Sol de Soles
 
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Sol de Soles

Sol de Soles

    SOL DE SOLES
        LA LEYENDA DEL INTIP INTI
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"En lo alto de las cumbres andinas, brillará otra vez el sol magnífico de las extintas edades".
   (Luis E. Valcárcel, TEMPESTAD EN LOS ANDES)
 
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       Solamente un libro
 
A inicios del año pasado fui invitado a una fiesta de cumpleaños en un señorial castillo en Galicia; pese a que jamás he simpatizado con la gente de "sangre azul" (soy plebeyo, y no me compadezcan), tuve que aceptar por cuestiones de negocios. Así, fui a la velada, resignado a una aburrida tarde en medio de la flor y nata de la decadente nobleza española. Sin embargo, un evento inesperado daría un vuelco a la tediosa velada.
 
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El agasajado, un octogenario marqués, se complació en mostrarnos una colección de grandes retratos al óleo, donde estaban todos sus ilustres antepasados. En un momento dado, se detuvo ante la efigie de uno cuyo atuendo era el menos pomposo de todos; nos aclaró que en ese entonces, a mediados del siglo XVI, dicho hidalgo tenía "muy flaca la bolsa" (o sea, estaba sin dinero), pero todo lo solucionó con un viaje al Virreinato del Perú, de donde unos pocos años después regresó con una colosal fortuna en oro.
 
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En ese momento el anciano fue interrumpido por un joven que, según supe después, era nieto del marqués. El muchacho hizo preguntas impertinentes: "¿A cuántos indígenas peruanos esclavizó cruelmente nuestro genocida antepasado, abuelo? ¿Cuántas obras de arte en joyería y orfebrería prehispánica fueron criminalmente fundidas en hornos por nuestro ancestro, solo obsesionado por oro y piedras preciosas?" Todos quedamos mudos, mientras el chico comenzó una lista de todos los crímenes cometidos por los castellanos en lo que fue la Civilización Inca.
 
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En un momento dado, el malhumorado marqués hizo callar a su nieto, recriminándole por su insolencia: "¿Por qué hurgar en las viejas heridas?" Pero el muchacho estalló en cólera: "¡Tú y otras generaciones... nos engañasteis! No nos contaron lo que allí hicisteis. ¡Todos en España deberían leer esta obra!" Y diciendo esto, alzó un libro que tenía en la portada un dorado disco solar de diseño incaico; y su título era INTIP INTI.
 
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La discusión aumentó: unos (los más jóvenes) se ponían del lado del muchacho; otros (los más viejos) se ponían del lado del marqués. No me tentó participar en el debate, así que me retiré sin que nadie se diera cuenta (salvo el mayordomo de la entrada). Al salir del castillo pude oír que todos vociferaban desordenadamente.
 
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De regreso en Burgos, solicité en nuestro Centro Cultural toda la información posible acerca de ese libro. La respuesta: se trataba de una novela escrita por Henry Steele (estadounidense de nacimiento, hoy nacionalizado británico), y que recientemente acababa de ser traducida al español. Ya se estaba editando con gran éxito en Latinoamérica, sobre todo en el Perú. Y desde hacía unos pocos días estaba ya leyéndose en España, generando todo tipo de polémicas discusiones... lo que no hacía sino aumentar el interés general por leer esta obra. No lo pensé dos veces y encargué a los muchachos que adquirieran un buen número de ejemplares para nuestra biblioteca.
 
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Algunos días después nos llegaron los primeros ejemplares de INTIP INTI; cogiendo uno al azar, de inmediato comencé a leerlo. Al igual que muchos otros, a mí también la fascinante lectura me atrapó hasta el final, pero con un detalle adicional: me hacía volver mentalmente a ese Perú en el cual nací y crecí, y del que llevaba largos años ausente. Cuando concluí el libro, me quedé con sentimiento de culpa (por ser yo un claro descendiente de la raza ibérica), seguido de pesimismo acerca del futuro de la Civilización Occidental... así como un renovado interés sobre el pueblo y la cultura inca, por siglos víctima del desprecio y la explotación, pero aún con fe en un gran futuro.
 
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Lo que más me llamó la atención fue el ingenio de su autor, que contaba una épica saga generacional, pero no desde el punto de vista de una familia o de un poblado, sino de un objeto inanimado, una valiosa reliquia incaica, que recorre el Perú disfrazada como vulgar artesanía, siendo buscada tanto por los blancos (por el oro de la que está hecha) como por los indios (por su gran valor histórico/cultural). Así, el Sol de Soles (en quechua Intip Inti) se convierte en testigo (y a veces en protagonista) de varios eventos de la Historia del Perú, llegando a alternar aventuras con ciertos personajes que en la vida real fueron próceres, héroes, líderes, políticos y pensadores de dicho país.
 
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No lo dudé y comencé a recabar toda la información posible sobre esta obra y su creación. Fue así que, tras recoger diversas opiniones de españoles que leyeron el libro, hice con mi esposa un viaje a Inglaterra (donde conversé con el mismísimo Henry Steele), para luego regresar nostálgico al Perú (¡cuánto ha cambiado desde que lo dejé!), el país latinoamericano donde más impacto ha causado la obra. De hecho, escribo estas líneas en un hotel en el Cusco.
 
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 Así, investigué los orígenes de esta novela, me documenté sobre la leyenda y la realidad del mítico Sol de Soles, he analizado el argumento de la imaginaria epopeya, y he reunido diversas opiniones (a favor y en contra) sobre el libro. Todo ha sido incluido aquí, sin ningún orden ni favoritismo.
 
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Solo me queda decir que estamos ante una obra maestra. En lo personal, el impacto de su lectura me durará toda la vida. Y, sea cual sea su forma de pensar, estoy seguro que causará el mismo impacto en ustedes, mis estimados lectores.
 
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         Yo, Henry Steele
 
A mediados de abril de 1992 llegué al Cusco acompañando a mi padre, un misionero adventista enviado desde Illinois para reemplazar a un cofrade maestro, asesinado pocos días antes por un no-identificado "comando paramilitar ultraderechista". En ese entonces el pueblo quechua vivía en medio del terror. Era la época de la llamada "Guerra Sucia", donde las fuerzas policiales, militares y paramilitares, bajo el pretexto de "poner orden", saqueaban y destruían pueblos indígenas enteros, y a sus inocentes habitantes (hombres, mujeres, niños y ancianos) los encarcelaban, torturaban y asesinaban impunemente. Nuestra misión en esa remota región andina recibía a cientos de fugitivos que buscaban refugio de este genocidio sistematizado.
 
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Aunque inicialmente mataba el tiempo jugando con los niños indígenas (aprendiendo más quechua que el que me enseñó mi padre), escuchando tradiciones y leyendas incas, al final fue inevitable que me la pasara oyendo sobre los horrores cometidos con la población civil, no solo del Cusco sino de todo el Altiplano. Secuestros, torturas, fusilamientos, mutilaciones, poblados bombardeados e incendiados... era como si los Andes se conmovieran bajo el galopar siniestro de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
 
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Pero pese a todo, estos humildes indios no habían perdido la dignidad: sabían que este holocausto era como un viento más frío y crudo que cualquier otro que haya soplado antes, bajo cuyas mortales ráfagas gran parte de la raza inca se marchitaba... pero no por ello dejaba de ser un viento de Dios, y cuando amainara esa tempestad brillará bajo el sol un pueblo más limpio, mejor y más fuerte.
 
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Conforme pasaron los meses, la violencia se incrementó a límites nunca vistos. A inicios de setiembre, la sangrienta represión había creado un estado de cosas tan grave que, desde nuestra Asociación General, se nos ordenó una evacuación de emergencia. Y mientras oíamos cada vez más cerca los cañonazos y las ametralladoras, todos abandonamos la próspera misión que en cuestión de minutos sería tomada a sangre y fuego por las "fuerzas del orden". Rodeados de aterrorizadas familias indígenas, subimos a todos los campesinos que pudimos a nuestra avioneta, pero muchos se tuvieron que quedar, ya sin esperanzas de que volviéramos para salvarlos de ser masacrados, pues sabíamos que apenas la misión fuera invadida sería saqueada e incendiada, y nuestra pista de aterrizaje sería destruida.
 
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Jamás podré olvidar los rostros desesperados de aquellos indios que quedaban abandonados a su suerte, bajo un cielo macabramente iluminado de rojo (por el fuego de las incendiadas aldeas cercanas). Tampoco olvidaré cuando, al despegar, las primera bombas cayeron sobre nuestra misión, haciendo volar en pedazos la escuela, la capilla y la posta médica, mientras la multitud corría despavorida en todas direcciones, huyendo de las salvajes tropas que incursionaban lanzando gritos y disparos en todas direcciones.
 
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Esa traumática visión definió mi vida. Ya de vuelta en Estados Unidos, tratamos de continuar con nuestra vida y obra como siempre, pero en lo que respecta a mí eso era imposible. Me documenté ampliamente de la historia de los Incas, la destrucción de su civilización y el sufrimiento de ese otrora poderoso pueblo, tanto durante la colonia española como en la actual república. Comencé a recabar toda esta información casi desde que regresamos a Illinois; no fue difícil, ya que en ese momento, estando próximos a cumplirse los 500 años del Descubrimiento de América, circulaban todo tipo de estudios novedosos y datos inéditos sobre el lado negativo del violento choque entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Con eso quedaba ya definida mi actitud para los años siguientes.
 
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Lo que restaba de mi niñez, mi adolescencia y mi adultez quedaba marcado para siempre por el recuerdo de todo ese horror que presencié en los Andes Peruanos, así como el posterior conocimiento de cómo fue realmente la destrucción de las culturas inca y azteca por parte de los "civilizadores" europeos. Ni siquiera la trágica muerte de mi padre en Nueva York, el 11 de setiembre del 2001, ni las diferencias ideológicas que me llevaron a abandonar la Iglesia Adventista del Séptimo Día para pasarme a la Iglesia Católica Apostólica Romana, fueron tan determinantes en mi vida como esos cortos meses que viví con los Hijos del Sol, aprendiendo de su pasada gloria y presenciando su tragedia actual.
 
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Me hice gran defensor de la causa de los paupérrimos nativos americanos, apoyándolos en todo lo posible en sus eternos reclamos de justicia. Me uní a asociaciones filantrópicas que denunciaban el racismo tanto en Estados Unidos como en otras partes del continente americano. También colaboré con asociaciones en pro de los derechos humanos, recogiendo y denunciando una y mil veces los atropellos que eran víctimas los "verdaderos americanos" únicamente por motivos culturales, sociales y/o étnicos.
 
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Asimismo, me empapé de cuanta literatura del tema pude hallar: desde BREVÍSIMA RELACIÓN DE LA DESTRUCCIÓN DE LAS INDIAS del dominico Bartolomé de las Casas (defensor incondicional de los indios americanos) hasta las principales obras de la literatura indigenista latinoamericana. Pero mi especial atención fue dedicada al Perú. Me leí entera una reproducción completa de EL PRIMER NUEVA CRÓNICA Y BUEN GOBIERNO, clásico ilustrado del cronista indio Felipe Huamán Poma, quizá el mejor exponente del sufrimiento y dolor del pueblo inca.
 
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Un día no pude más, y en una universidad a la que fui invitado improvisé un discurso donde dije las palabras que me ganaron tantos admiradores como detractores: los blancos nada tenemos que hacer en América, debíamos regresar a la Europa de nuestros antepasados, y dejarle este continente a la Raza de Bronce, su única y verdadera heredera. Poco después, en medio de un clima cargado de emociones, entre vítores y abucheos, abordé el avión que me traería a Inglaterra, donde me di a la tarea de comenzar a rastrear a mis parientes de este lado del Atlántico.
 
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Ya establecido en la patria de mis ancestros, aún mi conciencia no estaba en paz. Sentí que le debía algo al Perú, cuya tragedia me abrió los ojos. Ya anteriormente había publicado algunos cuentos donde siempre se denunciaba tanto las injusticias cometidas por los blancos hacia los indios en todos los países de las Américas, pero hasta ahora no me había dado el trabajo de crear una novela. Reflexionando, concluí que mi primera obra de gran extensión debería ser dedicada a los Incas.
 
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Recordé una de las tantas leyendas acerca del Tesoro de los Incas que me contaron mis amiguitos en el Cusco, allá en 1992: la del Intip Inti, el Sol de Soles que adornaba el testero del templo Qorikancha y que fue robado por los Conquistadores, perdiéndose nebulosamente en la Historia. Si bien casi todos lo dan por destruido, se me ocurrió: ¿qué hubiera pasado si no hubiera acabado convertido en barras de oro? ¿Y si acaso hubiera sido salvado en el último minuto? ¿Y si se convirtiera en un tesoro buscado por generaciones de blancos e indios?
 
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Así tomó forma INTIP INTI. Mis primeros borradores eran un estereotipado argumento de "la búsqueda del tesoro". Así, decidí reescribir todo en un tono más épico. Al fin y al cabo, si los judíos aún buscan el Arca de la Alianza, los cristianos el Santo Grial, y los coleccionistas el Halcón Maltés, ¿por qué no podía existir una valiosa reliquia inca buscada por siglos?
 
