06/04/2012
Las redes sociales, ¡Un magnífico invento!,… o no tanto?
Hace ya algunos años, con el ¡boon! De Internet, apareció lo que a todos nos sonaba a una especie de ruido, como el que se produce al pisar un charco: “Chat”.
Los privilegiados que entonces disponían de semejante artilugio, me refiero a un ordenador, comentaban las maravillas que, de una forma intrínseca, llevaba aparejadas el deslumbrante invento de Internet. Al resto de mortales, los cuales no disponíamos ni de los recursos, ni de la necesidad de semejante artilugio, se nos ponía cara de acelga inhibida cuando, esos locos forofos de la informática, nos hablaban de “megas, kas, baits” y demás términos de los que no teníamos ni idea (algunos hemos avanzado poco en ese sentido, lo reconozco). Contemplábamos con, todo sea dicho, una insana envidia, consecuencia de nuestra ignorancia al respecto, procurando, eso si, disfrazarla de desinterés por el tema, como los entendidos, se adornaban con explicaciones que, en muchas ocasiones, fingíamos entender.
Recuerdo que allá por el año 1997, mi amigo y compañero Pedro R. me dejaba literalmente muerto cuando me decía todo lo que se podía llegar a meter (estamos hablando de informática, vale?), dentro de un disquete. ¡Podrías grabar un libro entero dentro de él!...
Los que ya tenemos una edad recordamos lo que hacíamos para ahorrar pilas del radio-cassete rebobinando las cintas a mano, o más bien a boli. Seguro que los que anden por los cuarenta y algunos sabrán perfectamente a que me refiero.
Ahora todo cambió, para bien, evidentemente, aunque en ocasiones echo de menos el estar escuchando la FM con una cinta virgen preparada en el casette, dispuesto a apretar el play y el rec en cuanto se callará el locutor, para de ese modo poder grabar la canción que en ese momento sonaba de fondo.
Todo vino muy deprisa,… puede que demasiado? No lo se.
Justo cuando empezamos a saborear las “ventajas” del e_mail, y casi sin darnos tiempo a pararnos a pensar en lo grande que todo esto nos venía, van y nacen las redes sociales.
Muy bien… podemos comunicarnos como no hemos sido capaz de hacerlo nunca. Podemos hablar, en tiempo real con cualquier persona del mundo, en el más que improbable caso de que tuviéramos algo que decirnos. Yo personalmente recuerdo una agradable comunicación epistolar con una chica china. Era curioso, ella quería practicar inglés (del que yo no se casi nada), y además estaba interesadísima por conocer las costumbres made spain. Mediante un diálogo de besugos, y a través de lo que hemos dado en llamar traductor on_line, intentamos contarnos algo. Lo cierto es que el contacto se enfrió, justamente después de pasarnos las recetas tanto del pato laqueado por su parte, como de la paella, por la mía.
La idea era buena, pero carente completamente de sentido. La cosa terminó de una forma anónima. Justamente igual que como empezó.
Ahora tenemos el facebook y demás redes sociales que no cito porque, sinceramente no se ni como se escriben. De hecho no se siguiera si he escrito correctamente el nombre de esta que estoy empleando.
Todos nos agregamos, los unos a los otros. Tenemos infinidad de “amigos”. Amigos con los que no cruzamos ni dos palabras.
Nos esforzamos en mostrar cuan maravillosa es nuestra vida, aportando las fotos en las que mejor salimos y/o testimonio de nuestra vida plena y feliz.
Cuando vemos alguna cosa que nos agrada, ni tan siquiera tenemos que realizar el enorme esfuerzo de escribir unas palabras. Podemos ahorrar tiempo, únicamente haciendo clik en un botón que dice “ me gusta”.
Algo parecido ocurre con los correos electrónicos. ¿Cuánto tiempo hace que no os ponéis a escribir algo propio a alguien?
Recibimos y enviamos cientos,… miles de correos. De forma mecánica reenviamos los mismos correos que a su vez nos reenvían otros, incapaces, en la mayoría de los casos, de tener el detalle de insertar unas pocas palabras de nuestra propia cosecha a modo de recordatorio de que la persona a la que va dirigido ese correo nos importa, aunque sólo sea un poco.
Todo rápido, no podemos perder el tiempo en esas cosas. Además ¿Qué le podríamos decir al destinatario/s de toda esta cantidad de “información”? ¿Acaso que nos acordamos de él o ella? ¿Acaso que lo echamos de menos? ¿Acaso que lo queremos y apreciamos aunque haga siglos que no lo veamos?
Puede que me encuentre en un gran error. Puede que, dentro de la profunda ignorancia que me caracteriza, haya cometido el error de confundir esto con una herramienta de comunicación entre personas, cuando lo cierto es que se asemeja mucho más a un escaparate, en el que mostramos como queremos que nos vean los demás, sin importarnos en absoluto en darnos a conocer a ese montón de “amigos” que tenemos en la red social.
¿Cuántos amigos tienes? Cien, mil,…? No, en serio… ¿cuántos?
Puede que hayamos reinventado la palabra “amigo” y simplemente hayamos confeccionado un traje para la palabra “desconocido”. Nos quedará muy bien, mientras tape por completo lo que encierra en su interior, pero no por eso deja de ser un disfraz.
¿Cuántas personas que me tienen como amigo en el facebook, lo serán hasta el punto de haber leído la totalidad de este texto? Me temo que nadie… o casi nadie.
¿Significa eso que no tengo amigos?... puede que si, aunque no lo creo. Más bien me inclino a pensar que, aunque cargados de bunas intenciones, utilizamos esto, no como un elemento que una nuestras mentes y nos ponga en contacto los unos con los otros, sino por el contrario, como un limitador de sentimientos y de emociones.
Pensad en eso y,… no olvidéis llevar siempre preparado el teléfono móvil,… nunca se sabe donde puede aparecer la foto idónea que exprese con toda la “sinceridad del mundo” lo feliz y maravillosa que es nuestra vida.
Un beso para quien se haya dignado a leer esto.