Ética y estética
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Presentación
Introducción
Características
Ética y estética
Televisión 1
Televisión 2
Comunicación
Documentales
Televisión 3
El grupo
Metodología
El mensaje
Astrología
Ejemplos
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Ideología de Urano

El problema para acceder a la verdad
no son las mentiras
sino las convicciones.

Las definiciones ideológicas que siguen son inevitablemente pobres. Nos resulta difícil ubicarnos en una determinada posición ideológica. Pues bien, es algo así nuestra ideología, similar a la de la mayoría de los televidentes.
Una vez dicho esto, podemos agregar que nuestra ideología es buscar la mejor pregunta; es no asustarnos de nuestras propias contradicciones ni de nuestra ignorancia.

Los que no me buscaban me hallaron.
Y me mostré a los que no preguntaban por mí.
Jesucristo

Es hablar desde el alma-cuerpo-mente y tener la ciega pero sabia certeza de que “lo mejor está por venir”.
Un gran énfasis de nuestra ideología radica en observar el mundo actual sin convicciones, sin “porqués”. Analizar con humildad; aprender a preguntar más y responder menos.
Otra pincelada que tal vez ayude a retratarnos es que nos interesa profundizar el encuentro entre lo mejor de la cultura occidental y las nuevas corrientes de pensamiento que seriamente se incorporan y que han tenido históricamente su mejor expresión en Oriente, como ser el Yoga, la Astrología, la Física Cuántica, la Teoría del Caos, la Bioenergía, etc.

Los Documentales Holísticos mirarán con apertura, lucidez y optimismo el enigmático y angustiante mundo actual. Será una mirada propia, definida por un espíritu abierto, esperanzado, convocante, universal, más sensaciones que razones, apolítica pero comprometida, a-religiosa pero espiritual.

La marca Urano no será clasista ni se asociará a ningún partido político ni poder económico, religioso, gremial, financiero, empresario, comercial, etc., salvo los que compartan nuestra ideología.
Urano no es una marca “New Age”; tampoco será cientificista ni adorará al dios de la Tecnología. No responderá a ninguna religión ni creencia popular, corriente filosófica ni idiosincrasia geo-cultural en particular, salvo lo inevitable.

Rescataremos las viejas y nuevas miradas: concepciones filosóficas, espirituales, científicas, etc. tratando de presentarlas conjuntamente (aunque sean contradictorias) para abrir un nuevo panorama que pueda ser fecundo.

Lo televisivo tendrá, naturalmente, el mismo espíritu.
Pese a la novedad que propone, Urano escapará de lo snob, del espíritu consumista, del cliché, de lo acartonado (incluida la informalidad acartonada...).

Urano tratará de evitar cualquier esquema salvo el propio no esquema referido al planteo creativo y abierto frente a cada tema. Cada programa comenzará con una hoja en blanco.

Los documentales no comunicarán en el plano meramente intelectual sino que intentarán una comunicación holística, global, formada por muchas “capas” de significados convergentes.
Las capas más “profundas”, sí tendrán un profundo fundamento espiritual e intelectual, pero sus expresiones en la pantalla (capas “superficiales”) alcanzarán una simpleza extrema, fácil de comprender aún para un niño. De esta forma esperamos que cada televidente pueda realizar una lectura válida, independientemente de su nivel cultural y de su captación de los códigos más sutiles.

El cine, como la música, no es primordialmente un medio del intelecto.
Trata más bien las emociones y agitaciones del alma.
Scott Hicks, director de Claroscuro

El plano de tratamiento no será psicológico, ni político, ni social, ni artístico, ni sociológico, ni económico, ni filosófico, etc. Creemos que estos son simplemente planos posibles que pueden explorarse para enriquecer una visión más global. Esta visión más global, Urano la buscará más bien a la luz de conceptos convergentes de esas distintas ramas de la actividad y el pensamiento humanos sobre determinado tópico. Esta convergencia, a su vez, no será una convergencia “lógica”, ni siquiera intelectual. Será resultado de la armonía de “alma, cuerpo y mente” que propone Urano como concepción general del mundo.

Cuando hablo de algo
hablo de todo.



