Capítulo XII

 

 

C A P I T U L O      XII

 

 

PIURA BAJO EL REGIMEN DE BOLÍVAR

 

 

 

-          La constitución de 1823

-          El régimen interior de la república                   

-          La jura de la constitución del Perú en Piura    

-          Grave incidente con Ramón Castilla               

-          Año lluvioso en 1824                                          

-          Sánchez Carrión tiene mala opinión del Gobernador de Piura

-          Trinidad Morán en Piura

-          Torres Valdivia asume mando militar

-          Exoneran a Piura de cupo de 8000 pesos

-          General Salazar pide residir en Piura

-          Entrega de los Castillos del Callao

-          Bolívar busca dinero a como diera lugar  

-          Requisan objetos de plata de las iglesias

-          Construcción de templos y capillas

-          Trujillo informa sobre la requisa en Piura

-          Francisco Távara visitador de tierras

-          El coronel Lira Gobernador de Huancabamba

-          Reacción realista en Huarmaca

-          Subrogan a cura de Colán

-          Deportan españoles a Guayaquil

-          Nombran a intendentes

-          Complot contra Bolívar

 

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LA CONSTITUCIÓN DE 1823

 

            En la sala de sesiones  del congreso, el 12 de noviembre de 1823,  o 4to. de la Independencia y 2do. de la República se dio la Constitución del Perú de 1823.

 

            La firmaron 55 diputados, no habiéndole hecho ninguno de Piura, por cuanto aún, no habían llegado a Lima Diéguez y Arrunátegui  que por esos días se aprestaban a desertar del bando de Riva Agüero.

 

            La constitución contaba con 194 artículos.  El artículo primero revelaba la preocupación  de los convencionales, por asegurar la plasmación de la nación peruana y por eso decía: “Todas las provincias del Perú, reunidas en un solo cuerpo forman la nación peruana”.

            Cerraba el paso a toda pretensión monárquica en el artículo 2do. que decía: “Esta (la nación) es independiente de la monarquía española, y de toda dominación extranjera; y no puede ser patrimonio de ninguna persona ni familia.

            El concepto que tenía de soberanía era diferente  al que se tiene ahora y en el artículo 3ro.  expresaba: “La soberanía reside esencialmente en la nación…”

            Se ponía al hombre antes que al Estado, cuando decía  “La nación no tiene  facultad  para decretar leyes  que atenten a los derechos individuales”. Bella expresión, que  las leyes de la república no siempre respetaron.

            No obstante, las ideas profundamente liberales de los diputados, eran también fervientes católicos, por  eso a diferencia de los convencionales de la  Revolución Francesa, se establecía que “la religión de la República es la católica, apostólica y romana, con exclusión del ejercicio  de cualquier otra”. Es decir que no había libertad de cultos.

            Determinaba la constitución quienes eran peruanos, y establecía que nadie nacía esclavo en el Perú. Se prohibía el comercio de esclavos y se sancionaba al que ejercía ese comercio.  La constitución sin embargo, nada decía de los que aún  eran esclavos. Su situación siguió igual hasta que Ramón Castilla  abolió la esclavitud.

            La ciudadanía se adquiría a los 25 años o al casarse.  Además se debía saber leer y escribir, y tener propiedad, o ejercer profesión oficio u ocupación.

            La constitución establecía los requisitos para que un extranjero pudiera adquirir la ciudadanía peruana.

            Para ejercer un cargo público se requería ser ciudadano.  Todos los ciudadanos son iguales ante la ley -decía el art. 23º- y no se reconocen empleos ni privilegios hereditarios.  También la constitución establecía los casos en que se suspendía o perdía la ciudadanía.

            El gobierno era popular y representativo y se reconocía la existencia de tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.  Pero todo el  Capítulo II, se destinaba al  Poder Electoral, a la forma de elegir y ser elegido.

            El Poder Legislativo lo componían los diputados elegidos por provincias y no por departamentos.  En el artículo 52º se establecía la fórmula de la juramentación de los diputados.

            El congreso debía iniciar sus reuniones el 20 de setiembre de cada año, y sesionar  tres meses seguidos.  Cada dos años, se renovaría el congreso por mitad y por sorteo.  Se reconocía la  inmunidad parlamentaria.  Al congreso se le reservaba una gran cantidad de facultades, contenidas en 31 incisos, lo que hacía del Legislativo el mayor Poder.

            Había un senado conservador, integrado por tres senadores por cada departamento.  El cargo duraba nada menos que doce años, renovándose cada cuatro años.  Entre sus atribuciones estaba la de velar por la observancia de la constitución, elegir a los empleados de la lista civil, convocar al congreso en forma extraordinaria y en forma ordinaria cuando el Ejecutivo no cumpliera con hacerlo, encausar a los magistrados, gestionar empréstitos, velar por los derechos de las reducciones andinas y de los habitantes de las tribus selváticas.

            En cuanto al Poder Ejecutivo, consideraba a un presidente y a un vice-presidente.

 

            El presidente era responsable de los actos de su administración.  Era jefe de la administración pública y de la fuerza armada.  Promulgaba, mandaba a ejecutar y cumplir las leyes. Declarar la guerra de acuerdo a las resoluciones del congreso y ajustar tratados  de paz o de alianzar o  firmar convenios con naciones extranjeras, con arreglo a la constitución.  Nombraba a los jefes del ejército y de la armada de coronel para arriba, con acuerdo del senado, lo mismo que ministros de estado y agentes diplomáticos.

            Sólo se consideraban tres ministros; de Hacienda; de Gobierno y Relaciones Exteriores y el tercero de Guerra y Marina.

 

            El Poder Judicial lo componía una Suprema Corte de Justicia con un presidente, ocho vocales y dos fiscales.  Para ser presidente de la Suprema Corte, se requería tener un mínimo de 40 años, haber servido en una Corte Superior y 10 años en el ejercicio de la profesión de abogado.

 

            En Lima, Trujillo, Cuzco y Arequipa tendrían cortes superiores.  En todas las provincias habría jueces de derecho, para lo cual se requería ser abogado, tener 30 años de edad y 6 años de ejercicio de la profesión.

            En las causas criminales intervenían  los jurados.

 

            Se prohibía la confiscación de bienes y la aplicación de penas infamantes…Sólo en casos extremos se podía aplicar la pena capital.

            Se establecía que en  el término no mayor de 24 horas se debía hacer conocer a los detenidos la causa de su arresto.  Se consagraba la inviolabilidad de domicilio.

 

            Se reconocía al Poder Municipal y se establecía la formación de Colegios Electorales de Parroquia para la elección anual de alcaldes y concejales.  Eran atribuciones de los municipios, el llamado orden, instrucción primaria, beneficencia, seguridad y salubridad, ornato y recreo.

            Se daban normas sobre la hacienda pública y sobre el Presupuesto de Gastos.  Se establecía la Contaduría General, se abolían los estancos se reglamentaban las aduanas y se reconocía la deuda pública.

            La fuerza armada de tierra estaba constituida por el ejército de  línea, la milicia cívica y la guardia de policía.  La milicia cívica se encargaría de mantener la seguridad dentro de los ámbitos de  una  provincia.  Se establecía el servicio militar obligatorio.

 

            Se reconocía la libertad de prensa y se establecía que en cada capital de departamento debía funcionar una Universidad. Las escuelas de primaria debían  existir en todo centro poblado.

            Se reconocían las siguientes garantías constitucionales; libertad civil, seguridad personal y de domicilio, de la propiedad, secreto de las cartas y derecho de presentar peticiones.

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RÉGIMEN INTERIOR DE LA REPÚBLICA

 

            La constitución establecía en su artículo 7mo. Que el territorio se dividía en departamentos, estos en provincias, la provincias en distritos y éstos en parroquias.

            Al frente de cada departamento debía  existir un prefecto, en la provincias estaban los intendentes y en los distritos los gobernadores.

 

            Los departamentos existentes al darse esta Constitución eran: Trujillo, creado por el Reglamento Provisional el 12 de febrero de 1821 o sea antes de la declaración de la independencia.

 

            Lima, creado  el 4 de agosto de 1821.  Luego por Decreto del 26 de abril de 1822 los siguientes: Arequipa, Huamanga, Cuzco, Huancavelica y Puno.

 

            El 4 de noviembre de 1823 o sea pocos días antes de darse la constitución, Torre Tagle creó el departamento de Huánuco por fusión de Huaylas y Tarma.

            El departamento de Trujillo tenía las provincias de Cajamarca, Chachapoyas, Lambayeque, Huamachuco, Pataz y Piura.