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Luego se me ocurrió que no fuese una sola aventura la que relatara esa búsqueda, sino varias generaciones de buscadores. Y entonces reflexioné: ¿y si solo los Conquistadores y sus descendientes fueran quienes ambicionan el Sol de Soles, mientras que los quechuas siempre supieron donde estaba, y más bien cuidaban que siguiera oculto? Posteriormente decidí añadirle la particularidad de estar "disfrazado" y recorrer el Perú, cambiando varias veces de propietarios que ignoraban la gran joya inca que tenían en su poder; luego añadiría que esta reliquia prehispánica fuera "testigo" de la Historia del Perú. Un disimulado toque sobrenatural (pareciera que, por estar bendito por un sacerdote de la Conquista, Dios le ha protegido hasta nuestros días) y algo de ciencia-ficción (por su forma de dorado espejo convexo, el disco solar refleja la luz con suficiente potencia para iluminar pueblos o deslumbrar a ejércitos enemigos en pleno combate) terminó por redondear el argumento.
 
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No tuve apenas problemas para que mi obra fuese publicada en Inglaterra: la veían como una amena novela de aventuras disfrazada de saga generacional, con un vago toque a hollywoodense aventura de "la búsqueda del tesoro". Apenas si hubo algunos debates en los medios de comunicación, por la imprudente satanización de la influencia de la cultura europea en el Nuevo Mundo, así como un indirecto (e incómodo) recordatorio del genocidio que los colonos del Mayflower y sus descendientes cometieron con los Pieles Rojas.
 
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Claro, se despertó un histórico sentimiento de culpa en España y Portugal, más en la primera que en la segunda. Si bien el País de los Grandes Navegantes también tuvo su cuota de atrocidades en lo que hoy es Brasil, estas son apenas una cuarta parte del holocausto indio que desataron los peninsulares en México y Perú. Para la Raza del Cid, mi libro causó un revuelo solo comparable al de 1992, cuando los españoles no tuvieron un lugar de honor como los "descubridores-civilizadores", sino que acabaron sentados en el banquillo de los acusados.
 
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Pero cuando la obra llegó a Estados Unidos, ahí sí que hubo toda una conmoción: no solo por mi mala fama de "racista" (?) sino porque la obra atacaba la "moda oficial" de la diversidad étnica, de la que tanto presume el País de las Barras y las Estrellas. Y es que postular, aunque sea en un Perú imaginario, que el continente americano es solo para sus indígenas, es casi una blasfemia para los yanquis (que siguen siendo los mismos racistas de siempre, solo que ahora ya no lo admiten).
 
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En los países de Latinoamérica la reacción era previsible. Un anglosajón descubre su sentimiento de culpa por lo que sus hermanos de raza hicieron con los naturales de las Américas, y lo expresa fría y descarnadamente en una ficción, que no se limita a la denunciar la explotación y el abuso sino que hasta llega a afirmar que el ciclo del colonizador europeo en este continente ha concluido, para cederle lugar a los pueblos de color... en una parte del mundo donde una minoría blanca, descendiente de los crueles Conquistadores, domina y menosprecia a la gran mayoría cobriza, un llamado a la conciencia contra esta injusta situación es una verdadera bomba de tiempo. Sin embargo, ya sabía yo que ésa sería, más o menos, la reacción en los pueblos de más abajo de Río Grande.
 
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Pero mi mayor atención fue para el Perú. Me enteré que el revuelo que provocó su publicación fue superior al que se dio en USA. Esa sociedad en la que, al parecer, cada grupo étnico "tiene su lugar", de pronto lee una obra de ficción que desnuda que nada ha cambiado desde los tiempos coloniales. Mi correo electrónico y mis cuentas en las redes sociales se saturaron de todo tipo de mensajes peruanos: la mayoría eran quechuas, tanto del campo como de las ciudades, que iban desde una prudente gratitud (pero siempre recordándome que hubo "blancos buenos" que ayudaron a los indios), hasta eufóricos que afirmaban que era ya hora de recuperar, como sea, todo lo que los mistis (blancos) habían robado a su pueblo. Siempre les respondí a todos que el esperado despertar de la Raza de Bronce ha llegado, pero no se consumaría recurriendo a la violencia sino siguiendo los dictados de Dios.
 
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Sé que en Perú hay una gran mayoría (predominantemente cobrizos) que desean condecorarme, por haberle devuelto, mediante mis habilidades literarias, la dignidad a los Hijos del Sol. Y también sé que hay una poderosa minoría (predominantemente blancos) que desean lincharme por "despertar a la indiada y ponerla a la altura de los seres humanos". Ante ambas posiciones solo tengo una respuesta: solo he expresado, mediante una ficción, mi deseo de ayudar a un pueblo largo tiempo menospreciado por los "civilizados"; no merezco ningún premio ni castigo, pues sé bien que solo es un minúsculo granito de arena, y que quizá la polémica pronto pase y se olvide... pero si logré llegar al menos a un miembro de la Raza de Bronce y devolverle el orgullo de ser heredero de los Incas, entonces estaré más que satisfecho.
 
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A quienes hayan leído mi novela no solo les doy las gracias sino que respondo a su pregunta más frecuente por parte de los lectores: ¿realmente existe aún el Intip Inti, esperando ser encontrado? Solo puedo contestar que espero que, algún día, los quechuas encuentren su Sol de Soles... y que, en un futuro no muy lejano, todos los hijos de las Américas encuentren también su propio Sol de Soles.
 
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 Por los siglos de los siglos
 
La novela INTIP INTI se divide en siete episodios, cada uno contiene una o dos "aventuras", todas con el Sol de Soles como el "protagonista", ya sea como eje central o el tesoro a buscar. A continuación, hago un resumen de cada episodio, seguido de una relación de sus personajes y un análisis imparcial del mismo, desde el punto de vista histórico y social.
 
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            Siglo XV
Durante la guerra de los Incas contra la Confederación Chanca, los sabios Amautas consiguen un arma que podría darles la victoria: el Intip Inti, un brillante espejo circular convexo que refleja la luz del sol de manera particular. Pero éste es robado por espías, y será un joven aprendiz de Amauta (su creador) quien en una arriesgada aventura incursione en territorio enemigo, rescatándolo. Y, cuando el Cusco está a punto de ser invadido, el disco solar deslumbra a los ejércitos enemigos, quienes huyen despavoridos.

Los Amautas opinan que la dorada joya regrese a su primitiva labor, la de proveer iluminación a los hogares, pero al final esta reliquia es permanentemente exhibida en el Qorikancha, donde al verla todos puedan recordar cómo ese disco solar, gran logro de la Ciencia Incaica, una vez salvó al Cusco. Y así, con el Intip Inti como símbolo, esta poderosa Civilización Andina crecerá hasta convertirse en el TAHUANTINSUYO.
         Personajes
POMA
Joven artesano quechua; siendo adolescente creó el Intip Inti, que exhibía a sus vecinos. La popularidad de su obra hizo que las autoridades locales lo enviaran en una gira por varias ciudades, hasta que dejó la joya exhibiéndose en el Cusco. Diez años después, al saber que ha sido robado por los chancas, se alista en una misión secreta para recuperarlo. Durante esa peligrosa aventura conoce a Chañan, que será el gran amor de su vida. Recuperado el disco solar, ambos contraen matrimonio y son colmados de obsequios y honores por Pachacútec, el nuevo Inca.

CHAÑAN
Curaca cusqueña prisionera, logra huir de los crueles chancas y junto con otros prófugos forma un movimiento de resistencia, cometiendo varios actos de sabotaje. Con grandes dotes de mando y de carácter enérgico, inicialmente desconfía de Poma, pero pronto se da cuenta de su sinceridad y le ayuda en el rescate del Intip Inti. De vuelta en el Cusco, demuestra sus aptitudes militares al ayudar a combatir al invasor. Tras derrotar al enemigo invasor, acepta la petición de mano de Poma, con quien se desposa en una hermosa ceremonia, iluminados por el disco solar.

ATUQ
Gracioso bribonzuelo, gran amigo de Poma, con quien vive casi como parásito, y que le acompaña en su misión de rescatar el Intip Inti, pero planeando apoderarse de la "mágica" joya. Sus torpezas provocan un malentendido que hace que Chañan desconfíe de Poma, y que hasta el mismo Atuq se lo crea. Evidenciado que el disco solar no tiene nada de sobrenatural, renuncia y huye pero, en un inesperado ataque de conciencia, regresa en el último minuto y ayuda a la defensa de la ciudad del Cusco.

TOPA HUANCHIRE
Ministro del Qorikancha, fue quien descubrió las propiedades ópticas del Intip Inti, y por ello solicitó que se quedara en el Cusco, para que los Amautas pudieran estudiar y dar buen uso al disco solar. Tras el robo de la dorada joya por parte de espías chancas, usa su sabiduría para montar ingenios con los cuales defender la ciudad de la invasión enemiga. Es un ardoroso combatiente de las supersticiones y cree firmemente en la existencia de un único Dios... concepto que será legado para levantar el próximo Tahuantinsuyo.

PACHACÚTEC
Bravo general cusqueño, que ante la cobarde huida del Inca ante la inminente invasión chanca, organiza él solo la defensa de la ciudad. Secretamente capta a Poma para que le ayude a recuperar el Intip Inti (no por tener un supuesto "poder mágico", sino porque le daría una gran ventaja psicológica al enemigo). Una vez salvado el Cusco, es aclamado unánimemente por el pueblo, para convertirse en el nuevo Inca. Seguidor de las enseñanzas de su maestro Topa Huanchire, lucha por levantar una gran nación erradicando las supersticiones e idolatrías... y así, bajo la doctrina de que el Universo es regido por un único Dios, Pachacútec transforma el Curacazgo del Cusco en el Tahuantinsuyo.

ANCCU HUALLOC
Sanguinario tirano chanca, planea extender su totalitario imperio conquistando el Cusco (entonces solo un próspero curacazgo). Enterado que en el Qorikancha se exhibe el Intip Inti, y aprovechando la popular creencia de que es un artefacto "mágico", envía a dos de sus espías a robarlo, para así tener un "arma psicológica" con la cual envalentonar a sus supersticiosas hordas salvajes. Muere en el punto culminante de la batalla por el Cusco, en un combate cuerpo a cuerpo con Pachacútec.

TUMAY Y ASTU
Perversos y vagamente cómicos jefes militares chancas, leales al despótico Anccu Hualloc, a quien adulan incluso cuando éste les abofetea. Pese a sus actitudes chistosas, no dejan de ser dos enemigos peligrosos y traicioneros, pues uno llega a sabotear una posible tregua con los cusqueños (creyendo que así agradará él más a su monarca), mientras que el otro desobedece la orden de "no hay prisioneros" y (afortunadamente) conserva con vida a la bella Chañan, para dársela como "obsequio" a su malvado amo. Uno muere aplastado al tratar de detener a sus propios soldados, que huyen despavoridos; el otro, recibe un certero hachazo que le propina Poma durante la huida de él y su amada.
            Análisis
Ya desde el inicio la novela parte con una licencia artística (o acaso un error): el disco solar conocido como el Intip Inti (Sol de Soles) es en realidad el dorado pectoral que los Incas ostentaron cual medallón, mientras que una copia del mismo, en mayor tamaño, era el que aparecía en el testero del Qorikancha (Templo del Sol). El libro de Henry Steele convierte a la gran reproducción en el verdadero Intip Inti, y a la auténtica placa en la reproducción. Y la que debería ser la auténtica joya prehispánica solo aparece una vez, en el capítulo «Siglo XVIII», para después no volver a mentarse nunca más. En la realidad, el auténtico Sol de Soles (el pequeño) se exhibe actualmente en el Museo Nacional de los Indios Americanos, en Nueva York.

No hay acuerdo entre los arqueólogos acerca del origen étnico del Intip Inti. Hay tres teorías sobre su procedencia: para unos viene de las culturas preincaicas Chavín y Tiahuanaco; para otros, es Aymara/Tiahuanaco; y también están los que lo consideran cusqueño (aunque anterior a la llegada de los Incas). La novela pone que fue creado durante el Incanato, aunque veladamente da a entender que el joven genio Poma, su creador, desciende de inmigrantes de Tiahuanaco, que vinieron al Cusco cuando su pueblo colapsó (1200 D.C.)

Según el libro, el Intip Inti era enteramente hecho de oro, medía unos tres metros de diámetro y su pulida superficie era un perfecto espejo convexo, que reflejaba la luz con gran potencia. En el día la luz del sol llegaba a todas las casas cusqueñas, por medio de un hábil juego de espejos hábilmente dispuestos para iluminar los hogares por dentro; de noche el proceso era idéntico, solo que esta vez la luz reflejada provenía de una gran fogata que ardía ante el disco solar.

A lo largo de la Historia, el Intip Inti ha sido representado de muchas maneras: a veces es un disco perfectamente plano, otras veces su superficie tallada está repleta de altorrelieves o bajorrelieves que arruinarían el "efecto espejo" que describe la novela (más aún si se toma en cuenta la creencia popular sobre que llevaba incrustada cientos de piedras preciosas). Lo mismo podría decirse de su tamaño: si bien fue obviamente grande, la lógica dice que debió medir más de tres metros de diámetro.

