Las calles de la ciudad de Piura, han tenido diversos nombres a lo largo de su historia.
En enero de 1825, con ocasión del nombramiento de los comisarios de barrio, puede apreciarse en las actas del cabildo, el nombre que se les daba a las calles, que generalmente se vinculaba con la iglesia existente en ella.
Esos nombres eran los siguientes:
San Francisco, llamada antes
Calle Belén, que antes se llamó Nal y también Real y ahora Libertad.
Calle de
El Playón cuyo nombre tuvo hasta llamarse Arequipa.
Pedregal, llamada antes
Los Ángeles, llamada igual antes; y después Junín.
La calle del Playón, se dividía en dos partes, tomándose como punto de referencia la esquina llamada del Villar.
Cuando se menciona la calle Pedregal (Cuzco), se da una referencia indicando, “para abajo, hacia la gallinacera”.
La terminación de la guerra de la
independencia en los campos de Ayacucho, no significó el licenciamiento de las tropas. Quedaba aún por reducir el general Olañeta en
el Alto Perú, Rodil en los Castillos del
Callao y el pueblo realista de Huanta.. Además se insinuaba un nuevo peligro que era
el Imperio del Brasil en poder de la
casa reinante de Portugal, país que formaba parte del grupo
de potencia reaccionarias y absolutistas de
Se hablaba de movilización de tropas
brasileras en diversos lugares de la selva, en la frontera de
Las armas tomadas a los españoles tras la capitulación, sirvieron para mejorar el armamento colombiano en primer término, y para la formación de nuevas unidades de ejército peruanas.
Los reclutamientos, como es natural, crearon reacciones contrarias. Es así como los procuradores de los pueblos de Sondor y Sondorillo, elevaron un petitorio al intendente de Piura, manifestándole que las continuas levas, ha hecho que “se paralice la agricultura y todas las demás actividades”. Terminaban pidiendo se ordenase al gobernador de Huancabamba se abstenga de seguir sacando gente de esos lugares. Los quejosos mandaron copia de su reclamo al cabildo de Piura en demanda de apoyo, pero éste se lavó las manos diciendo que no era de su competencia, y que más bien “antes a él se ha gravado en cierto número de hombres que ha entregado mensualmente”.
El 10 de marzo, el prefecto de Trujillo, coronel Luis José Orbegoso, recibe una Suprema Orden, mandando a levantar un batallón de infantería. Los reclutas debían ser enviados por mar al puerto de Huanchaco para acantonarse en Trujillo. Se disponía se cursaran comunicaciones a los intendentes de Piura y Lambayeque, para que en conjunto aportaran mil reclutas. Esta cantidad debía reunirse en el término de un mes.
Hay que suponer, el tremendo malestar que esto causaría en Piura, ya que la sangría de gente joven no tenía cuando terminar.
En marzo de 1825, al momento que el congreso entregaba a Bolívar el Poder Supremo, los diputados se hacían pagar sus dietas antes de dar por disuelto el congreso.
El cura Manuel José Arrunátegui, presentó la siguiente liquidación:
-Del 5 de noviembre, al 30 ídem de 1822 son. ........................................... 25 días
-Diciembre de 1822...................................................................................... 30 “
-De enero a diciembre de 1823.................................................................. 365 “
-De enero a diciembre de 1824................................................................... 365 “
-De enero a 10 de marzo 1825 en que cierra el Congreso......................... 69 “
______
855 días
Rebájese 358 días por el tiempo de receso del Congreso, en el Gobierno Dictatorial, desde el 17 de febrero de 1824 hasta el 10 del mismo mes de 1825.......... 358 días
______
497días Por 497 días de dietas a 10 pesos............................................................... 4.970 pesos.
Bájense 98 pesos 7.1/2 real que recibió al emigrar para el Callao............. 98.7.1/2
Se le deben.................................................................................................. 4.871.0.1/2
Lima, Marzo 4 de 1825.-Manuel José de Arrunátegui.
NOTA: Que en junio, el ex-presidente Riva Agüero, me obligó
a recibir 333 pesos y 2 reales de dos
mesadas; por razón de senador; los
cuales convenimos en devolverlos al congreso legítimo; por cuya razón nos la cargamos en abono de
dietas. Asimismo 156 pesos recibidos
en la primera vez, en que por razón de 104 leguas computadas desde Trujillo
a Lima
a 12 reales
98.7.1/2 pesos Fecha Up Supra.-Arrunátegui
333.2
156.0
_____
588.1.1/2
La liquidación que le hicieron al diputado P. Arrunátegui, fue la siguiente:
Por 499
días útiles, desde el 5 de noviembre de 1822 en que prestó juramento, hasta el
10 de marzo, de este modo:
-De 5 de noviembre 1822, hasta
17 de febrero inclusive de 1824, son............... 470 días
-Estuvo el Congreso en receso,
desde el 18 de febrero 1824, hasta el
10 de marzo de 1825 en que nada se abona.
-Del 10 de febrero de
_______
499 días
499 días a 10 pesos, son................................................................................... 4.990 ps.
Descuentos:
-Por 588 pesos y un real y medio por esta cuenta, según la
razón ha dado y se acompaña........................................................................... 588.1.1/2
Alcanza............................................................................................................. 4.401.6
Lima, marzo 1825- Firmado Manuel Salazar y Vicuña-Joaquín Arrese-Francisco Agustín Argote-Modesto Vega.
Recibí el Libramiento-Lima, abril 25 de 1825-Manuel José Arrunátegui.
Los diputados Tomás Diéguez y Manuel José Arrunátegui,
que junto con el marqués de Paredes representaron a la provincia de Piura, se
hicieron pagar hasta el último centavo.
Los dos primeros estuvieron con
Riva Agüero en Trujillo y lo apoyaron, habiendo recibido dietas de ese
Presidente, pero al final, casi a la hora nona desertaron. El padre Arrunátegui
en su liquidación dice que el “ex-presidente Riva Agüero lo obligó a recibir
333 pesos y 2 reales”, lo que fue enteramente falso. Los recibió por libre voluntad. Al final, el Estado le pagó por el tiempo que
había servido a las órdenes de Riva Agüero y lo mismo se hizo con Diéguez.
Caso diferente fue el de Francisco Javier Fernández de Paredes, que por haberse retirado a tiempo, se evitó caer en deslealtades.
El padre Diéguez, presentó en su cámara la siguiente solicitud para que se le pagasen sus dietas como diputado:
“El Dr. Tomás
Diéguez, ante V.E. con mi mayor respeto parezco y
digo: que presento en debida forma la liquidación que se ha hecho de mis dietas
como Diputado del Departamento de
Sobre el
particular estoy entendido que no hay
Decreto Supremo expreso del Congreso ni de V.E.
y que cuando se abonen
Desde luego que
cuando llegué, hacían nueve días que había concluido el Congreso, pero yo
recibí la orden de venir a mediados de Enero último según verá Ud., por el
Oficio de
A V.E., rendidamente pido y suplico se digne proveer y mandar en todo como solicito y espero de la grandeza de V.E. D. Tomás Diéguez.
