Capítulo XIII

 

 

C A P I T U L O      XIII

 

 

JUNÍN Y AYACUCHO

 

 

 

-         El  ejército patriota

-         El combate de Junín

-         Junín según el general de la Barra

-         Las Memorias de Miller

-         Canterac relata su derrota

-         El relato de Torrente

-         La intervención de Rázuri

-         Celebran el triunfo de Junín

-         Más reclutamientos en Piura

-         Cambios de funcionarios

-         Confinan en Piura a Manuel Ignacio García

-         Consecuencias de Junín

-         La batalla de Ayacucho

-         Piuranos en Ayacucho

-         Celebran victoria en Piura

 

 

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EL EJÉRCITO PATRIOTA

 

            Fue pretensión de Bolívar la de lograr la independencia del Perú  utilizando tropas  sólo colombianas, es decir sacadas de Venezuela, Colombia y Ecuador.

 

            Se proponía traer nada menos que 10 000 soldados, pero sólo pudo reunir 6500 distribuidos en unos 9 regimientos, en los que había un gran número de peruanos pues las bajas que sufrían por enfermedad, muerte o deserción eran reemplazados por reclutas del Perú Independiente.   Sólo entre el 1ro. de junio y  el 15  de agosto de 1824 fueron incorporados a los  ejércitos de  Colombia, 984 peruanos.  Así  el regimiento  Bogotá de 776 hombres, tenía 200 peruanos y otros 150 de los 673 eran nuestros paisanos.  En cambio los regimientos y batallones peruanos eran un cien por cien del lugar.

 

            Bolívar siempre trató de denigrar a los cuerpos militares del Perú.   Decía que la caballería colombiana era superior a la argentina y la peruana inferior a esta última.

 

            En agosto de 1824, el ejército colombiano estaba formado por las siguientes unidades Vargas,  Vencedor, Rifles, Voltígeros (ex-Numancia), Bogotá, Pichincha, Caracas,  Granaderos y Guías y los Húsares.   En total eran 6800 soldados de los que más de 1500 eran peruanos.

 

            Thomas Rourke, biógrafo del Libertador, en su obra “Bolívar”, dice que éste contaba con cinco mil soldados colombianos y cuatro mil peruanos.   Los primeros bajo el mando de Sucre y los últimos a las órdenes de La Mar. La caballería peruana estaba comandada por Miller.  Cuando el ejército patriota se movió a la búsqueda del enemigo, a Miller y su caballería le tocó la peor parte, pues recorrió mil kilómetros sobre la cresta de la cordillera, lo cual hizo con el mayor de los éxitos.  Se trató sin duda de una marcha épica, que en opinión  del experimentado Miller fue una de las más difíciles marchas cumplidas por algún ejército del mundo.

            En 1824 el ejército peruano tenía los siguientes Regimientos o Batallones; Regimiento de Dragones del Perú, Escuadrón  Guías del Perú,  Regimiento de Infantería de la Legión Peruana,  Escuadrón de Lanceros de la Guardia, Escuadrón de Húsares, Regimiento de Granaderos a Caballo.

 

            Las tropas de Argentina eran los: Granaderos a  Caballo, Batallón Nº 11, Regimiento de Infantería de Río de la Plata y Artillería de los Andes.

 

            Chile tenía el 2do. Batallón de Infantería.

 

            Pertenecían al  Escuadrón   Lanceros de la Guardia, los piuranos  Miguel Medina como abanderado,  los alfereces Andrés Rázuri (de Pacasmayo) y José Ildefonso Coloma en la primera compañía; a la segunda compañía los  alfereces Miguel Cortés del Castillo y Ventura Raygada.

 

            En el 1er. batallón de infantería de la Legión Peruana de la Guardia, se encontraban el sargento mayor  José María Raygada, el teniente 1ro. Felipe Santiago Salaverry, el    subteniente Tomás Arellano, el teniente segundo Andrés Garrido y el  teniente 1ro. Eugenio Raygada.

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EL COMBATE DE JUNÍN

El 2 de agosto el Libertador Simón Bolívar pasó revista a su ejército en el llano de Rancas, y terminó con estas palabras elocuentes:

¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud.

¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.

¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles. —Simón Bolívar

 

         El informe dado por el general Tomás de Heres, secretario general de Bolívar, elaborado el sábado 7 de agosto en el cuartel general de Reyes decía entre otras cosas lo siguiente:

 “los enemigos habían avanzado hasta Pasco, volvieron sobre sus pasos a marchas forzadas, en consecuencia de las noticias que tuvieron de la dirección que seguía  el ejército.

 

            S.E. contaba con forzarlos a una acción formal situándose a su retaguardia por el camino que ellos debían de llegar a Jauja, pero la precipitación  con que marchaban, les proporcionó la dichosa casualidad de llegar y aún pasar el punto en que debíamos encontrarnos, algunas horas antes con nuestro ejército,  que tuvo que hacer una jornada por terreno escabroso y  difícil.  En este estado, observando S.E. (Bolívar) que el enemigo continuaba sin cesar su retirada y considerando por otra parte que se escapaba de entre las manos la ocasión de terminar de un golpe la penosa campaña en que nos hallamos y decidir  la  suerte del país, resolvió adelantarse con la caballería al trote, mandada inmediatamente por el intrépido general  Necochea y   situarla en la misma llanura que ocupaban los enemigos, esperando que aquellos que nos habían buscado tan resueltamente, aprovecharían   la ocasión que se les presentaba de lograr sus deseos, o

 

 que viendo a nuestra fuerza   de caballería sobre ellos, comprometerían una acción para salvar todo su ejército.    Sea correspondiendo a estos cálculos, o  por una ciega confianza  en su caballería, los enemigos cargaron a la nuestra en una situación bien desventajosa para nosotros; el choque de estos dos cuerpos fue tremendo y al fin después de diferentes conflictos en que ambas partes lograban la ventaja, la caballería enemiga aunque superior en número y mejor montada  que la nuestra, fue completamente desordenada, batida y acuchillada, hasta las mismas filas de su infantería, que durante la acción continuaba la marcha hacia Jauja y se hallaba muy lejos del campo, cuando aquella se decidió.  Nuestra caballería ha mostrado un arrojo  que mi pluma no alcanza a expresar y que sólo puede concebirse recordando los siglos heroicos.

            El resultado de esta brillante jornada ha sido la de doscientos treinta y cinco muertos en el campo de batalla, entre ellos diez  jefes y  oficiales, más de ochenta prisioneros, muchos heridos y una infinidad de dispersos.  Se han tomado más de 300 caballos apareados y el campo de batalla está cubierto de toda clase de despojos.  Por nuestra parte hemos tenido fuera de filas 60 hombres muertos y heridos.  Entre los primeros al capitán Urbina de Granaderos a Caballo de Colombia y al teniente Cortés del primer regimiento de caballería del Perú.  Entre los segundos al bizarro general Necochea con siete heridas aunque ninguna de cuidado, al coronel Carvajal de Granaderos a Caballo de Colombia, al comandante Sobervi del 2do. Escuadrón del 1er. Regimiento del Perú, al sargento mayor Felipe Brown y al capitán Pedraza, ambos de  caballería de Colombia. . .”.

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JUNÍN SEGÚN EL GENERAL DE LA BARRA

 

            El historiador, general Felipe de la Barra dice: “ la espléndida victoria de Junín fue debida exclusivamente  a la caballería del Perú, mandada por el bizarro comandante Manuel Isidoro Suárez.  Componíase de gente colectiva de las provincias de Trujillo, Chiclayo y   Lambayeque, y esta circunstancia había dado a que se le considerase poco apta para las operaciones de la guerra.   Canterac, desplegando en batalla su numerosa caballería, dio sobre la independiente una carga  con tal ímpetu y vigor, que destrozando su centro y estrabasando la línea que ocupaba, fue a detener su impulso a la retaguardia de ella. La dispersión  se hizo general (en la caballería mandada por Necochea) y más completo el desorden, con la funesta nueva  que se divulgó de su muerte (sólo estaba herido).  Notando  el desastre, Bolívar que había dirigido los primeros movimientos, cruzó como un relámpago la distancia que lo separaba de la infantería que había quedado  una legua a retaguardia (eso fue motivo para propagarse la noticia de su huída), para ponerse a su frente.