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JURA DE LA CONSTITUCIÓN EN PIURA

            En Piura, la jura de la Primera Constitución del Perú se hizo en solemne  y multitudinario acto  el domingo 27 de diciembre de 1823,  En diciembre de 1822 no aprobaron las bases de la constitución.

 

            El intendente, coronel José Ignacio Checa y Salas, lanzó desde los balcones del  cabildo una arenga al  pueblo congregado en la  plaza de armas.

            Hay que recalcar que durante el breve período del gobierno de Riva Agüero, estuvo al frente de los destinos del municipio de Piura, don Jerónimo Seminario y  Jaime.  Mucho del acontecer político piurano, gravita en torno a la figura señera de  este personaje  y  de su familia.

 

            Es decir, que Piura por ese entonces tenía autoridades  políticamente encontradas, pues mientras que el municipio hacía llegar a Riva Agüero su adhesión, en cambio el  intendente político era adicto a Bolívar.

            Como se recordará, la aprobación de la constitución por la asamblea constituyente, y el derrocamiento  de Riva Agüero fueron hechos casi simultáneos.

 

            El intendente José Ignacio Checa, era   hijo de Ignacio Checa Carasscosa, que había sido Gobernador de Loja y de Zamora, habiéndose radicado en Piura, antes de la proclamación de la independencia, cuya causa abrazó desde el principio.  En 1814 se casó con la dama piurana  Rosa Valdivieso Carrión, siendo el tronco de conocidas familias piuranas.

En enero de 1824, el prefecto de Trujillo, nombró como nuevo intendente de Piura al teniente coronel Miguel María Riofrío y apenas este desembarcó en Paita, se hizo reconocer por las autoridades del puerto. Eso se supo en Piura, y rápidamente el cabildo,  instituciones y vecinos de Piura, elevaron un petitorio a Bolívar, solicitando la permanencia de Checa en la intendencia a lo cual accedió el Libertador, pues conocía los merecimientos de Checa y su adhesión.

 

            Estaba por ese tiempo como alcalde interino –y lo siguió siendo por mucho tiempo- don Andrés Rodríguez, uno de los firmantes de la adhesión del cabildo a Riva Agüero, pocos meses antes.

 

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GRAVE INCIDENTE CON RAMÓN CASTILLA

 

            El teniente coronel Ramón Castilla, -que con el correr del tiempo llegaría a ggeneral y presidente- fue comisionado para que hiciera en la provincia de Piura, el reclutamiento o leva para incrementar al ejército libertador que se aprestaba a iniciar campaña.

            Los piuranos habían ya dado una alta cuota de sangre cuando Santa Cruz  estuvo en esta región, y una gran cantidad de hijos de estas tierras formaron la División Peruana que selló en Pichincha la independencia del Ecuador.

 

            Más tarde, los soldados de esa división fueron a luchar en la desastrosa expedición  de Intermedios y muchos murieron allá en el sur y por último, no pocos fueron despachados a las  frígidas regiones de Bolivia para luchar contra Olañeta.  Fueron muchas las familias  que nunca más volvieron a ver a los jóvenes que habían partido y  había muchos lutos.

            En esas  circunstancias, no cabía esperar que hubiera demasiado  entusiasmo, por enrolarse como soldado para luchar en remotas regiones.

 

            Los levados eran acuartelados en el cuartel del Carmen y hacia allá fue un vecino de Catacaos don Rafael Lalupú, para solicitar que dejara libre a su hijo  enrolado.    El diálogo se tornó violento, y el iracundo Castilla, mandó a dar en el patio del cuartel 200  azotes al reclamante en presencia del capitán Manuel Rejón, el mismo que había sido antes jefe político y militar de Paita Independiente.

 

            La pena de azotes como castigo infamante había sido prohibida por la recién jurada constitución, además don Ramón Castilla no era  quien para sentenciar en civiles tales castigos, de tal manera que la cuestión se tornó en grave escándalo, yendo en queja ante la intendencia y el cabildo.

 

            Se hizo la correspondiente investigación  y quedó comprobado el abuso  que había cometido don Ramón Castilla.  Como consecuencia de todo eso no pudo asumir el cargo al cual se le destinaba de Jefe Militar de Piura, y fue puesto a disposición del  comando del ejército libertador.

 

            Don Ramón había desempeñado papel importante en la deposición de Riva Agüero.  Más tarde tomó parte en la batalla de Ayacucho y cuando fue presidente no guardó rencor a Piura, pues en 1861 hizo de la provincia de Piura, un departamento.

 

            Muchos de los levados, en primera oportunidad desertaban, y eso no sólo ocurría con soldados procedentes de Piura, sino de todos los lugares del Perú.

 

            Por esos días tal como se puede apreciar por las  Actas de los Libros del Cabildo algunos  soldados piuranos del Regimiento Coraceros de la Guardia habían fugado y su captura fue encomendada al municipio,  el que manifestó que no tenía medios para hacerlo, pues los fugados se reunían en gavillas para defenderse en el campo y en los enfrentamientos, ya se habían producido muertos y heridos.   Como se puede apreciar, los desertores estaban en abierta rebelión y la situación podía tornarse grave   si su número se incrementaba.

 

            Además, el cabildo estaba muy preocupado en otros problemas, como era la epidemia de viruela que había estallado,  para  combatir la cual, se estaba gestionando la vacuna de Guayaquil.

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AÑO LLUVIOSO FUE 1824

 

            Don Víctor Eguiguren, en su estudio del régimen de lluvias en el departamento de Piura, titulado “Las  lluvias en Piura” da un cuadro sobre intensidad de las  lluvias caídas entre 1791 y 1890.

 

            En dicho cuadro se señala a 1824 con el factor 3,  de acuerdo a una clasificación del señor Eguiguren.  Según el estudio se tenía 0  para años secos, 1 para ligeras lluvias, 2 para años regulares, 3 para años buenos y 4 para años extraordinarios. Por lo tanto, 1824 fue un año bueno para agricultura,  o sea bastante lluvioso.

 

            En la sesión del cabildo del 12 de marzo se trató de las lluvias y de las inundaciones causadas por el río Piura.

            Textualmente se expresa:  Se acordó que con respecto a la inundación en que se hallan las calles de esta ciudad con motivo de las actuales aguas, el señor  juez de solares, regidor don Mariano Salazar, con asistencia del maestro mayor de albañilería, haga un prolijo reconocimiento de los edificios y que a los que encuentre en estado de ruina, obligue a los propietarios que a su costa, los derriben  para evitar los males  que son consiguientes, y que dé su  puntual cumplimiento se dé cuenta.   Asimismo, por la necesidad que en razón de víveres se experimenta en el día por igual motivo, se acordó que a más de los señores regidores que se hallan de turno, los demás señores en el presente tiempo, celen y cuiden de este importante asunto para que no se haga monopolio, ni el público sea  hostilizado.”

 

 

            En la misma sesión se denunció al concesionario  de la balsa don Pedro Alcedo que había elevado el valor d el pasaje a dos reales y hacía monopolio de los víveres, y se acordó fuera notificado para que siguiera cobrando sólo un real bajo pena de multa de 25 pesos.         

 

            Es decir que considerando el año 2.000, hacía 179 años, existían los mismos vicios, y se producían los mismos hechos sin que   nada en el fondo haya cambiado de ese tiempo acá, o sea que el río se salió e inundó la ciudad, la lluvia derribó casas, se produjo la especulación y el acaparamiento y el balsero –no había puentes- se aprovechó de la necesidad encareciendo el pasaje y el flete y contribuyendo al acaparamiento.

            ¿Son acaso todos esos males de la raza?

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SÁNCHEZ CARRIÓN TIENE MALA OPINIÓN DEL GOBERNADOR DE PIURA.

 

            Don Faustino Sánchez Carrión  fue un incondicional admirador y seguidor del Libertador Simón Bolívar con el cual sostuvo una nutrida correspondencia.

            El día 8 de diciembre de 1823, se dirigía a  Bolívar al cual llamaba “Mi muy respetado General, mi amadísimo Libertador.  En la comunicación enviada a Trujillo, le contaba Sánchez Carrión de sus enfermedades como el reumatismo, de un ataque bilioso y de diarrea. 

 

            Luego, pasa a relatarle algunos sucesos políticos que ahora se podrían calificar de chismes y era así como se expresaba en la forma que sigue:  “Ya me dicen que el señor  Tagle ha designado o trata de designar gobernadores  para Piura, Cajamarca, etc. ¿Y  que pollos?.  El que va a Piura es famoso;  esta es la cruel desventura del Perú y si V.E. no arregla todos estos gobiernos confiándolos a personas honradas y que sean de allí  mismo,  continuarán esos patriotas en su misma dolorosa situación que hasta hoy”.

