Titulo original: “Intermedio filosófico, la cuestión social y
los cristianos sociales.
"La cuestión social y un cura.”
Impreso el 18 de mayo de 1937. Editorial Hemisferio.
Esta conferencia la pronunció don Lisandro de la
Torre a principios de 1937. En verdad este “intermedio” no es sino más que
preguntas y respuestas que don Lisandro se plantea a sí mismo en el umbral del
trasmundo. Ellas traducen bien
claramente su escepticismo filosófico.
“En los ratos de ocio –escribe por esos días a una amiga-, cuando
resuelvo volver a las lecturas filosóficas que me atraían a los veinte años. Me
entristece la impotencia intelectual
del hombre. En los albores de la historia dio, en relación con los problemas
fundamentales, todo lo que es capaz de dar, y desde entonces rehace penosamente
la tela de Penélope. Y en esa misma comprobación de su impotencia viene desde
entonces”.
Está madurando su propia muerte cuando al
requerimiento de sus amigos lo saca de su monólogo y lo lleva a la tribuna del
Colegio Libre de Estudios Superiores. Allí, ante dos mil espectadores, continúa
ese monólogo que ha de acabar con su corazón destrozado.
INTERMEDIO FILOSÓFICO.
La pequeñez del
hombre comparada con la inmensidad del
Universo hace extraordinario su empeño en descifrar el enigma de la vida.
La ciencia avanza en
todos los campos triunfalmente, pero en relación con las causas primeras
desplaza las incógnitas sin descifrarlas.
El descubrimiento del
microscopio en el siglo XVII permitió señalar la existencia de células animales
y vegetales, que eran desconocidas.
Si los antiguos hubieran
dispuesto de los aparatos modernos habrían realizado los mismos
descubrimientos. Aristarco, mil novecientos años antes de Galileo descubrió que
la tierra giraba sobre su eje y alrededor del sol, y la ignorancia ambiente,
sobre todo la de los sacerdotes y los gobernantes, lo acusó de turbar la paz de
los dioses, del mismo modo que Galileo para evitar la hoguera, abjuró su
supuesto error ante el tribunal de la Santa Inquisición.
La estructura y el
funcionamiento del cuerpo humano se revelan tanto más maravillosamente cuanto
más se las estudia; sin embargo, el mundo está lleno de seres tan
maravillosamente organizados como el hombre: y si de las funciones fisiológicas
pasamos a las del pensamiento, también aparecen en los animales y en las
plantas signos que demuestran reflexión.
¿Por qué llegar,
entonces, precipitadamente, a la conclusión de que el hombre se encuentra
colocado de tal modo por encima de todos los seres, que debe considerársele un
ente aparte, dotado de un alma inmortal?.
De esta hipótesis, sin
embargo, derivan consecuencias de gran alcance. Los hombres que no sabían lo
que era el mundo, en las primeras edades, y por supuesto, no sabían lo que eran
ellos mismos, pretendieron estar perfectamente al cabo de lo que ocurría más
allá de la tierra, y discurrían a su antojo acerca de las cualidades y las
aventuras de los dioses que habían descubierto. ¡Desconocían la tierra, pero
conocían al cielo!
¡Cuántas religiones y
cuántos dioses han desaparecido en el curso de los siglos! Y los nuevos dioses
emanaron, como los viejos, concepciones antojadizas.
En el terreno de las
afirmaciones, de las negaciones y de las predicciones, debemos, por tanto, ser
cautelosos y desconfiados. Porque la ciencia no haya encontrado todavía lo que
busca desde hace tanto tiempo, nadie está autorizado a afirmar que no lo
encontrará jamás o que lo encontrará tal día.
Pero a título de que la
ciencia no pronuncia palabras definitivas acerca del origen y el fin del
Universo y de la vida, ni sobre la formación de la conciencia, no se legitiman
las explicaciones de imposible comprobación a que se llama “la revelación
divina”. De aceptarlas, se llegaría a conclusiones en pugna con lo poco que se
sabe; y lo que se sabe científicamente no será todo lo que se necesita saber,
pero algún respeto merece. Se ha dicho esto muchas veces y no necesito
insistir.
Mediante la revelación,
la teología aclara fácilmente todos los enigmas. Adorna al hombre con
caracteres superiores a los que poseen los demás animales (sus parientes
próximos) y afirma la existencia de un Ser Supremo, cuya preocupación principal
sería el destino del hombre, centro de la creación y su rey.
Ø
La Aparición del Hombre:
Pero el hombre no es eso;
el hombre es un habitante de última hora del Universo, aparecido en tiempos en
que éste llevaba millones de millones de años de existencia, si es que alguna
ve el Universo no hubiera existido. Digo esto último reflexivamente, porque la
inteligencia humana no alcanza a concebir lo que podría ser la “nada”. La
“nada” es una imposibilidad, y lo será siempre.
Concretémonos a la
Tierra, que si bien no pasa de ser un diminuto cuerpo celeste, tiene el honor
de albergar al hombre. La edad de la Tierra, después de condensada, se hace
ascender a unos cien millones de años más o menos, a partir del tiempo
transcurrido desde el comienzo de las “épocas” que constituyen los
períodos más o menos entrevistos de su
historia geológica, y el hombre sólo habría aparecido (en estrecho parentesco
con los antropoides) a fines de la época terciaria o principios de la
cuaternaria, hace menos de un millón de años –quizá 500.000-, y sólo habría
comenzado a dar signos de civilización hará cosa de 6.000 años, es decir, ayer.
La Biblia dice que Dios creó el mundo y todas las especies al mismo tiempo, lo
que evidentemente no es así. Cuando apareció el hombre ya se habían extinguido
numerosas especies (cuyos restos podemos observar en los museos), ya sea porque
el medio se volvió desfavorable para ellas, o por el calentamiento de la tierra
o bien porque su organismo fuera deficiente. Nótese que su existencia dependía,
así, de las condiciones ambientes y no de la voluntad de un creador.
El hombre lleva un tiempo
brevísimo en la tierra y la conoce poco, por lo tanto un ente aparecido cuando
el universo y la tierra llevaban millones de millones de años de existencia, no
puede pretenderse el objeto y centro de la creación y el rey del universo. El
universo no necesitó su presencia ni su colaboración para vivir millones de
años, mientras que el hombre se atribuye una importancia y usurpa una posición
que no le corresponde.
En los laboratorios se ha
comprobado mediante el estudio de animales y sus células cerebrales que el proceso
vital de estos y el del hombre son muy similares.
Pretende, sin embargo, la
teología, que entre los animales y el hombre hay diferencias sustanciales y
afirma que el hombre es libre y los animales no. ¿Sabemos acaso si el hombre lo
es y los animales no? Spinoza en su obra "ÉTICA" (la cual no publicó
en vida por temor a las persecuciones
de la Iglesia y el Estado) dice que el libre albedrío del hombre se
reduce a la ignorancia de las causas que lo determinan. Y los animales en
muchos casos tienen la posibilidad de proceder de distinta forma y se
determinan a su antojo. En Egipto (pueblo de gran civilización) muchos animales
fueron elevados a la categoría de dioses.
La superioridad
intelectual del hombre respecto de los animales es tan notoria como lo es su
inferioridad respecto a la naturaleza. El hombre no puede realizar lo que la
Naturaleza realiza sin el mínimo esfuerzo, y su grandeza relativa solo resulta
de su comparación con los animales.
Ø
La conciencia de la materia viva:
Los animistas, naturalmente,
siguen afirmando que sólo el hombre tiene conciencia de lo que hace. Proceden
inconscientemente, según ellos, los demás seres y corpúsculos vivientes, aun en
los casos en que parecen demostrar mayor conciencia de su función.
Tomemos como ejemplo la
reducción del número de los cromosomas de las células germinales antes de
formar el embrión, ya que su sencillez es tan maravillosa como su adecuación al
un fin. Cada especie tiene un número fijo de cromosomas, y lo trasmite
invariablemente de generación en generación. La célula humana tiene 48. Parece
muy sencillo que un ser cualquiera transmita sus peculiaridades a su
descendencia, pero cuando se trata de la fecundación el caso varía, por cuanto
al conjugarse dos células distintas, la femenina y la masculina, con 48
cromosomas cada una, el embrión debería adquirir 96 cromosomas en la primera
generación, 192 en la segunda, y así sucesivamente, de tal manera que,
arrancando desde el principio de la especie, el cuerpo humano entero sería hoy
insuficiente para contener los cromosomas de una sola célula originaria, y las
células y el hombre con ellas, habrían perecido víctimas de una inundación de
cromosomas.
¿Cómo han conjurado este
terrible peligro las células sexuales? Han necesitado la inteligencia e ingenio
para encontrar la solución, pero la han encontrado. Las células femenina y
masculina, portadoras cada una del número fijo de cromosomas de la especie, lo
reducen a la mitad para efectuar la maduración, y en la especie humana las
células maduras o gametos quedan con 24 cromosomas cada una. Se unen entonces,
y el embrión sólo recibe 48 cromosomas del aporte conjunto, en vez de 96. La
suerte de la especie se salva.
Procedería también
inconscientemente, según los animistas, el espermatozoide cuando se dirige
arrastrándose como una culebra en la dirección del óvulo maduro situado en una
larga distancia para sus dimensiones, y se vale para marchar de su cola
propulsora, muchas veces más larga que su cabeza (la cabeza está destinada a
firmar el embrión, y la cola desempeña una función puramente mecánica), y
procedería inconscientemente el óvulo maduro cuando, al sentir la proximidad
del espermatozoide, forma el “cono de atracción”, y en cuanto ha penetrado le
corta la cola y la deja afuera, porque no tiene parte en la función fecundante,
y endurece de inmediato la membrana a fin de que no la penetre otro
espermatozoide.
Ø
El instinto y el alma:
La ciencia comprueba cómo
y cuándo se producen los hechos e intenta descifrarlos, aun cuando no lo
consiga enteramente. La teología ofrece explicaciones irreales. Hagamos
intervenir entonces al buen sentido. ¿Qué debería decir el buen sentido?
Debería decir que si la existencia de un alma inmaterial e inmortal, es
requerida para la vida del hombre, la requiere también la existencia de todos
los demás seres vivos.
Aquí, precisamente, es
donde se produce una gran confusión metafísica que exige poner las cosas en su
sitio. Se entiende por alma una supuesta sustancia inmortal e inmaterial
distinta del cuerpo, que anima la vida, piensa, siente y quiere. Esta
definición esta restringida solo a los hombres por los dogmas religiosos y los
escritos de los teólogos ortodoxos. Si el alma fuera principio de vida, habría
que reconocerla a todos los seres vivos o a ninguno, aun cuando nazcan,
crezcan, se alimenten, se reproduzcan y mueran igual que el hombre (y cuando
piensen, sientan y quieran en una forma que solo se diferencia cualitativamente
con el hombre).
Por hipótesis, concedamos
que el hombre tenga un alma distinta del cuerpo; el problema de la vida en los
demás seres continuaría en lo profundo
del misterio a que antes me referí. Parece que los demás seres no interesan.
No es exacto, entonces,
que las religiones sepan lo que no sabe la ciencia. Las religiones no aclaran
el enigma. La teología más sutil no puede demostrar que el principio de lo
vital sea distinto en el hombre y en los animales y las plantas. ¿Por qué
habría de ser el hombre el único inmortal? El absurdo es visible.
Ø
El hombre y la célula:
Lo más elevado que exterioriza al hombre, la aspiración a la inmortalidad, es una derivación clarísima del deseo de perpetuarse. La idea de muerte le inspira temor y angustia.
La inteligencia del
hombre es cualitativamente igual a la de los otros animales aun cuando sea más poderosa,
y bueno fuera que no, si es el hombre la más perfecta realización en la escala
zoológica. La relación peso-cerebro de un avestruz es 1 a 1.000, la de un caballo 1 a 500, la de un
mono antropomorfo 1 a 200, y la del hombre 1 a 35. Esto no basta para afirmar
que la mayor inteligencia del hombre se explica por el mayor peso relativo de
su cerebro, pero es un indicio a tenerse en cuenta, que se complementa además
con la extinción total de los grandes saurios de cabeza pequeña, de la época
secundaria. El “Tyrannosaurus”, saurio gigantesco de la era mesozoica, medía 14
metros de largo y 6 de altura, y teniendo más peso que un elefante, su cerebro
sólo alcanzaba a pesar medio kilo. En los reptiles gigantescos era muy común la
pequeñez y estrechez de la cabeza y se ha tratado de relacionar esa
circunstancia con su prematura desaparición.
Los animales tienen en
muchos casos sentidos más perfectos que el hombre; la vista del águila, el
olfato del perro, del cuervo o de la abeja, la agilidad del mono o de la
ardilla, la resistencia a la fatiga del caballo, la visión en la oscuridad de
los animales nocturnos superan iguales aptitudes del hombre y prueban que no
es, en absoluto, el predilecto de la naturaleza. La semejanza estructural del
hombre con los monos antropomorfos –de los que sólo es una variante- le resulta
vejatoria.
No es posible juzgar con
exactitud el grado de inteligencia de los animales debido a que no hablan. Hay
hombres que parecen muy inteligentes mientras están callados.
Ya he recordado que no se
puede afirmar categóricamente que el hombre piense con el cerebro, aun cuando
sea lo probable. Hay afecciones del cerebro que inhiben para pensar pero hay
afecciones de otros órganos que no tienen, aparentemente, nada que ver con el
pensamiento y lo afectan. Y nadie ha podido observar hasta hoy, cómo ni cuándo
nacen las ideas en el interior de las células piramidales.
Ø
El alma y el fenómeno visual:
La teología pretende que
miramos los objetos con el espíritu (con los ojos del alma), pero los animales
los ven exactamente como los ve el hombre ya que sus órganos son semejantes a
los del hombre, luego necesitarían también un alma al igual que el hombre. El
dilema es de hierro.
Pero si el hombre no
viera los objetos con los ojos materiales sino con el espíritu, ¿qué objeto
tendría la naturaleza al crear un aparato visual tan complejo si no lo
utilizara para ver?, hubiera bastado un agujero en la frente para que el alma
humana se asomara a mirar.
Y recuérdese –porque es
muy importante- que la naturaleza no hace distinciones que demuestren de su
parte, predilección alguna por el hombre. Por el contrario, la naturaleza es
indiferente y puso el mismo afán en la creación del hombre y en la de los
microbios, y hasta podría creerse que tuvo especial interés en dotar a estos
últimos de una eficacia infecciosa formidable, que las células humanas no
logran siempre contrarrestar.
Ø
Monismo y Dualismo:
La teoría dualista
(vitalista) dice que el hombre es una maquina material, manejada por un
maquinista inmaterial que seria el espíritu o alma.
Por otro lado la teoría
monista (mecanicista) dice que el hombre es una maquina que marcha sola y se
regenera sola por sí misma, es decir, que su proceso vital no esta atribuido al
alma, sino a acciones y reacciones fisicoquímicas.
El poder de la
inteligencia humana y la nobleza de los sentimientos del hombre, están opuestos
a la bestialidad de las especies inferiores, pero esto no es condición para que
el hombre tenga solamente un alma inmaterial, ya que también hay hombres de inteligencia rudimentaria, criminales e
inmorales. Por lo tanto estos no deberían de tener alma, solo si también
hubiese almas inmorales, inferiores y depravadas
Un zorro tiene mas
audacia e inteligencia que muchos hombres, y una abeja u hormiga es más laboriosa
que muchos hombres, también hay animales que se sacrifican por la especie o
mueren por ella, como un héroe muere por la patria. Esos animales, superiores a
muchos hombres, deberían tener un alma inmortal, si es que del alma derivan las
condiciones relevantes intelectuales y morales, pero los teólogos no lo admiten
ni por excepción, es más, con la llegada del fin del mundo en el cielo solo se
albergara a los hombres, reyes de la creación.
No es concebible sin
embargo, que almas inmateriales e inmortales, tengan distinta calidad
intelectual, y así como los vitalistas recuerdan a los monistas que hay una
sola clase de materia, estos últimos podrían observarles que, no pudiendo haber
sino una sola clase de almas, todos los hombres deberían tener la misma
inteligencia creadora y los mismos sentimientos morales y artísticos.
Ø
El espíritu y la materia:
Hay experimentos como el
trasplante de un riñón, o la conservación de células vivas separadas del
cuerpo, que destruyen la idea de unidad entre el alma y el cuerpo. Es decir,
que una célula u órgano puede vivir en un laboratorio sin necesitar ese soplo
vital tan necesario para la vida que afirma la teología, a menos que ese órgano
se haya llevado consigo un pedazo de alma. Inferir esto seria pueril y además contradictorio con el principio
fundamental de la teoría animista. Nunca ha muerto un hombre porque haya sido
abandonado por el alma en un rato de mal humor y es evidente que el hombre
constituye una unidad formada por un conjunto de unidades elementales y que el
espíritu es inseparable de la materia.
Ø
La idea de Dios:
La adhesión a la teoría
de que todo lo que tiene vida debe tener conciencia de su ser, lleva a una
conclusión que no puedo ni quiero evitar.
Si el átomo, la célula,
el órgano y el animal, incluido el hombre, tienen conciencia de su ser y de sus
funciones, el Universo tendría también una conciencia general de su ser y a esa
conciencia se la llamaría Dios.
Admito que así sea.
Pero así como el átomo,
dentro de la célula no sabe seguramente lo que es la célula, y así como la
célula dentro de los tejidos no puede saber lo que es el cuerpo humano, el
hombre consciente de su ser y de lo que ve a su alrededor, no tiene
conocimiento sustancial de lo que es el Universo, ni puede saber de dónde
surgió el Universo que fue anterior a su aparición sobre la Tierra, ni
adónde va el Universo que no ha llegado
todavía a su término.
El universo se rige por
leyes inflexibles, independientes del hombre e impenetrables para el hombre, de
ahí la dificultad de concretar una idea de Dios.
No hay que confundir al
dios de las religiones con el dios de la filosofía. El primero es una persona accesible y nació con el hombre
hace miles de años, debido al temor por lo sobrenatural, mientras que el
segundo no es accesible, y su concepto puede modificarse a medida que aumentan
los conocimientos del hombre.
Hay que escapar a la
influencia de esas fascinaciones. Dios no debe violar las leyes naturales ni
debe entrar en los laboratorios, solo debe hacerlo cuando los investigadores
hayan agotado su esfuerzo. Dios no debe consentir que se menosprecien los
conceptos científicos en su nombre.
Las concepciones pueriles
de las sociedades primitivas no podrán subsistir eternamente. Sin duda, es más
seductora y sencilla la idea de un Creador que hace surgir el Universo de la
nada en 6 días con sólo pronunciar un “fiat”, que las nociones modernas de
evolución lentísimas de las especies y su adaptación al medio.
Se puede creer en la
realidad de la Biblia lo mismo que hace 3.000 años se creía en la realidad del
Olimpo y de sus dioses; y si en la actualidad hombres ilustrados creen, o
fingen creer en lo que la ciencia niega y refuta, en la antigüedad hombres
notables adoraban ídolos paganos. El dogma católico negaba la redondez de la
tierra y el Papa prohibió a los católicos españoles que se ocuparan del sistema
de Copérnico.
Dios deja de ser el
principio de energía y de la vida para convertirse en una persona. Él habría
creado la Tierra de la nada para colocar en ella al hombre y habría diseminado
las estrellas en el firmamento con simples fines de decoración. Una estrella
habría bajado ex profeso a la Tierra para servir se guía a los reyes magos. Así
lo asegura el Evangelio como si fuera la cosa más natural.
Puede verse también en la
Biblia como Dios bajaba a la tierra para conversar con los hombres, en los
tiempos primitivos. Les daba consejos y les aplicaba castigos inverosímiles.
-Capitulo 3, ver. 1 y 2
de las profecías de Ezequiel: Dios le ordeno que comiera un libro sagrado y el profeta se lo
comió.
-Capitulo 4, ver. 12 y 15 de las mismas profecías: también ordeno (en expiación de los enormes pecados del pueblo de Israel) que comiera todas las mañanas excrementos de humanos y como el profeta se quejo, cambio el humano por bosta de buey.
-Génesis, Cap 5, vers.
1-32: Adán tenía 930 años cuando murió,
su hijo Set tenía 912 años, Henos (hijo de Set) tenía 905 años, Quenán
(hijo de Henos) tenía 910 años... y sigue la genealogía.
-Profecías de Oseas, cap.
3, ver. 1 y 12: Al profeta Oseas, a fin de poner a prueba hasta dónde llegaba
en el acatamiento a sus órdenes, le ordenó seducir a la mujer de un amigo y el
profeta lo hizo, pero en descargo de su conciencia, por tan mala acción, dio al
cómplice 15 piezas de plata y algunas fanegas de cebada.
Esto es porque las
religiones positivas no se conforman con un concepto metafísico de Dios, sino
que necesitan un Dios que entre en relación con los hombres. Entonces, mientras
la teología ortodoxa dice que el Panteísmo es ateo al pensar que Dios esta en
todas partes de la naturaleza, por el otro lado cree en un Dios que multiplica
los panes, resucita a los muertos, cura a los leprosos, etc. Y el que no esta
de acuerdo con esto es ateo.
Si sólo se tratara de la
divinidad de la sustancia vital, ¿qué podría importar que el hombre la adore o
no? No la adoran las demás especies y parece que no le importa. ¿Y qué objeto
podría encontrar la sustancia divina que habría engendrado el Universo, en
imponer al hombre castigos como los de la Biblia, que comienzan con el pecado
original del que un recién nacido no debería tener la culpa?
Sin embargo, las
religiones positivas convierten en el objetivo principal de la vida humana la
adoración de esa causa primera y la llaman Ser Supremo y la Biblia hace el
objeto único. La iglesia exige a los gobiernos que impongan esa adoración.
La revelación descalifica
a la ciencia y eso no lo podemos admitir. No le importa que la ciencia o el
simple buen sentido, demuestren, por ejemplo, que la luz del día emana
exclusivamente del Sol. Hay que creer en lo que el Espíritu Santo habría
inspirado a Moisés cuando le habría dictado la Biblia; el Génesis dice que Dios
hizo la luz el primer día separándola de las tinieblas y el cuarto día hizo el
Sol y las estrellas. Durante cuatro
días habría habido luz en la Tierra y los días habrían estado separados de las
noches sin haber Sol. La ciencia debe callar. No creer en la Biblia expone caer
en pecado mortal.
Ø
El fin del mundo:
La predicción del fin del
mundo y la descripción del infierno forman parte del sistema de conceptos
terroríficos de que se vale el dogma religioso en contra de la ciencia. El
Evangelio es categórico al respecto y anuncia el fin inmediato del mundo.
En el Evangelio de San
Mateo (cap. 34, vers. 29) dice: "Y luego, después de las tribulaciones de
aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su lumbre y las estrellas
caerán al cielo y las virtudes del cielo serán conmovidas”. “En verdad os digo
que no pasara de esta generación que no sucedan todas estas cosas".
Pasó la generación
aludida, pasó el primer siglo de la era cristiana y han pasado 1937 años y no
ha ocurrido lo anunciado por Jesús. Luego la revelación es una fuente objetable
de conocimientos.
La cuestión del fin del mundo
tiene otro aspecto grave. Los muertos que esperan en el purgatorio el juicio
final para entrar al reino de los cielos, se verían defraudados si no teniendo
fin el mundo no hubiera juicio final.
