Capítulo XI

 

 

C A P I T U L O      XI

 

 

ENFRENTAMIENTOS ENTRE RIVA AGÜERO Y BOLÍVAR

 

 

 

-                Situación del Perú al empezar 1823

-                Los piuranos en la campaña de Intermedios

-                El gobierno de Trujillo

-                Riva Agüero crea un senado

-                 Piura apoya a Riva Agüero

-                Torre Tagle 2do.  Presidente del Perú

-                Los diputados piuranos en el congreso

-                Ruidoso proceso Echeandía - Del Castillo

-                Catacaos y Piura disputan tierras de Tacalá

-                 Riva Agüero es depuesto

-                José Félix Jaramillo acusa a tenientes gobernadores

-                La Virgen de las  Mercedes Patrona de las Armas

 

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SITUACIÓN DEL PERÚ AL EMPEZAR 1823

 

         En setiembre de 1822, al poco tiempo del retiro de San Martín, la Junta Gubernativa, recibió de Bolívar la oferta de un auxilio de 4000 soldados.  Por esa época en Lima había 2000  soldados colombianos al mando del General Paz Castillo, que habían creado muchos problemas con sus reclamos y negativas a subordinarse a otros jefes.

 

            La Junta estaba preparando la 1ra. Campaña a Intermedios bajo el mando de Rudecindo Alvarado  y por otra parte en el congreso los sentimientos no eran en ese momento favorables a Bolívar.

 

            Por lo tanto, La Mar, como Presidente de la Junta, se limitó a agradecer a Bolívar y pedirle sólo 4000 fusiles.

 

            Después del desastroso  resultado de la expedición a Intermedios, el nuevo efe del ejecutivo, presidente Riva Agüero, envió como comisionado ante Bolívar, al general Mariano Portocarrero para gestionar la remisión de 4000 soldados colombianos.

 

            Bolívar por su parte, envió al coronel  Urdaneta para que en Lima se ajustaran los términos  a que se sujetaría el auxilio colombiano.  Es decir, que las negociaciones se hacían en dos frentes, en  Guayaquil y en Lima.  Pero Bolívar ya estaba decidido a intervenir en e l Perú y tenía listos 2000 soldados en Guayaquil, para embarcarse.

 

            El 18 de marzo de 1823, se firmó en Guayaquil un convenio entre el delegado peruano Portocarrero y el representante de Bolívar, el general  Paz del Castillo.  Éste impuso en Guayaquil, todas las condiciones que no le habían querido aceptar en Lima.  De inmediato Bolívar despachó al Callao los 2000 hombres que tenía listos.

            Pero sucedía que en Lima, el coronel Urdaneta ajustaba otro convenio  el 29 de marzo con el representante peruano general Ramón Herrera.  Las condiciones para la venida del ejército colombiano eran muy aceptables.

 

            El 11 de mayo de 1823, llegó al Callao con 2000 soldados colombianos más, el general Antonio José de Sucre, con amplios poderes de Bolívar e investido del doble cargo de jefe de las fuerzas colombianas y de agente diplomático. Una parte importante de la misión que se le había encargado, era lograr la devolución de los territorios de Quijos y Canelos que decían eran ilegalmente retenidos por el Perú.

 

            Sucre, desconoció en Lima el acuerdo Urdaneta- Herrera, alegando que los soldados colombianos habían viajado al Perú,  en base a las condiciones pactadas entre Portocarrero y Paz del Castillo.

 

            Entre el 14 y 15 de mayo, habían salido del Callao en forma escalonada, 5000 soldados peruanos, argentinos y chilenos hacia el Sur, para ejecutar lo que se llamó la 2da.  Expedición a Intermedios.  Este movimiento militar se debía  combinar con un ataque de los patriotas argentinos a las fuerzas realistas del Alto Perú, mas la llegada de un contingente de 3000 soldados chilenos en apoyo a la ofensiva peruana y que Sucre incursionaría sobre la sierra para distraer  parte del ejército español,  impidiendo que se uniera en el sur.

            Como jefe de la expedición estaba el general Santa Cruz.

 

            El congreso, del 5 de mayo, olvidando la poca simpatía que sentía por el Libertador, le rindió homenaje y decidió solicitar su venida.  Esto sucedía cuando Sucre aún no había llegado al Perú.

 

El 14 de mayo el congreso se volvió a ocupar del mismo asunto, los cual fue aprovechado por Sucre, que envió un mensaje de agradecimiento a la asamblea expresando que los soldados de  la división de Colombia, se honrarían de servir a la Soberana Asamblea, como si fueran soldados peruanos. Eso impresionó bien a losa diputados que a propuesta de varios de los congresistas colombianos que allí habían, nombraron a Sucre  Jefe del Ejercito Unido, mientras llegaba Bolívar. Sin embargo Sucre tuvo la elegancia y el tino, de no aceptar y el 24 de mayo, así lo hizo conocer. Es decir que sólo le habían bastado unos pocos días, para controlar la situación

 

            El 18 de junio, el congreso ya muy mermado en número funciona en el Callao y decide por votación que sólo 28 diputados podían hacer quórum, se designa a Trujillo capital provisional y el diputado colombiano Colmenares propone, que se entregue todo el poder militar a Sucre, y que se llame a Bolívar para que salve al Perú.  Se designa a Olmedo y a Sánchez Carrión para que vayan a Ecuador a invitar a Bolívar.

 

            La decisión de la asamblea reducía enormemente el poder de Riva Agüero al entregar el mando militar con máximas atribuciones y aún darle poder político a Sucre.  Se violaba también el artículo 2do. de las Bases de la Constitución entregando el mando a un extranjero.

            Por lo tanto, Riva Agüero se negó a dar el cúmplase al acuerdo de la asamblea  y demoró el firmarlo.

            El congreso, pasando sobre el presidente, hace jurar a Sucre ante la asamblea el día 21.  Sin embargo, el general colombiano tenía temor de que el ejército en campaña en el sur y otros ubicados en guarniciones del norte, apoyaran a Riva Agüero, y desconocieran lo hecho por la asamblea y se fuera a una guerra civil.

           

            El 23 de junio, la  asamblea tiene una nueva reunión en el Callao, y exime del poder a Riva Agüero y dispone su destierro.  Para atender los asuntos administrativos, nombran al Ministro de Relaciones Exteriores  a Francisco Valdivieso.