Asimismo, un espejo convexo agranda la luz reflejada en él, pero la manera como lo representa el libro cae en inexactitudes ópticas, llegando a veces a convertir esta joya incaica en una verdadera "arma lanza-rayos" prehispánica. Sin ir muy lejos, la manera en que "ilumina" a todo el Cusco es de lo más exagerada: está científicamente probado que un rayo de luz reflejado de un espejo a otro (infinidad de veces) va perdiendo gradualmente intensidad... las casas más alejadas del Sol de Soles (inicialmente situado en la plaza principal del Cusco) estarían casi en la penumbra.

El joven Poma, héroe de este capítulo, es un personaje imaginario, pero su "pareja", la hermosa cusqueña Chañan si tiene base histórica. Según antiguas leyendas, su nombre completo era Chañan Curi Coca, curaca que durante la primera etapa de la invasión chanca lideró bravamente a los suyos en la batalla casa por casa que se daba. Fue tal su ferocidad en el combate que el enemigo retrocedió, abandonando gran parte de sus suministros y tesoros. Si bien apenas dos cronistas la mencionan (lo que ha hecho poner en duda su existencia histórica), la tradición aún mantiene el recuerdo de esta valerosa guerrera.

Topa Huanchire ("ministro del Qorikancha") y Pachacútec ("bravo general cusqueño") son personajes reales, pero no exactamente como el libro los representa. Se pone al futuro Inca como un monoteísta, que desde siempre creyó que solo existe un único Dios, y que le debe ese conocimiento al sumo sacerdote cusqueño; al alcanzar el poder, uso este conocimiento para unir a todos en una poderosa comunidad que, con la bendición del Ser Supremo, se convertiría en el Tahuantinsuyo.

Pachacútec, el Inca que transformó el curacazgo del Cusco en el Tahuantinsuyo, no solo fue un personaje real sino que es el primer inca históricamente registrado. Pero la novela comete varios errores en su representación. Para empezar, siempre usó su verdadero nombre, Cusi Yupanqui, el cual cambiaría a Pachacútec recién al ser nombrado nuevo Inca. El libro omite que en realidad era un príncipe cusqueño, hijo de Huiracocha, quien huyó ante la inminente invasión chanca; fue por sus acciones que se ganó el título de Inca, aún cuando su cobarde progenitor ya había designado como su sucesor al vicioso príncipe Urco (personaje totalmente anulado en esta obra).

Henry Steele nos muestra a un Pachacútec puramente militar, que se ganó la mascaypacha (borla que se ceñían los Incas recién entronizados) por su propio mérito, sin ninguna relación con sucesión dinástica alguna. Paralelamente, parece una mezcla de Aleksandr Nevsky y Cid Campeador, que antes de la batalla alza los ojos al Cielo y musita una plegaria al Ser Supremo... En realidad, aunque Pachacútec creía que solo debía existir un único Dios, no fue esta creencia la base que usó para convertir el curacazgo del Cusco en el Tahuantinsuyo. Si bien el viejo sacerdote Topa Huanchire era su tío y consejero, tampoco hay evidencia que haya sido su "maestro", ni que él le haya adoctrinado en el monoteísmo.

La leyenda de que el Cusco fue salvado de la invasión chanca gracias a un truco de Topa Huanchire se mantiene, pero modificada e incluyendo al Intip Inti en ella. Según la tradición, el viejo sacerdote mandó crear muchos montículos de piedra, disfrazados de soldados; en plena batalla, los dioses incas convirtieron los montículos en auténticos guerreros, con los que derrotaron a los invasores. Según la novela, en el momento que los Chancas incursionan, Pachacútec deslumbra al enemigo con el Sol de Soles; medio cegados, los adversarios no pueden distinguir entre los verdaderos soldados cusqueños y las estatuas, todos iluminados desde atrás por el brillante disco solar, confundiéndolos con una colosal fuerza de ataque, causando que todos huyan despavoridos.

El caudillo chanca Anccu Hualloc realmente existió, y es cierto que sus fuerzas sitiaron el Cusco, pero no murió en un combate cuerpo a cuerpo con Pachacútec. En realidad fue hecho prisionero, escapó poco después, reorganizó su ejército y lanzó una nueva intentona de invasión, fracasando nuevamente y viéndose obligado a huir a la selva.

Tumay Huaraca y Astu Huaraca eran dos bravos capitanes chancas, pero para nada eran los villanos cómicos que el libro retrata. Sí, eran sanguinarios en combate y crueles a la hora de torturar o ajusticiar a prisioneros, pero esa característica era propia de toda esa casta de guerreros, desde los soldados rasos hasta los altos oficiales; no necesariamente tenían que ser cobardes y traicioneros. Ambos murieron decapitados por Pachacútec, y sus cabezas mostradas a las tropas enemigas, que ante esto huyeron desmoralizadas; en la novela, Tumay muere aplastado por sus soldados en fuga, mientras que Astu es alcanzado por el hacha de Pachacútec, que se le clava en el pecho (la muerte por decapitación es reservada para Anccu Hualloc, durante su duelo final con el futuro nuevo Inca).
 
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           Siglo XVI
Un joven clérigo español escucha del Inca prisionero varias verdades que los Conquistadores ocultan y/o tergiversan, para al final recibir información valiosa acerca del Intip Inti y su gran valor histórico y cultural. Tras la injusta ejecución del mandatario andino, nuestro amigo viaja al Cusco para evitar que el valioso disco solar corra el mismo destino que tantas doradas obras de arte prehispánico. Ganándose la confianza de varios quechuas, el bien intencionado sacerdote logra salvar la joya de ir a parar a los hornos.

El Intip Inti va a parar a manos de un criminal capitán español, quien a costa de los tesoros incaicos, cuelga las armas, "compra" un título nobiliario y se establece en una hacienda en el Cusco, convirtiéndose en tiránico señor de horca y cuchillo de centenares de nativos por él esclavizados. Sin embargo, temores supersticiosos le hacen respetar el disco solar, que exhibe orgullosamente cual trofeo, en la sala principal de su elegante residencia. Y en las noches, los sirvientes indígenas se reúnen secretamente a mirar, esperanzados, ese símbolo de su glorioso pasado.
         Personajes
ATAHUALPA
Último Inca del Tahuantinsuyo, victorioso en la guerra civil contra su hermano Huáscar, es traicioneramente apresado por los Conquistadores, justamente cuando les daba la bienvenida en Cajamarca (donde los castellanos respondieron a su hospitalidad desatando una injustificada matanza). Se hace gran amigo del joven misionero Bernardo, a quien revela que los españoles han inventado una "leyenda negra" para así justificar sus genocidas acciones ante la Historia. Descubriendo demasiado tarde que Pizarro lo ejecutará aún cuando está pagando el colosal rescate en oro acordado, pide a Bernardo que salve al Intip Inti de ser destruido. Su última voluntad es ser bautizado de acuerdo a los ritos de la verdadera religión (que él y su pueblo aguardaron por generaciones).

BERNARDO SANTOS
Joven sacristán dominico, admirador de fray Vicente Valverde, a quien ve como el misionero modelo. Sin embargo, ve que como ser humano puede tener fallas, y una de ellas es no ser lo bastante enérgico para impedir la carnicería de Cajamarca, y posteriormente votar por la ejecución de Atahualpa (pese a que estaba cumpliendo con el rescate en oro pactado). Bernardo se hace amigo del Inca condenado, enterándose asombrado cómo le mintieron sus compatriotas (nunca tiró la Biblia, ni mandó asesinar a su hermano Huáscar, ni su pueblo adoró más que a un único Dios, y un largo etcétera). Viaja al Cusco y, con mucho ingenio, logra evitar que el Intip Inti sea destruido junto con otras doradas obras de arte incaico (que acabaron fundidas en los hornos).

VICENTE DE VALVERDE
Fraile dominico, se deja contagiar por la "piadosa" Conquista, hasta que se da cuenta (ya muy tarde) de que al Rey de España no le interesa las almas de los indios, solo quiere su oro. Sin el carácter para oponerse abiertamente ante los demás Conquistadores, llega a apadrinar la injusta muerte de Atahualpa y deja que se propalen en Europa mentiras acerca de los "salvajes" Incas (representados como subhumanos polígamos e incestuosos). Llega a bautizar a Atahualpa para salvarlo de la muerte en la hoguera (lo ejecutan con la pena del garrote), y más adelante se consagra en defender a los indígenas de los abusos de sus nuevos amos.

FRANCISCO PIZARRO
Capitán español, sediento de riqueza y poder, había actuado con diabólica astucia al llegar al Tahuantinsuyo en plena guerra civil (cuando convenía, hacía creer a los deslumbrados indígenas que apoyaba a uno u otro bando). Capturando traicioneramente a Atahualpa (baño de sangre de por medio) y obligándole a pagar un cuantioso rescate en oro, queda claro que no tuvo jamás la intención de dejarlo con vida (aún cuando Bernardo Santos le imploró que lo enviaran prisionero a España), pues así se ganaría el traicionero apoyo de los vengativos partidarios del derrotado Huáscar. Es él quien, enterado de la existencia del Intip Inti, se lo asignaran al soldado Mancio Sierra de Leguízamo, quien le había salvado la vida.

MANCIO SIERRA DE LEGUIZAMO
Soldado de fortuna, gran amigo de los juegos de azar y de empinar el codo, se une a los soldados de Pizarro pensando solo en "hacer la América" y volver rico a España. Por salvar la vida de Pizarro en la masacre de Cajamarca, éste le concedió el Intip Inti en recompensa, durante el reparto del rescate cobrado a Atahualpa. No pudiendo resistir la tentación, apostó su gran tesoro en una partida de naipes, perdiéndolo el mismo día en que lo ganó.

FELIPILLO
Indígena de la isla de Puná, fue recogido por Pizarro durante sus primeras expediciones, llevado a España y ahí "civilizado". Sirve de intérprete a los Conquistadores, a quienes adula constantemente. Cuando seduce a una hermana del prisionero Inca, Pizarro (en plenas negociaciones por el rescate en oro), accede a arrestarlo, obligarle a devolver a la muchacha y castigarlo severamente. Resentido, Felipillo decidió vengarse deformando todas sus traducciones, para así poner a los españoles en contra de Atahualpa. Enterado tardíamente de esto (cuando el soberano acababa de ser sentenciado a muerte), Bernardo maldice a Felipillo: las futuras generaciones le recordarán como el que traicionó a los suyos.

CATALINA HUANCA
Hija del cacique de Huancayo, acepta el Bautismo (aún cuando admite que los Conquistadores son unos bárbaros invasores) al reconocer al Cristianismo como la esperada doctrina del verdadero y único Dios. Es ella quien le relata a Bernardo la historia del Intip Inti, así como muchas verdades ocultadas por las calumnias que Pizarro propala sobre el Incanato. Conocedora de la locación de varios tesoros que los quechuas ocultaron (cuando Pizarro traicionó y ejecutó al Inca), decide no revelarlo sino que usarlo para fines piadosos y caritativos.

CAPITÁN DE VARGAS
Cruel y ambicioso militar castellano, fue él quien sacó la mayor cantidad de riquezas del criminal negocio de la Conquista. Luego de haber ganado el Intip Inti en una partida de naipes, decide fundirlo y convertirlo en barras de oro, pero inesperadamente Bernardo lo bendice, afirmando que el destruirlo atraería una maldición divina. Supersticioso, lo conserva como un dorado trofeo. Luego de convertirse en señor feudal en el Cusco, hace un viaje relámpago a España, de donde regresa (gracias a valiosos obsequios a la Corona) con el título de Marqués. Exhibe el disco solar en la sala principal de su mansión, creyendo así que los indios le temerán siempre, pero en realidad solo consigue que éstos (al ver ese símbolo de su glorioso pasado) se llenen de esperanzas de, en un futuro, librarse de los tiránicos castellanos y hacer volver el Incanato.
            Análisis
El episodio comienza con una revelación inesperada: mucho lo que los libros de Historia enseñan sobre los Incas es FALSO. Atahualpa, el Inca prisionero de los Conquistadores rememora la traicionera emboscada en Cajamarca, donde desmiente varios mitos: nunca lanzó al suelo la Biblia (ésta se le cayó de las manos al propio padre Valverde); jamás ordenó la muerte de su hermano Huáscar (los generales que lo custodiaban desobedecieron sus órdenes de respetar su vida); los Incas no son polígamos, ni incestuosos, ni idólatras (el sol, la luna y los astros no son sino intermediarios para tratar de acercarse al Supremo Hacedor); y él propuso una alianza con el Rey de España y el Papa de Roma (el traicionero indígena Felipillo deformó sus traducciones del quechua al castellano, para que sonaran como amenazantes desafíos).