Sánchez Carrión

 
 


            En la misma carta insistía Sánchez  Carrión en recomendar a un trujillano  Ugarte que fue desleal a Bolívar en Guayaquil.

            El 15 de abril de 1824,  estando ya nombrado el intendente de Piura, insiste Sánchez Carrión  mal informándolo en carta que desde Trujillo envía al Libertador que estaba en Huaylas.  Dice José Faustino lo siguiente en esta nueva oportunidad.

 

            “Por datos positivos sé que el intendente de Piura, Peralta, es un gran jugador y algo atronado;   Este es un gran defecto y tal especie de gente nunca puede cumplir bien porque  después de abandonar las  obligaciones  contemporiza  con todos los que tienen dinero porque les cubren sus vicios.    Yo observo con dolor que todos los padres que tienen hijas bonitas son considerados, de que resulta que el pobre llena con su sangre lo que éstos deben dar; y de allí el descontento y las  violencias.  En Piura hay hombres ricos y a uno sólo  se le han echado arriba de mil quinientos pesos.  ¿Qué vale que V.E.se agite y expida providencias fuertes si las manos segundas no las ejecutan?  Mi General, mientras las provincias no sean servidas por hombres de juicio, nada podemos hacer”.

 

            Este Peralta al que se refiere en forma tan poco favorable don José Faustino Sánchez Carrión es don Manuel Peralta, sargento mayor del ejército.

            Fue muy poco el tiempo que Peralta sirvió en Piura, pues en marzo de 1824 se encontraba al frente de la  intendencia el coronel don José Ignacio Checa.  Fue recién el 16 de ese mes que en el Cabildo de Piura, el mayor Peralta jura como Intendente Interino nombrado por el Prefecto, tal como lo dice igualmente Carlos Robles Rázuri se excedió en atribuciones al nombrar a Peralta pues Bolívar por carta había hecho conocer que debía ser Ignacio Checa el nombrado como titular.

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TRINIDAD MORÁN EN PIURA

 

            En el mismo mes arribó a Piura como Superintendente y Comandante General el teniente coronel don Trinidad Morán que luego jugaría en los primeros años de la república un importante papel, asimismo, en  los años de la formación de nuestra nacionalidad tomando parte en todos los sucesos que conmovieron al país hasta que murió trágicamente al ser fusilado.            

 

            En marzo, Bolívar se aprestaba a abrir campaña contra el ejército realista que ocupaba las  serranías del centro  y del sur del Perú.  Eran las fuerzas del Rey, superiores en número, en armamento y en veteranía.  En realidad se trataba para la época de una formidable fuerza y  su talón de Aquiles podría estar, en que buen número de esos soldados eran peruanos y por lo tanto en el fondo de su corazón, partidarios de la  causa de la libertad.

 

            Fue el teniente  coronel Morán el que se encargó  de transmitir al cabildo una disposición del propio Libertador por la cual asignaba a la provincia de Piura un cupo en efectivo y  animales, como contribución a la campaña.  El aporte debía ser :

            -En efectivo                     25.000 pesos

            -Reses.                               1.000 cabezas

            -Mulas                                  600 cabezas

            -Caballos                             500 ejemplares

 

            Como se ve, no era poca  cosa lo que se pedía, para ese tiempo y la caballada solicitada excedía en mucho a las necesidades requeridas por todo un regimiento.

 

            A los señores ediles, el pedido los anonadó y más aún cuando para su cumplimiento  sólo se daban 40 días de plazo. De inmediato se le hizo  conocer al superintendente Morán la imposibilidad de atender el cupo, pero éste se mostró inflexible.  No quedó más recurso que formar una comisión para tratar de dar cumplimiento a lo dispuesto por Bolívar.  La formaron por dos representantes del cabildo, uno  del clero, el ex-intendente Checa (pues ahora estaba en ese cargo el sargento mayor Manuel Peralta) y  el hacendado Francisco Escudero.

 

            El cabildo decidió que todos los arbitrios recaudados fueran a engrosar el cupo, con lo cual el presupuesto municipal quedó quebrado y desfinanciado.

 

            Hasta ese momento, el alcalde titular Manuel Valdivieso, no se había incorporado.   Este señor se encontraba en su hacienda Macará pero por estar los caminos cortados por las lluvias, las quebradas y los huaycos, no había podido trasladarse a la ciudad de Piura.  Lo hizo recién  en agosto.

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TORRES VALDIVIA ASUME MANDO MILITAR

 

            En abril de 1824, es nombrado por Bolívar como comandante  militar y gobernador político  el coronel colombiano Manuel Torres Valdivia.

            Mientras tanto ya se habían cumplido los 40 días de plazo para la entrega de la contribución que le correspondía a Piura y la colecta llegaba en esos momentos a 16 186 pesos, de lo que se informó a Torres Valdivia.

            Como el comandante militar no tenía atribuciones, no podía otorgar rebajas y por eso dispuso que se reactivara la colecta.  Días más tarde, Torres Valdivia dio un verdadero ultimátum  al cabildo de acuerdo a lo cual en el término de dos horas, los hacendados más cercanos  debían de contribuir con 250  reses para atender las necesidades de la escuadra que en breve iba a tocar en Paita de retorno a Huanchaco, y   que si no podían hacer la contribución con animales, deberían sostener los gastos  de la escuadra.   También se pedían 200 caballos.  Esto como era natural causó mucho malestar en Piura y se murmuraba que la Patria sólo había traído problemas, llevándose a los jóvenes a morir a lugares lejanos y también imponiendo muy onerosas contribuciones y cupos que causaban la ruina.  Otro problema, era la obligación que tenían los vecinos de alojar en sus domicilios y gratuitamente a los oficiales patriotas que pasaban por Piura a otros lugares  en misión.  Para evitar tales contrariedades se resolvió  poner una contribución especial a los vecinos más pudientes para solventar los gastos de  hospedaje de esos oficiales.

 

            Recién a fines de agosto llegó a Piura una Suprema Orden de Bolívar dejando sin efecto, la obligación de la provincia de Piura  de cubrir los ocho mil pesos del cupo que aún faltaban.

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EXONERAN A PIURA DE CUPO DE 8000 PESOS

 

            El ministro de Bolívar, Sánchez Carrión, desde la localidad de Cerro de Pasco en donde se encontraba el ejército patriota en persecución del realista, dio el 2 de agosto,

o sea   en casi las vísperas del combate de Junín, la orden  de exoneración del pago de los 8.000 pesos.

 

            Dicha orden decía lo siguiente:

            Cerro de Pasco,  Agosto 2 de 1824.

            Al Señor Prefecto de Trujillo.

            En  consecuencia de haber representado la Municipalidad de la ciudad  de Piura, lo lamentable a  lo que se halla reducido  su comercio, no pudiendo por lo tanto llenar el cupo de 8 000 pesos que se le prefijó por orden del 3  de marzo último, cuyo  entero ha exigido  V.S. por orden del 21 de junio, se ha servido  su Excelencia declarar que la expresada cantidad de ocho mil pesos, está refundida  en la contribución  de veinticinco mil pesos en numerario en que se convino  el ex –Comandante de la dicha provincia Teniente  Coronel Trinidad Morán, atendidas  las razones  que entonces se le expidieron, que además de la referida suma, se extrajeron cincuenta mil pesos en ganado mayor, por esa vez, ya que los individuos del comercio contribuyeron  como cualesquiera ciudadanos en proporción de  sus haberes.  Así que V.S. expedirá  la contraorden correspondiente al entero de los ocho mil pesos como cupo separado de los    veinticinco mil y  caso de haberse recaudado alguna parte o el todo, se devolverá a los comerciantes que la hubiesen satisfecho.

            De Orden Suprema, lo comunico a V.S. para su conocimiento.  Dios, etc. JSC.

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GENERAL SALAZAR PIDE RESIDIR EN PIURA

 

            A fines de 1821, cuando Sucre desde Guayaquil pedía a San Martín con desesperación lo  auxiliara con tropas peruanas, el Protector mando como su delegado ante  la Suprema Junta de Gobierno de ese puerto, al general don Francisco  Salazar y Carrillo, y al general  La Mar.

            A su paso por Piura, se vinculó con muchas personas de las que guardó siempre muy gratos recuerdos.    También le agradó su clima cálido.