 

            Riva Agüero en forma tardía, firma el 24 de junio, el cúmplase al nombramiento de Sucre como jefe militar, pero hace caso omiso de la destitución.  Ya seguro de su nombramiento, Sucre se dirige a la asamblea por escrito y a Riva Agüero, y con prepotencia les dice que “las disensiones frente al enemigo y en presencia del ejército, es un mal de que la Soberana Asamblea y el Ejecutivo serán responsables ante la Patria”.

 

            El diputado colombiano, propone que se dé un ultimátum de una hora a Riva Agüero para que renuncie y éste los cita a Trujillo, embarcándose el 26 en la fragata Peruviana.  Solo veinte diputados parten a Trujillo.

 

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LOS PIURANOS EN LA CAMPAÑA DE INTERMEDIOS

 

            Entre las tropas que fueron enviadas al Sur en la expedición que comandaba Santa Cruz estaba el Batallón 4 del Perú formado en Piura que se componía de 500 plazas en su gran mayoría piuranos.  En la misma expedición figuraba el Batallón 4 de Chile.

            Como jefe del Batallón 4 de Piura, se nombró al coronel Juan Pardo de Zela.

            Estando Santa Cruz con todas sus fuerzas en Arica, envió a Pardo de Zela con dos compañías del Batallón Piura a Quilca para que incursionara  sobre Camaná, dio  otra fuerza al general Gamarra para que avanzara sobre Tacna y él, con el resto se dirigió a Pacocha, desde donde se internó hacia Puno y el Desaguadero.

 

            Pardo de Zela se unió a las tropas de Sucre que habían llegado a la región costera de Arequipa, tras una tardía salida de Lima.

            Por su parte Santa Cruz se apoderó de La Paz y Gamarra tomó Oruro, que había sido abandonada por el jefe realista general Olañeta.

            El virrey La Serna asumió personalmente la campaña contra Santa Cruz, para lo  cual movió inteligentemente sus fuerzas.  A Canterac  lo dejó en Jauja cuidando toda la sierra central del Perú, tras de desocupar Lima.

            Dispuso que Valdez, con la contribución de las fuerzas realistas que había en Arequipa, se le uniera  y se dirigiera hacia el Desaguadero para atacar a Santa Cruz, mientras el virrey con sus fuerzas y a marchas forzadas trataba de unirse con Valdez.

 

            El 25 de agosto de 1823, Santa Cruz encontró a Valdez aguardándolo en muy buena posición en Zepita (Puno). La acción se inició al medio día y Santa Cruz dispuso que los soldados de la Legión Peruana, una columna de tiradores  y  el Escuadrón de Húsares, por la derecha tratara de ganar la altura. Por el camino principal el ataque estaría a cargo del escuadrón mandado por el coronel Brandsen.

 

            De frente y para sostener todo el peso del ataque contra las aguerridas fuerzas de Valdez, estuvieron los piuranos. Eran estos los reclutas y bisoños soldados del Batallón 4 que tenía su prueba  de fuego y los veteranos de la batalla de Pichincha que conformaban en esos momentos el Batallón Vencedores de Pichincha.  Fueron sin embargo los del 4, los que estaban a la vanguardia del ataque y resistieron el primer impacto del choque, tras de lo cual y de acuerdo a los plantes previstos,  se replegó hacia una posición más favorable en donde estaban los Vencedores de Pichincha.  Los españoles avanzaron  en masa dejando sus formidables posiciones mientras que los del 4 y el Pichincha resistían dando oportunidad a que los escuadrones de Húsares intervinieran, creando un desorden tremendo en la infantería española que se contagió  a la caballería.  Como ya era de noche, aprovechó Valdez para retirarse hacia Pomata sin ser perseguido. Había sido derrotado, lo que sin duda, hería a su orgullo de ser el más brillante jefe español que todos reconocían.

 

            Los piuranos habían luchado en un terreno que les era completamente extraño.  Gente de clima tropical, tuvieron que actuar en un clima frígido y a gran altura sobre el nivel del mar.  Algunos de ellos quedaron para siempre tan lejos de su terruño. 

            Santa Cruz no sacó partida de su victoria y permitió que Valdés se uniera a las formidables fuerzas del virrey  La Serna.  Ante el temor de ser atacado por esos poderosos efectivos,  Santa Cruz se retiró al Desaguadero con el fin de esperar en esa ventajosa situación, a que se le uniera Gamarra, pero Santa Cruz se dejó ganar del temor y para evitar enfrentar a La Serna y Valdez  unidos, marchó precipitadamente a unirse con  Gamarra que ya había salido de Oruro para juntársele.  En esa región se puso en contacto con el coronel argentino Lanza que operaba contra Olañeta con una pequeña fuerza.  El 11 de setiembre, las tropas de virrey estaban a la vista de las de Santa Cruz y entonces empezó éste una alocada retirada.  Cuando estaba en Calamarca a unos 70 kms. al sur de La Paz, Santa Cruz entregó 1300 soldados al coronel Lanza, y se quedó con unos 3.000 soldados con los que siguió la retirada hasta Moquegua.  Una gran parte de los soldados que se quedaron con Lanza, fueron piuranos del Batallón 4. Mientras tanto el general realista Olañeta había ocupado La Paz el 20 de setiembre y dos días más tarde con fuerzas muy superiores salía en persecución de Lanza,  que tenía 1600 soldados y se retiraba hacia Oruro.  El 16 de octubre de 1823, lo alcanzó en Alzuri y tras de una sangrienta acción, lo derrotó pero no logró destruir sus fuerzas, aún cuando tomó varios prisioneros los que incorporó a sus fuerzas y mas tarde estuvieron en Ayacucho  en los ejércitos de rey. En esas frígidas y lejanas regiones fueron cayendo muchos piuranos, inclusive los que fueron capturados por Olañeta.

  Los piuranos del Batallón Nº 4, lucharon directamente bajo las órdenes del coronel Blanco, que los condujo a Viluma de allí a Cochabamba, mientras que Lanza tomaba la dirección de los altos de Colomi.  Un año más tarde un día antes de la Batalla de Ayacucho, un grupo de 15 soldados del ejército realista se pasó a los patriotas.  Fueron ellos los prisioneros de Alzuri que habían sido incorporados a los ejércitos del rey.  Posiblemente entre ellos hubo varios piuranos.  Los demás que permanecieron con Blanco, siguieron luchando contra Olañeta, hasta que a raíz del triunfo de Ayacucho pudieron vislumbrar el  retorno a la Patria.

