Cerezos en flor
Uno de los espectáculos del Valle del Jerte es la floración del cerezo. Esta suele iniciarse hacia el equinoccio de primavera y se desarrolla como mucho durante un par de semanas; algunos años en muy pocos días, produciéndose entonces una formidable explosíon de brotes blancos en todo el Valle, que puede resultar fascinante si las cumbres montañosas se visten de blanco como si también quisieran formar parte de un mágico rito de fertilidad primaveral. Llegada esta época se celebra la fiesta del cerezo en flor, que atrae a un abundante público tanto propio como foráneo. Este año 2000 fue en Rebollar, coqueto pueblecito en la ladera del Valle. CEREZO EN FLOR MM REBOLLAR Pero si lo que deseas es disfrutar del espectáculo de la floración, deberás pasear por los caminos, entre los cerezos. Así podrás integrarte, tu también, en la verdadera fiesta de la primavera.
A diferencia de la floración, la maduración de la cereza es muy escalonada. Cada variedad tiene un período diferente de maduración, y además, los cerezos se distribuyen por solanas, umbrias, alturas, vaguadas, de manera que la recolección puede hacerse de forma progresiva, según vayan madurando los árboles individualmente. Este proceso es totalmente manual. Los hombres, subidos al cerezo o a las escaleras, van llenando los cestos de castaño que llevan colgados al hombro. Las mujeres seleccionan el fruto segun su estado, calidad o calibre, y allí mismo, bajo el árbol, preparan los embalajes que vemos en los mercados. La variedad de cereza más representativa del Valle del Jerte es la denominada «Ambrunés», conocida en el mercado como picota. Sin embargo, no todas las picotas pertenecen a esta variedad, ni tampoco toda cereza «ambrunés» es picota. Esta variedad, como otras, ha sido exportada a distintos lugares de la geografía, pero, objetivamente, la «Ambrunés» del Valle resulta mucho más jugosa, dulce y crujiente que la de otras zonas productivas. Esto no es ni raro ni nuevo. Los factores ecológicos de la comarca (suelo, clima, agua...) facilitan que casi cualquier tipo de cultivo se desarrolle en óptimas condiciones de calidad. De ello han dejado constancia numerosos autores desde tiempo inmemorial. Caius Plinius (23 a 79 d.C) procurador de la Hispania Citerior cuenta que en esta tierra se usa el injerto para mejorar los árboles frutales, y que la cereza lusitana tiene tres colores: negro, rojo y verde; y que parece siempre a punto de madurar. El médico Luis de Toro (Siglo XVI) hace comentarios del tipo: «Veras todo genero de cerezas, que ni Persia las tiene mejores» o «de un gusto y tamaño extraordinario, rojas, negras y de un color intermedio parecido al vino». ©
Feliciano Calle Sánchez. Enero del año 2000
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