 

            La salud del general Salazar era bastante precaria en  1823, viéndose precisado en marzo a renunciar el cargo de Ministro de Guerra y Marina siendo reemplazado por el coronel de cazadores don Ramón Herrera.

            Posteriormente se radicó en San Pedro de Lloc y desde allí solicitó al ministro de Bolívar don José Faustino  Sánchez Carrión, autorización para trasladarse a residir en Piura, lo que le fue concedido.

            Con tal motivo, Sánchez  Carrión envió al  general  Salazar,  la siguiente comunicación el 8 de abril de 1824.

 

            “Su Excelencia el Libertador, en vista de la apreciable comunicación que se sirvió Ud. dirigirme desde San Pedro, con fecha tres  de los corrientes, solicitando permiso  para pasar a Piura a restablecer su salud y permanecer allí o en otro lugar de este departamento, se ha servido prevenirme conteste a V.S. que puede presidir en cualquier punto del Perú Libre que conceptúe favorable al objeto que expresa”.

            Con posterioridad, asumió el General Salazar el cargo de Inspector General, pero en abril de 1825, renunció.

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ENTREGA DE LOS CASTILLOS DEL CALLAO

 

            Al iniciarse el año  1824  la situación de los patriotas era muy comprometida en el Perú.- Los realistas dominaban  el sur y el centro del país, y  en Lima la situación de los independientes era insostenible.  Por otra parte, Bolívar muy achacoso había establecido su cuartel general en Pativilca, al norte de Lima..

 

            Para ganar tiempo, dispuso que el presidente Torre Tagle buscara con los realistas un armisticio de seis meses.  Fue enviado entonces en tal misión el ministro de guerra Berindoaga, pero no se logró nada positivo.

 

Torre Tagle se dio cuenta de que era presidente sólo en nombre y que todas las decisiones las tomaba Bolívar, él que en todo prefería a los soldados colombianos con perjuicio de los argentinos, chilenos y  sobre todo de los peruanos.   A igual que antes pasó  con Riva Agüero, también Torre Tagle empezó a desconfiar de las intenciones del Libertador, y llegó a la conclusión de que preferible era entrar en negociaciones con los españoles tomando como base el reconocimiento de la independencia del Perú.   Se trataba en  buena cuenta  de llevar a cabo un plan similar al propuesto por San Martín en Punchauca, y más tarde por Riva Agüero,  pero al interceptarse algunas  comunicaciones por los partidarios de Bolívar, se les dio el carácter de una traición que en realidad para los verdaderos interesados en el bienestar del Perú no había tal.   Como consecuencia de todo eso se dispuso la captura de los dos personajes, pero Torre Tagle logró esconderse, no así Berindoaga o Conde de San Donas  que fue juzgado y fusilado.

                                                                  

Por pura coincidencia, en esos días –5 de febrero de 1824- la guarnición argentina que estaba a cargo de los Castillos del Callao, se sublevó por la falta de paga, abastecimiento y  vestuario.  El autor del motín fue el sargento Moyano, que procedió a apresar a sus oficiales y a poner en libertad  a los oficiales españoles que estaban en el Castillo.  El de más alta  graduación era el coronel José María Casariego, el mismo que nada pudo hacer frente a la decisión de los patriotas piuranos en enero de 1821.

 

            En esta oportunidad, Casariego desplegó gran actividad y energía haciéndose cargo del control de esa fortaleza, lo cual demuestra que era un jefe arrojado y muy activo.

 

            Poco tiempo más tarde, el prestigioso cuerpo de caballería argentina, “Granaderos de los Andes” que estaba en la tabla de Lurín, también falto de paga y de abastecimientos, se sublevó, apresando a sus jefes, y marchó a unirse a los rebeldes de los  Castillos.

            La situación en Lima de los patriotas se hizo insostenible y se vieron precisados a abandonarla el 27 de febrero de 1824.  De inmediato un ejército realista a las órdenes del general Juan Antonio  Monet  ocupó la capital.  Ante él se presentó Torre  Tagle, entregándose como prisionero y pidiendo  su envío a Chile, pero Monet no quiso darle tal tratamiento, lo cual perjudicó más a Torre Tagle ante los ojos de los patriotas.

 

            Una gran cantidad de notables de Lima, oficiales, diputados y autoridades, desalentados de la  causa patriota, se pasaron al bando realista y se refugiaron en la fortaleza.

 

            Monet, nombró  como gobernador de Lima al coronel Mateo Ramírez, el mismo que en cierto momento y años atrás había  estado a cargo de la  defensa de Paita frente a Cochrane. Este hombre se portó con sadismo y una   crueldad  infinitas.  Se complació en hacer escarnio público de los antiguos adictos a la causa de la  libertad, de perseguirlos, confiscarles sus bienes, apresarlos y  fusilarlos.

 

            Lima no era sin embargo un sitio militarmente estratégico, y  el 18 de marzo los españoles volvieron a abandonar la ciudad.

 

            Felizmente para la causa patriota que estaba tan mal al iniciarse el año 1824, el general realista  Olañeta que estaba en el Alto Perú con  poderoso ejército,  se sublevó contra sus superiores,  lo cual obligó al virrey La Serna a enviar al gran estratega general Jerónimo Valdez a combatirlo. O sea que la anarquía  dividió al ejercito realista.

            Olañeta tenía como segundo jefe al coronel Francisco Valdez, alias el “Barbarucho”, el mismo que con el coronel José María Casariego, fueron dominados por los patriotas piuranos en enero de 1821.

            Cualquiera hubiera creído  que estos dos jefes  eran ineptos y cobardes como para haber sido  dominados  sin combatir en Piura; pero lo cierto era que se trataba de oficiales valientes, capaces y de gran coraje como lo demostraron en acciones de guerra en que intervinieron posteriormente. En el Alto Perú, (Bolivia), el “Barbarucho  tuvo oportunidad de enfrentarse con el general Jerónimo  Valdez, que era el mejor jefe español, y en no pocas oportunidades le inflingió derrotas, sin llegar a destruirlo, hasta que al fin el general J. Valdez  logró imponerse a su tocayo y paisano y   tomarlo prisionero.

 

            En eso estaban, cuando Bolívar abrió la campaña contra La Serna, por cuyo  motivo,  éste le ordenó a Valdez que dejara el Alto Perú y se le reuniera en el Cuzco.

 

Cuando el virrey La Serna capituló en Ayacucho, los Castillos del Real Felipe seguían en poder de los españoles al mando del general José Raúl Rodil, siendo sitiado por fuerzas patriotas al mando del general Bartolomé Salóm. La situación de Rodil se hizo insostenible

Y es por ello que el 11 de enero de 1826, Rodil mandó izar bandera blanca, en el baluarte de la Princesa, y un parlamentario realista entró en contacto con los patriotas.

El día 17, en una carpa entre Bellavista y el Real Felipe y se comenzaron a redactar los artículos de la Capitulación, la cual fue firmada por Rodil y Salom el 22 de enero de 1826. Fue una rendición con honores.

Al día siguiente o sea el 23de enero, a las 8 y media de la mañana, solados patriotas ingresaron pacíficamente a la fortaleza, seguidos  por Salom con su estado mayor y en el torreón se izó el pabellón peruano. Salom fue premiado siendo ascendido a general de división y Bolívar dio el nombre de Callao al regimiento 3, que había tenido a su cargo el asedio de la fortaleza del Real Felipe.

 

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BOLÍVAR BUSCÓ DINERO A  COMO DIO LUGAR

 

            Equipar, movilizar y poner  en situación de combatir en una guerra combativa a un ejército como el que estaba formando Bolívar, costaba mucho dinero, y  eso lo tenía  que sacar sólo de  Lima y de las provincias del norte.  Mucho del gasto se utilizaba en atender las necesidades de las fuerzas  colombianas que tenían prioridad  sobre las demás, en una demostración de irritante favoritismo.  Por otra parte, los oficiales colombianos se mostraban prepotentes y en exceso vanidosos,  mientras sus soldados se entregaban a la depredación.  Todo eso fue creando un clima contrario contra esos soldados extranjeros y en algunos casos se decía que Bolívar y los colombianos  eran peores que los españoles.

 

            Bolívar para financiar los gastos  de la  campaña puso cupos a las poblaciones, en dinero, especies y ganados.  Confiscó las propiedades de  Riva Agüero, de Torre Tagle y de los que creía habían colaborado últimamente con los  españoles.  Extrajo de las iglesias el oro y la plata que no fueran necesarios para las ceremonias del culto.  A los curas les puso un cupo de 500 pesos a cada uno y hasta se apoderó de las rentas de los diezmos.