Como se puede apreciar, el presbítero Diéguez, se demoró dos meses entre la recepción de la convocatoria y su llegada a Lima.
La liquidación que el congreso le hizo al vicario, fue la siguiente:
“
Por 170 días que le son abonados desde 5 de Noviembre de 1822 que prestó juramento hasta 17 de Febrero de 1824 de este modo:
-De 5 de Noviembre de 1822 hasta 17 de Febrero inclusive de
1824 son: días.......................................................................................... 470
-Estuvo el Congreso en receso del 18 de Febrero de 1824 al 10 de
Febrero de 1825, en que nada se abona.
-Tampoco se abona al señor Diéguez cosa alguna por 29 días en que
ha tenido el Congreso sesiones, desde el 10 de Febrero al 10 de marzo
de este año, por no haber asistido personalmente a ellas, y mientras no
se resuelva otra cosa.
Descuento.
-Por doscientos pesos que
recibió de
-Por 98 ps. 7.1/2 reales en Junio de 1823
-Por 333 ps. 2rs. en
Según consta de la razón que se ha dado y se acompaña 632.4.1/2.
Alcanza, cuatro mil sesenta y siete pesos, seis y medio reales: 4,067.6.1/2.
Y para que el interesado pueda usar de su derecho ante el Supremo Gobierno, se le da este documento en Lima a catorce de junio de mil ochocientos veinte y cinco.-J. Arrese.-Ignacio Antonio de Alcázar.-Francisco Agustín Argote.
Posteriormente declaró Diéguez, haber recibido 306 pesos por cuenta del viaje de Piura a Lima, por lo cual se los descontaron de los 4067 pesos.
En julio, estaba todavía reclamando Diéguez el pago de los 29 días y habiendo terminado el trámite en el congreso (ya recesado), lo elevó al Ejecutivo.
Don Francisco
Javier Fernández de Paredes, diputado por el departamento de
“Desde el 8 de
noviembre de 1822 en que prestó juramento
al Soberano Congreso, hasta el 24 de mayo de 1823 en que se le cumplió la licencia, que dos
meses le dio el Congreso en 24 de marzo del mismo año, le son de abono 198 días
a 10 pesos cada uno, un mil novecientos ochenta pesos, quedando al Señor
Paredes su derecho a salvo para repetir el más tiempo de abono que crea corresponderle
y no está en las facultades de
Descuentos.
No tiene descuento alguno según lo expuesto por el señor interesado.
Diciembre 24 de 1825.- Arrese.- Antonio de Alcázar.-Francisco Agustín Argote.
El pago se hizo efectivo el 30 de enero de 1826.
Por las fechas de los documentos se desprende que el marqués de Salinas se apersonó a Lima, y dio la conformidad a la liquidación mucho tiempo más tarde que los otros diputados.
El Congreso, antes
de extinguirse, dio
Dispuso, que los Colegios Electorales de Parroquia, se reunieran el primer domingo de diciembre y tras de elegir a 6 escrutadores y a 2 secretarios entre ellos mismos, procederían a elegir a los electores municipales que correspondieran a su parroquia, y un supernumerario por cada nueve electores.
“Las poblaciones a las que tocare elegir a dos regidores, designarán a 10 electores municipales; 20 las que deban tener 4 regidores; treinta las de seis; 40 las de 8; 50 las de 10; 60 las de 12; 70 las de 14 y 80 electores las de 16 regidores.
El número de
electores municipales se distribuirá proporcionalmente cada quinquenario por las
municipalidades entre las Parroquias, si más de una de éstas, hubiese en la
población donde se han de elegir los miembros de
“Los electores municipales que sean declarados expeditos, se reunirán el tercer domingo de diciembre y procederán a elegir al alcalde o alcaldes, regidores y procurador síndico o procuradores síndicos, según el caso. El cargo de elector municipal cesa una vez verificada la elección”.
“En toda población de menos de mil almas o que llegue a ese número, habrá un Alcalde, dos regidores y un Procurador Síndico. Las que tuvieran más de 1,000 y menos de 2,000, tendrán un Alcalde, 4 Regidores y un Procurador Síndico. Las que tienen más de 2,000 y menos de 4,000 dispondrán de 2 Alcaldes, 6 Regidores y un Procurador Síndico. En las que tienen entre 4,000 y 6,000 habitantes tendrán 2 Alcaldes, 8 Regidores y 2 Procuradores Síndicos. Las poblaciones entre 6,000 y 8,000 habitantes dispondrán de 2 Alcaldes, 10 Regidores y 2 Procuradores Síndicos. Las que tienen entre 8,000 y 12,000 tendrán 2 Alcaldes, 12 Regidores y 2 Procuradores Síndicos. Entre 12,000 y 20,000 le correspondían 2 Alcaldes, 14 Regidores y 2 Procuradores Síndicos. Para más de 20,000, 2 Alcaldes, 16 Regidores y 2 Procuradores Síndicos”.
Los alcaldes y los procuradores síndicos debían ser renovados en su totalidad. De los regidores, la renovación sólo sería por mitad, saliendo los más antiguos.
Los cabildantes nombrados, se debían juramentar el 1º de enero. Al día siguiente se nombrarían los inspectores de cuartel, llamados antes jueces de cuartel. Tres días más tarde se elegirían a los inspectores de barrio, llamados antes comisarios de barrio, sobre la base de una terna que propondrían ante el municipio, los inspectores de cuartel.
También correspondía a los municipios la elección de los jueces de paz.
Ninguna otra autoridad podía interferir en las funciones municipales.
En base a que “la
denominación que han llevado el departamento y la ciudad de Trujillo reconoce
un principio odioso a los amantes del
país”, el Congreso decretó el 9 de marzo de 1825 que: “El departamento llamado antes de Trujillo, se denominará en delante de
De esa forma, el
congreso obsecuente se rendía una vez más ante Bolívar que estaba en la
plenitud de su poder y su gloria, y trataba ilusamente de negar
El 17 de febrero de 1824, el congreso comprendiendo la necesidad de llevar a feliz término la guerra contra los españoles, que se encontraban en esos momentos dominando la situación, resolvió entregar el poder supremo a Bolívar.
Fue así como
decretó que
En efecto, a los pocos días de conocerse el triunfo de Ayacucho, es decir el 21 de diciembre de 1824, Bolívar convocaba el congreso para que se reuniera el 10 de febrero de 1825.
De los diputados piuranos, sólo Arrunátegui concurrió a las cortas sesiones de esta legislatura. El marqués de Paredes ya se había retirado definitivamente y el padre Diéguez, llegó a Lima demasiado tarde, cuando ya las sesiones habían terminado.
Bolívar, siempre oportuno, al
instalarse el congreso dijo:
“Hoy día, el Perú es doblemente feliz; porque si la victoria de
Ayacucho lo ha liberado de España, la resignación que hacía del poder que él
tenía, lo libertaba del despotismo.”