No puede descansarse
entonces en la explicación develada del enigma del Universo. La ciencia falla
en parte y revelación en todo, y las hipótesis religiosas emanan de conceptos
arbitrarios, cuyo acatamiento no puede exigirse a los espíritus imparciales.
No obstante la realidad
indestructible de esa situación, las creencias religiosas nacidas del temor a
lo sobrenatural, a lo desconocido y a la muerte perdurarán mientras éstos
subsistan. La ilusión de la vida futura es para muchos un consuelo que desean
conservar, aun a costa de engañarse a sabiendas. No basta, sin embargo, que una
doctrina filosófica o religiosa pueda servir de consuelo y parezca útil, es
necesario que no sea absurda.
Ø
La armonía y el universo:
Toda creación exige un
creador. Si se pregunta quien hizo el universo, se responde que fue Dios, pero
si se pregunta quien creó a Dios, nadie contesta, porque se dice que Dios no
tuvo principio ni fin porque es eterno.
Por lo tanto, como esto
no tiene fundamento ni comprobación, con igual derecho podemos decir que el
universo tampoco tuvo comienzo y será eterno. Entonces el universo y Dios
serian la misma cosa y en ese caso coincidimos con Spinoza (definición
panteísta) cuando dice: "No hay entre el mundo y Dios sino una diferencia
de puntos de vista".
Ese Universo-Dios no se
mezclaría en el destino particular ni en los asuntos domésticos de los hombres.
La armonía del Universo
se invoca también como una prueba del origen divino. Hay, en efecto, tal
regularidad en el cumplimiento de las leyes de la naturaleza y tan asombrosa
adaptación a la vida de los seres organizados, que el conjunto resulta
armonioso. Pero volviendo la mirada al hombre y a las sociedades humanas, se
advierte lo contrario. Parecería que el hombre hubiera sido creado para la
desarmonía y el dolor y que las sociedades humanas estuvieran condenadas a
vivir en la miseria, en la desigualdad y en el caos.
***
El
éxito de su conferencia “Intermedio Filosófico” decide a Lisandro de la Torre a
ocupar de nuevo la tribuna del Colegio Libre de Estudios Superiores. Y para la
ocasión elige como tema “La cuestión social y los cristianos sociales”, en
donde analiza las encíclicas papales que sirven de fundamento teórico a la
acción del socialcristianismo y las desmenuza en la severa comprobación de sus
resultados.
La
conferencia de De la Torre fue objeto de una respuesta de monseñor Franceschi,
quien trasladó la discusión al plano teológico al escribir, en su revista
“Criterio”, el 26 de agosto (1937) el articulo “Ante una diatriba”. Entonces
Lisandro de la Torre se convierte en el polemista de siempre, ardoroso,
incisivo, denso de argumentos. Las respuestas de don Lisandro son publicadas en
“El Diario” y “La Vanguardia” los días 1, 2, 14, 15, 28 y 30 de septiembre, y
11 y 12 de octubre, bajo el título general de “La cuestión social y un cura”.
Monseñor
Franceschi contesta por intermedio de “Criterio” y otros periódicos locales los
días 9 y 23 de septiembre y 7 de octubre con tres artículos: “Hombre, no te
enojes...”; “¿Enemigo que huye?” y “Los procedimientos de un polemista”, y
finalmente se calla.
LA CUESTIÓN SOCIAL Y LOS CRISTIANOS
SOCIALES.
Ø
El cristianismo social:
El cristianismo social no
es el catolicismo: es una minoría del catolicismo que se preocupa de la
cuestión social. Dentro de la vasta grey católica es activo y batallador y hace
sentir su presencia no sólo en la propaganda sino en las organizaciones obreras
y caritativas que promueve. Ataca con vigor la indiferencia de la mayoría de
los católicos por la suerte de la clase proletaria y denuncia su sometimiento a
los intereses y a los perjuicios de la burguesía capitalista. Atribuye a esa
actitud, en mucha parte, al avance del comunismo y el alejamiento de las masas
obreras de la Iglesia.
El social cristiano
profesa en general, ideas más avanzadas que las encíclicas pontificias, pero
hasta el presente sólo ha obtenido éxitos precarios, debido a que su sujeción
en último término a los conceptos dogmáticos de la Iglesia, no le permite
otros.
Contenido por esa
restricción cae fatalmente en contradicciones y se extravía en acomodaciones
espirituales muy sutiles.
Ø
Modificación del carácter del cristianismo:
Los atractivos del mundo
se sobrepusieron en definitiva a la visión suprema del reino de Dios y su
justicia y los actos de los cristianos dejaron de corresponder a las palabras
del Evangelio.
Numerosos escritores
social cristianos confiesan esos hechos, pero reducen su importancia,
sosteniendo que la religión católica no es responsable de las fallas personales
de los fieles y que el Evangelio continúa siendo el único camino practicable,
en todos los órdenes, para la salvación de la humanidad; evasiva que sólo
tendría algún valor si las traiciones de los cristianos al cristianismo fueran
excepcionales.
Pero sucede lo contrario;
los católicos inaccesibles a la tentación de los bienes y de los goces
terrenales, los que darían a los pobres todo lo que les es superfluo –como
quería Jesús-, los que viven la vida del espíritu y no de la carne y aman al
prójimo como a sí mismos, son pocos, y dentro del catolicismo, en el campo
opuesto al que enaltece esa minoría de selección , una masa compacta oye
misa puntualmente mientras acumula
riquezas, se entrega a los placeres e ignora el amor al prójimo.
Eso significa que si en
tantos siglos el cristianismo no ha logrado imponer dentro de su propia
comunidad la práctica rigurosa de los preceptos evangélicos no es probable que
logre ahora, como pretenden los social cristianos, regenerar a la sociedad por
ese medio y resolver la cuestión social. ¡Cuidado con el fariseísmo!
La clase obrera se ha
apercibido de que la doctrina cristiana es espiritualista, pero los actos de la
mayoría de los católicos y de buena parte del clero no lo son.
Jesús anunció el reino de
Dios que se realizaría en la tierra, a continuación de su muerte, la que sería
a su vez, seguida por el fin del mundo. La batalla social habría terminado de
ese modo, por falta de combatientes. Pero la predicción de Jesús no se cumplió
y la Iglesia, al verlo, prorrogó el fin del mundo hasta el año mil. Vuelto a
frustrarse el cálculo se ha convertido el advenimiento del reino de Dios en una
promesa incierta, a cumplirse al fin de los siglos, en el supuesto de que los
siglos hubieran de tener fin.
La existencia o no
existencia de un más allá es de importancia secundaria en la cuestión social
bien entendida, y se debería prescindir de ella. Los proletarios no se oponen a
que en el cielo, si hubiera cielo, se reabra cualquier proceso fallado en
primera instancia en la tierra y a que se le dé a cada cual lo que le
corresponda; a lo que se oponen es a que no haya justicia en la tierra,
esperando que se haga en el cielo.
Ø
La iglesia no es reformista:
Colocada la cuestión en
un terreno realista se percibe la situación desventajosa en que se encuentran
los reformadores social cristianos, aun los mas avanzados, en el intento de
atraerse las masas obreras. Ellos censuran la avidez del régimen capitalista
casi con tanta avaricia como la de los escritores comunistas y dicen que la
avaricia es un vicio antisocial. Pío XI agrega: “El egoísmo sin freno es la
gran vergüenza y el gran pecado de nuestro siglo”. Pero s la Iglesia impusiera
a los católicos el abandono absoluto de sus bienes o, por lo menos, de lo
superfluo (como exige el Evangelio) en beneficio de los pobres, cambiarían de
religión.
Pío XI y León XIII
impregnaron las encíclicas de sentimientos de caridad y amor al prójimo, pero
combaten los medios de que pueden valerse los desheredados para mejorar su
condición. Es decir, que estas encíclicas son dulces para el paladar y nada
mas, porque los pontífices se apiadan verbalmente de los desheredados y
rechazan los medios para mejorar su condición.
León XIII había dado el
rumbo en su famosa encíclica Rerum Noravum. “Tampoco se opone a la legitimidad
de la propiedad privada –dijo- el hecho de que Dios haya dado la tierra al
género humano para que la utilice y goce de ella. Si se dice que Dios la ha
dado en común a los hombres, esto significa, no que deban poseerla
confusamente, sino que Dios no ha designado su parte a ningún hombre en
particular. Dios ha abandonado la separación de las propiedades a la prudencia
de los hombres y a las instituciones de los pueblos”. Y en otro pasaje llega a
la conclusión de que deben quedar intactos el derecho natural de propiedad y el
de legar los bienes.
No hay un solo hecho que
autorice a León XIII a decir lo que dice, o sea que un Dios personal dio la
tierra a los hombres en cual o tal forma. Los hombres se apropiaron del suelo
sin detenerse a averiguar las intenciones de una supuesta divinidad. El
lenguaje de la encíclica sólo conduce a sembrar confusiones y a ocultar la
verdad.
Ø
La doctrina de Jesús:
No averigüemos si la
Iglesia, al colocarse en ese terreno, tiene o no tiene razón, pero el hecho es
que se aparta abiertamente de la doctrina de Jesús, según el Evangelio. Dejemos
de lado la cuestión de saber si la enseñanza de Jesús es o no es comunista; se
puede sostener que lo es con muy buenas razones; pero no vayamos tan lejos y
atengámonos tan sólo a un precepto cuya exactitud nadie puede poner en duda:
aquel que impone a todos los cristianos poseedores de bienes la obligación de
dar a los pobres la totalidad de los que les sea superfluo. Dada la sobriedad
de la vida del pueblo de Israel en aquellos lejanos tiempos, lo superfluo era
todo lo que excedía de las necesidades primarias de la existencia. Esa doctrina
de Jesús no es hoy la de la Iglesia Católica, y si a veces la enuncia o si se
vale de ella para enaltecer su prédica, es porque no creen en el peligro de que
se haga efectiva. Si Jesús volviera a nacer, repudiaría a los que exaltan su
nombre para entronizar a s sombra lo que él combatió al precio de su vida y
posiblemente no se resignaría a ser crucificado por segunda vez sin objeto
práctico.
Ø
Elevación moral de la humanidad:
El cristianismo ha
contribuido a la elevación moral de la humanidad. Otras religiones también.
Pero sus reglas éticas no se practican invariablemente. Hay conceptos del
Evangelio contrarios a la naturaleza humana, que nunca se han cumplido ni se
podrán cumplir. Tampoco es exacto que el cristianismo tenga el monopolio del
humanitarismo y de la moral, y es bien sabido que la predicación de Jesús
reflejaba las ideas que en la misma época difundían otros filósofos. Si Filón
el Judío, en vez de un pensador solitario, encorvado sobre los viejos
mamotretos de la biblioteca de Alejandría, hubiera sido un taumaturgo
crucificado, si hubiera hecho creer que multiplicaba los panes, curaba los
enfermos con palabras o resucitaba los muertos, y si una mujer exaltada o
histérica hubiera creído ver que su cadáver subía al cielo, sus doctrinas, hoy
olvidadas, habrían tenido mejor fortuna.
Las reglas morales de
Confucio, aunque sólo tengan en vista la vida terrenal, no son menos elevadas
que las del Evangelio y son más prácticas. Confucio, moralista admirable que
vivió hace 2.400 años, parecía por la índole de su espíritu, un hombre de
nuestro siglo. Fue él quien dijo: “Si no sabemos en qué consiste la vida, ¿cómo
podríamos conocer el real significado de la muerte?” Un biólogo contemporáneo
suscribiría ese pensamiento.
Las almas sencillas
aprecian en el cristianismo los sentimientos de caridad, humildad, amor,
pobreza y perdón que inspira; pero no es sobre ellos que funda la Iglesia sus
planes de predominio, sino más bien sobre lo que sobrecoge a los seres que
temen a lo sobrenatural y la muerte; la resurrección de los muertos, el reino
de Dios, el milagro. Y la cuestión social se involucra en ello.
Ø
Cuestión moral o cuestión de estómago:
Los social cristianos,
adversarios irreconciliables del comunismo –ante todo porque es incrédulo-,
proponen soluciones que llevan implícitos los defectos inherentes a un error
inicial: el problema –dice- es de orden espiritual, y hay que darle soluciones
espirituales.
Las consideraciones de
“dignidad humana” que aduce el cristianismo social para sostener que una
enfermedad de índole económica debe tratarse con remedios espirituales, no son
en modo alguno convincentes. Sería muy honroso para el hombre que fuese capaz
de cambiar su naturaleza pecadora por otra impecable. ¿Es eso posible y
practicable? ¿O es quimérico?.
Habría, sin duda, una
elevación moral, dignificadora de la especie, en realizarlo, y una elegancia
del mejor tono en no hacer cuestión de si un obrero debe comer una vez o dos
veces por día. Llegaría el fin del mundo sin que se hubieran cambiado las
condiciones de vida que se deben modificar. No es cuestión de pegarse de
frases; en nuestro propio país estamos acostumbrados a ver partidos
reaccionarios que despliegan programas avanzados, con miras electorales, pero
no estamos acostumbrados a ver que las cumplan.
¡No importa! –contestan
los social cristianos-, llegado el fin del mundo, los que hayan sufrido
injusticias sobre la tierra serán recompensados en el cielo. Así no es posible
tratar la cuestión social. Por eso el cristianismo social no sale de la
encrucijada en que está metido.
Los papas se colocan en
el mismo terreno. León XIII, en la encíclica Rerum Novarum antes citada,
dijo: “Cuando hayamos dejado esta
vida, entonces comenzaremos a vivir. Dios no nos ha hecho para las cosas
frágiles y caducas, sino para las cosas celestiales y eternas, nos ha dado esta
tierra no como morada permanente, sino como lugar de destierro. Que abundéis en
riquezas o seáis privado de estas eso no importa en la eterna bienaventuranza”.
Y Pío XI, refiriéndose a la autoridad social, opina que “no puede fundarse
sobre intereses temporales y materiales; no puede venir sino de Dios, creador y
fin último de todas las cosas”.
¿Pueden ser consuelo
estas promesas celestiales para los obreros que no ganan lo necesario para
vivir? Habría ofuscación o hipocresía en sostenerlo.
En resumen, los social
cristianos no presentan soluciones proporcionadas a la magnitud del problema
proletario y sus criticas a los excesos e inhumanidades del régimen capitalista
no llegan a condenarlo en sí mismo, pues ese régimen tiene la aprobación
oficial de la Iglesia. Atacan determinados hechos o algunas consecuencias de la
explotación del hombre por el hombre y consienten abiertamente la política y
las doctrinas de donde emergen. A título de partidarios del orden sostienen las
condiciones sociales que preparan el desorden futuro, procediendo como aliados
efectivos de la causa que pretenden combatir. No se avienen a que las reformas
toquen lo fundamental y dejarán que la violencia tome la palabra. Y el delirio
imperialista, que lleva en sus entrañas el germen de la guerra, allanara el
camino a la catástrofe universal.
Ø
La desgracia de Jesús:
La desgracia de Jesús no
es haber sido crucificado. Mártires ha habido muchos y muchas veces también han
vencido y fructificado las ideas en cuya defensa se derramo la sangre de estos.
La desgracia de Jesús consiste en haber dado su vida para que nada de lo que él
apostrofaba haya cambiado. La desgracia de Jesús consiste en haber dado el
triunfo a una Iglesia que ha asumido, sin variantes, los caracteres típicos de
la Iglesia impura de Jerusalén, su victimaria.
Los jefes de la Iglesia
culpan a los obreros de su vida miserable en razón de su incredulidad. El abate
Poncheville citado por Rutten (director este último de la Secretaría General de
las Obras Sociales de Bélgica y senador del reino), dirigiéndose a las
multitudes que profieren blasfemias, exclama: “¿Por qué hacéis responsable a
Dios de la miseria provocada por el olvido de su ley?” El abate ignora, por lo
visto, que infinidad de obreros católicos de una devoción ejemplar, sufren la
misma miseria que los descreídos; y tanto los unos como los otros soportan
desde el día en que nacen, antes de serles posible incurrir en el olvido de
ninguna ley.
Los desheredados replican
que si Dios existe y es omnipotente y justo no deberían ocurrir tales cosas:
León XIII exclama en esos casos: “Muy deseable sería que el salario del obrero
fuera lo suficientemente crecido para sustentar con él a la esposa y a los
hijos”. ¡Muy deseable!... no basta.
Stalin en un brindis
curioso que está inserto en el diario "Pravda" del 6 de mayo de 1935
dice: “Bebo a la salud de todos los bolcheviques, sean o no miembros del
partido. Si, bebo a la salud de los que no han entrado al partido. Los miembros
del partido son una minoría, los sin partido la mayoría. Todo el que sirve la
causa del proletariado es un bolchevique. No interpretéis erróneamente mis
palabras, yo no tengo intención de disuadirlos de entrar al partido, quiero
decir simplemente, que entre los sin partido hay muchos hombres fieles”.
En ningún caso se ha
visto que la Iglesia acoja del mismo modo a su grey sumisa y a los que se
permiten pensar con independencia. La Iglesia dice: “El que no este conmigo es
mi enemigo". Lo dijo el propio Jesús.
Las palabras de Stalin
prueban también que el tiempo no pasa en vano para ningún gobierno. No era esa
la voz de los primeros años del bolchevismo.
***
El
texto que va a continuación corresponde a las cuatro réplicas del Dr. Lisandro
de la Torre, que fueron publicadas bajo ese título.
Réplica al articulo de Mons. Franceschi, titulado:
“Ante una diatriba”.
La conferencia que di el
17 de agosto en el Colegio Libre de Estudios Superiores sobre el tema “La
cuestión Social y los Cristianos Sociales” ha desencadenado sobre mí las iras
sectarias. El presbítero don Gustavo J. Franceschi ha escrito en la revista que
dirige un artículo titulado “Ante una diatriba”.
El señor Franceschi me
desafía “formalmente” a emprender una polémica. No entraba en mis previsiones
esta derivación amena cuando di la conferencia. Estaría mal que la rehuyera y
recojo el guante que se me tira.
En lo que a mi persona
respecta, el artículo del presbítero señor Franceschi es más que desconsiderado
y más que impertinente, es a todas luces insolente, grosero y provocativo,
desde el principio hasta el fin. Pero, lejos de afligirme, considero más bien
una suerte para mí que el señor Franceschi me exima de toda obligación de
cortesía. Me será útil cuando llegue el caso de llamar las cosas por su nombre.
La primera impertinencia
consiste en advertir a sus futuros lectores que él está acostumbrado a la
polémica “alta y limpia” y que no ocurre lo mismo conmigo. El polemista “alto y
limpio” tergiversa a renglón seguido todo lo que yo digo, trunca las frases
mías que cita, afirma hechos falsos y me imputa falsedades que no prueba.
Atribuye, además, el móvil de mis actos a un supuesto “odio” a la iglesia
absolutamente calumnioso.
Ø
Mi pretendido “odio a la Iglesia”:
A su juicio yo no soy un
hombre libre que aprecio las cuestiones filosóficas, históricas y sociales de
acuerdo con mis convicciones; yo no tengo el derecho de pensar con la independencia que él reclama para sí y yo
debo someterme a lo que encuentro absurdo. Como no me someto, el señor
Franceschi lo atribuye a mi “odio clásico” a la Iglesia.
Con respecto a mi
comentario sobre la lucha de clases, el párrafo auténtico ha sido alterado
maliciosamente y truncado sin piedad. Véase lo que yo dije: “Pío XI y León XIII
han impregnado sus encíclicas de sentimientos laudables de caridad y amor al
prójimo. Pero combaten los medios de pueden valerse los desheredados para mejorar
su condición. No reconocen, por ejemplo, la realidad y la legitimidad de la
lucha de clases, que son hechos primarios de una verdad abrumadora. Y si algún
sacerdote sale del verbalismo hueco y propende a la obtención de reformas
efectivas, cae en desgracia. La sinceridad se hace entonces sospechosa”.
En síntesis, sostengo que
las encíclicas papales son dulces al paladar y nada más. Mucha sensiblería
humanitaria y nada entre dos platos; los pontífices se apiadan verbalmente de
los desheredados y rechazan los medios conducentes a mejorar su condición.
El señor Franceschi se
escapa por la tangente y dice que yo falseo la enseñanza de los Papas en
relación con la lucha de clases. Para que el cargo tuviera asidero sería
necesario que los Papas legitimaran la lucha de clases, y eso es absolutamente
inexacto. La fuerza del consonante lleva al señor presbítero a querer probar
que los Papas legitiman la lucha de clases, y se confunde y enreda de tal modo
que ni él se entiende, ni yo lo entiendo, ni el Papa lo entendería.
Llama en su ayuda a la
encíclica Rerum Novarum y cita un párrafo que dice: “que la violencia de las
revoluciones ha dividido a los pueblos en dos clases de ciudadanos, poniendo
entre ellas una distancia inmensa”. El Papa descubre de este modo que en el
mundo hay pobres y ricos, pero no lo atribuye a la explotación del hombre por
el hombre, inherente al régimen imperante en el trabajo asalariado, sino a “la
violencia de las revoluciones”.
Jamás León XIII ni Pío
XI, ni Papa alguno, ni obispo, ni canónigo, ni presbítero ortodoxo alguno han
reconocido que la formación de las clases emana de que unos pueden vivir a
costa de otros, a consecuencia del régimen imperante en la propiedad y en el
trabajo asalariado.
La predicación de Cristo tendía a la adoración del Padre Celestial sin necesidad de curas intermedios, sin templos y sin liturgias que hacían innecesarios la comunicación directa con Dios. Mediante esa transformación de su carácter, la Iglesia de Cristo volvió al tipo de iglesia a la cual Cristo combatió hace dos mil años, y nadie puede distinguir entre un obispo feudal de la Edad Media o un lujoso cardenal de nuestros días, de aquellos antiguos fariseos de Jerusalén a los que Jesús les habló.
Ø
La historia realista de la iglesia:
En nuestro tiempo y desde
muchos siglos atrás (desde los días oscuros de la edad media) el espíritu de la
gente (o su conciencia) esta preparado para creer que la predicación de Jesús y
su crucifixión fueron acontecimientos que conmovieron al pueblo hebreo y
llenaron una época, pero en Jerusalén la muerte de Jesús fue un acontecimiento
sin trascendencia, ningún historiador lo menciona y solo Josefo menciona su
nombre. Recién muchos años después se les dio forma de Evangelio a las leyendas
corrientes (que ya estaban considerablemente alteradas, como sucede con todas
las leyendas).
Se cita como testimonio
fehaciente de la presencia de San Pedro en Roma el episodio en que habría sido
acto, con Simón el Mago, y lo habría contado él mismo. En efecto, la
“Constitucione apostoliche” Pone el relato en labios de San Pedro. El relato
dice que Simón el Mago luchaba contra los católicos en Roma y les hacía perder
la fe realizando milagros; un día convocó al pueblo a reunirse en el anfiteatro
prometiéndole volar y lo invitó a él –Pedro- a que concurriera. Simón se elevó
por los aires y la multitud lo aplaudió como a una divinidad. San Pedro agrega
que él quedó asombrado y afligido y se puso a rezar comprendiendo que era el
Diablo y no Dios el que hacía ese prodigio y rogó a Dios que abatiera el
orgullo del impostor y Dios hizo precipitarse a tierra a Simón en una caída
catastrófica, rompiéndose una pierna y dislocándose los dedos de los pies. El
primer vuelo sin motor habría causado así un accidente.