            Sucre con sus fuerzas debió haberse unido a Santa Cruz, pero lo hizo intencionadamente tarde.

            Cuando el congreso aún se reunía en el Callao, dispuso por acuerdos del 19 y 21 de junio, la creación de un supremo poder militar, con plenas facultades, que encomendó al general Sucre, dejando a Riva Agüero  solo el poder político.  Más aún por acuerdo de fecha 22 dispone que “el Presidente de la República don José de la Riva Agüero, ha cesado en el ejercicio de sus funciones en los puntos que sirven de teatro a la guerra”. Es decir, que en esos lugares Sucre tenía amplias facultades políticas y militares.

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EL GOBIERNO DE TRUJILLO

 

            Al día siguiente, el congreso, basado en una conversación verbal que Riva Agüero había tenido con el presidente del congreso Justo Figuerola y dos diputados de que estaba llano a renunciar, y sin esperar que Riva Agüero hiciera efectiva su renuncia, procedió a renunciarlo, decretando que quedaba “exonerado del gobierno”, que se le expedía pasaporte para que se retirase del territorio de la república y que se encomendaba en forma transitoria los aspectos administrativos del gobierno al Ministro de Relaciones Exteriores don Francisco Valdivieso.

            Don Justo Figuerola presidente del congreso y don Martín Ostalaza, secretario, se negaron a firmar este Decreto, que por otra parte Riva Agüero, a pesar de la presión de los diputados colombianos se negó a reconocer.

            Fue entonces cuando se trasladó a Trujillo.

            En el grupo de diputados que también viajó a la ciudad norteña, había 7 que eran enemigos acérrimos de Riva Agüero, los que eran el Rector del Seminario de San Carlos y San Marcelo de Trujillo D. Juan Antonio de Andueza, Mariano José de Arce, Ignacio Ortiz de Zevallos  (colombiano),  Francisco Javier Mariátegui, Manuel Antonio Colmenares, Mariano Quesada y Manuel Ferreyros.

            Al llegar a Trujillo, los diputados le pasaron una nota a Riva Agüero pidiéndole dispusiera el acondicionamiento de un local para sesionar, lo cual implícitamente significaba que se le seguía reconociendo.

           

            Pero la pugna continuó entre el fraccionado congreso y Riva Agüero, ya que éste apenas llegó o sea el 29 de junio desconoció la legalidad de los actos dictados por el congreso en el Callao, por falta de quórum.

            Tampoco en Trujillo había logrado reunirse el número legal de diputados de tal manera que los acuerdos resultaban viciados, no obstante lo cual persistían en tener la representación nacional.

 

            El congreso empezó a funcionar en Trujillo en la residencia de don Pedro Urquiaga, Presidente (Prefecto) del Departamento.

            El 19 de julio, Riva Agüero remitió al congreso una larga exposición justificando que en esos momentos el congreso se recesara.  El documento fue enviado, por intermedio del coronel Novoa y un oficial Molero, que por otra parte tenían orden de no dejar salir a los diputados del recinto hasta que no se resolviera favorablemente el pedido.  En la sala se armó un pandemonio, pues mientras unos protestaban airadamente, otros defendían con no menor calor el planteamiento de Riva Agüero, pero hay que advertir que el más acérrimo defensor del presidente, el diputado Manuel Pérez

de Tudela, no concurrió en ese día a la sesión y otros como el coronel Toribio Dávalos y el presbítero Julián Morales, se encontraban en Ancash.

 

            Riva Agüero vivía en el mismo domicilio que el coronel Manuel Pérez de Tudela y se aseguraba que éste actuaba como su asesor y era el más radical de los diputados rivagueristas.  José Pezet era un individuo intrigante, adicto al presidente, que se encontraba enfermo con paludismo desde su partida de Lima y cuyos males se agravaron en Trujillo.  El día 19 cuando la tropa rodeó el local donde sesionaban los diputados sufrió un desmayo, por cuyo motivo los oficiales lo evacuaron del local.  Sin embargo alcanzó a comentar con otros colegas lo siguiente: “Pobrecito congreso, al fin le  llegó el último día de su vida, ya había durado mucho y ahora el pobre muere de empacho, porque ha tratado de abarcar todos los poderes,  y ha pretendido tener hasta el Poder Ejecutivo, lo que lo ha empachado y ha muerto”.

 

            Días antes el coronel Pérez de Tudela, había criticado que el congreso hubiera puesto el poder militar en manos de un extranjero (Sucre) y hubiera llamado a otro más (Bolívar).  Fue refutado por el diputado Quesada Valiente, que le dijo era sin honor, sin religión, ni conciencia y que merecía ser fusilado.  Esto habría motivado el destierro de Quesada de Trujillo.

 

            Los diputados Rafael Miranda y Martín Estolaza, defendieron a Riva Agüero ardorosamente y fueron duramente refutados por Andueza, Ortiz de Cevallos, Mariátegui,  Colmenares, M. Quesada y Ferreyros.  Los insultos menudearon e inclusive tocaron a la persona del presidente, por cuyo motivo éste los embarcó rumbo al sur en la goleta “Veloz” para ser puestos a disposición de Santa Cruz.

            Los diputados piuranos, sacerdotes Diéguez y Arrunátegui, tomaron partido por Riva Agüero, pero actuaron en forma muy medida.

            El 30 de julio salió huyendo de Trujillo el diputado Pezet y por tierra se dirigió a Lima, pues sabía ya que el ejército español había abandonado la capital.  De esa forma fue de los primeros que traicionó a Riva Agüero, motivo por el cual envió en su persecución a dos oficiales que alcanzaron a Pezet en la costa de Santa.  Dado el lastimoso estado en que se encontraba se compadecieron de él y lo dejaron proseguir.

            Otro tanto hizo el diputado Rafael Miranda que en Huanchaco tomó el bergantín  “Serafín” en el que se dirigió al Callao a donde llegó el 14 de agosto.