Demás está decir que el Libertador sabía que le iban a renovar esos poderes que con aparente desprendimiento renunciaba.
Tan pronto el congreso recibió el mensaje de Bolívar, lo volvió a encargar del mando político y militar, hasta la próxima reunión del congreso a celebrarse en 1826, dentro del período que señalaba el artículo 53 de la constitución, no pudiendo hacerlo antes, pero si después si así lo dispusiera Bolívar.
Se facultaba al Libertador a suspender los artículos constitucionales que considerase convenientes.
El congreso, no obstante la penuria fiscal en la que estaba el país, acordó premios pecuniarios a los vencedores de Ayacucho, beneficiando sobre todo a gran cantidad de oficiales colombianos, no olvidó disponer que se reservaran fondos para el pago de sus propias dietas. Se acordaron acciones de gracias a Bolívar, al Ejército Unido Libertador, a Colombia y al ejército colombiano. Se confirió a Bolívar los títulos de Padre y Salvador del Perú, y se le dio a perpetuidad honores de presidente. Se mandó a acuñar medallas con su efigie y se dispuso que se levantaran monumentos en su honor, obsequiándosele un millón de pesos, suma exorbitante en la época; que Bolívar no aceptó.
El congreso
reconoció como peruanos a varios extranjeros como a
El congreso tuvo sin embargo el mérito de acordar en forma definitiva la bandera y las armas del Perú.
El 10 de marzo el congreso se recesó. El 10 de abril, Bolívar inicia su viaje triunfal por la sierra sur del Perú y por Bolivia.
Tras la capitulación de Ayacucho, quedaban aún importantes fuerzas realistas en algunos lugares.
En el Cuzco había
1.700 soldados a las órdenes del general José María Alvarez, en Puno estaba el
general Echevarría con 400 soldados y en Arequipa el general Pío Tristán con 700 hombres.
Este último asumió el cargo de virrey tras la rendición de
Fuera de estas guarniciones, quedaban los Castillos del Real Felipe con más de 2.000 soldados a las órdenes de Rodil y el ejército del general Olañeta en el Alto Perú.
El general Agustín
Gamarra logró la rendición de las fuerzas del Cuzco sin combatir. Lo mismo hicieron más tarde las guarniciones
de Puno y Arequipa, obedeciendo los términos de
Sucre se vio precisado a iniciar el avance sobre el Alto Perú.
Olañeta tenía 5.900 hombres pero estaban distribuidos en todo el territorio boliviano y además reinaba la discordia entre sus generales.
En el Alto Perú, la
resistencia patriota la mantuvo siempre el general Lanza, en cuyas filas había
varios piuranos, desde las Campañas de Intermedios. Lanza logró tomar
Los oficiales que con el ejército de Sucre hicieron campaña del Alto Perú, recibieron premios en efectivo. Entre ellos algunos piuranos como los tenientes José Garrido e Ignacio Seminario, a quienes les entregaron 2.000 pesos a cada uno.
Al mayor José María Raygada 4.000 pesos pertenecientes al 1er. Batallón del Regimiento Ayacuchano. El capitán Eugenio Raygada del mismo regimiento recibió 3.000 pesos y el teniente 2do. Tomás Arellano 2.000 pesos, en la misma unidad.
También se premió en esa ocasión al teniente 1ro. Felipe S. Salaverry.
Las entregas las hicieron
en Chuquisaca, el 12 de noviembre de
En julio de 1825, el intendente y comandante militar de la provincia de Piura, dio a conocer a la ciudadanía mediante bando y colocación de carteles, que el día 10 se iba a realizar en el convento de Belén, la elección de los electores municipales.
Para el efecto, los comisarios de barrio habían efectuado previamente un censo, el cual arrojó 5.095 habitantes para la ciudad de Piura, quedando el padrón o registro cívico, formado por 392 hombres.
En el acto realizado en el convento de Belén, se eligieron 40 electores. Se trataba por lo tanto de una elección indirecta. Entre los electores designados estaban Miguel Jerónimo Seminario, José Antonio Vilela, el presbítero Francisco del Villar, Pedro Sandoval, el vicario provincial Fernando Salazar y Merino, Pedro Vargas Machuca, Francisco Távara y Don Antonio de Sojo.
El cabildo sería parcialmente renovado y los que debían continuar fueron designados mediante sorteo. Fue así como continuaron como regidores Manuel Echeandía, Fernando Navarrete, Baltazar Taboada y José Joaquín Suárez.
Para alcaldes salieron elegidos, por unanimidad, don Vicente León para 1ra. nominación y don José Lama, para 2da.
Para completar la relación de regidores Miguel Seminario y Castillo, Manuel Rejón, José Antonio García, Valentín Guerrero y José Manuel Alvarado.
Esta elección
tuvo lugar el domingo 31 de julio. Al terminar el acto, todos los electores y
los elegidos que se hicieron presentes, pasaron a la iglesia matriz, ubicada a pocos metros y el cura Casimiro de
Don Vicente de León
y Valdivieso, había sido ya en 1814
alcalde de 2da nominación, cuando don
Joaquín Helguero y Gorgoña construyeron un cementerio provisional.
Don
José Lama, no llegó a tomar posesión de alcalde.
Don
Miguel Seminario y Castillo, era hijo de Fernando Torcuato Seminario y Jaime ya
fallecido por ese entonces, y por lo tanto hermano de Luisa Seminario del
Castillo, madre de Grau. Don Miguel
estaba casado con doña Lucila Guzmán.
Don
Manuel Rejón, español, comerciante acaudalado, había desde el principio
abrazado la causa de la libertad. Su
hijo el capitán del mismo nombre, había sido jefe militar de
Los
piuranos antiguos eran muy expeditivos, de tal modo que el 1º de agosto, el
nuevo cuerpo edil estaba ya jurando sus cargos.
La fórmula empleada fue la siguiente:
“¿Jura Ud. por Dios Nuestro Señor y una señal de la cruz, ser fieles a
Se
respondió: Sí, Juro-
Si así lo hiciereis, Dios os premie, y si no, os lo demande.”
Desde
el mes de agosto todos los pueblos
cabeza de parroquia, fueron haciendo llegar al cabildo de Piura, las actas de
acuerdo a las cuales, quedaban nombrados los electores, que debían a su vez elegir a los diputados de la provincia de
Piura.
El
21 de junio, el Consejo de Gobierno, integrado por Unánue, José Salazar y
Tomás de Heres, había convocado por
orden de Bolívar –emanada de Arequipa el 10 de mayo- al Congreso General del
Perú, para que se instalara en la ciudad de Lima, el 10 de febrero de
1826. La orden se comunicó a los
prefectos, para que estos a su vez lo dieran a conocer a los intendentes de las
provincias, acompañándoles el reglamento de elecciones. Por cada 12 000 habitantes, habría un diputado en cada
provincia, pero como no había tiempo suficiente para formar los padrones, se
utilizaría el censo de 1797 publicado en
la guía de Unánue.
