño y luego con él, retornó a Lancones, donde pocos años más tarde la volvió a encontrar el ya general Felipe Santiago Salaverry.

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