            

 

 Entonces los  enemigos dando  el triunfo por completo, se entregaron a una ciega confianza y abandonaron igualmente su formación, acuchillando por grupos a los dispersos, lo cual visto por Suárez que conservaba en perfecto orden al escuadrón peruano, situado a regular trecho del campo de acción avanzó resueltamente contra ellos –no habiendo cargado desde el principio ni empeñado su cuerpo porque se componía de gente nueva a quienes él no conocía absolutamente- al llegarse   a las manos, tuvo lugar, un lance de heroísmo, que dio origen a lo más tremendo del choque: mandaba una mitad de esta fuerza un intrépido joven natural  de Piura, llamado D.  Miguel Cortés, el cual inflamado en tan solemnes momentos de un ardiente patriotismo y de un vehemente deseo de gloria, apostrofó a grandes gritos a los españoles, en estos términos ¿no hay ningún gallego  que quiera medir  su lanza con la de un peruano?  A cuyas voces se le encaró un vigoroso jinete aceptando le reto con igual audacia.  Cortés al mirarlo se arroja inmediatamente sobre él, y  es quien primero acomete, asestándole una recia lanzada, que logró evitar aquel con suma destreza, y sin dejar a Cortés tiempo de retirar su arma al ristre, envióle la suya con tan desgraciado acierto, que el bravo joven cayó muerto del caballo, atravesando su generoso corazón.  Aquí fue donde comenzó una nueva lucha, la más sangrienta y atroz que pueda imaginarse, esta sola faja de héroes, esta masa de bronce como lo diría el historiador español Torrente, sostuvo el combate con tal furia, decisión y arrojo contra la caballería enemiga, que a bandadas se precipitó sobre ella”.

            Tal lo expresado, por el historiador, General Felipe de la Barra.

 

            En el parte de guerra emitido por el general Santa Cruz, no aparece, ni se menciona el papel decisivo jugado por la reserva de la caballería peruana al mando de Suárez.  Con relación a la acción  en sí, dice Santa Cruz:  “Siete escuadrones mandados inmediatamente por el intrépido general Necochea,  Comandante General de la caballería, se adelantaron a las cinco de la tarde al trote hasta la llanura en donde se hallaba el enemigo.  El general Canterac, confiado en la superioridad de su caballería, o bien obligado a batirse por no ser desordenado en su retirada, formó tres cuerpos y por una brillante maniobra cargó al galopee sobre la nuestra por el frente y por el flanco izquierdo.   Aunque inferiores en número e impedidos por la naturaleza del terreno para desplegar, nuestra caballería resistió la carga con el mayor denuedo.  El choque de estos  dos cuerpos fue terrible, porque ambos estaban satisfechos  de su bizarría, ambos empezaron a acuchillarse y por el momento ellos arrollaron  algunos de nuestros escuadrones, a tiempo que los Granaderos de Colombia, que formaban la cabeza de la columna y estaban en batalla, estimulados por el heroico ejemplo de su Comandante  accidental Mayor  Felipe Brown, rompieron  la izquierda del enemigo.  Los  Húsares de Colombia, al mando de su Coronel  Laurencio Silva y el Primer Regimiento del Perú, a las órdenes del General La Mar, iniciaron un contra ataque por el centro y la derecha.  El enemigo empezó a desordenarse y los nuestros lo cargaron y lo acuchillaron por todas partes.    Sus    escuadrones que ufanos contaban poco antes con  destruirnos, dispersos por una inmensa llanura, ofrecían la más completa idea del desorden.   La caballería  española fue destrozada y perseguida hasta las mismas filas de su infantería  que durante el combate estuvo en inacción y después se puso en completa fuga.

 

            Como se puede apreciar, Santa Cruz no tuvo una idea cabal de cómo habían pasado las cosas, y da méritos por igual a los Húsares de  Colombia y a los del Perú, cuando en realidad sólo a los últimos  correspondió que la derrota se convirtiera en victoria.   Santa Cruz, no explica por qué razón los españoles que antes se consideraban ya victoriosos terminaron repentinamente por desordenarse.

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LAS MEMORIAS DE MILLER

 

            Veamos  ahora lo que dice Miller en sus Memorias.

 

            “En la mañana del 5 de agosto había avanzado el General Canterac a Carhuamayo y  adelantó  con  su caballería a Pasco.  En vez de hallarse en aquellos llanos inmensos  con una sola división aislada, como probablemente esperaba,  supo que el ejército libertador  estaba reunido y  avanzaba por la orilla opuesta del lago.  (Los españoles habían dejado pasar  a los patriotas negligentemente por los desfiladeros desaprovechando  la oportunidad de destruirlos).    Canterac se retiró aquella misma noche sobre su infantería y el 6 siguió su retirada.  Mientras tanto continuaron su marcha los independientes en prolongación de la extremidad sur del lago, para cortar a los realistas, y al cabo de una marcha de cinco leguas por un terreno montañoso, vieron repentinamente al llegar a un punto elevado, a las 2 de la tarde, a los realistas, que a distancia de dos leguas marchaban por los llanos de Junín, un poco al   sur de Reyes. . . A las 4 de la tarde, 900   hombres de la caballería patriota, habiendo dejado a una legua a retaguardia a dos escuadrones (los que  dieron luego la victoria) y  a la infantería, se adelantaron a corta distancia del todo de las fuerzas realistas, compuestas de 8 000 infantes y de 1 200 caballos y un número proporcionado de fuerzas de artillería.   Canterac, considerando peligroso continuar  su retirada sin contener los progresos del enemigo, se puso a la cabeza de su caballería, la hizo desplegar en batalla colocando  un escuadrón  formado en columna a retaguardia e inmediato a los flancos de la línea y mandó a cargar.  La infantería realista continuó su retirada.   Es justo decir que no solamente dio Canterac una carga maestra, sino que logró darla en circunstancias desventajosísimas para los patriotas, cuyo  entusiasmo les había conducido, quizá demasiado cerca del cuerpo del ejército enemigo, y demasiado adelantados por un desfiladero formado por un arroyo y un terreno de pantanos por un lado y una fila de montañas escarpadas por el otro que les impedía desplegar con la rapidez que las circunstancias requerían.  El escuadrón que formaba la cabeza de la columna fue el único que pudo desplegar (fue todo sin duda alguna, una pésima maniobra de Bolívar).  El General Bolívar mandó al General Miller para que con 250 hombres (eran peruanos), flanquease la derecha de las líneas realistas que iban avanzando, pero como éstos se echaron encima al galope, no pudo llevarse a efecto este movimiento y tuvo que converger sobre su derecha y atacar de frente.”

 

            “La gente que mandaba Miller junto con el ala derecha de los patriotas  al mando de Necochea, fueron cargados al mismo tiempo.   El choque fue tremendo y sus consecuencias naturales en las circunstancias que acaban de describirse, fue la derrota total de los patriotas, a excepción de unos cuantos granaderos a caballo de Colombia a órdenes del bizarro Mayor Braun, que se abrió paso por los enemigos, y un escuadrón peruano que estando al primer choque un poco a la retaguardia, se liberó afortunadamente de la suerte de los demás  (fue este el escuadrón Isidoro Suárez).  Con el primer movimiento debe terminar todo elogio a la caballería española, porque en vez de guardar su primitivo orden o conservar su reserva, se dividieron o dispersaron.   Una parte perseguía a la caballería patriota a las órdenes de Miller que trataba de alcanzar el camino de Cacas y la otra seguía por el desfiladero al resto de los patriotas.”

 

            “El Teniente Coronel Suárez, que mandaba el escuadrón  peruano que no había sido batido, había en el entretanto avanzado sin oposición a ocupar el intervalo que dejaron los realistas y hallándose completamente a su retaguardia, empezó a cargar a los que perseguían la izquierda de los patriotas al mando del General Miller, el cual viéndose embarazado por lo pantanoso del terreno, volvió caras e hizo frente al enemigo (en realidad, Miller pudo observar que la situación había cambiado y en lugar de salir huyendo, reingresó al combate).”

 

            “Hallándose los realistas sumamente extendidos y en desorden,   y viéndose amenazados por el frente y la retaguardia, principiaron a fluctuar y huyeron a su vez.      El oportuno socorro de Suárez facilitó a los escuadrones patriotas dispersos de la derecha y de la izquierda, la posibilidad de reunirse y el General Miller, los Coroneles Carbajal, Silva, Cruix y el Mayor Braun con cuanta gente pudieron reunir, apoyaron a Suárez.    Entonces los patriotas emplearon sus lanzas con tal efecto, que la decantada caballería de los españoles se puso en una total y vergonzosa fuga.  El Teniente Coronel Suárez y el Mayor Braun fueron los oficiales que más se distinguieron y más contribuyeron al éxito feliz de la acción.  El Primer Regimiento de Caballería del Perú, anteriormente Húsares de la Legión, tomó el nombre de Húsares de Junín, en virtud de la orden de Bolívar y en testimonio de su aprobación al valiente comportamiento que tuvo en aquella acción.”

 

            Tal el informe de Miller que por haber estado en medio de la acción, estuvo en condiciones de ser más exacto en su manifestación.