Pero la “Constitucione
Apostoliche”, que hace decir a San Pedro todas esas majaderías, es del siglo V,
o sea 450 años, mas o menos, posterior a la fecha en que habría ocurrido la
historieta y no dice palabra acerca de la fuente donde obtuvo el relato
apócrifo de San Pedro.
La referencia que hago
está conforme a lo que dice la “Historia de los Papas”, de monseñor Agostino
Saba, doctor de Ambrosiana, teólogo versadísimo y profesor de historia
eclesiástica de la Universidad de Milán.
Pero la historia de la
Iglesia, a grandes rasgos, depurada de los fraudes milagrosos, corresponde a la
de su evolución real. Uno de esos rasgos salientes es el de que poco después de
la muerte de Jesús comenzó, dentro mismo del grupo de sus discípulos, a
insinuarse una evolución conservadora, que llevó poco a poco a la comunidad al
abandono de gran parte de las enseñanzas de Cristo, fundadas en la comunicación
directa con Dios y abrió el camino a la creación de fastuosas jerarquías
sacerdotales, que habían de corromperse en la forma en que es harto conocida.
Ø
El culto de los santos:
“Basta haber leído un
simple catecismo como el de Spirago –dice-, u otro equivalente, para saber que
el culto de los santos se llama "dulia" (veneración y acatamiento)
mientras que el reservado solo a Dios se llama "latria" (adoración),
habiendo entre ambos una diferencia específica”.
El señor presbítero
encuentra una diferencia fundamental en que los paganos “colocaban esperanza en
los ídolos” y los cristianos no. Pero es demasiado sabido para que pueda
negarse, que las promesas que se hacen a los santos a fin de obtener beneficios
o milagros, o las ofrendas consistentes en la reproducción en plata u oro del
órgano que se supone haber curado mediante su intervención milagrosa, prueban
que los católicos colocan su esperanza en los santos milagrosos como los
paganos en los ídolos.
La adoración cristiana
del milagro es igual a la adoración pagana del milagro, por muy sencilla razón
de que todas las supersticiones son “esencialmente” lo mismo.
Ø
El fin del mundo y el reino de Dios:
El anuncio del Juicio
Final fue en Jesús, sin duda, un recurso de índole político que tenía un objeto
muy importante y un sentido muy agudo. Quería atemorizar a las gentes con la
visión inmediata de la muerte y seducirlas con el halago de las recompensas que
(a condición de seguirlo) estaban poco menos que a la vista. “En verdad os digo
que no pasará de esta generación que no sucedan todas estas cosas (cap. 24,
ver. 34, San Mateo).
¿Era Jesús un visionario
que creía de buena fe en lo que decía, o era un político que descontaba la
inmensa credulidad del rebaño humano? No hay interés en averiguarlo. El hecho
capital es que el sacrificio de las riquezas, de los afectos, de los instintos
naturales, de los frutos del trabajo, de los vínculos de familia, que pedía a sus
adeptos, mostrando una inhumanidad nunca vista, se explican tan solo ante la
inminencia de muerte.
Jesús se equivoco; lo
crucificaron en compañía de dos ladrones y no sucedió nada de lo que él
esperaba, ni el sol y la luna se oscurecieron, ni las estrellas cayeron sobre
la tierra, ni las pestes acabaron con los hombres, ni los pecados fueron
redimidos. El mundo siguió su marcha como si tal cosa y continúa andando hasta
hoy. Tal es la fría verdad histórica.
Lo sostengo. Después del
fracaso de las predicciones del fin del mundo para el año mil la Iglesia
comprendió que no se podía, ni le convenía seguir embaucando a la gente sobre
ese particular, y un concilio, el Concilio de Letrán a principios del siglo
XVI, “prohibió que se fijara fecha para el fin del mundo”.
Resulta concluyente
entonces que después de la prohibición del Concilio de Letrán, el reino de
dios, destinado para los católicos a existir después del fin del mundo se ha
convertido en una “promesa incierta”, y por lo tanto no puede exigirse a los
proletarios hambrientos que se conformen con su suerte terrenal a la espera de
recompensas celestiales remotas e inseguras.
La Iglesia actual deja
sobrentender a los que mueren bien sacramentados y muñidos de la bendición
papal que podrán entrar al Cielo casi de inmediato, con solo llenar pequeños
tramites y no es así. El Evangelio no dice semejante cosa. Los muertos
esperarán el juicio final. De manera que si al mundo se le ocurriera no
acabarse, los muertos se verían defraudados, y la Iglesia tendría una grave
responsabilidad. El Cielo continuaría inhabilitado.
Igual cosa sucede en
relación con los que vinieron al mundo antes de aparecer “la religión
verdadera”, o sea el cristianismo según los teólogos. Los chinos, los egipcios,
los persas, los asirios, los hindúes, etc., que mucho antes de la Era Cristiana
tenían civilizaciones muy avanzadas no merecieron la atención del Dios personal
y eterno de los cristianos. No eran hombres, por lo visto. No se les reveló en
ninguna forma y como no pudieron adorarlo sin conocerlo, tienen un sitio
reservado en el infierno. ¿Puede darse una injusticia mayor? ¿Puede darse una
crueldad más refinada de parte del Ser omnipotente que no los tuvo en cuenta?.
Hoy mismo los católicos
son una minoría en el mundo; son 3000 millones nominales en números redondos,
contra 1.500 millones más o menos de herejes. Toda esa muchedumbre de infieles,
de los que buena parte ignora hasta la existencia de la “religión verdadera”,
se verá condenada por infiel, aun cuando haya vivido honestamente. ¡Vaya con la
justicia divina! ¡Corre pareja con la justicia social!.
Réplica al artículo de Mons. Franceschi: “Hombre, no
te enojes...”
El presbítero señor
Franceschi ha contestado mi artículo anterior. Sea por arrepentimiento d lo hecho
o por costumbre eclesiástica, de esas que concluyen por formar una segunda
naturaleza, pretende eludir su responsabilidad de atacante. Hay que verlo
retorcer mañosamente el sentido de sus palabras para comprender cuánto daría
por no haberse metido en el atolladero.
Ø
La Iglesia del proletariado:
Son de importancia
secundaria los dos puntos a que desea limitar la polémica el señor Franceschi
(la adoración de los santos y el fin del mundo). Me ocuparé de ellos mas
adelante, y comenzaré por algo que tenga más alcance e interés.
Solamente en un párrafo
(un párrafo de 30 líneas en un escrito de cinco columnas de diario) roza la
cuestión social (como si las brazas le quemaran la mano). No obstante lo cual
vuelve a reivindicar para la Iglesia una alta preocupación por el mejoramiento
de la clase obrera. Afirma, con ese motivo, que si la Iglesia combate el
comunismo “es ante todo porque degrada al hombre y lo convierte en siervo del
Estado”.
A fin de no repetir un
tema que ya he tratado en la conferencia inicial y en mi anterior artículo, voy
a transcribir unas palabras del Papa Pío X, que posiblemente el señor
presbítero desearía que no las hubiera escrito. Son contradictorias con la
encíclica Rerum Novarum y son posteriores.
El 18 de diciembre de
1903, Pío X dijo: “La sociedad humana tal como Dios la ha establecido (siempre
le echan el perro muerto a Dios) esta compuesta por elementos desiguales, lo
mismo que son desiguales los miembros del cuerpo humano (no cabe símil mas
desgraciado); es imposible hacerlos a todos iguales, y sería la destrucción de
la sociedad”. “En consecuencia, es conforme con el orden establecido por Dios
que haya en la sociedad príncipes y súbditos (tómese nota del adefesio),
patrones y proletarios, sabios e ignorantes, nobles y plebeyos (tómese nota
nuevamente), que unidos en un lazo de amor
(aquí aparece el fariseísmo) deben ayudarse recíprocamente a alcanzar su
fin ultimo en el cielo, y sobre la tierra su bienestar material y moral".
El doctor Francisco E.
Correa, espíritu sereno y luminoso, cuya desaparición fue una gran desgracia
nacional, comentó en 1931 esas palabras del Papa y lo hizo defendiendo a la
Alianza Demócrata-Socialista de ataques sectarios contenidos en una carta
pastoral de los obispos de la Iglesia romana que dirigen la Iglesia argentina,
y en un discurso, precisamente del señor Franceschi dijo: "Sí, es cierto,
desgraciadamente cierto, que hoy por hoy las desigualdades sociales y
económicas son fatales; ¿pero por que poner ese sello de santidad a la
injusticia y hacerla una voluntad divina? ¿Es que ya el hombre debe abandonar
todo esfuerzo sobre la tierra? Cerremos todavía más ese lazo de amor; ¿pero por
qué se han de abandonar la ilusión y la voluntad de hacer mejor la vida? ¿Y
qué, aquel Paraíso que perdió el primer hombre no estuvo también en la tierra?
Renovemos el mito y creamos que por el arduo trabajo y el largo dolor el hombre
se redima del pecado original, sea el pecado de curiosidad contra Dios, sea el
pecado de la vileza de su origen desde el barro de la materia. ¿Es soberbia?
Sí; pero si es bella la humanidad por el amor, también es bella y fecunda la
soberbia por la esperanza. No es cierto que todas las desigualdades sean por la
voluntad divina.”
Profundas y admirables
palabras que me eximen de volver sobre una cuestión que el señor Franceschi no
logra entender por mas claramente que se le explique.
Ø
La iglesia y la doctrina comunista:
Abramos el Evangelio de
Lucas. En el versículo 33 del capitulo XII pone en labios de Jesús sus palabras
que se encuentran también en los otros Evangelios: "Vende lo que tengas y
daselo a los pobres" y en el versículo 33 del capitulo XIV: "El que
no renuncie a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo". En el capitulo
VI vers. 30 dice: "Da lo que te pidan y al que se apodere de lo tuyo no lo
reclames". Y en el vers. 20: "!Bienaventurados los pobres porque de
ellos será el reino de los cielos!".
¿Repiten hoy los Papas
esas sentencias? ¿Las cumplen los clérigos prestamistas y los católicos en
general? ¿Expulsa la Iglesia por indignidad e inconsecuencia con el Salvador a
los que tienen bienes y los conservan? Todo lo contrario; la Iglesia acoge a
los ricos y los trata como hijos predilectos, y el señor Franceschi, que
también los acoge emocionado en su capilla, rehuye al debate y se limita a
decir que yo repito argumentos ya refutados.
No se comprende, por otra
parte, la razón por la cual la idiotez sería un título especial y preferente
para entrar al reino de los cielos, y, en cambio, la simple pobreza lo era, de
acuerdo con el sentido estricto de parábola de Lázaro del mendigo y el rico,
según ella, el rico va al infierno nada
más que por ser rico y Lázaro es subido al cielo por los Ángeles nada mas que
por ser mendigo (capitulo XVI versículos del 19 al 25).
La parábola de Lázaro se
complementa con el otro versículo: “Antes pasará un camello por el ojo de una
aguja, que un rico entrará al reino de los cielos”. En otro capitulo se dice
que el Diablo es el dueño de los bienes que hay en la tierra.
De todos estos textos
surge evidentemente que la Iglesia Católica actual (cuyo pensamiento acabo de
exhibir en el párrafo trascripto del “motu proprio” de Pío X), se ha colocado, en absoluto, no sólo fuera
de las ideas de Jesucristo, sino en oposición a ellas. No puede entonces apoyarse
en ellas, puesto que Jesucristo no pensaba que la comunización de bienes
“degrade al hombre”.
Ø
La evolución materialista del cristianismo:
Jesús de Nazaret, hijo
del carpintero José y no del Espíritu Santo, fue mas que un reformador
religioso un reformador social. No puede ser considerado formador
religioso alguien que dijo: "No
penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas, no he venido a
abrogarlos, sino a darles cumplimiento, les aseguro que no desaparecerá ni una
i, ni una coma de la ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta
que todo se realice. El que no cumpla con el más pequeño de estos mandamientos
y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el reino de
los cielos" (evangelio de Mateo, cap. V vers. 17 y 18).
Jesús quería purificar la
religión judía y no abolirla, sin embargo, el catolicismo ha erigido en culto
el odio al pueblo judío y a su religión. Jesús despreciaba a los fariseos, a
los seduceos, a los levitas, a los frailes de toda especie (raza de víboras,
les decía), y aspiraba a la supresión del clero y de la liturgia y la
comunicación directa con Dios, dentro de los conceptos de la ley hebraica. Se
inspiraba en los profetas de Israel y los invocaba continuamente. Los doce
apóstoles (Judas Iscariote fue reemplazado con Matías) y sus hermanos Santiago
y Judas (o José) continuaron después de su muerte cumpliendo estrictamente esta
ley hebraica y solo Juan en su vejez empleaba la voz "judío" en la
acepción de enemigo.
Ø
El primer ensayo comunista:
En Jerusalén se puso en
practica la entrega de los bienes a la comunidad por los cristianos. Lucas
refiere en el capitulo IV de los "Hechos de los Apóstoles" esa frase
inicial del cristianismo judío. Dice así (32): "Y de la muchedumbre de creyentes
el corazón era uno, el alma una y ninguno de ellos decía ser suyo propio nada
de lo que poseía, sino que todas las cosas les eran comunes. (35) Y no había
ninguno necesitado entre ellos, porque cuantos poseían campos los vendían (35 y
36). Y lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartían a cada uno según lo
que había menester; y José como tuviese un campo lo vendió y llevo el precio y
lo puso a los pies de los apóstoles".
Nótese la exacta
coincidencia con el apotema bolchevique: "A cada uno según sus necesidades",
que el señor Franceshi encuentra degradante al hombre y viene de Jesús y los
apóstoles.
Para administrar la
iglesia se creó según Lucas el comité (el soviet) de los siete diáconos:
Esteban, Felipe, Procoro, Nicanor, Timon, Parmenas y Nicolás.
La Iglesia de Roma fue
poco a poco aligerándose de la carga de idealismo y “humanitarismo” que había
creído legarle Jesús, y el edicto de Milán le dio en el siglo IV el rango de
Iglesia oficial del Imperio Romano moribundo, y pronto sus Papas se parecieron
más al sumo pontífice saducco Caifás que al romántico Nazareno que lo
despreciara y apostrofara.
Ø
El Estado perseguidor:
Si en una calle de esta
capital se abriera una escuela y se colocara en ella un letrero que dijese: “si
alguien viene hacia mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus
hijos, a sus hermanos y hermanas y aun también su propia vida, no puede ser mi
discípulo”, cinco minutos después la policía cerraría la escuela y el maestro
iría a entenderse con la justicia de instrucción.
Sin embargo, se habría
limitado a transcribir en ese letrero incalificable el versículo 26, capítulo
XIV, del Evangelio de Lucas, Jesús lo habría dicho al pie de la letra.
Esas monstruosidades que
ocultan los clérigos a las mujeres devotas tienen sus raíces, es claro, en el
Antiguo Testamento, que era la ley inmutable para Jesús, y sigue siendo el
libro sagrado para la Iglesia Católica. El Eterno habla siempre con acento
terrible y es vengativo y cruel, y Jesús pertenece a la familia. Puede instruir
de la forma en que las gestaba Dios en aquellos remotos tiempos el siguiente
resumen fiel y en parte copia textual de los versículos del capítulo 28 del
Deuteronomio, quinto libro del Pentateuco dictado a Moisés por el Espíritu
Santo (por encargo de Dios), aserto de una verdad canónica consagrada: “Si no
quieres escuchar la voz del eterno serás maldito en la ciudad y maldito en el
campo, maldito el fruto de tu vientre y maldito el fruto de tu tierra. El señor
te herirá con suma pobreza, con calenturas y fríos, con ardor y bochorno y aire
corrompido y te perseguirá hasta que perezcas y tu cadáver sea alimento de
todas las aves del cielo y bestias de la tierra. Hiérate el señor con las
ulceras de Egipto y con sarna y comezón en la parte del cuerpo por donde se excrementa,
de manera tal que no puedas ser curado. Tomes mujer y otro duerma con ella,
edifiques casa y no la habites, sea degollado tu buey delante de ti y no te
alimentes de él, sea robado tu asno y no te lo devuelvan, sean entregadas tus
hijas a otro pueblo viéndolo tus ojos; hiérete el señor con ulceras malísimas
en las rodillas, en las pantorrillas y
desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y comerás el
fruto de tu vientre y la carne de tus hijos y tus hijas en la angustia y
desesperación”.
Podría hacer más extenso
este resumen pues tendría a mi disposición 68 versículos, pero lo trascripto me
parece que conforma al más exigente. Los libros sagrados han sido hechos por
visionarios, paranoicos y embaucadores. La humanidad creyente los venera y se
enseñan en las iglesias y escuelas.
Ø
El fin del mundo y el señor Franceschi:
El fin del mundo,
condición previa para la resurrección de los muertos y el advenimiento del
reino de Dios, fue la preocupación central del cristianismo primitivo. En el
Evangelio de San Mateo (cap. 34, vers. 29) dice: "Y luego, después de las
tribulaciones de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su
lumbre y las estrellas caerán del cielo y las virtudes del cielo serán
conmovidas. En verdad os digo que no pasara de esta generación que no sucedan
todas estas cosas".
Se vivía y se actuaba
alrededor de ese concepto terrible y los fieles discípulos esperaban sin cesar
al divino maestro que descendería en una nube para presidir el juicio final y
abriría las puertas del cielo a los elegidos, los que gozarían desde ese
momento de la bienaventuranza eterna.
A medida que pasaba el
tiempo y nada ocurría se preguntaban con ansiedad: ¿puede el hijo de Dios
haberse equivocado? Es imposible después de 2.000 años averiguar si el hijo de
dios, que era el hijo del carpintero de Nazaret, había procedido como un
visionario de buena fe (que es lo probable), o si bien inducido en error
conscientemente a sus discípulos.
El tiempo, por su parte,
corría con velocidad, y llegaron los días siniestros de la guerra de Judea, de
la toma y destrucción de Jerusalén por los romanos y del incendio del templo. A
los cristianos nos les cupo duda entonces de que el fin del mundo era inminente
e interpretando una oscura profecía concluyeron en que debía producirse a más
tardar dentro de tres años de la destrucción del templo.
La comunidad cristiana no
sólo esperó el fin del mundo en el año mil y continua prorrogando prácticamente
cada día el cumplimiento de la profecía. Lejos de ser una irreverencia, es un
desagravio a la memoria de Jesús, que está en falla. Los presbíteros en general
( y estoy convencido de que el señor Franceschi también lo hará) hablan a los
fieles vagamente en ese sentido, aun cuando muchos sepan bien que el fin del mundo
cuando llegue (si llega), será un acontecimiento remotísimo que se producirá
(en caso de producirse) dentro de las leyes naturales, sin que Jesús baje de
una nube (hago notar el error de creer que las nubes son sólidas), sin que
resuciten los muertos y sin que caigan sobre la tierra el sol y las estrellas,
error de concepto fantástico que proviene de que los profetas bíblicos, Jesús y
los apóstoles, ignoraban que cualquiera de esos cuerpos celestes es
infinitamente más voluminoso que la pequeñísima y despreciable tierra. Lo
ignoraban y creían que la tierra era el centro del Universo y el hombre rey de
la Creación (por ahí anta la Iglesia Católica todavía). El Apocalipsis de San
Juan habla en los capítulos VIII y IX de una estrella que cayó del cielo “en la
tercera parte de los ríos” y se metió en un pozo humeante. Vale la pena
transcribir esa maravilla.
Del Capítulo VIII.
“El tercer ángel tocó la
trompeta; cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como un hacha, y cayó en
la tercera parte de los ríos, y en las fuentes de las aguas. Y el nombre de la
estrella se dice Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se convirtió en
ajenjo; y murieron muchos hombres por las aguas porque se tornaron amargas. Y
el cuarto ángel tocó la trompeta; y fue herida la tercera parte del sol, y la
tercera parte de la luna, y la tercera parte de ellos, y no resplandecía la
tercera parte del día y lo mismo de la noche. Y vi y oí la voz de un águila,
que volaba por medio del cielo, que decía en alta voz: Ay, ay, ay de los moradores
de la tierra por las otras voces de los tres ángeles, que habían de tocar la
trompeta”.
Del Capítulo IX.
“Y el quinto ángel tocó
la trompeta; y vi que una estrella cayó del cielo en la tierra y fue dada la
llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo: y subió humo del pozo,
como humo de un grande horno, y se oscureció el sol y el aire con el humo del
pozo. Y del humo del pozo salieron langostas a la tierra. Y les fue mandado,
que no hiciese daño a la hierba de la tierra, ni a cosa alguna verde, ni a
ningún árbol: sino solamente a los hombres que tienen la señal de Dios en sus
frentes. Y les fue dado, que no los matasen; sino que los atormentasen cinco
meses, y su tormento, como tormento de escorpión cuando hiere a un hombre. Y en
aquellos días buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán: y desearán
morir, huirá la muerte de ellos. Y las figuras de langostas eran parecidas a
caballos aparejados para batalla; y sobre sus cabezas tenían coronas semejantes
al oro; y sus caras eran así como caras de hombres. Y tenían cabellos como
cabellos de mujeres. Y sus dientes eran como dientes de leones”. Y sigue por el
estilo todo el capítulo.
Las observaciones de buen
sentido que opongo a estos disparates irritan al señor presbítero y me acusa de
faltar el respeto a las creencias de los católicos. Entendámonos
razonablemente. Ellos, los católicos y los sacerdotes católicos, menosprecian a
su antojo a los dioses de las otras religiones, pero ¡guay del que menosprecie
aunque sea un pelo d un cabello del Apocalipsis! Ellos hablan sin respeto y sin
empacho de Buda o Mahoma, de Júpiter o de Osiris, y eso no es blasfemar, pero
en cuando les tocan un dios de la Trinidad aparece la blasfemia.
Entre una fábula de la
mitología griega y las langostas del Apocalipsis “semejantes a caballos
aparejados con cabezas de hombres, pelo de mujeres y dientes de león”, no hay
diferencias específicas. Sólo existen las de la superioridad literaria de los
helenos.
Ø
El proletariado y las recompensas
celestiales:
La encíclica citada dice:
“Cando hayamos dejado esta vida, entonces comenzaremos a vivir. Dios no nos ha
hecho para las cosas frágiles y caducas, sino para las cosas celestiales y
eternas, nos ha dado esta tierra no como morada permanente, sino como lugar de
destierro. Que abundéis en riquezas o seáis privado de estas eso no importa en
la eterna bienaventuranza”.
Cuando se habla de este modo a los desheredados del
mundo, se debe ser verídico y sincero. Las cosas "celestiales y
eternas" deben ser reales y los Papas sentirse obligados a decir a los
proletarios en qué fecha mas o menos comenzará la "eterna
bienaventuranza". No solo no lo dicen, sino que manifiestan que es lo
mismo "abundar en riquezas o ser privados de ellas", lo que para un
obrero significa tanto como darle un jornal de 4 pesos que uno de cincuenta
centavos.