Vicente Valverde, el fraile que hizo el requerimiento de Atahualpa, existió realmente y es representado como un dominico arrepentido de no haber sido lo suficientemente fuerte para oponerse a la criminal Conquista. A diferencia de lo que dicen algunos cronistas (que durante su cautiverio, Atahualpa se burló heréticamente del cristianismo que el fraile le predicaba), el libro lo muestra asombrarse ante unos "salvajes" que ya sabían la existencia del Ser Supremo y que estaban más que dispuestos a adoptar la verdadera fe. Incapaz de detener la muerte del Inca, logra bautizarlo para evitarle una indigna muerte en la hoguera.

Francisco Pizarro, Conquistador del Perú, es mostrado como un verdadero monstruo aquí. La novela omite las atenciones que le dio a Atahualpa mientras fue su prisionero (le permitió tener sirvientes, lo alfabetizó, le enseñó a hablar en castellano, le dejó seguir conduciendo sus asuntos de gobierno, y jugaba partidas de ajedrez con él) y convierte el cautiverio del Inca en un humillante suplicio (en parte, el libro toma prestados los vejámenes que sufrió Manco Inca, su sucesor-títere, en garras de los peninsulares). Temido por los propios españoles y odiado por los indios, esta obra muestra al Pizarro más tiránico, cruel y sanguinario de la Literatura.

Felipillo, el traductor oficial de los Conquistadores, aquí aparece en su imagen del pérfido traidor a su raza, que vendió a su pueblo a los invasores. Desdichadamente, el autor solo recoge la versión negativa de este personaje real; existen historiadores que han tratado de desmentir la "leyenda negra" que los propios españoles ha creado sobre él. Obviamente no era un ángel, pero tampoco fue el ser mezquino y rastrero aquí representado

Mancio Sierra de Leguízamo fue el soldado que, según las viejas crónicas, obtuvo el Sol de Soles como una "recompensa" por parte del propio Pizarro (cuando comenzó a repartirse el botín incaico), en gratitud por algo jamás especificado. El libro lo explica así: durante la masacre de Cajamarca, un soldado inca alcanza a lanzar una piedra que hubiera impactado mortalmente en la cabeza de Pizarro, de no ser porque Mancio lo desvió a tiempo. La representación de Mancio es la del común soldado raso de la Conquista: ignorante, codicioso y lleno de vicios, hasta el punto de no ver en el Intip Inti sino mucho oro por fundirse, para después, en medio de una borrachera, perderlo en una partida de naipes.

Bernardo Santos y el capitán De Vargas son personajes ficticios que sirven apropiadamente: el primero representaría a los pocos peninsulares piadosos (casi siempre eclesiásticos) que condenaron la criminal Conquista y se volvieron protectores de los esclavizados indios; el otro simbolizaría al codicioso espíritu de los Conquistadores, capaces de llegar al genocida exterminio de una civilización en su obsesiva búsqueda de riqueza y poder.
 
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          Siglo XVII
En un espontáneo levantamiento, el viejo marqués y sus hijos son muertos por los indios, hartos de la cruel servidumbre a la que esa abusiva familia los tenía sometidos. Un nieto del despótico patriarca castellano hereda todo... incluido el Intip Inti. Temiendo un nuevo levantamiento, decide ir a la Ciudad de los Reyes (Lima) y de ahí embarcarse a España, donde viviría holgadamente. Así, el joven y frívolo noble llega a la capital del Virreinato, con la joya incaica y varios sirvientes nativos, que aprecian ahí cómo el Imperio Español es una pirámide de poder y corrupción, de esclavitud y miseria humanas.

Ya en altamar, el navío donde viajaban es atacado y abordado por piratas británicos, que cometen toda clase de atrocidades contra la tripulación y los pasajeros peninsulares. Sorprendidos por una nave de guerra española, comienza un combate, donde casualmente el Intip Inti, con su particular forma de reflejar la luz del sol, causa la destrucción de la nave de la Armada Española. Luego, tras la muerte del feroz capitán inglés (causada por el disco solar), los supersticiosos piratas permiten que los indígenas capturados desembarquen, llevándose la dorada joya.
         Personajes
DON GONZALO
Joven y arrogante nieto del capitán Vargas, es igual de déspota con "sus" indios. Cuando su padre y abuelo mueran en un espontáneo levantamiento indígena (a causa de la inhumana explotación a que les sometía esa familia), él heredará el título de Marqués. Decide viajar a la Ciudad de los Reyes (Lima), llegando precisamente cuando arribaba el nuevo Virrey. Se embarca rumbo a España, llevando consigo sirvientes indios, unos esclavos recién comprados... y el Intip Inti, como obsequio para el Rey. Capturado por unos piratas, actúa como todo un cobarde, y acaba siendo arrojado al mar, con una bala de cañón encadenada al cuello.

CONDE DE MONTERREY
Nuevo Virrey del Perú. Conoce a Don Gonzalo, quien acaba de heredar el título de Marqués de su difunto abuelo. Acompaña al joven Marqués a una subasta callejera de esclavos, donde compra a varios recién traídos de África. El Conde opina que la esclavitud de los negros es necesaria para que Imperio Español siga, y en cuanto a la criminal explotación de los indios, la reprueba, pero la califica de "mal necesario". Al ver el Intip Inti y notar la reverencia con que los sirvientes quechuas lo miran, sugiere que lo regale al rey Felipe III, para así asegurarse la lealtad de los Incas hacia la Corona... tentándolo exitosamente con los honores que Su Majestad lo recompensará por tan patriótico servicio.

QHAWAQ
Joven cusqueño, mayordomo de la arrogante familia de Don Gonzalo, ha sufrido desde niño los abusos y prepotencias de sus crueles amos castellanos. En las noches se reúne junto con otros sirvientes indígenas a contemplar el Intip Inti y repetirles la leyenda de esa joya incaica, así como su significado histórico y cultural. Acompaña al recién nombrado Marqués a la Capital, donde concluye que el Virreinato es una obra maldita por el Eterno. Cuando en su viaje a España son todos capturados por piratas, aprovecha el temor supersticioso que los poderes ópticos de la dorada reliquia les provoca, y logra hacer que los indios sean desembarcados en la costa, permitiéndoles que se lleven el disco solar consigo, decidido a nunca más permitir que caiga en garras de los europeos.

NEETA
Hermosa esclava africana, es comprada junto con otros compatriotas por Don Gonzalo. Hace gran amistad con Qhawaq, contándose mutuamente los sufrimientos que sus respectivos pueblos han padecido por culpa de los crueles colonizadores europeos. Tras las humillaciones y maltratos que recibe con los demás esclavos, Neeta va a ser deshonrada por su depravado amo, pero la salva el ataque de los piratas ingleses. Es desembarcada con Qhawaq en la costa, donde encuentra a varios cimarrones (esclavos fugitivos) que ocasionalmente ayudan a los piratas; cuando habla de su necesidad de volver a África (los ingleses habían prometido llevarla allá), todos los negros deciden acompañarla en ese "regreso al hogar".

SIR HUGH
Feroz bucanero inglés, fue nombrado caballero por la reina Isabel I por sus valiosos servicios a la Corona Británica (con sus acciones piratas ha entorpecido/saboteado la economía hispana). Hace varias incursiones en las costas peruanas, siendo siempre abastecido por indios rebeldes y negros fugitivos (también enemigos de España). Tras atacar la nave en la que viajaba Don Gonzalo, recoge el Intip Inti y decide quedárselo como parte del botín, ignorando los ruegos de Qhawaq para que sea devuelto a los quechuas. Sorpresivamente emboscado por un barco de guerra español, ve cómo la dorada joya refleja la luz solar, cegando a un marinero que deja caer una antorcha en un barril de pólvora, causando la explosión/incendio/hundimiento de la nave realista. Al ver que sus marineros temen a la "embrujada" reliquia dorada, quiere demostrarles que no tiene nada de sobrenatural: lo patea y escupe, desafiando a gritos alguna maldición inca para él mismo... y acaba mortalmente aplastado por el gran disco solar, que con los golpes se suelta de las cuerdas que lo mantenían atado a un poste.

TURPIN
Joven contramaestre, mano derecha de Sir Hugh, pese a no tener para nada el carácter fuerte de su temible jefe. Su mayor punto débil son las supersticiones, lo que contribuye a que, tras oír el relato de Qhawaq tenga miedo del Intip Inti al creerlo hechizado. Cuando el disco solar accidentalmente provoca la destrucción del barco español que los atacaba, propala entre la tripulación su temor a una "maldición inca", e implora al escéptico capitán devolver la reliquia a los indios. Luego de la muerte de Sir Hugh, Turpin asume el mando y accede a desembarcar a todos los indígenas, dejando que se lleven su dorada joya y, a petición de Qhawaq, accede a llevar a Neeta y todos los demás negros de regreso al África.
            Análisis
El episodio más corto de esta novela. Solo hay un personaje histórico, el Conde de Monterrey, Virrey del Perú, quien es mostrado de manera realista: no es ningún santo (califica la esclavitud de los negros como necesaria) pero tampoco un villano (reprueba la servidumbre de los indios, aunque sea un "mal necesario").

El Sol de Soles tiene un poco inspirado protagonismo aquí. El capítulo comienza con un sangriento levantamiento donde los esclavizados quechuas aniquilan a casi toda la tiránica familia De Vargas, pero el Intip Inti no parece haber tenido relación alguna en esto. El disco solar solo hace actos de presencia a partir de aquí, salvo en el final del capítulo, donde inesperadamente se convierte en "héroe".

Los personajes ficticios son pocos en esta ocasión. El cobarde Don Gonzalo parece una versión joven de su ruin abuelo, el sanguinario capitán De Vargas (ahora el tiránico Marqués). El sirviente cusqueño Qhawaq representa al indígena sometido y humillado por sus crueles amos extranjeros, pero aún con fe en el porvenir. La bella Neeta simboliza a los esclavos que fueron traídos desde África al Perú cargados de cadenas. Los piratas ingleses Sir Hugh y Turpin aluden a los extranjeros "aliados" de los nativos peruanos, aunque solo sea por conveniencia ("el enemigo de España es mi amigo")

Una vez más, el dorado Intip Inti hace gala de sus "poderes" como espejo convexo. La destrucción (accidental) del barco de guerra español y el mortal "castigo" del feroz capitán bucanero (obviamente una casualidad) causan el terror supersticioso de los piratas, lo que beneficia a los africanos y quechuas a bordo: a los primeros se les permite quedarse con el "embrujado" disco solar, mientras que a los otros se les devuelve al Continente Negro (secuencia que ha sido calificada de racista).
 
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         Siglo XVIII
Un joven y ambicioso funcionario colonial ve la oportunidad de ascender cuando las autoridades le encargan la investigación de un extraño crimen en la alta sociedad del Cusco. Pronto se verá involucrado en una obsesiva búsqueda, por parte de varios poderosos personajes, del legendario Intip Inti. Mezclándose sentimentalmente con una inescrupulosa dama, desoye las advertencias de algunos indígenas y se suma a la cacería de la joya incaica. Tras varias traiciones y más crímenes, los principales involucrados acceden al escondite del disco solar, para acabar matándose todos mutuamente. Los indios recogen la valiosa reliquia y la cambian de escondite.

Un humilde artesano cusqueño es visitado por el cacique Túpac Amaru II, quien le muestra una dorada réplica del Intip Inti que lleva colgada al cuello. El indio le conduce a una reproducción de la joya inca original, pero hecha en piedra... en realidad, un disfraz para ocultar el verdadero disco solar. Reconocido así como nuevo Inca, el pueblo andino sigue al cacique en su monumental levantamiento contra la tiranía española. Durante varias batallas, el caudillo rebelde usa los poderes de espejo convexo de la reliquia para deslumbrar al enemigo, obteniendo así importantes victorias. Pero, poco después de que esta "arma secreta" sea traicioneramente robada, la rebelión es aplastada y su valeroso líder bárbaramente ejecutado.
         Personajes
SAMUEL DE TOLEDO
Joven funcionario colonial, que ambiciona un título nobiliario y vivir en España sin la vergüenza de ser un "criollo", acepta investigar el asesinato de un hidalgo. Se enreda sentimentalmente con una enigmática mujer que le pide que le proteja de otros criminales obsesionados con hallar el Intip Inti. Pese a que un maestro indígena le advierte que la muerte aguarda a los ladrones del disco solar, también se obsesiona con hallar la joya incaica. Se une a la búsqueda del tesoro, con la secreta intención de matarlos a todos y apoderarse de la dorada reliquia... sin imaginar que sus poderosos "socios" ya habían decidido su muerte apenas dejara de serles útil.

BRÍGIDA GOMEZ
Hermosa damisela castellana que llega al Perú acompañando al Conde de Castejón, en la búsqueda del Intip Inti. Huye robando las pistas del paradero de ese tesoro que su amante había ido colectando, con la intención de apoderarse de él. Perseguida por el Conde, pide ayuda al apuesto Samuel de Toledo, a quien engatuza y tienta con sus encantos, así como la promesa de que ambos disfrutarán de la fama y fortuna que obtendrán al hallar la joya incaica. En la escena culminante, apenas hallado el disco solar, se dispone a asesinar a Samuel, pero es él quien la mata, pues se había dado cuenta que ella solo le estaba manipulando.