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REQUISAN LOS OBJETOS DE PLATA DE LAS IGLESIAS

 

            Bolívar para llevar adelante la guerra  contra los ejércitos del virrey La Serna ordenó la requisa de todos los objetos de plata y de oro de las iglesias del Perú ..

            Esto como es natural, sólo se aplicó en aquellos lugares que estaban controlados por el ejército patriota. Medida tan extrema, causó bastante desagrado en los fieles y también en los sacerdotes, que consideraban que las cosas destinadas al culto de Dios debían ser intocables.  Además, había muchos religiosos que sólo de un modo forzado habían  tenido que mostrar adhesión a la causa de los patriotas, y aún los había que siendo patriotas, no simpatizaban con Bolívar.

 

            La medida dispuesta por el Libertador motivó por lo  tanto no pocas resistencias. El día 16  de setiembre de 1823, se hizo la requisa en Piura, habiéndose sacado de la Iglesia Matriz candelabros, lámparas, frontales, mallas, pilares y gradillas valuadas en 304   marcos.

 

            De la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, se extrajeron  objetos por un monto de 163  marcos.  De la  Iglesia del Carmen objetos  valuados en 103 marcos.  De la Merced sólo una lámpara  cuyo valor era de 26 marcos y de la Iglesia de Belén piezas por valor de 23 marcos.  Todo dio un total de 619 marcos equivalentes  a  4.959 pesos.

 

            Esto no contentó a las autoridades de Lima, ni al Libertador, que ordenó una segunda requisa que el intendente de Piura realizó después de recibir el 7 de abril de 1824  una conminación.  Esta vez, se sacaron incensarios, atriles,  arañas, coronas,  potencias  con clavos de oro, platitos de vinajeras, etc. Se juntó 107  marcos de plata y  7 ½ onzas con tres castellanos de oro.

            Pero tampoco en esta oportunidad quedó satisfecho Bolívar, que dispuso que toda la plata labrada, debía ser entregada de todas  las  iglesias de la intendencia.  Para el culto divino sólo debía quedar un incensario, la custodia y los vasos sagrados.

            Todas las donaciones hechas bajo la forma de votos o “milagros” debían entregarse. Se amenazaba a los curas de las iglesias y a los mayordomos de las  cofradías con sanciones en caso de negarse a la entrega de las alhajas.

 

            Con fecha 22 de mayo de 1824, el prefecto del departamento, transcribió, la orden del  Libertador y nombró para Piura un comisionado  encargado de cumplirla.

 

            El comisionado debía de exigir  los inventarios y demandar la entrega de toda clase de alhajas de oro y otros metales preciosos, de perlas y de pedrería.

 

            La tercera requisa, fue el 16 de agosto de 1824 es decir después de la victoria de Junín y las Iglesias así como las cofradías fueron literalmente desvalijadas.  Se llevaron hasta las campanillas, hisopos, cucharas, cajuelas, imágenes de Cristo, medallas, sagrarios, coronas, cetros, collares, aretes, etc.  En ese día visitaron la iglesia matriz, Santa Lucía y sus cofradías.  El valor total de lo requisado llegó a 698 marcos de plata y 129 castellanos de oro, además de perlas y piedras preciosas.

 

            Al día siguiente fue  visitada la Iglesia de San Sebastián y entre otras cosas se llevaron del Santo las flechas, la cruz y el rejón.  Fue en total 117 marcos de plata y 20 castellanos de oro.

 

            El 18 de agosto fue visitada la Iglesia del Carmen y en objetos de plata sacaron por un monto de 60 marcos, además de una cruz de oro y diamantes, zarcillos de oro, diamantes y perlas, punzones de oro y otros.  El oro solamente de estas alhajas correspondía a 42 castellanos.

 

            De la Iglesia de San Francisco se requisó por un monto de 47 marcos.

 

            De la Iglesia de la Merced se extrajo una gran cantidad de objetos muy valiosos de oro, perlas, diamantes y esmeraldas.  Aquí la requisa llegó a 136 marcos de plata y considerando sólo el oro y no las piedras preciosas,  se reunió 192 castellanos.

 

            De la Iglesia de Belén se obtuvieron objetos por un monto  de 96    marcos y 17 castellanos. 

 

            Ese día los representantes del Libertador obtuvieron 340 marcos de plata y 250 castellanos de oro.

 

            El 26 del mismo mes visitó la Comisión a la vecina localidad de Catacaos y de la Iglesia y de sus cofradías sacaron nada menos que objetos de  oro y plata por  valor de 280 marcos y 62 castellanos.

 

            De la iglesia y cofradías de Sechura se logró objetos de plata por valor de 160 marcos, pero el vicario Tomás  Diéguez, empecinado patriota  consideró que era insuficiente lo recaudado.

 

            El párroco Pedro Valverde, contestó que se había atendido debidamente al Comisionado teniente coronel Ramón Castilla y que se había dado lo que se tenía, pues el 11 de julio de 1819, filibusteros ingleses de la Fragata “Rosa”, habían desembarcado  en Sechura, entrando a saco  en la Iglesia de la que se llevaron  todo lo que tenía algún valor y sólo se salvaron unos vasos sagrados que fueron enterrados en la arena.  Agregaba el párroco que poco a poco habían ido adquiriendo los fieles algunos ornamentos, y piezas para el culto, todas las  cuales habían sido entregadas  al comandante Ramón Castilla.

 

            De la iglesia de Huancabamba casi nada se logró, apenas valían 17  marcos los objetos.  El párroco explicó la pobreza de la iglesia en el hecho de que hacía poco se había producido un robo sacrílego, sin poder encontrar a los culpables y que 50 años antes había pasado cosa igual.  Por lo visto, los huancabambinos no tenían  el menor respeto a las   cosas de Dios.

 

            Huancabamba  y las iglesias de la sierra piurana fueron visitadas en la primera requisa.  De Sondor y Sondorillo  no se logró nada, por ser las iglesias sumamente pobres. Así lo hizo  constar el párroco de Sondor Carlos Martínez en acta suscrita el 4 de diciembre  de 1823.   Con la iglesia de Chalaco   sucedió otra cosa igual.

 

            La Iglesia de Tumbes visitada el 26 de noviembre de 1823 aportó objetos de valor sólo de 520 pesos  según acta de su párroco José Antonio   Serra.

 

            Con todo lo logrado en esta  tercera requisa, superó en mucho a lo obtenido en el primer envío.

 

            El 28 de febrero de 1824, el Intendente de Piura, don José Ignacio  Checa, remitía a Trujillo, lo  reunido en la requisa que era por un monto de:

 

                                                           Marcos de                 Onzas de

                                                           plata                           oro

De Piura. .  .  .  .  . . . . . . . . . . . .   .     619                                 7 ½

De Amotape. . . . . . . . . . . . . . . . .          57                               4 ½

De Tumbes. . . . . . . . . . . . . . . . .  .         49                               4 ¾

De la Punta (Sullana) . . . . . .     . . .       78                                 1

De Huancabamba . . . . . . . . . . . . . .        17                              

De Catacaos . . . . . . . . . . . . . . . .  .    257                                 2 ¾

De Colán . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .  306

De Paita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .   87

De Sechura. . . . . . . . . . . . . . . . .  . .   116

De Ayabaca . . . . . . . . . . . . . . . . . .      44

De  Huarmaca . . . . . . . . . . . . . . . . .     53

 

            En esa época Colán era una población de importancia y su iglesia era bastante rica.

 

            Los documentos del Archivo de Piura, catalogados por el jefe de esa dependencia don Carlos Robles Rázuri, muestran que aparte de lo entregado por    las iglesias y cofradías,   los religiosos  tuvieron que contribuir en forma obligada o sea con  cupos por valor diferente de acuerdo a las posibilidades.    Los párrocos de Piura, Catacaos, Ayabaca, Huancabamba entregaron 500 pesos.  El de Chalaco 300, el de  Colán 200 y los demás sumas menores.

 

            El Padre Vargas  Ugarte, al referirse a la requisa en Piura, expresa que de la Matriz,  El Carmen, la Merced y Belén, en tres sucesivas requisas, se sacó todo lo que tenía algún  valor y solamente en plata se logró un  equivalente a 22 000   pesos, sin contar los castellanos de oro y pedrería.  En la relación que el gobernador Checa envió a   Trujillo el 28 de febrero de 1824, se anotaban las cantidades que suministraban las iglesias  de esa provincia hasta esa fecha y  sólo la de Catacaos dio 257 marcos de plata.    Sigue  una relación similar  a la ya dada, y se agrega  que en 1823      los    curas de Catacaos, Huancabamba, Ayabaca y Piura tuvieron que contribuir con 500   pesos cada uno   y  el de Chalaco  con 300 pesos.