            El comandante Suárez era una argentino de sólo 23  años de edad, y sin embargo ya era todo un veterano, pues desde los 16 años había servido en el ejército de San Martín,  habiendo estado presente en las victorias de Chacabuco y Maipú que dieron la independencia a Chile..   También tuvo mas tarde brillante participación en la batalla de Ayacucho, nada de lo cual impidió que Bolívar lo desterrase a la Argentina dos años más tarde.

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CANTERAC RELATA SU DERROTA

           

El general Canterac, sobre su derrota en Junín, informaba al virrey del siguiente modo:

           

Para cerciorarme si era efectivo que General Bolívar empezaba las operaciones, me dirigí rápidamente con el ejército a mi mando sobre Pasco, y habiendo averiguado que marchaba por la orilla de la derecha de la laguna, retrocedí para dirigirme a atacarlo por su retaguardia, o bien interponerme entre él y este valle.  Estando en marcha en las Pampas de Reyes, el día 6 a las 2 de la tarde, reconocí al ejército enemigo que estaba sobre la derecha de mi retaguardia.  Continué mi marcha, y habiendo adelantado el enemigo su caballería, separándola a dos leguas de distancia de su infantería, se me presentó, fiado yo en el mayor número de la nuestra y en el valor los creía animados y me manifestaban todos sus individuos a la

vista del enemigo; tuve la ocasión por extraordinariamente propicia.  Los enemigos tenían dos escuadrones formados en batalla, y los demás hasta el número de ocho, en columna por mitades, entre un cerro y un pantano, que  impedía  a éstos poder desplegar; cargué de frente con los escuadrones de húsares y dragones del Perú que estaban en batalla y los 4 escuadrones de la Unión en dos columnas sobre mis dos flancos destinados a flanquear a  los enemigos y al mismo tiempo la de la derecha a servir de reserva.  Los escuadrones enemigos que estaban en columna al ver la carga volvieron grupas y se desordenaron completamente, los que estaban en la batalla fueron atacados de frente a flanco por haber éstos aguardado la carga a pie firme y estaban ya en desorden, cuando en este mismo instante, sin poder imaginarme cual fue la causa, volvió grupas nuestra caballería y se dio a una fuga vergonzosa, dando al enemigo una victoria que era nuestra y que decidía en nuestro favor la campaña, pues todos los generales enemigos estaban a la cabeza  de su caballería y batida ésta, caían indispensablemente en nuestro poder, en razón  al desfiladero que tenían a retaguardia.”

           

            Como se puede apreciar Canterac se dio cuenta del grave error táctico de Bolívar al haber escogido mal el terreno para el combate.  Por otro lado, Canterac, no llegó a saber –cuando menos al momento de dar el parte-  la razón de la fuga repentina de  la caballería realista.

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EL RELATO DE TORRENTE

 

            Mariano Torrente en “Historia de la Revolución de la Independencia del Perú”, se ocupa de la acción de Junín de la siguiente forma:         

            “Reconcentrado el expresado ejército de Bolívar en el valle de Huaraz, emprendió su marcha sobre Pasco en el mes de julio.  Los generales Lara y Córdova mandaban la primera y la segunda división  de infantería, La Mar la tercera.  La caballería del Perú fue puesta a órdenes de Miller, la de Colombia a las   órdenes del Coronel Carvajal, los Granaderos a Caballo de Buenos Aires eran dirigidos por su Coronel Ruiz, el General Necochea fue designado por el jefe principal de dicha  arma. El General Sucre era el Jefe de Estado Mayor de todo el ejército, el doctor Sánchez Carrión iba al lado del Dictador como Ministro General para los negocios del Perú. Inconcebible parecía como en tan poco tiempo hubieran logrado los insurgentes, poner en campaña una fuerza  tan numerosa y bajo un pie tan respetable de arreglo y buena dirección.  Abundaban las provisiones de guerra y boca, el armamento, vestuario, medios de transporte y cuantos medios guerreros se necesitaban para abrir una importante campaña.  El ejército del General Canterac, aunque compuesto a principios de año de 9000  hombres, no tenían esa sazón  sino 6500 para llevar al frente de Bolívar.  La guarnición del Callao la había distraído 1500 y los 1000 restantes estaban dados de baja por enfermedades y otros objetos.  Sin embargo pues, de la inferioridad de su número trató Canterac de obstruir la marcha del enemigo y aún de arriesgar alguna batalla si podía contar  con todas las probabilidades de la victoria.

            Las tropas de Bolívar cruzaron los horribles desfiladeros de las cordilleras de los Andes con tanta constancia y sufrimiento que sería un acto de injusticia, negarles el gran mérito contraído en  esta campaña pero la gloria que refluye sobre ellas en haber ejecutado con tanta felicidad esta penosísima marcha, habría podido ser disputada por los realistas,  si su situación les hubiera permitido salirles al encuentro con antelación, o más bien si hubieran tenido tanta confianza y ventaja en el arma de infantería, como pretendían tenerla en la caballería, por cuya razón buscaban más bien terrenos llanos para hacer un bizarro despliegue de ella.

            Al llegar Bolívar al llano que encuentra entre  Rancas y Pasco, dio una enérgica proclama a su ejército para animarle a combatir contra las  brillantes tropas del  citado Canterac, cuyos puestos avanzados se encontraban en Casas, distantes tres leguas de Reyes.  No dejó de influir en el mayor aliento de los independientes,   el recuerdo, de haber obtenido cuatro años antes en aquel mismo sitio, una importante victoria sobre el brigadier  O’Reilly.

            Deseaba en efecto el General Canterac dar una muestra positiva de su poder, figurándose invencible con dichos cuerpos de caballería, que podían competir en todos sentidos con los mejores de Europa, por lo que estuvo acechado el modo de empeñar esta sola arma, si bien caminaba con todas sus fuerzas sobre el camino real que conduce a Reyes. Ya había llegado a Carhuamayo y Pasco el 5 de agosto, cuando noticioso de que el enemigo se avanzaba por la orilla derecha de la laguna, retrocedió para que no se le colocase a retaguardia.

            Ambos ejércitos se buscaban, y ambos se hallaron el día 6 en Junín o Pampas de los Reyes, a las   dos de la tarde.  Habiendo observado Canterac que la caballería insurgente era la que únicamente se había adelantado dejando su infantería a unas dos leguas de distancia, se llenó de gozo por ser esto lo que tanto deseaba.  Dando pues la orden de  que la suya continuase la retirada por temor de que si se emplease le arrebatase al enemigo, con su pronta fuga, el triunfo que daba por seguro, formó su plan de atacar simultáneamente su derecha, izquierda y centro.

            Tenían los disidentes formados 900 caballos en las  Pampas  o llanura del  mencionado punto de Junín, apoyando su derecha a un cerro y su izquierda a un pantano.  Las tropas de Canterac dirigidas sobre  el centro llegaron  a romperlo y   aún a colocarse a retaguardia; las que habían salido  a flanquear la izquierda se hallaron con el citado pantano, cuyo obstáculo no habían previsto, y quedaron paradas sin tomar parte en la acción; la columna dirigida sobre la derecha había así mismo cumplido con lucimiento su respectivo encargo.  Ya los independientes habían sido arrollados a pesar de su arrojo y decisión, no habían podido resistir al terrible empuje de la caballería realista y ya éstos empezaban a entonar el himno de la victoria, cuando dos escuadrones enemigos que estaban a retaguardia, al mando del Teniente Coronel Suárez, se lanzaron sobre los vencedores que se hallaban también en el mayor desorden y confusión mezclados con los vencidos. 

 Reunidos éstos, con aquella masa de bronce que guardaba una perfecta formación, cayeron de nuevo sobre  los diseminados realistas, los acuchillaron horrorosamente, los obligaron a ponerse en pronta retirada y les arrebataron el campo de batalla”.

 

            Tal la narración de un escritor español  que escribió en la misma época en que los acontecimientos se desarrollaron y que por eso se mostró -como era natural- muy parcializado, pero que como  vemos en la narración que hace de la batalla de Junín se pega más a la verdad que muchos otros historiadores.

 

            Sobre la actitud de Bolívar, Torrente dice:  “Bolívar, que apenas vio la primera dispersión de su caballería  en los llanos de Junín, se puso según su costumbre, en precipitada fuga hacia su infantería, creyéndolo todo perdido, recibió a poco tiempo la plausible como inesperada noticia de la victoria”.

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LA INTERVENCIÓN DE RÁZURI

 

            El General Miller en sus Memorias, relata este episodio de la siguiente manera: “Pero así que percibió la dispersión Bolívar, marchó inmediatamente en busca de la infantería, a la cual colocó en una altura elevada cerca de una legua a retaguardia, donde permaneció hasta que recibió el primer parte del General Miller, anunciándole la victoria”.

 

            Por muchos años no se difundió, cual había sido la razón por la cual el Comandante Isidoro Suárez que estaba al mando de los dos escuadrones Húsares del Perú, se decidió a intervenir en tan crítico momento.