En los “Hechos de los
Apóstoles”, describe San Lucas el descenso del Espíritu Santo, por acción
directa de Dios, sobre la cabeza de los Apóstoles, de los discípulos y de otros
personajes y de sus efectos. El Espíritu Santo llegó en forma de lenguas de
fuego y los agraciados se transformaron
instantáneamente; adquirirían una amplitud intelectual y una ilustración que
nunca habían tenido y además, el poder de curar y de hacer milagros. Los
apóstoles se encontraron en cinco minutos sabiendo los idiomas de todas las
regiones del mundo y predicaban en cualquiera de ellos y convertían a los
infieles en extranjeros, tan abundantes en aquellos tiempos en Palestina y
Siria.
¿Por qué razón habrá
suprimido Dios, sin motivo alguno, esa inyección magnifica del Espíritu Santo
en los cerebros perezosos de sus servidores? De no haber cometido ese error no
habría cura que no fuese inteligente y la Iglesia no sufriría el daño que le
causan los papeles desairados de sus ministros.
Ø
La Iglesia y los milagros:
La historia de toda la
Iglesia Católica, desde el principio hasta nuestros días, es la historia del
milagro y de la adoración los milagros y de los santos que pretenden hacerlos
¿Cómo se atreve a negarlo el señor presbítero de la Capilla del Carmen?.
Según el evangelio de
Mateo (no así de Marcos), Jesús de Nazaret nació milagrosamente por un
procedimiento de fecundación artificial que no se ha repetido, y nació en una
localidad (Belén) donde nunca estuvieron sus padres. Los apóstoles viven de
milagro en milagro.
Una iglesia o comunidad
mentalmente envenenada de milagro y preparada para adorarlo, no está, sin duda,
muy lejos de las comunidades del mundo
antiguo, que siempre y en todas partes adoraban a los ídolos representativos de
las fuerzas de la naturaleza o del desequilibrio morboso de los semidioses.
La Iglesia Católica
pretende excluirse de esa equiparación, que es una evidencia deslumbrante, a
favor de un juego infantil de palabras, consistente en decir que los católicos
no “adoran” a los santos milagrosos sino que los “veneran”. Así es; y nosotros
nos chupamos el dedo.
Pero el señor Franceschi
ha querido poner algo de su cosecha y ha encontrado un argumento que no tiene
desperdicio: “Para el doctor de la Torre –dice- adoración y veneración no son
solo dos conceptos distintos, sino tan sólo dos palabras diversas para designar
un mismo sentimiento” (Es falso, de toda falsedad). “De modo –agrega- ¿qué con
esta lógica un niño que venera a su abuelo lo adora, es decir lo reverencia
estrictamente como a Dios?”. Y después de esta fantástica “trouville” se
pregunta: “¿puede darse mayor disparate?”.
Yo no he dicho jamás que
adoración y veneración no sean dos conceptos distintos. Lo son efectivamente.
Yo he dicho otra cosa, yo he dicho que la Iglesia llama hipócritamente
veneración de los santos a la adoración o culto idólatra de los santos
milagrosos.
Nunca he conocido a un
niño que adore a su abuelo como a Dios y tenga por él otra cosa que afecto y
veneración. Le pide que le compre caramelos o lo lleve al cinematógrafo, pero
nunca espera que su abuelo, mediante un milagro, le cure el dolor de barriga; y
aun en el supuesto caso de que hubiera sucedido esto ultimo alguna vez, el niño
no habría construido un altar a su abuelo, ni habría colgado en él una ofrenda
consistente en un vientre de plata.
En cambio en todas las
iglesias (y posiblemente en la que regentea el señor presbítero) los altares
están cuajados de piernas, brazos, corazones y otros cachivaches de plata y
otro que los “adoradores” y no “veneradores” de los santos milagrosos les
ofrecen en retribución de titulados milagrosos que harían realizado y la
Iglesia acepta así oficialmente la superstición pagana de las curas milagrosas
(Lourdes y Luján podrían suministrar abundantes ejemplos). No se trata, por
consiguiente, de excesos de los católicos que la Iglesia repruebe, como
pretende el señor presbítero.
Como prueba final de que
la Iglesia toda, está compenetrada mentalmente de conceptos milagreros hasta los
limites del absurdo, voy a transcribir en seguida algunos versículos del
Apocalipsis del apóstol San Juan, que darán una idea clara de la manera como
esa prédica es capaz de deformar el cerebro de cualquier creyente.
Se dirá, si se quiere,
que el lenguaje del Apocalipsis es figurado y alegórico, pero nunca se ha
logrado demostrar que tenga algún sentido, así sea alegórico (lo que tampoco
discierne un niño), escribir disparates de esa magnitud. El niño que no los
comprende se mete en la cabeza ideas supersticiosas que lo perturban. He aquí,
sin mayor selección, algunos versículos; dejo otra infinidad de perlas a la
disposición del que quiera confrontar el original.
Del Capítulo I.
“Yo fui en espíritu un día domingo, oí en pos de mí una grande voz como de trompeta que decía: Lo vez, escríbelo en un libro, y envíalo a las siete iglesias que hay en el Asia, a Efeso, y a Smirna, y a Pérgamo, y a Thiatira, y a Sardis, y a Diladeldia, y a Laodicea; me volví para ver la voz que hablaba conmigo. Y vuelvo; vi siete candeleros de oro; y en medio de los siete candeleros de otro a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa talar y ceñido por los pechos con una cinta de oro; y su cabeza y sus cabellos blancos como lana blanca y como nieve, y sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes a un latón fino cuando está en un horno ardiente, y su voz como ruido de muchas aguas; y tenía en su derecha siete estrellas; y salía de su boca una espada aguda de dos filos; y su rostro resplandecía como el sol en su fuerza. Y así que le vi, caí ante sus pies como muerto. Y puso su diestra sobre mí diciendo: No temas: yo soy el primero y el postrero, y el que vive, y e sido muerto, y he aquí que vivo en los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Escribe, pues, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas. El misterio de las siete estrellas, que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; los siete candeleros son las siete iglesias”.
Léase también el Capítulo
IV y VI (son largos como para transcribirlos y no tengo ganas, yo ya estoy
conforme como lector.)
Ø
Volvamos a nuestros carneros:
Dijo el señor Franceschi
en su primera arremetida que yo procedo a impulsos de mi “odio clásico” contra
la Iglesia. Lo que negué categóricamente, sin ocultar el menosprecio de orden
intelectual que siento por las supersticiones y por la hipocresía, la perfidia
y la perversidad de los sectarios. Pedí, en consecuencia, hechos concretos de
mi actuación pública que prueben que yo he mostrado alguna vez ese odio
clásico. Una obligación de lealtad imponía recoger mi invitación, pero el señor
Franceschi no lo ha hecho. Dejo constancia. Tenía a su disposición mi vida
parlamentaria y mi actuación pública en general, y no ha podido encontrar en
ella ni proyectos de ley contra la Iglesia, ni interpelaciones que tuviera en
vista, ni la preocupación de suprimir el presupuesto del Culto, ni arengas
anticlericales en las tribunas populares.
Me lanzó el cargo el
señor Franceschi de ser panegirista del gobierno de Stalin y no lo probó. Yo le
probé que era falso. Se habrá convencido, puesto que en su contrarréplica no
insiste. Guarda un silencio absoluto. El que calla otorga.
Pero yo le había dicho
algo que no podía dejar en pie, al parecer y sin embargo, lo ha dejado. Le dije
que yo no he ido a Rusia a congratular a Stalin por los fusilamientos de los
“trotskistas” (conspirados y saboteadores) mientras que él ha ido a España a
congratular a Franco, cuya investidura sediciosa ha amparado el asesinato de
García Lorca, de los prisioneros de Badajoz y Mérida, de los republicanos de
Galicia, de los parlamentarios republicanos de toda España y la destrucción de
Guernica.
El origen de la polémica
es conocido; él la inició y fue agresivo sin que yo me hubiera ocupado de él.
Simula ahora haber sido atacado gratuitamente, pero el público está en autos y
eso me basta.
No ha probado
tergiversación alguna de mi parte, ni mutilaciones de su texto, ni la más
pequeña falsedad dicha por mí. Y en cambio yo he puesto en evidencia que
pululan en su escrito mutilaciones del mío, aparte de tergiversaciones y de la
afirmación de hechos falsos.
Réplica al articulo de Mons. Franceschi, titulado:
“¿Enemigo que huye?”.
Estamos ahora en otro
terreno; el señor Franceschi en su tercer artículo ha cambiado de estilo y de
tono y me permitirá tratar en sentido doctrinario e histórico las cuestiones
fundamentales; las únicas que interesan.
Los dos puntos concretos
en que pretende encerrar el debate –la fijación del año mil para el fin del
mundo y la adoración de los santos milagrosos- son accesorios a dos cuestiones
de más importancia que afectan la cuestión social:
1) La
efectividad de las recompensas celestiales que la Iglesia y los Papas ofrecen a
los obreros, en cambio de que se conformen con salarios insuficientes.
2) La
transformación operada en la Iglesia al abandonar la doctrina “espiritualista”
de Jesús y adoptar dentro de ritos y liturgias repudiadas expresamente por él,
la adoración de los santos milagrosos al estilo pagano.
Ø
La Iglesia y el comunismo:
No rehuiré ocuparme por
tercera vez de las minucias a que acabo de referirme, pero antes he de destacar
una circunstancia que da un gran valor al último artículo del señor Franceschi.
Reconoce con su silencio la exactitud de la interpretación que yo di a los
versículos en que Jesucristo divide a la sociedad en dos clases: pobres y
ricos.
Jesús es entones el
precursor de la “lucha de clases” que la Iglesia condena ahora; él dividió a la
sociedad, y los ricos irán al infierno nada mas por ser ricos y los pobres al
cielo nada mas que por ser pobres.
Unidos a la parábola del
rico y el mendigo los demás versículos que cité, evidencian que el señor
Franceschi no ha encontrado una palabra que observar. Algo es algo.
Ø
La Propiedad Privada: Una Adulteración del
Evangelio:
Este punto es
desagradable. El señor Franceschi intenta la defensa de la doctrina de la
Iglesia (no obstante que hoy no impone a sus fieles el abandono de sus bienes a
favor de los pobres) y a ese fin tergiversa el sentido auténtico del Evangelio
y adultera su texto.
El éxito polémico que va
a proporcionarme la demostración que haré en seguida no la habría deseado. Es
doloroso (y es escandaloso) ver a los sacerdotes tergiversar el sentido de los
versículos del Evangelio en sus polémicas o en sus sermones y especialmente
cuando se trata de puntos fundamentales.
El concepto de Jesús
sobre la comunicación de bienes quedó establecido con carácter general e
irrevocable en los versículos 33, capitulo XIV y 33, capitulo XII, del
Evangelio de Lucas y fue aplicado con invariable lógica en los casos
particulares. El versículo 33 del capitulo XII dice: "Vende lo que tengas
y daselo a los pobres" y en el versículo 33 del capitulo XIV: "El que
no renuncie a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo"
Ambos versículos fueron
citados en mi segundo artículo y concuerdan con otros en que se trata de su
aplicación a casos particulares. Así, por ejemplo, en el capitulo X vers. 17 al
25 del evangelio de Marcos se lee:
"Un día un joven que no mentía, no robaba que no pecaba de sensualismo,
que adoraba a dios y adoraba a sus padres, pregunto a Jesús en presencia de sus
discípulos que tenia que hacer a fin de alcanzar el reino de Dios, y Jesús le
contesto: "Te falta una cosa: Vende lo que poseas y dalo a los
pobres".
¿Qué hace en su réplica
el señor cura rector de la capilla del Carmen?
De la manera que dejo
descripta lleva al señor Franceschi a la interpretación de que Jesús no exige
la renuncia de los bienes, sino que se limita a aconsejarla como un medio de
alcanzar la perfección y a ese efecto adultera también el texto del versículo
21 de Marcos que le sirve para la prestidigitación y sustituye la expresión “te
falta una cosa”, con esta otra: “si quieres ser perfecto”, cambiando el texto
del versículo que no usa el vocablo “perfecto” en ninguna parte.
Pero oculta algo más: el
joven aludido, era muy rico, quedó pesaroso al escuchar las indicación de
Jesús, y entonces, éste, mirando a sus discípulos dijo: “Que difícil será a los
ricos entrar al reino de Dios”, y en el versículo siguiente agregó: “Es más
fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar al
reino de Dios”. Todo esto lo silencia el señor cura.
En este terreno no estoy
solo. Aun cuando muchos hayan de sorprenderse, yo leo con cierta frecuencia
autores católicos que tratan la cuestión social y hace poco leí un articulo del
reverendo padre Ducatillón, inserto en la colección “Presences”, en el tomo que
se titula “El comunismo y los Cristianos”, y tomé nota de una expresión que se
encuentra en la pagina 73: “El cristianismo no debe, no puede ser defendido
sino con armas leales”. Y me ha quedado en la memoria otra frase de otro de los
artículos insertos en el mismo tomo: “La Iglesia no gana nada cuando se la
defiende con malos argumentos. Tome nota el señor Franceschi.
Me complace su
declaración de que la versión de la Biblia que supone he usado (la del Scio. de
San Miguel, obispo de Segovia) es excelente. Pero diré algo más: me sirvo de
preferencia, desde hace 20 años, de una versión de la Vulgata, al inglés, que
me regaló mi amigo el doctor Gustavo Martines Subiría, una vez que le dije que
no leía la Biblia porque dudaba de la fidelidad de las versiones en español y
francés. Cotejo en cada caso esa versión inglesa con Scio. llevando el
escrúpulo al extremo; Precaución que no es vana, pues tengo también sobre la
mesa la traducción del obispo de Astorga, don Félix Torres Amat, que contiene
groseras interpolaciones, al gusto de los fanáticos españoles.
Así, por ejemplo, el
versículo 33 del capitulo XII, del Evangelio de Lucas ha sido alterado en su
texto por el santo e inocente obispo de Astorga. Donde dice el versículo “vende
lo que posees y dad limosnas” el buen hombre ha puesto “vende si es necesario
lo que posees y dad limosna”. La interpolación maliciosa de tres palabras
cambia totalmente el sentido. Falsifican a Cristo los obispos y se ríen de él,
como si tal cosa.
Ø
Llueve sobre mojado:
El señor Franceschi dice
que si los mandamientos condenan el robo, implícitamente admiten la propiedad y
que ellos vienen de Jesús. Es fácil desenredar esta nueva madeja aun cuando se
hile tan delgado.
La propiedad privada
existía en tiempo de Jesús y él no tenía poder para abolirla. Nunca estuvo en
el gobierno. Pero dispuso que sus discípulos no tuvieran bienes en adelante y
en el versículo 33 del capitulo VI, del Evangelio de Marcos, les dice: “Al que
se apodere de lo tuyo no se lo reclames”. Prohibía el robo pero amparaba a los
ladrones.
No se trata en esta
polémica de hacer pininos dialécticos, sino de buscar que brille la verdad y la
verdad consiste en que Jesús quería la
comunización de la propiedad privada. Como no podía cambiar el orden jurídico
de Israel, que emanaba del Antiguo Testamento, incluyó en sus mandamientos el
de no robar, inclinándose ante los intereses creados, lo que no impide que su
doctrina propia fuera la comunización de los bienes.
Reconoce también la
exactitud de mi cita del Evangelio acerca de que Jesús, lejos de predicar la
abrogación de la ley hebraica, quería cumplirla, pero ha omitido la explicación
necesaria del hecho insólito de que sus continuadores cristianos contradijesen
su predica la repudiaran. Y sin embargo
el punto es capital, porque de allí arranca el plan político-religioso que
condujo al predominio del cristianismo europeo sobre el cristianismo judío y
colocó a Roma a la cabeza del a Iglesia.
En razón de esa lucha de
predominio de la figura de Jesús no tuvo en los si primero y segundo el
esplendor que adquirió después. Tenía adeptos, sin duda, pero en el siglo
segundo parece que muchos apologistas cristianos apenas nombran a Jesús o bien
lo equiparan con los profetas hebreos. En la actualidad, la Iglesia y los
cristianos lo exaltan, cuando ya casi nada subsiste de sus conceptos
fundamentales. Los fariseos han vuelto al poder y la adoración convencional que
le ofrenda un clero cuya creación el no autorizó (razas de víboras, les decía)
y los ricos que condenó al infierno constituyen la más trágica ironía de la
historia.
Ø
Las recompensas celestiales:
Vuelvo a este punto, que
es capital, en cuanto se le eleva a una jerarquía más alta de aquella en que
pretende colocarle el señor Franceschi que lo circunscribe a la profecía del
año mil.
La encíclica de León XIII
citada por mí no deja lugar a dudas acerca de que busca imponer resignación a
los proletario asegurándoles que serán recompensados en el cielo. “Que abundéis
en riquezas o que seáis privados de ellas eso nada importa ala eterna
bienaventuranza”.
Reconozco el derecho de
la Iglesia y el derecho de los cristianos sociales para creer en la vida futura
que promete el Evangelio. Aun más: quiero admitir en hipótesis que así hubiera
de suceder. ¿Pero en qué tiempo y en qué condiciones alcanzarían los
proletarios las recompensas celestiales? Esa es la cuestión que yo deseo
dilucidar y el señor cura no.
El Papa sabe que, de
acuerdo con los Evangelios y el Apocalipsis (libro este ultimo que se pretende
haber sido “revelado” directamente por Jesucristo al apóstol Juan), los muertos
no van directamente al cielo, ni al infierno; van a unos depósitos provisorios
a esperar el juicio final, que se producirá después de que hayan ocurrido calamidades
horrendas y después de que Jesús haya bajado a la tierra en una nube y haya
reinado en ella mil años. Los muertos deberán esperar pacientemente que
transcurran esos mil años.
El juez supremo estará
sobre un trono, los muertos resucitarán, los ahogados surgirán del mar y las
almas encerradas en los depósitos saldrán a la luz del día. Se traerán los
libros en que están inscriptos los actos de los hombres, como en una cuenta
corriente y serán juzgados. Satanás, el Anticristo y Nerón serán arrojados a un
estanque de azufre encendido por los siglos de los siglos.
Leyendo las profecías
sagradas se desprende cuánta superchería envuelven las palabras zalameras de
los curas cuando aseguran a una madre que ha perdido un hijo, que Dios se lo ha
llevado al cielo; porque las escrituras no hacen excepciones ni para los recién
nacidos, en razón de que nacen con el pecado original aun cuando lógicamente no
deberían ser responsables por un acto en el que no han intervenido. Eso de que
el angelito se va al cielo es la mayor picardía que un cura le diría a una
madre, porque hasta hoy, según las escrituras, nadie ha podido ir al cielo y
nadie lo hará antes del juicio final.
Ø
Un documento revelador:
La epístola de San Pablo
a los Tesalónicos es un documento valioso que traduce el estado general del
espíritu en los cristianos de los primeros tiempos, porque entonces el clero no
había logrado, como hoy, oscurecer el concepto de que nadie entrará al cielo
–ni al infierno- mientras no se verifique el juicio final, en la gran
concentración que el profeta Joel sitúa en el valle de Josafat, que está en la
zona del Cederrón, entre Jerusalén y el monte de los Olivos.
Cuesta trabajo
identificarse con la situación de espíritu de aquellos ingenuos cristianos del
primer siglo, tan absurda e infantil resulta toda la fábula apocalíptica, pero
el señor presbítero está obligado a defenderla a capa y espada.
Ø
Los limbos subterráneos:
Próximo ya el siglo V,
subsistiendo siempre una punzante angustia en los cristianos acerca de la muerte
que esperaría a los muertos en los depósitos (que sería mañana la suerte de
ellos mismos), apareció entre los teólogos la estupenda concepción de los
limbos subterráneos, especie de transición entre el cielo y el infierno, tanto
que algunos les llaman “orillas del infierno” y otros “infierno mitigado”.
Pero ni el Antiguo ni el
Nuevo Testamento hablan de limbos. Debió rechazarse “in límine” esa fábula como
una invención herética, y, sin embargo, fue aceptada por la comunidad cristiana
y por la Iglesia, que necesitaban una solución cualquiera, aunque fuere
objetable.
Hasta ahora, ninguna
perforación del suelo –y algunas pasan millares de metros- ha encontrado un
“limbo”, ni rastros de limbo. No hay manera tampoco de resolver, ni
conjeturalmente, otro problema tremendo que plantearon hace tiempo muchos
teólogos, en esta forma: ¿el alma de Jesucristo estuvo en el limbo los tres
días que transcurrieron desde su muerte hasta la primera aparición a sus
discípulos? Una corriente importante de opinión entre los teólogos se inclina
por la afirmativa. Fuera de la Iglesia causa asombro la discusión en serio de
tales pamplinas.
Pero la cuestión que
causó mayores preocupaciones e hizo correr más tinta fue la de esclarecer si
los niños sin bautismo deben ir al limbo, infierno mitigado, o al cielo. Desde
luego fue considerado contrario a los preceptos e impracticable que vayan al
cielo, el cual permanecerá cerrado a piedra y lodo hasta que Jesús baje a la
tierra en la nube.
San Agustín, hijo de
Santa Mónica, insigne autoridad de la iglesia, teólogo profundo, autor de
"La Cuidad de Dios", se pronunció categóricamente por que a los niños
no bautizados no se les abran las puertas del cielo, y dice que deben ir al
infierno como los grandes. Esto escribía San Agustín a principios del siglo V,
época de mucha ignorancia, pero el gran Bossuet, en pleno siglo XVII no solo
endosa la opinión de San Agustín, sino que a su juicio, "quien nos
engendra, nos mata", y piensa "que la masa de que estamos formados,
estando infestada en su fuente (el pecado original) envenena el alma por su
funesto contagio, y el diablo, penetra hasta en el vientre de nuestras
madres" (¡¡).
El señor Franceschi me ha
reprochado que al subrayar los disparates que contiene el Apocalipsis, haya
recordado que así hablan los locos.
El Apocalipsis no se
limita a la descripción del juicio final, punto éste que dejaría al margen para
seguir discutiendo hasta que el mundo acabe (si acaba); contiene también
apreciaciones referentes a sucesos que han ocurrido en forma distinta de lo
profetizada. Deberíamos entonces llegar a la conclusión de que si el libro no
es apócrifo (yo así lo creo) Jesucristo no sabe de la misa la media. Por
ejemplo, el Apocalipsis pronosticó la victoria final de Jerusalén sobre Roma (a
la que llama Babilonia), la desaparición del Imperio Romano y la gloria eterna
de Jerusalén. Dispuesto eso por Jesucristo, Vespasiano y tito dos años después
de “revelado” el Apocalipsis, no dejaron en Jerusalén piedra sobre piedra
(incluido el incendio del templo), y en el siglo IV, la Iglesia de Cristo,
encargada por él de aplastar el Imperio Romano, se convirtió en la iglesia
oficial del Imperio Romano.
He perdido el respeto a
las profecías al ver que invariablemente fallan.
Ø
La redención de los pecados:
Se repite maquinalmente
que Jesucristo vino al mundo a "redimir los pecados de los hombres".
El antiguo y el Nuevo Testamento demuestran que solo se proponía redimir
"a los judíos" de las 12 tribus. Los pecados de los judíos es lo
único que interesaba a Dios y a Jesucristo.