           

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RIVA AGÜERO CREA UN SENADO

 

         El mismo día 19 de julio que Riva Agüero disolvió el resto del congreso que sesionaba en Trujillo, creó en su lugar -y mientras se convocaba a elecciones para un nuevo congreso- un senado compuesto por diez diputados en representación de los diez departamentos del Perú.  Ellos fueron:

 

Nicolás Araníbar ……………………Por Arequipa

Toribio Dávalos……………………..Por La Costa

José Pezet……………………………Por Cuzco

Rafael Miranda……………………...Por Huamanga         

Justo Figuerola………………………Por Huancavelica

Larrea y Loredo……………………..Por Huaylas

Manuel Arias………………………..Por Lima

Francisco Salazar…………………....Por Puno

Hipólito Unánue……………………..Por Tacna

Martín Ostalaza……………………...Por Trujillo

 

            Como secretario, con rango de senador, el diputado Juan Cevallos.

            Prácticamente, sólo dos diputados piuranos no habían recibido un cargo dentro del senado.

            La composición del senado se fue modificando en los cinco meses de su existencia, porque muchos de sus integrantes fueron desertando.  Los primeros como ya se dijo, fueron Miranda y Pezet.  Luego siguieron Hipólito Unánue y Justo Figuerola, que  se incorporaron al congreso que desde el 6 de agosto se había reinstalado en  Lima.

            Manuel Pérez de Tudela, fue nombrado Ministro Suplente de Guerra y Marina.

            La mayoría de los senadores desertaron bien pronto, por cuyo motivo, se les reemplazó por otros.  Sólo Dávalos y Ostalaza se mantuvieron hasta el final.

 

            La forma como se apartaron del senado  sus primeros integrantes fue la siguiente:

 

            Araníbar  Nicolás: Se reincorporó al congreso reinstalado en Lima el 6 de agosto.

         Dávalos Toribio: Permaneció fiel hasta el fin.

            Pezet José: Se fugó el 30 de julio.

            Miranda Rafael: Se fugó a fines de  julio.

            Figuerola Justo: Se reintegro al Congreso el 6 de agosto.

            Larrea Loredo: de Comisión a Chile.

            Arias Manuel: se fue  el 6 de agosto estaba en Lima.

            Salazar Francisco (general): El 6 de agosto estaba en Lima

            Ostolaza Martín: Siguió  hasta el final

            Juan Cevallos (secretario): El 6 de agosto estaba  en Lima

 

            Por la relación anterior se puede apreciar que en esos tiempos lo que se llama integridad, no era cosa que se tenía muy en cuenta.  Los hombres mostraban una volubilidad tremenda.

 

            Fueron reemplazando a los anteriores, los siguientes diputados:

            Tomás Diéguez de la Florencia

            Manuel Pérez de Tudela

            Manuel José Arrunátegui

            Julián Morales

            Felipe Cuellar

            Crl. José de la Torre Ugarte

            Crl. José María Novoa

            Los cuales acompañaron a Riva Agüero hasta el final.  Hay que hacer notar, sin embargo, que los diputados piuranos se las arreglaron para incorporarse al Congreso de Lima, cuando Riva Agüero fue depuesto.

 

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PIURA  APOYA A RIVA AGÜERO

 

            Prácticamente todo el territorio liberado, respaldaba decididamente a Riva Agüero, y  eso queda demostrado por la adhesión de todos los pueblos del norte.

 

            También contaba Riva Agüero con la adhesión de las masas populares de Lima, pero esas no se pudieron manifestar en su oportunidad, porque estuvieron bajo control del ejército  de Canterac primero y de las fuerzas colombianas de Sucre y Bolívar más tarde.

 

            El ejército peruano que era fiel a Riva Agüero no se podía manifestar a su favor porque estaba luchando en el sur y además quedó al final deshecho.

 

            En Piura, el marqués de Salinas,  que reclutaba soldados, fue fiel a Riva Agüero al igual que las demás guarniciones militares, municipios y pueblo en general, lo cual lo exteriorizaron públicamente.

 

            Piura le envió la siguiente adhesión.

 

            Excelentísimo Señor Presidente Don José de la Riva Agüero.

 

            Piura, segunda ciudad del Perú que levantó el pendón de la independencia, no se ha resentido por unos acontecimientos que están en razón, con la alternativa de los combates cuando el enemigo no ha decaído, ni se han agotado nuestros recursos.  La constancia y la unión dirigidas por la sabiduría, decidirán nuestra santa lucha, y todo nos lo presenta lisonjero, cuando  salvándose el Gobierno  que sostiene el orden, nos presenta otra Atenas combatida por el orgullo de los persas, y en vuestra excelencia el apoyo de nuestra república.

 

            La ilustre Municipalidad, a nombre del Pueblo, por quien representa, ratifica a Vuestra Excelencia, los más íntimos sentimientos de su Patriotismo, y le ofrece contribuir como tiene acreditado con la resolución de vencer o morir, que es la divisa de los pueblos libres.  Municipalidad de Piura. Julio 23 de 1823.-Dios Guarde a Vuestra Excelencia, para honra y seguridad de la República.

 

         Miguel Jerónimo Seminario  y Jaime.- Manuel Diéguez, Andrés Rodríguez, Francisco Camacho, Pío Garrido.

 

            Aún cuando la redacción es ampulosa, rebuscada y oscura, sin embargo, deja bien claro la total adhesión al presidente Riva Agüero, en los momentos iniciales de su pugna con el congreso.

            Esta comunicación, fue sin duda el motivo por el cual nunca Bolívar simpatizó con Seminario y Jaime.

 

            San Lucas de Colán, también hizo conocer a Riva Agüero, su adhesión en la forma siguiente:

            “Agitado según el orden natural, el proceloso mar de nuestra regeneración política, nada debemos de temer que el piloto diestro, se halle en el pleno uso de sus facultades para salvarla.

            Este Cabildo ha visto en la Gaceta del Gobierno, hallarse Vuestra Excelencia en la Capital del Departamento y nada puede alentar más su patriotismo, por lo que no se demora en felicitarlo y ofrecerle con el mayor rendimiento sus respetos.- José Santos Allegan, José Antonio de Payta, Alcalde de la 1ra. Nominación, Eugenio Ponset, Alcalde de Segunda Nominación-Por los Regidores, Manuel Sánchez, Procurador General, José Bitranro, Secretario”.