Se
consideraba un total de 86 diputados
para todo el Perú, más 58 suplentes.
El
departamento de
En
Piura se eligieron los Consejos Electorales Parroquiales en agosto, y en
setiembre fueron convocados mediante carteles y bandos por el intendente y comandante
militar de la provincia, para que se reunieran el 23 del mismo mes.
Salieron
elegidos tres religiosos, los presbíteros Tomás Diéguez, que ya también antes
había sido diputado, José Santos Vargas Machuca y José Antonio Sierra. Además, el Dr. Juan Antonio Távara.
Vargas
Machuca era párroco de
El
cura Sierra había ejercido en Catacaos y en la matriz de Piura, habiendo tenido
destacada labor en la rehabilitación de Piura después de las grandes lluvias e
inundaciones ( Fenómeno de El Niño), de 1790 y 1791 que causaron numerosos
muertos y mucha destrucción. El 25 de
enero de 1821 en la iglesia matriz de Piura se celebró un solemne acto de
juramentación de fidelidad a
Cada
Parroquia tenía que enviar las actas y pliegos de sus Colegios Electorales al cabildo, para de allí ser remitidas a
Ciudad Bolívar (Trujillo) capital del departamento a fin de ser revisadas. Bolívar había establecido una serie de
controles y requisitos, para evitar que se infiltraran en el congreso,
diputados enemigos a su régimen.
Sin
embargo, no pudo impedir que Arequipa
enviara a Javier Luna y Pizarro, principal oponente de Bolívar.
Las
primeras parroquias en mandar sus actas y planillas al Cabildo fueron, Sechura,
Suyo, Catacaos, Frías, Querecotillo, Cumbicus y
Es
interesante anotar que los Colegios Electorales y los municipios de Olmos,
Motupe y Penachi solicitaron seguir perteneciendo a la provincia e intendencia
de Piura, como siglos antes y no a Lambayeque.
Como el cabildo de Piura no podía pronunciarse sobre ese punto y
además se tenía que derivar el pedido a
instancias superiores, se le remitió al intendente don Manuel Valdivieso y
Carrión.
Los
regidores piuranos tuvieron dura tarea en revisar y chequear las actas con los planillones de los diversos Colegios Electorales, para
darles su conformidad.
En
setiembre de 1825 se suscitó un entredicho entre la municipalidad de
A fines de noviembre,
Los
señores regidores de Piura, no se dieron sin embargo por vencidos y expresaron
“No estar declarado el distrito de esta ciudad con arreglo a la nueva creación de
Municipalidades, por lo que hacía impracticable lo resuelto por el Prefecto del
Departamento de
Es
decir, que el cabildo de Piura no sólo iba a perder los arbitrios que pretendía
sobre
El
15 de octubre de 1825, varios regidores denunciaron la deficiente asistencia
que se daba a los enfermos en el Hospital de Belén, que además en muchas oportunidades se
negaba a recibirlos. Expresaron los denunciantes que en uso de sus
atribuciones, habían procedido a efectuar una visita al referido hospital
habiendo constatado la existencia de 8 internados, los cuales manifestaron que
en cuanto a atención médica y alimentos estaban regularmente atendidos,
manifestación que formularon en presencia del padre
vice-presidente del hospital Fray Francisco de
Por
acuerdo de Cabildo se dispuso que todos los pobres que no tuvieran como curarse
en sus casas, fueran al Hospital. Por un
año se encargó a los cuatro cabildantes la misión de supervisar al hospital.
También
se había efectuado una revisión de los ingresos, y se comprobó que varios
inquilinos de predios, tanto urbanos como rurales de propiedad del hospital
estaban morosos en los pagos.
El
hospital era propietario de varias haciendas, que las había donado en el siglo
anterior el acaudalado Juan Benito de las Heras en 1705, las mismas que tenía
en arriendo enfitéutico, es decir a
largo plazo, don José de Lama, el que estaba adeudando varias anualidades. Del mismo modo, un señor Godos con relación a
una casa que ocupaba como vivienda en la ciudad de Piura. Resultó que Lama, no obstante la
notificación, no pagó por cuyo motivo el cabildo le envió una segunda
notificación muy enérgica y conminativa.
Se trataba de la hacienda Máncora de enorme extensión que cubría parte
de las actuales provincias de Sullana,
Paita, Talara y el departamento de Tumbes.
Es así como empezó el secular problema de

El
cabildo acordó que el padre Francisco de
Como
el cabildo resolvió asumir el control económico del hospital, entró en pugna
con fray Natividad, el que llegó a tener palabras de menosprecio y altisonante
para con el cabildo. Este, sin embargo,
dispuso varias medidas, entre ellas que se trasladase al hospital el capellán
fray Luis Moreno para que atendiera emergencias en las noches.
El
cabildo demostró que podía ejercer el patronato sobre el hospital, mostrando
las actas de fundación del convento de San Francisco del 29 de julio de 1677 y
de entrega del hospital a fray Rodrigo de
En
Piura no se utilizaban a esclavos negros en las faenas agrícolas en tan gran número
como en otros valles de la costa. Había
otras formas de trabajo campesino que subsistieron hasta que
Un
sistema bastante difundido era el coloniaje. El hacendado dueño
de la tierra permitía a pequeños agricultores o ganaderos de cabras, la
utilización de parcelas o de pastos, con el compromiso de pagar en productos o
dar apoyo en determinadas épocas o días, a la hacienda del patrón. Esto dio origen a muchas injusticias y abusos.
Cuando
la independencia se proclamó en Piura, hubo en la tumultuosa asamblea de San
Francisco una decidida participación popular.
Pero eso sólo ocurrió en la ciudad, pues en el campo la situación no
tuvo variación alguna para el campesino que siguió sujeto de los abusos de los
hacendados.
Muchos
grandes terratenientes, como el marqués de Salinas, cuando comprendió que el
régimen independiente no iba a quitarle sus propiedades, se plegó a él y lo
sirvió con la misma devoción y entrega que lo había hecho con el rey.
Santa
Cruz, al llegar a Piura en 1821, recibió la queja de los campesinos y fueron
también muchos religiosos los que abogaron en favor de los oprimidos. Era Santa Cruz, un boliviano de origen
campesino, y comprendió la situación; por cuyo motivo, dio el decreto del 28 de
noviembre de 1821 –que ya hemos dado a conocer- reglamentando el trabajo de los
colonos.
Posiblemente,
se hizo poco caso del mismo o los colonos interpretaron mal el tenor y la letra
de dicho decreto, porque se fue formando en el campo piurano una corriente de
opinión de acuerdo a lo cual la tierra debía de ser de los campesinos y no
debía pagársele al hacendado, ni en frutos ni en dinero, por el uso de la
tierra. El movimiento que fue una especie
de resistencia civil no llegó a desembocar en hechos de violencia porque se
cortó de raíz en sus comienzos y no pasó de protestas y de actos de desobediencia, que sin embargo llegaron a
sembrar el temor entre los hacendados, que buscaron el amparo de la autoridad
política y de la autoridad judicial.
