AGONÍA DEL SALMÓN GALLEGO

 

 

 

 

 Lunes, 28 de Octubre de 2002

 

 

Lenta agonía del salmón gallego
-Menos del 30% de los ríos de Galicia son accesibles para la especie. Los intentos de repoblación no están dando los resultados esperados por la Administración.

 

SCOTH MOON

El salmón lo está pasando mal con la globalización. Corre peligro de perder sus orígenes de agua dulce. Cada vez retorna menos a los pozos del Eo. Las ruidosas y cristalinas aguas a las que se retiraba para nacer, son un sueño acosado por pesadillas de sobrepesca marítima, la contaminación y los ensayos transgénicos que engordarán las barrigas de sus peores enemigos: los hombres.

Cuando al salmón salvaje se le retrata como un mito (los que filmó Gutiérrez Aragón en Lugo parecían ballenas de cebadero y no tuvieron éxito), se le quiere dedicar homenajes y museos (como el previsto en A Pontenova, el antiguo paraíso) o se le rodea de alta tecnología (aparatos de infrarrojos para contar los que vienen y van por las escalas, aparte de costosos procesos para reproducirlos en cautividad y repoblar los cauces), es que su mundo va mal y está seriamente amenazado. Quienes luchan por él afirman que está en peligro de extinción.

Cierto es que el salmón siempre fue un trofeo para el sistema, una especie de maquis acuático en mitad del terror del sistema. Y no lo decimos sólo por Franco, a quien se los acorralaban en Pé de Viña para su deleite, creyendo el dictador que los pescaba porque los engañaba con sus señuelos

Galicia era en los años 20 y 30 del siglo pasado la principal región salmonera de la península, con unas 12.000 capturas anuales (este año se pescaron 164 en total) y sólo el Eo rendía en 1975 más de seiscientos salmones a los pescadores deportivos (en esta temporada fueron 126 pero hubo años catastróficos como 1998, con 12). Pero antes de la llegada de la democracia ya se había desencadenado la orgía de los pantanos y los kilovatios, una época negra entre los años 50 y setenta, tan nefasta que muchos consideran que el daño del desarrollismo hidroeléctrico es ya irrecuperable para el salmón.

Desastre ecológico

Se calcula que menos de un 30% del cauce total de los ríos gallegos es accesible para él. Los investigadores Francisco Hervella y Caballero estiman que sólo en la cuenca del Miño se perdieron 3.000 kilómetros fluviales. Un desastre ecológico de los gordos. Lo malo es que la libertad política que por fin llegó, lejos de una mayor sensibilidad, llevó a convertir a este pez en especie amenazada.

Se amurallaron sus cauces y se le expulsó de donde fielmente su instinto lo traía año tras año a desovar, desde lugares tan lejanos como Islandia o Terranova. Ahora de lo que se trata es de recuperarlo.

En el Miño de poco le valía al salmón del Atlántico su capacidad para saltar hasta 3,7 metros y remontar contracorriente más de 6 kilómetros al día. Ante paredes como la de Frieira no hay nada que hacer. Ahora, Medio Ambiente está a punto de recibir la obra de un ascensor allí instalado. Porque se necesita un auténtico ascensor para que cualquier bicho con aletas pueda moverse de un lado a otro. Es un gesto que no se sabe si aplaca o enciende más a los ecologistas, financiado con fondos europeos.

El Miño viene dando 1 ó 2 salmones al año a la caña. Por poner algo en las estadísticas. Pero aunque no hubiera presas, el caldo que baja por su cauce también se lo hubiera puesto difícil.

Tantos son los obstáculos, que los técnicos de Medio Ambiente empeñados en recuperar la especie, como Suso Latas, están preocupados por el bajo porcentaje de retorno en los miles de ejemplares repoblados. Este año hay mucha cría en los ríos. Al menos en el caudal del Eo.

Pero ¿cuántos volverán una vez sean liberados? Muchos mueren sin poder llegar al mar y en la ría de Ribadeo caen como moscas en las fauces de predadores de los estuarios como los róbalos.

Javier Lombardero (lugo)

 

 

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