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Cuando
los ejércitos soviéticos avanzaron por territorio polaco en el verano
de 1944, hasta alcanzar la línea del Vistula, descubrieron la espantosa
tarea a la que se habían estado dedicando las SS durante los tres últimos
años. Aquellos duros soldados, curtidos en todas las formas que adopta
la muerte en los campos de batalla, no pudieron contener el vómito y
el espanto al entrar en Treblinka, Sobibor, Maidanek, Belzec o
Rawa-Ruska, donde hallaron claros indicios de que millones de seres
habían sido asesinados y reducidos a cenizas o sepultados en interminables
fosas comunes. El periodista británico Alexander Werth, que seguía informativamente
a los ejércitos del mariscal Zukov, escribió varias crónicas sobre el
asunto, sin que su periódico las editara, sospechando que era contrapropaganda
soviética por el asunto de Katyn. |
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Ana Frank, la autora adolescente de un Diario que dio la Vuelta al mundo cuando su padre Otto, tras escapar del campo de concentración y de la muerte, decidió publicarlos en 1947, había desaparecido en uno de aquellos campos de horror, Bergen-Belsen, entre finales de febrero y principios de marzo de 1945. Hace ahora de esto poco más de cincuenta años. |
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Tras pasar por varias estaciones para detenidos políticos en la misma Holanda, los Frank y sus amigos fueron deportados hacia el Este, en los últimos trenes que salieron a principios de septiembre en dirección a Auschwitz, en Polonia. De allí en adelante sufrirían destinos distintos. Ana, deportada a finales de octubre a Bergen-Belsen, al norte de Alemania, sucumbió en la epidemia de tifus declarada en el campo poco después de que muriera su hermana Margot, y a lo sumo, sólo mes y medio antes de que las tropas inglesas entraran en el campo liberando a los supervivientes. Los restos de las dos yacen, seguramente, en la fosa común. Su padre, que por el contrario no había sido trasladado a Auschwitz, iba a ser, de todos los personajes que Ana Frank recrea en su Diario, el único en vivir para dar testimonio. |
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Las
generaciones que han vivido inmediatamente después de la II Guerra Mundial
han sabido, todavía de manera directa y erizada, de la magnitud monstruosa
del Holocausto. Las que hoy viven, en cambio, comienzan a olvidarlo.
A pesar de los intentos de refrescar una memoria amarga (en el cine,
en la literatura, la televisión o la prensa); a pesar de reflexiones
varias sobre el racismo y la xenofobia y de actuaciones políticas y
ciudadanas contra ellos; a pesar de alguna que otra voz alarmada sobre
la existencia en nuestros días de campos de concentración, el Holocausto
les parece a muchos de nuestros contemporáneos muy lejano. Hay no obstante,
frecuentísimos cursos regulares sobre la persecución y el exterminio
judío (distintos a los cursos de Historia general) en la mayoría
de las universidades americanas y en algunas europeas, más una intensa
y esforzada cantidad de libros que vuelven una y otra vez sobre el horror
desencadenado bajo Hitler, tratando - al explicarlo- de
evitar su retorno. |
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Los propios judíos han tendido a representar también el Holocausto como un asunto interno de su propio pueblo, sino de su exclusiva competencia, como una peripecia criminal que es decisiva para su historia interna y solo a ella vincula en desafío perpetuo, inolvidable. Al pueblo judío habría afectado intensamente - varios millones de muertos- el genocidio, y a él correspondería tanto la reparación como la venganza. Mucho se ha discutido no obstante a este propósito, pero todavía no se haya dicho posiblemente la última palabra: Cristianizar el Holocausto, se argumenta por los más radicales, conduce a diluir su significado real - aquel agravio inconmensurable al pueblo hebreo- en un conglomerado indiferente, el ámbito difuso de la humanidad, lleva a desvanecer -voluntariamente- culpas y responsables. |
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El
estado de Israel intentó, por su parte, utilizar el recuerdo de la tragedia
como garantía de su supervivencia, como razón de su legitimidad política
y, casi también, como excusa y pago por adelantado para sus futuros
atropellos. Y eso contribuyó también a dar a la experiencia concentracionaria
nazi, en la memoria de los supervivientes tanto como en la de la mayoría
de los historiadores, una peculiar naturaleza hebrea, un aire inconfundiblemente
étnico y religioso, nacional en fin. |
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De
la doctrina totalitaria que el nacionalsocialismo profesa, se deriva,
ineludiblemente, la organización concentracionaria de la sociedad. La
menor manifestación de independencia, la menor diferencia, debía segregarse
del resto. Entre 1933 y 1939, esa organización se limitará a ir apartando
a los opositores (reales o imaginados) al sistema: comunistas,
socialistas, demócratas que van siendo sometidos a penas de prisión
en virtud del sistema de detención preventiva, una fórmula de
segregación que fue autorizada por Hitler tras el incendio del
Reichstag. Los primeros campos de concentración - Dachau, Buchenwald,
Sachsenhausen- fueron poblándose con ese género de ciudadanos marginados
por el sistema, sujetos e indefensos ante detenciones sin garantías.