La condenación eterna de los extranjeros infieles
es el "leit motiv" de la dulce religión cristiana. El Deuteronomio en
el Cap. VII dice: "Cuando el señor Dios te introdujere en la tierra en que
vas a entrar para poseerla y destruyere muchas gentes delante de ti, al Heteo,
al Gergezeo, al Amorreo, al Cananeo, al Pherezeo, al Heveo, y al Jubeseo, siete
naciones más numerosas que tú eres, y más robustas que tú y te las entregare,
las pasaras a cuchillo, sin dejar uno solo (como hizo Franco en Badajoz). No
harás alianzas con ellas, ni tendrás compasión de ellas. No contraerás
matrimonio con ellos, ni darás a tu hija a sus hijos, ni tomaras a su hija para
el tuyo. Antes bien los trataras así: derribad sus altares y quebrad sus
estatuas y talad sus bosques y quemad sus esculturas. Porque tú eres un pueblo
consagrado al Señor Dios tuyo. El señor Dios tuyo te escogió para que seas un
pueblo peculiar entre todos los pueblos. No habrá entre vosotros estériles en
ambos sexos, tanto en los hombres como en sus ganados. El Señor desterrara de
ti toda dolencia y aquellas enfermedades pésimas de Egipto no las enviará a ti,
sino a todos tus enemigos. Y además de esto enviara el señor Dios moscardones
contra ellos hasta destruir y acabar con todos los que hayan huido de ti o
podido esconderse. El mismo acabara a estas naciones a tu vista, poco a poco y
por partes (Franco ametralló a los prisioneros). No los podrás destruir a todos
al mismo tiempo, no sea como que se multipliquen contra ti las fieras de la
tierra".
El Dios que dictaba a
Moisés estas disposiciones no era fiera.
¿De qué palabras de Jesús
se deduce cuando habla de los hombres se refiere a todos y no exclusivamente a
los judíos? Israel era una pequeña nación, en un pequeño territorio, y no
encerraba seguramente, ni el 1% de la población del mundo, pero es lo único que
interesaba a Dios y a Jesús.
Jesucristo no quería convertir a los gentiles: los
condena al infierno, sin vacilaciones, sin juicio y sin apelación. Los nombres
de los infieles no aparecen en el Libro de La Vida que se exhibirá el día del
juicio final, y no serán juzgados, serán arrojados directamente con Satanás, el
Anticristo y Nerón al estanque de azufre encendido.
Me pregunto a menudo: ¿cómo pueden los católicos
creer en tantas pamplinas? Hay que tener un criterio más amplio, más humano y
más sincero, y por eso no es posible aceptar que el Papa León XII hace 50 años
exigiera a la clase proletaria la suspensión de sus reivindicaciones en espera
de las recompensas celestiales.
Ø
La moral no es propiedad de ninguna
religión:
No les basta a las religiones monopolizar el cielo
para sus adeptos; reservan también para ellos el monopolio de la moral sobre la
tierra. No se toman, por supuesto, el trabajo de averiguar que principios morales contienen las otras
religiones. Si compararan, estudiaran o entendieran, no serian sectarios. Sin
sectarios se arruinaría la iglesia, a ellos les basta con que le catecismo de
Spirago o de Astete, o el sermón del padre X les aseguren que la moral de las
otras religiones “degrada al hombre”.
Para ellos la
civilización de Occidente es obra exclusiva de su doctrina, así se haya
alcanzado en lucha contra la Iglesia, y los milagros católicos son ciertos,
mientras deben considerarse vulgares supercherías los de las otras religiones.
La historia rectifica
todas las aberraciones del sectarismo, pero los curas y los beatos no aprenden
historia en general o no les aprovecha la que estudian. La comparación de los
principios morales del cristianismo, del budismo, del confusísimo y el
mahometanismo muestran una semejanza impresionante.
Ø
El budismo:
Buda, cuyo nombre era
Gautama, o bien Sakya Muni (hijo del jefe o rey del clan de los Sakyas), paso
su juventud en la abundancia y el lujo, y como todos los hindúes, creía en la
trasmigración del alma.
La creencia en la
metempsicosis, tan difundida en la antigüedad, parece a los católicos absurda y
grosera, pero ellos creen en la resurrección de los muertos y en la
bienaventuranza eterna de los resucitados.
Unos y otros están sin
duda equivocados, lo que interesa destacar es que ambas hipótesis religiosas
son de la misma clase, y ambas escapan de la comprobación experimental. Tan
arbitrario es afirmar que la supuesta alma de un budista se instalara después
de su muerte en el cuerpo de un águila, león o paloma, como suponer que la
supuesta alma de un cristiano se instale en el limbo subterráneo en espera de
un juicio final, o que el alma de un mahometano concluya en el paraíso de
Mahoma al arrullo de las huries de ojos verdes.
Skya Muni sintió un día
penetrado su espíritu por el desconsuelo que le causaba la contemplación de la
miseria y la pequeñez del hombre. La pobreza del mayor numero, la enfermedad,
el dolor y la muerte, trazaron una profunda huella en su animo, tal es así que
una noche abandono la cuidad de Kipalavastov, en compañía de su cochero, y se
dirigió a las proximidades del enorme Himalaya, donde comenzó su vida
profética.
En el camino cambio sus
ropas por los harapos de un mendigo, y
desde ese momento vivió miserablemente en los campos y en las selvas, refugiado
en chozas de junco, comiendo los mendrugos que le arrojaba la limosna y
predicando sin descanso, hasta su muerte, su buena nueva.
Quiere Sakya Muni
alcanzar la inteligencia trascendente, la inteligencia perfecta, que consiste
en “la paz del alma”, y esta se obtiene mediante la extinción de todos los
deseos y del pensamiento mismo: el nirvana. Doctrina inspirada en antiquísimas
y confusas tradiciones hindúes.
Como Jesús, Skya Muni
buscaba sus discípulos entre los pobres y los pecadores, sin que esta
preferencia asumiera los caracteres del odio implacable a los ricos y felices
que llevo al profeta Nazaret a decirles: “los publicanos y las prostitutas os
precederán en el reino de Dios”, Skya Muni no habla jamás en ese tono; ignora
el odio y la ira, y su predicación no es demagógica bajo ningún aspecto.
La religión de Sakya era
atea y no tenía culto, no sacerdotes, ni mitología alguna, lo que ha llevado a
Burnouf (uno de sus más distinguidos expositores occidentales) a decir: “hay pocas creencias que reposeen sobre un
numero de dogmas tan pequeño e impongan
al sentido común los sacrificios”. El Loto de la Buena Ley, libro sagrado, dice
que el primer paso para ser guía del mundo es no reconocer a los dioses. Los
budistas creen que los dioses escuchan a Buda y les forman cortejo.
Esa religión de
nihilismo, anterior a 500 años a Jesucristo, no podía subsistir en su pureza
filosófica inicial, y sucedió con ella lo que ha sucedido con el cristianismo
autentico de Jesús. Después de expandirse sobre casi toda el Asia, la doctrina
se corrompió, porque era insuficiente para el vulgo, y fue mancillada por las
supersticiones y por el culto de los ídolos. La semejanza con el proceso de la
evolución materialista del cristianismo aumenta cuando aparece el clero
budista, como apareció el clero cristiano, y hace de Buda un Dios.
Y así como el catolicismo
llego a ser la religión oficial del Imperio Romano, después que hubo cambiado
totalmente de carácter, el budismo recibió también la consagración de los
reyes. El rey Asoca, en el tercer siglo anterior a Cristo (400 años después de
la muerte de Buda), adoptó el budismo,
y el rey Kalinga, que sentía algunas dudas a su respecto, exigió, antes
de hacer igual cosa, que su padre, fallecido, se le apareciera a revelarle la
verdad. La aparición se realizo y el rey depuso sus dudas. ¿Cómo puede el señor
Franceschi, creyente en los milagros no hacerse budista después de una prueba
tan contundente?.
Ø
Buda es Dios:
A este respecto H. G.
Wells dijo en “Esquema de la historia” lo siguiente: “Hombres que se
avergonzarían de mentir en la vida ordinaria se convierten en impostores y
embusteros sin escrúpulos cuando se entregan a una labor de propagandistas;
éste es uno de los absurdos más inexplicables de la naturaleza humana. Almas
honradas hablan ya al auditorio de los milagros que concurrieron al nacimiento
de Buda (igual cosa sucedió con Jesús y Mahoma). Ya no le llamaban Gautama,
nombre demasiado familiar, y hablaban de sus proezas juveniles y de las
maravillas de su vida cotidiana, para concluir en una especie de iluminación de
su cuerpo en el momento de su muerte. Por supuesto, era imposible tener a Buda
por hijo de un padre mortal (¡manes del carpintero Jose!). Le concibió
milagrosamente su madre soñando con un hermoso elefante blanco (nótese que ya
no era aquel rico que abandono sus riquezas). Antes, el mismo fue un elefante
maravilloso con seis colmillos que generosamente se los regalo a un cazador
necesitado y hasta ayudo a que se los aserrara, así sigue su historia
magnificándose”. Forjóse una mitología en derredor de Buda y se descubrió que
había sido un dios aun cuando el no lo supiese.
En un discurso dictado
por el profesor Pareto en la Universidad de Lausana encuentro una cita tomada
del “Viaje a Tartaria”, del padre Huc. En esta cita, que será grata al señor
presbítero, el padre Huc señala las curiosas semejanzas existentes entre los
cultos católico y budista, y dice: “La cruz, la mitra, la dalmática, la capa pluvial que los grandes lamas llevan en los
viajes o cuando celebran alguna ceremonia fuera del tempo, la salmodia, los
exorcismos, el incensario, el rosario, el celibato eclesiástico, los retiros
espirituales, el culto de los santos (¡ojo!), los ayunos, las procesiones, las
letanías, el agua bendita. He aquí cuántas relaciones tienen con nosotros los
budistas”
¡Y pensar que no obstante
esas notables semejanzas los lamas y sus fieles habrán de irse al infierno!.
Ø
La paz del alma:
La corrupción fatal de
las ideas filosóficas iniciales de la religión de Buda no implicó la
desaparición de las características que le permiten afrontar la comparación con
las normas morales de cualquier otro credo y con las máximas del Evangelio. El
pueblo la siguió considerando una religión de misericordia y amor, de una
dulzura infinita. Después de 1500 años de existencia, en el siglo X de nuestra
era, paso del ateísmo al teísmo y hoy la idolatría ha llegado a extremos más
groseros.
Las inscripciones
mandadas a grabar en piedra por el rey Piyadisi (Inscripciones de Piyadisi,
págs. 181-182. Citadas por Renán), para edificación de sus súbditos, lo
atestiguan y muestran hasta que punto llegaba bajo el budismo la libertad de
cultos y el respeto por la libertad de pensar, que han sido objeto de tan feroz
intolerancia y de tantos atentados de parte de la Iglesia católica.
“El rey Piyadisi –dice
una de las inscripciones-, caro a los debas, desea que todas las sectas puedan
habitar en todos los lugares, porque todas se proponen el sometimiento de los
sentidos y la pureza del alma”. “El que exalta su propia secta –dice otra-,
desacreditando a las demás, lo hace, sin duda, por adhesión a su propia secta,
en la intención de ponerla en evidencia; y bien: obrando así asesta los golpes
más rudos a su propia secta. Sólo la concordia es buena y todos deben escuchar
y complacerse en escuchar las creencias de los y unos y de los otros”.
Estas viejas
inscripciones budistas, tan dignas de admiración, contrastan con la
intolerancia insoportable del oscurantismo católico, que no habría permitido la
libertad de cultos en ninguna nación de las llamadas católicas si hubiera
podido.
Ø
El confusísimo:
Pasemos a Confucio, filosofo moralista que tampoco
se pretendió ser un Dios. No fue un asceta, ni un vagabundo, ni un alucinado.
Fue un hombre ilustrado y austero, unas veces afligido por la pobreza y otras
veces consejero de los emperadores.
Como Sakya Muni, no cree
en un Dios único y personal, parecido al de los cristianos, un Dios de verdad,
iracundo e implacable.
A diferencia de Jesús que
no escribió jamás una línea, su libro “Chou King” es llamado hasta hoy por su
pueblo “El libro por excelencia” y a él, los chinos no le llaman profeta, ni
Dios, ni hijo de Dios, sino “El instructor más grande del genero humano que han
producido los siglos”.
En el párrafo séptimo del
Capitulo “Kao Yao” se lee esta máxima: “Lo que el cielo ve y entiende no es
sino lo que el pueblo ve y entiende”. “Mi doctrina es simple y fácil de
penetrar”, y uno de sus discípulos agrega: “La doctrina de nuestro maestro
consiste únicamente en poner rectitud del corazón y amar a su prójimo como a sí
mismo”. Nótese que esta expresión es anterior en 500 años a Jesucristo.
Confucio no presenta su
doctrina como propia, sino como una herencia tradicional que debe transmitirse
a la posteridad, a la cual él llama “Los cuatro Libros de la Filosofía Moral y
Política”.
La moral de Confucio en
nada desmerece a la del evangelio y es mas practica y practicable. No se
refleja en hermosas parábolas, pero en cambio no esta afeada por tanta
brujería, ni el libro del que emana esta plagado de incoherencias puestas en
boca de Jesús, tan desconcertantes, que alguna vez hicieron creer que los
discípulos que Jesús estaba loco y lo indujeron a sujetarlo. Lo dice San Marcos
en el versículo 21 del capitulo III: “Y cuando los suyos oyeron, salieron para
sujetarlo y decían: se ha vuelto loco”. El versículo 22 agrega: “Y los escribas
que habían vuelto de Jerusalén, dijeron: Esta poseído por Belcebú y, por obra
del príncipe de los demonios, expele demonios”.
Ø
Alah y su profeta:
Pasemos al mahometanismo y su moral.
Mahoma vivió 1100 años
después de Buda y 1000 después de Confucio, y 600 después de Jesucristo. Es un
hombre. Se conforma con ser el profeta de Alah y no pretende ser Dios. De todos
los fundadores responsables de religiones, solo Jesús habría pretendido pasar
por Dios, si es que lo hubiera pretendido.
Mahoma era un joven pobre
y se caso con Khadidja, viuda rica. El galán tenia 35 años y la viuda 40, lo
que para una mujer en Arabia equivale a 50 en occidente, pero los camellos y
las ovejas numerosas de Khadidja equilibraban la situación. Solo después de los
40 años tentó a Mahoma el papel de profeta.
Su religión no es
teológica; por el contrario, es sencilla y de fácil comprensión. Es monoteísta,
absoluta. “Busca un refugio en Dios”, son sus palabras.
El Corán es una curiosa
mezcla de preceptos tomados de todas partes y en primer termino de la Biblia.
Se incorpora íntegramente el Pentateuco “descendió de lo alto”. Mantiene el concepto
del Dios del Deuteronomio: “Dios es poderoso y vengativo”, dice el versículo 3
del capitulo III. En el Corán habla directamente Alah y no Mahoma. El nombre de
Jesús esta en todos los versículos del evangelio y el de Mahoma no es
mencionado en el Corán.
La moral del Corán es tan
elevada como la de cualquier otra religión: “felices los creyentes que oran con
humildad, que evitan los pensamientos deshonestos, que hacen limosnas, que
saben contener sus apetitos carnales”, dice. “Oh de vosotros, oíd mis palabras
y entendedlas. Sabed que todo musulmán es hermano de los demás musulmanes.
Todos son de la misma calidad”. “Si los infieles se convierten, son hermanos en
religión” (versículo 2, capitulo IX).
“Cuando dos naciones de
creyentes se hagan la guerra, tratad de reconciliarlas. Si una obra con
iniquidad respecto de la otra, combatid a la que obra injustamente, hasta que
vuelva a los preceptos de Dios. Si reconoce sus culpas, reconciliadla con la
otra, según la justicia. Sed imparciales, pues Dios ama a los que obran con
imparcialidad. Pues los creyentes son todos hermanos, arreglad las diferencias
de vuestros hermanos y temed a Dios, a fin de que tenga piedad con vosotros”
(versículo 9, capitulo XLIX).
Condena la hipocresía
enérgicamente. El versículo 7 del capitulo II, parece escrito contra los
fariseos y contra los beatos profesionales del catolicismo: “hay hombres que
dicen “creemos en Dios y en el ultimo día” y, sin embargo, no son creyentes”.
“Buscan engañar a Dios y a los creyentes, pero solo se engañan a sí mismos y no
lo comprenden”.
Las mujeres tienen un
sitio de distinción en la moral islámica, aun cuando el versículo 38 del
capitulo IV dice: “los hombres son superiores a las mujeres en razón de las
cualidades que Dios les ha dado”, pero advierte a los hombres: “tenis derechos
exigibles de vosotros. A ellas incumbe no violar la fe conyugal, ni cometer
acto alguno que falle manifiestamente al decoro, lo cual, si ellas lo hicieron
os da autoridad para encerrarlas en departamentos separados y azotarlas, aunque
no severamente. Pero si se enmiendan vestidlas y alimentadlas de manera
apropiada. Y tratad bien a vuestras mujeres porque están con vosotros como
cautivas y prisioneras y no tienen poder sobre nada de lo que a ellas les
pertenece. Y vosotros las habéis tomado verdaderamente en la seguridad de Dios
y habéis hecho a sus personas legales en las vuestras mediante las palabras de
Dios”.
“Y vuestros esclavos
–agrega-, ved que se alimenten con el mismo alimento que vosotros tomáis y
vestidlos de la misma tela con que os vestís; y si cometieran falta que no os
sintáis propensos a perdonar, vendedlos, porque son los ciervos del Señor y no
han de ser atormentados”. “El hijo pertenece al padre y el violador del lazo
matrimonial será lapidado”.
El Corán tienen 114
capítulos y millares de versículos; es un código para todas las relaciones de
la vida y no una composición estricta y estrechamente religiosa y teológica, ni
un catalogo de profecías y milagros, como los evangelios. Adora un Dios único a
semejanza de los Judíos, pero ese dios no es exclusivo de los árabes.
Muerto Mahoma se formó la
leyenda de su divinidad exactamente como sucedió con Buda y Jesús. Para los
mahometanos es un hecho tan indiscutible como la multiplicación de los planes
para los católicos, que en el mundo se conmovió cuando nació el profeta: el
palacio de Cosröes se desplomó; el fuego sagrado se apagó, el lago Sawa se secó
y Amina, la madre de Mahoma, durante el embarazo seño que una luz
extraordinaria brotaba de su seno e iluminaba al mundo.
Mahoma a semejanza de
Buda y de Jesús, no creyó necesario el culto fastuoso, ni el clero profesional
para que los creyentes adoraran a Alah. Es admirable ver como los tres
reformadores, a una distancia de 1200 años entre el primero y el ultimo, coinciden
en el desdén por el clero profesional.
¡Cuanta razón tenían!
Pero el mahometanismo lo desterró definitivamente, junto con los ídolos que
pululaban en las mezquitas, mientras que el budismo y el cristianismo lo
reestablecieron. El mahometanismo tiene predicadores y doctores del Corán, pero
no tiene clérigos.
El mahometanismo espera
también el juicio final, porque como se mencionó, esta impregnado de conceptos
bíblicos. “Verán a Dios cuando el cielo se abra” dice. En su versión del
paraíso tiene mas seriedad que el delirio paranoico del Apocalipsis y describe
las delicias que aguardan allí a los creyentes bienaventurados.
Ø
La civilización y las religiones:
Arguyen los católicos con
el hecho de las naciones cristianas son las mas civilizadas de la tierra, y lo
atribuyen a la influencia de la religión, lo cual es evidentemente un error.
Lo prueba elocuentemente
un hecho histórico: Grecia y Roma alcanzaron un grado de civilización
maravilloso (que bajo algunos aspectos no ha sido superado) muchos siglos antes
de la era cristiana, adorando ídolos y creyendo en oráculos, profesando la
mitología que todos conocemos hoy.
La India, China, Egipto,
Persia y el imperio asirio alcanzaron también una gran civilización en el mundo
antiguo.
Es mas, el Papa prohibió
en España que se discutiera el sistema de Copérnico, y la inquisición hubo de
quemar a Galileo porque se permitía contradecir a la Sagrada Biblia.
Ø
Los milagros del Diablo:
Le han conferido al
diablo la facultad de realizar milagros. Hay, pues, dentro de los dogmas
milagros de Dios y milagros del Diablo, pero todo queda en familia; lo grave
sería reconocer el poder milagroso a un dios mahometano o Budista.
Según San Pedro el Diablo
hizo que Simón el mago volara sin aparato en el anfiteatro romano, es decir,
que Simón se valía precisamente de los milagros que hacia a vista y paciencia
de Dios para combatir a los católicos.
La existencia del diablo
es algo que no tiene pies ni cabeza, y, sin embargo, lo atestiguan el antiguo y
nuevo testamento. En otras religiones hay genios de mal y furias destructoras,
pero ninguna de ellas han sido creados por un Dios omnipotente, omnisciente y
misericordioso.
Nunca se ha logrado
explicar satisfactoriamente que razones movieron a Dios cuando se le ocurrió
crear al Diablo y por qué no lo liquidó cuando se dio cuenta de lo que estaba
tramando, de que se estaba revelando. Si no lo hubiera creado, el hombre no
habría sido tentado por el mal, de manera que el único responsable por los
pecados del hombre es el Dios de los católicos, que encontró excelente la idea
de crear al Diablo. En el fondo, a los católicos no les desagrada que se pueda
pecar y le queman incienso a Dios y le entonan himnos y oraciones.
Ø
Los Santos del señor Franceschi:
El señor presbítero
insiste nuevamente sobre el culto de los santos milagrosos, y dice: “En cuanto
a que el culto de los santos sea idolátrico presento las siguientes reflexiones
a cualquier persona serena. El ídolo es considerado como Dios, se le rinde
culto por su valor intrínseco. Ahora bien, la Iglesia enseña que las imágenes
no son más que un memorial, un recuerdo como lo puede ser una fotografía de
nuestra madre o del bronce de un héroe nacional”.
Lo que acabo de
transcribir es una argucia, pues la Biblia prohíbe en absoluto hacer imágenes o
estatuas de cosa alguna que este en el cielo o la tierra o en las aguas y
rendirle culto. En el Deuteronomio capitulo V versículo 8 y 9 dice: “No te
harás estatua ni imagen de cosa alguna de las que están arriba en el cielo o
abajo en la tierra, ni las que habitan en las aguas debajo de la tierra”. “No
las adoraras, ni les darás culto, porque yo el Señor Dios tuyo, Dios celoso que
hago caer la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta
generación de aquellos que me aborrecen”.
¿Cómo puede sostener el
señor Franceschi que la Iglesia respeta esa prohibición divina cuando fabrica
imágenes y estatuas, levanta altares en templos y les rinde culto, cubriéndolos
de ofrendas en testimonio de los milagros que ha realizado? Yo manifesté que el
culto a los santos milagrosos es contrario al espíritu y a la letra del
evangelio, los cuales no han pretendido subsistir a la ley hebraica, sino
cumplirla.
Ø
La imitación en materia de ritos:
El señor presbítero
pregunta ¿de dónde nace el estilo del Apocalipsis (debió preguntar de dónde
nace el Apocalipsis mismo) que tan extraño parece al doctor de la Torre? Y, por
toda explicación, dice “que corresponde a una técnica netamente oriental y
hebrea”. Pero la cuestión no es tan sencilla.