Los cómo de la comunicación
-código y ética-

Código versus mensaje

A diferencia de la mayoría de las producciones de los últimos años, evitaremos el preciosismo narcisista del emisor. No mostraremos las cosas de la forma más linda, ni de la más “artística”, ni de la más impresionante ni siquiera de la más sutil o inteligente. Más bien evitaremos esta clase de vedettismo. Nos resultará indiferente si tal recurso está trillado o si tal otro es una creación genial. Es otra la frecuencia que nos preocupa y otra la clase de talentos que cultivaremos.

Las palabras que dicen la verdad no son hermosas.
Las palabras hermosas no dicen la verdad.
Lao Tse

La bondad de nuestra comunicación se evaluará en el re-posicionamiento actitudinal de nuestro televidente en su vida real. El cuidado y aun el efectismo que se pueda incorporar al tratamiento televisivo estarán en línea con el objetivo.
Aunque pudiera parecer que un tratamiento televisivo espectacular redundaría en beneficios generales a nuestra comunicación esto no es así de ninguna manera. La temática y objetivo del programa, el destinatario esperado y el propio espíritu de Urano evitan las formas vacías y el ropaje exagerado intentando más bien la comunicación verdadera que pueda alentar el mismísimo contacto del televidente con su realidad.

Un peso excesivo en el preciosismo del código hablaría de un emisor vedettista, y por lo tanto (pacto ético) de un destinatario superficial. Pondría el peso en el cómo, en detrimento del qué. El televidente terminaría diciendo “¡Qué buen programa!” y no “¡Puedo cambiar mi mundo!”.

El qué (contenido) sólo habla de lo que decimos que pensamos. El cómo (código) dice quiénes somos y expresa lo que en realidad pensamos. Esto condiciona crucialmente el sentido y el valor ético del mensaje.

[Al analizar la comunicación entre destinador y destinatario] “...es necesario incorporar la imagen que se forman de ellos mismos, la que se hacen del otro y la que se imaginan que el otro se hace de ellos. No se habla a un destinatario real, sino a aquello que se cree saber de él, mientras que el destinatario decodifica el mensaje en función de lo que él cree saber del emisor”.
(Catherine Kerbrat – Orecchioni – La Enunciación de la Subjetividad en el Lenguaje)

Una verdad dicha por un código narcisista queda convertida en algo dicho para impresionar al destinatario. El código vedettista denota un mensaje egocéntrico del emisor. Invita al destinatario a –también- huir de la realidad. Propone el pacto ético de compartir la “incomunicación egocéntrica”, o bien, intenta manipular al destinatario.

La gracia es engañosa.
La hermosura es vanidad.
(texto religioso judío)

Platón acusa a los sofistas de corrupción de la palabra, porque su fin principal no era transmitir la verdad sino impresionar, sin preocuparse por la verdad. El otro ya no era un interlocutor sino un objeto manipulado por el “locutor”. Esto ocurre también entre nosotros. (Josef Pieper, 1964)

Desde ya que el código podrá ser preciosista y aun espectacular en la medida que esto ayude al mensaje o no lo ponga en riesgo. De hecho lo que diferencia un código comunicativo de uno egocéntrico es apenas un matiz energético. Cierto recurso, en sí mismo, no es egocéntrico ni “comunicador”.


Sintetizando, Urano entiende que el código no sólo es subsidiario del contenido y de la idea sino que, fundamentalmente, debe ser también –protagónicamente- portador de ellos.

Es preferible que la oscuridad venga del mensaje
y no de la torpeza con que está expresado.
Busco formas claras para mensajes que, naturalmente, son oscuros
porque el universo lo es.
Alejandro Dolina


La comunicación primordial
-O por qué se va la mosca-

“¡No hace falta que entiendas con la cabeza! –bramó indignada-
-Y rogó: “¡¿No ves que lo más importante
no te lo digo con las palabras?! “

Urano considera que lo que en realidad define una comunicación televisiva es el espíritu del emisor, su “onda”. Más específicamente, su estética y, primordialmente, el origen de su estética: su ética.
Esta ética subyace en toda la obra y es fácil de identificar, aun a los pocos segundos de comenzado el video, a través de la música, el ritmo, las pausas, la cadencia y vibración de la voz; o más sutilmente, el tipo de letra, el encuadre exacto, el fondo, la iluminación, lo no dicho, etc.