 

            Un poco más tarde, cuando ya los acontecimientos habían creado un mayor distanciamiento entre Riva Agüero y el congreso con Torre Tagle, La Punta (Sullana), se hace presente, el 22 de agosto y dice:

            Venerado Señor.  La Patria sobresaltada con los aciagos acontecimientos de la guerra,  según la pertinacia del enemigo, no ha desmayado porque tiene a su sombra al más benemérito padre a la cabeza de sus tropas y mando.  Nunca los peruanos tendrán que arrepentirse del voto solemne que hicieron al pie del ara.  Y, como Ministro encargado de una parte del rebaño, he elevado un sacrificio (misa), por el bien y buen acierto de Vuestra Excelencia, al ver las sabias disposiciones   con que aspira a la conclusión de una vana guerra  desoladora de los pueblos al orden que debe de regir en un tiempo tan crítico y que éste haya sido por medio de un Senado que deba dar el honor debido a los pueblos y mis conciudadanos.

            Vuestra Presidencia, como Presidente Supremo de la República Peruana, deberá de oír  los clamores de sus habitantes y los plácemes que se dan al verse gobernados por Vuestra Excelencia.

            Tengo el Honor de hacer presente a Vuestra Excelencia, mis deseos y mis peticiones al Altísimo, para que conservando su vida podamos vernos libres de la crueldad.  Así lo apetece un humilde Ministro, que aspira por el honor de su Madre Patria y que  en su defensa ofrece su sangre, y  sólo Vuestra Excelencia, podrá librarla de los males que la amagan. Soy  el más respetuoso y atento cappn. Que besa la mano de Vuestra Excelencia.- José de los Santos Vargas Machuca.

 

            Vargas Machuca fue Párroco de La Punta desde 1814 hasta 1831 y llegó a ser congresista.

 

            El cabildo de Paita envió a Riva Agüero una comunicación de adhesión el 5 de noviembre, cuando ya Bolívar había roto con el presidente peruano y se preparaba para atacarlo militarmente.  Riva Agüero en esos momentos representaba los ideales nacionalistas y peruanistas, que no deseaba mandatarios extranjeros en el suelo patrio, ni  españoles, ni colombianos.

            El mensaje es el siguiente:

 

            Excelentísimo Señor Presidente de la República

            Gran Mariscal don José de la Riva Agüero

            Excelentísimo Señor.

            El Cabildo de la Ciudad de San Francisco de Payta y Puerto de la Buena Esperanza, por sí y a nombre de sus habitantes dice: Que convencido desde muy atrás de los grandes sacrificios que ha hecho Vuestra Excelencia por la Libertad, y en el día, de los prodigios políticos que está obrando con el objeto de consolidarla, no puede desentenderse de prestarle su consentimiento,  a fin de que Vuestra Excelencia, ejerza el Supremo Mando de la República, como  Presidente de ella, sin que ningún otro  interin  se concluya la guerra, pueda serlo, pues el Congreso legítimo que ha de formarse a su debido tiempo, compete depositar las riendas del Gobierno  en otro  peruano, esto es, cuando Vuestra Excelencia tenga por conveniente dimitir el mando,  que no deberá ser; sino después de concluir con los enemigos  exteriores e interiores, y mientras esto se verifique, los paiteños no perdonarán ningún medio para sostener a Vuestra Excelencia, como el único apoyo que tiene el suelo de lo…(roto)….Incas para conservar sus imprescriptibles derechos y hacerse respetar de cualquier tirano.- Dios Guarde a Vuestra Excelencia muchos años.- Payta, Noviembre 5 de 1823.-

            Domingo Talledo, siguen  siete firmas.- Juan Camilo Ruiz de Aranda.- Secretario.

            Como se puede apreciar, en esta comunicación  hay veladas y duras referencias a  Bolívar.

 

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TORRE TAGLE 2DO. PRESIDENTE DEL PERÚ

 

         Los ejércitos de Canterac desocuparon Lima el 16 de julio y al día siguiente Sucre retornaba a la capital y recién decidía salir con parte del ejército al sur para apoyar  la expedición de intermedios de Santa Cruz                                                                                                                                                                                                          

        

         El mismo 17, expidió un Decreto encargando el poder del cual estaba investido por el congreso, a Torre Tagle.  En el mencionado decreto se establecía que Torre Tagle estaría provisionalmente “en tanto llegan los Magistrados de la República”.  El mismo Sucre escribió de inmediato a Riva Agüero para que a la brevedad viajara a Lima a encargarse del mando supremo.  El 18 de julio en momentos en que Sucre salía de Lima, Torre Tagle expedía un decreto declarando a todas las provincias del Perú en estado de Asamblea con el claro objeto de sustraer los territorios del norte a la autoridad de Riva Agüero

            Ese Decreto fue rechazado en Piura y en otros lugares que confirmaron su adhesión a Riva Agüero.

 

            El 21 de julio, en  Lima, por medio de un bando se conocía que Sucre dejaba el poder a Torre Tagle que queda encargado solamente hasta la llegada del Gobierno Supremo.

 

         El 23 de julio, Torre Tagle en cumplimiento de una orden que le dejó Sucre expedía un decreto, cesando en sus funciones a 13 diputados que se habían quedado con los españoles y se les abría juicio.  Eso implicaba que prácticamente el congreso quedaba en realidad disuelto confirmando lo hecho por Riva Agüero.

 

            El 2 de agosto, Torre Tagle le escribe a Riva Agüero  reconociéndolo como Presidente de la República y ofreciéndole entregar el mando.

 

            Los trece diputados, acuden donde Torre Tagle para que levante la amenaza de sanción. 

 

            Desde el 23 de julio los diputados colaboracionistas y los enemigos de Riva Agüero se movieron activamente en Lima sacando firmas para un memorial dirigido a Torre Tagle, en el que le pedían convocar al congreso disuelto en Trujillo, asegurando que los 13 diputados que se habían quedado en Lima, eran patriotas y por falta de medios económicos no habían viajado.

 

            Impresionado Torre Tagle y por debilidad o quizá más que todo por interés, porque había la oferta de hacerlo Presidente, se olvidó de la carta del día 2 a Riva Agüero y el día 5 hizo conocer que el 6 debía reinstalarse el congreso con los diputados propietarios o suplentes que existieran en Lima y que los 13 que habían quedado en Lima quedaban hábiles y exonerados de  culpa.

            De ese modo y con una gran mayoría de suplentes, reinició sus funciones el congreso, el 6 de agosto de 1823.

 

            El congreso cumplió  con Torre Tagle y el 16 de agosto expedía el siguiente Decreto.

