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Zima
Zoo. Gozando con sus preciosos caballos.


 

Soy hija de un prominente político de la Cd. De México. A decir verdad desconocido hasta hace unos años y que “mágicamente” fue escalando posiciones en su partido político que por cierto consigue y pierde el registro con una facilidad impresionante, tanto que a veces debemos preguntar si todavía tenemos partido o no. Ahora bien y en honor a la verdad no hay nada de “magia” en su actuar político, todo es posible gracias a palancas, sobornos, chantajes y toda esa clase de triquiñuelas tan comunes y que como es obvio esperar, desembocan en un cambio radical tanto en las finanzas familiares como en el estilo de vida en general. No es que me queje de ello, las corruptelas de mi padre me han permitido gozar de una pasión desconocida pero a la cual estoy atada desde hace un par de años: el amor incondicional hacia los caballos.
Cuando el dinero empezó a llegar a raudales y sin mucha imaginación para gastarlo, tuvo a bien mi padre llegar un día a la casa con un par de caballos a los que en principio no había lugar para alojarlos. Pronto se acondicionó una sección del patio a manera de establo y posteriormente se reestructuraría casi en su totalidad la casa para albergar al par de preciosos animales. Resulta demasiado estúpido el hacerse de un par de caballos en plena ciudad, demasiado increíble? Pues créanlo o no es cierto, como también es cierto que muy pronto aprendimos mis hermanos y yo a montar. A pasear en las aceras como si se tratara del campo, a tolerar las recriminaciones calladas de los vecinos ante los “nuevos miembros de la familia”, etc.
Por aquella época despertaba a la sexualidad, tardía algunos podrían considerar pero al menos yo veía todo con ansia, el mundo como es obvio nunca parece bastante y tratándose de sexo mucho menos, descubría mi cuerpo y todas y cada una de las posibilidades que éste es capaz de ofrecer, hasta aquí no hay nada extraño cierto? Y de hecho pienso que ahora sería una mujer normal, de no ser por aquella ocasión en que toda la familia asistió a un importantísimo evento del partido mientras que yo me quedé en casa, pese a las protestas de mi padre y a su insistencia, preferí quedarme en casa, con el stereo a todo lo que daba y “vivir la vida” como mejor me venía en gana.
Tan pronto llegara de la escuela elegiría un par de CDs, pondría la música en volumen 23 y así, desperdiciaría la tarde mientras la familia se aburriría en un evento de los cuales ya había tenido muchos antes, que me fastidiaban tan pronto como empezaban y que había que soportar hasta entrada la noche e incluso madrugada.
Al llegar todos mis planes se vendrían abajo. Por aquella época aún no se construía el establo en forma y por ende los caballos se amarraban de manera improvisada bajo un cobertizo igualmente improvisado, tan pronto crucé la puerta fui golpeada visualmente por una imagen que sin duda cambió mi incipiente concepción del sexo.
Zima, el mas dócil quizás deba decir flojo de los dos caballos, se encontraba en esos momentos excitado, exhibía un largo, pero muy, muy largo miembro entre sus cuartos traseros, negro y colgante, como una gruesa cuerda suspendida bajo su panza... me quede boquiabierta, no podía creer que pudiese existir un miembro de tales dimensiones, me parecía por completo irreal.
No se cuanto tiempo estuve en el umbral de la puerta sin poder reaccionar pero cuando lo hice, mi impulso inmediato fue acercarme. Ahora y ya mas de cerca, podía comparar el impresionante miembro de Zima con la discreta protuberancia de Colo, el otro caballo y que a diferencia de Zima no tenía ni asomo de excitación. Mi cabeza era un verdadero remolino de supuestos y fantasías inmediatas, de pronto me vi a mi misma debajo del caballo siendo poseída por mi gran semental, el relinchando de gusto y yo, ahogada en gemidos de placer y mas caliente que una... yegua? y eso que lo único que había hecho era verlo de cerca pues no me atrevía a tocarlo ni nada.