El
movimiento se inició en 1824 y tuvo un líder en el comunero Isidoro Palomino
que llegó a tener adeptos en las haciendas de Huápalas, Ñomala, Morropón, Chapica, Yécala y Sancor en el
Alto Piura.
Wilfredo
Kapsoli Escudero en “Los Movimientos Populares en el
Perú” hace un amplio y detallado relato de este movimiento, que terminó en
octubre de 1825 con la prisión del líder Palomino y de sus principales
seguidores.
Reducidos
a prisión los campesinos, confesaron en Piura su participación en la agitación
campesina, quedando de manifiesto que se trataba de un movimiento agrarista,
sin duda el primero por su naturaleza en la costa norte. La mayoría de los comprometidos eran de la
hacienda Huápalas y todos los hombres de
edad madura, y salvo un comerciante de Sancor de 61 años llamado Pedro Sotomayor, los demás eran
todos campesinos.
Son
interesantes las declaraciones que presentaron los campesinos capturados.
José
Castro, cobrador de 50 años de la hacienda Huápalas, expresó que le habían
dicho que no debía pagar las faenas y se le pidió aportara dos pesos parar los
gastos del movimiento, pero no pudo aportar nada porque no tenía.
Mariano
Huamán, de 60 años, labrador de Huápalas, dijo que se
le invitó a participar en el movimiento pero que no se le pidió dinero.
Nicolás
Timaná, de 70 años, labrador, confesó una participación más activa. Dijo que Palomino había traído de Ciudad
Bolívar (Trujillo) una Providencia del prefecto a favor de los campesinos y se
preparaba a darla a conocer dentro de pocos días por medio de un bando, también
había sido invitado para una reunión en la hacienda Yapatera en donde les iba a
decir a los colonos que no pagasen las faenas.
Pablo
Sotomayor dijo estar enterado por varios campesinos, de
Juan
Neyra confesó que Palomino se preparaba a efectuar
viaje a Ciudad Bolívar (Trujillo) para hablar con el prefecto y defender a los colonos;
y que le había solicitado ayuda para sostenerse y le entregó como aporte una
mula.
Cipriano
Valladolid confesó que Palomino le pidió que convocara a los vecinos para que
contribuyesen con dinero para viajar a Ciudad Bolívar, habiendo entregado como contribución cuatro reales.
Matías
Flores, dijo que Palomino no le habló sobre el bando del general Santa Cruz y
le ordenó que saliese a solicitar una erogación de los colonos.
Mariano
Masa, también se refirió al bando que se iba a dar a conocer en la parroquia de
Yapatera. Su hermano Gaspar expresó que no llegó a conversar con Palomino pero
que le envió cuatro reales.
Fermín
Chiroque admitió haber dado una cuota y que sabía lo del bando para no pagar
las faenas.
Manuel
de
Agustín
Masa dio una cuota de cuatro pesos, para que Palomino pudiese viajar a Ciudad
Bolívar a defender a los colonos.
José
María Valverde, confesó que fue citado a la casa de Palomino y que concurrió
pero no lo encontró, dejándole dos reales como ayuda.
Pedro
Romero, reconoció haber estado recogiendo y haciendo colecta con José María
Huerta y que había reunido 12 pesos, para atender a los gastos de defensa de
los colonos, los que eran dueños de las tierras pues un bando había dicho que
eran comunes y que no debía hacerse pagos a los hacendados.
José
María Huerta, fue seguramente otro líder del movimiento pues había sido
facultado por Palomino para hacer labor proselitista en la hacienda Morropón de
donde era labrador.
Tenía
30 años. Recogió 24 pesos en parte en
compañía de Romero, presentó un poder de Palomino que decía: “Don Isidro Palomino del distrito de
Campanas, Partido de Santa Ana, apoderado inscriptis de los colonos que militan
en
Juan
Morales, confesó haber acompañado a Palomino al viaje a Ciudad Bolívar y que
siempre le conversaba que las tierras las iban a quitar a los hacendados para
hacer las tierras de la comunidad.
Como
se puede apreciar, el movimiento lo había iniciado Palomino desde 1823 y de por
sí y ante sí, se había convertido en líder con capacidad para transferir poder
a otros. Con todo se nota en esto, que
había personas que empujaban a Palomino a la acción de rebeldía y posiblemente
el párroco de Yapatera era uno de los comprometidos. El documento de otorgamiento de poder indica
que también estaban involucrados notarios o escribanos.
Palomino
llegó a viajar a Trujillo y allí dejó su queja por escrito, pero parece
que abocado el prefecto en los
preparativos para la ofensiva contra los realistas, no llegó a prestar mayor
interés.
Palomino
y sus compañeros reducidos a prisión en la cárcel del Carmen en Piura, fueron
defendidos ardorosamente por el abogado Pedro Pablo Anteparas y si bien es
cierto no se libraron de la carcelería, se logró que en la sentencia judicial
se estipulase que los hacendados deberán de celebrar contratos con los colonos
y que no se podía exigir más dinero, ni más
especies que las estipuladas libremente, ni más usos por parte del
hacendado, ni más aprovechamientos que los pactados.
Así
se cortó un movimiento que de haber tomado vuelo pudo haber sido de mucha
trascendencia. Isidoro Palomino tras de
algunos meses en la prisión del Carmen fue puesto en libertad. Antes habían salido sus compañeros.
Bolívar
dejó Lima y partió hacia el sur el 10 de
abril de 1825, dejando el mando a un Consejo de Gobierno, presidido primero por
El
viaje de Bolívar al sur fue triunfal y apoteósico. Visitó Arequipa, Cuzco y Puno, enviando desde
esos sitios decretos para que el Consejo de Gobierno los hiciera cumplir. Fue a
Sucre
no había querido que Bolivia quedara unida al Perú porque iba a hacerlo muy
poderoso y convertirlo en un peligro para
En
ausencia de Bolívar, empezó a germinar en el Perú el espíritu
nacionalista. Habiéndose terminado la
guerra de la independencia, se consideraba en muchos que la presencia de
Bolívar y de las tropas colombianas estaban de más y
más bien eran un peligro para la naciente república.
Fue
entre los liberales y en la nobleza criolla en donde se hicieron más patentes
estos sentimientos que también eran compartidos por la oficialidad peruana,
cansada y ofendida por las postergaciones y marginaciones tanto de Bolívar como
de Sucre.
En
Piura había un grupo importante que era contrario a Bolívar. Los más destacados eran Miguel Jerónimo
Seminario y Jaime, que ejercía mucha influencia en los círculos patriotas y el
presbítero Tomás Diéguez.