Las SA (Sturm Abteilungen), dejaron pronto paso a las
SS (Shutz Stulfen). |
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Nadie puede negar, a pesar de todo lo dicho mas arriba, el carácter de tragedia hebrea a los cinco millones de personas judías - de un total aproximado de 20 - a los que Hitler mandó exterminar, haciendo que la persecución sostenida hasta allí, desembocase en holocausto. La guerra facilitó, muy posiblemente - y la hizo extensiva a otros colectivos, de manera tan insensible como inevitable -, una decisión particular tomada seguramente desde mucho tiempo atrás. En diciembre de 1941, el decreto Nacht und Nebel -Noche y Niebla- advertía de la extinción segura, por cauces inmediatos o bien a través del ingreso en campos de concentración, para todos aquellos que osaran ofrecer resistencia al sistema. |
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A la altura también de 1941 - noviembre, lo más tarde-, es seguro que la decisión de exterminar a todos los judíos de Europa estaba tomada. Formalmente se acuerda en enero de 1942, en el barrio berlinés de Wannsee, en una reunión en la que estuvieron presentes Heydrich, Eichmann... Según la lógica del racismo nazi, según los planes avanzados por primera vez en Mein Kampf y de acuerdo, en fin, con la experimentación científica de aniquilación de débiles o ancianos, enfermos incurables o locos que había sido llevada a cabo por los alemanes antes de la guerra - y que fue suprimida momentáneamente debido a las protestas surgidas -, la suerte de extensos contingentes de población estaba echada. |
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Los
comandos especiales formados en esta práctica de depuración eugénica,
ignorantes de todo límite moral y ajenos a toda deontología posible,
fueron trasvasados después a los campos de exterminio para aplicar en
masa - perfeccionarla, podríamos decir macabramente- su experiencia
científica en experimentos biológicos. |
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Si permitimos que sea Rudolf Hoess (primer comandante de Auschwitz-Birkenau) quien nos hable de ello -tal y como hizo en el juicio de Nuremberg-, sabremos como, destacado en el campo para su organización ya en el verano de 1941, visitó primero Treblinka para ilustrarse, cuyo comandante le dijo que había hecho desaparecer 80000 detenidos en seis meses: utilizaba óxido de carbono -relata Hoess-. |
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Sin
embargo, sus métodos no me parecieron muy eficaces. Se decidió a
su vez, buscando esa eficiencia, por el Zyklon B, ácido prúsico
cristalizado o cianhídrico que dejábamos caer en la cámara mortuoria
a través de una pequeña abertura. Así, y dependiendo de las condiciones
atmosféricas, bastaban entre tres y quince minutos para que el gas hiciera
efecto. |
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Heinrich
Himmler -figura de confianza de Hitler cada vez mas crucial en
el desarrollo progresivo de la política de exterminio durante la guerra-
utilizó los campos como medio más rápido para hacer de Europa un paraíso
ario. La obsesión racista llegará a ser tal, que, en los últimos meses
de la guerra, y con el Reich amenazado de hundimiento militar, los trenes
se reservaban, con todo, prioritariamente, para la deportación. Las
SS -lo que se llamó el Estado SS- no sólo habían conseguido pleno
control d universo concentracionario, sino que además habían hecho de
él una maquinaria industrial. |
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En
el corazón de Alemania, a cien kilómetros de Hamburgo, a 65 de Hannover,
a 90 de Bremen, se erigió el campo de prisioneros de guerra Bergen Belsen,
que en 1941 fue puesto bajo la administración de las SS, convirtiéndose
en campo de concentración. A partir de julio de 1944 comenzó a ser empleado
como estación de tránsito para judíos de Holanda, Polonia, Hungría,
Albania, Grecia y Yugoslavia. |
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Auschwitz
es una pequeña población situada a unos 60 kilómetros al sudeste de
Cracovia, en Polonia. Allí, en 1941, los ocupantes abrieron un campo
de trabajos forzados, donde se instalaron varias industrias alemanas
que empleaban aquella mano de obra barata y dócil. Las SS (Schutz
Stulfen) de las Totenkopfebande, es decir, unidades de la calavera,
que se ocupaban de estos campos de concentración, explotaban a estos
forzados hasta el agotamiento y la muerte. |
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Birkenau, situado a tres kilómetros de Auschwitz, en una zona pantanosa e insalubre, recibía diariamente a los judíos deportados. Allí se seleccionaban. Los débiles, los ancianos, los niños, y buena parte de las mujeres eran separados de los prisioneros útiles para el trabajo, que se repartían luego por las demás instalaciones. A los que se desechaba se les conducía, tras dejar su equipaje y su ropa -y las mujeres, su pelo- a unas naves donde serían desinfectados. |
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Encerrados
en aquellos depósitos se les gaseaba con Zyklon B y, una vez muertos,