CONDE DE CASTEJÓN
Rico y poderoso noble peninsular, obsesionado con hallar el Intip Inti, ha pasado más de un cuarto de siglo recolectando pistas, tanto en España como en Perú, acerca del paradero de la legendaria reliquia, no importándole incluso mancharse las manos de sangre. Al ser traicionado por la bella Brígida Gómez, su amante, que quiere adelantársele en encontrar el tesoro, le persigue furiosamente con la intención de eliminarla. Al enfrentar a Samuel de Toledo, le tienta hábilmente, hasta el punto que le hace deshacerse de Brígida (de quien el joven se había enamorado). Mata a Samuel sepultándolo vivo bajo el derrumbe por él provocado en una caverna, sin imaginarse que, minutos después, el dorado brillo del dorado disco solar que tanto buscó terminaría dándole muerte.

GERVASIO
Brutal sirviente del Conde de Castejón, hacia quien tiene una lealtad perruna. Hombre de aspecto troglodítico, gran fortaleza física y poca inteligencia, es de pocas palabras pero capaz de cumplir (con sádica satisfacción) las más criminales órdenes de su amo. Cada vez que el Conde logra uno de sus objetivos, celebra soltando una risa que pretende ser maligna pero al final suena como un simiesco jadeo, para luego darle alabanzas con su limitado vocabulario. El Conde afirma tener cierto cariño hacia este ser deforme y degenerado, pero cuando le ordena destruir con una carga de pólvora la caverna donde se hallan sus "socios" Samuel de Toledo y Josefo Caronte, no le importa ver que su estúpido sirviente está expuesto al derrumbe; al verlo agonizando, lamenta perderle pero alcanza a decirle que fieles sirvientes podrá hallarlos siempre, pero en cambio solo existe un Intip Inti.

JOSEFO CARONTE
Indígena cusqueño que ascendió económica y socialmente ayudando a los españoles en la criminal explotación de sus hermanos de raza, reniega de sus orígenes quechuas y quiere vivir como un español, hasta el punto de haberse cambiado el nombre a otro más occidental. Solo cuando accidentalmente se enteró de que el Conde de Castejón tenía pistas del paradero del Intip Inti, decide desenterrar de su memoria datos ancestrales de la cultura inca. También él ambiciona hallar la legendaria joya, pero solo por la fortuna en oro que significa. Llega a raptar a Brígida Gómez, y cuando Samuel de Toledo llega al rescate, trata inútilmente de que ambos se le unan y así adelantarse al Conde de Castejón en la búsqueda del tesoro. Tras unir fuerzas con el Conde (planeando traicionarle una vez hallado el disco solar), acaba siendo traicionado por su poderoso socio, pues éste hace volar en pedazos la cueva donde él y Samuel se encuentran, muriendo ambos aplastados por un alud de rocas.

MALLKO
Maestro indio, ha estudiado el Arte la Ciencia y la Cultura Occidental, y cree que aplicándola sabiamente a la Cultura Andina, el pueblo inca saldrá de la ignorancia y ya no será más explotado por los españoles. Respetuoso de las tradiciones andinas, él sabe el lugar donde sus ancestros ocultaron el Intip Inti, y trata de sabotear a los "caza-tesoros" (cuatro españoles y un indio renegado) que desean robarlo. Luego de ver cómo todos se matan entre sí, usa el disco solar para deslumbrar al Conde y hacerle encender accidentalmente un barril de pólvora, cuyo estallido le volará en mil pedazos. Disfrazando la legendaria joya como una escultura de piedra, la resguarda personalmente en su casa. Varios años después, siendo ya un viejo, recibe a Túpac Amaru II y, al reconocerle como el Inca que hará renacer el Tahuantinsuyo, le entrega la dorada reliquia para que marche a la cabeza de los victoriosos ejércitos rebeldes.

TÚPAC AMARU II
Cacique indígena que, indignado por la inhumana servidumbre a la que su pueblo está sometido, protesta inútilmente ante las más altas autoridades coloniales. Resuelve que, como último descendiente de los Incas, debe levantar a su pueblo, e inicia la conspiración. Es así que lo llevan ante el ahora anciano Mallko, quien ve que lleva una pequeña reproducción dorada del Intip Inti colgada al cuello, y le entrega el auténtico, que él custodiaba. Al ver la legendaria joya, todos los indígenas del Ande reconocen a Túpac Amaru como nuevo Inca, y le siguen en su colosal levantamiento. Con el dorado disco solar a la cabeza, los ejércitos rebeldes avanzan victoriosos, pues refleja la luz del sol cegando momentáneamente a los ejércitos realistas (algo que los quechuas aprovechan en sus ataques). Cuando un traidor robe la reliquia incaica, la suerte se acaba para el cacique, quien pronto es capturado y bárbaramente ejecutado.

MICAELA BASTIDAS
Esposa de Túpac Amaru II, ella conoce la historia del Intip Inti y es quien contacta al viejo Mallko, concertando así una cita con su esposo. Ella cree que la legendaria joya tiene algún don sobrenatural... y pareciera que los hechos le dieran la razón. Pero tras oír la historia del disco solar, el cacique solo la considera importante como un símbolo del pasado incaico que pronto él hará volver. Al ver su deslumbrante brillo en la batalla, Micaela vuelve a creer que es "poderoso", pero su marido le aclara que es un fenómeno puramente óptico, aunque piensa que mejor es no aclarar eso para así asustar a las supersticiosas tropas realistas. Luego de que ser capturada y condenada a muerte, ella reflexiona y concluye que la robada reliquia sí les protegía... aunque lo atribuye a que había sido cristianamente bendecida dos siglos atrás.

MATEO PUMACAHUA
Cacique indígena pro-realista, es enemigo enconado de Túpac Amaru. Enterado de que el cacique tiene en su poder el Intip Inti, finalmente previene a sus amos españoles que su "poder" protege a los ejércitos rebeldes, pero no es escuchado. Cuando llega la noticia que el dorado brillo del disco solar deslumbró exitosamente a las tropas del Rey (provocando supersticiosos temores al "artefacto embrujado"), Pumacahua insiste en que es primordial apoderarse de la "poderosa" reliquia, los españoles le autorizan a montar un operativo secreto para robarlo. Contactando a un traidor (nada menos que un compadre de Túpac Amaru), finalmente se hace de la joya incaica, pero más tarde ésta desaparece misteriosamente.

FRANCISCO DE SANTA CRUZ
Compadre de Túpac Amaru II, solo piensa en su conveniencia, y al ver que el levantamiento avanza victorioso, se proclama partidario del mismo. Sin embargo, es contactado por Mateo Pumacahua, quien le hace una tentadora oferta de riquezas y honores a cambio de que le ayude en el robo del Intip Inti, una "reliquia hechizada" que al parecer le ha dado al cacique rebelde el poder de ser invencible. Él acepta, y en vísperas del ataque al Cusco, logra apoderarse de la joya incaica, que entrega a Pumacahua. Ambos la ocultan en una caverna, planeando recogerla una vez ejecutado el Inca. Pero ésta ha desaparecido (aparentemente robada), y pese a sus ruegos, el vil Santa Cruz no recibe recompensa alguna por su traicionera ayuda: el trato era por la entrega del disco solar a los españoles.

JOSÉ ANTONIO DE ARECHE
Cruel visitador colonial, fue el español que más combatió a la rebelión de Túpac Amaru. Una vez prisionero, se satisfizo en torturarlo y humillarlo, pero jamás pudo hacerle bajar la cabeza. Trató de que su ejecución fuese lo más bestial posible, para que así los indios entendieran que su caudillo estaba muerto y que ellos eran esclavos. Tras la feroz muerte del heroico cacique, empieza a ser atormentado por algo que él cree una maldición inca. Enterado de la historia del Intip Inti, se obsesiona en recuperarlo, pero nunca consigue dar con su paradero para así destruirlo y quedar él libre de su "maleficio". Años después, ya caído en desgracia ante el Rey y abandonado por todos, ve en medio de su agonía a la legendaria reliquia, cuyo brillo invade al mundo, hace que el Tahuantinsuyo renazca y que un ahora inmortal Túpac Amaru ocupe su puesto como Inca.
            Análisis
Quizá el capítulo más rico en ideas. En realidad está compuesto por dos relatos, no muy relacionados entre sí: el primero comienza como una investigación detectivesca, pasando luego a una mezcla de intriga, romance y traición, para culminar como una obsesiva "búsqueda del tesoro" que llevará a la destrucción de todos los protagonistas; el segundo es una épica aventura donde aparecen más personajes históricos en una odisea donde se juega el futuro del Perú y América.

En ambos relatos el Intip Inti es el "protagonista". Pero si bien en el primero solo es la mítica joya en la que están obsesionados un criminal grupo de castellanos, en el segundo llega hasta un grado heroico, de paso que su "poder" se manifiesta en toda su gloria.

El joven Samuel de Toledo parece al inicio honesto, pero acaba corrompido por la ambición. La bella Brígida Gómez es una típica femme fatale, que seduce y manipula a los hombres. El poderoso Conde de Castejón es el clásico noble español: arrogante, codicioso y con total desprecio por la vida humana. El monstruoso Gervasio es un mero bruto descerebrado, que funciona como "villano cómico". Y el acomplejado Josefo Caronte es un indígena que se avergüenza de su herencia incaica y desea "españolizarse" a cualquier precio (incluso el más criminal).

Acaba la lista de personajes ficticios con el amauta Mallko, también inventado para la ocasión, quien tiene la virtud de ser no solo el único personaje "bueno" del primer relato, sino también el nexo que lo une con el segundo. Se trata de un sabio maestro andino, que conoce la leyenda del Sol de Soles y sigue de lejos la búsqueda obsesiva que los blancos hacen de la joya incaica. Sin éxito previene a Samuel (el "menos malo" del grupo) de que el Intip Inti nunca podrá ser robado, tras lo cual presencia cómo estos avarientos acaban liquidándose entre sí, poniendo punto final al dar él mismo muerte al Conde de Castejón, el más traicionero de estos busca-tesoros.

Mallko reaparece, ya más viejo, en el segundo relato del episodio, como el guardián del disco solar, iniciando el truco de "disfrazarlo" de una escultura incaica de piedra. Es entonces que entran en escena varios personajes históricos, en medio del más grande acontecimiento histórico de la América Española: la Revolución de Túpac Amaru II.

A partir de aquí los personajes son todos históricos, protagonistas de una epopeya que, mezclando realidad con ficción, alcanza dimensiones épicas. Túpac Amaru parece un Cid Campeador incaico. Micaela Bastidas, una Juana de Arco quechua. Mateo Pumacahua, un pérfido Quisling andino. Francisco de Santa Cruz es poco menos que un Judas al líder a quien juró lealtad. Y el tiránico visitador José Antonio de Areche aparece como el más hitleriano perseguidor de los nobles ideales de Justicia y Libertad.

Y en cuanto al Intip Inti, éste aparece como una verdadera "arma de la victoria", incluso en forma superior a como se describió en Siglo XV, cuando ayudó en la derrota de los invasores Chancas. A la cabeza del ejército tupacamarista, el Inca combina hábilmente el temor supersticioso de las tropas españolas (que lo creen "embrujado") con sus poderes ópticos del dorado espejo convexo. En un momento dado pareciera actuar como un potente "cañón lanza-rayos", que deslumbra fatalmente al enemigo en el momento y lugar preciso, causando confusión, caos y hasta fuego y explosiones (nunca falta un cegado soldado realista que suelta su antorcha sobre la pólvora).

Un comentario aparte merece la "maldición inca" que sufre el sádico visitador Areche. Uno podría creer realmente que es un póstumo "castigo" de Túpac Amaru, pero también existe la probabilidad que sea un histérico delirio del arrogante español, causado por su sentimiento de culpa aunado a su supersticioso temor a una venganza del esclavizado pueblo quechua. En todo caso su futurista "visión" de la resurrección del Incanato es la pesadilla que llevaría a este monstruo morir en medio de la desesperación.
 
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          Siglo XIX
Los españoles guardan secretamente, por largo tiempo, el Intip Inti, hasta que deciden que el Rey de España debe tenerlo, para así ser reconocido como único Inca por los esclavizados pueblos andinos. Pero llega la Guerra de Independencia, y en medio de las batallas y el caos, patriotas indígenas roban y ocultan el disco solar. Ya siendo el Perú una república independiente, la dorada reliquia adorna un salón de la Fortaleza Real Felipe, disfrazada de escultura de piedra. Pero durante el breve conflicto armado con España, ésta nuevamente se pierde.

Durante la Guerra del Pacífico, los chilenos invaden Lima y la saquean. Un oficial enemigo encuentra el Intip Inti cuando saqueaba una hacienda costeña, y se apodera de él. Y cuando este militar invasor planeaba llevarse la disimulada reliquia como trofeo a Chile, muere en un repentino levantamiento de sirvientes culíes chinos (al ver que los chilenos a quienes apoyaban eran tan tiranos como sus antiguos amos limeños). En la posguerra, el disco solar va a parar a manos del indígena Atusparia, quien lo usa para liderar a las oprimidas masas campesinas en un levantamiento que avanza victorioso hasta que, accidentalmente, la joya es extraviada.
         Personajes
MAESTRO VALDEMAR
Siniestro hechicero castellano, fugitivo condenado a muerte, halló refugio en las cavernas andinas, donde llevó vida solitaria por largo tiempo. Cierto día vio cómo unos desconocidos "ocultaban" en uno de sus cuevas al Intip Inti, que él de inmediato reconoció y llevó rodando a otra caverna. Atrayendo a los españoles más pobres e ignorantes del Cusco, funda una secta secreta donde todos adoran al "Gran Sol de Oro" y le hacen sacrificios humanos. Un sorpresivo asalto por parte de las tropas realistas deja como saldo a Valdemar y todos sus sectarios muertos, el subterráneo "templo" incendiado... y el dorado disco solar de vuelta en mano de las autoridades españolas.