Por lo visto, Bolívar no tenía ningún respeto por las cosas sagradas.

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CONSTRUCCIÓN DE TEMPLOS Y  CAPILLAS

 

            El fervor religioso en Piura no disminuyó con el advenimiento de la república y eso lo prueba el afán  desplegado en la construcción  de capillas e iglesias.

 

            En 1825, el dueño de la hacienda Morropón, don Francisco Javier Fernández de Paredes,  el potentado marqués de Salinas, gestionó ante el cura de Morropón  Mariano Portocarrero, el lugar en donde debía edificarse la nueva capilla de la hacienda.

           

            En el mismo día don Fermín Seminario,  arregla y amplía la Capilla de su hacienda Huangalá  en el  valle del Chira,  a fin de que en ella puedan celebrarse misa  los domingos y  así poder cumplir con el precepto, no sólo los  dueños sino también los campesinos. El pedido se hacía en nombre de la madre del hacendado, señora muy piadosa.  Con la aquiescencia  del Vicario de Sullana, se accedió a la petición.

            En Huangalá se veneraba la imagen del Señor de la Buena Muerte o de Chocán.

 

            También la propietaria de la hacienda de Somate, la señora Del Castillo, había mandado a construir en Poechos una capilla para el culto de esa sagrada imagen, algunos años antes.

 

            El año 1827, la  Cofradía de Jesús Nazareno de San Sebastián, solicitaba autorización para invertir en la reedificación del templos de San Sebastián, un poco más de 200 pesos, tenía capellanías  en una finca del coronel José Ignacio Checa, a lo que se accede, dando así  mismo el párroco Casimiro de la Sota 250 pesos más de su bolsillo para dicha obra.

 

            Como se recordará, desde 1737, los indios tributarios de la parroquia de San Sebastián, tributaban anualmente 49 pesos para la obra.  Parece sin embargo que el terremoto y las intensas lluvia que azotaron Piura en 1814, causaron destrozos en la iglesia.

 

            Económicamente, parece que los vicarios se encontraban muy bien, como para que el párroco de la Sota pudiera donar tan alta suma.

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TRUJILLO INFORMA SOBRE LA REQUISA EN PIURA

 

            El administrador del tesoro público de Trujillo, en setiembre de 1824,  informaba haber recibido lo siguiente:

 

-                      Del Comisario sustituto de la Cruzada de Piura,  Dr. Tomás Diéguez,  por producto de Bulas de 1820 y 1821. . .1 625,00 pesos

-                      Del Vicario de Piura don Tomás Diéguez por cuartas episcopales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..1 200,00

-                      Recibidos del Intendente de Piura como perteneciente a las Iglesias de aquella ciudad y a las

de los pueblos de Catacaos, Paita y Colán  a saber:

-                      En 1812 marcos 6 y media onzas de plata labrada . . ………………………………………………………….. . . . . . .9 214,00

-                      En moneda por el rescate de 48   marcos 6 y media onzas de plata labrada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .     202,70

-                      En 1 213 castellanos y 1 tomín de oro labrado  . . . .  . . . . …………………………………………………………... ..2 456,20

-                      Diversas alhajas no valorizadas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . ………………………………………………………….. . . . 11 862,10

 

            En cuanto a la recolección de piezas de oro, se tenían las siguientes cantidades informadas:

                                                                                      Castell                 Pesos y 

            Intendencia de Piura                                        Tomines             Reales

                Abril 28, el señor Intendente don Manuel Pe-

ralta, el Subteniente Juan José Casanova, varias  igle

sias de la provincia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    937.7.06        1.917.7

            Junio 18,  del mismo, señor Intendente como

remitente con el capitán Enrique Loceper como en-

terador, la   Iglesia del pueblo de Tumbes. . . . . . . .        1.58.7.10           317.7

1.132.7.04               2.265.6

 

            Colecta de  alhajas:

            Julio 8, remitente  D. Manuel Noriega del Pue

blo de Paita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .                     1 696.3

 

                                                                                      Marcos-onzas   Pesos-reales

            Marzo 29, remitente señor Intendente D. José

Ignacio Checa y como enterador el Teniente José An

tonio Cabrera. De los pueblos de Ayabaca y Huarma

ca. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .      100.7               605.2

            Abril 28, el señor Intendente Don Manuel  -

Peralta remite. El Subteniente Juan José Casanova

como enterador.  De varias iglesias de la provincia             1.34.2            8.083.2

            Junio 18, el mismo señor Intendente y el Ca

pitán don Enrique  Loceper. Por el pueblo de  Tum

bes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .       28.1              140.7

                                                                                       1466.2            8.829.5

1466.2

         En esta oportunidad, la colecta había arrojado 202 538 pesos en todo el Perú Independiente que solamente estaba constituido por la Intendencia de Trujillo en su totalidad.  La Gobernación de Maynas, la Prefectura de Huaylas y la ciudad de Lima.

 

         El cercado de Trujillo había aportado 44 356 pesos, Huamachuco 34 499 pesos, Lambayeque 23 597 pesos, Chota 23 353 pesos, Prefectura de Huailas 21 514 pesos,  Cajamarca 17.956 pesos y Pataz 9.261 pesos.  Cifras menores que Piura, aportaron Lima, Chachapoyas, Maynas, Jaén y Santa.

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FRANCISCO TÁVARA, VISITADOR DE TIERRAS

           

            Instituciones y cargos de las colonias, se mantuvieron durante los años de la revolución de la independencia.

 

            Fue así como don José Faustino Sánchez Carrión, hizo conocer que por Decreto Supremo dado por Bolívar se habían nombrado Visitadores de Tierras para todas las provincias del departamento de Trujillo.

 

            El 9 de abril de 1824 desde Trujillo, el ministro Sánchez Carrión se dirigía a los recientemente nombrados como visitadores de Chachapoyas, Chota, Cajamarca, Huamachuco, Trujillo, Lambayeque, Pataz, Santa, Chancay y Piura. Para esta última se nombró a don Francisco Távara.

 

            El Decreto Supremo correspondiente fue dado por Bolívar el 8 de abril de 1824, siendo sus funciones la de efectuar la venta y repartimientos de tierras, con arreglos a las disposiciones dadas por el Libertador.

 

            Los prefectos, intendentes y gobernadores debían de dar a los visitadores todas las facilidades necesarias.

 

            Esta era de la forma que Bolívar consideró conveniente para hacerse de fondos y por tal razón en el 1er.  Artículo de las instrucciones decía que debía de obrarse con gran celeridad, omitiendo las diligencias innecesarias.

 

            Al comprador, se le extendería un documento en el que se le indicarían los linderos del terreno y con dicho documento acudiría al Ministerio General para su aprobación dentro de un plazo no mayor de 4 meses.

 

            El pago sería al contado, suma que el visitador remitiría de inmediato al administrador de alcabalas de la provincia.

 

            Los visitadores deberían actuar con un secretario o actuario de toda su confianza, para formalizar los expedientes, evitándose todo motivo de pleito o queja.

 

            “Para facilitar los repartimientos –decía el artículo 5to.- se tomará en cada pueblo de los indios que tengan o no tierras asociándose al visitador, para el efecto, con el párroco del lugar, con el gobernador y alcaldes, quienes tendrán sólo voto informativo, procurando evitar competencias.

 

            Como pudieran suscitarse pleitos por los linderos con algunos propietarios, ya sea  por juicios que se encuentren pendientes o por nuevas pretensiones, los visitadores que en cuanto a lo primero, que queden las cosas como estaban, y sobre lo segundo al uti-possidetis, sin mezclarse en los deslindes entre los propietarios.  Más si entre éstos, las tierras de la comunidad o del estado ocurriesen alguna pretensión, harán la mensura con intervención de los peritos y procederán a la venta definitiva.   En caso de presentarse documentos legales, estarán al uti-possidetis, haciéndose desde luego el correspondiente informe por expediente separado a fin de que pueda resolverse después.

 

            En las haciendas que son del estado, los visitadores determinarán los lugares más a propósito para fundar nuevos pueblos cuyos sitios se repartirán proporcionalmente a los indios u otros que habitan dichas haciendas, para que fabriquen sus casas, trazándose la población con la mayor regularidad.”

 

            Se norma también lo relativo a la recuperación de haciendas del Estado que se encuentren arrendadas.