A mitad de mi contemplación noté como empezaba a perder tamaño, seguramente al cabo de un par de minutos ese interesante y descomunal miembro regresaría a su reducido y poco atractivo tamañito. Quizás no tendría otra oportunidad de hacer nada, tal vez no volvería a toparme con esa casualidad o habría gente en casa, nuevamente mi excitada cabeza trabajaba mas aprisa de lo que lo hacía la conciencia y antes de que perdiera por completo esa magnífica oportunidad, estiré mi mano buscándolo torpemente con la punta de los dedos. Tenía miedo que se asustara, que me hiciera daño pensando que yo se lo haría a él pero la curiosidad fue mucho mas fuerte y cuando lo tuve por fin en mi mano supe que todo iba a ir bien, muy, pero muy bien.
Se sentía tibio, al principio me había parecido caliente pero luego, conforme iba resbalando mi mano lentamente desde arriba hasta abajo ya no me lo pareció tanto. Lo que mas temía es que no le gustara lo que estaba haciendo y que pese a mis esfuerzos perdiera su ímpetu. La idea me pareció terrible y me dediqué a masturbarlo con todas mis fuerzas, primero con una y luego ambas manos al unísono, afortunadamente el animal no se mostraba molesto y eso desde luego facilitó mucho mas las cosas, no solo seguía igual de largo y grueso sino que además empezaba a erectarse, a perder esa flacidez inicial, era mas que evidente que estaba empapada y tenía que atenderme igual que al caballo.
Dejé de masturbarlo para quitarme la ropa interior, efectivamente estaba mojada por completo, me saque la blusa apresuradamente tirandola lo mas lejos que pude. Me permití un momento para acariciarme los pechos, recorrerlos lentamente con ambas manos, incipientes pero sensibles por completo al tacto y ahora si, con plena conciencia de lo que hacía me presté a gozar del momento, masturbaba al caballo con una mano mientras me masturbaba a mi con la otra, era un momento de completo éxtasis, si bien el orgasmo no tenía para cuando llegar, no hacía mucha falta pues volaba en una nube de sensaciones.
En un momento dado cambié posiciones, mi mano anegada en flujos fue a dar al rígido miembro mientras que la otra se desvivía recorriendo mis labios vaginales, mi inflamado clítoris, la abertura ansiosa de mi vagina, casi podía sentir palpitar a Zima entre mis piernas, y ya para este punto no me importó nada, me agache y busqué con mi boca.
Al momento tenía dentro de mi boca el mas grande miembro que pudiese probar en toda mi vida, me guiaba totalmente por mi instinto, lo lamía en la punta, lo chupaba en el tronco, estaba loca pero segura que no podía desperdiciar la oportunidad de tener algo así, estaba viviendo una experiencia sexual total y completamente entregada al momento, esta absorta en mi masturbación, en la mamada que le estaba haciendo al caballo, nada importaba. Finalmente, el orgasmo que tanto se había demorado llegó impulsiva y arrolladoramente, tanto que me senté en el suelo olvidándome de mi, del caballo, de la experiencia, de todo.
Recuperé la conciencia, bueno algo parecido a la conciencia minutos después, el miembro de Zima seguía ahí, erecto y expectante, por primera vez el afortunado animal se dignaba a mirarme como esperando que continuara. Con la cabeza fría y repuesta del recién orgasmo, vi las cosas en su justa dimensión; me pregunté que hacía ahí, en lo que haría o como explicaría si me daba una infección, mi clítoris todavía palpitaba y mi flujo vaginal brillaba sobre la superficie negra y gruesa que me había embelesado minutos antes, todo estaba de cabeza, yo estaba de cabeza, le había mamado el miembro a un caballo¡, como iba a ser mi vida después de eso?. Con todo esto y mucho mas retumbándome en la cabeza dejé el patio, no me importó abandonar al pobre animal sin terminar, fui a bañarme, a pensar, si, tenía mucho en que pensar.
Los días siguientes y después de un profundo análisis de conciencia llegué a la conclusión, no mas bien me juré a mi misma que no volvería a hacer algo así, nunca haría nada para que ocurriera eso de nuevo pero... si acaso se me presentaba algún día la oportunidad no la desaprovecharía y de hecho no lo hice, pero eso es motivo para otro texto