ANTONIA CONDORI
Sirvienta en la casa de un alto oficial realista, y al mismo tiempo espía de los rebeldes patriotas. Escucha a su cruel amo proponer a otras autoridades coloniales la manera de usar el Intip Inti (secretamente guardado en un almacén militar, desde la rebelión de Túpac Amaru) para apaciguar a las levantiscas masas indias. Es así que monta una sorpresiva incursión armada a la residencia, que culmina con el exitoso rescate del disco solar. Es ella quien propone retomar la táctica de su antepasado Mallko, de disfrazar la reliquia incaica de "escultura de piedra", pero esta vez dándole el mejor escondite posible: estar a la vista de todos.

JOAQUÍN DE LA PEZUELA
Penúltimo Virrey del Perú, le tocó ser nombrado a ese alto cargo colonial precisamente cuando los dominios de la Corona Española en América del Sur estaban sacudiéndose de la inmundicia de sus tiránicos amos. Enterado de la leyenda del Intip Inti, dio la orden de que se le enviara públicamente a la Península, para que así los indígenas peruanos reconocieran al Rey de España como su único "Inca". Al saber que los patriotas se le habían adelantado, de inmediato ordenó su secreta búsqueda. La obsesión del Virrey por el disco solar fue aprovechada por el general José de la Serna, quien lo acusó de desperdiciar tiempo y recursos en busca de supuestos "tesoros incas", logrando deponerlo y ocupar su alto cargo.

JOSÉ DE LA SERNA
Ambicioso general realista, aprovechó la secreta búsqueda que su predecesor hacía del "mítico" Intip Inti para desacreditarlo, poner a otros altos oficiales en su contra y, finalmente lograr deponerlo (ocupando él su lugar). Lo irónico es que, tras enterarse de la leyenda del disco solar, se pone a buscarlo él también, pese a que debería haber dedicado toda su concentración y recursos a combatir a las expediciones libertadoras de San Martín y Bolívar. Superando a su predecesor, llega hasta a trasladar el gobierno al Cusco (!) por haber hallado una pista del escondite de la dorada reliquia. Sufre una colosal decepción al hallar un "gran sol" no de oro sino de piedra. Tras el triunfo de los patriotas, es regresado a España, donde deberá responder por su derrota ante el Rey. Siete años después, tras leer varios testimonios sobre la joya incaica que le hubiera dado la victoria, pega un grito al concluir que ésta se hallaba oculta bajo la reproducción de piedra que abandonó en Perú... y cae muerto de la impresión.

JUAN ANTONIO PEZET
Presidente peruano, que en su afán de detener la ya inevitable guerra con España, firmó un tratado lesivo para la dignidad nacional, lo que provocó una sublevación nacional contra él. Y mientras el pueblo tomaba el Palacio de Gobierno a sangre y fuego, él corría a refugiarse en el Callao. Pasó una noche en la fortaleza Real Felipe, sin poder dormir. Ve en una sala un disco solar "de piedra", y uno de los pocos oficiales que le siguió fielmente le relata la leyenda del Intip Inti. A solas, Pezet reflexiona mirando la reliquia incaica, entendiendo que fue débil y reconociendo que los Incas sí sabían gobernar a su pueblo sabiamente... y orando para que, algún día, Dios permita que ellos (con Su bendición) vuelvan para regir los destinos de esta gran tierra, pues solo ellos sabrán devolverle la prosperidad y felicidad que gozaron en su glorioso pasado. Al día siguiente, parte seguido de varios militares fieles, pero sorprende a uno de ellos llevándose la reliquia incaica como suvenir. Al asilarse en una hacienda costeña, deja al propietario la "escultura de piedra" como agradecimiento.

TENIENTE SEPÚLVEDA
Feroz oficial chileno, parte del ejército enemigo que invadió Lima en la última campaña de la desastrosa Guerra del Pacífico. Dirige varios incendios y saqueos en la capital peruana, así como arrestos, torturas y hasta ejecuciones de civiles. Manifiesta un insultante desprecio hacia quienes no sean blancos, por lo que la mayor parte de sus atrocidades fueron hacia la población indígena local. Luego del genocida asalto a una hacienda costeña, encuentra entre las ruinas el Intip Intip, al que no hubiera prestado mayor atención de no ser porque una explosión abrió la escultura de piedra, dejando al descubierto la dorada joya. Reparando su pétreo disfraz, se dispone a marcharse con la reliquia inca a Chile, cuando una repentina sublevación de sus subalternos chinos (hartos de sus maltratos) termina con su muerte.

KWON
Joven culí, embarcado a la fuerza en Macao hacia el Perú, como parte del infame comercio de mano de obra china. Llegado al Perú, fue vendido como esclavo a una hacienda costeña, donde trabajó en condiciones infrahumanas, hasta que, aprovechando la invasión chilena, logró escapar de sus crueles amos. Uniéndose a otros compatriotas fugitivos, se enlista en las filas de los invasores, pues él también estaba "en guerra con el Perú". Pese a su valeroso actuar, solo recibe maltratos y humillaciones de su superior, el teniente Sepúlveda. Finalmente, lidera un motín que culmina con la muerte del odiado jefe extranjero, saqueando sus propiedades (incluido un "disco solar de piedra") y decididos a vender todo eso y así financiar el regreso a China, su hogar.

PEDRO PABLO ATUSPARIA
Varayoc (alcalde indígena) que osó protestar contra abusivos impuestos a la población nativa. Tras pasar por un breve pero humillante encarcelamiento, encuentra inspiración en una gran "reproducción en piedra" del Intip Inti, que él había comprado a unos soldados chinos desertores, poco después de acabada la Guerra con Chile. Accidentalmente descubre la dorada joya oculta y, tras confiárselo a otros alcaldes indios de la región, todos tienen la visión de poder resucitar el Tahantinsuyo y acabar con tanto abuso. Estalla un levantamiento que avanza victorioso, pero cuando Astuparia es capturado, queda evidente que éste jamás pensó en restablecer el Incanato; solo quería acabar con las injusticias, y que tanto quechuas como mistis (blancos) podrían vivir juntos y en paz en un moderno y civilizado Perú. La rebelión acaba, Atusparia es liberado y se firma la paz. Cuando Atusparia visita al anciano ex presidente Echenique y le obsequia la legendaria reliquia incaica, los alcaldes indios se sienten traicionados y lo envenenan.

JOSÉ RUFINO ECHENIQUE
Ex Presidente del Perú, que durante su mandato recibió de un indígena una pequeña reproducción dorada del Intip Inti; sin entender su significado, lo lega como reliquia incaica a ser exhibida en un museo. Ya siendo un anciano, regresa de Europa para morir en el Perú. Tiene una breve entrevista con Pedro Pablo Atusparia, quien le informa que ese pequeño disco solar que una vez le obsequiaron era una prueba que falló: si hubiera comprendido ese símbolo del Tahuantinsuyo que los descendientes de los Incas le confiaban, la historia del Perú hubiera cambiado. Echenique reconoce su error y lamenta ser muy viejo, pues ahora ve que la oportunidad de que blancos e indios levanten juntos una moderna nación se ha perdido. Atusparia no lo cree así, y le entrega secretamente el VERDADERO disco solar, prometiendo que trabajarán juntos para hacer realidad esa visión. Poco después del asesinato de Atusparia, Echenique planea viajar a los Andes con la legendaria joya, pero la muerte le sorprende poco después de enviarla al Altiplano. Muere rogando a Dios que permita que los Incas reconstruyan su poderosa civilización.
            Análisis
Este capítulo es en verdad interesante, aunque no llega al nivel de espectacularidad y heroísmo del precedente. Una vez más se mezclan eventos históricos (la Guerra de Independencia) con el destino del Sol de Soles, una vez más camuflado como escultura de piedra. Uniendo a personajes ficticios con reales, se construye nuevamente una aventura que, si bien tiene al disco solar como protagonista, en realidad es poco lo que hace al respecto. Quizá el mérito de este capítulo es mostrar el origen del término "Sol de Echenique", con el que oficialmente se conoce a la joya incaica.

El "Gran Maestre" Valdemar y la sirvienta Antonia Condori se notan personajes de relleno, y sirve solo para explicar cómo desaparece el Intip Inti al final de capítulo pasado, así como su recaptura por una partida de quechuas patriotas. El cruel teniente Sepúlveda es un estereotipo del "chileno malo", que tanto dolor causó al pueblo peruano durante la Guerra del Pacífico. El chino Kwon simboliza a los chinos que llegaron al Perú en calidad de esclavos (al igual que el regreso de Neeta a África en "Siglo XVII", su retorno a China también fue injustamente calificado por algunos críticos de "racista").

Pero es en los personajes reales que se tiene un mayor logro. Los virreyes Joaquín de la Pezuela y José de la Serna se ven como dos típicos realistas, codiciosos de riqueza y poder; ambos acaban obsesionados por el Sol de Soles, lo que, a la larga, será la causa de su destrucción. Los presidentes Juan Antonio Pezet y José Rufino Echenique, mandatarios del Perú republicano, es la de reflexiva crítica a su respectiva generación, así como una revaloración de las glorias del Tahuantinsuyo (casi concluyen que los mistis nada tienen que hacer en esta nación, que debería volver a poder de los Incas). Y Pedro Pablo Atusparia (el más polémico personaje de este episodio), es puesto aquí como un idealista que sueña con un Perú donde blancos e indios trabajen juntos, en paz y justicia (con lo cual los suyos se sienten traicionados y decretan su muerte).
 
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            Siglo XX
Cambiando varias veces de dueño, como una escultura de piedra sin gran valor, el Intip Inti recorre el Perú. Así, el disco solar es "testigo" de un levantamiento indígena en Puno, liderado por el legendario Rumi Maqui. Más adelante, está en medio de la rebelión popular de la ciudad de Trujillo. Pasando por varias dictaduras militares y sangrientas guerrillas , finalmente, gracias a la justiciera Reforma Agraria, va a parar a una próspera Cooperativa (expropiada hacienda ahora dirigida por los mismos campesinos liberados), quienes no reconocen la tan buscada joya incaica bajo su disfraz tallado.

Seis años más tarde, un equipo soviético que proyectaba propaganda comunista en la Cooperativa reconoce la legendaria reliquia (que adorna el portón principal), y hace un informe a Moscú. Una década después, en plena Guerra Sucia (matanzas de indígenas por parte del Ejército) la Cooperativa y sus habitantes son arrasados. El genocida oficial al mando reconoce y se apodera del Intip Inti, que lleva a su residencia en Lima. Unos desconocidos asaltan la casa, le asesinan, se apoderan del disco solar y lo embarcan en un submarino ruso: lo usarán para una futura "guerra de liberación" en los Andes Peruanos. Pero la CIA detecta la acción y, ya en altamar, un barco de guerra yanqui hunde la nave espía antes de que abandone las aguas territoriales.
         Personajes
RUMI MAQUI
Teodomiro Gutiérrez Cuevas es enviado por el presidente Billinghurst a Puno, para investigar los abusos de los gamonales contra el pueblo indígena; tras un golpe de estado, huye a Chile. Descubre que el sol incaico de piedra que los indios le obsequiaron como muestra de gratitud es el mítico Intip Inti. Regresa al Perú y, usando el disco solar como arma y símbolo, adopta el alias de Rumi Maqui (Mano de Piedra) y lidera un levantamiento que restablecería el Tahuantinsuyo. Mas un traidor hurta la dorada reliquia durante el primer ataque a una hacienda, y la rebelión fracasa. Rumi Maqui recupera la joya incaica pero ya es muy tarde: obligado a huir a Bolivia, logra enviarla clandestinamente a un amigo que hizo en Lima, y que es un idealista igual que él.

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI
Joven periodista, recibe una enorme escultura de piedra procedente de Puno, junto con una extensa carta de su exiliado amigo indigenista Rumi Maqui, donde le explica que realmente se trata de Intip Inti, y que debe ponerlo a salvo, pues en él está el símbolo y orgullo del oprimido pueblo inca, cuyo futuro resurgimiento es inevitable. Tras contemplar la dorada joya, se siente inspirado por la misma y se informa más que nunca sobre el movimiento indigenista. Por algunos años, mientras se lanzaba a la lucha contra las injusticias sociales, conservó en secreto la reliquia prehispánica, hasta que el tirano Leguía lo deportó a Europa (disfrazando todo como una beca). Poco antes de partir, encargó el disco solar (otra vez disfrazado como escultura de piedra) a otro joven intelectual, un tal Haya de la Torre.