 

            Los dos escuadrones estaban formados por norteños muy bisoños, en los que Bolívar no tenía la menor confianza, por cuyo motivo los dejó a la retaguardia sin darles orden de intervenir.  Sin embargo, allí había algunos veteranos de la victoria de Pichincha como el Alférez Miguel Cortés del Castillo.

Desde el lugar en donde estaba Suárez, se dominaba todo el campo y lleno de incertidumbre al ver la derrota de la caballería patriota, envió a su segundo el  joven Teniente José Andrés Rázuri a pedir instrucciones al General La Mar, jefe de las fuerzas peruanas en Junín.

 

            La Mar, le dijo a Rázuri lo siguiente:  Diga Ud. al Comandante Suárez que salve sus fuerzas como pueda”.

 

            Rázuri, lleno de gran patriotismo y deseo de entrar en acción, cambió audazmente la orden y le dijo a Suárez: “Mi comandante, el General La Mar, dice que ataquemos como  sea”.  Luego, mostrando a su jefe el campo de batalla dijo:  Ahora es el momento de cargar”.

 

            Fue así como “aquella masa de bronce en perfecta formación“,  como le dice Torrente, se lanzó a la batalla y dio la victoria.

 

            Junín fue pues un triunfo de piuranos, lambayecanos y trujillanos, en donde destacó el gesto patriota de Rázuri, el heroísmo de Miguel Cortés y el denuedo y decisión de Suárez.

 

            Después de la victoria, el General La Mar mandó a llamar al Teniente Rázuri y con gesto adusto le dijo:  Usted debe ser fusilado por haber cambiado en plena batalla una orden de su superior, pero se le perdona porque se le debe la victoria”,   y cambiando de semblante lo abrazó.

 

            Muchos años más tarde, fue el propio Rázuri el que narró el episodio y otros lo confirmaron.

 

            Rázuri después del conflicto con Colombia se radicó en Piura y contrajo matrimonio con una piurana.  Se dedicó a la agricultura en Tambogrande.   Miguel Cortés era aún un adolescente cuando murió heroicamente.  Era hijo de don Antonio  Cortés y Fuentes Zorrilla de la Gandara y de doña María Paula del Castillo y Talledo. Fue   tío de Miguel Grau.

 

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CELEBRAN EL TRIUNFO DE JUNÍN

 

            Cuando el 13 de agosto se reunieron en el cabildo de Piura cincuenta prominentes vecinos designados por dicho cabildo para que propusieran una terna para el cargo de intendente, sólo dos faltaron, no obstante, las advertencias de que no se admitirían excusas por las inasistencias.

 

            Los no concurrentes fueron don Francisco Frías y Adrianzén, que estaba enfermo,  y don Tomás Cortés del Castillo, al que por ser miope le llamaban el “ciego Cortés”,  que no concurrió  por estar de viaje.

 

            Era éste, hermano del alférez de caballería Miguel Cortés del Castillo  que había muerto heroicamente el 6 de agosto en combate.  No obstante la lejanía, no resultaba improbable que ya la infausta noticia hubiera llegado a la familia, lo cual motivaría el viaje de Tomás.

 

            El cabildo no volvió a reunirse sino hasta el 31 del mismo mes y se toma el acuerdo de felicitar a Bolívar, por la victoria de Junín, que la consideraban era un triunfo personal –criterio sin duda muy equivocado-.

 

            Recién el 20 de noviembre, el cabildo se decide celebrar el triunfo de Junín, pero no por propia iniciativa, sino por una Suprema Orden transmitida a todos los pueblos del norte por el prefecto de Trujillo.

 

            Se debía como parte de las celebraciones, oficiar solemnes exequias por los valientes que con su sangre habían reconquistado la libertad peruana, para lo cual se nombró una comisión para hacer una colecta entre el vecindario. Se fijó el día 25 para tal celebración, pero resultó que los ciudadanos de Piura no contribuyeron, por lo cual el concejo  con sus propios fondos hizo la celebración.

 

            Lo que llama poderosamente la atención es que en las sesiones del cabildo no existe la menor referencia a la muerte del joven Cortés, no obstante que se trataba de una familia muy conocida y patriota.

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MÁS RECLUTAMIENTO Y CUPOS

 

            Una vez más los piuranos recibieron con gran disgusto una orden de Bolívar, por más contingentes de sangres y también de mayores contribuciones económicas.

 

            El 18 de noviembre, el  intendente y comandante general de la provincia, el coronel Manuel Torres Valdivia, notificaba al cabildo que se tenían que aportar 800 reses, las mismas que serían enviadas con dirección a Santiago de Chuco, debiendo el cabildo prorratear entre los pueblos y los hacendados este cupo, a la brevedad posible.

 

            También solicitaban 400 hombres para el arma de caballería, lo cual prueba que recién –y a raíz del triunfo de Junín- se valoraba en debida forma las condiciones y capacidades de la juventud piurana como soldados de a caballo.  El concejo, al deliberar sobre este asunto, llegó a la conclusión de que había escasez de jóvenes a causa de las frecuentes levas, y que “por ahora los que existen se encontraban desempeñando actividades diversas, incluyendo talleres para  obras del propio Estado”, que no podían abandonarse.  El cabildo señaló para la ciudad de Piura, sólo una cuota de veinte, bajo la condición de que se aumentaría el número si es que se encontraban más hombres útiles.

 

            De varios pueblos del interior, también llegaron protestas contra el reclutamiento que paralizaba la agricultura.

 

            Pero la demanda de mayor contribución no tenía cuando acabar.  Poco tiempo después  se exigió al pueblo de Colán y a los hacendados del Bajo Chira, un aporte de 200 reses, para alimentación de las tropas auxiliares de Colombia, que al decir del coronel José María Egúsquiza, no formaban parte de la anterior cuota de 800 reses.

 

            Por Paita y Colán pasaron  los barcos colombianos “Pichincha” y “Paynety” conduciendo un Escuadrón de Lanceros y soldados de Infantería destinados todos  a reforzar el sitio de los Castillos del Callao.  Algunos de esos soldados venían enfermos, hasta con viruela.

 

            Por este tiempo, Piura tuvo que aportar también 100 mulas aparejadas con sus monturas y herrajes, las que llegaron a Trujillo a fines de noviembre.

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CAMBIO DE FUNCIONARIOS

 

            Tal como sucede en la actualidad, el cambio de gobernantes trae  consigo el cambio de funcionarios.  Siempre los grupos políticos  antagónicos  se mostraban muy activos  recomendando a los suyos.

            En la sesión del congreso del 2 de diciembre de 1823, don Manuel León desde Piura presentaba un petitorio para que se restituyera a su hermano José María en el empleo de administrador de la aduana de Paita, según se afirmaba lo había destituido “el tirano  Rivagüero” por venganza política, para premiar también a un traidor que se había dedicado a recoger firmas de vagos de Trujillo, para la disolución del cuerpo legislativo.  A tenor de la comunicación enviada en enero de 1824 del ministerio de hacienda al congreso, el pedido fue atendido.

 

            El 10  de noviembre de 1824 el ministro Sánchez Carrión pasaba la siguiente comunicación al prefecto de Trujillo:

            “Su Excelencia el Libertador, ha venido a mandar que el administrador de rentas de la ciudad de Piura, don Vicente Navarrete, sea separado de dicho empleo y que en el acto sea residenciado rigurosamente y encargado el destino a don Santiago León, mientras se nombre al que debe servirlo.

            Con este motivo desea Su  Excelencia saber la conducta de todos los empleados de hacienda a fin de poner remedio en muchos desórdenes que con dolor se están notando, a pesar de los decretos expedidos con el único fin de arreglar este importante ramo.

 

            El 18 de noviembre el mismo ministro comunica que “Su Excelencia se ha servido nombrar Receptor de la  Aduana de Piura a don José Ramos con la misma asignación  que han servido otros este empleo”.

 

            Recién en marzo de 1825 se solicitó al cabildo una relación de ciudadanos probos que podían servir para los diversos cargos de hacienda en la provincia. Se  confirmó a Santiago León.

 

            Santiago  León y  Valdivieso era un abogado de prestigio que había tenido la defensa de los menores José Antonio  Echandía Ramos y Josefa  del Castillo y Talledo  por el matrimonio que habían celebrado y  que la autoridad eclesiástica objetaba.