A
nivel nacional, era el sacerdote Javier de Luna y Pizarro, el que comandaba el
grupo liberal oposicionista.
Contribuyó
a disminuir los sentimientos de admiración de los piuranos hacia el Libertador, la forma como fue conducido el
Almirante Guillermo Guise, cuando prisionero pasó por Piura en febrero de 1825
en tránsito de Guayaquil a Lima.
Guise,
había sido muy amigo de Riva Agüero y había evitado que al depuesto presidente
se le infiriesen más ultrajes de los que ya había padecido. Eso no fue bien
visto por el bando de Bolívar. Estando
Guise con la escuadra en Guayaquil, solicitó al general Paz del Castillo que
era gobernador, 30 000 pesos para pagar a la marinería. Paz lo invitó a bajar a
tierra y lo apresó, sometiéndolo a una Junta de Guerra que revisó toda la
actuación pasada del gran marino, y se le encontró desafecto a Bolívar. De la forma más indigna, se le remitió por
tierra a Lima y al pasar por Piura causó indignación el trato de criminal que
se le daba. Al llegar a Lambayeque llegó
contraorden de que retornara a Cuenca, pero por su estado de salud continuó
hasta Lima. Un Consejo de Guerra lo
juzgó allí en setiembre de 1826, cuando ya Bolívar se había ido del Perú, y lo
repuso en sus grados y prerrogativas.
Bolívar
quiso hacer un escarmiento contra la nobleza criolla de Lima haciendo revivir
el proceso, contra el ministro de Torre Tagle, el coronel Félix Berindoaga,
vizconde de San Donás, al que se acusó de traidor, y tras largos meses de
prisión, fue fusilado en la plaza de armas de Lima, el 15 de abril de
1826. Su cadáver fue colgado en la horca,
pero eso no detuvo el clima antibolivariano sino lo acentuó.
El
6 de julio se sublevó en Huancayo el Glorioso
Regimiento Húsares de Junín, siendo reducidos por Santa Cruz. El 28 de julio se descubrió en Lima una gran
conspiración siendo apresados importantes personajes como el coronel de guerrillas
Ninavilca, los generales Necochea y Correa, el coronel peruano Vidal, y el de
mismo grado Prieto, los coroneles Raulet, Estomba, Pedernera. Todos fueron deportados al igual que los
generales argentinos Alvarado y Otero.
En
Ica se sublevó el alférez Millán siendo
fusilado con otros de sus camaradas.
Estando
preso el coronel Prieto, se sublevo su
regimiento en Lima al mando del teniente Manuel Aristizábal, pero el general
Lara lo redujo y el 7 de agosto era fusilado en la plaza de armas, envuelto en
la bandera bicolor peruana y dando vivas
al Perú. La muerte de este
valiente impactó en Lima y cuando Bolívar se fue, su memoria fue reivindicada
en julio de 1827, y se dispuso que se le
pasara lista en su regimiento y todos contestaran: Murió por
Bolívar
había impuesto un verdadero régimen de terror que generó muchos odios y
comprendió que la oposición se iba generalizando, por lo que
decidió abandonar el Perú. Lo
hizo el 4 de setiembre de 1826, por otra parte en Colombia también habían problemas
El
25 de marzo de 1826, el ministro de gobierno Hipólito Unánue, convocaba a 65
diputados a reunirse en Lima el 29 de ese mes (miércoles), para los actos
preparativos que debían proceder a la apertura de sesiones.
Los
diputados para entonces ya estaban en Lima, pues el decreto se refería a los
“señores diputados residentes en esta capital, que han obtenido la aprobación
de sus actas por
Entre
los diputados piuranos, oleados y sacramentados por la mencionada Corte
Suprema, estaban Juan Antonio Távara,
José Santos Vargas Machuca y José Antonio Sierra.- No había pasado Tomás Diéguez,
por rivagüerista, aunque a última hora había abandonado al presidente.
Se pretendió que los diputados jurasen ante el
Consejo de Gobierno y la oposición rechazó ese planteamiento. Se pidió también que las actas rechazadas por
Bolívar
quiso presionar y dándose por ofendido amenazó con renunciar. El 8
de abril el Consejo de Gobierno hizo saber que los diputados debían presentarles
los poderes y credenciales que habían recibido de sus colegios electorales,
para establecer si estaban conformes. El
17 de abril, el Consejo de Gobierno declaró nulos los poderes de los colegios
electorales de Lima, Arequipa, Condesuyos, Lambayeque; Bolívar (ex Prov.
Trujillo) y Lambayeque. Con eso se
eliminaba a la oposición.
El
21 de abril se reunieron los diputados que quedaban que eran 52, ya sin
enemigos de Bolívar. Con el fin de
prorrogar la dictadura de Bolívar, los diputados expresaron que no llegaban a
constituir el número de ley de 2/3 para reunirse y que por lo tanto y mientras
se resolvía el problema de las provincias sin representación o con
representación defectuosa, se postergaba la apertura del congreso hasta dentro
de un año. Sin embargo, antes de hacerlo, planteaban a Bolívar que fueran
los Colegios Electorales, los que como fuente del poder supremo y a manera de
plebiscito, se pronunciaran sobre la
reforma de
El
mismo 1º de mayo el Consejo de Gobierno, disponía que se levantase un censo en
la república, que sería la base para
determinar con precisión el número de diputados. También disponía que se convocasen a los colegios electorales,
para que decidieran sobre las reformas de la constitución y que sólo después de
eso, se podía
convocar nuevamente al congreso.
Bolívar
dejó Lima para siempre en la madrugada del 4 de setiembre, haciéndolo en forma
muy reservada tal como antes lo hiciera San Martín. Se embarcó en el bergantín “El Congreso”
dejando una patética proclama al pueblo peruano. Bolívar viajó precipitadamente porque la
situación política en Colombia se había tornado grave.
Al
frente del poder siguió Santa Cruz como presidente del Consejo de Gobierno, que
integraban también Pando, Heres y Larrea Loredo.
Desde
el 1º de julio, el ministro Pando había pasado a los prefectos una
comunicación, para que se reunieran los colegios electorales y decidieran sobre
Los
colegios electorales de Arequipa, Tarapacá y Catacaos, plantearon determinados
condicionamientos unos y el franco rechazo otros.
Arequipa
planteaba un sistema federativo y que la
constitución estuviera inspirada en los principios liberales. Eso era contrario al pensamiento bolivariano,
y obedecía a las instigaciones y planteamiento del líder Luna y Pizarro.
El
Colegio Electoral de Tarapacá, se declaró incompetente para resolver o pronunciarse
sobre un problema de tanta importancia y por tal motivo expresó que no la podía
ni aprobar ni rechazar. Eso demostraba
incertidumbre y desorientación, que en realidad la había por muchas partes.