MANUEL GONZALES PRADA
Ensayista, pensador y poeta, era director de la Biblioteca Nacional cuando conoció a un joven Mariátegui, quien le confió tener en su poder el Intip Inti, y que por prudencia lo custodiaba desde el fallido levantamiento de Rumi Maqui. Tras ver en persona la dorada joya, el anciano siente una fuerte emoción y reafirma que la verdadera nación está, no en los criollos, sino en los injustamente despreciados Hijos del Sol. Introduce a nuestro joven periodista al Indigenismo, le presente a importantes amigos intelectuales como César Vallejo, Abraham Valdelomar y Ricardo Palma entre otros. Poco antes de morir, pide ver una vez más el disco solar y, sabiendo que Mariátegui pronto partiría a Italia, le pide a uno de sus amigos intelectuales, el joven trujillano Víctor Raúl Haya de la Torre, que custodie la reliquia incaica en la que está el futuro de la patria.

"BÚFALO" BARRETO
Enorme y musculoso transportista norteño, y líder por naturaleza, Manuel Barreto, apodado “Búfalo”, dirige el levantamiento de la ciudad de Trujillo contra la corrupta dictadura del fascista general Sánchez Cerro. Para atraer a obreros y campesinos, principales víctimas de la tiranía de los gamonales sanchecerristas, él tiene una valiosa arma psicológica: el Intip Inti, que su amigo Haya de la Torre le hiciera llegar secretamente años atrás (cuando comenzó a ser un perseguido político). Con este poderoso símbolo incaico las masas apoyan la rebelión que libertará al Perú. Pero durante el primer exitoso ataque, el disco solar que ayudaba a tomar el cuartel O’Donovan es robado por un fiel sanchecerrista. Al intentar impedirlo, Búfalo sale al descubierto, siendo alcanzado por un certero disparo. Agonizando, pide que salven la joya inca. El cuartel es tomado, pero la insurrección ya está sentenciada.

ABELARDO MENDOZA LEIVA
Joven trabajador de origen andino, estaba en el norte peruano cuando supo del levantamiento de la ciudad de Trujillo contra la dictadura y parte a unirse a la rebelión que promete extenderse y libertar al pueblo peruano. Pero llega cuando las fuerzas armadas han aplastado el levantamiento a sangre y fuego, asesinando posteriormente a cinco mil trujillanos. Encuentra a un moribundo fugitivo, quien le confía que los fascistas hurtaron el Intip Inti. Nuestro amigo parte a Lima, contacta al movimiento de resistencia y planea recuperar el disco solar, antes de que el general Sánchez Cerro se apodere de él y lo use en su provecho. Y en el Hipódromo de Santa Beatriz, el tirano mostraba a sus tropas la reliquia incaica que les permitiría avanzar imparables en la conquista de toda Latinoamérica (el primer país a invadir sería Colombia). Al retirarse majestuosamente, seguido de su escolta y aclamado por sus partidarios, Abelardo se planta ante su lujoso vehículo descapotado. El auto presidencial se detiene, el dictador se pone de pie y nuestro amigo desenfunda sus dos pistolas, con las que acribilla al sanguinario déspota, al mismo tiempo que dos cómplices se apoderan de la dorada joya. Se desata una feroz balacera, donde muchos mueren (incluido Abelardo), pero la prehispánica “arma” que le daría la victoria al Fascismo en nuestro continente fue exitosamente sustraída y ocultada, una vez más como una escultura de piedra sin valor.

MANUEL ODRÍA
Dictador fascista, es enterado por sus espías que el legendario Intip Inti ha sido visto en poder de unos indígenas en Arequipa. Conocedor de que esa poderosa reliquia incaica lleva poco más de veinte años extraviada, ordena a su segundo al mando, el siniestro Ministro de Gobierno, Alejandro Esparza Zañartu, montar un expedición secreta para obtenerla y traérsela. Mientras, la dictadura entra en crisis y, ante la cada vez mayor ira popular, el aterrorizado tirano consulta a brujos y adivinos privados, quienes le vaticinan que solo con el poder del disco solar él podrá perpetuarse en el poder. Al regreso de la expedición a Arequipa, un maltrecho Esparza Zañartu le informa que todo fracasó; con dificultad pudo él volver junto con unos pocos soldados sobrevivientes. Al entender que no encontró la dorada joya, el furioso Odría coge de las solapas a su ministro (mientras afuera suenan gritos, disparos y otros ruidos típicos de los motines) y le grita: “Ahora soy hombre muerto... ¡pero no me iré al infierno yo solo!”

ALEJANDRO ESPARZA ZAÑARTU
Ministro de Gobierno de la dictadura de Odría, recibe de su cruel amo la misión de recuperar el mítico Intip Inti. A diferencia de su jefe, él no es supersticioso, por lo que parte de mala gana a buscar ese “mágica reliquia”. Sin embargo, poco después de arribar a Arequipa, sus espías descubren la devoción y esperanzas del pueblo andino hacia este símbolo de su glorioso pasado incaico… y así él ve un arma psicológica con la cual contener a las masas. Sin embargo, la valerosa intervención del rebelde Elías impide que se apoderen del disco solar. En el enfrentamiento final, Elías usa los poderes ópticos de la dorada joya contra las hordas fascistas, derrotándolos estrepitosamente. Acompañado de unos pocos sobrevivientes, logra huir de una Arequipa envuelta en la revolución. De regreso a una Lima en ebullición, admite su fracaso ante el tirano. Mirando por la ventana del Palacio de Gobierno las manifestaciones, motines, marchas y disturbios, ambos aguardan acobardados el destino de todos los déspotas…

"COMANDANTE ELÍAS"
Descontento líder revolucionario, protestaba por cada injusticia que veía que los poderosos cometían contra el pueblo. Pese a sus orígenes humildes, era un joven letrado y que estudió en una universidad de la capital. De vuelta a su terruño, y con la llama de la rebelión ardiendo en su corazón, decide usar una reliquia incaica que su familia ha custodiado secretamente por dos décadas, el Intip Inti. Haciendo uso de sus “poderes”, atrae adeptos a sus ideas de fundar una utópica sociedad, de corte claramente comunista. Cuando, por culpa de un soplo, las tropas de Odría irrumpen y hurtan el disco solar, nuestro amigo y sus camaradas montan un valeroso operativo para recuperarlo, de paso que levantan exitosamente al pueblo arequipeño, provocando un descontento nacional que propiciará la caída del tirano. Una década después vuelve el descontento del oprimido campesinado, que pasa a convertirse en insurrección armada. Convertido en líder guerrillero, se dispone a usar nuevamente a la reliquia incaica. Pero un descontento amigo ve cómo su comandante se ha contagiado de la violencia y el deseo de venganza… y roba la dorada joya, con lo que sentencia a muerte a la naciente guerrilla. Elías consigue averiguar dónde la escondió el ya ejecutado traidor, pero muere abatido en una emboscada militar, llevándose a la tumba la ubicación.

CLAVDIA ORLOVA
Cineasta soviética, recorre con todo su equipo fílmico varios pueblos de Latinoamérica. Llega al Perú en pleno Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, y se pone a recorrer las ex haciendas, convertidas en prósperas cooperativas, donde filma la vida en los Andes y hace proyecciones gratuitas sobre la feliz vida de los obreros y campesinos de la Rusia Comunista. Al visitar la cooperativa Chunyaq, accidentalmente descubre que la escultura de piedra de la entrada encierra una dorada joya de diseño claramente prehispánico. Consultando por radio a Moscú, se entera de que es el legendario Intip Inti, y recibe órdenes de tomarlo. Pero tras un golpe palaciego en la capital, la nueva dictadura ordena la detención y deportación de la agente rusa y sus camaradas, sin darles tiempo a hacerse de la joya incaica, que se queda adornando la cooperativa por una década más.

MAYOR ROCA
A mediados de los años ochenta, en plena "Guerra Sucia" (impunes torturas y ejecuciones de pueblos andinos enteros por parte de las fuerzas del orden), el feroz mayor Roca y sus tropas irrumpen en la cooperativa Chunyaq (hasta ese momento alejada de la violencia que bañaba en sangre a los Andes), saqueándola e incendiándola, para después fusilar a todos sus habitantes (hombres, mujeres, ancianos y niños). Como parte del botín, Roca descubre el Intip Inti. Preso de la codicia, no informa a sus superiores de ese tesoro particular, llevando secretamente la dorada joya a su residencia en una villa militar en Lima. Se contacta disimuladamente con joyerías y museos, averiguando el valor de la reliquia incaica. Pero en la madrugada, unos desconocidos irrumpen en su casa, le asesinan y hurtan el disco solar, para después informar a Rusia que ya tienen la reliquia incaica que les permitirá iniciar una exitosa revolución pro-soviética que se extienda por toda Sudamérica. Pero cuando ya todos se iban en un submarino, son hundidos por una nave de guerra estadounidense, cuando ya abandonaban las aguas territoriales peruanas.
            Análisis
Luego de permanecer "estático" tanto en los Andes como en la capital, el Sol de Soles se convierte en este capítulo en un verdadero "viajero", siendo trasladado de un lugar a otro del territorio peruano, disfrazado de escultura de piedra. Si bien no hay mucha acción por parte del Intip Inti, si se siente como el protagonista principal de esta etapa, rodeado e los más interesantes personajes, tanto históricos como imaginados.

De una manera en verdad hábil, Steele junta en este capítulo a personajes tan importantes del Perú contemporáneo como el rebelde Rumi Maqui, el periodista José Carlos Mariátegui, el pensador Manuel Gonzales Prada, el luchador "Búfalo" Barreto, el heroico Abelardo Mendoza Leiva, el tirano fascista Manuel Odría, el intrigante Alejandro Esparza Zañartu... eso sin contar con las fugaces apariciones de Ricardo Palma, Abraham Valdelomar, César Vallejo y Victor Raúl Haya de la Torre, entre otros.

Solo tres protagonistas ficticios hay esta vez: el "Comandante Elías", un guerrillero del grupo izquierdista MIR, que lucha por convertir al Perú en otra Cuba; Clavdia Orlova, una cineasta soviética que propagandea a la URSS en las aldeas y cooperativas andinas; y el bestial mayor Roque, típico militar racista, impune genocida de pueblos indígenas enteros. Al igual que los personajes reales, estos seres imaginarios también verán sus acciones influenciadas, en mayor o menor grado, al obsesionarse con el "poder" del Sol de Soles.

Desde inicios de la citada centuria hasta mediados de los años ochenta, el disco solar es el motivo por el que luchan tanto blancos como indios: unos por verlo como el mitológico símbolo incaico capaz de darle gran poder a su poseedor, otros por considerarlo como una dorada joya prehispánica valorada en millones de dólares. Y, una vez más, se da la velada insinuación de que, por voluntad divina, el Intip Inti nunca ha de abandonar el territorio patrio.
 
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          Siglo XXI
Buzos americanos encuentran el submarino soviético hundido hace un siglo, y rescatan el Intip Inti. El militar yanqui al mando lo reconoce y se lo lleva consigo a una de las múltiples bases militares que los Estados Unidos tienen en el Perú (al igual que en todo el resto de Latinoamérica). Se dan alarmistas noticias que "el enemigo" está a punto de lanzar un ataque nuclear a escala mundial, pero el alto oficial no da gran importancia a la crisis internacional y planea volver a Washington llevándose consigo su incaico souvenier. Pero cuando el futurista avión militar ya despegaba, estalla la guerra y Lima es desintegrada por misiles atómicos. El avión es destruido y la dorada reliquia queda atrapada en la caja fuerte en la que iba.

Quince años después, una expedición española llega a la ruinosa Lima. Tras hallar accidentalmente la legendaria reliquia y reconocerla, los recién llegados son capturados por desfigurados trogloditas, quienes los empiezan sacrificar en un macabro ritual. Tropas incaicas irrumpen en la primitiva aldea, dan muerte a los salvajes mutantes y rescatan a los forasteros. Llevados al Cusco, los castellanos ven sorprendidos cómo, tras la guerra, renació el Tahuantinsuyo. Se presentan ante el Inca como misioneros cristianos, que desean establecer relaciones amistosas entre la Europa en reconstrucción y la Civilización Andina. Como muestra de buena voluntad, entregan el disco solar, que en una grandiosa ceremonia es colocado en el reconstruido Qorikancha. La sincera amistad entre el Viejo y el Nuevo Mundo queda así sellada, bajo el áureo brillo del Intip Inti.
         Personajes
CAPITÁN WALKER
Oficial yanqui, labora como consejero en una de las múltiples bases militares que Estados Unidos tienen en el Perú (que desde la tercera década del siglo XXI, es una dictadura fascista, igual que todos los países de América Latina). Cuando patrullaba nuestras aguas buscando "minas enemigas" o "naves-espía", descubre accidentalmente el submarino soviético hundido un siglo atrás y en él al Intip Inti. Sin embargo, no informa a sus superiores sino que se guarda la reliquia incaica como un suvenir que adornará la sala de su residencia en Washington. Pese a que los noticieros anuncian que la Tercera Guerra Mundial es inminente, se las arregla para evitar la inamovilidad en tiempos de emergencia, y tomando un jet se dispone a volver a casa llevándose el disco solar consigo, en una caja fuerte. Pero, al instante de despegar, el Perú (al igual que el resto del mundo) es bombardeado por un "satélite atómico enemigo". El avión de Walker es destruido, pero la dorada joya se salva al estar dentro de una gran caja fuerte de plomo.