Un mensaje es una de las formas
en la que se materializa
la ética del emisor.
Y es ésta la que primordialmente se comunica.

Apenas comenzado el mensaje el televidente advierte cuál es el posicionamiento estético/ético del emisor aunque el propio emisor no tenga consciencia de él, o aunque haga esfuerzos por disimularlo.
La percepción de la ética/estética del emisor ocurre naturalmente aun antes de que la información de los sentidos llegue a nuestra conciencia e incluso forma parte de nuestro repertorio instintivo. Hay tonos de voz, estridencias, ritmos, etc. que cautivan o molestan mucho antes que nos detengamos a observar de qué se trata. Están asociados a valores ético/estéticos que representan simbólicamente una tendencia de afiliación cultural.
La mosca no observa lo que produjo la vibración del aire: primero se va. Así de fugaz y de sutil es la primera... diríamos la “primordial” reacción a los mensajes. La mosca no está dispuesta a lidiar con nada que produzca repentinamente una vibración de cierta intensidad en el aire. No discrimina nada más. Su ámbito de vida no es compatible con la configuración ética de esa vibración. Y se va.

Antes de recibir el mensaje
lo que se percibe es al autor del mensaje,
más precisamente, su ética,
es decir,
¿es de los míos o no?
¿qué intenciones tiene?

Las respuestas que demos a estas y otras preguntas éticas definen qué código utilizaremos para decodificar el mensaje. O, aun más, si nos tomaremos la molestia de hacerlo.

En el caso de los mensajes humanos esta rapidez de respuesta y la previa finura para percibir la ética del autor del estímulo no se basa en las vibraciones del aire: es mucho más sutil.

Saber que siempre para vos
el bien es bien y el mal es mal.
Eladia Blázquez
Es tanta la importancia que le da Urano a esta comunicación primordial que cada párrafo de este documento está también referido a estos aspectos sutiles.

De esta concepción devienen muchas de nuestras definiciones, muy particularmente las metodológicas.
Comunicamos lo que somos, y es por eso que tanto cuidado ponemos en extender estas páginas para definirnos cabalmente.

Una de las expresiones de la ética de Urano es que el documental incluye versiones para sordos (subtitulado especial) y para ciegos (versión radial con locución adicional).

La comunicación primordial puede ser definida como una visualización intuitiva de la carga energética de una comunicación. Esta carga energética, sostenemos, parte fundamentalmente de la ética real del emisor y va en busca de una cierta contrapartida en el destinatario. Por esto Urano tratará de plasmar su concepción del mundo en cada aspecto y en cada detalle de sus realizaciones.

Parafraseando a Mac Luhan diríamos: el fundamento ético es el mensaje, el código es el mensaje, la elección y tratamiento del contenido es el mensaje, la metodología de producción es el mensaje, etc.

¿Son necesarias tantas definiciones teóricas, tanto replanteo intelectual, para una simple comunicación en TV? ¿Todos se toman este trabajo?
1) Como se abordará más adelante, el arte televisivo tiene dos quiebres en el proceso de realización. Dos momentos en los que hay que decodificar y recodificar el mensaje. Allí los “traductores” suelen funcionar muy mal ya que la comunicación pasa de escrita (o pensada) a audiovisual –de la idea al guión- o están en manos de diferentes especialistas que suelen ignorar el sentido de la comunicación –del guión a la pantalla-. Allí se rompe lo que en casi todas las áreas de la vida ocurre naturalmente.
2) Urano camina por el angosto desfiladero que divide lo creativo de lo snob. Será bueno pensar no dos sino mil veces nuestro mapa interior.
3) la índole grupal del trabajo propuesto nos invita a explicitar nuestros supuestos teóricos básicos.