            Por cuanto se halla vacante la Presidencia de la República por haber sido exonerado de este cargo don José de la  Riva Agüero, en virtud del Decreto del 23 de Julio último;

            Se ha venido en nombrar Presidente de ella al gran mariscal Don José Bernardo Torre Tagle.

 

            A Bolívar agradó mucho el nombramiento de Torre Tagle porque convenía a sus ocultos propósitos y por eso desde el Ecuador escribía a Mosquera en Colombia, la siguiente carta que lo pinta entero:

 

            “Es preciso trabajar para que no se establezca nada en el País (se refería el Libertador al Perú) y el modo más seguro es dividirlos a todos.  Riva Agüero con los diputados y ofrecer a éste el apoyo de la División de Colombia para que disuelva el congreso, es excelente.   Es preciso que no exista ni simulacro de Gobierno y esto se consigue multiplicando el número de mandatarios y poniéndolos a todos en oposición.  A mi llegada, el Perú debe ser un campo rozado para que yo pueda hacer en él lo que convenga”.

 

            De esta forma se puede apreciar la siniestra intención de Bolívar y la intriga y doblez de Sucre para con el Perú.  Por eso es que no pocos peruanos llegaron a percatarse que Bolívar, resultaba a los intereses del Perú, peor enemigo que los mismos españoles y trataron de llegar con los ejércitos realistas a un acuerdo para lograr en conjunto un Perú independiente.  Bolívar a todos ellos los llenó de escarnio y de oprobio, llevando a unos a la desesperación y a la muerte, y a otros  ante el pelotón de fusilamiento, como traidores.

 

            En realidad Bolívar, era para el Perú, mayor peligro que los españoles pues deseaba arrebatarle territorio (Tumbes, Jaén y Maynas) y dividir al resto (separar el Alto Perú).

 

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LOS DIPUTADOS PIURANOS EN EL SENADO

 

            El 8 de  setiembre de 1823, siguió sus sesiones en Trujillo, el senado nombrado por Riva Agüero.  En Lima,  como se sabe, se había reinstalado el congreso desde el 6 de agosto y diez días más tarde ya concurrían a él 45 diputados entre suplentes y titulares.

            El senado de Trujillo reunido el 8 de setiembre, estuvo conformado por José María Novoa, Manuel Pérez de  Tudela, Martín de Ostolaza, Tomás Diéguez, Felipe Cuellar, Manuel José de Arrunátegui y Alonso Cárdenas.

 

            Lo primero que hizo el Senado, fue nombrar al general de brigada don José María Novoa como vice-presidente de la república y al coronel Pérez de Tudela como ministro de guerra y marina suplente.  De igual manera se acordó enviar un mensaje de saludo a Bolívar.

 

            Hay que recalcar que Riva Agüero había proyectado  con Pérez de Tudela dirigirse a Guayaquil para hablar con Bolívar, pero desistieron cuando a fines de agosto conocieron que estaba ya por llegar a Lima, en donde entró con gran pompa al estilo de los antiguos virreyes el 1ro. de setiembre.

 

            El senado se ocupó de la llegada a Buenos Aires de comisionados del rey de España, al igual que lo hecho con Méjico para llegar a un acuerdo con estos países dentro de lo que estaba comprendido el reconocimiento de la independencia.  Se discutió sobre la posibilidad de hacer lo mismo con el virrey, bajo la base precisa del reconocimiento de nuestra independencia.

 

            El senado, acordó en sesión del 23 de setiembre conceder al piurano Juan Antonio Távara, en forma permanente el empleo que tenía interinamente de Asesor Departamental .  Era  Távara amigo personal de  Riva Agüero.

            Acordó el senado, otorgar tierras baldías a los soldados  y oficiales del ejército nacional.  Esto como se puede apreciar estaba destinado a mantener la fidelidad de las fuerzas militares, pues los desertores perdían tales propiedades.

            El 7 de octubre se trató sobre las plazas vacantes y de las ternas para cubrirlas.  Esto como es lógico suponer se haría sólo gobierno..

            Se discutió el 14 de octubre sobre una falsa alarma, de acuerdo a lo cual, tropas adictas a los disidentes de Lima habían desembarcado en Moche.  Para una eventualidad de esa clase se decidió que el senado se dirigiera a Cajamarca o a Huaraz, según las circunstancias.

            El senado, declaró nulo el nombramiento que había hecho Sucre cuando estaba en Quito, de un gobernador para Maynas en la persona de Antonio Lemus.

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RUIDOSO PROCESO ECHANDÍA DEL CASTILLO

 

            Hasta el senado de Trujillo, llegó el problema que se suscitó en torno al matrimonio de un par de adolescentes piuranos.  Una cuestión que ahora pasaría totalmente desapercibida, tomó en esa época las connotaciones de gran suceso, más que todo porque había de por medio familias muy conocidas entre cuyos miembros Piura y el Perú tuvieron personajes ilustres que nos llenan de orgullo.

            Se trató del matrimonio que habían contraído en Piura, los adolescentes José Antonio Echandía Ramos con Josefa del Castillo y Talledo de Velásquez de Tineo.

            Transcribimos tal como están consignadas en las  Actas de Sesiones, las discusiones que el suceso originó en senado de Trujillo.

            En la sesión del 14 de octubre de 1823, se leyó el recurso de don Santiago León y Valdivieso, defensor de los menores José Antonio Echandía y Josefa del Castillo, mandados a comparecer del lugar de su nacimiento (Piura) a Trujillo, por el Gobernador Eclesiástico (Cleto de Gamboa), no obstante el estado de preñez de Josefa, de lo cual resultó que abortase.

            Estaba  acusada de haber contraído precipitadamente matrimonio prohibido por el Concilio de Trento y concurría ante el senado, el abogado León por no haber tribunal ante quien pueda hacerlo en apelación, al pronunciamiento del Juez Eclesiástico, que además de la infamia con que cubre a los menores mencionados, ha sido causa del aborto de doña Josefa del Castillo. La madre del menor, doña Clara Ramos de Echandía, representada por el  abogado León.

            El senado consideró que mientras se instalaba el Tribunal de 2da. Instancia mandado a formar por Decreto Supremo, había que resolver por el senado este problema, habiéndose acordado que el Gobierno Eclesiástico, informase.