El
Colegio Electoral de Catacaos, se pronunció abiertamente contra
En
Piura, había un grueso sector de la opinión desafecto al Libertador, por haber
sido los piuranos adictos a Rivagüero
Tomás
Diéguez, figura destacada en la proclamación de
Fue
Diéguez, el que creó opinión contraria entre los miembros del Colegio Electoral
de Catacaos, en forma tal que este se pronunció contra
De
todos modos,
El
Consejo de Gobierno, dispuso en diciembre de 1826 que fuera solemnemente jurada
por todas las autoridades y por el pueblo.
Faltando la presencia del Libertador, los festejos resultaron fríos y en
un mero formulismo.
El
congreso reunido en 1825 antes de cesar en sus funciones, aprobó una resolución
con fecha 5 de marzo que Bolívar promulgó el 9 del mismo mes, con el fin de
poder amortizar la deuda pública.
Se
tomó en ese entonces una decisión que ahora hubiera levantado tremenda
polvareda.
En sus artículos decía entre otras cosas lo siguiente:
1.-
Que toda clase de bienes, haciendas minas, casas, imposiciones, cualesquiera
otros móviles e inmóviles que pertenezcan al Estado, y de que pueda libremente disponer, se apliquen a la
extinción de la deuda pública.
2.-
Que sean preferidos, en sus respectivos pagos, los acreedores que han
contribuido con sus suplementos a la adquisición y sostén de la independencia y
libertad del país.
3.-
Que los acreedores que pretendieran ser satisfechos con bienes del Estado,
presenten los documentos que acrediten sus acciones por el Ministerio de
Hacienda indicando el lugar donde
quieran se sustituya su crédito.
Más
adelante expresa:
Que
los Prefectos, Intendentes, Jueces de Secuestro, Administradores de Fondos Públicos
y todos aquellos a quienes competa, remitan a la mayor brevedad posible, al
Ministerio de Hacienda noticia circunstanciada de los bienes pertenecientes
a
Es
en virtud de este dispositivo legal, que mediante escritura pública otorgada en
Lima el 28 de setiembre de 1826, se cedió a don José Antonio de
La
mina producía esa sustancia negra betuminosa llamada brea que servía para
calafatear los barcos. Durante la
colonia, su explotación había sido
entregada a concesionarios, y hubo un corregidor que se benefició grandemente
con ella.
La
mina estaba por lo tanto registrada desde hacía mucho tiempo como propiedad del
Estado, de acuerdo a las Ordenanzas de 1711.
En la adjudicación no se señalaban ni linderos ni el número de pertenencias, lo cual con el tiempo favoreció una serie de inescrupulosas
maniobras de los que se convirtieron en sus poseedores.
Durante la colonia fue una costumbre muy arraigada, que muchos frailes que en lugar de estar en sus conventos, se dedicaban a recorrer y vagabundear por diversas localidades. Mientras tanto los propios conventos quedaban en abandono.
Esta
tendencia se trato de cortar, y los Obispos de Trujillo en forma sucesiva
dieron drásticas disposiciones para terminar con esa mala costumbre, pero todo
fue inútil.
El
padre Miguel Justino Ramírez, anota que en 1826 cuando ya la república se había
iniciado, seguía el vagabundeo de los religiosos, y como muestra, cita que el
párroco de Huancabamba Fermín Seminario del Castillo, solicitaba el 23 de
noviembre de 1826, al Vicario General,
Tomás Diéguez de
El
cura Fermín Seminario, fue hijo de don Fernando Torcuato Seminario y Jaime y de
doña María Joaquina del Castillo y Talledo.
Fueron sus hermanos:
Mariana, Miguel, Manuela, Josefa, Pedro, Francisca, Juan
Ignacio y Luisa. Esta
última fue la madre de Grau.
Don Juan Ignacio Seminario se casó con doña Ignacia de Echandía y tuvieron 11
hijos, entre los que estuvo don Fernando Seminario y Echandía.
Cuando
el mariscal Santa Cruz estuvo en 1822 en Piura como gobernador, se quedó muy
impresionado en su visita a
Uno de ellos fue el mas tarde general Ildefonso
Coloma..-Otras 14 madres de la punta siguieron el
ejemplo de la duela de casa.
A Santa
Cruz admiró el fervor patriótico del
pueblo de
Por
eso, cuando en 1826 Santa Cruz era Presidente del Consejo de Gobierno, no
olvidó a los habitantes de
El
Decreto es el siguiente:
Don
Andrés Santa Cruz, Gran Mariscal de los Ejércitos Nacionales, y Presidente del Consejo de
Gobierno de
Atendiendo
a los servicios importante hechos a la sagrada causa de
nuestra independencia por el
pueblo de
Ha
venido en decretar y decreto.
Oído el Consejo de Gobierno.
Artículo
1º.- El Pueblo de
Artículo
2º.- El Ministro de Estado en el departamento del Interior, queda encargado de
la ejecución del presente decreto.
Imprímase,
publíquese y circúlese. Dado en Lima, a
13 de octubre de 1826.- 7º y 5º --Andrés
Santa Cruz.- P.S.E.- José María de Pando.
Al momento de expedirse el decreto se le puso Suyana en lugar de Sullana.
Manuel Lorenzo Vidaurre, el famoso autor de “Cartas
Americanas”, era uno de los peruanos notables que habían brindado gran
colaboración al Libertador. Este lo envió como uno de los representantes del
Perú ante el Congreso de Panamá.
Cuando
Vidaurre, regresaba de la fracasada cita en la que se pretendió crear
Vidaurre
ya conocía
El
barco que lo conducía al Callao, estuvo anclado frente a Paita varios días. Desde allí escribió a su amigo Francisco
Javier de Echague una extensa
carta el 5 de octubre de 1826. Se vio
pues obligado a desembarcar.
Narra
Vidaurre que muchas personas se acercaron a visitarlo. Uno de ellos fue el Provincial del Convento
de
Vidaurre
dice que tanto el Padre Bustamante como los demás religiosos del Convento de
Relata
que al segundo día llegó el señor
Antonio Távara, del que decía lo había dejado al partir, en
Távara
le contó como se habían disuelto las Juntas Preparatorias del Congreso (de las
que formó parte) y la forma imprudente como había actuado Luna y Pizarro lo que
hizo temer a Bolívar que todos sus proyectos iban a ser rechazados por el
Congreso. Trató de explicar por que
motivo firmó con los 51 diputados el receso.
Cuando
Távara le contó como se habían reunido los Colegios Electorales para que
aprobasen
Távara
contó que en Lima encerraron a los electores y no se les dejó salir, sino hasta
que firmaran las actas, con centinelas en las puertas. Que a un elector, Barbarán por sólo haber
pedido que se modificase un punto, se le llamó afuera, se le insultó y se le
amenazó.
Con
relación a Piura, Távara contó que un barbero preguntó a sus otros compañeros
electores ¿Entienden ustedes lo que dice esta Constitución? No, respondieron. A lo que replicó el
barbero, entonces debemos firmar lo que manda el Gobierno.