 

            Los visitadores tendrán en cuenta todo lo relativo a asegurar el regadío de las tierras y dictarán disposiciones para evitar abusos.

            La  acción de los visitadores no sólo debía estar destinada a fomentar nuevos ingresos en el Tesoro Público, sino también promover la agricultura.  Deberían levantar un catastro rural.

            Se dispuso que se respetaran las capellanías que pudieran existir.

            En lo referente a las ventas, todos los gastos legales debían ser pagados por los compradores.

 

            Don Francisco Távara Andrade, era por ese año alcalde de segunda nominación  de Piura.  Tenía en esa época 37 años de edad y era hermano de Santiago, Juan Antonio, José Ignacio, Josefa, Juan y Jacoba.

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EL CORONEL LIRA, GOBERNADOR DE HUANCABAMBA

 

            En abril de 1824, el coronel Juan Agustín Lira, fue nombrado comandante militar de Huancabamba, otorgándosele facultades extraordinarias.

            De su instancia en la ciudad serrana, el coronel Lira hace en sus memorias un interesante y esclarecedor relato.

            En virtud de órdenes recibidas  inició una investigación sobre los antecedentes y fidelidad  a la causa de la Patria, de las autoridades huancabambinas.

            También debía de solicitar cuentas  a los que manejaban fondos públicos, habiendo encontrado oposición y resistencia en el gobernador Francisco Iparraguirre.  Esto obligó a Lira a intimidarlo y amenazarlo con el embargo de los bienes, motivando que el gobernador viajara a Piura de madrugada, yendo a quejarse al jefe militar de la provincia, Torres Valdivia.  Vanos fueron los esfuerzos de Lira de lograr su captura, para lo cual había despachado dos soldados en su persecución.

            Lira llega a decir en sus memorias, que Iparraguirre se valió de una agraciada sobrina que tenía en Piura, para lograr el favoritismo de Torres Valdivia.

            Manifiesta Lira, que su permanencia en Huancabamba, era lo más incómodo que podía pasarle a un militar pues tenía que estar atendiendo de la superioridad las continuas demandas de dinero, de mulas, de caballos, de reses y reclutas, lo que en su criterio era simple y llanamente, desnudar al prójimo.  Lira dice que era consciente de las  exacciones a que lo obligaba el cargo, pero no podía dejar de hacerlo.

 

            El viaje de Piura a Huancabamba, lo había hecho Lira en compañía de don Ignacio Távara en cuya casa se hospedó.  Por los relatos que le hizo su acompañante pudo saber el Coronel, que los huancabambinos eran gente dispuesta a rebelarse ante cualquier autoridad que los presionara como había acontecido con un coronel Medina que había sido enviado por Bolívar para levantar unas cartas cartográficas, por si acaso el ejército patriota se viera precisado a pasar por esos lugares en  retirada, y como hizo requisa de algunos caballos, se reunió en la plaza de armas una tumultuosa y vociferante manifestación de mil hombres, al toque de campanas teniendo que huir Medina gracias al apoyo de Távara.  Poco tiempo más tarde, el coronel Medina moría en una emboscada realista a la altura de Huando en Lima.

            Los huancabambinos no recibieron bien a Lira, posiblemente porque llegó con Távara, al que miraban con desconfianza por haber facilitado la fuga de Medina.   Sólo el cura Celi lo fue a visitar.  Estando informado el intendente Torres Valdivia de la actitud de los habitantes de Huancabamba y para prevenir cualquier rebelión, envió al teniente José María Arellano –el que participó en la independencia de Piura- con un piquete de dieciséis soldados.

 

            Lira, con el propósito de lograr comunicación y amistad con los huancabambinos, organizó un baile y cuando estaba la fiesta en todo su apogeo, un individuo empezó a dar vivas al rey.  En forma disimulada, Lira dispuso que el teniente Arellano fuera al cuartel por sus soldados y como el bochinche siguiera y otros se plegaran a los gritos, Lira dio por terminada la reunión y tomó varios presos.   Efectuadas las averiguaciones, quedó establecido que los primeros gritos los había dado un negro esclavo que estaba apostado en la puerta como espectador, incitado por un concurrente.  El esclavo pertenecía a don José Adrianzén,   uno de los hombres más ricos de Huancabamba.  Del juicio sumario que se le hizo al esclavo, resultó sentenciado a ser fusilado, para lo cual fue colocado atado a un poste en la plaza,  pero no se llegó a cumplir la sentencia, sino que se hizo para escarmiento del pueblo, repitiéndose el acto por tres días,  habiéndose igualmente sancionado al incitador.

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REACCIÓN REALISTA EN HUARMACA

 

            Al poco tiempo de haber asumido la gobernación de Huancabamba el coronel Juan Agustín Lira, se produjo una asonada en el pequeño pueblo de Huarmaca, siendo proclamado el rey acaudillados por José Manuel Cherveches.

            Este rebelde realista, logró convencer a un grupo de cincuenta soldados, para que siguiera su causa. Esta tropa era parte de un contingente piurano que cuando viajaba a Trujillo en un transporte patriota, fue abordado por el barco  realista armado en corso en la isla de Chiloé.  Tal barco llamado el “Brujo”, desembarcó a los soldados en las cercanías de Sechura, para que pudieran reintegrarse a su tierra, pues como se ha dicho en anteriores capítulos había resistencia para integrar al ejército patriota y las levas se tenían    que hacer en forma violenta.

            Cherveches y otros realistas convencieron a estos soldados de que serían tratados por las autoridades patriotas con mucho rigor como desertores, invitándolos a plegarse al bando del rey.

            Los sublevados depusieron a las autoridades y se prestaron a efectuar algunas operaciones en los pueblos vecinos.

            Lira armó a un grupo de paisanos adictos a la causa de la libertad y los despachó a manera de avanzada, bajo el mando de José Ignacio Távara y al día siguiente partió él con los soldados, dictando medidas de seguridad para Huancabamba.

            Estimulados los patriotas de Huarmaca y el gobernador depuesto, por este avance de las armas independientes, reaccionaron y tras una breve refriega, se volvieron a hacer dueños de la situación.

            Lira regresó a Huancabamba y quedó Távara en Huarmaca iniciando el proceso.   Doce días más tarde, eran enviados a Piura,  Cherveches y los principales  cabecillas, los que luego fueron remitidos a Trujillo en donde los sentenciaron a diez años de presidio.

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CONTRIBUCIÓN DE HUANCABAMBA

 

            El coronel Lira, asegura que durante el tiempo que fue gobernador militar de Huancabamba logró recolectar 12 000 pesos, de lo que tomó parte para pagar la fuerza militar de ese lugar y el resto lo envió a Piura, como parte de la contribución de 25 000 pesos que le correspondía a la Provincia de Piura

            También cumplió con entregar los 135 reclutas que se le habían pedido y 685 animales entre reses, mulas y caballos.

            Tras de un año de servir en Huancabamba, Lira es trasladado a Lima y en su lugar queda como gobernador don José María Medina, padre del alférez de  Húsares Miguel Medina, que más tarde fue general.

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SUBROGAN A CURA DE COLÁN

 

            La caída de Riva Agüero primero y de Torre Tagle más tarde, trajo consigo un cambio de autoridades, de lo que ni los curas se libraron.  Fue así como se removió al cura de Colán suponiéndolo adicto a la causa del rey y de Torre Tagle.

 

            Sánchez Carrión envió al gobernador eclesiástico de Trujillo la siguiente comunicación:

            Huaraz, 14 de junio de 1824.

            Al Señor Gobernador Eclesiástico  del   Obispado de Trujillo.

            Informado S.E. el Libertador de que el Curato de Paita y Colán se halla servido por el Padre Fajardo, Mercedario, por recomendación del Rey de España e influjo de su Provincial el Marqués de Torre Tagle, me manda prevenir a V.S., que debiendo ser colocados clérigos beneméritos, haga V.S. el que dicho religioso se reduzca a vivir en los claustros de  su Convento, bien en Piura o en Trujillo y en su consecuencia proveer el curato interinamente en un clérigo de virtudes y probidad hasta nueva orden del Gobierno.

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DEPORTAN ESPAÑOLES A GUAYAQUIL

 

            Bolívar a pesar de sus declaraciones llenas de fe en la victoria como aquella respuesta  que diera a su Ministro Mosquera en Pativilca, cuando al verlo enfermo, abatido, con los castillos del Callao entregados por la traición, Bolívar  dijo que esperaba  ¡Triunfar¡ . No dejó sin embargo de tomar el máximo de precauciones para el caso de ser derrotado en un enfrentamiento contra los españoles.