            En sesión del día 21 de octubre, se leyó el informe del gobernador eclesiástico y el 23 se dieron lectura a los autos, advirtiendo el senado que los autos estaban diminutos por no existir en ellos la orden que dio origen a que el referido León concurriese  en él, por vía de protección. Decretó que se reintegrase el proceso acompañando dicha orden, pasándose al  efecto al gobernador eclesiástico el oficio de estilo, con inserción del decreto.

 

            Por fin, en sesión del 8 de noviembre, observándose que el casamiento de los contrayentes está repetidas veces manifestado, y de tal manera que no deja dudas del deseo de ambos de casarse, se acordó “que no era necesaria la comparecencia de doña Josefa ante el senado para manifestar su voluntad tantas veces declarada.   Tanto por esto, como porque el expediente sólo debió girar sobre la pena que debió aplicarse a Echandía y a la Castillo, por un paso tan imprudente, como por el haberse presentado ante el párroco de Piura a pesar del impedimento que tenían para contraer matrimonio, y  sobre si podía o debía otorgarse la dispensa necesaria para su enlace, se creyó conveniente que el Excmo. Señor Presidente de la República, rogase y encargase al Señor Gobernador Eclesiástico, la concediese en base a que los menores arrastrados por una pasión fomentada, desde su principio, ignorantes de las leyes no podían tener toda la malicia en un delito que es castigado severamente por los tribunales y que aplicándoles una pena suave, conforme a la indulgencia y piedad de la Iglesia, se ha consultado el decoro de ésta, el respeto a la autoridad y la tranquilidad y el honor de una familia distinguida”.

 

            Doña Clara Ramos estuvo casada con el español Miguel de Echandía desde el 22 de  setiembre de 1781.  Él había sido Contador Real de la aduana de Saña y más tarde de la de Piura. José Antonio con el tiempo  llegó  a ser tío del famoso coronel Fernando Seminario y Echandía.

 

            Josefa era hija de don Miguel Serafín del Castillo y de doña Eufemia Talledo y Vásquez de Tineo.  Con el tiempo llegó a ser tía del héroe Miguel Cortés del Castillo y tía abuela de don Miguel Grau Seminario.

 

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CATACAOS Y PIURA DISPUTAN TIERRAS DE TACALÁ

 

            En diciembre de 1823, se volvió a revivir la vieja disputa de tierras que desde tiempo inmemorial sostenían la ciudad de Piura y su vecina Catacaos.

 

            El intendente de Piura, notificó el 13 de ese mes al gobernador de Catacaos para que los representantes del municipio de Catacaos, concurrieran con los documentos que creyeran conveniente, para hacer deslinde.

 

            El problema arrancaba desde muy antiguo.  Nada menos que de 1575, cuando era alcalde ordinario de la ciudad de Piura, don Gonzalo Pietro Dávila, que por orden superior procedió a la reducción de la  población de Catacaos, trayendo a varios caciques del río Chira y de otras regiones, señalando a cada uno de ellos, las tierras necesarias para  sus parcialidades. Fue así como el cacique Pablo de la Chira, le correspondió las tierras de Cucumedades, que lindaban con las tierras del extinto don Pascual de Para y con las tierras de Yupita, las mismas que compuso el capitán Juan Lozada de Quiroga en el año 1595 con el Juez  de Visita capitán García de Paredes Ulloa.

 

            En el año 1645 el juez de tierras, don Juan  Dávalos Cuba Maldonado, hizo igual repartición de tierras entre los indios, sobrando de las 900 fanegas, la cantidad de 400 fanegas por no haber ya más indios a quien repartirlas.                      

 

            El documento que se guardaba en el Archivo de Piura, sigue  diciendo: “Estas fueron compuestas por el Dr. Juan de Mori, a favor de dichos indígenas con el mismo compositor en cantidad de 600 pesos apropiándose para sí, de 200  fanegas.  El citado pueblo de Catacaos, apoyándose en la composición de Cuba Maldonado, se ha introducido hasta el punto de Tacalá, apropiándose esta extensión, que corresponde a la ciudad (de Piura)”.

 

            Tres años más tarde, o sea en diciembre de 1826, continuaban las citaciones, sin haberse resuelto el problema.  Las notificaciones las formulaba don Miguel Seminario y Jaime, como gobernador de Piura.

 

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RIVA AGÜERO ES DEPUESTO

 

            Entre Riva Agüero y Bolívar se cruzaron por mucho tiempo una serie de comunicaciones de muy diverso tono.  En unas Bolívar trataba a Riva Agüero en forma exageradamente dura, motivando como era natural, las reacciones contrarias del presidente.  En otras comunicaciones, en cambio, le proponía unir las fuerzas para atacar a los españoles por el centro.  Pero Riva Agüero desconfiaba mucho de Bolívar.

 

            Mientras tanto el presidente, no perdía las esperanzas de llegar a un acuerdo con el virrey la Serna sobre todo en esos momentos en que España estaba invadida por un ejército de 100 mil franceses enviado por  los Borbones que había sido  restaurados en el trono de Francia. Se  trataban de imponer otra vez el absolutismo en Europa para barrer con las ideas liberales dejadas por Napoleón en ese continentec Precisamente en España el rey Fernando VII había sido obligado a aceptar una constitución liberal y los ejércitos franceses trataban de apoyar  a Fernando, pero como rey absolutista.

 

            La Serna era un liberal dentro del sentido un tanto estrecho del concepto y Riva Agüero creyó que  podía lograr un trato con él, sobre la base del reconocimiento de la independencia del Perú.  Era Riva Agüero al igual que San Martín  de ideas monárquicas y por eso proponía a la Serna la creación de un reino independiente.  Ni más ni menos que todo lo propuesto por  San Martín en las Conversaciones de Punchauca.

 

            También escribió  Riva Agüero a San Martín invitándolo a venir al Perú para entregarle el mando del ejército, pero el Protector se negó terminantemente aceptar.

 

            Mientras tanto el congreso había declarado traidor a Riva Agüero y que premiaría como benemérito al que lo capturase vivo o muerto,  así como si fuera un vulgar malhechor.