Siguió
diciendo Távara que los pueblos no estaban contentos, pero que nadie se atrevía
a resollar por la presencia de soldados colombianos y que al mando de ellos
había quedado en Lima el feroz Lara.
Vidaurre
en su carta manifiesta que el día anterior había sido agasajado con un banquete
que le ofreció el señor O’Connor, del que decía era
un caballero irlandés de los más ilustrados.
El banquete también lo habían ofrecido los señores Távara. En el curso del ágape, Vidaurre hizo uso de
la palabra y refirió a los derechos del hombre, lanzando maldiciones a los que
se declarasen por la tiranía.
Vidaurre
llegó a Lima y asumió
Sin
embargo, más tarde Vidaurre juró
Este
tornadizo político, bien pronto iba nuevamente a cambiar en su línea de
conducta. Por eso se ha hecho célebre la
frase: Vidaurre contra Vidaurre.
Con
relación a O’Connor.
En diciembre tenía un problema con las autoridades de Paita y había
hecho intervenir al Cónsul General Inglés
en Lima, C.M. Rickets,
por cuanto las mencionadas autoridades se habían negado a aceptar una apelación
contra el Capitán de Puerto.
En
diciembre también de 1826, el tranquilo puerto se vio conmovido por el crimen
cometido por el Capitán del barco holandés “Hércules” lo que motivó una
reclamación del Perú ante el Cónsul de los Países Bajos.
Tomás
Diéguez, no fue convocado para las Juntas Preparatorias de las Cámaras y posteriormente fue uno de los que
alentó a los electores de Catacaos para que se pronunciaran contra
Por
tales razones era mal visto por el Gobierno y se le seguían los pasos. El 14 de diciembre de 1826, el Ministro
Pando, le enviaba al Intendente del Departamento de Guayaquil, la siguiente
comunicación:
El
abajo firmado, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, tiene la
honra de acompañar al Señor Intendente del Departamento de Guayaquil, un
expediente, promovido con motivo de haberse encontrado una carta que corre en
él entre los papeles del confiscado y finado don Diego Aliaga, firmada por don
Santiago de
El
infrascrito ruega al Señor Intendente, que se sirva pasar el
expediente al Juzgado que corresponda, a fin de que D. Santiago de
El
infrascrito saluda al Señor Intendente, reiterándole las seguridades de su
distinguida consideración.- José María de Pando.
Como
se puede apreciar, Tomás Diéguez, se vio envuelto en la salida de una cuantiosa
suma de dinero al exterior, perteneciente a personas cuyos bienes habían sido confiscados
por el gobierno del Perú.
La
lentitud con que se mueve la administración pública, y la distancia a Lima,
hacía que en tiempos de
Fue
así como en momentos en que algunos pueblos piuranos recién estaban jurando
El
Presidente del Consejo de Gobierno, General Santa Cruz, había emitido el 30 de noviembre de 1826 un
Decreto por el cual se disponía, que se jurase con toda solemnidad la nueva
Constitución.
Se
encontraba de Vicario de Piura don Juan Ignacio Machado, el mismo que fue
notificado el 22 de diciembre por el Intendente, para que organizara la parte
religiosa del gran acontecimiento y a su vez tomar el juramento a todos los
Párrocos y Curas.
En
Piura se dio a conocer por bandos y carteles el 31 de diciembre, las
actividades que se realizarían como parte de
El
Intendente, los miembros del Cabildo, autoridades civiles y militares juraron
El
día 2 de enero de 1827 tocó el turno a los religiosos. Al respecto hay una Acta que es la siguiente:
En
la ciudad de San Miguel de Piura, a dos de Enero de mil ochocientos veintisiete
años, en conformidad con lo resuelto en el artículo 8º del Supremo Decreto del
30 de noviembre último, y de los mandados por esta vicaría, se reunieron en ella
los señores Curas, Rector de
En
seguida, el dicho señor Vicario, lo recibió de los señores curas, prelados y
demás eclesiásticos expresados en la propia forma.
Concluido
este acto, pasaron a
Dr.
Tomás Diéguez.- Casimiro de
Como
se puede apreciar, Tomás Diéguez, se había reencargado en esos días del Vicariato.
Los
Párrocos de las diversas circunscripciones de
El
Superior de
El
día anterior habían jurado en el Convento–Hospital de Belén, levantándose igualmente Acta de
la ceremonia realizada.
El
día 7 de enero les tocó el turno a los frailes del Convento de
En
Colán el Párroco, hizo un juramento público el 13 de enero, ante el Alcalde del
lugar José Aniceto Nizama, habiendo levantado el Acta
el Notario de Paita, Juan Alejos Leyton.
Era Párroco de
El
20 de enero se congregaron en
El
día 27 de enero llegan a Piura desde
Ayabaca y Congoña, los Párrocos Manuel Checa y Manuel Palomino, respectivamente y
juran en
El
Párroco de Chalaco D. Eusebio Carnero se
juramentó el 20 de enero ante el Gobernador Político de su pueblo, Manuel de
Córdova, con intervención del Notario
Andrés Domínguez.
El
23 de enero, lo hizo en su pueblo de Cumbicus, el Párroco Crisanto Gabino de
El
Párroco de Amotape, Miguel del Carpio, también hizo juramento en su propio
pueblo. Igual lo hizo el de Paita.
Lo
cierto es que el 27 de enero de 1827, cuando se juramentaba el Párroco de
Ayabaca, y también lo hicieron después otros más, había ya terminado de existir
el Consejo de Gobierno, a causa del levantamiento de las tropas colombianas que
estaban en Lima y de la asonada del pueblo.
Si bien es cierto que a Santa Cruz se le permitió seguir en el mando, el
Concejo Municipal de Lima tras de convocar a una Asamblea Popular, derogó
Por
lo tanto el juramento de las autoridades
piuranas y de sus religiosos quedó en el vacío y casi no tuvieron
oportunidad de cumplirlo. En realidad,
para unos y para otros, no había mayor problema. Tratándose de jurar, lo hacían cuantas veces
fuera necesario, no obstante las profundas
convicciones católicas que decían tener.
Con
estos actos y juramentos de fugaz duración, se cierra el ciclo histórico de esa
etapa de nuestra vida nacional que se conoce como Lucha por
Libre
el Perú de ejércitos que tenían otras banderas y que obedecían a otros poderes,
inicia propiamente su vida independiente.
El
Perú emergía mutilado y amenazado. Por
acción política de Bolívar y de Sucre, había perdido primero Guayaquil, y más
tarde el Alto Perú o Bolivia. Además
Nueva Granada o
Nuestro
paisano Santiago Távara, en “Historia de los Partidos”, decía que la lucha del
Perú contra las aspiraciones de Bolívar es el tercer triunfo de la
independencia nacional.
Las
otras dos fechas señeras para Távara fueron el 28 de julio de 1821, cuando San Martín proclamó la independencia;
y el 20 de setiembre de 1822, cuando el mismo Protector entregó el mando al Congreso que recién se instalaba.