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CAMBIAN AL CORONEL TORRES VALDIVIA

 

            El 17   de noviembre, Sánchez Carrión hizo conocer  al prefecto de Trujillo el cambio del coronel Torres Valdivia, como intendente y comandante general de la provincia de Piura.  Con tal motivo cursó la siguiente comunicación:

 

            “Su Excelencia el Libertador, enterado de la nota de Vuestra Señoría del 6  de los corrientes, sobre la necesidad de cambiar al  Comandante Militar de la Provincia de Piura, se ha servido ordenar sea sustituido  el Coronel Don Manuel Torres Valdivia por cualquier otro jefe u oficial, en quien concurran cualidades necesarias, respecto de que el expresado tiene que venir a mandar la artillería en el sitio del Callao.  Su Excelencia espera que el Comandante que se nombre sea una persona tal, que después de llenar el servicio  público, guarde mejor armonía con el Intendente de la Provincia y merezca la confianza de los pueblos para evitar contiendas desagradables y la vejación de los vecinos”.

 

            Torres Valdivia había venido desempeñando los cargos de intendente y de comandante general, pero ahora se habían separado  las funciones y como  intendente figuraba ya don Manuel Valdivieso y  Carrión.

 

            El cabildo se ocupó en sesión del 7 de diciembre del traslado de Torres Valdivia y   acordó pedir su continuación al frente del cargo pero solo al mando militar.  El citado comandante general continuó en el cargo hasta fines de febrero de 1825 en que fue reemplazado por el coronel José Ignacio Checa.

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CONFINAN EN PIURA A IGNACIO GARCÍA

 

            El 2 de diciembre de 1824, se dispuso el confinamiento en Piura de varias personas a las que se consideraba anti-patriotas.

 

            Con tal motivo Sánchez Carrión envió al prefecto de Trujillo el coronel Luis José de Orbegoso, la comunicación que sigue:

 

            “Su Excelencia el Libertador, manda confinados en la goleta “Guayaquileña” a la ciudad de Piura, a don Manuel Ignacio García por haber regresado a Lima desde la Costa,  habiendo emigrado en febrero a consecuencia de la defección del Callao; a don Justo Zumaeta por el mismo delito y a don Agustín Soria por haber venido de Lima al Valle  de Chancay con las tropas españolas y otros que combinaron la revolución de dicha  villa para entregarla a los enemigos; y  a don Tadeo López por haber sido perturbador del orden y   agente del traidor  Torre Tagle en el mes de febrero.

 

            Su Excelencia quiere que los tres primeros aprendan en esa  distancia  a tener honor y   firmeza por la  causa de la Patria y que el último entienda que nada importa al patriotismo más exaltado si por otra parte se empeñan los ciudadanos en trastornar el orden y atacar a las  autoridades de la República.

 

            En su consecuencia, los referidos guardarán la ciudad por arresto debiendo presentarse diariamente a la Intendencia de la Provincia, mientras el Gobierno con conocimiento de su conducta y variadas las  circunstancias, mande a restituirles al lugar de su residencia.”

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CONSECUENCIAS DE JUNÍN

 

            La victoria de Junín estimuló grandemente la confianza y decisión de los patriotas y para los españoles fue un verdadero desastre no tanto por las pérdidas  en sí,   si no por sus consecuencias.

 

            El mismo Canterac dice: “la fuga de nuestra caballería y la superioridad numérica de la infantería enemiga me precisaron a ver de alejarme con la rapidez posible del enemigo, para no exponer mis fuerzas a un contraste”. “Nuestra pérdida ha sido de poca consideración en el número, pero ha influido extraordinariamente en el ánimo, particularmente en el de la caballería”.

 

            Miller en sus memorias, dice que los españoles perdieron 19 oficiales y 345 hombres muertos y 80 prisioneros (es decir, la tercera parte, lo que no era poco).  Los patriotas tuvieron 3 oficiales (el capitán Urbina de los Granaderos a Caballo de Colombia, el tnte. Cortés del 1er. Regimiento de Caballería y  tnte. coronel   Carlos Sowersky  que había luchado junto a Napoleón en Borodina ) y 42 hombres muertos, así como 8 oficiales y 91   soldados heridos.  Se le tomaron a los españoles 400 caballos ensillados, lo que muestra su precipitada fuga.

 

            La caballería argentina, los famosos Granaderos de los Andes, con 122    soldados en Junín, no tuvo tan brillante comportamiento como  correspondía a su gloria.  Tuvo 8 muertos y 16 heridos;  la caballería de Colombia formada por 598   jinetes que eran los engreídos de Bolívar, resultó con sólo 3 muertos y 8 heridos; y los Húsares de Junín con 519 combatiente, resultó con 23 muertos y 45   heridos.  Eso dice bien a las claras, que fueron los jinetes peruanos los que hicieron la mayor parte de la victoria de Junín sobre todo los  soldados norteños.

 

            Bolívar dejó el ejército al mando de Sucre y se fue a Lima; mientras que Canterac emprendía precipitada fuga hacia Ayacucho y el Cuzco para unirse al Virrey.  La caballería de Canterac que se consideraba  invencible,  había sido derrotada por los soldados bisoños del norte del Perú.

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LA BATALLA DE AYACUCHO

 

            Sucre en su Parte de Guerra del 11 de diciembre; tras de narrar el descalabro de Corpahuaico en donde la división de Lara sufrió grave daño perdiendo los patriotas  300   hombres y abundante parque, se refiere a la batalla en los siguientes  términos:

 

           

 

“La aurora del día 9 vio a estos dos ejércitos disponerse para decidir los destinos de una nación.  Nuestra línea formaba un ángulo: la derecha  formada por los batallones de Bogotá, Voltigeros (ex–Numancia), Pichincha y Caracas, al mando del Sr. General Córdova;  la izquierda de los batallones 1ro., 2do., 3ro. y Legión  Peruana bajo el Ilustrísimo Sr.  General La Mar; al centro los  Granaderos y Húsares de Colombia con el Sr. General Miller y en reserva, los Batallones Rifles, Vencedores y Vargas,  al mando del  Sr. General Lara.  Al reconocer los cuerpos recordando a cada uno sus triunfos,  su gloria, su honor y su patria, los vivas al Libertador y a la República, resonaban por todas   partes.  Jamás el entusiasmo se mostró con más orgullo en el frente los  guerreros.  Los españoles a su vez, dominando perfectamente la pequeña llanura de   Ayacucho, y con fuerzas casi el doble, creían cierta su victoria.”

 

“Nuestra posición aunque dominada, tenía seguros sus flancos por unas barrancas y por su frente no podía obrar la caballería enemiga de un modo uniforme y completo.  La mayor parte de la mañana fue empleada en sólo fuego de artillería y de los cazadores.  A las diez de la mañana, los enemigos situaban al pie de la altura cinco  piezas  de batalla, arreglando también sus masas a tiempo que estaba yo, revisando las líneas de nuestros tiradores.   Di a éstos  la orden de forzar la posición en que  colocaban la artillería,  y fue la señal del combate.”

 

            “Los españoles bajaron velozmente  sus  columnas, pasando a las quebradas de nuestra izquierda los batallones de Cantabria, Centro, Castro, 1ra.  Imperial y dos escuadrones de Húsares, con una batería de seis piezas, formando demasiadamente su ataque por esa parte.  Sobre el Centro, formaban los batallones Burgos, Infante, Victoria, Guías y 2do. del Primer Regimiento, apoyando a la izquierda de este con tres escuadrones de la Unión; el de San Carlos, los cuatro de los    Granaderos de la    Guardia y las cinco piezas  de artillería ya situada; y en la altura de nuestra izquierda, los batallones de 1 y  2 de Gerona, 2do.Imperial y 1ro., del Primer Regimiento:  el de Fernandinos y el escuadrón de Granaderos de  Alabarderos del  Virrey.”

            “Observando que las masas del centro no estaban en orden, y que el ataque de la izquierda se hallaba demasiado comprometido, mandé al Señor General Córdova, que lo cargase rápidamente con sus columnas, protegido por la caballería del Señor General  Miller, reforzando a un tiempo al General La Mar, con el batallón Vencedor y sucesivamente con Vargas, mientras Rifles quedaba en la reserva para   rehacer el combate donde fuera menester.  El Señor General  Lara recorría sus cuerpos en todas partes.   Nuestras masas de la derecha marchaban armas a discreción,  hasta cien pasos de las columnas enemigas, en que cargadas  por ocho escuadrones españoles, rompieron el fuego pero los nuestros,  comenzaron a rechazarlos y despedazarlos con nuestra soberbia caballería: fue un momento.  La infantería continuó inalterablemente su carga en todo su frente.”

            “Entre tanto los enemigos, penetrando por nuestra izquierda, amenazaban la derecha del General La Mar, y se interponía entre éste y el Señor General Córdova con los batallones en masa, pero llegando en oportunidad  “Vargas” al frente y ejecutando bizarramente  los Húsares de Junín la orden de cargar por los flancos de estos batallones,  quedaron disueltos.  “Vencedores” y los Batallones 1, 2 y 3 y la Legión Peruana marcharon audazmente, sobre los otros  cuerpos de la derecha enemiga, que reuniéndose tas las barrancas presentaban nueva resistencia, pero reunidas las fuerzas de nuestra izquierda y precipitadas a la carga; la derrota fue completa y absoluta.”