 

            Riva Agüero tenía como uno de sus más fieles partidarios al coronel De la Fuente, al cual envió como su delegado ante Bolívar para discutir puntos para un advenimiento.  El coronel peruano sufrió sin duda alguna la  influencia de la poderosa personalidad del Libertador y más aún cuando éste le mostró documentos, que habían sido interceptados y que probaban que Riva Agüero estaba en tratos  con los españoles.  En realidad, los intentos de un armisticio o de una terminación de la guerra por medios pacíficos nada tenían de particular ni de extraño, pero Bolívar pintó a De la Fuente, como que las cosas tenían características de una traición.  Por eso, al retornar De la Fuente a Trujillo, en la mitad de la ruta, ante nuevos documentos que consideró como comprometedores, resolvió deponer a Riva Agüero y estando en Santa, comprometió al sargento mayor Ramón Castilla para que de sorpresa se apoderase del general Herrera que estaba en ese lugar y era jefe supremo de las fuerzas de Riva Agüero.

 

            En Trujillo, a De la Fuente no le fue difícil apoderarse de Riva Agüero en una forma sorpresiva lo mismo que de sus principales colaboradores, pero no se atrevió a fusilarlos como había sido la orden de Torre Tagle.

 

            La deposición de Riva Agüero fue el  25 de noviembre de 1823, y el senado había estado funcionando hasta el día 18.

 

            El 8 de noviembre aún estaba Diéguez en Trujillo, porque había recibido encargo del senado de elaborar un reglamento para la creación de un Banco Patriótico.

 

            También  a congresistas piuranos Tomás Diéguez de la Florencia y al P. Arrunátegui les había llegado la hora de la deslealtad.  No se sabe como, a fines de mes se las habían arreglado para incorporarse al congreso de Lima y actuar como si nada hubiera pasado.

 

            Inicialmente fue intención de De la Fuente enviarlos presos deportados a Chile, pero luego decidió embarcarlos a Guayaquil, porque si iban al Sur podían ser libertados por Santa Cruz o Guise.

 

            Desde Huanchaco se envió a Guayaquil a Riva Agüero, al general Herrera, a los coroneles Tudela, Dávalos y Torre Ugarte, al congresista Amaya y a fraile Eusebio Casaverde.

 

            Riva Agüero, el general Herrera y sus fieles, fueron vejados y tratados duramente en el tiempo que estuvieron prisioneros, 40 días en Guayaquil.  Los transbordaron  hasta a tres barcos, en uno de los cuales a pesar de que estaba infestado de ratas, no tuvieron ni catres, ni camarotes y se les tuvo en cubierta.  En otro, estuvieron sobre la cubierta, totalmente a la intemperie, sin protección contra el sol tropical y contra la lluvia que arreciaba por esa época del año.  Posteriormente, fueron desembarcados en puerto y mantenidos otros 10 días en una prisión, cargados de grillos.  Era en resumen un trato indigno a quien después de todo hacía pocos días era el presidente del Perú.

           

            El 20 de diciembre, arribaba Santa Cruz a las costas del departamento de la Libertad, con 300 de sus soldados.  Otros habían desembarcado en Pisco.  Ignoraba Santa Cruz la suerte que había corrido Riva Agüero y venía a unírsele con la escuadra que comandaba Guise.  También estaban en camino 300 soldados chilenos, que eran parte de los tres mil que habían ofrecido el gobierno de O’Higgins y que llegaron tarde a Arica por cuyo motivo tuvieron que regresarse en su mayor parte, sin combatir.

 

            El desembarco de los contingentes peruanos se efectuó por el puerto de Huanchaco.  Desalentado Santa Cruz por no haber podido ayudar a su compadre y amigo solicitó permiso pretextando estar enfermo y viajó a Piura en donde tras de estar pocos días visitando viejas amistades, se retiró al extranjero.  Retornaría al año siguiente.

 

            Guise en cambio no quiso darse por vencido y en un primer impulso pensó dirigir la escuadra rumbo a norte y apoderarse de  Guayaquil para libertar a Riva Agüero.  Fue disuadido y entonces pidió a Bolívar la libertad del ex presidente y de sus amigos a lo que accedió el Libertador, autorizando la expatriación de los detenidos.  Personas generosas de Guayaquil y amigos del Perú, hicieron una colecta y pagaron los pasajes de los desterrados.

 

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JOSÉ FÉLIX JARAMILLO ACUSA A TENIENTES GOBERNADORES

 

            El comandante José Félix Jaramillo, uno de los vencedores de Pichincha, se encontraba en el mes de noviembre de 1823 como contador general del partido  de Piura.

            El 4 de noviembre escribía a Riva Agüero lo siguiente:

            “Excelentísimo señor: Según tengo notado desde mi ingreso a ésta, en el orden de funcionario público; los tenientes gobernadores perjudican lo relativo al servicio, en vez del buen desempeño.  Estos son unos hombres, cuyos fondos de subsistencia no les permiten dedicarse al cumplimiento de sus deberes y los expone a cohechos y demás bajezas anexas a unos funcionarios sin renta, sin conocimientos, ni delicadeza, pues a la mayor parte de ellos, el patrimonio que les acompaña en el mando, es el  orgullo, abatir a las municipalidades y no hacer nada de los que se les manda por muy importante que sea.  En cuya virtud, me parece  consecuente a mejor servicio de la República, que caducasen enteramente estos destinos, ordenando vuestra excelencia que sus funciones recaigan en los Alcaldes de  1ra. Nominación de los Pueblos, con eso estoy seguro que no siendo más que un año, cuidarán muy bien de cumplir correctamente, dando cuenta de su administración, en una severa residencia.- Dios Guarde a su Excelencia muchos años.- José Jaramillo.”

 

            Como se sabe, Riva Agüero fue depuesto días más tarde de tal manera que no se sabe si habría o no aceptado la sugerencia de Jaramillo para que se reemplazara a los tenientes gobernadores por los alcaldes de 1ra. nominación en los que veía la ventaja de que sólo eran elegidos por un año, y al término del cual se les seguía un Juicio de Residencia para que dieran cuenta de su labor.

 

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VIRGEN DE MERCEDES PATRONA DE LAS ARMAS

 

            El congreso, en reconocimiento a la  “especial protección del Ser Supremo” por mediación de la Santísima Virgen de Mercedes en los acontecimientos felices para las armas de la Patria, durante la lucha emancipadora de América. Ha venido a decretar y decreta:                                                                              

 

            Que se declara a la Virgen Santísima de Mercedes, Patrona de las Armas de la República.”

 

            El decreto tiene fecha 22 de setiembre y el 23 firmó Torre Tagle, siendo publicado el 24 en la Gaceta del Gobierno.

 

 

 

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