En el caso del
Apocalipsis no se trata solamente de una imitación de estilo; el Apocalipsis
(pretendida revelación directa de Jesús fraguada visiblemente por un escriba y
adjudicada a un apóstol), no es sino una copia, o, por lo menos, una imitación
o adaptación de visiones fabulosas originarias de la India y muy comunes allí.
Juan el Apóstol, no vivía
en Palestina, vivía en Asia Menor, y el autor verdadero del Apocalipsis sería
de esos mismos alrededores, donde la literatura milagrera hindú, llegaba y era
utilizada ampliamente por judíos y cristianos.
No es sólo la forma del
Apocalipsis, como piensa el señor Franceschi, sino también el fondo, lo que
evidentemente ha sido tomado o adaptado de leyendas y visiones hindúes
aprendidas en la biblioteca de Alejandría.
Ø
Otra vez el año mil:
No puede extrañarme que
siga todavía en su tercer articulo el señor Franceschi pidiendo que yo exhiba
el texto de un decreto pontificio que jamás he invocado, si lo he visto
tergiversar el texto de los versículos del Evangelio. No va a tener más respeto
por mí que por ese libro santo.
Pero no puedo aceptar que
oculte la situación que soportaba la Iglesia en los tiempos en que se creyeron
anunciadores del fin del mundo, porque ella es inseparable de la cuestión
misma. La iglesia atravesaba una situación de extrema decadencia moral y como
las profecías del Apocalipsis y de los Evangelios anunciaban calamidades
excepcionales al aproximarse el fin del mundo, los escándalos inauditos que
daban los Papas y los obispos inducían a los católicos a pensar en que se iba a
cumplir la profecía.
Esa época desgraciada
culminó en el pontificado de Benedicto IX, entre los años 1033 y 1048. Está
dicho todo a los efectos de dar una medida de la corrupción de la Iglesia en
aquel momento, recordaremos que Benedicto IX fue consagrado Papa a los 12 años
(aunque algunos pretenden a lo 16), porque la familia de los Condes de Túsculo
no disponía de otro representante de que valerse y elevó al solio pontificio a
una criatura adornada por Dios de todos los vicios imaginables.
El pueblo, la masa de
fieles que esperaba el fin del mundo, indignada con esos espectáculos, y no del
clero simoníaco, se alzó contra Benedicto obligándolo a huir de Roma, pero el
emperador Conrado II lo repuso.
Lo único que podría argüir
el señor Franceschi en desmedro de la profecía del fin del mundo en aquella
época, es que el mundo no se acabó, pero eso no quiere decir que los fieles no
hubieran esperado la catástrofe en una situación que consideraban, con razón,
espantosa. Continuó en la misma forma infinidad de años, hasta que Lutero y la
Reforma, trajeron un mejoramiento después de los escándalos formidables de los
Borgia. Otro Benedicto, Benedicto XI, fue envenenado por un franciscano.
Ø
Mi pretendido odio a la Iglesia:
“El doctor de la Torre
niega que odie a la Iglesia; si no tuviera más que desdén por ella, como lo
pretende, no hablaría con el tono que lo hace, procurando de todas las maneras
zaherirla, ofender a los fieles, cubrirla de ludibrio. Y no somos tan
olvidadizos de la orientación dada por él al Partido Demócrata Progresista, que
fue de abierta lucha contra el catolicismo. Hasta el nombre de Dios quiso hacer
suprimir de la Constitución Provincial”.
Soy poco considerado,
efectivamente, con el milagro, sea que pretendan hacerlo los católicos o los
budistas, y si eso significara que odio a los católicos, debería significar
también que odio a los budistas, lo que no ha de ocurrírsele ni al señor
presbítero.
En cuanto a que el
Partido Demócrata Progresista haya seguido una política “de abierta lucha
contra el catolicismo” es otra invención que no hace honor al señor Franceschi
y no la puede probar, porque es una invención. No actuarían con honor en una
situación perfectamente cómoda, católicos notorios en el Partido Demócrata
Progresista, si la afirmación irresponsable del señor presbítero fuera cierta;
no estaría hoy mismo en el Congreso el diputado demócrata progresista el doctor
Luis María Mattos (diputado reelecto), si la afirmación irresponsable del señor
presbítero fuera cierta; y, por ultimo, no habría sido gobernador de Santa Fe,
elegido por el Partido Demócrata Progresista, el doctor Luciano F. Molinas, si
la afirmación irresponsable del señor presbítero fuera cierta.
Ø
Pruebas a granel:
Yo procedo en mi vida ordinaria
dentro de la más absoluta indiferencia en materia religiosa. Voy a los templos
católicos cuantas veces tengo necesidad u objeto en ir; voy a casamientos,
funerales, bautismos y no me horrorizo, ni creo que mis opiniones me lo
impidan. Cumplo así obligaciones sociales correctamente.
Y he hecho algo más; los
vecinos del pueblo Barrancas, en Santa Fe, encontraron que el sitio indicado
para edificar la Iglesia era un terreno de mi propiedad, en parte, situado en
frente a la plaza y me pidieron que se los donara con ese fin. Yo, fundador del
pueblo, no había construido iglesia, pero jamás me opuse ni podía oponerme, a
que los vecinos la construyeran. Cuando me hicieron el pedido les dije: Ustedes
saben lo que pienso, pero me inclinaré democráticamente ante la opinión publica
y les donaré mi parte del terreno a fin de complacerlos. La Iglesia se ha
inaugurado hará cosa de tres meses.
Pero no concluye ahí mi
docilidad. Tengo ahora en mi poder, de fecha 3 del corriente mes de septiembre,
una carta del cura don Javier M. Castro, en la que, invocando mi bondad que él
reconoce y el señor Franceschi niega, me pide una nueva donación de otro lote
con el objeto de fundar un colegio-asilo para niños pobres. No le he contestado
aún, por no hacer méritos ante la Iglesia en el transcurso de esta polémica y
espero que el señor cura tendrá la deferencia de no atribuir mi silencio a
descortesía. Pero no niego que la situación no es cómoda para mí, puesto que
reputo mala la educación confesional y desearía que sólo existiese la enseñanza
laica impartida por el Estado. Sin embargo, cuando el Estado tiene los
caracteres que muestra entre nosotros, las escuelas laicas son prácticamente
escuelas confesionales; y por añadidura las aulas no alcanzan para todos los
niños analfabetos. Entonces, entre que un niño no sepa leer ni escribir o que
le enseñen que Jonás vivió tres días en el vientre de una ballena y que Jesús
caminaba sobre las aguas de un lago, prefiero que el niño aprenda a leer y
escribir y me inclino a darle el terreno al señor cura. Y no lo haría por
interés personal en el progreso del pueblo porque ya me quedan allí muy pocos
terrenos.
Ø
En paz con mi conciencia:
No sabe el señor
Franceschi que yo no me desprendí, hace ya muchos años, de las creencias
religiosas de mi infancia, sin una honda emoción, sin ese desgarramiento íntimo
que han sentido tantos hombres de verdad, en una hora solemne. Yo habría
continuado creyendo si a mi razón le hubiera sido posible no ver el absurdo.
La afirmación de que la
gracia divina no desciende, sino sobre las cabezas de los que creen, es una de
las tantas teologías que ha inventado la Iglesia para fundar en ellas la
“revelación”.
Maritain, tomista
ortodoxo formidable, que, como tal, cree en los milagros, dice en su libro
“Primauté du Spirituel” que Dios interviene en los actos particulares de los
hombres con tanta delicadeza que su intervención no se percibe.
Si no se percibe ¿cómo
puede él afirmar que interviene?. De ahí la teología con todas sus ridiculeces,
sutilezas y insinceridades.
Si Jesús resucitado en
vez de aparecer ante discípulos que no necesitaban reforzar su fe, se hubiera
aparecido a Pilatos y a Caifás y les hubiera dicho que eran dos canallas; o
bien, si en vez de resucitar a un desconocido como Lázaro, hecho de que se tuvo
noticia por el Evangelio de San Juan 60 años después del hecho, hubiera
resucitado a San Bautista, decapitado a pedido de Salomé, el cristianismo se
habría consolidado instantáneamente y se habrían suprimido millares de
victimas.
Yo no soy materialista;
yo creo en la eternidad, y tal vez en la divinidad del Universo, donde el
hombre es un átomo insignificante. Llámese panteísta o como se quiera; no hago
cuestión de las palabras; pero hago cuestión de que las religiones positivas y
milagreras son una caricatura de la divinidad . Dios ha de encontrarse en todas
partes menos en los altares.
Réplica al artículo de
Mons. Franceschi titulado: “Los procedimientos de un polemista”.
Un nuevo
artículo del señor presbítero ha venido a agregarse a los anteriores.
Abandonando la moderación relativa del que lo procedió, reaparecen en éste las
características personales del manso cordero del Señor. Pero la irritabilidad
intempestiva es una prueba de inferioridad, y yo no he de malograr la posición
magnifica que tengo en esta polémica para seguirlo al terreno adonde me quiere
arrastrar. Le dejo el monopolio de las groserías, sin perjuicio deponer las
cosas en su sitio y llamarlas por su nombre, cuando me ocupe de los pretendidos
cargos.
Ø
Un cuadro sinóptico:
1) La Iglesia condena en
la actualidad “la lucha de clases”, pero ella fue iniciada, según los
Evangelios, por Jesucristo, cuando dividió la sociedad en pobres y ricos y
destinó los ricos al infierno y los pobres al cielo, nada más que por ser
pobres. El señor cura no lo ha negado y el que calla otorga.
2) Las encíclicas papales
recuerdan a los proletarios que serán recompensados en el cielo, pero esa
promesa oculta un engaño, puesto que el cielo, de acuerdo con las profecías de
Jesucristo y con los demás libros sagrados, estará cerrado hasta que Jesucristo
baje del cielo en una nube (que no bajará) y después de reinar 1.000 años en la
tierra (que no reinará) presida la realización del Juicio Final en el valle de
Josafat. El señor cura abrumado por mi demostración, que es de una verdad
indiscutible, se ha quedado como en misa.
3) Los
más grandes teólogos sostiene que el cielo no se abrirá por ahora, ni para
recibir a los niños no bautizados pues el Diablo, según Bosset (que coincide
con San Agustín), se mete en el vientre de las mujeres encintas y lo infesta.
El señor cura ha asentido ampliamente con el silencio.
4) Tanto
el Antiguo como el Nuevo Testamento prohíben hacer imágenes de cualquier clase,
no obstante lo cual desde el siglo II hasta la fecha, los templos católicos son
un muestrario de santos, imágenes y reliquias milagreras y de ofrendas y
baratijas que dan testimonio de los milagros realizados. Lo acepta el señor
cura.
5) El
pontificado romano no comenzó con San Pedro en el año 42, como pretende la Iglesia.
La presencia de San Pedro en Roma es una leyenda sin pruebas, cuya
verosimilitud sólo se basa en el hecho de que a partir del año 63 (más o menos)
se pierden los rastros de San Pedro y de su mujer en Palestina y se admite como
posible que dada la rivalidad que mantenía con San Pablo, se fuera a Roma e su
seguimiento, con el propósito de contrarrestar personalmente su propaganda y
allí pereciera oscuramente, junto con los numerosos cristianos masacrados en
tiempo de Nerón. Consta que San Pedro no fue pontífice, ni los hubo hasta cerca
del tercer siglo. El señor cura acepta con silencio.
6) Jesucristo
concibió una religión sin sacerdocio profesional y su odio a los ricos era
extensivo a los frailes de toda clase; les decía: “raza de víboras”. Aceptado
por el señor cura.
7) Tanto
en el Antiguo como el Nuevo Testamento el cielo pertenece exclusivamente a las
12 tribus de Israel. El Juicio Final será el juicio de los componentes de las
12 tribus. Jesús era contrario al ingreso a su iglesia de los paganos y no circuncisos.
Quería que la Ley Hebraica fuera mantenida. Aceptado también.
8) La
situación de las almas de los millones y millones de seres que nacieron y
murieron antes de la aparición de Jesucristo no está considerada en los libros
sagrados, ni lo ha sido posteriormente por la Iglesia. Lo acepta el señor cura.
9) Jonás
habría estado vivo tres días en el vientre de una ballena y el señor presbítero
lo cree como presbítero, aunque no como miembro del Club de Pescadores.
10) El
señor cura fue a España para congratular el general Franco, sabiendo que el
movimiento sedicioso que dirige ha consumado asesinatos y fusilamientos de la
más refinada barbarie. Aceptado por el cura.
En realidad son 19 en
total los puntos, pero creo haber resumido los más importantes.
Ø
La originalidad de los libros sagrados:
Cada vez que el señor
Franceschi intenta rectificar una de mis afirmaciones es para su desdicha. Se
podría creer que en esta polémica la divina providencia en vez de acompañarlo,
me acompaña a mí. Mete el dedo invariablemente donde yo necesito que lo meta.
Si se prueba que tanto el
Antiguo Testamento como los Evangelios lejos de ser obras originales de Moisés
y Jesucristo son plagios de la India, desaparece el origen divino que les
atribuye la Iglesia Católica. Esto acarrea grandes consecuencias.
La religión india, según
la Iglesia Católica, tiene una doctrina falsa, propia de infieles. ¿Cómo se
explica entonces que la Biblia y los Evangelios hayan sido extraídos en casi su
totalidad de las leyendas de los Vedas, de las leyes de Manú, de las fábulas de
Christna y de la vida de Buda?.
Eugenio Foucaux publicó
la primera traducción en francés del Lalitavistara o vida de Sakya Muni, el
llamado evangelio del budismo. Desde que se conoció la primera traducción se
advirtieron semejanzas extraordinarias con el Evangelio cristiano, reveladoras
de un origen común.
¿Se habrá inspirado el
Evangelio en el Lalitavistara o viceversa? Lo segundo es insostenible, dada la
indudable mayor antigüedad del libro indostánico.
¿Podría tratarse de una
simple coincidencia? A medida que se fueron traduciendo y estudiando los
Sutras, los Vedas, las leyes de Manú y las leyendas de Christina, Vischnú y
buda, las semejanzas con el nuevo y el antiguo testamento se reprodujeron, y se
alejó de toda posibilidad de una mera coincidencia.
Esta dicho todo con la
comprobación no ya de la identidad de las fábulas de la creación del mundo, del
Paraíso Terrenal y el Diluvio, sino con el hecho de que Eva se llama Heva en la
leyenda india, y Adán se llama Adima. El Paraíso no solo se diferencia en que
esta situado en la isla de Ceilán en lugar de estarlo en la Mesopotamia y en el
Diluvio no faltan ni la paloma que el santo Vaivasvata, correspondiente al Noé
bíblico, suelta después de la cesada lluvia y esta vuelve con los pies mojados.
A la altura que han
llegado hoy los estudios de mitología indo cristiana comparada, nadie puede
sostener seriamente que los 5 libros del Pentateuco sean una obra original de
Moisés (digo esto sin hacer merito de la patraña de que Dios por intermedio del
Espíritu Santo habría trasmitido a moisés el contenido del libro). De los
estudios a que aludo, se deduce que tanto el nuevo como el antiguo testamento
(salvo la parte relativa a la historia
de Israel) son copias o plagios de los libros de la india, con las variantes
exigidas por el tiempo y el ambiente.
Esto se hace tanto más
explicable recordando que los judíos parecen originarios de la india, de donde
pasaron al país de los Caldeos y solo después de muchísimos años fueron
conducidos a Palestina por Abraham, vecino de Ur, capital de la Caldea. Nada de
extraño tiene que llevaran consigo todo el acervo de la mitología indostánica y
lo conservaran por tradición oral (como los propios hindúes) hasta su redacción
en el Pentateuco.
El Profesor Franz Griese,
sacerdote católico que dejo los hábitos hace 12 o 13 años (téngase en cuenta
que el libro que están leyendo se imprimió el 18 de marzo de 1973), ha
producido un libro concienzudo que llega a conclusiones irrefutables llamado
“El cristianismo ante la Nueva evolución del mundo” que son las siguientes:
·
Creación del Mundo (Texto de Manu -1.5-):
Todo este mundo estaba en
otros tiempos disuelto en la no existencia, en oscuridad. Pero cuando llego la
hora de despertar apareció Él... Él estaba en luz envuelto y disipo la
oscuridad... Decidió crear todas las criaturas y puso en las aguas el germen de
toda la vida. Al agua la llamo Nara y al espíritu creador Narayana (el que se
mueve sobre las aguas).
·
Génesis 1, 1. Texto de la Biblia (creación del mundo):
Al comienzo creo Dios1
el cielo y la tierra. La tierra estaba desierta y vacía; la oscuridad cubría el
abismo y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Y Dios dijo: hágase la
luz, y la luz se hizo.
1 El
texto de la Biblia dice Elohim, que significa Dioses y no Dios. Sin embargo, el
verbo esta en singular. Sin duda se trata aquí, o bien de una reminiscencia de
la Trinidad de la India, o bien del bisexualismo común a dioses y hombres en la
mitología india.
·
Adima y Heva – “Prosada” (Libro de los Libros):
Según la leyenda de este
libro indio, Dios creó a Adima (el primer hombre) y a Heva (deseo ardiente), en
la isla de Ceilán y les prohibió abandonarla. Después del primer encuentro de
Adima con Heva, sigue la primera noche coronando su felicidad y sigue un tiempo
de constante alegría. Pero el príncipe Rackesa, espíritu del mal, induce a
Adima a abandonar la isla para entrar en un país sumamente hermoso que les
muestra. Heva no quiere, por temor a Dios. Pero Adima la convence de que le
acompañe para ver, aunque sea por un momento. Llegan al final de la isla y
Adima pone a Heva sobre sus hombros para llevarla sobre aquellas rocas, que hoy
todavía llevan el nombre de Puente de Adima, al país deseado, pero no bien
pisan la tierra firme, cuando se oye un trueno horroroso y desaparece la
visión. Heva dice a Adima que pida perdón a Dios; y este les aparece y les
perdona por la conducta de Heva. Solo que no pueden volver al paraíso y deben
trabajar: “Vuestros hijos, dice Dios, me olvidaran, pero enviare a Vischnú,
quien nacido de una virgen dará a todos la esperanza de una vida eterna”.
·
Adán y Eva (Génesis 2.7 y 3).
La Biblia cuenta que Dios
creó a Adán de barro y le soplo en la cara el espíritu de la vida y a Eva la
creo de una costilla de Adán. El paraíso de la Biblia es un pequeño jardín, en
cuyo centro estaba el árbol de la vida, del saber y de la inmortalidad. En vez
del espíritu del mal viene una serpiente y tienta a Eva y esta a Adán. Cuando
han comido la manzana, ven que están desnudos, sin que haya relación alguna
entre la desnudez y la manzana. Y cuando Dios lo cita a Adán echa la culpa a
Eva, “la mujer que me diste de compañera me dio del árbol y lo comí”. Eva echa
la culpa a la serpiente. Dios menos clemente que el Dios indio, condena a ambos
a toda la posteridad y a la misma tierra por el pecado “horroroso” que han cometido. No les da
esperanza ninguna y solo les hace una túnica de pieles al echarlos del paraíso,
en cuya puerta pone querubines con espadas, de las que no se dice donde fueron
adquiridas.
·
El Diluvio – Hary Purana:
Nadie puede alterar mi
indeclinable voluntad; los hombres serán extinguidos. Pero por amor a ti, seré
bueno con la tierra que os lleva. Si se encuentra un solo grupo de hombres que
merece crecer para formar un pueblo, este grupo y la tierra serán salvados de
la destrucción. Vete, pues, porque pronto desencadenare todas las aguas sobre
la tierra. Vischnú, la segunda persona de Dios, bajo entonces a la tierra y al
país de Cayaconbdya: Allí dijo al santo Vaivasvata (el Noe del génesis):
Levántate, toma tu hacha y sígueme con tus hijos hasta el próximo bosque. Busca
árboles más fuertes, córtalos y construye de ellos un barco para tu gente y
para ti. Deben también haber lugar en
él para una pareja de toda clase de animales y semillas de todas las plantas.
Apenas había Vaivasvata cerrado el arca, cuando empezó la lluvia sin
interrupción: los mares salieron des sus bordes y toda la tierra desapareció
bajo las aguas. Esto duró días, meses y hasta años. Por fin termino el agua. El
agua se detuvo en el monte Hijmavat (Himalaya). Entonces Vaivasvata abrió su
mano y dejo volar una paloma, la que con pies húmedos volvió a la tarde.
Entonces dejó volar un Rajiuvalaka y también él volvió con las alas mojadas.
Entonces dejo volar dos grullas, volvieron a la tarde volando alrededor de la
nave, pero no entraron. De nuevo dejo volar una paloma; a la tarde volvió
volando con canto alegre y se dirigió al este; en su pico llevaba el tallo de
la santa hoja de cusa...Vaivasvata hizo un sacrificio de gracia a los dioses y
un sacrificio de bebida para las almas de los muertos, a los que la ira divina
había alcanzado. Después tomo un chivo de lana roja que había nacido en el arca
y lo mato sobre el altar y dijo: esta sangre sea el testimonio de la alianza
eterna entre el cielo y la tierra.
·
El Diluvio (Génesis 6.6)
Y arrepintiese Dios de
haber hecho a los hombres en la tierra y dijo: Destruiré los hombres que he
creado, desde el hombre hasta la bestia y el reptil y las aves del cielo,
porque me arrepiento de haberlos hecho (que culpa tenían los animales de que
Eva hubiese comido la manzana!). Empero Noe halló la gracia a los ojos de Dios
y Dios dijo a Noe: el fin de toda carne ha venido porque la tierra esta llena
de violencia, y mira, yo la destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de
Gofer; harás aposentos en el arca y la embetunaras con brea por dentro y por
fuera. Y de esta manera la harás: 300 codos de longitud y 50 codos su anchura y
de 30 codos su altura...
Estableceré un pacto
contigo y estarás en el arca tu y tus hijos y tu mujer y las mujeres de tus
hijos. Y de todo lo que vive, de toda carde dos de cada especie pondrán en el
arca. En el año 600 de la vida de Noe, en el mes segundo, día 17, fueron rotas
las fuentes del gran abismo y las cataratas de los cielos fueron abiertas y
hubo lluvia sobre la tierra durante 40 días y 40 noches. Las aguas llegaron
hasta 15 codos sobre los picos más altos. Y quedaron las aguas 150 días. Y Dios
hizo pasar un viento sobre la tierra y disminuyeron las aguas... Y reposó el
arca en el mes séptimo, a los 17 días del mes, sobre las montañas de
Armenia...Y al cabo de 40 días abrió Noe la ventana del arca que había hecho y
dejó volar al cuervo, el cual salió yendo y tornando hasta que las aguas se
secaron sobre la tierra. Envió también una paloma...Y no halló la paloma donde
sentar su pie y volviese al arca...Y espero otros 7 días y volvió a enviar a
otra paloma y la paloma volvió a él en la hora de la tarde y trajo una hoja de
olivo en su pico. Y espero otros 7 días y envió una paloma la cual no volvió
mas a él... entonces salió Noe... y edificó un altar a Dios y tomó de todo
animal limpio y de toda ave limpia y ofreció un holocausto en el altar y husmeó
Dios el olor suave del sacrificio y dijo en su corazón: no volveré a maldecir
la tierra por causa del hombre.