            “El    Señor General Córdova trepaba con sus cuerpos la formidable altura del Cundurcunca, donde se tomó prisionero al  Virrey  La Serna.  El Señor General La Mar, salvaba en la persecución, las difíciles quebradas de su flanco y el  Señor General Lara marchaba por el centro, asegurando el suceso.   Los cuerpos del Señor General  Córdova

fatigados del ataque, tuvieron la orden de retirarse y  fue sucedido por el  Señor General Lara, que debía reunirse en la persecución al General La Mar, en los altos del Tambo.  Nuestros  eran ya más de mil prisioneros, entre ellos sesenta jefes y oficiales, catorce  piezas de artillería, dos mil quinientos fusiles, muchos otros  artículos de guerra,  y perseguidos y cortados los enemigos en todas direcciones; cuando el general  Canterac, Comandante en Jefe del ejército español,  acompañado del General La Mar, se me acercó a pedir una capitulación.  Aunque la posición del enemigo podía reducirlo a una entrega  discrecional, creí digno de la generosidad  americana  conceder algunos  honores  a los rendidos,  que vencieron catorce años en el Perú; y la capitulación  fue ajustada en el campo de batalla, en los términos que verá Ud. por el tratado adjunto; por él se han entregado todos los restos del  ejército español,  todo el territorio del Perú ocupado por sus armas, todas sus guarniciones,  sus parques,  almacenes militares y la Plaza  del Callao con sus existencias.”

 

“Se hallan por consecuencia en poder del  Ejército Libertador, los tenientes generales La Serna y Canterac, los mariscales Valdez, Carratalá, Monet y Villalobos; los generales de brigada  Bedoya, Feraz,  Camba,   Somocurcio Cacho, Landázuri, Atero, Vigil, Pardo y Tur, 16 coroneles, 68   tenientes coroneles, 484 mayores y oficiales, más de dos mil   prisioneros de tropa, inmensa cantidad de fusiles, todas las cajas de guerra, municiones y cuanto elemento militan poseían.”

              General Córdova,

                atacó diciendo:

¡Adelante!, paso de vencedores, armas a discreción

 
 


            “Mil ochocientos cadáveres y setecientos heridos, han sido en la Batalla de Ayacucho, las víctimas de la obstinación y de la temeridad española.   Nuestra pérdida es de 370 muertos, y 609  heridos.  Entre los primeros el Mayor Duxbury del “Rifles”; el Capitán Urquiola del “Húsares de Colombia”; los Tenientes Oliva de “Granaderos de Colombia”, los capitanes Colmenares y Ramírez del “Rifles”.  Los tenientes Bonilla del “Bogotá”, Sevilla del “Vencedor”; y Prieto y Ramonet del “Pichincha”.  Entre los heridos, el bravo Coronel Silva del “Húsares de Colombia” que recibió tres lanzazos cargando con extraordinaria audacia a la cabeza de su regimiento.  El Coronel Luque  que a la cabeza del batallón “Vencedores” entró a las filas españolas; el Comandante León del Batallón Caracas, del 2 del Húsares de Junín que se distinguió particularmente: el coronel Leal  contuso que a la cabeza del “Pichincha” no sólo resistió las columnas de caballería enemiga, sino que las cargó con su cuerpo; el Mayor Torres del Voltijeros; el Mayor Somosa del “Bogotá” cuyos batallones conducidos por los Coroneles Guas y Galindo trabajaron con extraordinaria audacia. Los  capitanes: Jiménez, Conquis, Dorronsoro, Brown, Gil, Córdova y Urena. Los tenientes Infantes, Silva, Suárez, Villarino, Otárola y Frenche.”

 

            “Los subtenientes Galindo, Chabur, Rodríguez, Malaba, Terán y Pérez de la Segunda División de Colombia. Los capitanes Landaeta, Troyano, Alcalá, Doronsoro, Granados y Miró.   Los tenientes  Pásaga y  Arisscum y el subteniente Sabino de la 1ra. División de Colombia. Los tenientes  Otárola, Suárez, Horna, Posada, Miranda y Montoya, los Subtenientes Iza y  Alvarado (Alvarado Ortiz, paiteño)de la División del Perú.  Los tenientes    coroneles Castilla y Geraldino, los tenientes Moreno y Piedrahita del Estado Mayor.”

 

            “Estos oficiales son muy dignos de una distinción singular.”

            “El Batallón “Vargas conducido por su denodado Comandante Morán (Trinidad) ha trabajado bizarramente.  La Legión Peruana con su Coronel Plaza sostuvo gallardamente su reputación.  Los batallones 2 y 3 del Perú con sus comandantes Gonzáles y Benavides mantuvieron firmes sus puestos contra bruscos ataques.  Los Cazadores del Nº 1 se singularizaron en la pelea, mientras el cuerpo estaba en reserva.  Los Húsares de Junín conducido por su Comandante Suárez, recordaron su nombre para brillar con valor especial, los Granaderos de Colombia destrozaron con su carga el famoso regimiento de la Guardia del Virrey.    El Batallón Rifles no entró en combate, escogido para reparar cualquier desgracia, recorría los lugares más urgentes y su Coronel Sanders, los invitaba a vengar la traición con que fue atacado en Corpahuaico.  Todos los cuerpos en fin han llenado su deber cuanto podía desearse.”

 

            “Con satisfacción cumplo el agradable deber de recomendar a la consideración del Libertador, a la gratitud del Perú y al respeto de todos los valientes de la tierra, la serenidad del Señor General La Mar ha rechazado el instante de decidir la derrota.”

 

            “La bravura con que el General Córdova condujo sus cuerpos y desbarató en un momento el centro y la izquierda enemiga.  La infatigable actividad con que el Señor General Lara, atendía con sus reservas a todas partes y la vigilancia y oportunidad del Sr. General Miller, para las cargas de Caballería.”

 

            “Como el ejército todo ha combatido con una resolución igual el peso de los intereses que tenía a su cargo, es difícil  hacer una relación de los que más han brillado, pero he prevenido al Señor General en Jefe de Estado Mayor General, que pase a Ud. los originales de las noticias  enviadas por los cuerpos.  Ninguna recomendación es bastante para significar el mérito de estos bravos.”

 

            Según los estados tomados al enemigo, su fuerza disponía en esta jornada, era de  9,310 hombres, mientras que el Ejército  Libertador formaba 5,780.  Los españoles no han sabido si admirar más, si la intrepidez de nuestras   tropas en la batalla, ola sangre fría, la constancia, el orden y el entusiasmo.”

 

            “La campaña del Perú  está terminada.  Su independencia y la paz de América se han firmado en este campo de batalla.   El Ejército  Unido quiere que sus trofeos en la victoria de Ayacucho sean una oferta digna de la aceptación del Libertador de Colombia.   Dios Guarde a Ud.  Antonio José de Sucre.”

 

La batalla de Ayacucho se ganó por el arrojo del joven general Córdova. En un momento crucial, el general Sucre se le acercó y le dijo: general Córdova, si toma los altos del cerro Condorcunca, habremos ganado la batalla. Entonces Córdova se bajó de su caballo y arengó a sus soldados diciéndoles: ¡Adelante, paso de vencedores. Armas a discreción ¡ Al llegar a su meta, Córdova encontró al Virrey La Serna herido, y a continuación vino la solicitud de capitulación.        

El historiador español Mariano Torrente  afirma que el ejército realista en octubre contaba con 9500 pero que desde esa fecha había sufrido bajas considerables en los  47 días de continuos movimientos por los parajes más fragosos y  difíciles, en el paso de una multitud de torrentes y ríos a causa de las privaciones de todo género que habían  sufrido y la deserción propias de aquellas tropas, como también por los muertos y herido en las   acciones de Andahuaylas, Matará y otras escaramuzas.  Su fuerza efectiva era pues igual a la de los enemigos, es decir de 7 a 8000 hombres sin que se observase más superioridad que en la artillería.

 

            Continúa Torrente manifestando que el ejército insurgente se componía de diez batallones, doce escuadrones y una pieza  de artillería, con una fuerza disponible de 5780 hombres  confesada por los enemigos, pero que según mejores datos no bajaba de los 7000.

            El mismo historiador  asegura que en el ejército realista sólo había 500 españoles y  que el resto eran peruanos o del Alto Perú.   Luego expresa que para evitar las deserciones se encerraba a los soldados naturales del país en cuadros formados por españoles.  Esto como es fácil suponer demandaba más de 500  españoles.