El pacto ético en televisión

Hay un solo pecado:
decir que una hoja verde es gris.
Y se estremece el sol ante el ultraje.
Chesterton

La producción televisiva ha sido proclive a un proceso de realización severamente fragmentado, fruto de la lógica de la producción en serie, la cual a su vez deviene de la ética fundante de la televisión actual: el negocio.
El resultado es deficitario a nuestro juicio, ya que el fundamento ético de “negocio” puede no estorbar en el caso de una plancha o una camisa pero se hace evidente en una comunicación compleja y sutil como la audiovisual. Se suma, en nuestro caso, que la temática tan delicada exige un emisor con una ética incuestionable.
Sabemos que cualquier producción televisiva está inmersa en un sistema económico esencialmente materialista como el actual. Pero nosotros más bien creemos que los sistemas productivos habituales en TV se basan en unos paradigmas (producción en serie, previsibilidad del éxito, utilización de moldes prefijados, relación éxito/beneficio, etc.) que no tienen por qué ser siempre respetados, por más que sean útiles en muchísimos casos. Creemos también que esos paradigmas son, en muchos casos, verdaderos espejismos, simples paradigmas.

Por otra parte, el “negocio” es un concepto ambivalente, no siempre acompañado por una conducta ética: se ofrece algo con la promesa de que satisfará una necesidad. Pero el negocio propiamente dicho muchas veces se cierra cuando el comprador acepta la propuesta, no cuando se satisface la necesidad. En muchos casos la necesidad no se satisfará pero el negocio sí. Este hecho es conocido –consciente o inconscientemente- por la mayoría de los televidentes, lo cual los distancia íntimamente de la mayoría de las comunicaciones de televisión, o los predispone a la escisión o a la desconfianza.

Cualquier programa televisivo transpira la energía de su ética fundante, la cual suele ser el negocio. Esto ocurre ya se trate de un reality-show, una telenovela mejicana, dibujitos animados, partidos de fútbol o un documental de Grecia.
Existe una diferencia sustancial entre las producciones fundadas en el negocio, aquellas originadas en el trabajo, la pasión artística, el deseo de fama, el celo periodístico, etc.
El mismo actor, la misma cámara, la misma música, adquieren configuraciones energéticas sutiles –pero fácilmente perceptibles- diferentes, según cuál sea su fundamento ético.

Un programa propone un pacto ético a cada televidente o, más sutilmente, a algunos aspectos del televidente. Los programas “vedettistas” invitan a los aspectos más desprotegidos y frustrados a soñar a ser grandes y queridos, por citar torpemente un ejemplo posible.

Como está implícito en todo el proyecto, Urano emite una configuración ética muy diferente a la mayoría de las producciones televisivas.
El deseo de iluminar-nos la época como motivación y como intención comunicativa es tal vez el trazo principal, más aun cuando Urano se involucra en la misma confusión del televidente.

Una serie de afirmaciones (libertad, seriedad, desprendimiento, desideologización, no cientificismo, transgresión del código, producción grupal, etc.) nos diferencian de otras excelentes producciones que intentan iluminar la época.

Desde lo material, nuestro concepto ético fundante no es el negocio sino el trabajo y la pasión artística.

Entendemos que compartieron este mismo concepto ético (trabajo y pasión artística) programas como Tato Bores, algunas partes de Fútbol de Primera, los “raporteros” de Videomatch, Los Simpsons, El Chavo, y ahora Los Simuladores.

Lo que más cuesta entender de Urano es consecuencia de estas definiciones.
Urano comunicará vitalmente, como resultado de su búsqueda, de sus contradicciones, de su inspiración caótica.
Esto generará una pantalla diferente y convocará profundamente al televidente.
Pero al mismo tiempo imposibilitará desarrollar programas “en serie”, con conceptos “eficientistas”, que son ajenos al espíritu que proponemos.
La Televisión responde: “estructuren el producto”; “conviértanlo en previsible”, etc. Nosotros nos negamos rotundamente. Nuestro mensaje –precisamente- canturrea la melodía de desestructurarnos, de aprender a convivir con lo imprevisible, ya que así son ahora las cosas para el televidente y para nosotros.
La mayoría de los programas son encorsetados desde el principio.
Y llegan rígidos a la pantalla.
Han extraviado su alma en los papeles.
Están muertos antes de nacer.
Y se nota.