Estas extraordinarias
semejanzas entre las leyendas sagradas de la India y las leyendas bíblicas a
propósito de la Creación del paraíso Terrenal y del Diluvio, bastarían para
comprobar que las segundas, siendo posteriores a las primeras en 8 mil o 10 mil
año, son una simple adaptación de las tradicionales orales que los judíos
emigrantes tomaron de la India o del país de los Caldeos y llevaron a
Palestina.
Hay citas en el libro del
profesor Griese al respecto del nuevo Testamento, en el cual el Dios
indostánico es Christna, cuyo nombre ofrece una semejanza con el de Cristo.
Las leyendas remontan a
la segunda época de los Vedas, es decir, 4.000 años antes de Cristo y 3.300
años antes de Buda. Veamos ahora algunos casos de plagio en el Nuevo
Testamento:
·
El nombre de Christna (Athaeva Veda)
Dios dijo: “Le llamaras
Christna”
·
El nombre de Jesús (Lucas 1.31)
Dios dijo: “Y le darás el
nombre Jesús”
·
Christna nace de una virgen (Tradiciones Brahmanas)
Una tarde cuando la
virgen rezó, sonó música celeste, la cárcel (estancia) se iluminó y Vischnú
(segunda persona de la trinidad indostánica) apareció en el esplendor de su
majestad divina. Devanaki (la virgen) cayó en éxtasis y después de haber
recibido el Espíritu Santo concibió.
·
Jesús nace de una virgen (Lucas 1. 35)
Y respondiendo el Ángel
dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la posteridad del Altísimo engendrara
en ti, por lo cual también el Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios.
·
Saludo de un ermitaño (Atharva Veda)
“Bendita tu Davanaki,
entre las mujeres, bienvenida seas entre los santos Rihcis. Eres elegida para
la obra de la redención; en tu seno el rayo del resplandor divino será hombre y
la vida se burlara de la muerte...Virgen y madre te saludamos. Tú eres la madre
de todos nosotros: porque de ti nacerá aquel que nos redimirá”.
·
Saludo de Isabel (Lucas 1. 42)
“Bendita tú eres entre
todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿Y de donde me viene
esto a mí que la madre de mi señor venga a mí?...y bienaventurada eres, la que
creyó, porque se cumplirán las cosas que te fueron dichas por parte del señor”.
·
El rey tío de Christna mata a los niños (
Tradiciones Brahmanas)
“Mando a matar en sus
estados a todos los niños varones que habían nacido en la misma noche que
Christna”.
·
Herodes mata a los niños (Mateo 2. 16)
“ Herodes entonces...
mandó matar a todos los niños en Belén y todos sus alrededores, desde 2 años
abajo, conforme al tiempo que habían entendido de los magos”.
·
Christna se transfigura (Baghavad Gita II)
Christna dice a Ardjuna:
“Pero no estas en condiciones de verme con estos ojos; por eso te doy un ojo
divino; ve ahora mi potestad divina. Y Ardjuna, al mirarlo en su potestad
divina, exclamo: “Si del cielo saliese a la vez el resplandor de mil soles,
seria esta semejante al resplandor del poderoso!”
·
Cristo se transfigura (Mateo 17. 1)
“Y después de seis días
toma Jesús a Pedro, a Santiago, a Juan, su hermano, se transfiguro delante de
ellos, su rostro resplandeció como un sol y sus vestidos eran blancos como la
luz”.
“Y he aquí una voz de la
nube que dijo: “este es mi hijo amado en quien tengo todas mis complacencias. A
él debéis escuchar”.
·
Buda es tentado (Lalitavistara y Abbinischkaramana
Sutra)
“El Seductor dijo a Buda:
Soy el Señor del placer; soy el dueño de todo el mundo: Dioses, animales,
hombres me sean sujetos. Así como ellos, ven también tú en mi reino. Buda
contesta: Aunque seas el Señor del
placer, pero no eres el Señor de la luz. Mírame a mí: soy el Señor de la ley...
Como todas las tentativas fracasan, el seductor desiste de su plan y vuelve al
infierno con las palabras: mi poder se
acabo... pero Buda queda sentado quieto y pacíficamente. La aurora se enciende,
las estrellas palidecen, de lo alto caen flores celestes”.
·
Jesús va al desierto y es tentado (Lucas 4. 5)
“Y al Diablo lo llevó a
un alto monte y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra. Y le dijo el Diablo: a ti te daré toda ella porque a mí es
entregada y a quien quiero la doy. Pues si tu me adoras a mis pies, serán todos
tuyos, y respondiendo, Jesús le dijo: vete de mi Satanás, porque esta escrito:
a tu Señor Dios adoraras a él solo servirás. Y terminada toda tentación, el
Diablo se alejó de él por un tiempo”.
·
Buda envía a sus apóstoles a predicar (Mahavagga)
“Id, discípulos, y
caminad en salvación de mucha gente... Id de dos en dos por el mismo camino;
predicad la doctrina. No pidáis nada por ello... Hostilidades y persecuciones
amenazan a los adictos y predicadores de la ley. Si alguien de ellos es atacado
a pedradas, con bastones, lanzas, insultos y amenazas, que lo soporte todo
pacientemente, pensando en mí”.
·
Cristo envía a sus apóstoles a predicar
“Id y predicad diciendo:
el reino de Dios se ha acercado (Mateo 10.7) y los mandó de dos en dos (Marcos
6.7). Gratis habéis recibido, gratis dad (Mat. 10.8). Os van a entregar a los
juzgados y en sus sinagogas os flagelarán (Mat. 10.17). Yo os aconsejo no
resistáis al malo; sino que si alguien te ha pegado en la mejilla derecha
ofrécele también la otra” (Mar. 5.38).
·
Buda multiplica los panes
El libro Jataka relata
que Buda con un solo pan dio de comer a 5000 hombres que le seguían, quedando
mas migas que el pan repartido.
·
Cristo multiplica los panes (Mateo 14.16, 15.34,
16.9, Marcos 6.37, 8.1, Lucas 9.10,
Juan 6.1)
Cristo alimenta una vez a
5000 hombres y otra vez 4000 con 5 panes en el primer caso y 7 panes en el
segundo, recogiendo los apóstoles una docena de canastos llenos de migas.
·
Una copia textual (Upanischad-Buda)
Son guías de ciegos: pero
si un ciego guía a otro, van a caer ambos en el pozo.
·
Una copia textual (Mateo 15. 14)
Son guías de ciegos: pero
si un ciego guía a otro ciego, van a caer ambos en el pozo.
El profesor Griese cita La
Leyenda de Buda, del profesor Rodolfo Seydel, de la Universidad de Leipzig,
quien afirma que de los 28 capítulos del Evangelio de Mateo, solo dos (el 22 y
24) no presentan rasgos o interpolaciones de textos indios; de los 16 del
Evangelio de Marcos, solo dos (el 7 y el 12) están libres de plagios, y en el
Evangelio de Lucas, sobre un total de 24, solo los capítulos 16, 17 y 20 son de
una exclusiva cosecha del autor.
La resurrección de
Lázaro, el milagro más sensacional atribuido a Jesús, no figura en los primeros
evangelios de Marcos, Mateo y Lucas
¿Cómo podría explicarse que no la hubieran conocido, y que solo la revelara
Juan (o el escriba que tomo su nombre) en un Evangelio aparecido 30 o 35 años
después de los Evangelios auténticos de Marcos y Lucas y del Evangelio apócrifo
de Mateo?.
Ø
En el terreno de la sinceridad:
El clero, especialmente
el argentino, es poco ilustrado. Henry Damage, director que fue de los Asilos
de Alienados de Francia, en su libro “Elementos de Neuro Psicología” (Pág.
200), dice: “El sacerdote se defiende mal (previó esta polémica, sin duda),
porque no comprende los conflictos entre la ciencia y la fe; sólo tiene una
instrucción literaria, ignora totalmente la fisiología, la anatomía, la
patología y la psiquiatría (y la biología), y su elocuencia por famosa que sea,
no demuestra nada; las flores de retórica y los argumentos sutiles, semejantes
a los de los filósofos de la edad media, no refutan desgraciadamente nada (es
lo que ha ocurrido en esta polémica al señor cura). El sacerdote católico –agrega
– ignora la ciencia y por esa razón se enajena, de más en más, la adhesión de
los espíritus esclarecidos y de los sabios”.
La comparación entre el
poder de la Iglesia en la Edad Media y en la época actual, aun cuando se haga
superficialmente, muestra la importancia del camino recorrido, y cmo yo estoy
persuadido –bueno fuera que no- de que es indispensable repudiar la violencia
cuando se trata de evoluciones de esa índole, pongo mi esperanza e la lenta
iluminación de las conciencias y a ese propósito sirvo con mi grano de arena.
Parece un esfuerzo
precario, sin embargo, a nada teme la Iglesia más que al desembrutecimiento del
pueblo mantenido en la ignorancia. Donde puede quemar libros los quema. Ya lo
están quemando a montones en España los frailes que asesoran a Franco. La
persecución al libro caracteriza admirablemente toda la barbarie que entraña el
fanatismo cristiano.
Otro concepto perturbador
del buen juicio es el de que la moral sea inseparable de la religión y de la desesperación de esta ultima podría
ocasionar una corrupción espantosa.
Esto es absolutamente
inexacto; la religión es independiente de la moral. May místicos de una
inmortalidad sorprendente y sabios incrédulos que son unos santos. Se ha visto
infinidad de veces sociedades profundamente fanáticas y corrompidas, por
ejemplo, la Roma pontificia, y pueblos paganos dotados de grandes virtudes
privadas y publicas como la republica romana antes de ser inundada por la
resaca del mundo.
Berthelot dijo una vez:
“La moral no viene de las religiones; por el contrario, son las religiones o
mejor dicho las mejores y más puras entre ellas las que han buscado un punto de
apoyo sobre cimientos sólidos de un amoral que ellas no han creado”.
Verdad profunda a la que
podría agregarse que las sociedades no pueden vivir sin moral por su propio
interés, por su propia salvación, y esa moral ha de ser tanto más extensa y
severa cuanto menos pesen en su destino los intereses bajos que especulan con
la mentira de lo sobrenatural.
Hasta el siglo pasado se
ignoraba en Europa que las razas arias, en general, o si se quiere la raza
blanca, eran originarias en su totalidad del Asia; India, Bactriana, etc. El
conocimiento del sánscrito, idioma sagrado de la India, adquirió en occidente
en el siglo XIX revelo la identidad de origen de todas las lenguas que hoy se
llaman indoeuropeas, desde el griego y el latín hasta los idiomas germánicos y
escandinavos.
Las emigraciones
correspondientes se realizaron en épocas perdidas de la prehistoria, pero una
vez establecido que la India fue la cuna de la raza blanca, hay que admitir
como consecuencia necesaria y lógica el hecho de que los pueblos emigrantes
llevaran consigo, además de la lengua, sus costumbres y sus mitos religiosos.
Pretender lo contrario
seria absurdo y de ahí resulta que los mitos religiosos de todos los pueblos
occidentales tienen su origen remoto en los de la India. Nada lo prueba tan
claramente como la etimología de la palabra Dios. En castellano y en francés,
viene del latín Deus; Deus viene del griego Zeus y Zeus es sánscrito puro. Este
ejemplo concluyente podría reproducirse al infinito pues en el griego
principalmente, predominan las radicales del sánscrito.
La salida o emigración de
los judíos de la India no ha dejado rastros históricos, pero su presencia en el
país de los Caldeos es incontestable, puesto que Abraham según dice la Biblia,
emigró de Ur, capital de Caldea, a Palestina. La Caldea estaba poblada en
muchas partes, por emigrantes de la India que rendían culto a divinidades
oriundas de ella.
Los judíos en sus primeros tiempos de
residencia en Palestina, no tenían libros sagrados, sino tradiciones orales, y
otro tanto ocurría en los demás pueblos primitivos y en la India misma.
El segundo libro de
Esdras (Nehemias) dice que la revelación de la ley (Pentateuco por lo menos el
Deuteronomio según algunos autores) fue hecha por primera vez al pueblo después
de volver del cautiverio de Babilonia (posiblemente cien años después mas o
menos), lo que lleva a la conclusión de que el Pentateuco fue revelado al
pueblo con una anterioridad no mayor de 400 años o a lo sumo 500 años de la era
cristiana.
Para los que consideramos
falsa toda leyenda cuyo origen sea una revelación divina, no es asunto que
tenga importancia averiguar si fueron los indios, los egipcios, los griegos o
los judíos los que recibieron las primeras confidencias del Dios Personal. Pero
no sucede lo mismo a los que adoran a un Dios personal en competencia con los
de otras religiones. Para ellos el Dios que hizo la primera revelación tiene
que ser sin duda el verdadero.
De ahí se deduce la
importancia extraordinaria que, en relación con los católicos, reviste la
comprobación, hoy indiscutible, de que los puntos más fundamentales del
Antiguo y del Nuevo Testamento han sido
tomaos de los Vedas y de mas libros sagrados de la India, que fueron escritos
con mucha anterioridad. Estos libros, a su vez, son recopilaciones de tardías
leyendas que se venían perpetuando por tradición oral desde miles de años.
Las parábolas de Jesús
escritas por los evangelistas, lo mismo que la curación de enfermos y
resurrección de los muertos han sido tomadas de poemas hindúes muy anteriores.
La más famosa de las resurrecciones, la de Lázaro, no aparece en los evangelios
de Marcos, Mateo y Lucas, y se consigna en la de Juan, que vivía en Asia Menor
en contacto con la literatura indostánica ya en decadencia en esa época.
La coincidencia sugestiva
de que el Redentor indio se llamara Iezeus Christna (Jacolliot) y el Redentor
judío Jesu-Cristo, hijos ambos de vírgenes fecundadas por el Espíritu Santo, se
acentúa cuando se ve que el cadáver de Christna desapareció como el de Cristo.
Asesinado a orillas del Ganges por los fariseos de la India que había
apostrofado, como Cristo a los de Jerusalén, su cadáver fue colgado de la rama
de un árbol para que lo devoraran los buitres y cuando su discípulo predilecto
Ardjuana fue a buscarlo no lo encontró. Había subido al cielo. La leyenda de
Cristo es imitada de la de Christna hasta en ese punto.
La India, cuna de los mitos del Pentateuco hebreo
La figura de Moisés se
pierde en la oscuridad de los tiempos. Faltan datos fidedignos que permitan
establecer si se trata de un héroe puramente legendario, o si en realidad
existió magnificado por la fantasía de los judíos y de los cristianos. Ningún
escrito o inscripción próximos a la época en que habría vivido menciona su
nombre y ningún monumento antiguo perpetua en su memoria. No se conoce el sitio
de su sepultura, en tanto que el cadáver de José, muerto mucho antes que el de
él, habría sido llevado por los hebreos de Egipto a Palestina y enterrado en
Sichem (Génesis 50-24. José 24-32).
La venida al mundo de
Moisés fue fabulosa. Un presagio habría anunciado a Faraón el próximo
nacimiento entre los hebreos establecidos en Egipto, del hombre que debía
destrozarlo, y dispuso que, a partir de ese momento, fueran muertos todos los
niños varones judíos que nacieran. Hoy no cabe duda que el evangelio de Mateo,
saco de la leyenda absurda que el Éxodo atribuye a Faraón la no menos falsa
degollación de los niños en Belén, que habría ordenado Herodes al nacer Jesús.
Medidas tan graves y excepcionales, si hubieran existido, las registrarían las
historias del antiguo Egipto y de la Palestina y los investigadores modernos han
comprobado que nada consta al respecto1.
1
Cuando nació Christna el rey Madura habría ordenado también una matanza de
niños. ¡Que curiosas coincidencias!.
La madre de Moisés, en la
esperanza de salvarle la vida, lo habría colocado en un canasto de juncos y lo
habría confiado a las aguas del Nilo. Naturalmente, como en los cuentos de
hadas, la hija de Faraón acertó a pasar por el sitio, se condolió de la tierna
criatura y la tomo bajo su protección, sin hacer caso del peligro que podía
correr mas adelante la suerte de su padre.
Esta leyenda es idéntica
a la del nacimiento del semidiós Karna en el tercer libro del Mahabarata
indostánico, que Shulz transcribe. Pritha, fecundada secretamente por Surya,
Dios de la luz, para ocultar su vergüenza, coloco a su hijo en un cesto de
mimbre y lo entrego al río Acwa, que lo arrastró hasta el Ganges, donde
Alhirata y su mujer Rahda lo recogieron y lo adoptaron.
¿Pero quién era Moisés?
La Biblia lo presenta como un hebreo y dice que mató a un egipcio y se fue a
vivir entre los hebreos y se casó con Sefora, hija de Ragual. La fácil
impunidad de ese crimen alevoso, robustece la creencia en que la autoridad del
Faraón era muy débil. Renán supone que Moisés no era hebreo sino egipcio, pues
su nombre no es hebreo, y el nombre Moisés es egipcio y le parece verosímil que
éste fuera el suyo. Egipcio renegado, habría podido adquirir ascendiente entre
los hebreos y concebir el plan del éxodo que coincidía con el interés de su
seguridad personal.
Moisés convence a la tribu israelita de que ha sido elegido por
Yahvé para conducirla a la tierra que Elohim había prometido a Abraham, a Isaac
y a Jacob. Les dijo que Dios se le había aparecido bajo la forma de una zarza
encendida que no se quemaba y le había asegurado que conduciría el mismo la
expedición y le garantizaría el éxito mediante los mas variados milagros. El
Dios hebreo, el dios de la Creación,
era Elohim, el Padre Celestial, bonachón y tolerante, pero el Dios que se
entiende con Moisés es Yahvé, Dios especial de la tribu de Israel, cuya
genealogía seria ardua establecer. Las traducciones cristianas de la Biblia,
que son tendenciosas, eluden la dificultad que emerge de esta dualidad y hablan
siempre del Señor, supremo y único, de Dios, pero no por eso deja de verse que
Elohim y Yahvé no son la misma persona.
Moisés y su columna
habrían penetrado al desierto de Arabia por la región que se ha llamado después
de istmo de Suez, de donde resulta que la supuesta necesidad de pasar por el
Mar Rojo y su presunto paso a pie enjuto, son otros dos cuentos para niños o
para tontos o para sectarios obtusos que son una mezcla de niños y de tontos.
¿Qué objeto había en
pasar el Mar Rojo si los emigrantes habitaban en las inmediaciones de las
tierras donde Lesseps abrió después el canal?. El objeto no es otro que el de
colocar el Éxodo y a Moisés en un ambiente milagrero.
Salidos de Egipto por el
istmo de Suez, los hebreos se encontraban a una distancia de 70 u 80 leguas de
la tierra de Canaán y la podían recorrer en 20 días atravesando tierras con
mayores recursos que el desierto de Arabia, pero no fue eso lo que dispuso
Iavhé. Para el mayor realce de la leyenda milagrosa confinó a Moisés y su gente
durante 40 años en el desierto y como no tenían que comer ni beber, Iahvé les
hacia caer diariamente del cielo el pan que comen los Ángeles o “maná” y Moisés
hacia brotar agua fresca y pura de las piedras con su varita mágica.
Faraón, apercibido de la
fuga, se lanzo en persecución de Moisés y lo alcanzo en el momento en que
pasaba el mar Rojo por un camino en seco abierto a través de las aguas, que
formaron dos murallas liquidas. Faraón debía ser muy ingenuo y quiso pasar el
también, pero las aguas volvieron a su nivel
y fue ahogado junto con su ejercito.
Ningún historiador
egipcio tuvo noticia de un hecho tan extraordinario. Tan extraordinario y al
parecer tan verídico que todavía se enseña en los colegios cristianos.
Moisés, predilecto del
dios Iahvé, no mereció la recompensa de terminar su empresa y cuando la
expedición tan abnegadamente conducida por él, durante 40 años, llego a la
llanura de Moab, Iahvé tuvo la crueldad de hacerlo morir, no sin antes
ordenarle que subiera al monte Nebo y contemplara del otro lado de Jordan, a
los lejos, la tierra de Canaán y la codiciada Jericó.
Ø
La edad de la Biblia:
¿Qué edad tienen los 5 libros del Pentateuco?
¿Pueden ser más antiguos que los libros y las leyendas sagradas de la India? ¿O
sus mitos son tomados de los libros indios?.
Los escritores contemporáneos que tienen una
responsabilidad intelectual que cuidar piensan uniformemente que el Pentateuco
es el libro de la ley que se promulgo solemnemente en tiempos de Nehemias y
Esdras, o sea, alrededor del año 450 antes de nuestra era, en la forma relatada
en el capitulo VIII del libro 2do de Esdras, sin perjuicio de que este haya
absorbido el libro que el Sumo Pontífice Helcias, en tiempos de Josias, simulo
descubrir inesperadamente en el templo (año 621 antes de Cristo) y fue
designado con el nombre de Libro de la Alianza. Haría mas de 700 años en ese
momento de la entrada a Canaán de los hebreos y Moisés nada tendría que ver con
el Pentateuco.
La escritura no era un
ejercicio tan fácil como en la actualidad. No se conocía el papel y se usaban
en su lugar, hojas de palmera o papiros egipcios difíciles de obtener. La clase
sacerdotal o el Estado los monopolizaban y es inadmisible que los obtuvieran
con la amplitud necesaria para escribir una obra de 5 libros extensos los
fugitivos del Éxodo, perseguidos por Faraón, causantes supuestos de la perdida
total del ejercito egipcio en las aguas del Mar Rojo.
Renán en la página 78,
tomo I de la “Historia del Pueblo de Israel”, dice: “Los relatos protocaldeos
han dado los 12 primeros capítulos del Génesis y esa es la parte de la Biblia
que ha tenido más consecuencias”. Es la que narra la Creación, el Paraíso
Terrenal, la Tentación y el Diluvio.
H. G. Wells, en su
“Esquema de la Historia Universal”, opina que el Génesis fue retocado después
del cautiverio y agregados los 10 primeros capítulos, a los que atribuye origen
caldeo.
Para Le Bon “todo el Génesis bíblico se encuentra en las
creencias religiosas de Caldea y Asiria” (“Las primeras civilizaciones”,
capitulo VI).
Y W. Durant en su libro
reciente “Historia de la Civilización”, traducido al francés este año, en la
pagina 42 dice, que los deliciosos relatos de la Creación, de la Tentación y
del Diluvio han sido sacados de un fondo de leyendas mesopotámicas que remonta
a 3.000 años antes de Cristo.
Ø
Versículos reveladores:
Las pruebas de índole
externa que acabo de dar se completan con solo leer con atención el Pentateuco
o el Deuteronomio. Al recordar los sucesos del Éxodo, se ve que el autor del
libro escribía en Jerusalén, o por lo menos en un sitio de Palestina al
occidente de Jordan. Cuando el Deuteronomio se refiere por ejemplo, a una
localidad situada o a un hecho ocurrido en la región que recorrían los hebreos
emigrados de Egipto dice: “mas allá de Jordán” o “del otro lado de Jordan” (ver
Deuteronomio 1, 1; 3, 8; 4, 46 y 4, 47) y Moisés no podría hablar de ese modo
si fuera cierto que murió en la tierra de Moab, antes de pasar a Jordan. A
Moisés le habría correspondido decir “de este lado del Jordan”. Esto es claro
como la luz y pone en evidencia la superchería.