 

            Buscó que la retaguardia no ofreciera ningún problema para el caso de tener que replegarse con el ejército, hacia Quito, y por tal motivó envió partidas para que reconocieran el terreno correspondiente  a la sierra de Piura, y también se deshizo de todo elemento sospechoso que pudiera crearle algún estorbo.

            Fue así como dispuso que todos los españoles residentes en Piura fueran deportados a  Guayaquil.

 

            Esta tarea se cumplió en el curso del primer semestre de 1824, pues Faustino Sánchez Carrión, ministro de Bolívar, desde  Caraz, acusaba recibo de una comunicación del prefecto de Trujillo que decía lo siguiente:

            “Circular 19.- Caraz, junio 5 de 1824.- Al Prefecto del Departamento de Trujillo. Sobre, que Su Excelencia el Libertador queda enterado de la lista nominal de los españoles que de Piura se han remitido a Guayaquil a disposición del Señor Intendente.  Dios, etc. José Faustino Sánchez Carrión”.

            Como se ha de comprender, muchos españoles eran apreciados en la ciudad y unidos por razones de parentesco con muchos piuranos, por cuyo motivo la orden de expulsión no fue bien recibida.

 

            El 21 de abril el cabildo se ocupó de este asunto y el regidor Andrés   Aguirre hizo conocer que la orden de destierro a cumplirse el día  23 había sido suspendida pero por lo  visto eso sólo fue en forma momentánea.

 

            El 6 de mayo, el  cabildo decide respaldar la petición que hacen muchas esposas y los hijos de los españoles deportados, los cuales aseguran que sus padres o esposos son inocentes, y que van a quedar en la más completa orfandad, en caso de que de todos modos se llevase a cabo la orden dada.

 

            La comunicación de Sánchez Carrión, muestra que la expulsión se efectuó de todos modos.

            Don Francisco Escudero y Carrión y su esposa  doña Chepita Valdivieso de Escudero, intercedieron ante  Sánchez Carrión, para evitar que se extremara la medida  contra los españoles  condenados al destierro.  Los citados esposos  tenían un bien ganado prestigio de fervorosos  patriotas, por cuyo motivo su intercesión no fue desoída.

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NOMBRAMIENTO DE INTENDENTES

 

            Desde su Cuartel General en Huánuco, y por orden del Libertador, el ministro Faustino Sánchez Carrión  pasa una circular a los cabildos de Cerro de Pasco, Huamachuco, Pataz,   Piura, Chachapoyas y Huánuco, para que cuarenta vecinos se  reúnan en la Casa Consistorial y propongan a tres individuos para el cargo de intendente.

                        Esos cuarenta electores, debían ser cabezas de familia de mucha probidad y amor  al país, además ser designados en la terna, gente incorruptible, de aptitud conocida y servicios reconocidos.

 

            En la misma fecha o sea  el 19 de julio se agregaba un Reglamento de 4 artículos.  De acuerdo al mismo, las municipalidades presididas por el alcalde del primer voto y a falta de éste, por el del Segundo Voto, formularían una lista de los vecinos que reúnan los requisitos ya antes mencionados y “por sorteo se sacarán a 40  de ellos, los que serán citados   en un determinado día al Municipio, al que concurrirían sin excusa ni pretexto alguno”.  Una vez reunidos “los 40 bajo la presidencia  del  Alcalde, harían designación por el medio más sencillo posible una terna, evitando toda disputa.  El Secretario del Cabildo  hará el escrutinio y sentará un Acta con los resultados, la cual será firmada por los asistentes y  remitida al Ministerio General”, que en ese momento estaba en Huánuco.

            Este documento fue leído en el cabido de Piura el 5 de agosto y en la sesión del 12 del mismo mes, se confeccionó una lista de 83 vecinos, para lo cual los regidores llevaron sus propias listas, haciéndose una de todas ellas.  Luego se efectuó el sorteo y quedaron conformados por 40 electores.  Como es de interés conocer los nombres de esas personas, se dan a continuación:

 

            José Colmenares- Vicente Navarro- Francisco Ugarte- Manuel Ruiz de Arana-Francisco Frías- Manuel Nolberto Reyes- Presb. Fermín Seminario- Presb. José G.  Rivera- Valentín Benites- Juan Ruidías-  Miguel Carrasco- Sebastián Ramírez- Manuel Sánchez- Dr. Juan Antonio  Taboada- José Velásquez- Domingo  Cevallos- José Garrido- Antonio Palomino- Pedro  Ruesta- León Mimbela- Manuel  Hatiaja- Francisco Farfán- José Coloma- Eustaquio  Guerrero- Tomás Cortés- Manuel Velásquez-José Manuel Alvarado- José Gabino de Feria- Presb. José Antonio Montenegro- Manuel Antonio Silva- Pedro José Arriaga- Presb. José  A.  Valdivieso- Francisco del Villar- Pedro Alcalde- Rafael Farfán- Presb. Juan José Váscones- Francisco  Montero- Juan  José Velásquez- Mateo Tello de Meneses y  Juan de la Asunción Palacios.

 

            Estos personajes con la sola ausencia de Francisco Frías que estaba enfermo y Tomás Cortés (le decían el ciego por miope)  ausente, se reunieron y efectuada la votación,  el que obtuvo el primer lugar con más alta votación, fue el Teniente Coronel del   Ejército  don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, en segundo lugar don Manuel Valdivieso y Carrión y en tercer  y   último lugar  el Dr. Gaspar  Carrasco.                        

 

            No había duda que los piuranos habían hecho muy buena elección con Seminario y Jaime pues sus méritos eran indiscutibles, pero estaba  en mal predicamento con Bolívar por haber sido adicto a Riva Agüero.  Fue ese el motivo por el cual el Libertador nombró como Intendente a Manuel de Valdivieso y Carrión que era alcalde de primera  nominación.

            El nuevo Intendente tomó posesión de su cargo el 23 de diciembre.

 

            Carlos Robles Rázuri (ya fallecido)da los datos  biográficos  de este personaje, que fue hijo de don Vicente Valdivieso y Valdivieso y de doña  Marcelina  Carrión e    Iglesias.  Fue un potentado poseedor de muchas casas en la calle San  Francisco de Piura y haciendas como la  de  Macará, que le  embargaba la mayor parte de su tiempo, La  Tina y Pampa Larga todas  en los límites con Ecuador.  En Lima tenía la hacienda Venturosa.   Murió el 11 de mayo de 1840.

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REBELIÓN DEL CAPITÁN MORGOL

 

            El año 1824 la situación económica de los patriotas dejaba mucho  que desear y era común que no se pagara a la marinería adeudándoseles  varios meses de sueldos.  Eso creaba como es natural, frecuentes actos de indisciplina.

 

            Fue  así como el capitán de fragata Morgol que iba en convoy  hacia Huanchaco, debiendo tocar ante en Pacasmayo, no hizo esta escala, se apoderó de la goleta “Estrella” y se dirigió con ella a Paita.

            Por disposición de Bolívar se le siguió el correspondiente juicio.

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COMPLOT CONTRA BOLÍVAR

 

            El primero de junio, se envió desde el Cuartel General de Caraz, una circular a todos los prefectos del territorio libre que eran los departamentos de Trujillo, la Costa y Huánuco, o sea el norte, en la que se manifestaba que se tenía conocimiento que había sido enviado de Lima al Cuartel General un individuo, cuya misión era la de asesinar al Libertador.  Se  daban como  señas que era alto, moreno, de barba cerrada, medio bocón, algo ñato y picado de viruelas.   Solía andar de capota y barbiquejo.  Se le suponía de Chile, y que había sido visto en Huaraz a mediados de marzo, cuando se capturó a otro individuo que se suponía tenía igual propósito.

 

            El buscado personaje había desaparecido repentinamente de Huaraz y tenía muy preocupadas a las autoridades.  Cabía suponer, sin embargo, que con las señas tan saltantes que tenía era muy difícil que pudiera pasar desapercibido.

 

            En Piura fue prendido un individuo llamado Félix Avilés que respondía a todas las señas antes mencionadas y en julio era puesto a disposición del Tribunal de Trujillo, para su juzgamiento.

 

            No se conoce la suerte final corrida por Avilés.

 

            Por esos meses, Piura fue conmovida por un acto truculento.  Un individuo llamado Enrique Rojas, había sido apresado y luego sometido a juicio por homicidio calificado.  Fue condenado a muerte y la sentencia se cumplió por fusilamiento en forma pública.

 

 

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