 

            Dice Torrente que en buen número de soldados del Ejército realista no tenían  voluntad de luchar, y supone que hasta habían sido ganados a la causa de los patriotas.  Narra casos de soldados que arrojaron sus armas y otros que hasta dispararon contra sus jefes.  Culpa también como otros historiadores, al Coronel español Rubín de Celis, de haberse adelantado  temerariamente en el ataque, dando oportunidad  a que toda la División  del General Córdova lo atacara y destruyera, creando la confusión en el resto del ala izquierda del ejército español.  Reconoce este historiador que cuando ya estaba todo perdido, llegó un ayudante del General La Mar, para ofrecer a Canterac una generosa capitulación, planteamiento que aceptó Canterac, presentándose en compañía de La Mar ante Sucre.

 

            Sucre en carta dirigida a Bolívar el 19 de noviembre aseguraba tener más de 5000 hombres de a pie y 1000 de a caballo, lo que representaba más de 6000 en total.

            Después del revés que sufrió el ejército patriota en Corpahuaico, en que tuvo apreciables pérdidas; su ejército quedó conformado por 4000  colombianos, 1200 peruanos y sólo 80  argentinos.

 

            El P. Rubén Vargas Ugarte, en “Historia General del Perú”,  dice que La Serna había dispuesto que Valdez ocupara la derecha, Monet el Centro y Villalobos la izquierda, teniendo a su flanco un escuadrón de la caballería.

 

            Canterac con el resto de esta arma y dos batallones del Gerona constituía la reserva.  La artillería desmontada quedó a la retaguardia de Villalobos, salvo algunas piezas que llevaba Valdés.  El plan de los realistas era sencillo.  Se reducía a rebasar la izquierda de los patriotas (que mandaba La  Mar y estaba formada por peruanos) acometiendo su flanco y amenazando su retaguardia, mientras que Villalobos secundando este movimiento cargaría sobre la derecha y cogido así el enemigo como entre tenazas. Monet con el grueso de las tropas se lanzaría sobre el frente.

 

            Relata el P. Vargas, que Valdés desde las faldas del cerro Condorcunca miraba con largavista  el movimiento de los patriotas.    Luego “fijando el anteojo sobre el terreno de la derecha que era el punto que a él se había asignado  les decía: Es la división  peruana la que a esa parte se dirige, voy   a vérmelas con La Mar, me situaré a otro lado de la barranca, la artillería se colocará en aquel punto (señalándolo), poco más allá la infantería y a sus flancos la caballería, de esa manera podemos sin gran dificultad posesionarnos de aquella importantísima posición que ofrece la eminencia que allí se ve. Conseguido eso, dentro de dos horas todo quedará concluido pues tomaremos al enemigo por dos fuegos.  Monet lo atacará por el centro y Villalobos por la izquierda.”

 

            Como puede apreciarse, todo el poder español en Ayacucho buscaba concentrarse contra la División Peruana mandada por La Mar, y pensaban ganar la batalla destruyéndola.  Valdés era sin disputa el mejor  general del ejército español, no sólo por gran valor sino por la rapidez con que ejecutaba sus marchas y movimientos   y  por la visión certera y rápida que tenía de la situación.    Era el mejor táctico y estratega del ejército realista.

 

                    Sucre dispuso  que la División Peruana  con La Mar se ubicara a la izquierda, Córdova a la   derecha y al centro la División Lara que se encontraba muy maltratada por la derrota de Corpahuaico.   A sus flancos estaba la caballería.

 

            Fue Valdés el que inició el   ataque al que le salieron al encuentro los guerrilleros morochucanos al mando del coronel  Carreño.  No había contado Valdés con este contratiempo, pero pronto lo superó y se volcó como una avalancha, atacando la infantería mientras que la caballería golpeaba los flancos de la Legión Peruana y la artillería los sometía a nutrido fuego.

 

            El general Villalobos, debía atacar, sólo  cuando Valdés estuviera ya  arremetiendo con el grueso de sus fuerzas sobre la Legión Peruana.   Como Villalobos no podía ver los movimientos de Valdés desde el sitio en que estaba, se   limitó a  calcular los progresos del jefe español, y cuando  creyó después de cierto tiempo   que Valdés ya había  conseguido  su objetivo, envió al  Coronel  Rubín de Celis que avanzara sin comprometer combate para  tantear al enemigo.

 

            Pero resultaba  que Valdés no había podido penetrar y romper a  la División Peruana, y lo único que ésta hizo, fue retroceder un  tanto en forma muy ordenada   a tiempo que solicitaba refuerzos a Sucre que le envió a los batallones “Vargas “ y “Vencedor.   La llegada de estos cuerpos asombró a  Valdés que se vio precisado a detener el avance, pues comprendió que la cosas no andaban bien en el   resto del Ejercito Español, como para que Sucre pudiera desprenderse de dos batallones.  En efecto, Rubin de Celis cometió el error de atacar a la derecha patriota, lo cual fue motivo para que la División del General  Córdova lo destruyera, tal lo cual los patriotas de ese lado prosiguieron,   avanzando, introduciéndose como una  cuña entre Monet y           Villalobos

 

            Mientras tanto la caballería  realista al mando de Feraz, no pudo apoyar a la infantería en sus movimientos por que  le salió al encuentro la patriota  al mando de Miller.    Todo el plan de  Valdés había fracasado.

 

            La Mar neutralizando a Valdés sobre cuya acción descansaba  todo el plan de batalla,  fue el eje de la victoria de   Ayacucho.

 

            Los españoles iniciaron un repliegue general ante la arremetida temeraria de Córdova.

 

            El general Valdés ya sin esperanza  siguió luchando valientemente como simple soldado, en claro intento de morir en acción para no sobrevivir a la vergüenza de la derrota.  Sus ayudantes lo sacaron, hasta donde estaban los otros jefes españoles ya derrotados con Canterac que había asumido el mando de los restos  de ese ejército por estar La Serna lleno de heridas.  Sólo unos 200 jinetes y unos pocos cientos de soldados de infantería los rodeaban, como restos de lo que pocas horas antes había sido un brillante ejército.  Hasta ellos llegó un ayudante de La Mar para ofrecerles una capitulación que aceptaron porque no había alternativa.

 

La capitulación se ajustó entre Sucre y Canterac.- Antes hubo consejo de oficiales en el ejército realista y hasta el general Jerónimo Valdez aceptó.

De acuerdo a la capitulación en todos los lugares del Perú donde habían guarniciones españolas, estas debían entregar las armas, cuarteles, bagajes y caballos militares a los independientes..Los oficiales y soldados españoles que deseaban regresar a su patria, recibirían pasaje pagado del gobierno peruano, y mientras tanto podían conservar su uniforme. Los oficiales y soldados del ejercito español, podrían ingresar al ejercito peruano, si así lo quería, y conservarían su grado militar.. La Plaza del Real Felipe sería entregada a los independientes.

Los solados españoles derrotados en Ayacucho formaron en columnas y recibieron los honores militares de una rendición honrosa.

Algunas estipulaciones de la capitulación no se pudieron cumplir, pues el general realista Olañeta seguía sublevado en el Alto Perú. En el Callao, el general Rodil se negó a entregar la fortaleza, y los habitantes de Huanta se negaron aceptar la capitulación de Ayacucho.

 

            Los realistas tuvieron 1400 hombres entre muertos y heridos.  Los prisioneros llegaron a 1000.  Se tomaron 2500  fusiles y toda la artillería consistente en 14 piezas.

 

            En las filas patriotas, los muertos y heridos fueron los siguientes:

 

DIVISION

C U E R P O

 

         MUERTOS

              HERIDOS

 

           H E R I D O S

 

T O T A L

 

 

OFICIALES       SOLDADOS

     OFICIALES      SOLDADOS       Totales

 

 

 

GENERAL

 

Estado Mayor

 

0

4

0

 

 

1ra de

Rifles

3

51

1

39

 

 

Colombia

Vencedor

1

28

4

144

334

 

 

Vargas

1

20

1

31

 

 

 

Húsares

0

13

3

20

 

 

 

Artillería

0

0

1

31

 

 

División

Legión Peruana

0

3

1

10

 

 

Peruana

Numero 1

0

6

3

25

184

 

 

Numero 2

0

48

2

21

 

 

 

Número 3

0

20

0

21

 

 

 

Húsares de Junín

0

8

2

12

 

 

 

Bogotá

1

24

4

61

 

 

2da de

Voltígeros

0

19

7

60

 

 

Colombia

Pichincha

2

20

6

55

461

 

 

Caracas

0

30

9

128

 

 

 

Granaderos Montados

1

10

3

21

 

 

T O T A L E S

300

 

51

619

979

 

 

Los 80 argentinos estaban integrados en el Regimiento Granaderos Montados.  Por el número de bajas peruanas se puede asegurar que el ataque de Valdés no resultó muy mortífero, y los peruanos no llegaron a desorganizarse, resistiendo a pie firme.