No es admisible, ni bajo
los auspicios del milagro, que Moisés mismo haya relatado su muerte y su
entierro. No solo lo hace el Deuteronomio en los versículos 5 y 6 del capitulo
34, sino que agrega: “ningún hombre ha conocido el sepulcro de Moisés hasta el
presente día”.
Este versículo prueba que
Moisés no puede ser autor del relato y que este se compuso siglos después de su
fabulosa muerte. No se puede admitir que la tribu de Israel ignorara de
inmediato el sepulcro del profeta que le había conducido durante 40 años hasta
la tierra de Canaán, y la expresión “hasta el presente día” carecería de
sentido. Se explica en cambio, en un escrito de 700 u 800 años después.
Esa expresión prueba 3
cosas:
1) Que el Deuteronomio
fue escrito infinidad de años después de ocurridos los hechos que narra y desfigura.
2) Que el Éxodo no fue lo
que se pretende, pues de haberlo sido, los hebreos contemporáneos de Moisés, le
habrían construido un sepulcro y lo habrían conservado y venerado como lo
hicieron con el de José.
3) Que los simuladores de
la antigüedad del Pentateuco, advertidos de la incongruencia resultante de que
el héroe del Éxodo carecía de sepulcro, echaron mano de la triquiñuela infantil
de introducir la frase que anuncia que nadie lograra encontrar el sepulcro de
Moisés ¡Como que los autores del Pentateuco debían saber bien que toda la
leyenda de Moisés, incluso su vida y muerte, era una fábula!.
El Deuteronomio, en el
capitulo 31, vers. 26 dispone (Moisés dispone) que el libro de la ley se guarde
y se conserve en el Arca Santa, que era inviolable, pero abierta el arca, bajo
Salomón (350 años después) sólo se habrían encontrado las dos tablas de piedra
del Decálogo (Tercer libro de los Reyes, cap. 8, ver. 9). El Decálogo parece
derivar de un mito egipcio y ser la reproducción del cuestionario que Osiris
formulaba a los muertos.
Reputo innecesario
señalar otras contradicciones que resultan de la simple lectura. La Biblia
tiene la suerte de que muy pocos la leen. El noventa y nueve por ciento de los
católicos no tienen noticia de las incoherencias y falsedades que contiene.
Ø
El sexo de Adán y los mitos de la India:
Pero hay incongruencias
de fondo que merecen alguna consideración. Confrontare los capítulos 2, 1 y 5
del Génesis que se ocupan de la creación del hombre.
El primero de ellos dice
que Elohim (no Iahvé) creó al hombre de un puñado de limo y lo llamó Adán. Este
Adán es masculino. Aprovechando su sueño, que hacía, por lo visto, innecesaria
la anestesia, le sacó una costilla y creó a la mujer. No le puso nombre; dejó
que se lo pusiera Adán, y éste eligió el de Eva (tomándolo del sánscrito, que
todavía no existía).
El capitulo V,
coincidiendo con el I, vuelve a relatar la creación del hombre y lo hace en
distinta forma. Los versículos 1 y 2 dicen: “En el día en que Dios creó al
hombre lo hizo a semejanza de Dios. Los creó hombre y mujer y los bendijo y los
llamo Adán en el día en que fueron creados”.
La contradicción es
visible; desaparece la mujer creada de una costilla de Adán y el nuevo Adán es
hombre y mujer desde el primer día. Un Adán bisexual. Sin embargo ese Adán
bisexual era “semejante a Dios”. Luego, Elohim era bisexual, y por eso su
nombre es siempre plural. Elohim no quiere decir Dios, sino “los dioses”. Es un
ser único a la vez hombre y mujer.
Hoy sabemos que los 12
primeros capítulos del Génesis fueron tomados de la mitología indo-caldea y eso
da un sentido especial a la contradicción existente entre las dos descripciones
de la creación del hombre que acabo de reproducir textualmente. Se establece
así una relación lógica entre el segundo Adán bisexual y los seres bisexuales
de algunas leyendas de la India, Caldea y Persia y se hace verosímil que los
redactores de esos capítulos del Génesis, durante el cautiverio en Babilonia,
se encontraron perplejos y autorizaron dos versiones distintas mediante una
redacción, más que ambigua, contradictoria, pues de no existir el capitulo
segundo, nadie podría dudar de que el hombre-mujer creado en los caps. I y V
con el nombre único de Adán, no fuera bisexual.
Durant recuerda que las
formas persa y talmúdica del mito de la Creación, muestran a Dios creando
primeramente un ser de dos sexos –hombre y mujer pegados por la espalda-, que
dividió más adelante. Elohim procedió al principio de otra manera, pero el
hecho insólito de no haber creado a Eva de otro puñado de barro,
simultáneamente con Adán, y de haberla sacado de su cuerpo, ofrece un punto de
enlace visible con la bisexualidad del mito recordado.
Es indudable que los
capítulos I y V del Génesis modifican el capitulo II y dejan un margen amplísimo
para la investigación teológica del sexo de Adán.
Es interesante el relato
de una de las tantas creaciones del mundo que se encuentra en el Brihadaranyaka
Upanishad, y que Durant reproduce. Es un indicio de la inagotable fantasía de
los hindúes en esta materia, a la vez que del concepto de la bisexualidad
originaria que acompañaba al de la creación. Este relato nada tiene que ver con
las leyendas de Agni, Indra y Soura, que se disputan el honor de haber creado
al mundo. Dice así el Upanishad: “En verdad no conocía la alegría; él solo no
conocía la alegría; necesitaba un compañero. El era tan grueso como un hombre y
una mujer estrechamente abrazados. Hizo caer su yo en dos mitades y salió un
hombre (pati) y una mujer (patnie). Por eso el yo es algo así como una mitad.
Se unió a ella y así nacieron los seres humanos. Y entonces ella se dijo:
“¿cómo osa ahora unirse a mi, después de que me ha sacado de sí mismo? Vamos a
escondernos”. Ella se convirtió en una vaca; él se convirtió en un toro, se
unió a ella y nació el ganado vacuno. Ella se convirtió en yegua y él en potro,
ella se convirtió en una burra y él en un burro y así nacieron los animales del
casco. Ella se convirtió en una cabra y él en un chivo; ella se convirtió en
una oveja y él en un carnero y así sucesivamente nacieron todos los seres
vivientes, hasta las hormigas. El se dijo: “yo soy en verdad la creación, pues
todo ha salido de mí”.
Los católicos sonríen del
candor de esas concepciones hindúes pero se extasían ante la creación de Eva de
una costilla de Adán y de la pérdida del paraíso por el horrible delito de
haber comido una manzana.
Ø
La antigüedad de la India y de sus leyendas
y libros sagrados:
Cuando los hebreos, antes
de conquistar Canaan, en las proximidades del año 1350 antes de nuestra era,
hacían vida nómada, la India había alcanzado ya una civilización esplendente.
No es posible establecer
en que época la invadieron los arios, ni en que forma se sobrepusieron a la
avanzada civilización dravídica, ni a cuando ni como salieron de su seno las emigraciones que llevaron su lengua,
sus instituciones jurídicas, su metafísica y sus mitos religiosos a Egipto,
Grecia, Roma y al resto de Europa, pero eso ocurrió ciertamente en tiempos en
que el pueblo hebreo no contaba aun con historia.
Los habitantes de la
India, como los del resto del mundo primitivo, desde que adquirieron conciencia
de su personalidad tuvieron la religión del miedo a las fuerzas y a los
fenómenos de la naturaleza. Sus mitologías fueron necesariamente anteriores
millares de años a la adopción de la escritura, y se transmitían, como los
demás pueblos, como e la Judea misma, y como en muchas comunidades salvajes de
nuestros días, por tradición oral. Los Vedas no nacieron en la India con los
poetas y sacerdotes brahamanes, que les dieron forma escrita de 1.200 a 2.000
años antes de Cristo, Nacieron en la prehistoria y se transmitieron con
fidelidad “religiosa” de generación en generación.
¿Por qué no se encuentran
en la India vestigio alguno de los idiomas, ni de las instituciones
occidentales, mientas el lenguaje indio, las instituciones indias y los mitos
indios se revelan en las naciones occidentales?
Por la muy sencilla razón
de que la India ha sido la cuna del lenguaje, de las religiones y de las
instituciones de la raza blanca.
En sus libros sagrados, y
sobre todo en los mitos remotísimos que compilaron tardíamente, se encuentran
las leyendas que el Pentateuco asimilo a través de la influencia caldea y la
iglesia católica perpetua.
Grecia y Roma,
consideradas durante tiempo como el comienzo de la historia de la civilización,
no escaparon a análogas influencias. Sus dioses y también sus tribus y sus
ciudades tienen en gran proporción nombres sánscritos o de raíz sánscrita.
Zeus, el dios de los
dioses griegos, tiene el mismo nombre del Zeus indio, dios de los dioses de la
India, dios anterior a la Creación, dios “no revelado”. Minerva extrae su
nombre del sánscrito Manara-va; Centauro, en sánscrito es hombre-caballo;
Ifigenia viene, del sánscrito Aphagana, virgen sacrificada; Radamente de
Rhadamanta, el que castiga los delitos; Neptuno de Napata-na, el que domina el
mar; Italia, de Itala, país de gente de modesta condición, y el nombre español
y francés de los alemanes vendría de Ala-manu, que significa hombres libres; Erin
de Erin, rocas en el mar; los Tirrenos de Tyra-na, guerreros voraces; los
Galos, de Galata, pueblo conquistador; Helada, de Hela-na, pueblo de adoradores
de la luna; los Samnitas, de Samna-ta, los desterrados, los Valacos de Vala-ka,
hombres de clase servil, y siguen los ejemplos.
Hace menos de 14 años
(vuelva a tenerse en cuenta que el libro que estoy resumiendo se imprimió en
1973) de los famosos descubrimientos de Marshall, o mejor dicho, de sus
colaboradores indios. Encontraron en el Bajo Indus, en Mohenjo-Dado y en
Harappa, vestigios de una civilización que les pareció de mayor antigüedad que
todas las conocidas hasta hoy.
Durant reproduce el
juicio de Marshall en estos términos: “Estos descubrimientos demuestran que ha
existido en el Sindh (la provincia más septentrional de la presidencia de
Bombay), y también en el Pendjab, durante el cuarto y el tercer milenario
antes de Jesucristo, una vida urbana muy activa; la presencia en muchas
casa de pozos, salas de baño y el descubrimiento de un sistema complicado de
canalización, denotan un genero de vida y en los habitantes, una condición
social por lo menos igual a la que tenían en Sumeria y superior a la que
existía en la misma época en Babilonia y en Egipto... En Ur mismo (Caldea), las
casas son de construcción mucho más primitiva que en Mohenjo-Dado.”
Observa Durant cuan
curioso resulta que las capas inferiores de esas excavaciones atestigüen un
arte mas avanzado que las capas superiores, como si los depósitos mas antiguos
provinieran a su vez de una civilización que hubiera florecido centenares o
quizás millares de años antes. Algunos de esos objetos son de piedra, cobre,
bronce, lo que permitiría pensar que esa civilización del Bajo Indus nació en
época de transición entre la edad de piedra y la de bronce. Y llega a la
conclusión final de que la cultura estaba en su apogeo cuando Cheops construía
la primera de las grandes pirámides en Egipto. Piensa también que estaba en
relaciones comerciales, religiosas y artísticas con la Sumeria y Babilonia, y que
duro mas de 3000 años, hasta el tercer siglo antes de Cristo.
Ernst Schulz, en su obra
“El engaño del Sinai”, hace una apreciación de conjunto muy interesante acerca
de la edad de los libros sagrados de la India: “Otras circunstancias dificultan
establecer la edad de los mitos de la India. Durante mucho tiempo se
transmitieron por tradición oral, quiere decir que fueron aprendidos de memoria
y de este modo perpetuados de generación en generación. Mas adelante fueron
escritos en hojas de palmera, fáciles de destruir, de manera que la India
durante mucho tiempo debió tener ocupación en rehacerlos todo un ejercito de
escribientes. Por ultimo los jesuitas destruyeron muchas obras1
y hasta escribieron otras en su lugar, trayéndolas a Europa y dándoles gran
fama y autoridad. Cuando mas tarde se denunciaron estos fraudes y la factura
reciente de estos libros, decayó el interés por la literatura India y los
defensores de la edad casi prehistórica de los libros hindúes se callaron.”
“Las pruebas que daremos
a continuación sobre la edad verdadera de los libros de la India se basan en
trabajos científicos y objetivos de los indólogos más importantes, cuyas obras,
escritas por alemanes e ingleses, aparecieron casi todas en el idioma inglés”.
“Acerca del numero de
años exigido por la redacción de las diferentes obras, diré que siendo el
Mahabarata el poema épico mas extenso (2.500.000 versos) de la literatura
mundial y constituyendo los vedas la obra religiosa mas grande del mundo, se
comprende que no fueron escritas por un solo poeta, sino que su redacción se
extiende a varios siglos, y con respecto a los Vedas, posiblemente 10 siglos.
El origen de las leyes de Manu data del tiempo mas remoto que puede imaginarse,
pero esas leyes fueron revisadas y retocadas de acuerdo con las condiciones
sociales, que se transformaban paulatinamente. A pesar de ello las leyes de
Manu no habrían experimentado modificación alguna desde varios siglos antes de
nuestra era”.
1 Los
jesuitas de Goa y de otros establecimientos portugueses parecen haber sido los
primeros en apercibirse de los prestamos tomados por el Nuevo y Antiguo
Testamento a los libros indios y destituyeron sistemáticamente en vista de eso
todos los que encontraban en los monasterios brahmánicos de los territorios que
ocuparon los portugueses. Después se dedicaron a la tarea de adulterarlos y
enviaron a Europa las composiciones fraudulentas a que se refiere Schulz.
Alrededor del año 1760 apareció un libro titulado “Eroum Veda”. Se le
presentaba como si fuera una antiquísima e inédita de los Vedas y no lo era.
Voltaire fue uno de los tantos engañados. Era una falsificación hecha por el
padre Calmette.
Ø
Arios y semitas:
Se dirá que los hebreos
no son arios y que no los comprende el fenómeno histórico que presenta a la
India como la cuna de la raza blanca.
Eso seria exacto para
otros semitas, pero no para los hebreos, tribu nómada hasta la entrada a
Canaan, que vago por los mas distintos territorios, a veces vencedora, a veces
vencida y esclavizada, asimilando los ritos y costumbres de todos los orígenes
y adorando dioses propios y extraños. No es por herencia aria consanguínea que
los judíos poseen la leyenda del Génesis, sino a consecuencia de su contacto
continuado con Caldea y de su permanencia en Babilonia durante medio siglo de
cautiverio, y es posiblemente por imitación egipcia que compusieron el
Decálogo, de un parecido sorprendente, según se afirma, con el interrogatorio
que Osiris, en Egipto, formulaba a los muertos en el momento de juzgarlos.
En su vida aventurera,
los judíos mezclaron su raza y su idioma en tal forma, que muchos lingüistas
les atribuyen en sus primeros tiempos que hablaron el araneo, y otros que
adoptaron el cananeo, es decir, el idioma de la nación que habían vencido y que
debían pasar a cuchillo “uno por uno” en cumplimiento de la voluntad de Dios.
Tampoco existen razones
para que Elohim, el dios de la Creación, anterior a Iavhé, el dios localista
del Éxodo, adoptara de preferencia el sánscrito – que aun no existía –
para dar su nombre a Adán y para
autorizar a este a que le pusiera un nombre sánscrito a Eva; dando lugar a que
se crea que el y Adán plagiaron a Zeus
o a Vischnu, que bautizaron con los nombres de Adima y Heva a la pareja que
colocaron en el Paraíso Terrenal de Celyán.
¡Cómo explicar la
preferencia anticipada de Elohim por el idioma que habían de crear después los
arios, si creaba el mundo para los judíos y los declaraba raza elegida y el
pueblo de Dios! ¡Hubiera llamado Rebeca a la primera mujer y Samuel al primer
hombre, y no tendríamos las dudas que hoy nos asaltan!.
Ø
Jesucristo y la literatura religiosa de la
India:
En los primeros años de
nuestra era, la India, en decadencia, no tenia contacto “intelectual” con el
Occidente, y en cambio el Occidente, a favor de la admirable biblioteca de
Alejandría, estaba en condiciones de conocer la literatura sagrada y profana de
la India.
Aquella biblioteca tenía
una sección de indología, a cargo del famoso geógrafo Eratóstenes (el primero
que sin disponer de aparatos calculo la medida del meridiano terrestre y solo
cometió un error de 80 kilómetros).
Los judíos eran muy
numerosos en Alejandría, la cual se encuentra situada a corta distancia de
Palestina. El conocimiento de los libros indios era para ellos fácil a través
de las traducciones al griego o en el original mismo para los que supieran
sánscrito, y no puede caber duda de que desde mucho antes de nuestra era
conocerían al famoso Proto Evangelio Budista, que desapareció después del
incendio de la Biblioteca, y del templo de Serapis, que dirigió el Obispo
Teófilo, instigado por Roma, y completo algunos siglos después el califa Omar.
A instancias de los
cristianos, Justiniano clausuro la escuela de Alejandría, donde se les
recordaba, a propósito de los evangelios: “No hacéis sino vulgarizar los
misterios del Oriente”.
No se trata de que exista
necesariamente una imitación porque una u otra expresión aislada coincidan; se
trata de que los evangelios en cada una de sus paginas ponen en labios de Jesús
expresiones y giros verbales que se encuentran en libros y leyendas de la
India. Alguien los ha tomado.
Igual cosa sucede con la
parábola del hijo prodigo, la del sembrados, la de la paja y el grano, la
imagen de la casa construida sobre arena, la encarnación de Jesús, el niño
Jesús en el templo, la tentación del Diablo, la higuera y los dos apóstoles, la
historia de Magdalena, la muchacha del pozo, el envió de los apóstoles a
predicar, la marcha sobre las aguas, la curación de enfermos, la resurrección
de muertos, la transfiguración, entre otros.
Todo eso ha sido
extraído evidentemente de libros y
leyendas de la India, y el hecho de que Jesús no haya dejado una línea escrita
por el proporciona un argumento mas, de cierto valor, a los que creen que todo
el contenido de los evangelios es obra de terceros.
Corresponde a mi juicio
una solución ecléctica: Jesús habría realizado, el mismo, asimilaciones
importantes de los libros indios y especialmente de las leyendas de Christna y
Buda, y después de su desaparición, el evangelio llamado “hebreo”, desaparecido
después de la toma de Jerusalén por los romanos, Marcos y Lucas, que
aprovecharon en los suyos gran parte del material inédito del antedicho
evangelio “hebreo”, los escribas que compusieron los evangelios atribuidos a
Mateo y Juan y los otros fabricantes de los numerosos evangelios que declaró
apócrifos el concilio de Nicea en el año 325, introdujeron en la leyenda de
Jesús todo lo que les pareció interesante de la literatura indostánica, y así
se habría formado la religión cristiana, con mucho de Christna, Buda y Platón y
poco de Jesús.
Ni Marcos ni Lucas vivían
en Palestina cuando aparecieron sus evangelios. Los compusieron en Roma, en
idioma griego. Del evangelio de Mateo, que es apócrifo, existió una copia en
sirio-caldeo, idioma o dialecto que se llamaba corrientemente hebreo. Los
evangelios de Marcos, Lucas y Mateo siguieron el plan del evangelio hebreo.
Estas no son simples conjeturas; las comprueban numerosos apologistas
cristianos de los primeros tiempos y San Jerónimo tuvo un ejemplar del
Evangelio hebreo, del que se conservan fragmentos hoy mismo, San Jerónimo
habría sacado una copia.
Marcos entiende que Jesús
es el hijo del carpintero José e ignora la intervención del Espíritu Santo en
su concepción, tanto como un posible nacimiento fuera de Nazaret. El evangelio
de Mateo descubre la paternidad del Espíritu Santo y el nacimiento en Belén, y
desde que lo divulgo corre por el mundo sin que los cristianos den a la
contradicción con Marcos la importancia que tiene.
Marcos y Lucas nunca
supieron que Herodes mandara a matar a los niños inocentes, y tampoco oyeron
una palabra de la huida de Egipto. El afortunado libro de Mateo tiene el
privilegio de saber lo que los otros ignoran acerca de los hechos culminantes y
transporta a la vida milagrosa de Jesús la leyenda no menos quimérica de lo que
hizo Faraón ante el supuesto riesgo que entrañaba para el nacimiento de Moisés.
Ni Marcos ni Lucas conocieron la existencia de los reyes magos, ni saben de qué
país eran (Mateo tampoco), ni vieron la estrella que bajo a la tierra para
guiarlos, ni el pesebre. Esos grandes descubrimientos siempre los hace Mateo.
No hay documentos
contemporáneos a Jesucristo que prueben su existencia, lo que no implica
forzosamente que no haya existido; pero es el único personaje en la historia de
primera magnitud, cuyo paso por el mundo no consta de hechos comprobados, ni de
documentos fehacientes, ni de escritos personales, ni de testimonios
irrefutables. Su predicación , sus milagros y su muerte en la cruz, adolecen de
la misma falta de autenticidad que tiene su resurrección.
Ø
La verdad se abrirá paso:
Las consideraciones que acabo de formular
demuestran la unidad de las mitologías. Sean cristianas, budistas o
brahmanistas, tienen el mismo origen humano. Ninguna religión puede pretender
para si la preeminencia que resultaría de ser dueña exclusiva de la “verdad
divina”.
Los mitos tienen un valor fabuloso y convencional;
muchos titulados creyentes no creen en ellos. La iglesia católica sabe hoy que
todo aquello que consideraba revelado por Dios ha sido tomado de otra religión
y no le importa. Sigue diciendo lo mismo que antes, porque confía en la
ignorancia y credulidad de sus adeptos.
Dicen los sectarios, en defensa de las religiones,
que son necesarias para robustecer las nociones morales de los que carecen de
un alto discernimiento. Las religiones serian entonces falsas, pero útiles.
Otro motivo de perturbación espiritual es el
concepto que hace depender la virtud de una recompensa futura. No basta a los
católicos, como freno moral, la noción del deber; necesitan que sus buenas
acciones o su buena conducta sean premiadas en una vida eterna. Sin eso no
serian buenos ni justos.
En mi obra analice sus dogmas, señale las
contradicciones y el contrasentido de su doctrina, mostré la falsedad de sus
mitos y comprobé el engaño que oculta su promesa del reino de los cielos,
subordinada a la conclusión de un mundo que no da signos de querer concluirse.
La última de mis demostraciones, recaída sobre el
origen indo-caldeo de los mitos de la Biblia y sobre la apropiación de
doctrinas y expresiones de los libros budistas y brahmanistas para la
confección de los evangelios cristianos, coloca a la religión católica en el
mismo nivel fabuloso y en la misma categoría de establecimiento comercial que
corresponde a las demás religiones que le sirvieron de modelo.
He realizado una obra de verdad, fundada en la
honesta interpretación de los textos y de los hechos y aquellos a cuya
estimación aspiro han sabido apreciarla en forma que me ha satisfecho
ampliamente.
FIN