GENERALÍSIMO CAUDILLO
Dictador peruano, subió al poder cuando el anterior tirano comenzó a "ablandarse". Incondicional aliado de los fascistas que ahora rigen a Estados Unidos, ha convertido a nuestro país en prácticamente una colonia yanqui, agudizando la represión al pueblo en beneficio de los partidarios del régimen. Cuando se entera de que el capitán Walker está robándose el Intip Inti, ordena que no se moleste al “patrón gringo”, de paso que manifiesta un absoluto desprecio por el pueblo y la cultura indígenas. Pero este déspota pagará muy caro el haber convertido a su patria en estación militar del Tío Sam en Sudamérica, pues acabó como blanco de tiro atómico del “enemigo”, al estallar la guerra nuclear.

MACLOVIA SURO
Sirvienta quechua que trabaja en la residencia del capitán Walker, reconoce al instante el Intip Inti, en garras de su patrón gringo. Cuando intenta explicarle el significado de esa joya incaica, y por qué nunca debe abandonar el suelo patrio, el yanqui se burla de la superstición de los “indios piojosos”. Cuando ella afirma con ira que la dorada reliquia le pertenece al pueblo peruano, él le da la más cínica de las respuestas: “Hace quinientos años, tal vez. ¡Pero ahora es mía!”

PROFESOR KUSIRIMACHI
Maestro cusqueño, trabaja en el Ministerio de Cultura, pero es tratado con desprecio por el resto de los académicos por ser el único indígena ahí. Cuando Maclovia Suro le informa que el Intip Inti va a ser robado por un oficial yanqui, él pide una rápida audiencia con el dictador, denunciando el hecho. La burlona respuesta del tirano era previsible, pues no solo el racismo es casi obligatorio en esta régimen, sino que ha regresado la genocida explotación de los obreros y campesinos indios, mano de obra esclava que provee las materias primas que los yanquis necesitan para su maquinaria de guerra. Al final habla con Maclovia y le dice que no se preocupe, pues igual el disco solar nunca abandonará el territorio patrio... pues la Tercera Guerra Mundial se aguarda con reloj en mano, y ésta será el instrumento de la justicia divina para que los Hijos del Sol recuperen lo que es suyo.

SANTIAGO MONASTERIO
Religioso español que, a finales del siglo XXI, llega al Perú desde la Europa todavía en reconstrucción. Liderando una expedición, desembarca en la costa peruana, y encuentra una Lima en escombros. En las ruinas de un viejo aeropuerto militar yanqui encuentran un calcinado avión y, dentro de él, una caja fuerte conteniendo el legendario Intip Inti. Poco después todos son capturados por una deforme tribu de peligrosos mutantes que comienzan a sacrificarlos, uno a uno, en macabros rituales. Salvados por las tropas incaicas que esporádicamente patrullan esas peligrosas regiones, son todos llevados al Cusco, junto con la dorada reliquia. En una audiencia con el Inca, Santiago se identifica como sacerdote y afirma que, a diferencia de lo que pasó siglos atrás, esta vez no viene como conquistadores sino como misioneros de la Fe y la Cultura. Una vez aclarado todo, el disco solar es entregado al renacido Tahuantinsuyo, quedando así afirmada la amistad entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

ROSARIO IGLESIAS
Monja que forma parte de la expedición de Santiago Monasterio, logra calmar los ánimos de sus salvadores incaicos, que los miran con desconfianza. Es la primera en reconocer, en un magnífico discurso, el genocidios cometido por los españoles que conquistaron el Perú siglos atrás. Pero afirma que los peninsulares actuales son los primeros en condenar eso. "Por generaciones los Hijos del Sol han odiado a los españoles. Pero no olvidéis cuál fue el primer país que las cabezas coronadas de Castilla sometieron y arruinaron: ESPAÑA. Y la actual España de la posguerra ya no es una corrupta monarquía sino una república libre. Nuestras culturas ahora pueden entenderse. Cada una tiene cosas que ofrecer a la otra".

"QUIQUE"
Deforme líder de los salvajes mutantes de la Lima postnuclear. Al igual que sus monstruosos súbditos, no tiene cabello, su cadavérica piel presenta pústulas que asemejan quemaduras, tiene los dientes podridos, viste una andrajosa ropa que antiguamente debió ser un traje de lujo, y habla una incomprensible jerga, mezcla de castellano e inglés, con una voz chillona. Interroga brevemente en público a los misioneros europeos recién capturados, sin obtener ninguna respuesta de ellos (pues no entienden qué cosa está hablando), tras lo cual ordena que empiecen a ser ejecutados uno por uno, en medio del sádico regocijo del resto de la tribu. La imprevista incursión armada de los ejércitos incaicos le da muerte así como a muchos de los suyos, aunque una buena parte de los monstruos logran huir y perderse entre las ruinas.

MAICO
Militar inca, que cuando patrullaba con sus tropas las inmediaciones de la “prohibida” Lima, buscando partidas de mutantes (que suelen incursionar en las granjas cercanas para robar cosechas y animales), rescata a los extranjeros prisioneros de los bárbaros engendros. Al constatar que se trata de expedicionarios peninsulares, manifiesta una abierta desconfianza, pues él conoce la siniestra historia de los criminales Conquistadores enviados por el Rey de Castilla, que llegaron con mentiras en sus bocas y muerte en sus manos. Sin embargo, es aplacado por las declaraciones de la religiosa Rosario Iglesias, quien le dice que ya no hay rey en España, y que ahora es el pueblo quien decide. Sus últimas dudas se disipan cuando ve cómo los misioneros devuelven al Incanato el Intip Inti, extraviado por siglos.

PACHACÚTEC II
Inca del renacido Tahuantinsuyo, que desde hace sesenta y cinco años crece sobre las ruinas de las grandes ciudades de los ya extintos mistis. También manifiesta cierta desconfianza ante los castellanos, pero tras una interesante conversación con los mismos cree en la sinceridad de estos nuevos españoles. Se hace un compromiso de futuros intercambios culturales, donde se compartirán la Ciencia y el Arte de cada pueblo. En medio de un aplauso general, el inca Pachacútec II estrecha la mano del sacerdote Santiago Monasterio... todo en Cajamarca, el mismo lugar donde se dio la traición del conquistador Pizarro al inca Atahualpa, pero esta vez las cosas son como siempre debieron ser. Días más tarde, todos llegan al Cusco, donde formalmente los castellanos devuelven el disco solar al Incanato. La dorada joya es colocada de regreso en su primitivo lugar, el reconstruido Qorikancha, en medio del aplauso general de todos. Tanto Pachacútec II como Santiago Monasterio ven un nuevo y grandioso futuro para el Viejo y el Nuevo Mundo, augurado por el brillo solar que se refleja magníficamente en el restituido Intip Inti.
            Análisis
Tras recorrer el pasado y el presente, la novela avanza un siglo. Obviamente todos los personajes son aquí ficticios, en dos tiempos distintos: un futurista Perú dictatorial, parte de una civilización en vísperas de la apocalíptica Tercera Guerra Mundial; y, quince años después, un resucitado Tahuantinsuyo reconstruido sobre las cenizas del holocausto nuclear.

Los villanos de la primera parte son el autoritario capitán Walker (arrogante militar estadounidense que se comporta como el estereotipado "yanqui imperialista") y el tiránico generalísimo Caudillo (que reúne todos los clichés de sanguinario "dictador de república bananera"). Ambos parecen representar el pesadillesco retorno de los crueles amos blancos (tanto nacionales como extranjeros), que de nuevo explotan criminalmente a la raza autóctona como mano de obra esclava, bajo pretexto de obtener materias primas para que la "Civilización Occidental y Cristiana" pueda prepararse bélicamente en esta nueva "guerra fría" contra un poderoso enemigo nunca mencionado.

Mención aparte merecen el brutal "Quique" y su salvaje tribu de mutantes: ellos son la raza maldita, la raza producto de la bomba atómica, que habitan en las ruinas de lo que una vez fue un distinguido barrio limeño de clase alta. Con andrajos que en otras épocas fueron carísimos trajes de sus ancestros, estos deformes monstruos son villanos no de palabra (salvo sus bestiales súbditos, nadie entiende ni una palabra de su dialecto cavernícola) sino de hecho, por su sádico regocijo al matar lenta y dolorosamente a sus prisioneros, sin ningún motivo aparente (aunque se insinúa veladamente que son antropófagos).

Tanto el profesor Kusirimachi como Maclovia Suro son quechuas importantes en la trama, aunque no son "héroes". Ella representaría la humillante servidumbre impuesta a la sometida raza quechua; él, el intelectual nativo injustamente despreciado, que ha aprendido las ciencias de los explotadores blancos pero sin olvidar su herencia inca. Ambos advierten a sus crueles amos sobre el gran valor del Intip Inti, recibiendo despreciables burlas por respuesta. Ambos dejan a la Divina Providencia el destino del Sol de Soles, convencidos que el disco solar siempre hallará el camino de "regreso a casa".

En el Perú postnuclear, llega una expedición liderada por dos personajes peninsulares que parecen representar cómo debieron ser los primeros españoles de pisar estas tierras: no como conquistadores sino como misioneros. Y eso es lo que son el sacerdote Santiago Monasterio y la monja Rosario Iglesias: ambos misioneros, no solo de la Fe sino también de la Cultura.

El oficial Maico es un bravo guerrero inca que, combatiendo a los monstruosos limeños, rescata a otros blancos, esta vez seres humanos normales. Su sola procedencia hispánica (pese a que ellos aseguran que España ya no es una monarquía sino una república) le hace desconfiar sobre las verdaderas intenciones de estos extranjeros. Pareciera simbolizar el resentimiento de los quechuas hacia los castellanos, que ve en todo peninsular a un verdugo del Tahuantinsuyo.

Y quien cierra toda esta aventura es nada menos que un nuevo Inca, que lleva el mismo nombre del aquel bajo el cual se inició toda la aventura: Pachacútec II. Y a él le toca recibir a los misioneros castizos y decidir si son o no sinceros en sus deseos de amistad. El brillo del restituido Intip Inti, que finalmente regresa al Qorikancha tras siglos de ausencia, alumbra el inicio no solo del siglo XXII sino de una nueva era para la Raza de Bronce y la Raza del Cid.
 
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         A favor y en contra
 
Concluyo este estudio invitando a leer diversas opiniones acerca de la novela INTIP INTI, de Henry Steele. Publicados en periódicos y revistas de diversos países, estos artículos reflejan el impacto sociocultural que ha despertado este best-seller. Hay muchos elogios al libro, así como un número aproximadamente igual de agravios. Corresponde al lector decidir de qué lado se pone en este debate universal que parece recién estar empezando.
 
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      A favor
DIOS ES INCA
Esperanza Macarena (Sevilla)
Publicado en NO8DO
 
EL ARCA DE LA ALIANZA ANDINA
Isidoro Choquehuanca (La Paz)
Publicado en ALASITA
 
LA RUTA DEL ARCOIRIS
Ango Kintash (Luanda)
Publicado en CHOKWE
 
EL REGRESO DEL INDIGENISMO
Macario Valdéz (Ciudad de México)
Publicado en TENOCHTITLÁN
 
TODOS LOS CAMINOS LLEVAN AL CUSCO
Tatunca Nara (Mato Grosso)
Publicado en PAITITI
 
LOS INCAS HEREDARÁN LA TIERRA
Teodosio Huanca (Cusco)
Publicado en TAHUANTINSUYO
 
UN MENDIGO SENTADO EN UN TRONO INCA
Crazy Bull (Dakota del Sur)
Publicado en REAL AMERICANS
 
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    En contra
FALSIFICANDO LA HISTORIA
Fernando Alfonso (Córdoba)
Publicado en ALCÁZAR
 
ABERRACIONES CIENTÍFICAS
Jane McEwan (Edimburgo)
Publicado en AULD REEKIE
 
CHOLO SOY: COMPADÉZCANME
Marcos Zambrano (Callao)
Publicado en CAPITÁN CHORO
 
MUERA EL REY, MUERA EL INCA
Sir Cedric Bennet (Oxford)
Publicado en CASTLE
 
¡VAMOS PA' ÁFRICA, FAMILIA!
Nicolás Flórez (Ica)
Publicado en EL CHINCHANO
 
"NO TE ENCANTALÁ"
Carlos Chong (Arequipa)
Publicado en CELESTE IMPERIO
 
TODOS VUELVEN A LA MADRE PATRIA
Francisca Abascal (Lima)
Publicado en ALAMEDA
 
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"Llegará el día en que el tesoro hundido en el arca de piedra de las entrañas del Cuzco surja a la superficie. Entonces no habrá sobre la tierra pueblo más feliz".
   (Luis E. Valcárcel, TEMPESTAD EN LOS ANDES)
 
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Eduardo Guzmán Novoa
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