            La lucha peruana por la independencia fue en realidad una contienda civil, pues tanto en filas patriotas como realistas habían gran cantidad de peruanos.   Los españoles, más tarde para justificar su derrota trataron de echar culpa a la baja calidad de sus soldados olvidando que con ellos habían antes obtenido ruidosos triunfos.

 

            Por otra parte los soldados peruanos de uno y otro bando mostraron constancia, y resistencia en las largas y rápidas marchas y contramarchas en la cordillera de los Andes.  Fue el general Valdés el que tuvo una visión más cabal de la  situación pues en su informe que tiempo después presentó a la  corte de España, aseguraba que la tropa había sido ganada a la causa rebelde.   Eso era lo cierto, los soldados peruanos que militaban en el ejército realista llegaron a tener conciencia de su situación y de que se les estaba utilizando para sostener un régimen contrario a sus intereses.   Sabían también que al frente tenían como ocasionales  enemigos a muchos amigos parientes o simples compatriotas, por eso perdieron el entusiasmo por luchar y hasta se negaron a ello.

 

            No fue pues la victoria de Ayacucho un triunfo de soldados colombianos sobre soldados peruanos, como algunos historiadores extranjeros lo han pretendido.

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OTRA VEZ EL PROBLEMA DEL CEMENTERIO

 

            Los piuranos siempre se habían preocupado por disponer de un cementerio alejado del centro de la ciudad.

 

            En 1814, en cumplimiento de ordenanzas dadas por el rey desde un año antes, las autoridades piuranas dieron disposiciones concretas para la construcción del cementerio y hasta se entró en trato con el  maestro de obras José Antonio Vilela, el mismo que años más tarde tuviera destacada actuación en la proclamación de la independencia de Piura.

 

            Pero como siempre, se tropezó con la falta de fondos por cuyo motivo se pensó  en hacer un panteón provisional, con lo cual después de todo, como súbditos fieles, se cumplía con la Real Orden.

            Para calcular las dimensiones de ese panteón provisional se apeló a una estadística de defunciones que en 1806 había elaborado el cura párroco Casimiro de la Sota.

 

            Diez años más tarde, el cementerio seguía siendo la preocupación de los piuranos, y al frente de la parroquia seguía el P. Casimiro de la  Sota.  Como se verá  luego, tampoco en esta oportunidad lograron los piuranos disponer de un nuevo campo santo.

 

             En  setiembre de 1824, el cabildo se ocupaba otra  vez de la necesidad de la “fábrica del panteón de que carecía la ciudad, con grave perjuicio de su natural salubridad”.  Para financiar su construcción se propuso la utilización de las limosnas de los cautivos cristianos y Lugares Santos de Jerusalén, que en forma “regular el vecindario había visto con el mayor escándalo disiparse por los legos cobradores”.  Por lo tanto, se acordó en el cabildo, que la construcción del panteón se hiciera por cuenta de la construcción de la iglesia matriz, que en esa época se estaba reconstruyendo, y que cualquier diferencia se cubriese con las limosnas de los vecinos.

 

            El entusiasmo de los señores regidores por tener un nuevo cementerio y erradicar  al que existía próximo a la iglesia matriz, fue grande pero la cosa no pasó de allí,  en efecto, el 27 de junio de 1825 se acordó dejar el asunto al  cabildo siguiente.

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CONSTRUCCIÓN DE PUENTES

 

            En el cabildo piurano se debatió la urgencia de construir puentes sobre los ríos Quiroz y  Macará.

 

            Esto  como resulta claro, era para asegurar el comercio bastante intenso que Piura hacía con Loja.

 

            Hacía poco más de un mes, que el alcalde titular, don Manuel Valdivieso y Carrión, recién había tomado posición del cargo, pues según manifestó en su descargo, las lluvias que fueron fuertes en 1824- lo habían tenido inmovilizado en su hacienda Macará.

 

            A las claras se veía que el pedido de construcción de los dos puentes se hacía por influencia del alcalde, pues uno –el de Quiroz- le facilitaba el arribo a su hacienda y   el otro favorecía al intercambio comercial fronterizo.  Se acordó una especie de impuesto a las importaciones, debiendo pagar ocho reales cada mula que cruzara la frontera con efectos del Ecuador.   En cambio, los que llevasen ropa al otro lado, pagarían cuatro reales y los efectos de menor importancia, un real.

 

            Ya en plan de crear tributos, se acordó también el pago de un real por cada tercio de 7 arrobas, de algodón que salga de la provincia.  En caso de ser desmotado, las pacas de 6  arrobas pagarían dos reales.

           

El aguardiente de caña pagaría dos reales por botija y el pisco se subía, el pago de dos a cuatro reales.  También se trató del remate de las balsas  que hacían el pase de los ríos Chira y Piura.   En el primero de los nombrados, el remate de balsa existió hasta después de 1930.

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PIURANOS EN AYACUCHO

 

Muchos fueron los piuranos que como simples soldados o clases, lucharon en los campos de Ayacucho.

 

Gran parte de ellos formaron parte del Batallón Nº 4 que se formó en Piura en 1821 siendo a fines de ese año trasladado a Lima.

 

Este batallón tomó parte en las desafortunadas campañas de intermedio y en las luchas del Alto Perú.  El resto se incorporó al ejército que formó Bolívar en el Callejón de Huaylas.

José María Raygada, sullanero integrante de la Legión Peruana de la Guardia, fue el de más alta graduación, pues en Ayacucho era Sargento Mayor y  se contaba entre los vencedores de Junín.

 

Francisco Alvarado Ortiz, paiteño, luchó en Ayacucho como  Subteniente resultando herido.  Fue condecorado por su participación en Junín y en Ayacucho. Llegaría a general.

 

Juan José Farfán, luchó como cabo en Ayacucho, integrando el Regimiento Húsares de Junín.   Eugenio Raygada,  Ignacio Seminario, también en la caballería.

José María Frías, paiteño que también había combatido en Junín, participó en la batalla de Ayacucho. También llegó a general.

 

Ventura Raygada, sullanero,  ayudante mayor en el Húsares de Junín.

Gerónimo Garrido, porta estandarte del 1er. escuadrón del mismo  glorioso regimiento.  José Garrido, Antonio Merino, son otros piuranos vencedores en Ayacucho.

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CELEBRACIÓN DE LA VICTORIA EN PIURA

 

Recién en sesión del 14 de enero de 1825, el cabildo de Piura, tomó acuerdo para celebrar la victoria de los patriotas en Ayacucho.

 

Con tal fin, se nombró una comisión de vecinos para que efectuase una colecta pública, debiendo el cabildo  cubrir el déficit en caso de haberlo.  Se citó también a los maestros mayores  de los gremios y  a los comisarios de los barrios para comprometer su ayuda.

 

Tres días más tarde, la comisión nombrada informaba que el vecindario no quería contribuir con sus colectas pretextando el estado de miseria en que estaban, y que por lo tanto, devolvían los poderes.    Los regidores discutieron este asunto y llegaron a la conclusión de que tampoco el cabildo podía hacer frente a los gastos de celebración por cuanto se  encontraba la caja municipal en falencia debido a que los contribuyentes estaban muy morosos en el pago de sus tributos.  De todo esto se acordó informar al intendente.  Este recibió muy  mal la  comunicación del cabildo, insistiendo que con fecha 23 de diciembre, el ministro de estado, por conducto de los prefectos, había dispuesto la celebración de fiestas cívicas en todo el país.

 

Ante esta situación no quedó más recurso que hacer una colecta entre los mismos regidores y el intendente.

El intendente don Manuel Valdivieso contribuyó con 20 toros. El alcalde Francisco Frías Adrianzén, con 17 pesos. El alcalde de 2da nominación  Tomás de Aquino Vásquez cn 5º pesos, don Manuel Echandía con 25,  Francisco García con12, Mariano del Valle con 25 Baltasar de Taboada con 25,  Joaquín Suárez con 25,  Juan Helguero con 12, Manuel Silva con 25, Manuel Cortés con 12 y el secretario con 6. Todo ascendía apenas a 221 pesos, poniendo el municipio otros 200 pesos.

Por lo que podemos apreciar, los piuranos no se mostraban muy generosos con la Patria, cuando se trataba de contribuir con dinero o cuotas de reclutamiento. Posiblemente eso se debía a que se había llegado por parte de Bolívar  a verdaderos excesos en cuanto a exigir la contribución de los pueblos.

Por lo tanto la celebración de la victoria de Ayacucho, se hizo en Piura, tarde y sin brillo y sin entusiasmo, en contraste con la forma como se desarrollaron los actos iniciales de la emancipación, cuando sí hubo auténtico calor popular.

Para establecer términos de comparación a un diputado se le pagaba por dietas 1º pesos diarios.

 

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