se les desposaba de alhajas, dientes de oro, etc. Luego se llevaban
los cadáveres a unos hornos crematorios que funcionaban día y noche. |
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Cuando los soviéticos alcanzaron el campo el 27 de Enero, apenas había siete mil reclusos, todos en condiciones lamentables y muchos de los cuales morirían en las semanas siguientes. Pese a que los alemanes habían tratado de destruir las pruebas de su inmenso crimen, allí quedaban cerca de un millón de trajes de hombres y mujeres, mas de seis mil pares de zapatos y toneladas de objetos personales. |
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También
se hallaron allí unos 700 kilos de cabello humano, que una fábrica de
fieltro alemana compraba a 500 marcos la tonelada. |
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Cumpliendo
las órdenes recibidas de solucionar la cuestión judía, el 20 de Enero
de 1942, Heydrich reunió en el distrito berlinés de Wannsee a 13 personajes
pertenecientes al Departamento Superior de Seguridad (RSA); a
la Cancillería; a los Ministerios de Justicia, de Exteriores y del Plan
Cuatrienal, y a los responsables de la represión en Polonia y en el
Báltico. Como secretario actuó el coronel de las SS Adolf Eichman, del
RSA, en cuyas actas puede leerse: |
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¿Quién dispuso tal atrocidad? El más autorizado biógrafo de Hitler, Bullock, responde: No pudieron ser los burócratas que asistieron a la conferencia de Wannsee, y que tan solo estaban preocupados por los problemas prácticos que planteaba la ejecución del proyecto. Tan sólo Hitler tenía la imaginación necesaria -aunque perversa- para idear un plan de esta índole. |
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El
comandante de Auschwitz, Hoess, declaró ante el tribunal que le juzgó
en 1946 que Himmler, en nombre de Hitler, le ordenó crear una
fábrica de exterminio: |
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El más prestigioso biógrafo de Hitler e historiador del III Reich, Alan Bullock, en su obra Hitler y Stalin, vidas paralelas, publicada en Londres en 1991, eleva a 18 millones las víctimas del terror nazi. En esta cifra se incluirían los civiles muertos en los bombardeos, en los ataques contra los ciudadanos, en las represalias contra las acciones guerrilleras, en las persecuciones étnicas contra judíos y gitanos, en el agotamiento hasta la muerte de poblaciones deportadas y prisioneros de guerra. Aunque las cifras siguientes son solo orientativas, dan una idea clara del inmenso crimen nazi. |
| Unión Soviética | 7.500.000 |
| Polonia | 5.000.000 |
| Yugoslavia | 1.500.000 |
| Francia | 300.000 |
| Hungría | 250.000 |
| Benelux | 150.000 |
| Checoslovaquia | 110.000 |
| Grecia | 100.000 |
| Italia | 70.000 |
| Reino Unido | 60.000 |
| Alemania | 2.000.000 |
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En
las cifras de víctimas civiles por países están incluidos los judíos.
Entre las víctimas de la represión en Alemania se incluyen también Austria,
los Sudetes y el Protectorado de Bohemia-Moravia; en esta cifra están
incluidos los judíos, comunistas y socialistas, las oposición al nazismo,
y los conspiradores antinazis, tanto civiles como militares, entre 1933
y 1945. |
TODO SE APROVECHA,
HASTA LAS CENIZAS
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Las crecientes necesidades de la industria de guerra fueron cubiertas por la población civil deportada de los países vencidos. Procedentes de éstos, más de 20 millones de personas fueron esclavizadas -en su mayor parte rusos y polacos- aportando pingües beneficios a las empresas que los empleaban y a las SS. Los empresarios solían pagar entre 3 y 6 marcos por trabajador y día a las SS, y estas apenas se gastaban 0,35 marcos diarios de manutención. Cuando el prisionero había sido reducido a un deshecho humano, inútil para el trabajo, era liquidado, rindiendo su último tributo al Reich: se comercializaba su grasa para hacer jabón, sus huesos para fabricar fertilizantes, sus cabellos para la industria textil... Sólo el campo de Auschwitz entregó 60 toneladas de cabello a la fábrica de fieltro Alex Zink, que pagó por ellas 30.000 marcos; 7.000 kilos más, preparados para su envío, hallaron los soviético al ocupar el campo. Hubo empresas que se constituyeron para aprovechar los últimos residuos humanos, como la acción Reinhard, que adquiría a las SS cuantas pertenencias de los prisioneros pudieran ser comercializadas: relojes, cadenas, joyas, dientes, etc. |
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Todo se clasificaba, limpiaba, reparaba, catalogaba, almacenaba. Luego se servían los pedidos a empresas interesadas. Fue próspera la venta de abrigos, botas, impermeables, jerseys y ropa interior de calidad. Debieron tener poca solicitud los juguetes, los trajes de mujer y de hombre, los objetos personales y las maletas... Cuando los soviéticos entraron en los campos polacos hallaron millones de maletas, perfectamente clasificadas y, en muchísimos casos, con el nombre de sus propietarios y su remite. |