La Fiesta es vivida por muchas personas como un mero acto social. Otros ven en ella una forma de acercarse a los ídolos que conocen a través de las revistas del corazón.Algunos acuden atraidos por el glamour que despierta el colorido, las fragancias o los trajes de luces. No falta el morboso que sólo espera el percance aunque sea en forma de un par de volteretas...
En general, quien va a los toros lo hace para divertirse y está en su legítimo derecho.
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...Pero no nos engañemos;la base y la razón de ser de la Fiesta está en el riesgo que entraña enfrentarse a un toro bravo. Quien asiste a la plaza y no es capaz de percibir que un hombre realmente se está jugando la vida,podrá divertirse pero no llegará a valorar ni entender la grandeza de este espectáculo.
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Cuando un toro es encastado, para bravo o para manso, el espectáculo está asegurado y nadie va a sentirse defraudado. La emoción se vive en cada momento y no hace falta ser un entendido para percibirlo.
Si por el contrario el toro no embiste, nada tiene sentido ni siquiera nuestra presencia en la plaza.
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El indulto, la vuelta al ruedo o la ovación en el arrastre honran al toro bravo pero también a su ganadero, casi siempre el gran olvidado en este momento tan especial.
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